POLITICA
Martín, el hijo de Yiya Murano, cuenta cómo fue vivir con ella y recuerda el día que intentó envenenarlo

Martín Murano está por cumplir 60 años. Su voz es gruesa, cada una de sus palabras parece salida de un trombón. Habla pausado y modula cada sílaba. Su cara es angulosa, afilada, tiene barba candado y lleva algunos anillos. En los últimos días brindó varias entrevistas. No es una celebridad, pero está acostumbrado a hablar con periodistas.
Durante muchos años (y es probable que le siga pasando hoy) cada vez que decía su nombre y apellido, le preguntaban si era algo de Yiya: nunca hacían referencia al cristal.
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– Sí, soy el hijo- respondía él, serio, y sin acotar nada más, dejaba a su interlocutor dudando si se trataba de una broma o de una verdad dolorosa, insoportable.
María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano. O, simplemente como pasó a la galería de infames argentinos: Yiya Murano. O, también, la Envenenadora de Monserrat.
Fue la protagonista principal de uno de esos casos policiales que logran atraer la atención del público, que permanecen como noticia principal durante semanas, meses. Debe ser la mujer criminal de mayor fama de nuestra historia delictiva.
Mató a tres mujeres muy cercanas a ella a principios de 1979. En el inconsciente colectivo -alimentado fuertemente por ella misma en los años posteriores- puso veneno en masitas finas que les llevaba de regalo para la merienda. Eso no fue comprobado. Mientras algunos creen que pudo haberlo puesto en el agua con la que tomaban los remedios, la mayoría de los investigadores suponen que el cianuro estaba en el té (eso mismo le confesó ella a su hijo Martín). Sus víctimas eran muy cercanas a ella. Una prima, una concuñada, la mejor amiga. Yiya les prometía invertir su dinero y proporcionarles ganancias generosas con los intereses: eran tiempos de la Plata Dulce y la Bicicleta Financiera. Cuando las mujeres exigieron la devolución de la plata, Yiya preparó a cada una su merienda asesina.
En esa época, Yiya Murano tenía un marido bueno, varios amantes (dos fijos), un hijo de 12 años y una ambición muy por encima de sus posibilidades.
Un mediodía de fines de abril del 79, sonó el timbre en la casa de los Murano mientras almorzaban. Antonio, el marido, abrió la puerta. Varios policías esperaban en el pasillo. Uno de ellos extendió un papel, blandía la orden de allanamiento. Martín, el hijo de 12, pensó que esa escena la había visto en alguna película. Dieron vuelta la casa sin dar demasiadas explicaciones. Mientras el padre preguntaba qué estaba sucediendo, Yiya miraba indignada desde un costado. Abrieron placares y cajones; revisaron el botiquín y los productos de limpieza. Tomaron con cuidado algún frasco, unos papeles y no mucho más. Al momento de irse, dos de los policías se acercaron a Yiya y le dijeron que los tenía que acompañar. La estaban deteniendo frente a su hijo y su marido. Ella levantó la voz, indignaba, también repetía un cliché de las películas: “Están cometiendo un error, esto es un atropello”.
Permaneció varios días detenida e incomunicada en la alcaldía de Tribunales. La familia no sabía el motivo de la detención hasta que una tarde dos hombres tocaron el portero eléctrico. Se anunciaron como periodistas de Clarín. Antonio Murano los hizo subir. Sin demasiada cautela los hombres apenas se sentaron en la mesa de la cocina, comenzaron su interrogatorio, preguntaron sobre Yiya y su vida pasada. Eran periodistas y alguien les había filtrado la información de que la mujer estaba acusada de tres asesinatos.
Martín, esa tarde, escuchó por primera vez que su madre era una asesina. Tardó en acostumbrarse a la noticia, pero no que le quedó más remedio que rendirse ante lo evidente, lo incontrastable.
La noticia explotó. Ocupó la tapa de diarios y revistas. Los noticieros televisivos se centraron en el caso, uno de los más populares de las décadas del setenta y del ochenta. Todo llamaba la atención. Cada dato que aparecía reforzaba la culpabilidad de Yiya y, al mismo tiempo, su atractivo mediático. El chico mientras iba al colegio Newman debía esquivar guardia y acoso mediático.
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Muy rápido se conoció el móvil de los crímenes. Cuando las amigas exigían la devolución del dinero, Yiya las asesinaba. La prima, la concuñada, la vecina. Una a una. Al principio nadie sospechó, parecía una cadena desgraciada y no mucho más. Mujeres mayores que vivían solas y que se descompensaban en sus casas. Nada que no se hubiera visto antes. En los dos primeros casos al hallarlas muertas, familiares y testigos (en alguna ocasión hasta estuvo Yiya) descontaron que se había tratado de una crisis cardíaca y el médico de la empresa funeraria, sin analizar nada de manera minuciosa, firmaba el certificado de defunción.
Los planes de Yiya tambalearon con el tercer caso, el de su vecina. La mujer envenenada, ante el malestar físico, logró salir reptando de su departamento y pidió ayuda. Una médica del edificio le hizo respiración boca a boca, el portero acompañaba y Yiya salió de su departamento a los gritos reclamando que llamaran a una ambulancia. Después entró al departamento de la mujer agonizante, tomó algunas hojas y un frasco. El encargado del edificio la vio: ella se sintió delatada y sin que le preguntara se excusó: “Eran cosas mías, por si acaso me las llevo”. Mientras miraba como los profesionales la atendían en el pasillo, Yiya le preguntó a uno de los médicos: “¿Le parece que le harán autopsia?”. La pobre vecina murió camino al hospital. Cuando su sobrina pasó por el departamento, le preguntó al encargado sobre las circunstancias del momento de la atención de su tía. El hombre le contó el episodio de Yiya. La sobrina que sabía que Yiya Murano le debía dinero a su tía, la denunció ante la justicia. Eso hizo que familiares de las otras dos mujeres muertas se comunicaran con ella. Y las tres historias tenían idénticos ingredientes: un té previo con masas con Yiya, deudas de varios miles de dólares, pagarés faltantes y una muerte por una descompostura extraña sin antecedentes. El juez ordenó exhumar los otros dos cadáveres. Y realizar las autopsias. En el último cuerpo, que no se había llegado a enterrar, se encontró cianuro. En los otros dos también pero los peritos no pudieron determinar si había sido ingerido o si era producto de la propia descomposición del cuerpo.
Gran lectora de Agatha Christie, Yiya había aprendido el truco de la imposible detección posterior del cianuro por mezclarse con los gases del cuerpo en descomposición en una de sus novelas.
Yiya estuvo presa más de tres años hasta que el juez de primera instancia dictaminó en su favor. Falta de certezas, el beneficio de la duda. Y Yiya volvió al ruedo radiante, impune y famosa.
Su marido Antonio seguía creyendo en su inocencia y nunca había dejado de ir a visitarla. Su hijo Martín, que nunca se había sentido querido por ella, prefería no verla y la odiaba por el peso que había tenido que cargar por su culpa: era señalado en todos lados.
Unos años después, un tribunal de segunda instancia modificó el fallo y la condenó a cadena perpetua por encontrarla culpable de los tres homicidios. Yiya debía regresar a la cárcel, pero tenía otros planes.
En lugar de entregarse, se fugó; se recluyó junto a un amante en algún paraje escondido del interior. A su casa comenzaron a llegar llamados intimidatorios de madrugada para que su esposo y su hijo dijeran dónde se encontraba. Ellos no lo sabían, pero las amenazas no se detenían. Martín decidió terminar con la situación cuando los amenazados fueron su novia y su mejor amigo. Consiguió que uno de los amantes de su madre le dijera dónde estaba y sabiéndose seguido por agentes de la ley fue hasta la localidad en la que Yiya se escondía, la enfrentó y la obligó a regresar a Buenos Aires para que cumpliera con su condena. Ellos no lograrían normalizar su vida (sabían que era imposible), pero sí al menos dormir sin ser amenazados telefónicamente dos o tres veces por noche.
Martín terminó sus estudios y se convirtió en doble de riesgo y especialista en artes marciales. Alguna vez contó que se deslumbró con esa actividad al ver una película de Belmondo y sus escenas de acción (la paradoja es que Belmondo solía realizar él esas escenas, era una de las pocas primeras figuras que lo hacía). Intentó seguir con su vida como pudo y acompañando a su padre.
Relató sus vivencias en un libro estremecedor Mi madre, Yiya Murano que originalmente salió en una pequeña colección sobre casos policiales reales de Editorial Planeta en 1994 (también estaba allí El Petiso Orejudo de María Moreno) y tuvo reedición aumentada en 2017.
Allí cuenta que su madre tenía varios amantes fijos. Que cuando él era chico, ella lo llevaba cotidianamente a los encuentros con ellos. Y que hasta fue de vacaciones con alguno. Que más allá de que él siempre consideró a Antonio su padre, Yiya cuando quedó embarazada le dijo a cuatro hombres distintos que eran los padre de ese bebé. A Antonio, a sus dos amantes fijos y a un tercero que era gerente de una multinacional. Cada uno de los hombres reaccionó de manera diferente. el gerente nunca más le habló ni se puso en contacto, uno de los amantes fijos se ilusionó con que dejara a Antonio y se fueran a vivir los tres juntos, el otro se comprometió sólo a ayudar económicamente.
Lo cierto es que Martín no tuvo la certeza de quién había sido su padre biológico y es probable que Yiya tampoco la tuviera.
De todas maneras, Martín nunca consideró cambiarse el apellido para poder tener una vida más tranquila, para ocultar quién fue su madre. “Lo del apellido es ambiguo, pero no me lo cambiaría nunca. Me recuerda que mi padre fue Antonio Murano, el hombre más bueno que conocí. Cómo no voy a querer llevar su apellido. Y Yiya no era Murano. Era Yiya de Murano”.
Una mujer manipuladora, que solía en público hacer como que se encargaba de su hijo y sobreactuaba protección, cuando en privado el cuidado del chico quedaba en manos de Ignacia (María en el libro) la empleada doméstica de la casa, quien se dedicó amorosamente al chico.
Martín fue a la cárcel a visitar a su madre muy pocas veces. No podía soportar sus imposturas, sus mentiras permanentes, la manipulación, el desprecio al padre que siempre la siguió queriendo (y terminó muriendo de tristeza por su ausencia) y el daño que le hizo a él mismo.
A poco de publicar la primera edición de su libro, Martín Murano vio sorprendido, que tras reducciones de condenas y un indulto, Yiya quedó en libertad. Él rehuyó todo contacto, pero no le quedó más remedio que saber de ella que se había convertido en un personaje mediático. Cobraba las entrevistas y pasaba buena parte de su tiempo en televisión contando sobre su caso y la vida en la cárcel. Y, por supuesto, hablando pestes del libro de Martín y asegurando que era un mentiroso que quería destruirla y que ella no lograba entender por qué lo hacía, por qué no retribuía todo el amor maternal que ella le había dado.
La más célebre de esas apariciones fue en un almuerzo con Mirtha Legrand al que Yiya llevó masitas que regaló a la diva. Mirtha, con humor y elegancia, para evitar el convite dijo que las masitas engordaban y que ella estaba a dieta. Sin embargo, antes del final del programa, tomó coraje y probó una. Todo sea por el rating.
En ninguna de las entrevistas confesó sus crímenes. Solía decir que ella había sido responsable de dos muertes: la de sus padres que no había podido soportar el disgusto y habían muerto poco después de que ella alcanzara la celebridad.
Aunque parezca mentira, aunque alguien pensara que se trata de una creación de un guionista afiebrado, Yiya luego de salir de la cárcel a los 68 años, siendo la criminal más célebre del país y con tres asesinatos en su cuenta, logró casarse dos veces. La primera con un hombre muy mayor con el que comenzó una relación, ocultando su nombre real (y su pasado), utilizaba uno de sus apellidos de soltera: Mercedes Bolla.
Era una relación casta porque Yiya le decía al señor que ella era una mujer decente y que no se acostaría con él a menos que se casaran. Cuatro meses después del primer encuentro fueron al registro civil. Al día siguiente Yiya apareció en televisión contando de su boda y recién en ese momento el hombre y su familia se enteraron de quién se trataba. La pareja se disolvió en el acto.
Poco después se casó con un experiodista ciego que vivía con su hija. Allí no ocultó su verdadera identidad. Le alcanzó con desplegar sus encantos y sus mentiras. Se peleó en múltiples oportunidades con la hija de su nuevo marido. Hasta que Yiya le propuso a la joven una cena de reconciliación con unos fideos caseros que ella mismo cocinó. La chica y su padre tuvieron una gran descompostura. Se presume que Yiya había puesto veneno para ratas en la sala. Otro divorcio inmediato.
La chica convaleciente se comunicó con Martín Murano y le contó la historia. Martín se compadeció de ella, le deseó una rápida mejoría pero dijo que no quería saber más nada de la madre.
Yiya en sus últimos años seguía desesperada por atención. Buscaba a los periodistas y les decía que ella tenía información exclusiva mientras blandía un sobre papel madera. Pasó por algunas pensiones, hasta que fue internada en un geriátrico municipal.
Yiya Murano murió el 26 de abril de 2014. La noticia se conoció mucho tiempo después.
Hubo muchas notas sobre ella, libros y hasta una comedia musical de Osvaldo Bazán, Ricky Pashkus y Ale Sergi. Ahora llegó la serie y pronto vendrá el documental en esta época en que las plataformas no dejan true crime por explotar.
Martín Murano siguió con su vida. Dejó el trabajo como doble de riesgo y se dedicó al rubro de la seguridad. Tuvo severos problemas coronarios y debió ser intervenido quirúrgicamente.
En los últimos días, a raíz del estreno de la serie Yiya, volvió a dar entrevistas. Criticó la serie y dijo que se trataba de una ficción que se alejaba demasiado de los hechos reales. Y anunció que está preparando una documental para Netflix que se estrenará en 2026. Promete testimonios y datos reveladores como el destino del dinero de las estafas.
Se cree que algunas de esas revelaciones pueden ser la identidad de algún cómplice (seguramente uno de los amantes) y que fue sospechosa de otros crímenes de los que no se pudo probar su autoría.
Martín Murano tiene algo más que reprocharle a su madre. Cuando el chico tenía diez años, era gordito y goloso, lo perdían las cosas dulces. Una tarde ella hizo una torta que se veía muy apetitosa y la dejó sobre la mesa de la cocina ya cortada, para que Martín se tentara cuando la viera. El chico apenas entró a la cocina se abalanzó sobre una porción, cuando estaba por llevársela a la boca, Yiya entró corriendo y se la arrebató. Le gritó que mejor no la comiera. Y tiró esa porción y el resto de la torta a la basura sin mayor explicación. Durante años, Martín olvidó ese episodio hasta que las evidencias sobre la madre lo volvieron a reflotar.
Martín Murano está convencido de que, esa tarde, su madre, Yiya Murano, intentó envenenarlo. Lo que no sabe es por qué la mujer se arrepintió a último momento.
Yiya a Murano, cianuro, Asesinato
POLITICA
Gerardo Zamora confirmó que tendrá su propio espacio en el Senado y no se sumará al bloque kirchnerista

El gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, que dejará su cargo el 10 de diciembre en la provincia y que ayer ya asumió como senador, tendrá su propio bloque en la Cámara alta y no se incorporará a la estructura kirchnerista que comanda José Mayans, según pudo confirmar .
El bloque de Zamora será el Frente Cívico por Santiago, en el que estarán él y su número dos en la lista de las elecciones, Elia Moreno.
Sin embargo, todavía no está definido si Zamora actuará en un interbloque con Mayans, que lidera el kirchnerismo en el Senado. Las conversaciones todavía están desarrollándose.
Histórico aliado de la expresidenta Cristina Kirchner, el gobernador saliente tomó una postura diferente esta vez. Es que Claudia Ledesma Abdala, dirigente también de Santiago del Estero y su esposa, junto al resto de legisladores que le responden, formaron parte del espacio kirchnerista hasta ahora. A Ledesma Abdala, que ayer acompañó a Zamora durante su jura junto al resto de la familia, se le vence el mandato este 2025. Ambos incluso estuvieron en línea de sucesión cuando Cristina Kirchner ostentó altos cargos en el Ejecutivo.
Desde la semana pasada, en el kirchnerismo del Senado ya daban por descontado que Zamora actuaría bajo su propio mote. “¿Cómo se va a sumar al Bloque Peronista si es radical?”, resumían, para matizar, sobre esta decisión que tiene alto impacto en medio de las internas del kirchnerismo y de las objeciones al poder de Cristina Kirchner.
Sin embargo, altas fuentes del espacio intentaban conformarse con que, de ahora en adelante, lo importante será ver cómo vota Zamora y cuánta flexibilidad tiene para acompañar determinadas iniciativas que impulsa la Casa Rosada. Como gobernador, fue uno de los que participó en la mesa con el presidente Javier Milei y también recibió al ministro del Interior, Diego Santilli, en la capital de su provincia.
En medio de esas conversaciones, Cristina Kirchner había dejado trascender que avalaba que los gobernadores que le son afines discutieran el presupuesto pero había pedido expresamente mantener la unidad, que ahora tiene un primer desgranamiento de parte de un dirigente como Zamora, que será clave en el nuevo Congreso y que ostenta una fuerte cuota de poder.
Durante la ceremonia de ayer, en que la vice Victoria Villarruel le tomó juramento a Zamora, el primero en abrazarlo después de su familia fue Mayans, con quien estuvieron en contacto en los últimos días. Más allá de eso, luego de la sesión especial no se vieron. Dicen que durante toda la jornada prefirieron que primara que fuera un día de celebración por la asunción. Queda entre ambos un llamado telefónico pendiente para ver si nace un interbloque o si ambas estructuras orbitan por separado.
Durante las elecciones, el kirchnerismo en Santiago del Estero tuvo dos listas al Senado: la que encabezó Zamora secundado por Elia Moreno, y la que llevó al frente a Sergio “Pichón” Neder, con el mote oficial de Fuerza Patria.
De momento, Neder permanece en el bloque de Mayans y el desprendimiento solo será el de Zamora y Moreno.
Paula Rossi,Gerardo Zamora,Conforme a,Gerardo Zamora,,Irá el viernes. Santilli viaja a Santiago del Estero para negociar con un histórico aliado de Cristina,,Santiago del Estero. Zamora confirma su candidatura a senador nacional y emite señales de distensión hacia la Casa Rosada,,Año electoral. Los millonarios bonos que entregará el gobernador Gerardo Zamora a empleados estatales
POLITICA
El Gobierno apunta al Presupuesto 2026 y pisa el acelerador con la reforma laboral tras el recambio legislativo

La llegada de nuevos legisladores al Congreso reconfiguró el tablero político y le dio oxígeno al Gobierno de Javier Milei para relanzar su agenda parlamentaria más ambiciosa. En la Casa Rosada no lo disimulan: diciembre será un mes decisivo y el oficialismo pretende llegar al brindis de fin de año con el Presupuesto 2026 aprobado y el proyecto de reforma laboral en la cancha, con dictámenes encaminados.
El cronograma que maneja el Ejecutivo es ajustado. Para los primeros días del mes está previsto el envío formal del paquete laboral, que apunta a desarmar varios de los pilares del actual sistema de contratación y litigios. Una semana más tarde, la prioridad será dictaminar el Presupuesto en Diputados, con el objetivo de llevarlo al recinto antes del cierre del período ordinario. La lectura política es clara: sin ley de gastos y recursos aprobada, la gobernabilidad entra en una zona gris que el Presidente quiere evitar.
El recambio parlamentario jugó a favor del oficialismo. La Libertad Avanza (LLA) amplió su presencia tanto en Diputados como en el Senado y, con el respaldo tácito de sectores del PRO y de gobernadores dialoguistas, se encamina a conformar mayorías circunstanciales. Del otro lado, Unión por la Patria enfrenta una sangría política que se traduce en menor capacidad de maniobra. Los intentos por forzar sesiones sin el número necesario quedaron expuestos esta semana y dejaron al principal bloque opositor con poco margen para condicionar el debate.
El Consejo de Mayo apura definiciones y presentará antes de tiempo las reformas impulsadas por el Ejecutivo
En Balcarce 50 destacan un dato como determinante: el alineamiento de mandatarios provinciales que hasta hace poco orbitaban el kirchnerismo y hoy prefieren sentarse con el equipo económico libertario. El nuevo bloque “federal” que impulsan gobernadores del Norte Grande es leído como un gesto de pragmatismo político: las provincias necesitan respuestas concretas para cerrar sus números y el Gobierno es, hoy, la ventanilla que promete esas definiciones.
La negociación se mueve, además, por carriles informales. En el oficialismo admiten contactos permanentes entre dirigentes del PRO, operadores libertarios y ministros provinciales. El mensaje que baja Economía es simple: el cálculo del gasto será una herramienta para ordenar cuentas, priorizar obras con financiamiento genuino y dejar atrás la discrecionalidad política.
La reforma laboral, en cambio, es el frente más espinoso. El proyecto buscará reducir la industria del juicio, flexibilizar modalidades de contratación e introducir cambios en el sistema de indemnizaciones. Desde el Ejecutivo asumen que el debate será áspero y no descarta que el tratamiento se extienda hasta el primer trimestre de 2026. Los sindicatos ya activaron sus alertas y la justicia del trabajo aparece como un actor que podría convertirse en un escollo adicional.
En el frente económico, los datos ofrecen una postal heterogénea. La actividad empezó a mostrar señales de recuperación, con sectores como el financiero traccionando hacia arriba. Pero la industria sigue golpeada y el consumo masivo no termina de rebotar. En paralelo, anuncios de despidos y cierres de plantas alimentan la inquietud social en algunas regiones.
Aun así, en el equipo de Luis Caputo sostienen el discurso optimista. La baja de la inflación es presentada como el principal activo del Gobierno y el ancla para la recuperación. Con noviembre en torno al 2% y diciembre bajo observación, el objetivo anual cercano al 30% se exhibe como un hito en una Argentina acostumbrada al desorden de precios.
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El Gobierno prepara un nuevo achique del Estado: buscan reducir el 10% del personal

El Gobierno nacional se prepara para encarar un nuevo achique de la estructura del Estado y seguir con la reducción de empleos públicos.
Si bien en Casa Rosada evitan por ahora dar un número preciso de puestos que se reducirían, aluden a que podría alcanzar “otro 10%” de la planta de empleados.
De acuerdo a los últimos datos oficiales, en el último informe del INDEC, en octubre, la dotación total de personal de la administración pública nacional, empresas y sociedades era de 285.570. personas.
En tanto, según datos oficiales de septiembre pasado, el número de personas desvinculadas de sus puestos en el Estado que Javier Milei llegó al gobierno asciende a más de 58 mil.
Esas bajas fueronen organismos centralizados, descentralizados, personal militar y de seguridad, y empresas del Estado.
Mientras que los dos primeros dos años estuvieron más enfocados en el área centralizada de la administración, a partir de 2026 el Gobierno enfocará las reducciones en organismos descentralizados, según confirmó a una de las fuentes consultadas.
Entre los organismos en la mira aparecen la Oficina Anticorrupción, el Indec, el Conicet, la Coneau, el ARCA, el Archivo General de la Nación, la Anses, la Conadis, el Enargas, el Enre, el Inta, el Inti y el Enacom.
En cuanto al inicio del proceso de despidos, en la Casa Rosada refieren que el comienzo “sería inminente”, según deslizaron fuentes al tanto de los recortes que podrían comenzar a conocerse a lo largo de las próximas semanas y en los dos primeros trimestres de 2026, lo que sería de acuerdo también a cuando vayan cayendo contratos que ya no se renovarían.
“Hay contratos desde la época de (el expresidente, Carlos) Menem”, explicaron parte de los consultados.
Esos contratos se renuevan anualmente y de no hacerse esa renovación, caen automáticamente. Parte de lo que podría pasar en lo sucesivo.
La idea principal, según pudo saber , es reducir el número de empleados también de forma transversal, incluyendo las diferentes carteras, organismo, empresas y dependencias del Estado. Parte de los recortes de personal podrían también venir de la eliminación de los registros de automotores y de las plantas de empresas que estarían para privatizarse.
“Vamos a terminar de eliminar registros de automotores y a privatizar más empresas”, adelantaron en ese sentido en en Casa Rosada, donde la administración mileista busca acelerar cambios tras el “parate” de las elecciones nacionales.
A las bajas por caídas de contratos, también se habla de reducciones y eliminación de áreas duplicadas.
El avance para reducir el tamaño del Estado y de empleos públicos estaría encabezado desde la Jefatura de Gabinete, a cargo de Manuel Adorni, y con el trabajo del titular de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. A Adorni se le asigna el mandamiento de llevar “la gestión a una velocidad de 200 kilómetros por hora”.
De acuerdo al texto del Presupuesto 2026, Adorni, a través de la Jefatura de Gabinete a su cargo tendrá un rol central de cara a lo que viene también en materia de contrataciones.
“Las jurisdicciones y entidades de la Administración Pública Nacional no podrán cubrir los cargos vacantes existentes a la fecha de la entrada en vigencia de la presente ley ni los que se produzcan con posterioridad, sin la previa autorización del Jefe de Gabinete de Ministros”, se consigna en el artículo 7 del proyecto libertario que el Gobierno nacional espera su aprobación para diciembre próximo, en medios de la sesión extraordinaria.
Por fuera de los despidos, en el área de Medios Públicos es inminente la apertura de retiros voluntarios, tal como adelantó semanas atrás este diario. Si bien tampoco se da un número específico, entre TV Publica y Radio Nacional el número de empleados asciende a casi 2500 personas y en Casa Rosada están convencidos que puede trabajar con un porcentaje menor. Por los tipos de contrataciones que hay en ese área es que, para evitar conflictos, se apunta a la decisión de negociar la salida de empleados.
Cecilia Devanna,Conforme a
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