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Los datos desconocidos del día en que Jorge Luis Borges presenció el Juicio a las Juntas

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Hace 40 años, el 22 de julio de 1985, Jorge Luis Borges subía con lentitud las escaleras de Tribunales para presenciar una de las audiencias del Juicio a las Juntas. Como cada movimiento suyo de esos años, la visita atrajo a la prensa, interesó al público. Como casi todo hecho trascendente de su vida, este momento se tradujo en un gran texto. Como pocas veces, a la salida, se lo vio conmovido, abatido por lo que acababa de escuchar.

Tal vez lo que terminó de convencer a Borges de que tenía que ir a una audiencia fue el llamado de un periodista radial para preguntarle qué opinaba de haber sido parafraseado en el Juicio. Borges no sabía de qué le estaban hablando y cortó la comunicación.

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Era raro que sucediera eso. El de esos años, el de esa última década, era un Borges abierto a la charla con cualquiera, que aparecía en las revistas y en los diarios semanalmente. Un Borges al que le preguntaban sobre hábitos que se ponían de moda, triunfos deportivos y avatares políticos, que en cada conferencia convocaba pequeñas multitudes: un Borges Superstar. A su departamento de Maipú acudía mucha gente sin cita previa. Lo entrevistaban, le leían o charlaban un rato con él. Se había convertido en una de las grandes atracciones turísticas de Buenos Aires.

En una de las audiencias iniciales en las que altos mandos militares declararon ante los jueces, uno de ellos dijo: “El olvido es el único poder ante la venganza”. Lo dijo con gesto afectado y aclarando que estaba citando a Borges. Sin sorpresa, el general había empeorado el verso original que pertenece a Fragmentos de un evangelio apócrifo que estaba incluido en Elogio de la Sombra. “El olvido es la única venganza y el único perdón”, había escrito (dictado) Borges.

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Lo que le molestó fue ser citado como coartada: “Lo que sucede es que ese general se acogió al beneficio del olvido. Es muy cómodo usar mi frase desde el punto de vista de un culpable. Es como decir bueno, tapemos todo, echemos tierra”, dijo Borges.

El 22 de julio de 1985, Jorge Luis Borges asistió a una audiencia del Juicio a las Juntas Militares. (Foto: Juan Carlos Piovano / Agencia Télam)

El 22 de julio (sabemos que era lunes sin consultar el almanaque por el título del texto que escribió unos horas después) al mediodía, Néstor Montenegro, periodista de la revista Gente, lo pasó a buscar por su casa. Fue a almorzar al restaurante de siempre; comió lo de siempre: arroz con queso y un vaso de jugo de naranja. Pero estaba algo nervioso, ensimismado. El Juicio a las Juntas y lo que podría encontrar en él, lo preocupaban. Al periodista de la revista Gente que lo acompañaba le expresó uno de sus temores: “Hace un tiempo vino un fiscal a mi casa a visitarme. Me aseguró que no iba a haber condenas porque no había pruebas, todas habían sido destruidas”.

Quiso ir caminando. Tenían tiempo. Casi una hora para su cita y solo siete cuadras de distancia. El paso fue lento. No solo por su edad y por la ceguera. En cada cuadra tres o cuatro personas lo detenían para saludarlo, comentarle alguna de sus últimas apariciones públicas o tan solo tocarlo. «Grande, Maestro», le gritaban desde los autos al cruzar la Avenida 9 de Julio. Borges disfrutaba serenamente y con falso pudor la celebridad, estas muestras de afecto.

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Julio César Strassera lo esperaba en la fiscalía a las 14.30. Esa tarde, el escritor fue su invitado a la audiencia. Antes, mientras subía con dificultad la escalinata de Tribunales, los periodistas lo rodearon. Un aluvión de preguntas. Borges dio una respuesta genérica citando a Almafuerte: “Solo pide justicia. Pero será mejor que no pidas nada”. Y no se detuvo.

“Un hombre valiente”: la reflexión de Borges sobre Strassera

En la fiscalía lo esperaban Strassera, Luis Moreno Ocampo y Carlos Somigliana, el dramaturgo que colaboraba con la fiscalía y terminaría escribiendo buena parte del célebre alegato fiscal. Lo hicieron pasar al despacho de Strassera atiborrado de carpetas y expedientes. El frío invernal se hacía notar: alguien había dejado una ventana apenas abierta para que se disipara el olor a cigarrillo. Pero Strassera, fiel a su hábito, esclavo de su adicción, encendió uno tras otro durante la conversación.

Borges le dijo: “Usted es un hombre valiente. Lo mismo que las víctimas que declaran todos los días”. Luego le preguntó sobre la posibilidad de que los comandantes fueran condenados, su verdadera preocupación. No quería que los crímenes quedaran sin castigo. “No condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice”, escribió después.

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Hay una foto del encuentro. Borges, sentado en un sillón, con el bastón en su mano derecha y el sobretodo puesto –no se lo quitó en toda la jornada-, escucha muy serio y concentrado al fiscal. Strassera, en un silla que está a muy poco distancia del escritor, con un traje con chaleco, con una pierna cruzada sobre la otra casi en ángulo recto, agita una mano mientras en la otra sostiene un cigarrillo. Se lo adivina enfático y decidido.

Uno de los jóvenes del equipo fiscal se asomó y con una seña leve indicó que era la hora de dirigirse a la audiencia. En ese momento, Borges escuchaba con interés a Somigliana. Con algo de vergüenza, Strassera le pidió a Borges que le autografiara un libro, una de esas ediciones de tapas lisas y monocordes de Emecé de los ochenta, esas que se deshojaban con una lectura intensa.

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Mientras se dirigía a la sala, Borges le dio su parecer sobre el fiscal a su acompañante: “Es un hombre simpático. Y, además, parece honesto”.

Lo que dejó la audiencia del Juicio a las Juntas que Borges presenció

La audiencia de ese día estaba algo demorada. Borges esperaba sentado. Varios de los presentes se acercaban a saludarlo. Se lo veía inquieto, molesto, como si supiera lo que iba a presenciar minutos después, como si saludarse e intercambiar cortesías sociales fuera un gesto frívolo frente a la tragedia que se iba a revivir. Un hombre de traje hizo chocar su mano con la de Borges, al tiempo que con la otra tomaba su hombro mientras cerraba el apretón. La mano de Borges pareció de gelatina, más por ser renuente a saludar a este interlocutor que por debilidad física. Sin ver, presintió la incomodidad. Alguien, seguramente Néstor Montenegro, el periodista de la revista Gente que lo acompañó toda la jornada, le dijo al oído de quién se trataba: Héctor Ramos, el defensor del Almirante Anaya. La boca de Borges se torció en un gesto amargo.

Ramos: Para mí es un honor saludarlo.

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Borges: Gracias.

Ramos: Yo quisiera explicarle por qué soy defensor…

Borges: No me explique.

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Ramos: Pero usted se preguntará…

Borges: No, no me explique.

Ramos: Pero yo le puedo contestar…

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Borges: Usted mismo se pregunta y se contesta. Yo no lo he hecho. A mí no me interesa por qué lo hace.

Como la audiencia seguía sin comenzar, los saludos continuaron. El siguiente en acercarse fue Miguel Ángel Buero, el otro defensor de Anaya. Borges tuvo la precaución de finalizar la conversación antes de que empezara. Se lamentó en voz alta, como hablando con él mismo: “No sé por qué quieren saludarme y darme explicaciones. Si yo no los conozco”.

El exdetenido desaparecido de la ESMA, Víctor Basterra, dio testimonio en el Juicio a las Juntas el día que Borges presenció la audiencia. (Foto: Museo de la Memoria ESMA / X: @espacio_memoria)
El exdetenido desaparecido de la ESMA, Víctor Basterra, dio testimonio en el Juicio a las Juntas el día que Borges presenció la audiencia. (Foto: Museo de la Memoria ESMA / X: @espacio_memoria)

Ese día Borges solo escuchó a un testigo. Una larga y detallada declaración. Víctor Melchor Basterra, un obrero gráfico que fue secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA el 10 de agosto de 1979. Estuvo privado de su libertad hasta agosto de 1984. Basterra en su declaración explicó las fechas. El 3 de diciembre de 1983, una semana antes del regreso democrático fue liberado de la ESMA y enviado a su casa. Pero él se consideraba privado de su libertad hasta agosto del 84 porque hasta esa fecha recibió semanalmente visitas y amenazas de sus captores que todo el tiempo le recordaban que lo estaban controlando.

El interrogatorio lo comandó quien ejercía esa semana la presidencia del tribunal, el Dr. Guillermo Ledesma.

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“Dijeron: ‘Éste va a la huevera’. Me llevaron a un lugar que se sentía así: muy hermético, muy cerrado. Yo tenía una capucha puesta, entonces me sacaron las esposas y me dijeron que comenzara a desnudarme; mientras me sacaba la ropa, me golpeaban, me golpeaban mucho, me golpeaban y caía contra las paredes. Luego de estar totalmente desnudo, me ataron los tobillos y las muñecas a una cama, y un cablecito a un dedo del pie derecho, y ahí comenzaron a aplicarme lo que ellos llamaban la máquina: la picana eléctrica. Eso era permanentemente, me lo hacían con preguntas y sin preguntas”, declaró Basterra.

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Desde una de las 200 butacas disponibles, Borges, entre el público, escuchaba azorado a Basterra. Un hombre simple y claro. Que narraba desapasionadamente su tormento. Se detenía en cada circunstancia, obligado por las preguntas, para narrar su martirio.

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“Yo estaba muy entumecido, apenas podía levantar el brazo o mover la pierna. Cuando abro los ojos veo que mi señora estaba sentada delante mío. Vi que también había sido torturada. Había sido golpeada; después ella me dijo que también la habían picaneado. Yo había sentido gritos y también estaba mi, mi niñita, mi… Trajeron a mi hija después y me dijeron que me la iban a poner en el pecho mientras me daban máquina”, prosiguió Basterra en la declaración que se extendió por muchas horas.

Borges masticaba unas pastillas de menta y murmuraba, cada tanto qué horror, qué horror. Montenegro, el periodista que lo había acompañado le preguntó en varias ocasiones si deseaba irse. Borges no respondía.

Basterra fue obligado a delatar a algún compañero. “Me quiero morir. Es terrible lo que te hice. Estás acá por mi culpa”, le dijo a Juan Aronzena, otro detenido desaparecido de la ESMA. “No te preocupes. Yo hubiera hecho lo mismo”, le respondió el otro.

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Año 1985: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Armando Lambruschini y Omar Grafigna durante el Juicio a las Juntas Militares. (Foto: DyN)
Año 1985: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Armando Lambruschini y Omar Grafigna durante el Juicio a las Juntas Militares. (Foto: DyN)

Borges escribió un breve artículo para la Agencia EFE en el que relató su experiencia ese día: “He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. Bajo el suplicio, había delatado a sus camaradas; éstos lo acompañarían después y le dirían que no se hiciera mala sangre, porque al cabo de unas ‘sesiones’ cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros, enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día. Doscientas personas lo oíamos, pero sentí que estaba en la cárcel”.

Un momento particular, un momento que mostraba la extravagante crueldad desde otro punto de vista se dio cuando el testigo relató lo ocurrido la noche previa a una de las navidades que pasó en cautiverio.

“De pronto, el 24 de diciembre a la noche nos bajaron a todos los Capuchas; creo que quedaron nada más la Tía Irene y Juan Carlos Chiaravalle. Nos pusieron frente a una mesa servida con manjares y bebidas y dijeron que íbamos a festejar la Navidad. Yo no entendía nada. Estábamos con grilletes que nos hicieron sacar en uno de los cubículos de la huevera (…) Seríamos 17 personas. El que llevaba adelante la ceremonia era el Capitán D’Imperio. (…) En un momento dado se produjo un silencio grande, como una orden militar, y vino una persona mayor que posteriormente supe que era el director de la ESMA, capitán de navío Supisiche. Se puso frente a nosotros y dijo: ‘Señores buenas noches: les deseo una feliz Navidad. Dijo eso y se fue”, relato Basterra.

Borges en su artículo escribió sobre esta escena:

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“De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal”.

Por un momento creyó que se había perdido algo de lo dicho esa tarde. No podía entender la lógica de lo actuado por los militares. ¿Para qué secuestrar a alguien cuatro años y torturarlo para luego dejarlo libre?, se preguntaba. Uno de los periodistas presentes le explicó el concepto de “recuperación” según Emilio Massera y la ESMA. La intención de hacer trabajar a esas personas para el proyecto político del exjefe de la Armada y al mismo tiempo captarlos. “Pero ¿De qué recuperación me habla?”, dijo enojado Borges. “No buscaban la recuperación física y mental de nadie ahí”.

Su opinión sobre Massera era contundente: “Un asesino, una de las personas más siniestras del país”.

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La tapa del Diario Clarín del 23 de julio de 1985, que destaca la presencia de Jorge Luis Borges en el Juicio a las Juntas.
La tapa del Diario Clarín del 23 de julio de 1985, que destaca la presencia de Jorge Luis Borges en el Juicio a las Juntas.

La presencia de Borges en la sala de audiencias no pasó desapercibida para nadie. Todos miraban sus movimientos y sus reacciones. Al día siguiente llegó a la tapa de los diarios. Fueron muchas las personalidades que presenciaron el Juicio en las diferentes jornadas. Pero el escritor logró una atención que los demás no consiguieron.

Para los jueces tampoco el escritor pasó inadvertido. A pesar de físicamente ser una figura tenue, con su paso lento y encorvado, nadie podía ignorar que Borges, el mayor escritor del país y una de sus figuras más reconocidas, iba a escuchar los testimonios de ese día.

Los jueces a cargo del proceso se valían de unas tiras de papel prolijamente cortadas en las que escribían las preguntas que se les iban ocurriendo en medio de las declaraciones. Esos apuntes se los pasaban con discreción al magistrado que comandaba el interrogatorio (la presidencia rotaba semanalmente) para que fuera una sola voz la que preguntara. Pero el 22 de julio, el día de la presencia de Borges, esos papelitos tuvieron una función más literaria. “Carlos Arslanián, con una inteligencia y un ingenio notables, empezó a escribir en el momento (¿cuánto habrá tardado? Cinco, diez minutos). Redactó en un papelito lo que podría ser un cuento de Borges, relacionando lo sucedido con uno de sus cuentos de cuchilleros”, contó Jorge Valerga Aráoz, uno de los magistrados integrantes de la Cámara Federal.

Los jueces luego le hacían leer el breve texto a Arslanián que remedaba a la perfección la voz balbuceante del escritor. Valerga Aráoz le explicó a Jose Eliaschev en su libro Los Hombres del Juicio que este fue un pasajero momento de distensión dentro de ese mundo tenebroso que estaban investigando, en el que estaban inmersos.

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Luego de las preguntas, detalladas y precisas del tribunal, fue el turno de los abogados defensores que se esforzaban por encontrar fisuras en el testimonio del testigo, pretendían hacerlo caer en contradicciones y generar sospechas sobre sus actividades. El Dr. Ledesma debió intervenir varias veces para que el interrogatorio no se saliera de cauce y, con firmeza y mucha paciencia, negó la pertinencia de muchas preguntas improcedentes de las defensas.

En 1980, Borges firmó una solicitada en la que se reclamaba por la situación de los desaparecidos. (Foto: diario Clarín)
En 1980, Borges firmó una solicitada en la que se reclamaba por la situación de los desaparecidos. (Foto: diario Clarín)

A Borges hubo otro aspecto que le llamó la atención. La contradicción entre lo que hicieron los militares cuando ostentaban el poder y la actitud que tomaban cuando eran los acusados. Lo maravillaba esa creencia súbita en el ordenamiento jurídico y en sus garantías.

“Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”.

Al abandonar la sala y mientras se dirigía a la salida del Palacio de Justicia, Borges no se podía convencer de que ese no fuera el peor de los testimonios brindados en las audiencias. De hecho, le aseguraron, había otros mucho más graves, muchos más atroces. El viejo escritor no pudo ocultar su impresionada sorpresa.

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Era la primera vez que Borges en su larga vida presenciaba un juicio oral. Sería también la última. La experiencia había sido tan intensa que no deseaba repetirla. Sin embargo poco después afirmó: “Convendría que cada persona asista a este juicio al menos una vez. Es necesario. Pero debo confesar que no pienso volver porque quedé muy impresionado”.

A la salida, otra vez las escalinatas, ahora en descenso. Y otra vez los periodistas. Hablaba mientras bajaba la escalera con mayor lentitud a la habitual, como si el brazo que le ofrecía Montenegro y el bastón en la otra mano fueran imprescindibles para mantenerlo en pie. En ese momento se notaron sus 86 años. Había abandonado esa vitalidad sarcástica, ese titubeo urdido para soltar frases brillantes, precisas y algo maliciosas. No era el cansancio del paso de las horas sino la tristeza, la cercanía del horror, haber entendido el infierno en el que habían sumergido a Basterra.

Antes de subirse a un taxi –ya no tenía fuerzas para caminar- Borges, evidentemente conmovido y triste, dijo: “Tengo la sensación de que he asistido a una de las cosas más horrendas de mi vida. Espero que la sentencia sea ejemplar. Siento que he salido del infierno”. Y luego aseveró: “Este hecho no puede, no va a quedar impune”.

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Jorge Luis Borges, Julio Cesar Strassera, dictadura militar

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Las claves del fallo por YPF: por qué la Justicia de EE.UU. anuló la condena contra la Argentina

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La decisión de la Corte de Apelaciones de Nueva York de anular la condena contra la Argentina en el caso YPF no fue casual ni política: se basó en una serie de argumentos jurídicos que desarmaron el núcleo del fallo de primera instancia.

El tribunal cuestionó de manera directa la interpretación que había realizado la jueza Loretta Preska y explicó por qué, desde su mirada, la demanda no podía prosperar en los términos en que fue presentada.

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No era un contrato “clásico”

El primer punto central del fallo tiene que ver con la naturaleza de los estatutos de YPF. Mientras que Preska los trató como un contrato bilateral tradicional —con obligaciones exigibles entre partes—, la Cámara sostuvo que, bajo la ley argentina, se trata de un acuerdo plurilateral.
Esto implica que los estatutos organizan el funcionamiento interno de la empresa, pero no generan automáticamente derechos individuales que puedan reclamarse como un incumplimiento contractual en tribunales internacionales.

La demanda estaba mal planteada

A partir de esa interpretación, los jueces fueron más allá: señalaron que el reclamo fue presentado por una vía jurídica incorrecta.
Es decir, aunque pudiera haber existido un conflicto, no correspondía encuadrarlo como una demanda por daños y perjuicios por incumplimiento contractual.
Este punto es clave porque directamente invalida la base sobre la que se había construido la condena millonaria.

El caso es de derecho público, no privado

Otro de los argumentos fuertes del fallo es que la expropiación de YPF en 2012 debe analizarse dentro del derecho público argentino, y no como un conflicto entre privados.
La Corte remarcó que este tipo de decisiones están reguladas por la ley de expropiaciones, que establece mecanismos específicos para eventuales reclamos. En ese marco, una demanda en el exterior por incumplimiento contractual no sería el camino adecuado.

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La expropiación no se puede “bloquear” por esta vía

Los jueces también señalaron que permitir este tipo de demandas podría interferir con los efectos de una expropiación, algo que la legislación argentina busca evitar.
Por eso, consideraron que una condena de más de US$16.000 millones no puede ser vista como un reclamo accesorio, sino como una interferencia directa en una decisión soberana.

Hubo incumplimiento, pero no habilita esta demanda

A pesar de fallar a favor de la Argentina, la Cámara fue contundente en un punto incómodo: reconoció que el Estado incumplió de manera “flagrante” sus compromisos con los inversores.
Sin embargo, aclaró que ese incumplimiento no habilita el tipo de reclamo que se presentó en Nueva York. Es decir, el problema existió, pero la vía elegida para reclamarlo no era jurídicamente válida.

YPF no es responsable

Por último, el fallo confirmó que YPF no tiene responsabilidad directa. Las obligaciones del estatuto recaían sobre el Estado como adquirente, no sobre la empresa.
Esta definición también fue clave, ya que evita que la petrolera quede expuesta a reclamos directos por parte de los accionistas.

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Javier Milei habló en cadena nacional tras el fallo por YPF: “Nos hundieron en una aventura suicida”

Si bien el resultado es un giro total en la causa para la Argentina que deja de enfrentar una condena millonaria que condicionaba su situación financiera, el conflicto sigue abierto.

Los demandantes aún podrían reformular su estrategia, avanzar por otras vías legales o buscar una negociación. Además, el caso vuelve a la órbita de Loretta Preska, quien deberá revisar su fallo original.

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“Fue un ataque mafioso y político”: la denuncia de La Libertad Avanza tras la agresión en la Universidad Nacional de Lanús

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En una entrevista con Infobae en vivo, Ignacio Moroni, referente de los estudiantes agredidos y concejal de Lanús, relató que un grupo de alumnos de la agrupación Crear Más Libertad fue atacado físicamente mientras realizaba actividades políticas en la Universidad Nacional de Lanús. La agresión, registrada en video, tuvo como protagonista al docente Juan Tumini, quien según Moroni “revolea piñas básicamente para todos lados” y dejó como saldo un estudiante con una costilla fisurada.

Durante su paso por el estudio de Infobae a la Tarde, donde dialogó con Manu Jove, Maia Jastreblansky y Paula Guardia Bourdin, Moroni aseguró que la violencia fue “un hecho lamentable, muy triste”, y detalló que “han sido agredidos jóvenes de la agrupación estudiantil Crear Más Libertad, uno de los chicos terminó con una fisura de costilla. Asustados en general, por supuesto, después de una agresión de esa magnitud”.

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La intervención de Juan Tumini y el trasfondo político

Moroni identificó como agresor principal a Juan Tumini, docente de diseño, “hijo de Humberto Tumini, presidente de Libres del Sur”. Según el concejal, “eso fue lo más grave porque aparte de él había otras autoridades del establecimiento”. Moroni remarcó que no era la primera vez que los estudiantes libertarios repartían folletos en el campus: “Lo hacen con continuidad. Yo creo que tiene un tinte un poco mafioso y político porque claramente Crear Más Libertad se está preparando para competir en las próximas elecciones acá en la UNLa”.

El referente libertario relató que la agrupación suele enfrentar insultos y amenazas, pero nunca hasta ahora habían sufrido violencia física: “Esto creo que pasó un límite y un límite bastante grave. Lo de ayer no estuvieron ni tres minutos en la mesa porque apenas la pusieron cayó una patota”. Aclaró que los agresores fueron identificados y se radicaron las denuncias penales correspondientes.

Interpretaciones sobre el clima universitario y la respuesta oficial

Consultado sobre si la agresión estuvo relacionada con el aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo, Moroni negó cualquier vinculación: “Nunca se habló de ese tema. Los folletos son proyectos de una campaña estudiantil, nunca tuvo otro tema ni nada por el estilo. No es algo que tenga que ver con esa fecha”. Sin embargo, en los videos se escucha a una mujer decir: “Acá hay mucha gente que es hijo de desaparecidos. Ustedes vienen a hablar de eso, es obvio que los van a cagar a trompadas”.

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Moroni atribuyó el episodio a intolerancia política: “Consideramos que fue una intolerancia política. Está claro que están totalmente en contra de La Libertad Avanza, están en su derecho de estarlo, pero no tienen por qué ejercer violencia”. Explicó que la agrupación Crear Más Libertad responde a Sebastián Pareja, presidente del partido en la provincia de Buenos Aires, y que la mesa de difusión se instala una vez por semana. “Recibimos amenazas constantes y ahora lamentablemente ya no fueron amenazas, fueron hechos de violencia y también amenazas de muerte por redes sociales”, agregó.

La Universidad Nacional de Lanús expresó su repudio a través de un comunicado institucional: “La universidad pública debe ser, ante todo, un ámbito de convivencia donde se garantice la libertad de expresión política en todas sus manifestaciones. El respeto por la pluralidad de ideas es un pilar innegociable de nuestra vida académica y democrática”. La casa de estudios confirmó que se encuentra realizando investigaciones internas para identificar a los responsables y aplicar sanciones según el estatuto vigente.

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Antecedentes y escalada de la violencia política en la UNLa

Moroni relató que el clima en la universidad viene siendo “bastante espeso” y que no se trata de un hecho aislado. “No se llegaron a violencia física, pero sí agravios de todo tipo, insultos. Lamentablemente no es un hecho aislado, pero sí está escalando el nivel de la violencia”. Describió que la agrupación suele ser hostigada por sectores kirchneristas, de La Cámpora y la izquierda: “No porque algunos puntuales del kirchnerismo, de La Cámpora, no les guste, vamos a dejar de difundir nuestras ideas. No estamos haciendo nada malo, solamente poniendo nuestra mesa de difusión”.

Uno de los estudiantes agredidos, Thiago Salvatori, relató: “Vino una banda de cinco o seis personas a patotearnos y amenazarnos. Tumini se puso como loco e intentó robarle los celulares a dos compañeras. Como no pudo, empezó a propiciarle golpes a mi compañero, hasta tirarlo en una zanja. No contentos, siguieron arrastrando a mi compañero como quince metros entre tres personas, mientras otros me agarraban para que no pudiese ayudarlo”.

Desde La Libertad Avanza de Lanús, Moroni denunció que los agresores pertenecen a agrupaciones como La Granate-Cámpora y el Partido de los Trabajadores Socialistas. “Exigimos al rector, Daniel Bozzani, su inmediata intervención para identificar a cada uno de los agresores”, concluyó.

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En busca de inversiones, el Gobierno participará de un evento junto al presidente de un banco de EEUU

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Con el objetivo de continuar atrayendo inversiones, el Gobierno participará de un evento organizado por el Atlantic Council al que asistirá también John Jovanovic, presidente del ExIm Bank, una de las más grandes e importantes entidades financieras públicas de los Estados Unidos.

El funcionario norteamericano llegará a Buenos Aires para ser uno de los oradores principales del encuentro que se realizará el próximo 7 de abril, desde las 14:00, en el Palacio Libertad (ex CCK).

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En una muestra más de la buena sintonía con la administración de Donald Trump, los organizadores invitaron incluso al presidente Javier Milei, quien todavía no confirmó su presencia, ya que su equipo está ultimando los detalles de su agenda para esa fecha.

Quien sí avisó que irá es el canciller, Pablo Quirno, quien recientemente se cruzó con Jovanovic en el marco de la Argentina Week que se llevó adelante a mediados de este mes en la ciudad de Nueva York.

Pablo Quirno y su equipo, en Washington

El ExIm Bank (acrónimo en inglés para Banco de Exportaciones e Importaciones) es la institución oficial de crédito para el comercio internacional del gobierno de los Estados Unidos.

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Su misión es facilitar la exportación de bienes y servicios norteamericanos, apoyando especialmente a empresas que no pueden acceder a financiamiento privado para sus operaciones.

Sus principales funciones incluyen la provisión de seguros, garantías de préstamos y financiamiento directo para ayudar a exportadores e importadores de productos de ese país.

Asimismo, la entidad busca fomentar el empleo y la competitividad de las empresas estadounidenses en el mercado global, además de apoyar a pequeñas y medianas empresas, por lo que se vuelve un actor clave para las inversiones.

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Su funcionamiento está respaldado por el gobierno federal y regulado bajo una carta estatutaria renovable por el Congreso, siendo una agencia independiente, aunque con fuertes vínculos con la Casa Blanca, que nombra a los miembros principales de la junta directiva con acuerdo del Senado.

Presentación del ExIm Bank en la Argentina Week

La conferencia en cuestión llevará el título de “Punto de inflexión de Argentina: aceleración del despegue económico” y contará con la participación de algunos oradores presenciales y otros que expondrán de forma remota.

El encuentro es organizado por el Centro Adrienne Arsht para América Latina, una de las áreas del Atlantic Council que se enfoca en temas políticos, económicos y estratégicos que definen el rumbo de la región.

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Al respecto de este evento, se detalló que reunirá a altos funcionarios argentinos, responsables de políticas de los Estados Unidos, inversores internacionales, líderes empresariales y expertos globales, para evaluar el trayecto de las reformas del gobierno de Milei y definir la próxima etapa del despegue económico durante su gestión.

“A medida que Argentina incrementa su presencia en los mercados internacionales y avanza en un año decisivo de reformas legislativas y económicas, la conferencia servirá como plataforma de diálogo sobre estabilización macroeconómica, atracción de inversiones, crecimiento de exportaciones, modernización regulatoria y sectores estratégicos para la competitividad a largo plazo”, indicaron.

El evento se desarrollará en el Palacio Libertad (ex CCK) (Jaime Olivos)

El Atlantic Council anticipó que “también se analizarán oportunidades para profundizar la cooperación entre Estados Unidos y Argentina en innovación, minería, energía y comercio”.

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El evento y la llegada del funcionario norteamericano a Buenos Aires se da luego de que las autoridades nacionales firmaran con sus pares de Washington un acuerdo de libre comercio que alcanza a varios productos.

Si bien tiene que ser aprobado ahora por ambas Cámaras en el Congreso local y el Gobierno tiene que cumplir con algunas medidas formales, Milei quiere que el tratado comience a regir lo antes posible.

Por su parte, el Presidente viene de participar hace algunas semanas del Argentina Week, durante la cual dio un discurso en el que insistió con la idea de la apertura comercial y reiteró que los que “defienden la industria nacional son unos chorros”.

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“Cuando hablan de apertura indiscriminada son una manga de… bueno, pongan ustedes el título. Están reclamando por cazar en el zoológico”, sostuvo el mandatario nacional en aquella oportunidad.

Durante su exposición, el líder libertario volvió a apuntar contra los empresarios Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a los que acusó de beneficiarse durante años de un sistema de protección estatal.

En esa cumbre estuvo también el presidente del ExIm Bank, quien conversó durante un largo rato con su par del Banco Central, Santiago Bausili, y destacó la importancia para ambas partes de construir una relación “duradera y exitosa” con Estados Unidos.

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“Qué punto de inflexión tan increíble para el Hemisferio Occidental. Si solo retrocediéramos el reloj dieciocho a veinticuatro meses, pensar que estaríamos en esta situación hoy, con las oportunidades que tenemos, es simplemente extraordinario”, enfatizó Jovanovic.

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