POLITICA
Tensión en la marcha de jubilados: las Fuerzas de Seguridad buscan liberar la Avenida Callao

En medio de un megaoperativo policial, jubilados marchan este miércoles frente al Congreso en reclamo de un aumento de los haberes. Las fuerzas de seguridad se despliegan en la zona para aplicar el protocolo antipiquete y evitar que corten las calles.
Como cada miércoles, los manifestantes comenzaron a concentrar pasadas las 15 en la esquina de Callao y Rivadavia. Al igual que las últimas semanas, cuando los jubilados quisieron bajar a la calle la policía formó cordones para obligarlos a subir a la vereda.
Leé también: El Gobierno relativizó la marcha de la CGT y lanzó duras críticas: “Es otra demostración de cómo la casta sindical quiere frenar el progreso”
En ese contexto, las fuerzas de seguridad avanzaron sobre un grupo de manifestantes y los corrieron hacia la esquina de Bartolomé Mitre; mientras que el otro grupo quedó concentrado en los alrededores del Congreso.
En el operativo participan la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, con el apoyo de efectivos policiales de la Ciudad de Buenos Aires.
En paralelo, la Confederación General del Trabajo (CGT) realiza la tradicional marcha por el Día del Trabajador, un día antes de la celebración. La movilización comenzó minutos antes de las 14 en la intersección de avenida Independencia y Perú, en donde la policía aplicó el protocolo antipiquete para evitar que se corte la Avenida 9 de Julio.
Noticia que está siendo actualizada.-
marcha, Jubilados
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Bullrich aseguró que el Gobierno va a modificar el artículo de las licencias por enfermedad

La senadora nacional Patricia Bullrich adelantó este domingo por la noche que el Gobierno analiza introducir cambios en el artículo 44 de la reforma laboral vinculada al régimen de licencias por enfermedad, tras las críticas que generó la reducción salarial prevista para quienes se ausenten por motivos de salud y con el objetivo de avanzar con la aprobación.
Según explicó la presidenta del bloque de LLA en diálogo con TN, los cambios apuntarían únicamente a enfermedades “severas, degenerativas” y “fehacientemente comprobables”, con el objetivo de que esos trabajadores mantengan el cobro íntegro de sus haberes. En ese sentido, sostuvo que “existe una mafia de certificados truchos y hay que terminar con eso”, al justificar la necesidad de controles más estrictos.
La iniciativa, que cuenta con media sanción en el Senado y que resta tratarse en la Cámara de Diputados, establece recortes salariales para licencias prolongadas: 50% del sueldo en enfermedades derivadas de actividades recreativas ajenas al trabajo y 75% en casos involuntarios.
Sobre esto, Bullrich aclaró que ese esquema podría ajustarse: “Sobre lo que son enfermedades severas, degenerativas, irrecuperables, vamos a hacer una modificación y vamos a dejar un 100% (del salario). Lo estamos trabajando. Lo estamos trabajando, sólo en caso de corroboración concreta y fehaciente”.
No obstante, defendió mantener el recorte en el resto de los casos y remarcó: “Hay médicos presos por certificados falsos. Hay clínicas con denuncias. Hay mafias, nosotros vinimos a terminar con las mafias. El trabajador que se hace el vivo y no va a trabajar durante tres meses… no te hacés más el vivo. Si te querés hacer el vivo, vas a cobrar el 50% del salario“.
En ese sentido, adelantó también que se creará una junta médica en hospitales públicos y centro de reconocida trayectoria que servirán para dirimir “controversias” que se generen entre el empleador y el empleado.
“Hoy en día, al año el trabajador tiene reserva de un año del cargo y a los dos años le aplica el 245, que es la indemnización. Esto ya estaba, lo único que cambió es un porcentaje justamente por las mentiras de las mafias. En ningún lugar la Ley de Contrato de Trabajo distinguía entre enfermedades severas y no severas, y por ahí un empleado se tomaba un año por algo que no era severo”, insistió Bullrich.
Consultada sobre cómo se hará la modificación en Diputados para evitar que se extiendan los plazos y que no vuelva la medida al Senado, Bullrich indicó: “Lo hablé con Martín Menem. Por reglamentación o un artículo de ley que se vote como otra ley; le vamos a buscar la forma, pero bien cerrado y que no sea parte de una industria que queremos desarmar”.
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Reforma Laboral: Patricia Bullrich anticipó que modificarán el artículo de las licencias por enfermedad

La senadora Patricia Bullrich informó este domingo que el oficialismo estudia formas de modificar el artículo 44 de la Reforma Laboral, que introducía un nuevo régimen de licencias por enfermedad y reducía el salario a los trabajadores que solicitaban permiso para ausentarse del trabajo por estar enfermos. La legisladora explicó que será sólo para el caso de afecciones “severas, degenerativas”, y que sean “fehacientemente comprobables”.
“Existe una mafia de certificados truchos y hay que terminar con eso”, explicó Bullrich en declaraciones a TN.
“Sobre lo que son enfermedades severas, degenerativas, irrecuperables, vamos a hacer una modificación y vamos a dejar el 100% (del salario). Lo estamos trabajando. Sólo en caso de verificación de casos fehacientes”, indicó Bullrich. El proyecto, que fue aprobado en el Senado y ahora deberá debatirse en la Cámara de Diputados, establecía que los trabajadores que sufran una enfermedad por cuestiones recreativas ajenas al trabajo cobrarían sólo el 50% de sus sueldos cuando la licencia supere los 3 meses, y 75% en caso de que sean afecciones causadas por una cuestión involuntaria. Ahora, la legisladora de La Libertad Avanza indicó que estudian la manera de introducir un cambio en ese punto, y que quienes se enfermen gravemente puedan seguir cobrando el 100% de sus salarios.
“Lo del 50% hay que dejarlo porque hay una cantidad de certificados truchos impresionantes. Si te querés hacer el vivo, cobrás menos”, dijo Bullrich.
Bullrich sostuvo que la iniciativa surge como respuesta a lo que calificó como una “mafia en los certificados médicos”, fenómeno al que atribuyó un elevado nivel de ausentismo laboral en la Argentina. La funcionaria detalló que, según datos recientes, el país registra un 15% de ausencias justificadas en el ámbito laboral, cifra que consideró excesiva y vinculada a prácticas fraudulentas. “Antes de que llegue la policía, llegan los abogados a ofrecer certificados”, afirmó la senadora durante la entrevista. En este sentido, remarcó la existencia de “clínicas y médicos presos” por la emisión de documentos apócrifos, y planteó que la reforma busca terminar con ese circuito.
La propuesta de reforma prevé la creación de juntas médicas compuestas por profesionales de hospitales públicos o establecimientos privados de reconocida trayectoria para certificar los casos donde los trabajadores soliciten licencias prolongadas. Esta medida, según Bullrich, apunta a garantizar un control más estricto y evitar abusos en la emisión de certificados. “El trabajador que simula una dolencia para ausentarse no va a poder seguir haciéndolo. Si lo intenta, cobrará solo el 50% del salario”, advirtió la legisladora, en línea con el texto aprobado por la Cámara de Diputados.
En lo referido a enfermedades graves, Bullrich precisó que el oficialismo planea introducir una modificación que garantice el 100% del salario durante la licencia, siempre que se trate de casos comprobados de patologías “severas, degenerativas o irrecuperables”. La senadora explicó que este nuevo criterio se aplicará únicamente cuando exista una corroboración fehaciente por parte de especialistas, para evitar que el beneficio sea capturado por quienes incurren en prácticas fraudulentas. “Vamos a dejar el 100% solo en caso de enfermedades comprobadas”, señaló.
La funcionaria también puso énfasis en la necesidad de “desarmar la industria del certificado trucho”, a la que responsabilizó de generar un gasto injustificado para el sistema laboral y afectar la productividad nacional. Según Bullrich, existen casos en los que “una persona se rompe un dedo y obtiene un año y medio de certificados”, situación que calificó como un abuso extendido. A su vez, consideró que la problemática alcanza un nivel estructural, con complicidad de abogados y personal médico.
Dentro del debate legislativo, Bullrich indicó que la discusión sobre la restitución del salario pleno para enfermedades graves se mantiene abierta. La parlamentaria mencionó conversaciones con Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, para definir si la modificación se realizará por vía reglamentaria o mediante la incorporación de un nuevo artículo. La senadora también mencionó intercambios con la secretaria legal y técnica, María Ibarzabal, destacando la voluntad de encontrar una solución “con un certificado claro que no sea parte de una industria que queremos desarmar”.
El esquema de licencias vigente actualmente en la Argentina establece que el trabajador puede conservar su cargo durante un año en caso de enfermedad, y que transcurridos dos años se le aplica la indemnización prevista en el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo. La reforma impulsada por el oficialismo introduce la diferenciación entre enfermedades leves y graves, lo que implica un cambio respecto al criterio anterior, que no contemplaba distinción alguna.
POLITICA
Errores para revivir a una oposición moribunda

Los manuales sobre técnicas de reanimación deberían actualizarse con urgencia. En muy poco tiempo, los principales dirigentes y legisladores mileístas han demostrado un singular talento para revivir a adversarios moribundos.
El tratamiento y la aprobación de la reforma laboral en el Senado por una amplia mayoría (un hito desde la recuperación de la democracia) debería encabezar el nuevo manual de reanimación. Justo cuando todo indicaba que, por el contrario, semejante logro político-parlamentario daba insumos para empezar a imprimir el certificado de defunción del peronismo del siglo XXI y el paso por Diputados debía sumar nuevos elementos letales.
Sin embargo, la subrepticia e irregular inclusión del artículo sobre licencias por accidentes sufridos fuera del contexto laboral, que recorta el salario de los trabajadores afectados, da oxígeno a los desfallecientes críticos y pone en riesgo el trámite expedito de una ley que todos los gobiernos no peronistas soñaron y fracasaron en su intento.
Se trataría de un caso emblemático de mala praxis, después de que el largo proceso de negociación parecía mostrar una aptitud política para alcanzar objetivos complejos de tal magnitud que La Libertad Avanza (LLA) no había exhibido hasta ahora y que revelaba una capacidad y velocidad de aprendizaje casi prodigiosa.
Hasta que la polémica e irritante inclusión de último momento saliera a la luz no había demasiados elementos que pudieran unificar el babélico universo opositor en un rechazo eficaz.
La incapacidad del Gobierno para explicar y asumir ese artículo y, mucho más, la forma en la que se lo incorporó, amenazan ahora con lograr lo que parecía de otra dimensión: que el texto votado en el Senado sea aprobado en general en Diputados, pero sufra reformas parciales que lo devuelvan a la Cámara alta. Demoras e incertidumbres imprevistas. Sin hablar de eventuales cuestionamientos en sede judicial.
Las concesiones hechas a los gremios y a los gobernadores de la oposición cooperativa, sin incomodar casi a los empresarios, habían acotado la capacidad de protesta tanto como expuesto la impotencia del sindicalismo y la dirigencia política perokirchnerista para ponerle freno en la calle o en el Parlamento al proyecto que para el Gobierno es uno de los pilares de la construcción de un nuevo modelo de país. No solo en lo económico. Pero el diablo, la impericia o la codicia suelen meter la cola. Y lo hicieron. Ahora la CGT hasta se anima a amenazar con un paro general que no entraba ni en sus alucinaciones hace 72 horas.
En pocos asuntos tan nodales y simbólicos de su tradición y doctrina la oposición peronista se había mostrado tan débil y fragmentada. Ese cuadro tenía todas las posibilidades de ser ratificado en la Cámara de Diputados. La confusión identitaria y la crisis de autoridad y liderazgo quedarían así expuestos abismalmente, como para acelerar el proceso agónico del kirchnerismo, cada vez más alejado de su condición de espacio hegemónico del movimiento.
De todas maneras y a pesar de estos deslices, el proceso de reconfiguración peronista se advierte como indetenible.
No obstante, el Gobierno dilata el desenlace al caer en errores no forzados y autolesionarse. En lugar de maximizar el beneficio que le ofrece día a día la existencia de una oposición debilitada y dividida, parece empeñarse en revitalizarla. Como si la pulsión por sostener como adversario primordial al kirchnerismo decadente pudiera más que la razón para avanzar sin tropiezos en asuntos fundamentales. Serían actos típicos de la descalificada casta política que privilegiaba el rédito inmediato por sobre el beneficio duradero de largo plazo. Imperdonable para el ideario libertario.
Aún así y a riesgo de que sus yerros le resulten muy costosos para el proyecto que protagoniza, no le será fácil al oficialismo seguir dándole sobrevida al kirchnerismo para que continúe oficiando de la gran contracara atemorizante por su eventual regreso. Una herramienta que al mileísmo le ha servido para que, votantes a los que solo los acerca el espanto al pasado, lo absuelvan o le toleren formas y contenidos que les rechinan.
El peronismo hoy se bifurca en tres riachos de distinta magnitud y potencia, que enmarcan un archipiélago agrietado, en proceso de achicamiento y confusión. La relación con el Gobierno suele ser un delimitador bastante eficaz. La alteridad tiene en estos tiempos más efecto que las tradiciones y las doctrinas.
Por un lado, se ubica el kirchnerismo que, con sus respectivas subdivisiones, se presenta a la vanguardia de la resistencia antimileísta. Ahí, en primer lugar, está el cristinismo auténtico, con Cristina Kirchner (en prisión), su hijo Máximo, más La Cámpora y el revoltoso Juan Grabois con sus adláteres de la economía popular e informal. Vendría a ser esta la rama declinante.
El subconjunto K se completa con los cristinistas disidentes, cuyo abanderado es Axel Kicillof, impulsado y sostenido por intendentes bonaerenses (los minigobernadores), acompañado con diferentes intensidades por un puñado de gobernadores, legisladores y dirigentes, que pretenden una renovación y una emancipación del camporismo, sin animarse a enfrentar directamente a la expresidenta tanto por antiguos afectos y nostalgia como cálculo.
Por otro lado, se encuentran los gobernadores dialoguistas con la Casa Rosada, que en su mayoría pertenecen a provincias mineras o hidrocarburíferas. Mantienen el carnet peronista como santo y seña ante sus fieles más que como documento de identidad. Y lo usan para justificar demandas y reclamar concesiones al gobierno de Milei, siempre dispuestos a quebrarse antes que a romperse, con la mira puesta en la caja, que la política económica mileísta tendería a engrosarles con inversiones y desarrollos productivos extractivos. El horizonte les ofrece un futuro de jeques.
Por último, asoma un sector variopinto e informe, compuesto por un par de gobernadores que también suelen compartir picados con Kicillof, exgobernadores, legisladores nacionales, sindicalistas y dirigentes de distinto peso, edad y cosmovisión. Los une su alejamiento en distintas etapas e intensidades del kirchnerismo y, especialmente, del cristinismo, así como la intensión o la ilusión de volver a ser una alternativa de poder nacional para salir de la inopia a la que los condena su condición de opositores impotentes. Una realidad impensada para el histórico partido del poder de la Argentina.
Sin embargo, todavía no se animan a construir una corriente propia que desafíe o enfrente abiertamente al kirchnerismo y se libere de las mochilas de piedras que les obliga a llevar. Por ahora es casi un trabajo clandestino.
“No podemos ni ir a los medios porque no podemos responder a preguntas inevitables e incómodas, como, por ejemplo, si Cristina está o puede ser justamente condenada por corrupción. No estamos en condiciones de correr el riesgo de perder el 15% de votantes que tiene ella”, dice un veterano dirigente peronista que trabaja en ese proyecto, pero al mismo tiempo dice ser fuente de consulta de varios sectores, incluido el cristicamporismo.
Entre sus referencias no figura el caso de los disidentes del menemismo, tempranamente convertidos en opositores durante el apogeo del experimento liberperonista del riojano. El Grupo de los 8, en el que sobresalían el sindicalista ya fallecido German Abdala y Carlos “Chacho” Álvarez, quien llegaría a la vicepresidencia en 1999 en la coalición con el radicalismo, que se conoció como la Alianza y derrotó al candidato peronista Eduardo Duhalde. La gran duda es si el fracaso en el gobierno de ese experimento, antes que su éxito político electoral, es el gran disuasor para explorar ese camino o solo una excusa ante la falta de audacia, ambición y vocación, que muchos admiten signa la política actual, con muy escasas excepciones.
El rosario de penurias de estos peregrinos del desierto se completa con un déficit que consideran crucial. “El problema no es de identidad. Yo me río cuando me hablan de eso. Para el peronismo y los peronistas lo que es fatal es no tener ni siquiera una figura para ofrecer, ya no te digo un líder, capaz de atraer y ampliar”, agrega el dirigente, que entre sus apuestas figura el exgobernador sanjuanino Sergio Uñac.
La posibilidad de saldar esa deficiencia parece más lejana después de ver la actuación de algunos de los referentes de este sector en el debate por la reforma laboral y, también, en el mucho menos taquillero sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Los parecidos con una feria de ropa vintage fueron demasiados. Como estrategia destinada a captar nuevos consumidores para esta vieja marca suena riesgosa.
Tal vez por eso mismo, de manera inorgánica y muy incipiente, desde este último espacio se han empezado a trazar puntos para ver si logran armar una línea tendiente a recuperar algún protagonismo y llegar a ofrecerse como una opción. Por primera vez en muchos años, el horizonte de estos peronistas está en el largo plazo, aunque no por voluntad propia. Miran más a las elecciones presidenciales de 2031 que a las de 2027.
No difieren mucho de lo que admiten algunos referentes del kicillofismo, a pesar de que para el gobernador bonaerense las urgencias son otras.
Por un lado, tiene que gobernar lo que se niega a que la llamen “la provincia inviable”, como la calificaron algunos conspicuos macristas. El paro que ya anunció para el día de comienzo de clases uno de los sindicatos docentes bonaerense expone los desafíos que tiene su proyecto presidencial. La ilusión de que los efectos del ajuste los pagaría Milei y lo absolverían o lo eximirían a él de reclamos no estaría asegurada.
Para la gestión, además, necesita de la cooperación del cristicamporismo y del massismo, y ninguno de ellos está dispuesto a solventar su autonomía sin cobrarle altos intereses. Un laberinto complicado, sobre todo cuando se advierte que buena parte de sus soportes son intendentes a los que los fieles de Cristina y Máximo Kirchner no les hacen la vida fácil y viceversa. La rendición acordada del hijo bipresidencial para dejar en manos de Kicillof la presidencia del PJ bonaerense no aseguró la paz en todos los territorios.
Por otro lado, el gobernador está obligado a sostener un proyecto presidencial para 2027. En caso contrario, estaría condenado a ser un “pato rengo” a los que sus rivales saldrían a cazar dada la imposibilidad legal de presentarse para otra reelección. Obligado a salir por arriba.
Sin embargo, ya le han hecho sentir que un candidato presidencial bonaerense, sin orígenes peronistas, no es la primera opción que elegirían sus compañeros, sobre todo los que manejan territorios provinciales. Salvo como prenda sacrificial ante una probable derrota en 2027. En el peronismo todos están dispuestos a acompañar hasta la puerta del cementerio, pero a nadie le gusta trasponerla.
Ese escenario es el que rige algunas conductas dentro del peronismo. “En 2026 Axel es el candidato presidencial, guste o no. A Cristina y Máximo y a los demás no les queda más que aceptarlo. La cuestión es qué pasará y cómo llegarán en 2027”, señala un interlocutor de la exfamilia presidencial.
En las cercanías de Kicillof saben y admiten esas conjeturas y restricciones. La realidad les es adversa fuera del universo peronista bonaerense.
“Es muy impresionante lo que está pasando. Mucha gente dice que está peor que antes y que este año y el próximo no creen que vayan a estar mejor. Pero que hay que esperar. Así no es fácil armar un proyecto presidencial opositor”, admite una figura que interactúa con la cúpula del gobierno bonaerense. La historia reciente parece no haber perdido nada de su capacidad para temerle al retorno.
Así, romper con el pasado, signado por el kirchnerismo, asoma como un imperativo para todo aquel que pretenda sumar adhesiones que excedan a su declinante núcleo duro. Se trata de un peso muerto que arrastrará a cualquiera que no pueda, no sepa o no quiera romper con ese lastre, pero parece una misión imposible para Kicillof y los suyos.
De todas maneras, Kicillof no es el único que antes de pensar en su futuro debe atender su presente, que lejos de aliviarse se complica. Puede decirlo el santafesino Maximiliano Pullaro, al que se le sublevaron por reclamos salariales los mismos policías que le habían dado su capital más preciado de su gestión: la abrupta disminución de la violencia. Y lo esperan agazapados docentes y trabajadores de la salud.
La luz de esperanza de estos radica, así, fuera de sus posibilidades de injerencia y acción. “Siempre está Milei y su capacidad de autolesionarse. Sin contar con los efectos que está teniendo en la vida cotidiana de muchos argentinos el programa económico, marcado hoy por la inflación y la recesión”, reconoce uno de los consejeros del gobierno bonaerense.
El desatino cometido por el oficialismo nacional en la redacción sobre la marcha del proyecto de reforma laboral con la artera inclusión de la reducción salarial por accidentes sufridos fuera del ámbito laboral y la incapacidad de sostenerlo y explicarlo aportan otro motivo para alimentar las escasas ilusiones de los adversarios.
Y ni hablar de su recrudecido patrullaje de los medios y redes sociales con la deleznable vocación por atacar, descalificar y estigmatizar a periodistas. Como si no le bastara con los constatables resultados fallidos en la consideración popular de la orwelliana Oficina de Respuesta Oficial.
Las técnicas mileístas para reanimar opositores moribundos gozan de muy buena salud, justo cuando perecían haber empezado a archivarse.
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