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POLITICA

Víctor Bugge: los secretos del hombre que capturó la historia

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De impecable traje oscuro y camisa blanca, Víctor Bugge cruza a pie la Plaza de Mayo, la misma plaza que retrató decenas de veces durante los 48 años en los que se desempeñó como fotógrafo presidencial. Registró festejos y protestas, de unos y otros. Entró a Casa de Gobierno con Jorge Rafael Videla en 1978 y se retiró a mediados de 2025, con el actual presidente Javier Milei. Era cadete en el Ministerio de Economía cuando pidió el pase a la Casa Rosada. “Estuve siempre a un metro cuadrado de todos los presidentes”, dice Bugge, que dio sus primeros pasos como reportero gráfico en , al igual que su padre, Miguel, fundador de la Asociación de Reporteros Gráficos de la Argentina, matrícula 15.

“El que crea que la plaza mide el termómetro del país se equivoca porque la llenan los de River o los de Boca. Perón llenaba la plaza de peronistas. La Revolución Libertadora la llenó de libertadores. El único que llenó la plaza y la hizo llorar de alegría desde el balcón fue Maradona, en 1986. Después, con los políticos, son las hinchadas”, dice Bugge, testigo privilegiado de la vida institucional de los últimos 50 años, matrícula 769, colaborador, en sus inicios, de las revistas Gente, El Gráfico y Para ti.

Ahora, de espaldas a la Casa de Gobierno, Bugge posa frente a la cámara de Fabián Marelli. Entre ellos comparten las bellas artes de su oficio: definen los planos, la luz, la mejor orientación. Algunos reconocen a Bugge, se acercan, le piden una selfie y elogian su trabajo.

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Dice que le cuesta elegir una foto entre tantas, que elegir una sola equivale a haber fracasado. “Lo mío es un relato que se fue armando solo, foto a foto, debido a que toda la vida estuve en el mismo lugar. Después de 30 años descubrí que tenía un relato armado”, explica Bugge, a poco de haber sido nombrado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña. Todavía perdura la emoción: reporteros gráficos, periodistas, políticos de distintos partidos, mozos, choferes y otros empleados de la Casa de Gobierno lo acompañaron ese día en un Salón Dorado colmado en el que aplaudía también toda su familia.

A 42 años de la recuperación democrática, Bugge recorre con distintos momentos de la historia reciente -sus entretelas y curiosidades- a través de sus fotos icónicas: desde la asunción de Raúl Alfonsín hasta el triunfo del libertario Milei.

Víctor Hugo Bugge, siempre detrás de la lenteFabián Marelli

-¿Recordás el momento exacto en el que Alfonsín entra por primera vez a la Casa Rosada?

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-El 10 de diciembre estábamos en el Hotel Panamericano y bajé del décimo piso con él por el ascensor de servicio. Éramos el jefe de la custodia presidencial, que era comisario de la Policía Federal, el edecán naval, Alfonsín y yo. Le doy el paso al Presidente, obviamente. Soy el último en cerrar la puerta de ese ascensor y cuando llegamos a la cochera en donde estaba preparado el desplazamiento para salir para el Congreso, le abro la puerta y le digo: “A la cancha”. Y se rio. Para mí, fue ese el comienzo. Después entra a la Casa de Gobierno y lo reciben el jefe del Regimiento de Granaderos con toda la guardia y mucha cantidad de fotógrafos y periodistas.

-¿Cómo fueron los momentos previos a la asunción, cuando todavía estaban los militares? ¿Cómo fue esa transición?

-Fue una cosa terrible. A la mañana yo iba a Casa de Gobierno y a la tarde me iba para el Panamericano. Esa fue una decisión de José Ignacio López junto con la Asociación de Reporteros Gráficos. Se decidió que hubiera una persona sola y no veinte en los momentos puntuales, por ejemplo, en el Cabildo o en el Congreso. En el Cabildo no podía haber veinte fotógrafos porque ese balcón lo probamos ese día. Me pegué a Alfonsín. Me puse al lado, a medio metro, con una cámara de 16 milímetros.

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Alfonsín, en el balcón del Cabildo, el 10 de diciembre de 1983Víctor Bugge – Presidencia Argentina

-Hay decenas de fotos icónicas del mandato de Alfonsín, pero vayamos a un momento especialmente traumático, según describiste alguna vez: el intento de copamiento del cuartel de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Esa violencia dejó muertos, heridos y desaparecidos.

-Fueron más de 48 horas de tiroteo, idas y vueltas. Alfonsín estaba en Casa de Gobierno y había un grupo que le decía que vaya a La Tablada y otro grupo que opinaba que no tenía que ir. Había amenazas de tirar abajo el helicóptero a balazos. De ambos lados. Había versiones, rumores, murmullos, hasta que Alfonsín decide ir. Y yo tuve la suerte de ir en el helicóptero. Algunos, ya en tierra, me dicen “tiraron un par de cuetazos”, pero nosotros desde adentro no lo percibimos. Bajamos del helicóptero, llega el jeep y yo no tengo lugar ahí. Entonces, me voy caminando. Caminé, troté casi una cancha. Era joven. En un momento determinado hubo una ráfaga y me metí adentro de un lugar totalmente destruido. Justo estaba un fotógrafo, un hombre mayor, de la época de mi viejo. “Víctor, vení, vení, quedate acá”. Después corrí hasta alcanzarlo a Alfonsín y llego justo cuando él está frente al cadáver de una chica totalmente cortado a balazos. Ese y otros tres o cuatro cuerpos que vi me hacen decir que conocí el olor a muerte. Fue así, literalmente. Algunos cuerpos estaban hasta quemados.

-Alfonsín vivió distintas situaciones límite. ¿Cómo era él en los momentos de extrema tensión?

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-Introvertido. Era todo lo contrario a la reacción que tuvo en la iglesia Stella Maris, cuando el obispo castrense José Miguel Medina le hace una crítica a la situación económica y él se re calienta, llama al asistente y pide el atrio. Se subió al púlpito y ya todos sabemos lo que pasó.

Alfonsín, en La TabladaVíctor Bugge – Presidencia Argentina

-¿Alguna vez viste llorar a algún presidente?

-¿A Alfonsín? No. Sí, a Menem.

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-¿Frente a la tumba de su hijo?

-En el velatorio. En la tumba lo vi en silencio.

-Mencionaste a Menem. Recordemos la foto en la que camina con Alfonsín por los jardines de Olivos. Los retrataste de espaldas. Esa foto no representa al Pacto de Olivos sino el traspaso adelantado del poder. En esa caminata se define cuándo Alfonsín ejecutaría su renuncia. Me gustaría que cuentes porqué salen a caminar. Hay una razón de peso.

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-Sí, es así. Yo entro con ellos a hacer la foto en la Jefatura de Olivos (No de la R: la zona de la quinta presidencial en la que se encuentran las oficinas del Presidente). Está Alfonsín sentado en el sillón, Menem al lado, les hago la foto, me despido y me dice Alfonsín: “Vení, Víctor. Carlos, te presento a Víctor. Es un fotógrafo que hace muchos años que está acá. Te pido que lo cuides”. Lo saludo a Menem y cuando cerré la puerta dije: ¿Qué pasará con mi vida? Al final, terminé los diez años con Menem, como con todos los presidentes. Estuve siempre a un metro cuadrado de los presidentes. Cuando salgo del despacho, se quedan los dos solos. Estábamos con José Ignacio (López), su vocero, con Margarita (Ronco) que era la secretaria, y creo que estaba Guillermo, el hermano de Alfonsín. Y, de repente, se abre la puerta y salen a caminar. Querían tener esa conversación afuera debido a la posibilidad de que hubiera micrófonos.

-¿De dónde sale la sospecha?

-Hay que retroceder un poco. Hubo un momento en el que Alfonsín había tenido una lesión y había estado más tiempo en Olivos, con un bastón. Un día atiendo el teléfono de la antesala del despacho y se comunica un vecino de la calle Villate para informar que él había estado escuchando una charla de Alfonsín y Saúl Ubaldini. Le digo: “Mi nombre, para que usted se quede tranquilo, es Víctor Bugge. Yo se lo transmito a los asistentes del Presidente, quédese tranquilo”. Así que ese día ellos decidieron salir a caminar y a mí me vino bárbaro. Porque yo me quedo atrás. Yo podría haber ido adonde estaban todos los muchachos, adelante. En fotoperiodismo las espaldas no fueron muy usadas, al menos en la Argentina. Y en política menos.

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-En esa foto Alfonsín camina con las manos detrás de la espalda, encorvado, agobiado. Contrasta mucho con un Menem erguido, listo para entrar a la cancha. El país estaba prendido fuego.

-Sí, se nota. Por esa foto una vez me llamó un muchacho que había estado como 25 años preso, y me dijo: “¿Vos sabés que nosotros caminábamos en la celda como caminaba Alfonsín en esa foto?”.

Menem y Alfonsín, en la residencia de Olivos, una de las fotos más famosas de BuggeVíctor Bugge

-Dijiste que, al menos en la Argentina, no fue muy usado el recurso de las fotos de espaldas. Hiciste otra: Milei y Villarruel abrazados, eufóricos, el principio del gobierno, mucho antes de que esa relación se quebrara, obviamente.

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-Yo tengo una secuencia de espaldas de todos los presidentes. No nació con Alfonsín y Menem, nació con Videla. No. Pero lo potencia la foto de Alfonsín y Menem. Y después seguí.

Milei y Victoria Villarruel, abrazados, en marzo de 2024@javiermilei

-En otra foto, el vocero de Alfonsín se acerca al presidente y le dice algo importante al oído. Estaban en la Base Naval de Puerto General Belgrano y López tiene que informarle al presidente Alfonsín sobre una primicia que rápidamente iba a copar todos los titulares.

-Sí. Cuando termina esa conversación, entramos a caminar y le pregunto a Nacho qué había pasado. Y me contesta: “Le acabo de decir que le cortaron las manos a Perón”. Yo me quedé helado. Se lo había transmitido Julio López, que era el jefe de prensa histórico de la Casa de Gobierno. Eso es lo que Nacho le dice al oído a Alfonsín. ¿Vos viste que la cara de Alfonsín cae abruptamente en la foto? Le cayó la noticia y se nota en el rostro de esa foto.

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José Ignacio López, en el momento en el que le informa a Alfonsín de la mutilación del cuerpo de Perón

-Es difícil elegir una de las tantas fotos de Menem, registrado en distintas situaciones a lo largo de 10 años. Aunque no te gusta titularlas hay una a la que llamaste, “el faso del indulto”. Se la sacaste el día que anunció el indulto. En esa imagen el presidente está con un mechón caído, despeinado –algo que no era habitual en él- y un cigarrillo en la boca. ¿Vamos a ese momento?

-Salimos de Buenos Aires rumbo a Chamical. Íbamos a un acto, pero a mí no me habían dicho para qué. Y resulta que en el vuelo se acerca Ramón Hernández, el secretario privado, y me dice: “Mirá que el jefe va a anunciar el indulto”. Ya había rumores. Por un lado, me quedé sorprendido, pero me vino bien que me lo dijera porque mi cabeza empezó a trabajar a ver cómo mostraba el estado de ánimo de un presidente que iba a firmar los indultos. Bueno, se produce esa conferencia, saco una foto normal. Yo estaba re caliente porque esa foto era la foto tradicional. Menem era un tipo muy prolijo: jamás lo ibas a ver en una situación de desprolijidad en su aspecto físico, su ropa, el nudo de su corbata. Y justo después se armó un acto y le pide un cigarrillo al edecán del Ejército, Particulares 30. Se lo da, se prende el faso y se le cae el mechón y yo dije: “Acá está. Es esto”. Por eso le digo: “el faso del indulto”. Menem sabía que con esa firma se venían conflictos y discusiones.

Carlos Menem y la foto que Víctor Bugge tituló «El faso del indulto»

-Vos tratás de anticipar componiendo la escena, pero también incorporás lo repentino. ¿Cómo es exactamente la cocina de tu trabajo?

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-Los reporteros tenemos que estar atentos. No sos reportero gráfico si no estás atento. Aunque la hagas o la pierdas, tenés que estar. Tener la posibilidad de saber con anticipación los movimientos del presidente me dio la ventaja de ir trabajando la imagen. Pero después la tenés que hacer. Por ejemplo, por el levantamiento carapintada de Semana Santa, también me traslado en helicóptero con Alfonsín a Campo de Mayo, gracias a un gesto de José Ignacio López. Pero decidí no hacer fotos. Semana Santa fue uno de los momentos con más miedo de la democracia argentina y no hice ni una foto.

-¿Por qué?

-No quise y no pude. Se me mezcló una situación rara, que rozaría con el susto que tenía, y el temor de interrumpir un momento muy delicado en el regimiento. Cuando se lo cuestiona a Alfonsín porque dice “Felices Pascuas, la casa está en orden”, que fue silbado por una parte de la plaza, yo estaba ahí en el balcón. Yo por dentro decía: “Se nota que no estuvieron en el regimiento”. ¿Por qué? Porque estaban los militares leales y los carapintadas. Adentro éramos dos civiles: él y yo. Después había dos integrantes de la Policía Federal, la custodia, los tres edecanes, el jefe de la Casa Militar y el jefe de la Fuerza Aérea. Dentro, bajo techo. Alrededor de todo el edificio había militares armados con las ametralladoras que tienen la tira de balas. Y lo único que se escuchaba eran los gritos, era “avanza la civilidad, avanza la civilidad”. ¿Qué era? Los civiles que querían entrar a Campo de Mayo para proteger a Alfonsín. Decí que después la dirigencia política tanto del radicalismo como del peronismo, con capacidad de movimiento rápido, pararon a la gente, porque si hubiera entrado la gente no sé qué pasaba.

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Bugge y su fiel compañeraFabián Marelli

-¿Hay momentos en los que uno decide no sacar la foto? ¿Cuál es el límite?

-Sí. En mi caso, en donde yo trabajé toda la vida, hay que saber frenar, hay que saber dar el volantazo, hay que saber no levantar la cámara. Lo he hecho más de una vez. Y sentí que no perdía, porque gané.

-¿Y te arrepentís de no haber sacado alguna foto?

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-Puede ser esa que te acabo de contar, la de Semana Santa. Iba a ser una foto administrativa, diríamos. Rico y Alfonsín en una situación histórica. Pero son decisiones que uno toma en el momento.

-En plena dictadura sacaste la foto de Videla, solo, en su despacho, mirando hacia la avenida Paseo Colón. La publicaste en democracia años después. ¿Tenés archivos de fotos que no hayas mostrado?

-No. Puede haber tres, cinco fotos que no definen nada ni van a hacer temblar a nadie, pero yo no guardo porque mi trabajo es mostrar. Soy consciente de que estoy adentro para que la gente vea lo que pasa lo más parecido a lo que pasa. Creo que si todo el arco periodístico de todas las ideologías reconoció mi laburo es porque yo lo puse inmediatamente a disposición de los colegas.

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Videla, en la Casa Rosada

-¿Fue Menem el presidente que más funcionó como una usina de imágenes, que más generó posibilidades de fotos?

-No puedo comparar a Menem con Alfonsín; no puedo comparar a Néstor con De la Rúa. De cada uno saqué lo que mejor pude. Y estoy contento. Por ejemplo, para mí las fotos de De la Rúa son radiografías. La disociación que él tiene en los pasillos de la Casa de Gobierno…

Menem, con los Rolling Stones

-Hay una de él posando al lado de una escultura, imitando el gesto del prócer de la escultura. ¿Quién es?

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-Es Sarmiento. Porque Cavallo le dijo que iba a ser reconocido como el Sarmiento del siglo XXI. Entonces De la Rúa pasa y lo mira. Le digo: “Presidente, ¿quiere que le haga una foto?”. Yo no pido mucho, pero como esa frase de Cavallo había sido tapa de todos los diarios y justo pasa por el bronce, lo paré. Y él hizo el mismo gesto que Sarmiento.

De la Rúa posa ante una estatua de Sarmiento

-Del período de Fernando de la Rúa hay registros muy dolorosos de diciembre de 2001 en Plaza de Mayo y, por supuesto, la foto del helicóptero que lo traslada, tomada desde la terraza de Casa de Gobierno. Hay otra en la que está con Freddy Villareal, su imitador, en el programa de Marcelo Tinelli. ¿Fuiste a ese programa en el que nada sale como lo esperaban desde el gobierno?

-Sí. Cuando bajo a la explanada para salir, estaba Darío Lopérfido, que era el responsable de la imagen y la comunicación. Y le pregunté: “Darío, ¿a qué vamos?” Porque había una contradicción entre la personalidad de De la Rúa y el formato Tinelli. Me dice: “Vamos por el cambio de imagen”. “¿Vos estás seguro?”, le digo. Yo tengo un gran recuerdo de Darío, no estoy hablando mal él. La campaña para que De la Rúa llegue al gobierno fue maravillosa. Pero por dentro decía: “Esto no va a funcionar”. Y no funcionó. Y a partir de ese momento, de su participación en el programa de Tinelli, creería que comenzó el tobogán y la cuesta abajo.

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De la Rúa corre hacia el helicóptero, el 20 de diciembre de 2001

-Hay otra imagen de Fernando de la Rúa. Ya renunciado, vuelve al día siguiente a Casa de Gobierno –tenía una reunión con Felipe González- y se sienta en su escritorio a autografiar sus retratos, algo que suelen hacer los presidentes en ejercicio, pero no cuando ya están fuera del gobierno.

-Sí, hubo dos presidentes que volvieron como ex presidentes a la Casa de Gobierno. Primero, Galtieri, un presidente no electo, de la dictadura. Hay un cuadro de San Martín en un despacho que no es el principal y que Galtieri usaba mucho. Cuando vuelve, pasa por ahí, lo mira a San Martín y le dice: “A vos sí que no te cagaron”. Se puso el poncho y se fue. Y el otro que volvió fue De la Rúa. Termina la entrevista con Felipe González y el entorno de empleados que había traído él para que lo acompañe en su gobierno le pide fotos. Y él empieza a firmar. Para mí era todo surrealista.

De la Rúa firma fotos en la Casa Rosada el día después de haber renunciadovíctor bugge

-¿Te instalaste 10 días en Casa de Gobierno durante la sucesión frenética de diciembre de 2001?

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-Me quedé a dormir ahí hasta el 31. Un día solo me fui: el día que Adolfo Rodríguez Saá se va a Chapadmalal. Yo no veía a mis hijos, estaban todos preocupados, entonces le dije a uno de mis compañeros que vaya él así yo podía volver a mi casa. Me llaman de Chapadmalal y me dicen que renunció. No lo podía creer. No lo sabía nadie. Él me estaba contando los movimientos que nosotros no veíamos, que la sociedad no veía.

-Sobre esos días tenés una secuencia de fotos de los presidentes entrando o saliendo del despacho: Ramón Puerta, Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde. Es la misma foto, cambia el personaje y hay un objeto, que vos descubrís mucho después, que permanece ahí intacto. ¿Podrías contar qué es?

-Un vaso de agua, el mismo vaso de agua que estuvo diez días ahí, a un costado. Del 19 de diciembre hasta el 31. Yo no lo veía mientras hacía las fotos; lo descubrimos después, con la mirada tranquila de la edición: “¡El vaso! ¡El vaso!”. Nadie sacó el vaso, ni los mozos pasaban. En esos días, tocaban el timbre y no venían ni los mozos. Yo creo que el máximo valor que tiene esa secuencia es el vaso. El vaso es reflejo del abandono, del país sin conducción, de la Argentina anarquizada. Un vaso.

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Ramón Puerta, en 2001, y el protagonista invisible: el vaso de agua en la repisa del fondoVíctor Bugge
Adolfo Rodríguez Saá y el mismo vaso olvidadoVíctor Bugge, fotógrafo presidencial
Eduardo Camaño, el presidente más efímeroVíctor Bugge
Eduardo Duhalde, el último de la saga: el vaso siempre presenteVíctor Bugge, fotógrafo presidencial

-Vos estabas convaleciente, con indicación de reposo por un problema de salud gravísimo cuando te enterás de que Kirchner va a bajar el cuadro de Videla en el Colegio Militar. Te levantás de la cama y vas, como podés.

-Yo estuve a punto de partir, literalmente. Cómo habrá sido que a mi familia la dejaron entrar en dos oportunidades en el lapso de quince días para que me den un beso. Nunca supe lo que me pasó. Me explotó el bazo. Me trasladaron de El Bolsón a Bariloche y llegué con 3,6 litros menos de sangre. En el hospital de El Bolsón no había condiciones para que yo estuviese ahí. Es más: en mi disociación siento “esto no va más”. Se me apareció la famosa figura de la muerte, de la Parca. Se me aparecían cuervos del Kremlin, que yo había fotografiado. Se me aparecía Churchill. Soñé que estaban todos los presidentes internados al lado mío. Todo eso lo recuerdo. Lo que no sé es lo que me pasó. De un día a otro, amanecí. Llego a Buenos Aires. Ya se hablaba de la orden de descolgar el cuadro así que me levanto. Llego al Colegio Militar con Kirchner. Vamos a un despacho. Está el general Bendini. Vamos con Bendini y Kirchner se para mirando los cuadros. Bendini, para mi gusto, creía que lo iba a descolgar Néstor. Y se produce un segundo de parate, que si vos lo ves en el video te vas a dar cuenta. Lo mira y le dice “proceda”. Bendini va y lo descuelga. También descuelga el cuadro de Bignone. Así que en esa imagen están tres de los presidentes que fotografié: Kirchner, Videla y Bignone.

El general Bendini baja el cuadro de Videla en el Colegio Militar ante la mirada de Kirchner

-Llega Cristina Kirchner y es la primera vez que tu cámara se posa sobre una mujer.

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-Era el primer desafío que teníamos en democracia, porque Isabel fue presidenta, pero heredera. El primer desafío fotográfico que yo tuve fue cambiar el formato de mirada. Yo estuve mirando quince tipos, no sé cuántos. De repente, aparece Cristina. Era una mujer que se cuidaba mucho en su aspecto estético. ¿Cómo definir la llegada de una mujer al poder o al Gobierno? Le pedí que se sentara en el sillón de Rivadavia. Es la única que le pedí que posara. Me llevé un paragüitas, la iluminé, me subí al hermano del sillón de Rivadavia. Era una foto normal, pero era la primera mujer que se sentaba elegida por el voto.

Cristina Kirchner, el día de su asunción, el 10 de diciembre de 2007

-¿Los presidentes vetan tus fotos?

-No, nunca me pasó. Siempre tuve libertad hasta que después, con la llegada de la tecnología, que aparecen los celulares y todos son fotógrafos. Yo estoy contento de que todo el mundo saque fotos, pero no nos confundamos: no todo el mundo es fotógrafo. El momento preciso que teníamos nosotros como responsables de la fotografía se perdió, ya no está más en manos de los reporteros gráficos, está en manos de doña María, don José o de Raulito, el nene de 9 años que tiene un celular. En la época de Macri comienza el tema de los celulares. Y cuando asume Mauricio yo estoy rodeado de celulares. Ahí dije: “No”. Y agarré y me fui. Después de la asunción, estoy en mi oficina y me preguntan por qué me fui. “O los celulares o yo, muchachos. Vamos a poner en claro las cosas”.

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Cristina Kirchner contempla en Berlín, cuando era primera dama, el busto de Nefertitivíctor bugge

-Macri dice que la foto que más le gusta es una en la que él está sentado con su hija Antonia en la falda, abrazados, en el Sillón de Rivadavia.

-Sí. Yo no subestimo al celular. Todos hacemos fotos con celulares. Pero no es lo mismo.

Macri y su hija Antonia, en el sillón presidencial

-La foto cenital que le sacás a Cristina en el velatorio de Néstor Kirchner, rodeando el féretro, tiene un dramatismo enorme. ¿Cómo fue ese momento?

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-Cuando se traslada el féretro a ese patio el silencio era total. Lo único que podía hacer ruido era el obturador de la Nikon. No querían que entre nadie y estaba todo el país esperando la foto. Y yo digo: ¿Qué hago? ¿Encaro? ¿No encaro? Y la miro a Cristina, nos miramos y le hago el gesto. Y ella acepta. Después se rompe el protocolo, la gente empieza a entrar y me voy para arriba, al primer piso. Y hago esa foto. En el lunfardo o en el chamuyo de la calle, cuando se te muere un amigo se dice “se te murió una pierna”. “Perdiste la pierna”. Había una sombra que la dejaba con una sola pierna. Y, además, la soledad. Yo lo que quería era juntar al matrimonio sin todos los entornos. Hay una secuencia de eso. La edición tenía que ser inmediata porque estaba todo el país esperando.

Cristina Kirchner, en el velatorio de su esposoVíctor Bugge

-De Fernández hay mucha foto con barbijo y tu trabajo se restringió, ¿no?

-No vale la pena hablar de ese período. Prefiero olvidarlo porque no solo yo, ningún medio entró. Terminé como terminé: enfermándome.

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Alberto Fernández, en una recorrida en pandemiaVíctor Bugge

-Imagino que Milei es otro personaje muy atractivo para fotografiar.

-Cuando se confirma el triunfo de Milei, esa noche, nació la foto. Quería que llegue el día porque no se lo podía contar a nadie. Se lo dije solamente a mi compañera y a una de mis hijas. Les digo: “Hay un león en el Salón Blanco”. Es una escultura. A lo largo de todos estos años, mi relación con el Busto de la República fue muy impresionante. Pensar que yo estoy acá y esta mina está hace ciento y pico de años acá. ¡Todo lo que vio! Vio los juramentos y las traiciones. Ahí es donde se jura. Después, en otro lugar, se traiciona. Y claro, cuando gana Milei, bajé la vista, dejé de mirarla a ella y me acordé del león. Dije “a este lo pongo acá”. Me voy a lo último del Salón Blanco, me tiro en el piso, bien tirado en el piso, me afirmo y “pum”. ¡Un fotón! Porque el león estaba en la Casa Rosada.

-¿A qué presidentes te hubiera gustado fotografiar y por qué?

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«El león llegó a la Casa Rosada»Víctor Bugge

-Me interesó mucho el rostro de Arturo Illia y el de Perón. Pero el de Perón fue fotografiado por un gran fotógrafo, César Cichero, que le hace una foto en la Catedral impresionante, vestido de general, que me la regaló firmada. Son dos rostros interesantes. Y obviamente, aunque no fue presidenta, me hubiera gustado fotografiar a Evita. Estamos hablando de gente que trascendió los límites.

-Fotografiaste la Plaza de Mayo vivando a Galtieri por Malvinas y fuiste a las Islas 30 años después: en ese momento registraste el dolor de los familiares en las tumbas.

-En la Plaza de Mayo, el 2 de abril, semillena, Galtieri saluda desde el balcón, no desde el balcón principal sino el que usó Evita en su momento, donde ahora está la sala Eva Perón. Después se convoca a una plaza que es tremenda: la del famoso “vamos ganando”, que fue usufructuado de una forma bastante impresionante por el Proceso porque la gente creyó que estábamos ganando. Yo, estando en la Casa de Gobierno, conviviendo con los militares, descubro que había una situación interfuerzas en la que uno decía una cosa y otro, otra. No íbamos ganando, pero yo creía que sí. En el año 80 yo había ganado un auto 0km en un concurso en el que se premiaba a la mejor foto deportiva del año. En un momento por Malvinas se hace una convocatoria en Canal 7 para recaudar fondos y yo iba a dejar el auto. Me frenó mi familia. ¿Me entendés lo que estoy diciendo? Fijate lo que se había logrado en toda la sociedad.

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-¿Qué pasa ahí, en Malvinas, 30 años después?

-Bajamos del avión, nos introducen en un ómnibus y derecho al cementerio de Darwin. Y en un momento determinado aparecen las cruces, a lo lejos. La visualización es diminuta. Llegué. Había una orden de no hacer fotos. Respeté la situación. Fuera del lugar estábamos los periodistas que escribían y el único fotógrafo era yo. Hice un par de fotos de afuera, pero dije “no voy a molestar”. Empecé a sentir gritos, alaridos. Era desgarrador. No había posibilidad de no llorar. Así que lloré a la par. Era tener que secarte las lágrimas para poder hacer una foto porque era muy fuerte hacer una imagen y ver todos los familiares tirados en el piso abrazados a las tumbas.

Familiares de los caídos llegaron a Darwin para inaugurar las 90 placas de soldados que yacían sin nombreVICTOR BUGGE / SECRETARIA DD.HH.

-Varias veces hablaste abiertamente sobre el síndrome de Tourette con el que convivís desde siempre. Ese trastorno genera tics, movimientos o sonidos intempestivos, involuntarios o indeseados. Tu trabajo, al mismo tiempo, exige alta precisión, estar en control. ¿Cómo se hace? ¿Cómo lo hiciste?

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-En otras épocas terminaba agotado, triste. No es fácil. Me desplomaba de cansancio por tratar de estar en control. A la gente que lo tiene yo le digo: “Hacete amigo, abrázalo, porque si no te vas a estar peleando continuamente”. Antes no se hablaba del bullying, se decía “verdugueo”. Y yo fue víctima de eso, de la mirada de los otros, del comentario, de la risa, del verdugueo. Me he perdido fotos por el síndrome de Tourette, pero al mismo tiempo, siento que la cámara me salvó, me protegió. El síndrome no te permite distraerte porque uno está ocupándose de quién te está mirando, de qué están diciendo de vos. Sos el payaso. Me acuerdo de una obra que fue muy exitosa hace algunos años que se llamó “Toc Toc”. Un día voy a verla al teatro. Salí muy… decepcionado porque hicieron reír a 800 personas en una butaca sin padecer lo que yo padecí.

-Hay algo interesante: convertiste la mirada hacia vos en la mirada hacia otros, a través de la lente.

-Sí, yo descubrí eso después. Y cuando lo descubrí, me aferré a la cámara. Yo le agradezco al síndrome, le agradezco de todo corazón.

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Víctor Bugge, junto a su familia, al ser galardonado por la Legislatura porteñaGentileza Víctor Bugge

-Me gustaría que cierres un círculo, que comienza con tu papá colgándote al cuello su cámara de fotos cuando vos tenías 20 años y diciéndote: “sacá”. ¿Qué imaginás que te diría ahora?

-Él vio parte de mi laburo. Se fue feliz. Así que me diría: “Te felicito”. Yo tengo admiración por un montón de fotógrafos. Sería de mal gusto nombrar a uno. Pero en mi viejo y en don Juan Di Sandro, un fotógrafo histórico del diario se refleja mi admiración por varios fotógrafos. Don Juan era un fotógrafo impresionante. Me tiró agua bendita. También tuve el apoyo de Ricardo Alfieri y de Alfredo Legarreta. La única foto que tengo con mi viejo en una cancha me la sacó Ricardo Alfieri. Para mí, es la foto de mi vida. No es fácil en esta profesión. A mí me tocaron tres o cuatro personas que eran leyendas, pero que me abrazaron.


,Astrid Pikielny

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POLITICA

Errores para revivir a una oposición moribunda

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Los manuales sobre técnicas de reanimación deberían actualizarse con urgencia. En muy poco tiempo, los principales dirigentes y legisladores mileístas han demostrado un singular talento para revivir a adversarios moribundos.

El tratamiento y la aprobación de la reforma laboral en el Senado por una amplia mayoría (un hito desde la recuperación de la democracia) debería encabezar el nuevo manual de reanimación. Justo cuando todo indicaba que, por el contrario, semejante logro político-parlamentario daba insumos para empezar a imprimir el certificado de defunción del peronismo del siglo XXI y el paso por Diputados debía sumar nuevos elementos letales.

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Sin embargo, la subrepticia e irregular inclusión del artículo sobre licencias por accidentes sufridos fuera del contexto laboral, que recorta el salario de los trabajadores afectados, da oxígeno a los desfallecientes críticos y pone en riesgo el trámite expedito de una ley que todos los gobiernos no peronistas soñaron y fracasaron en su intento.

Se trataría de un caso emblemático de mala praxis, después de que el largo proceso de negociación parecía mostrar una aptitud política para alcanzar objetivos complejos de tal magnitud que La Libertad Avanza (LLA) no había exhibido hasta ahora y que revelaba una capacidad y velocidad de aprendizaje casi prodigiosa.

Hasta que la polémica e irritante inclusión de último momento saliera a la luz no había demasiados elementos que pudieran unificar el babélico universo opositor en un rechazo eficaz.

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La incapacidad del Gobierno para explicar y asumir ese artículo y, mucho más, la forma en la que se lo incorporó, amenazan ahora con lograr lo que parecía de otra dimensión: que el texto votado en el Senado sea aprobado en general en Diputados, pero sufra reformas parciales que lo devuelvan a la Cámara alta. Demoras e incertidumbres imprevistas. Sin hablar de eventuales cuestionamientos en sede judicial.

Las concesiones hechas a los gremios y a los gobernadores de la oposición cooperativa, sin incomodar casi a los empresarios, habían acotado la capacidad de protesta tanto como expuesto la impotencia del sindicalismo y la dirigencia política perokirchnerista para ponerle freno en la calle o en el Parlamento al proyecto que para el Gobierno es uno de los pilares de la construcción de un nuevo modelo de país. No solo en lo económico. Pero el diablo, la impericia o la codicia suelen meter la cola. Y lo hicieron. Ahora la CGT hasta se anima a amenazar con un paro general que no entraba ni en sus alucinaciones hace 72 horas.

En pocos asuntos tan nodales y simbólicos de su tradición y doctrina la oposición peronista se había mostrado tan débil y fragmentada. Ese cuadro tenía todas las posibilidades de ser ratificado en la Cámara de Diputados. La confusión identitaria y la crisis de autoridad y liderazgo quedarían así expuestos abismalmente, como para acelerar el proceso agónico del kirchnerismo, cada vez más alejado de su condición de espacio hegemónico del movimiento.

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De todas maneras y a pesar de estos deslices, el proceso de reconfiguración peronista se advierte como indetenible.

No obstante, el Gobierno dilata el desenlace al caer en errores no forzados y autolesionarse. En lugar de maximizar el beneficio que le ofrece día a día la existencia de una oposición debilitada y dividida, parece empeñarse en revitalizarla. Como si la pulsión por sostener como adversario primordial al kirchnerismo decadente pudiera más que la razón para avanzar sin tropiezos en asuntos fundamentales. Serían actos típicos de la descalificada casta política que privilegiaba el rédito inmediato por sobre el beneficio duradero de largo plazo. Imperdonable para el ideario libertario.

Aún así y a riesgo de que sus yerros le resulten muy costosos para el proyecto que protagoniza, no le será fácil al oficialismo seguir dándole sobrevida al kirchnerismo para que continúe oficiando de la gran contracara atemorizante por su eventual regreso. Una herramienta que al mileísmo le ha servido para que, votantes a los que solo los acerca el espanto al pasado, lo absuelvan o le toleren formas y contenidos que les rechinan.

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El peronismo hoy se bifurca en tres riachos de distinta magnitud y potencia, que enmarcan un archipiélago agrietado, en proceso de achicamiento y confusión. La relación con el Gobierno suele ser un delimitador bastante eficaz. La alteridad tiene en estos tiempos más efecto que las tradiciones y las doctrinas.

Por un lado, se ubica el kirchnerismo que, con sus respectivas subdivisiones, se presenta a la vanguardia de la resistencia antimileísta. Ahí, en primer lugar, está el cristinismo auténtico, con Cristina Kirchner (en prisión), su hijo Máximo, más La Cámpora y el revoltoso Juan Grabois con sus adláteres de la economía popular e informal. Vendría a ser esta la rama declinante.

El subconjunto K se completa con los cristinistas disidentes, cuyo abanderado es Axel Kicillof, impulsado y sostenido por intendentes bonaerenses (los minigobernadores), acompañado con diferentes intensidades por un puñado de gobernadores, legisladores y dirigentes, que pretenden una renovación y una emancipación del camporismo, sin animarse a enfrentar directamente a la expresidenta tanto por antiguos afectos y nostalgia como cálculo.

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Por otro lado, se encuentran los gobernadores dialoguistas con la Casa Rosada, que en su mayoría pertenecen a provincias mineras o hidrocarburíferas. Mantienen el carnet peronista como santo y seña ante sus fieles más que como documento de identidad. Y lo usan para justificar demandas y reclamar concesiones al gobierno de Milei, siempre dispuestos a quebrarse antes que a romperse, con la mira puesta en la caja, que la política económica mileísta tendería a engrosarles con inversiones y desarrollos productivos extractivos. El horizonte les ofrece un futuro de jeques.

Por último, asoma un sector variopinto e informe, compuesto por un par de gobernadores que también suelen compartir picados con Kicillof, exgobernadores, legisladores nacionales, sindicalistas y dirigentes de distinto peso, edad y cosmovisión. Los une su alejamiento en distintas etapas e intensidades del kirchnerismo y, especialmente, del cristinismo, así como la intensión o la ilusión de volver a ser una alternativa de poder nacional para salir de la inopia a la que los condena su condición de opositores impotentes. Una realidad impensada para el histórico partido del poder de la Argentina.

Sin embargo, todavía no se animan a construir una corriente propia que desafíe o enfrente abiertamente al kirchnerismo y se libere de las mochilas de piedras que les obliga a llevar. Por ahora es casi un trabajo clandestino.

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“No podemos ni ir a los medios porque no podemos responder a preguntas inevitables e incómodas, como, por ejemplo, si Cristina está o puede ser justamente condenada por corrupción. No estamos en condiciones de correr el riesgo de perder el 15% de votantes que tiene ella”, dice un veterano dirigente peronista que trabaja en ese proyecto, pero al mismo tiempo dice ser fuente de consulta de varios sectores, incluido el cristicamporismo.

Entre sus referencias no figura el caso de los disidentes del menemismo, tempranamente convertidos en opositores durante el apogeo del experimento liberperonista del riojano. El Grupo de los 8, en el que sobresalían el sindicalista ya fallecido German Abdala y Carlos “Chacho” Álvarez, quien llegaría a la vicepresidencia en 1999 en la coalición con el radicalismo, que se conoció como la Alianza y derrotó al candidato peronista Eduardo Duhalde. La gran duda es si el fracaso en el gobierno de ese experimento, antes que su éxito político electoral, es el gran disuasor para explorar ese camino o solo una excusa ante la falta de audacia, ambición y vocación, que muchos admiten signa la política actual, con muy escasas excepciones.

El rosario de penurias de estos peregrinos del desierto se completa con un déficit que consideran crucial. “El problema no es de identidad. Yo me río cuando me hablan de eso. Para el peronismo y los peronistas lo que es fatal es no tener ni siquiera una figura para ofrecer, ya no te digo un líder, capaz de atraer y ampliar”, agrega el dirigente, que entre sus apuestas figura el exgobernador sanjuanino Sergio Uñac.

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La posibilidad de saldar esa deficiencia parece más lejana después de ver la actuación de algunos de los referentes de este sector en el debate por la reforma laboral y, también, en el mucho menos taquillero sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Los parecidos con una feria de ropa vintage fueron demasiados. Como estrategia destinada a captar nuevos consumidores para esta vieja marca suena riesgosa.

Tal vez por eso mismo, de manera inorgánica y muy incipiente, desde este último espacio se han empezado a trazar puntos para ver si logran armar una línea tendiente a recuperar algún protagonismo y llegar a ofrecerse como una opción. Por primera vez en muchos años, el horizonte de estos peronistas está en el largo plazo, aunque no por voluntad propia. Miran más a las elecciones presidenciales de 2031 que a las de 2027.

No difieren mucho de lo que admiten algunos referentes del kicillofismo, a pesar de que para el gobernador bonaerense las urgencias son otras.

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Por un lado, tiene que gobernar lo que se niega a que la llamen “la provincia inviable”, como la calificaron algunos conspicuos macristas. El paro que ya anunció para el día de comienzo de clases uno de los sindicatos docentes bonaerense expone los desafíos que tiene su proyecto presidencial. La ilusión de que los efectos del ajuste los pagaría Milei y lo absolverían o lo eximirían a él de reclamos no estaría asegurada.

Para la gestión, además, necesita de la cooperación del cristicamporismo y del massismo, y ninguno de ellos está dispuesto a solventar su autonomía sin cobrarle altos intereses. Un laberinto complicado, sobre todo cuando se advierte que buena parte de sus soportes son intendentes a los que los fieles de Cristina y Máximo Kirchner no les hacen la vida fácil y viceversa. La rendición acordada del hijo bipresidencial para dejar en manos de Kicillof la presidencia del PJ bonaerense no aseguró la paz en todos los territorios.

Por otro lado, el gobernador está obligado a sostener un proyecto presidencial para 2027. En caso contrario, estaría condenado a ser un “pato rengo” a los que sus rivales saldrían a cazar dada la imposibilidad legal de presentarse para otra reelección. Obligado a salir por arriba.

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Sin embargo, ya le han hecho sentir que un candidato presidencial bonaerense, sin orígenes peronistas, no es la primera opción que elegirían sus compañeros, sobre todo los que manejan territorios provinciales. Salvo como prenda sacrificial ante una probable derrota en 2027. En el peronismo todos están dispuestos a acompañar hasta la puerta del cementerio, pero a nadie le gusta trasponerla.

Ese escenario es el que rige algunas conductas dentro del peronismo. “En 2026 Axel es el candidato presidencial, guste o no. A Cristina y Máximo y a los demás no les queda más que aceptarlo. La cuestión es qué pasará y cómo llegarán en 2027”, señala un interlocutor de la exfamilia presidencial.

En las cercanías de Kicillof saben y admiten esas conjeturas y restricciones. La realidad les es adversa fuera del universo peronista bonaerense.

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“Es muy impresionante lo que está pasando. Mucha gente dice que está peor que antes y que este año y el próximo no creen que vayan a estar mejor. Pero que hay que esperar. Así no es fácil armar un proyecto presidencial opositor”, admite una figura que interactúa con la cúpula del gobierno bonaerense. La historia reciente parece no haber perdido nada de su capacidad para temerle al retorno.

Así, romper con el pasado, signado por el kirchnerismo, asoma como un imperativo para todo aquel que pretenda sumar adhesiones que excedan a su declinante núcleo duro. Se trata de un peso muerto que arrastrará a cualquiera que no pueda, no sepa o no quiera romper con ese lastre, pero parece una misión imposible para Kicillof y los suyos.

De todas maneras, Kicillof no es el único que antes de pensar en su futuro debe atender su presente, que lejos de aliviarse se complica. Puede decirlo el santafesino Maximiliano Pullaro, al que se le sublevaron por reclamos salariales los mismos policías que le habían dado su capital más preciado de su gestión: la abrupta disminución de la violencia. Y lo esperan agazapados docentes y trabajadores de la salud.

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La luz de esperanza de estos radica, así, fuera de sus posibilidades de injerencia y acción. “Siempre está Milei y su capacidad de autolesionarse. Sin contar con los efectos que está teniendo en la vida cotidiana de muchos argentinos el programa económico, marcado hoy por la inflación y la recesión”, reconoce uno de los consejeros del gobierno bonaerense.

El desatino cometido por el oficialismo nacional en la redacción sobre la marcha del proyecto de reforma laboral con la artera inclusión de la reducción salarial por accidentes sufridos fuera del ámbito laboral y la incapacidad de sostenerlo y explicarlo aportan otro motivo para alimentar las escasas ilusiones de los adversarios.

Y ni hablar de su recrudecido patrullaje de los medios y redes sociales con la deleznable vocación por atacar, descalificar y estigmatizar a periodistas. Como si no le bastara con los constatables resultados fallidos en la consideración popular de la orwelliana Oficina de Respuesta Oficial.

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Las técnicas mileístas para reanimar opositores moribundos gozan de muy buena salud, justo cuando perecían haber empezado a archivarse.


Claudio Jacquelin,Javier Milei,Reforma laboral,Axel Kicillof,Conforme a,Javier Milei,,Contra jueces y gremios. El Gobierno ya avanza en la estrategia para enfrentar una judicialización de la reforma laboral,,Límites del «súper peso». Dólar en mínimos, carry trade ganador y una inflación que no cede, un esquema que corre riesgos, según analistas,,“Qué vergüenza y desilusión». Libertarios cuestionan a Villarruel por mostrase en La Rioja con Quintela

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POLITICA

Con apoyo del PRO y la UCR, el oficialismo apunta a sancionar la baja de la edad de imputabilidad y el acuerdo Mercosur-UE en el Senado

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El oficialismo quiere cerrar el período de sesiones extraordinarias del Congreso, que se extenderá hasta el 28 de febrero, con la sanción en el Senado de dos proyectos clave: el nuevo Régimen Penal Juvenil —que baja la edad de imputabilidad a los 14 años— y el Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur.

La estrategia es encabezada por la senadora Patricia Bullrich, quien planifica que, en la última semana de febrero, se convierta en ley la baja en la edad de imputabilidad aprobada este jueves por la Cámara de Diputados. Para ello cuenta con el respaldo de las bancadas del Pro, la UCR y varias fuerzas provinciales. El rechazo será de Unión por la Patria (UxP), tal como lo expresó en Diputados.

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Desde los sectores libertarios sostienen que integran el Congreso “más reformista de la historia” y destacan que están sancionando iniciativas debatidas durante años en comisiones. Además, aseguran que este ritmo continuará durante todo 2026.

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El eje central del proyecto es reducir la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. La iniciativa fue aprobada con 149 votos a favor y 100 en contra. El régimen se estructura en once capítulos y se apoya en principios como legalidad, proporcionalidad, especialidad, excepcionalidad de la privación de la libertad, celeridad procesal y resocialización. La prisión queda establecida como último recurso, con control judicial permanente y cumplimiento en establecimientos especializados, separados de personas adultas.

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Uno de los puntos destacados es el reconocimiento expreso de las víctimas dentro del proceso penal juvenil. El texto garantiza su derecho a ser informadas, escuchadas, contar con patrocinio jurídico, recibir asistencia psicológica y participar en instancias relevantes, incluso en mecanismos restaurativos.

El Acuerdo UE–Mercosur

El Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea se discutirá el miércoles 18 de febrero a las 17 en la Comisión de Relaciones Exteriores. Allí se ratificará al libertario Francisco Paoltroni como presidente del cuerpo y su primer objetivo será firmar el dictamen para que el proyecto quede habilitado y pueda llegar siete días más tarde al recinto.

Francisco Paoltroni, senador nacional de La Libertad Avanza, continuará presidiendo la Comisión de Relaciones Exteriores. Foto: Sofía Areco / Comunicación Senado

Mientras restan designar a los senadores que proponga Unión por la Patria (UxP), que conduce José Mayans, el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, firmó las nominaciones de los nuevos integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores. Además de Paoltroni, la integrarán Luis Juez (Frente Cívico); los radicales Eduardo Vischi, Carolina Losada, Rodolfo Suárez y Maximiliano Abad; Sonia Rojas Decut (Frente Renovador de Misiones); Martín Goerling Lara (Pro); Guillermo Andrada (Convicción Federal); y los libertarios Ivanna Arrascaeta, Agustín Monteverde, Pablo Cervi, Gonzalo Guzmán Coraita y Belén Monte de Oca.

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Uno de los integrantes de la futura comisión, el senador libertario Pablo Cervi, le dijo a TN que “es un gran avance el Acuerdo con la Unión Europea, estamos pidiendo acuerdos de libre comercio y sacar aranceles para poder entrar y competimos con otros países como Chile, Sudáfrica y en otros países, en casos como la fruticultura y pagamos aranceles para poder entrar a esos mercados y ellos tienen libre comercio. Así que me parece que es muy importante que avancemos rápidamente”.

El tratado llega a la Cámara alta con un amplio respaldo político desde Diputados, donde este jueves fue aprobado por 203 votos a favor, 42 en contra y 4 abstenciones, incluida la división interna en Unión por la Patria (UxP) respecto del posicionamiento en política internacional.

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Desde el oficialismo, la diputada Mercedes Llano sostuvo que “este acuerdo estratégico con la Unión Europea constituye una herramienta para romper ese aislamiento y reafirmar la consolidación y el rumbo hacia un modelo de libre mercado, representando una gran oportunidad para volver a nuestras bases y que Argentina se transforme, nuevamente, en el granero del mundo”.

Desde el radicalismo, Lisandro Nieri también acompañó y se descuenta que lo mismo harán los senadores de esa fuerza: “es una excelente oportunidad para potenciar el comercio de nuestro país. Podremos aumentar la venta donde ya exportamos y sumar nuevos productos a un mercado de 450 millones de personas con alto poder adquisitivo. La baja de aranceles brinda mayor competitividad a los productos incluidos en el acuerdo. Es una oportunidad concreta para ampliar mercados y fortalecer nuestra producción”.

El diputado de UxP Jorge Taiana rechazó el Acuerdo entre la UE y el Mercosur. (Foto: X @JorgeTaiana)
El diputado de UxP Jorge Taiana rechazó el Acuerdo entre la UE y el Mercosur. (Foto: X @JorgeTaiana)

En cambio, desde Unión por la Patria las críticas llegaron de la mano del excanciller Jorge Taiana: “este Acuerdo consolida las asimetrías y los desequilibrios entre el Mercosur y la Unión Europea. Muchos beneficios para Europa y solo algunos pocos para el Mercosur. Para un peronista la principal bandera es la Justicia Social y en un país primarizado y sin industria no hay ni habrá Justicia Social”.

El alineamiento de Paoltroni

Francisco Paoltroni fue elegido hace dos años por el presidente Javier Milei para conducir la Comisión de Relaciones Exteriores. Meses después, durante el debate por la designación de ministros de la Corte Suprema, adoptó una posición contraria al nombramiento del juez Ariel Lijo como integrante del máximo tribunal.

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Ese posicionamiento derivó en un enfrentamiento con el asesor presidencial Santiago Caputo y en su posterior alejamiento y expulsión de la bancada libertaria. Entonces creó su monobloque “Libertad, trabajo y progreso”, mostrándose más independiente, aunque siempre acompañó los proyectos del Poder Ejecutivo. Tras las elecciones nacionales de octubre pasado reencauzó su relación con la Casa Rosada y se reincorporó al bloque de La Libertad Avanza, que conduce Patricia Bullrich.

La designación de Fernando Iglesias

El Senado citó para el próximo jueves 19 a la Comisión de Acuerdos para tratar el pliego del exdiputado nacional del Pro Fernando Iglesias, propuesto como embajador extraordinario y plenipotenciario por el presidente Javier Milei, quien lo designó como representante ante Bélgica y ante la Unión Europea.

El senador oficialista Juan Carlos Pagotto será elegido presidente de la Comisión de Acuerdos, que no solo analiza los pliegos de embajadores, sino también los de futuros integrantes del Poder Judicial, incluidos —si así lo decide el Poder Ejecutivo— los ministros de la Corte Suprema de Justicia.

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Senado, Régimen Penal de la Minoridad, Patricia Bullrich

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POLITICA

Kicillof se mostró con la cúpula policial e intendentes en medio del debate por ley penal juvenil

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Axel Kicillof e intendentes en acto con Policía bonaerense

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó la apertura del Congreso Provincial de Seguridad en la Escuela de Policía Juan Vucetich de Berazategui y firmó la adhesión de seis nuevos municipios al programa Entramados, en un contexto nacional marcado por el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad penal juvenil en la Cámara de Diputados y mientras el resto de las gobernaciones observa y monitorea lo que sucedió en la provincia de Santa Fe, con epicentro en la ciudad de Rosario, donde se vivieron días de tensión ante la revuelta policial que este jueves decantó en la remoción del jefe de la fuerza de esa ciudad, Guillermo Solari y obligó al gobernador Maximiliano Pullaro a firmar un decreto que eleva el salario inicial del policía a $1.350.000.

Kicillof estuvo este jueves en la Escuela Vucetich junto a la cúpula de la Policía bonaerense, intendentes del conurbano e interior y funcionarios provinciales, para abrir el congreso de Seguridad provincia y firmar la adhesión de nuevos municipios al programa Entramados, con el que se busca prevenir y acompañar a jóvenes en riesgo de acción delictiva. Todo, mientras la Cámara de Diputados de la Nación, debate la reforma al régimen penal juvenil, que busca bajar la edad de pena de 16 a 14 años. “El que mata, el que lastima, queda encerrado, tenga la edad que tenga. Pero también sabemos que para prevenir el delito hay que mejorar la calidad de vida, y eso implica más justicia social, trabajo e inversión de un Estado eficiente”, expresó el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso.

El acto reunió a la conducción de la Policía bonaerense, intendentes del conurbano y funcionarios provinciales. Kicillof estuvo acompañado por el ministro de Seguridad; el jefe de la Policía, Javier Villar, y el superintendente de Fuerzas de Operaciones Especiales, Walter Chiucaloni. El mandatario destacó que el encuentro busca exponer las políticas implementadas en materia de seguridad en los últimos seis años: “Comenzamos a revertir muchos años de deterioro y desprestigio de nuestra Policía, que no contaba con las herramientas ni la capacitación necesarias, y lo seguimos haciendo incluso ahora, con mucho más esfuerzo, luego de que el Gobierno nacional nos quitara ilegalmente los fondos que nos corresponden”.

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Axel Kicillof e intendentes en acto con Policía bonaerense

Además, mandó un mensaje a la administración de Javier Milei. “Le aviso a los libertarios: para tener mejor policía hay que invertir más y hay que tener más Estado. La Policía es el Estado también».

Durante el encuentro, los intendentes Juan Fabiani (Almirante Brown), Gastón Granados (Ezeiza), Federico Otermín (Lomas de Zamora), Fabián Cagliardi (Berisso), Marisa Fassi (Cañuelas) y Eva Mieri (Quilmes) junto al secretario de Seguridad de Avellaneda, Alejo Chornobroff formalizaron la incorporación de sus distritos al programa Entramados. Esta iniciativa ya suma treinta municipios y apunta a la prevención y abordaje del delito juvenil a través de una intervención sociocomunitaria del Estado.

Según el documento firmado por los intendentes, Entramados representa una política integral que pone el foco en la prevención y en el acompañamiento de los jóvenes en riesgo, priorizando la intervención estatal temprana y articulada con municipios, provincias y organizaciones comunitarias. El texto enfatiza la necesidad de políticas basadas en evidencia, que aborden las trayectorias educativas interrumpidas, la fragilidad de las redes familiares, la exposición a la violencia, el acceso limitado a dispositivos de salud mental y la falta de alternativas en el mercado laboral. Según explicaron desde el área de Seguridad, a diferencia del enfoque punitivo, Entramados busca evitar que los jóvenes inicien carreras delictivas y fortalecer la presencia estatal para ofrecer respuestas y oportunidades a quienes más lo necesitan.

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Por ello, contexto del acto de este jueves estuvo atravesado por la discusión sobre el régimen penal juvenil. En 2025, en la provincia de Buenos Aires se aprehendieron cerca de 5.000 menores de 16 años, de los cuales 19 fueron por homicidio. Según la administración de Kicillof, el proyecto impulsado por el Gobierno nacional pone el foco en esos casos y plantea penas de adultos para adolescentes, sin ofrecer políticas activas para el resto de los jóvenes en situación de riesgo.

Axel Kicillof e intendentes junto a la cúpula policial

Kicillof criticó a los sectores que promueven ajustes presupuestarios y sostuvo que “para tener una Policía mejor hay que contar con un Estado que invierta más y mejor”. Además, la ministra de Hábitat y Desarrollo Urbano, Silvina Batakis, firmó un convenio para destinar 5.093 millones de pesos a la construcción de 57 viviendas para personal policial en Azul, con servicios completos de infraestructura.

El moniroteo sobre las condiciones de trabajo del personal policial se profundizó en estos días ante lo sucedido en Santa Fe. Kicillof ya padeció en su primer tramo de gobierno una revuelta policial en septiembre del 2020. Esa acción de efectivos de la bonaerense tuvo su epicentro en Puente 12, La Matanza; La Plata -con una protesta a escasos metros de la residencia del gobernador- la Quinta de Olivos y otros puntos del conurbano. Devino en que el entonces presidente Alberto Fernández creáse el Fondo de Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires, para que Kicillof pueda, entre otros ítem, mejorar el salario de la policía. La actual gestión nacional eliminó dicho fondo.

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Axel Kicillof

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