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Abuelos a distancia: jugar, malcriar, acompañar y construir recuerdos a 10.000 kilómetros

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Hay gestos que parecen inamovibles: el plato preferido que se repite, el abrazo que calma y la complicidad que no se explica. Pero, cuando el crecimiento de los nietos empieza a ocurrir lejos, en otro huso horario y con una pantalla de por medio, ¿qué lugar queda para los abuelos cuando el vínculo tiene que “viajar” por Wi-Fi?

Cada vez más familias argentinas se enfrentan a una transformación silenciosa: la “abuelidad” -vínculo que nace de la relación entre abuelos y nietos- a distancia. No se trata solo de extrañar, sino de aprender a estar cuando el cuerpo no puede. A través de videollamadas, viajes estratégicos y despedidas que duelen, los adultos mayores construyen una presencia nueva: reinventan gestos, rutinas y costumbres para no quedar al margen.

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El vínculo entre abuelos y nietos es una relación fundamental que aporta beneficios emocionales, psicológicos y cognitivos a ambas partes(Foto de carácter ilustrativo: UNPLASH)

La tecnología como medio para estar presente

El celular queda apoyado contra una taza, apenas inclinado para que la cámara alcance a mostrar toda la cara. Del otro lado, un nene de dos años baja por un tobogán en una plaza del norte de Italia y grita algo en un idioma que no es el español. “Abu, vieni”, dice, mientras estira los brazos hacia un vidrio que no puede atravesar.

Adriana Giordano (57) y Jorge Simes (58) responden desde Tanti, en Córdoba, con risas exageradas, besos al aire y canciones infantiles. Juegan, se esconden detrás del teléfono, sacan la lengua y corren con el celular en la mano para “perseguirlo” desde miles de kilómetros. No pueden alzarlo, no pueden tocarlo, pero están ahí. “Somos abuelos de pantalla”, dicen en una entrevista a LA NACION. Y no, no lo dicen con tristeza.

Los abuelos con sus 4 nietos en Argentina(Foto: Gentileza de Jorge y Adriana)

Para ellos, ser abuelos a la distancia es un rol diario. Su hijo Nicolás (33) cumplió el sueño de jugar al rugby en Italia, un deseo que guardó en una botella enterrada en el patio de su escuela y que, curiosamente, desenterró el mismo día que se tomó el vuelo para Europa. Hoy, su vida se desarrolla en un pequeño pueblo medieval llamado Azeglio donde vive con Ramona, su esposa, -quien tiene dos hijos de una pareja anterior- y juntos son papás de Noah (2).

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Adriana recuerda que al nacer su nieto no estaban en la clínica, pero tampoco afuera: Seguimos todo el parto por videollamada. Desde que se internó mi nuera, hasta que llegó el bebé“. A partir de ese momento, la pantalla dejó de ser un dispositivo y pasó a convertirse en un espacio afectivo.

La escena se repite a diario, al menos dos veces por día los abuelos llaman para estar en contacto. Adriana canta, Jorge juega con autitos del otro lado del teléfono, le hacen caras y celebran cada gesto. Noah los reconoce. “Nos dice ‘Abu’, nos tira besos”, explica la abuela y cuenta que el vínculo no empieza de cero cuando tienen la oportunidad de verse cara a cara, sino que continúa.

Para achicar la distancia, la mujer inventó un gesto mínimo y cargado de sentido. Cuando sus nietos que viven en Córdoba reciben una remera nueva, Noah obtiene la misma en Italia: “Para que se reconozcan como primos, aunque estén lejos”.

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Los nietos de Jorge y Adriana en un parque de Argentina(Foto: gentileza de la familia Siemes)

Cuando Noah viajó a la Argentina en agosto del 2025, visitó la casa familiar y conoció el cuarto de su papá. Ya de regreso en Italia, sus abuelos le hicieron una videollamada desde ahí y Jorge recuerda cómo reconocía el ambiente: “Miraba todo. Señalaba y decía ‘la cama de papi’, ‘los autitos de papi’. Esperamos que recuerde la casa de sus abuelos, eso queremos transmitirle”. Además, Adriana menciona: “Siempre decimos que no va a pasar un cumpleaños ni una fecha importante sin que estemos”. Ambos ahorran durante el año para viajar y concretar ese ansiado reencuentro.

El cuerpo aparece con fuerza cuando ese reencuentro sucede. “Por cámara no tomás dimensión. El físico te choca porque lo ves distinto, más grande”, explica Jorge. También cambia la despedida. “Eso es lo peor. La vuelta es durísima”, suma Adriana. Para amortiguar el golpe, prueban estrategias: separarse de a poco, no pasar la última noche juntos o intercalar días de viaje donde se distancien un poco antes de irse. De esta manera, buscan tácticas para que duela menos. “Esa escalera del aeropuerto es terrible porque no sabés cuándo los volvés a ver, pero no queremos ser solo abuelos de cámara”, dicen. La pantalla permite estar, el cuerpo confirma.

Una nieta reencontrándose con su abuelo

Del cuidado cotidiano a la abuelidad periférica

Para Susana Gordon, de 70 años, la distancia no llegó de golpe: se instaló de a poco. Cuando su nieta Sofía se fue a vivir a Malasia en el 2013 tenía apenas dos años y medio. “Yo estaba con ella todo el tiempo. La buscaba en el jardín, la llevaba a casa, dormíamos juntas. Era muy presente”, recuerda. Sin embargo, cuando Sofía se fue del país, la tecnología funcionó como continuidad. “Hablábamos todos los días. Yo viajaba una vez por año a Malasia y me quedaba meses”, explica en una entrevista con LA NACION. Su hijo Leandro (42) tomó la desición de emigrar debido a una oferta laboral en Kuala Lumpur: “Ahí me enteré que era la capital de Malasia, porque hasta ese momento no lo sabía”.

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Durante años, el vínculo se sostuvo entre videollamadas diarias y visitas largas: “Cuando yo iba a Malasia, compartíamos todo”. Pero el tiempo empezó a operar de otra manera. “Después Sofía creció, entró en la adolescencia y ya no es igual”, relata.

Hoy Sofía tiene 15 años. Tiene amigas, pijamadas y planes propios. “Está en la suya. Yo lo vivo relajada, pero el cambio existe. Ya no hablamos todos los días, ahora es más esporádico”, admite su abuela. Aun así, hay gestos que persisten como anclas afectivas: “En los cumpleaños prendo una galletita con una velita frente a la pantalla y cantamos. Es nuestra forma de estar”.

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Susana con su hijos, su nuera y su nieta Sofia en una salida familiar en Kuala Lumpur(Foto: gentileza de Susana Gordon)

El impacto aparece cuando hay un reencuentro: “La vi después de la pandemia y pensé: ‘ya es una mujercita’”. No fue el idioma lo que la sorprendió, sino el cuerpo. A pesar de los kilómetros, el apodo “Baba Susan”, como le dice Sofía desde chiquita a través de la pantalla, persiste. La abuela viaja 32 horas y enfrenta su desagrado a los aeropuertos, solo para ver a su nieta y poder llevarle el dulce de batata que no se consigue en Malasia.

Por otro lado está la historia de Noemí Toriani (77), que vive la distancia desde un lugar más lejano afectivamente. Sus nietos residen en España y el vínculo virtual nunca terminó de consolidarse. “No puedo ser una abuela presente. Hablo más con mi hijo y con mi nuera”, afirma. La diferencia horaria, la edad de los chicos -ya adolescentes-y la falta de rutinas fijas, pesan. “No hay un momento para llamarlos. Tienen su vida”, indicó a LA NACION. Noemí no romantiza la experiencia. “Me gustaría verlos más, tener más conexión, pero allá están contentos y eso me alcanza”.

En la distancia se pierden actividades para hacer con los nietos como la cocina, un espacio de grandes memorias(Foto de carácter ilustrativo: UNIPLASH)

Para ella, el rol de abuela se activa en los sentidos. Cuando sus nietos vienen a la Argentina, el pedido es unánime: las milanesas, porque como las que ella hace, allá no se consiguen.

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Presencia intensiva, despedidas largas y el límite de la pantalla

Graciela Balseiro (68) aprendió a ser abuela en la lejanía sin intentar imitar una cotidianeidad imposible. Su hijo mayor se casó con una chilena y su hija formó familia con un noruego. Divide su año entre Chile -donde viven sus nietos de 11 y 9 años- y Suiza, donde residen los dos más pequeños, de 4 y 2. “Aprendí a querer lo que tengo y no sufrir por lo que no tengo”, dijo a LA NACION.

En lugar de llamadas diarias, eligió otra estrategia: viajes frecuentes y estadías largas. “Vi nacer a todos mis nietos. Cuando voy, compartimos todo. Desde el desayuno hasta que se van a dormir”, recuerda.

Graciela con su nieta de paseo. De fondo su marido Jorge con su otro nieto(Foto: gentileza de Graciela Balseiro)

La presencia para ellase volvió intensiva: “El encontrarnos en persona es más habitual que el vínculo frente a la pantalla porque nuestros hijos mantiene viva nuestra presencia”. Además, dice que prefiere mantenerse positiva con su realidad: “Para mí el ‘ser abuelo’ implica estar cerca físicamente cierto tiempo al año”.

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Al igual que Adriana y Jorge, Graciela modifica la economía familiar y ahorra para lograr su objetivo de viajar. Incluso, se planteó un gran desafío: “Estoy intentando aprender noruego online para aumentar el vínculo”. En ese esquema, la tecnología acompaña, pero no sustituye: “Recibo fotos y mensajes, sé cómo les va en el colegio y qué deportes hacen”.

El esfuerzo por estar presentes

Ser abuelo a distancia es, de cierta manera, una batalla contra el olvido. Ya sea a través de una camiseta de la selección argentina que viaja en la valija o del mensaje de WhatsApp motivador que se envía cuando el nieto tuvo un mal día, estos abuelos construyen memoria afectiva.

La virtualidad colabora con el contacto, pero no reemplaza la presencia física

Aunque el tiempo pase, la edad dificulte los viajes y no sepan cuál va a ser el próximo encuentro, miran con ojos positivos y con amor la vida que eligieron sus hijos. Saben que, sin importar el lugar remoto donde se encuentren sus nietos, hay memorias y esfuerzos que no se olvidan: desde aprender noruego online a los 68 años hasta pasar 32 horas en un avión con tal de recibir ese abrazo tan anhelado.

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El lado B de la innovación en salud: el dilema de cubrir o no todos los medicamentos y dispositivos que salen al mercado

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SAN PABLO.– En un foro convocado en esta ciudad con vistas a empezar a debatir en la región cómo harán financiadores y prestadores de salud para incorporar a la atención diaria la incesante innovación en tecnología médica, dos planteos retumbaron. El primero fue que el problema principal en la región es el gasto ineficiente. El segundo, por qué no hay que financiar todo lo que las agencias regulatorias autorizan para comercializar.

“Acelerar el acceso a tecnologías sanitarias [por medicamentos o dispositivos] que no son lo mejor para los pacientes es exactamente lo mismo que retrasar el acceso a lo que hubieran necesitado. Y es, a esto, a lo que se tiene que dedicar una agencia de evaluación de tecnologías sanitarias (ETS) en un país”, señaló Esteban Lifschitz, especialista argentino en clínica médica y salud pública que reside en España.

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Fue uno de los oradores del foro Mind360, organizado por la empresa Medtronic de dispositivos médicos y en el que la IA actuó como maestra de ceremonias. Accedió a hablar con LA NACION sobre la relevancia de esas agencias para las decisiones de financiamiento, cobertura y acceso a prestaciones en los sistemas sanitarios, con menor litigiosidad y burocracia para los pacientes.

En la Argentina, el anuncio en la Casa Rosada sobre la creación de una Agencia Nacional de Evaluación de Financiamiento de Tecnologías Sanitarias (Anefits) está por cumplir un año. Hay quienes ven en ese plazo y en medidas recientes –como la apertura de los fondos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a empresas argentinas para la provisión regional de medicamentos o la adecuación del sistema de patentes farmacéuticas por el acuerdo comercial con Estados Unidos– que “pronto” empezaría a funcionar.

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“Más allá de que aún no se materializó [operativamente], la Argentina no se puede dar el lujo de que no nazca porque no tenerla perjudica a muchos. Pero, sobre todo, a los pacientes, que quedan muy vulnerables a aspectos que, si no los identifica quien pueda entender y tener en cuenta sus necesidades en lugar de sus demandas, probablemente accedan a lo que no necesitan. Y esto es algo que, en general, los pacientes no lo tienen tan claro: cuando alguien obliga al acceso (por ejemplo, un juez ante un amparo) y ese medicamento no era lo mejor para ese paciente, eso implica necesariamente que no accedió a otro fármaco o tratamiento que pudo haber sido mejor”, señaló Lifschitz, que fundó la carrera de especialista en Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es director científico de la consultora Hiris Care, en Madrid.

Regular versus evaluar

Dos son los organismos que, en el mundo, conviven y, de al gún modo, ordenan los sistemas sanitarios. Por un lado, están las agencias regulatorias (en la Argentina, es la Anmat), que se ocupan de la calidad, la seguridad y la eficacia de lo que aprobarán. Por el otro, las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias, que se ocupan de analizar, de acuerdo con la evidencia disponible, qué medicamentos y tecnologías se deben cubrir, en qué condiciones clínicas y a qué valor con respecto a otras intervenciones disponibles o de referencia.

Robótica, imágenes 3D y conectividad para las cirugías

“Cuando hablamos de medicamentos de alto costo, hay que comprender que antes de hablar de cuánto cuesta, tenemos que contarle las costillas al medicamento o a cualquier otra tecnología (insumos o procedimientos). Es decir, entender qué certeza y cuánta confianza tenemos de que, en realidad, lo que parece que se demuestra en los ensayos clínicos o estudios se va a replicar en la vida real”, explicó Lifschitz. “Si ponemos la discusión del precio antes de la calidad de la evidencia, vamos a terminar financiando un poco más barato o más caro tecnologías que no son las que los pacientes necesitan –continuó–. El único beneficiario de lo que hagamos debe ser el paciente y nos estamos olvidando de que el que tiene que velar por que haya un puente entre las necesidades de los pacientes y las posibles soluciones es un proceso sistematizado y transparente, reproducible, que evalúe cuál es la solución. Y una vez identificada, hay que analizar sobre qué desenlaces actúa y cuánto eso ayuda al paciente”.

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Durante su presentación en el foro, puso justamente como ejemplo el aumento de terapias oncológicas que se fueron aprobando en los últimos años. “No es lo mismo un medicamento que mejora la supervivencia que uno que reduce el tamaño del tumor, lo que no significa que esto último no sea un efecto clínico importante –refirió–. Pero si seguimos discutiendo si es o no muy caro o si lo vamos a cubrir o no solo porque es caro o deja de serlo, estamos perdiendo la oportunidad de poder entender cuáles son soluciones reales posibles para los pacientes. Si se identifica el valor que aporta cada tecnología, probablemente el mismo presupuesto alcanzaría para cubrir muchas más soluciones y para muchos más pacientes que en la actualidad”.

La condición para eso es, según Lifschitz, identificar “bien” el valor de un tratamiento o un procedimiento. Citó un estudio del año pasado sobre el impacto de los medicamentos que el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE, por su sigla en inglés), de Reino Unido, obligó cubrir al sistema de salud inglés y su comparación con el gasto que eso demandó respecto de si se hubiera orientado la misma cantidad de dinero a la indicación de prácticas y fármacos de cobertura obligatoria, pero subutilizados. El resultado fue una pérdida significativa de años de vida que se podrían haber ganado con calidad para la población, según mencionó.

El foro Mind360 abordó uno de los desafíos que enfrentan los sistemas de salud de la región: cómo se financiará la incoporación de innovación en la atención diaria

Otros dos estudios a los que se refirió fueron sobre los fármacos para tratar el cáncer –campo que concentra gran parte de las innovaciones terapéuticas– aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) durante dos décadas. “Entre 2004 y 2008, el 75% de los nuevos medicamentos oncológicos aprobados por la FDA costaban entre US$10.000 y US$100.000 por paciente por año. Entre 2019 y 2023, la ecuación se invirtió completamente: el 55% costaba entre US$200.000 y US$500.000”, dijo Lifschitz a un auditorio que seguía los datos proyectados en cuatro pantallas gigantes. “Alguien podría argumentar con justa causa: ¿Y si eso le cambió la vida a un montón de gente?”, lanzó. Entonces, para avanzar en su argumento, pasó al segundo estudio que se concentró en responder esa pregunta.

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“Entre 2000 y 2020, la FDA aprobó 145 medicamentos para 156 indicaciones distintas, con una mejoría media de la sobrevida de los pacientes de 2,55 meses. ¡Es muy poco! Y solo el 4% de todos esos fármacos mejoró calidad de vida. Esto deja a los pacientes muy vulnerables a que mejore su sobrevida y su calidad de vida”, planteó.

Amparos y necesidades

Ya en diálogo con LA NACION, habló de por qué la Argentina necesita una agencia de evaluación de tecnologías, sobre lo que en el país hay consenso en todos los sectores.

Esteban Lifschitz, director científico de Hiris Care, en Madrid, y exdirector de la carrera de especialista en Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la UBA

“Esto –dijo– se responde entendiendo cuáles son las consecuencias de que todavía no la tenga. Básicamente, es que se terminan financiando tecnologías que tal vez no aportaban exactamente lo que el paciente necesitaba, muchas veces condicionado por decisiones judiciales. En el lugar del juez que recibe un amparo, en el que un médico indicó un medicamento, hay que entender que resuelva que es porque el paciente lo necesita. Más allá de todos los conflictos de intereses que rodean estas decisiones, lo cierto es que el médico puede estar indicando algo que no sea lo mejor para ese paciente aun cuando sea válida esa prescripción. Por eso se necesita un eslabón que entienda contra qué se comparó una droga o tecnología a cubrir y en qué impacta (por ejemplo, mortalidad). Pero esto hay que demostrarlo. Si no, es generar expectativa de que se está mejorando algo a los pacientes que, en la práctica, no sucede”.

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–En ese proceso de comparación y análisis, ¿dónde entra la consideración del precio de la tecnología evaluada? El diseño de la Anefits lo ubica en primer lugar, a diferencia de los modelos de referencia en el mundo

–A mi criterio, tiene que ser el último eslabón de la cadena en una evaluación de tecnologías sanitarias. Lamentablemente, no se puede desconocer en un análisis porque el presupuesto en salud siempre es finito y como es imposible no gastar en salud, lo que hay que hacer es gastar bien. Y eso es tratar de encontrar la mejor solución para cada situación de cada paciente. La evaluación de tecnologías sanitarias lo hace con la calificación de la calidad de la evidencia clínica disponible: qué se logra cuando se cubre una tecnología y, último, discutir qué precio estamos dispuestos a pagar. Pero no solo porque nos parezca costoso o económico. En la Argentina, la agencia debería ir en este sentido.

–¿La agencia ayudaría a actualizar el Programa Médico Obligatorio (PMO)? ¿Habría que ordenar antes ese conjunto de prestaciones básicas que debe asegurarse a toda la población?

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–Partimos de inconvenientes que están en el propio nombre del PMO porque no es ningún programa, sino una lista de lo que hay que cubrir y es obligatorio para algunos, no todos, los prestadores. Como lo conocemos, no debería seguir. Habría que repensar un conjunto de prestaciones que realmente responda a la necesidad de la población, una cartera común de servicios, como en España, o un conjunto de prestaciones en salud, como lo define el BID. Es identificar un conjunto de tecnologías desde la enfermedad, no desde la tecnología, para poder detectar qué es lo que no se está cubriendo y salir a buscar las tecnologías que pueden dar respuestas. El PMO debe dejar de existir. Tiene que nacer una nueva canasta y no hay que esperar a que la agencia exista porque es algo que requiere ser mejorado.

–¿Las definiciones de la agencia deberían ser vinculantes?

–Una de las grandes razones de ser de las agencias de evaluación de tecnologías es servir para decidir qué tiene que incluir o no en la canasta de prestaciones para todos los argentinos. Y, para eso, como la salud en la Argentina es una función federal, va a tener que ganarse la confianza de las obras sociales provinciales de que el método detrás de su trabajo es lo suficientemente robusto como para que las provincias consideren que no adherir a las decisiones de la agencia es más riesgoso para el financiador y sus afiliados que hacerlo. Esa adhesión es voluntaria. La toma de decisión de la agencia tiene que tener en cuenta la necesidad de los pacientes con enfermedad y el resto de la población. Por eso hay que proteger los recursos de todos los financiadores; no para restringir lo que hay que cubrir realmente para los pacientes, sino para dar racionalidad a esas decisiones. Estoy absolutamente confiado en que la agencia en la Argentina lo va a hacer. Más que discutir la dependencia en un organigrama o cuántos la dirigen, lo más importante es que se ponga en movimiento, que todo el proceso de trabajo sea transparente y reproducible, y que participen todos los grupos de interés relacionados con las tecnologías y las enfermedades a evaluar, sin ninguna duda de que el objetivo tiene que ser tomar las mejores decisiones para los pacientes.

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¿Es este el futuro de los MMO? Square Enix transforma uno de sus juegos más olvidados añadiéndole una IA que será un "compañero personal"

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La inteligencia artificial lleva un par de años utilizándose poco a poco en el desarrollo de videojuegos. Sin embargo, los jugadores también serán testigos de cómo la IA generativa nos a afecta de lleno, ya sea con NPCs que responden en tiempo real o asistentes que analizan tu partida mientras juegas. Square Enix está apostando fuerte en este terreno, aunque hace unos meses confirmó que la IA generativa está integrada en los flujos de trabajo internos, convirtiéndose en una tecnología «central» de cara a los próximos años.

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Dragon Quest X Online no ha llegado a Occidente, pero sí tiene a Gemini

Ante la avalancha que se avecina con la IA en la industria, Square Enix ha decidido dar otro paso en esa dirección y consolidarse para implementar esta tecnología en uno de los títulos más longevos y, paradójicamente, uno de los menos conocidos fuera de Japón. Nos referimos a Dragon Quest X Online, que lleva más de una década siendo uno de esos videojuegos que la comunidad occidental conoce de oídas y que nunca ha podido tocar. Fue lanzado en 2012 para Wii y se expandió de manera exclusiva en el marcado japonés.

Este MMORPG tuvo algún que otro intento de llegar al resto del mundo, pero sin éxito. Mientras muchos jugadores desearían adentrarse en el mundo de Astoltia, Square Enix ha incluido una novedad que podríamos ver en otros MMO (o en otros juegos) en un futuro. Según el medio japonés Sankei, Square Enix ha anunciado una colaboración con Google para integrar en Dragon Quest X Online un compañero de IA conversacional llamado Chatty Slimey.

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Una patente de Microsoft echaría por tierra la esencia de ser jugador y acabaría con las guías y tutoriales de videojuegos

En 3D Juegos

Una patente de Microsoft echaría por tierra la esencia de ser jugador y acabaría con las guías y tutoriales de videojuegos

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Esta IA se trata de una versión inteligente del icónico Slime que diseñó Akira Toriyama, pero ahora es una inteligencia artificial impulsada por Gemini. De esta manera, cuando un jugador escriba al Slime usando la función de chat, el sistema generará automáticamente respuestas en voz y texto para mantener una conversación. Lo que diferencia a Chatty Slimey de un simple chatbot es que esta IA de la que os hablamos también analiza la información de la pantalla del MMO en tiempo real.

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¿Es este el futuro de los MMO? Square Enix transforma uno de sus juegos más raros añadiéndole una IA que habla contigo

Saluda a Chatty Slimey.

Por ejemplo, cuando derrotas a un enemigo poderoso o consigues un objeto raro, Chatty Slimey puede tener la iniciativa de hablar contigo. Todavía no ha llegado, pero los jugadores nipones podrán probarlo hasta el 30 de marzo en una beta cerrada. El productor ejecutivo del juego, Takashi Anzai, explica el objetivo del sistema: «Los nuevos jugadores no se sentirán solos preguntándose por dónde empezar a jugar; se convertirá en su compañero personal«, menciona el creativo japonés (vía PC Gamer).

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Esta es una de las claves de Chatty Slimey. Por si nunca te has adentrado en un MMO, los títulos de este género luchan contra el problema de la soledad en las primeras horas de juego, cuando la comunidad tiene ya un nivel alto y los recién llegados están atascados, sin saber qué hacer y confundidos ante todo lo que hay que hacer en un MMO. Sobre esto ha opinado Jack Buser, director globar para videojuegos de Google Cloud, quien avisó que la IA «cambiará fundamentalmente todos los juegos en los próximos tres a cinco años«.

Los jugadores de consolas Xbox pronto verán la IA de Microsoft en sus videojuegos, aunque el viaje de Gaming Copilot no terminará aquí

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Los jugadores de consolas Xbox pronto verán la IA de Microsoft en sus videojuegos, aunque el viaje de Gaming Copilot no terminará aquí

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No es la primera vez que un MMO prueba compañeros de IA conversacional. Where Winds Meet, un MMORPG de acción wuxia, ya los incorporó. El resultado de este experimento es que los jugadores la aprovecharon para usos que sus creadores no habían contemplado. Aun con ello, la comunidad también recuerda lo que ocurrió el año pasado en Fortnite, donde una IA se apoderó de Darth Vader y terminó diciendo cosas que no debía decir. Epic Games tardó poco en desactivarla. 

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¿Es este el futuro de los MMO?

Puede que la próxima gran revolución de los MMO no pase solo por mapas más grandes, más clases o combates más profundos, sino por la implementación de una inteligencia artificial en tiempo real para acompañar, orientar y ayudar al jugador cuando no hay nadie más alrededor. Tiene sentido que esto se aplique en un género sobresaturado de tutoriales eternos y mundos enormes que asustan a los recién llegados. La clave es que esa IA no sustituya la parte humana que define un MMO, sino que funcione como una especie de ayuda en determinados momentos. Esta puede ser la próxima innovación de los MMO, aunque todavía está por ver. 

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La noticia

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¿Es este el futuro de los MMO? Square Enix transforma uno de sus juegos más olvidados añadiéndole una IA que será un «compañero personal»

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3DJuegos

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por
Adrián Mira

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Murió un excombatiente de Malvinas al chocar de frente con un camión en la Ruta Nacional 3

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Un excombatiente de Malvinas de Cipolletti murió en un brutal choque ocurrido en la Ruta Nacional 3, a la altura del partido bonaerense de Azul, en medio de un temporal.

La víctima es Osvaldo Daniel Ramírez, de 66 años, sobreviviente del hundimiento del crucero ARA General Belgrano.

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El accidente ocurrió cerca de las 13.30 del jueves, en el kilómetro 251, en las inmediaciones de la localidad de Chacarí.

Fuentes policiales indicaron que Ramírez manejaba una Renault Duster cuando chocó de frente con un camión con remolque térmico que circulaba en sentido contrario, en medio de una intensa lluvia que complicaba la visibilidad y la calzada.

Osvaldo Daniel Ramírez, de 66 años. (Foto: X/RodrigoButeler).

El vehículo en el que Ramírez viajaba solo se prendió fuego y el hombre murió calcinado, informó Diario El Tiempo. El conductor del camión, un hombre de 47 años, por su parte, resultó ileso y fue asistido en el lugar por personal policial.

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La causa quedó en manos de la Justicia bonaerense y fue caratulada, en primera instancia, como homicidio culposo, con intervención de la fiscalía correspondiente.

El mensaje de despedida del intendente

El intendente de Cipolletti, Rodrigo Buteler, expresó sus condolencias a través de un mensaje en X. Lo definió como “un hombre que llevó siempre con orgullo su historia, su compromiso y su amor por el país”.

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“Hoy acompañamos a su esposa, a sus hijos, a sus seres queridos y a todos los que compartieron su camino. Gracias por tanto, Daniel. Tu historia y tu ejemplo quedan para siempre en nuestra ciudad”, escribió.

Choque, Ruta 3, veterano de Malvinas

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