SOCIEDAD
Autismo: ¿Hay más casos o hay sobrediagnóstico? Un especialista explica el impacto ambiental y el rol de las pantallas

En los últimos veinte años, el diagnóstico de autismo aumentó entre un 300% y más de un 1000%, según las series epidemiológicas que se tomen como referencia. Las cifras impactan, generan alarma y abren preguntas incómodas: ¿Hay más casos? ¿Se diagnostica mejor? ¿Se ampliaron demasiado las categorías? ¿Qué está ocurriendo con el desarrollo infantil en una sociedad acelerada y saturada de estímulos?
Lejos de ofrecer respuestas simplistas, el psiquiatra infanto-juvenil Christian Plebst propone analizar el autismo como un fenómeno social complejo.
Para comprenderlo, dice, primero es necesario revisar qué se denomina autismo. Desde las primeras descripciones de Leo Kanner y Hans Asperger en la década de 1940 —con la clásica tríada de dificultades en la interacción social, el lenguaje y las conductas repetitivas— hasta las clasificaciones actuales del DSM, el diagnóstico fue transformándose.
Lo que hoy se conoce como Trastorno del Espectro Autista (TEA) es, en palabras de Plebst, un consenso médico: una herramienta útil para describir síntomas, pero insuficiente si no se entienden los procesos del desarrollo que subyacen.
Durante décadas se buscó una causa única, un “gen del autismo”. Actualmente se sabe que existen cientos de variantes genéticas asociadas y múltiples factores ambientales que pueden influir. Sin embargo, reducir el fenómeno a una sola explicación biológica tampoco alcanza. “Cualquier sistema nervioso estresado deja de aprender”, señala Plebst, y en ese punto el análisis se amplía hacia el entorno, el estrés, la calidad del vínculo temprano y la forma en que los niños organizan lo que reciben del mundo.
El aumento de diagnósticos no puede analizarse sin considerar el contexto social y cultural. Se trata de una época marcada por el vértigo, la simplificación de categorías y la presencia de pantallas desde edades cada vez más tempranas. La formación acelerada de profesionales y los cambios en los criterios diagnósticos también forman parte del escenario. La clínica, advierte Plebst, no es la misma que hace treinta años.
En ese marco, el foco se desplaza de la etiqueta diagnóstica hacia el desarrollo temprano: la autorregulación y la corregulación, la presencia del adulto, la sincronía en la mirada, el juego compartido. El desafío no es solo clasificar conductas, sino comprender qué expresa un niño cuando se desregula, qué lo organiza y qué lo sobrecarga.
El diagnóstico, entonces, lejos de ser un punto final, puede convertirse en un punto de partida. Un proceso que involucra genética, ambiente, cultura y crianza. Un fenómeno complejo que obliga a detenerse y reflexionar no solo sobre los niños, sino también sobre las condiciones sociales en las que crecen.
En una entrevista con LA NACION, Plebst cuenta los avances diagnósticos en autismo y explica la manera en la que factores socioambientales, como la exposición temprana a estímulos digitales, pueden interferir en procesos clave del desarrollo temprano, como la reciprocidad, la regulación emocional y el aprendizaje social. “Hoy se habla incluso de ‘autismo virtual’, aunque ese término todavía está en debate”, plantea el especialista, a la vez que aclara que ningún factor aislado causa autismo: “Es la conjunción de factores de riesgo y de protección lo que influye en la trayectoria”, dice.
—El aumento de diagnósticos es evidente. ¿Hay más casos o hay sobrediagnóstico?
—Durante décadas se buscaron causas únicas, incluso genes específicos. Hoy sabemos que hay más de 300 genes asociados, pero también factores ambientales que pueden influir. No existe un único mecanismo.
Hay una mejora en la detección, sin duda. Pero también vivimos en una era de simplificación diagnóstica. Las clasificaciones ayudan, pero cuando todo se vuelve rápido y protocolizado, se pierde profundidad clínica.
Además, el entorno cambió drásticamente. No es sólo genética. Hay factores de estrés ambiental, exposición a toxinas, estilos de vida acelerados. Todo eso interactúa. No hay una causa única, hay combinaciones de factores de riesgo y de protección.
—Antes de que aparezcan los síntomas, se habla mucho de los primeros 1000 días. ¿Qué es lo que busca un bebé en ese vínculo temprano?
—Hay dos conceptos centrales: autorregulación y corregulación. El bebé aprende a autorregularse porque un adulto lo corrige y lo contiene. El estado de presencia del adulto le transmite seguridad. Un bebé está completamente en el presente. No tiene narrativa, no tiene comparación. Aprende por experiencia directa. Si llora y alguien lo toma en brazos, su sistema nervioso se regula. Si sonríe y alguien responde, se encienden circuitos de reciprocidad.
El desarrollo infantil es presencia. Es atención conjunta, disfrute compartido, apego. No se aprende leyendo un manual. Es como bailar: uno se entrega a la música. El bebé está diseñado para generar esa danza.
—Usted ha dicho que el aumento del autismo es también un llamado social a frenar. ¿A qué se refiere?
—Vivimos en un tren que va a mil por hora. Y el desarrollo infantil necesita tiempo, lentitud, disponibilidad emocional. La empatía no es sólo sentir al otro; es que el otro se sienta sentido. Cuando los adultos estamos hiperestimulados, fragmentados, distraídos, eso impacta en la calidad del vínculo. No hablo de culpa, hablo de contexto. La presencia requiere bajar cambios.
El cerebro del bebé, en los primeros tres años, forma millones de conexiones por segundo. Es un período de máxima plasticidad. Esa expansión necesita interacción real, ida y vuelta, sincronía.
—¿Qué rol juegan las pantallas en todo esto?
—Es enorme. Hoy se habla incluso de “autismo virtual”, aunque ese término todavía está en debate. La exposición a pantallas antes de los dos años altera procesos básicos.
La pantalla ofrece sintonía sin sincronía. Envía estímulo, pero no responde a la sonrisa, al gesto, al tono emocional del niño. El bebé necesita reciprocidad. Las neuronas espejo se activan en interacción viva.
Además, la pantalla genera descargas intensas de dopamina. Es un placer sin esfuerzo. Pero el desarrollo se basa en desequilibrio, movimiento, logro. Gatear hacia un objeto, frustrarse, intentar de nuevo.
Cuando el estímulo es excesivo y no está integrado con el cuerpo, el sistema nervioso puede desregularse. Un niño sobreestimulado puede retraerse o volverse repetitivo como forma de autorregulación.
—¿Todos los niños expuestos a pantallas desarrollarán autismo?
—No. Y esto es clave. Ningún factor aislado causa autismo. Es la conjunción de factores de riesgo y de protección lo que influye en la trayectoria. Hay niños con fuerte base genética que manifestarán síntomas con o sin pantallas. Y hay otros que pueden mostrar rasgos transitorios si el entorno mejora. El desafío es comprender que el entorno puede favorecer conexión o desconexión. Y eso no es culpabilizar, es empoderar.
—Cuando llega el diagnóstico, ¿qué cambia? ¿Es un punto final o un comienzo?
—Es un comienzo. Muchas familias llegan después de meses de sospechas. El diagnóstico puede ser doloroso, pero también puede ordenar. Lo importante es entender que la etiqueta sirve al sistema, pero no define el potencial del niño. No hay un techo predeterminado de aprendizaje.
El trabajo es comprender cómo ese niño procesa la información, qué lo regula y qué lo desregula. No se trata de suprimir conductas, sino de entenderlas. El diagnóstico precoz permite intervenir cuando el cerebro es más plástico. Pero intervenir no es aplicar un protocolo rígido. Es acompañar, capacitar a los padres, fomentar juego, presencia, vínculo.
—Entonces, ¿qué es lo más importante para un niño con diagnóstico de TEA?
—Un adulto presente. Curioso. Disponible. Creativo. Que no esté obsesionado con aplicar técnicas, sino con conectar. El mejor juguete para un niño es un adulto que juega. Que imita, que responde, que se entusiasma.
Podemos tener muchas herramientas terapéuticas, pero si perdemos la presencia, perdemos lo esencial. El autismo no es una sentencia. Es una invitación a mirar el desarrollo con más profundidad. Y, quizás, a repensar como sociedad el ritmo al que vivimos.
SOCIEDAD
Un camión de gran porte volcó en Mendoza: el conductor dio 1,07 en el test de alcoholemia

Un camión de gran porte protagonizó un vuelco durante la madrugada de este sábado en la intersección de Juan José Paso y Ruta 40, en el departamento de Maipú, provincia de Mendoza. Luego de constatar que el conductor se encontraba en buen estado de salud, la policía le realizó un test de alcoholemia que determinó que había consumido bebidas alcohólicas, incluso superando ampliamente lo admitido para conductores particulares. En la provincia quienes manejan vehículos de carga y pasajeros la tolerancia en el consumo de alcohol es cero.
El siniestro ocurrió alrededor de la 1:17 de hoy, cuando un llamado al 911 alertó sobre el vuelco de un camión Renault Premium 440, lo que generó preocupación por la posible presencia de personas atrapadas en el lugar.
El conductor, identificado por sus iniciales, M.Á.S., de 42 años, fue auxiliado por personal de la Comisaría 47° y de la Delegación Vial Gran Mendoza. Al llegar, los efectivos constataron que el camión se hallaba recostado sobre su costado derecho, junto al control de colectivos, y que se registraba una importante pérdida de combustible sobre la calzada. Esta situación motivó la implementación de un operativo preventivo de seguridad para evitar mayores complicaciones en la zona.

De acuerdo con la información oficial, el vehículo circulaba sobre la calle Paso en dirección este-oeste cuando, por motivos que no se esclarecieron, su conductor perdió el control y terminó volcando.
Al ser examinado, el chofer no presentaba lesiones, aunque el análisis de alcoholemia arrojó un resultado de 1,07 gramos por litro de alcohol en sangre. Este valor supera ampliamente el límite permitido para conductores particulares y contraviene la ley 9099, que establece tolerancia cero para conductores profesionales de carga.
Frente a la infracción, el camionero fue trasladado a la sede policial, donde se inició el proceso contravencional correspondiente.
Un hombre dio positivo de alcoholemia en el peaje de Hudson y tuvo una reacción insólita
En otro episodio, un operativo vehicular de rutina sorprendió a los agentes de Seguridad Vial de la Provincia de Buenos Aires en el peaje Hudson de la Autopista Buenos Aires – La Plata, días atrás. A las 9:00, los inspectores realizaron un test de alcoholemia a un conductor que, para su asombro, arrojó un resultado de 1,20 gramos de alcohol en sangre.
El hecho, confirmado por el Ministerio de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, tuvo lugar mientras se desarrollaba el control habitual. Cuando fue abordado, el automovilista afirmó de manera categórica que no había tomado alcohol. Sin embargo, la medición evidenció un nivel considerable y llamó la atención de los efectivos también teniendo en cuenta el horario matutino.
La reacción del individuo quedó registrada tanto por las cámaras del procedimiento como por las bodycams del personal de fiscalización. En un primer momento, el conductor negó haber consumido bebidas alcohólicas esa mañana: “No tomé nada a la mañana”, insistió. Tras el diagnóstico del alcoholímetro, terminó admitiendo una verdad inesperada.
Luego de conocer el resultado, el propio conductor reconoció que la noche anterior había bebido whisky. Por este motivo, el Ministerio de Transporte bonaerense, bajo la conducción de Martín Marinucci, procedió a retener el vehículo y formalizar la infracción correspondiente.
Desde la cartera provincial recordaron que en toda la provincia de Buenos Aires rige la política de tolerancia cero para el consumo de alcohol al volante. Los controles se implementan a diario y de manera simultánea, en coordinación con Autopistas de Buenos Aires. “El alcohol al volante pone en riesgo tu vida y la de los demás, sin importar la hora del día”, advirtió el Ministerio a través de sus canales oficiales.
SOCIEDAD
Primeros datos de taquilla de Super Mario Galaxy: La Película de ayer viernes y estimaciones del fin de semana – Nintenderos

¡Parece que llegan los primeros datos de taquilla de ayer viernes! La película original superó récords y continúa atrayendo la atención de millones de personas cada mes. Ahora nos llega información bastante curiosa de la secuela tras conocer cuál podría ser su plataforma de estreno. Recordad que se llama Super Mario Galaxy: La Película, y ahora hay noticias.
Tras conocer su duración, así como su tráiler final y una web especial, la película ha debutado batiendo récords de taquilla en todo el mundo. Ahora, tras los datos de su segundo día, toca hablar del tercero, que fue ayer viernes. Esto es lo compartido:
Ha recaudado 48,3 millones de dólares el viernes en cines de Norteamérica.
Se espera que alcance aproximadamente 129,4 millones de dólares en Estados Unidos hasta mañana domingo.
Según estimaciones, podría situarse entre 190 y 200 millones de dólares en sus primeros cinco días en cartelera.
Esta cifra quedaría ligeramente por debajo de The Super Mario Bros. Movie (2023), que logró 204 millones de dólares en ese mismo periodo.
A nivel global, se espera que la película debute con unos 370 millones de dólares en taquilla mundial.
Esto la convertiría en el tercer mejor estreno de la historia para una película de animación, quedando ligeramente por detrás de la primera película de Mario (377 millones).
La película ya ha debutado en cines de forma mundial, aunque en algunos territorios llegará algo más tarde. En físico también llegará más adelante y ya se han detallado sus 4 ediciones en DVD / Blu-ray.
¿Qué os parece a vosotros? Os leemos en los comentarios.
Fuente.
Super Mario Galaxy: La Película
SOCIEDAD
Eduardo Bentancourt, el enfermero hallado muerto en Palermo con ampollas de propofol y fentanilo

El enfermero Eduardo Bentancourt fue encontrado muerto el viernes por la tarde en su domicilio en Palermo. En el departamento las autoridades hallaron ampollas de varias drogas en la cocina -entre ellas fentanilo y propofol– junto con jeringas y agujas.
De acuerdo a lo que contó su hermana, no podía contactarlo desde el 30 de marzo y cuando entró al inmueble, se encontró con el cuerpo.
Quién era Bentancourt
Eduardo Bentancourt tenía 44 años y trabajaba como enfermero. Era oriundo de la ciudad de Gualeguaychú, Entre Ríos, pero vivía en un departamento situado en Fray Justo Santa María de Oro al 2400.
Se recibió de la carrera de enfermería en el Instituto de Enseñanza Superior María Inés Elizalde, según consignó el medio UNO Entre Ríos.
Fuentes de la policía porteña informaron el viernes a LA NACION que recibieron un llamado al 911 que alertaba sobre un hombre que no respondía a los llamados.
Tras la denuncia, la policía entró al domicilio junto a la hermana de la víctima y encontró al hombre sin signos vitales sentado en una silla del comedor.

Además dieron con una gran cantidad de fármacos, tres teléfonos celulares, ampolletas, jeringa y guantes de látex. En un primer recuento, se contabilizaron cuatro ampollas abiertas en la escena -entre ellas de fentanilo y midazolam-, una jeringa y una aguja.
El mensaje de una amiga
Una amiga de Bentancourt, identificada como Daniela Fernández, lo despidió a través de su cuenta de Instagram. “No tengo las palabras suficientes cuando la vida sorprende con una despedida tan inesperado. Todo queda en silencio, en incredulidad, en un dolor que cuesta entender”, escribió la mujer.

Y agregó: “Fuiste una persona especial, de esas que dejan marca, de esas que no se olvidan. Y aunque hoy duela tanto, sé que tu recuerdo va a seguir vivo en cada risa, en cada historia, en cada rincón donde supiste estar. Te amo amigo”.
La muerte del anestesista
El hallazgo del enfermero sucedió apenas días después de que trascendiera un escándalo que involucra a residentes de Medicina y a trabajadores de la salud: el robo de propofol y fentanilo para su uso en fiestas privadas.
La red se destapó seis semanas después de la muerte de un anestesiólogo del Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez, Alejandro Zalazar.

El médico fue encontrado muerto el 20 de febrero en su departamento de Palermo, después de que su familia advirtiera que no podía comunicarse con él desde el día anterior.
Tras su muerte se supo que habría participado en fiestas clandestinas donde los participantes consumían fuertes medicamentos sedantes; en simultáneo, el Hospital Italiano radicó una denuncia por faltante de anestésicos, por lo que se abrió un expediente paralelo, en el que se investiga el acceso irregular, la sustracción y el consumo de medicamentos anestésicos que no se comercializan en farmacias y solo pueden utilizarse bajo estrictas condiciones médicas.
En esa causa son investigados Hernán Boveri y Delfina Lanusse, acusados de organizar fiestas con anestésicos robados llamadas “Propo fest”. En el marco de ambas investigaciones, la Justicia analiza el posible uso extrahospitalario de propofol y fentanilo.
En tanto, la investigación sobre la trazabilidad de los fármacos que mataron al joven confirmó que los insumos pertenecían al Hospital Italiano.
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