SOCIEDAD
Ciencia: el inesperado uso que se descubrió para la ceniza volcánica
Una investigación realizada en Filipinas por científicos de la National University y la Ateneo de Manila University reveló que la ceniza volcánica puede ser usada para fabricar un nuevo tipo de material de construcción (mortero geopolimérico) capaz de actuar como aislante térmico y escudo frente a radiación, tanto en hospitales como en instalaciones nucleares o industriales. La novedad radica en que el material desarrollado, elaborado con restos del volcán Taal, demostró tener una capacidad superior de atenuar rayos X y gamma, al tiempo que representa una opción económica y ecológica frente a los convencionales bloques de plomo o de hormigón.
En diálogo con LA NACIÓN, especialistas locales en geología y vulcanología explicaron cómo funciona esta tecnología, qué potencial tiene en la región y cuáles son las limitaciones que aún enfrenta su aplicación industrial en la Argentina.
“Es un tema renovedoso. La clave está en la empaquetadura electrónica, o sea, la forma en que están ordenados los electrones dentro del mineral y sobre todo la cantidad de los mismos. Es por esto que el plomo, de alta densidad, es tan eficiente para frenar radiaciones. Entonces, cenizas como las de las últimas erupciones del volcán Pinatubo, ricas en minerales de hierro –óxidos como la hematita y la magnetita– vienen a satisfacer esta condición”, explicó a este medio el geólogo especializado en vulcanología Iván Alejandro Petrinovic.
El equipo filipino analizó las propiedades principales del nuevo material construido con ceniza volcánica, llamado mortero geopolimérico. Se trata de una mezcla similar al cemento, pero hecha con compuestos químicos distintos y sin necesidad de altas temperaturas para su fabricación. En este caso, se usó la ceniza como materia prima. Los investigadores evaluaron qué tan resistente era este mortero, cómo era su estructura interna y, sobre todo, si podía funcionar como barrera contra distintos tipos de radiación, como los rayos X o gamma, que se utilizan en hospitales o en instalaciones nucleares.
Utilizando un software especializado, comprobaron que este nuevo material tenía una gran capacidad para frenar el paso de la radiación. Esa capacidad se mide con distintos valores técnicos, como la “atenuación” (cuánto disminuye la radiación al atravesar el material), la “densidad electrónica” (la cantidad de electrones disponibles para absorber esa energía) y el “número atómico efectivo” (una medida relacionada con los elementos químicos presentes). Cuanto más altos son esos valores, mejor actúa el material como escudo protector.
Una de las conclusiones más importantes fue que este mortero necesitaba menos espesor para frenar la radiación que la ceniza volcánica sola. Por ejemplo, para reducir a la mitad un haz de rayos X, se requerían 23,48 centímetros de ceniza, mientras que el mortero lograba el mismo efecto con solo 15,82 centímetros. Esto se debe a que la mezcla final era más densa y tenía una mayor proporción de minerales como el hierro y el calcio, que ayudan a detener la radiación de forma más eficiente.
“Mientras más fina es la ceniza, más eficiente es el freno a la radiación. Las cenizas que caen durante una erupción serán gruesas cerca del volcán –menos de 10 kilómetros– y muy finas a la distancia –más de 100 kilómetros–”, añadió Petrinovic, quien remarcó que el agregado de polímeros en la mezcla mejora aún más las propiedades de atenuación del material.
En la Argentina
En cuanto a la viabilidad de aplicar esta tecnología en Argentina, el especialista sostuvo que existen zonas volcánicas con depósitos de ceniza útiles para ser analizados. “Las zonas volcánicas, donde se concentran la mayor cantidad de volcanes en los Andes, esto es, el noroeste y la Patagonia. No obstante, erupciones ocurridas dentro del territorio argentino –como Córdoba y San Luis– hace millones de años, aún conservan gruesas capas de cenizas a ser analizadas”, afirmó.
El estudio realizado en Filipinas no es solo una investigación de laboratorio: lo que descubrieron puede tener usos concretos en la vida real. Por ejemplo, este nuevo material podría servir para encerrar de forma segura los desechos radiactivos, construir paredes que protejan de la radiación en hospitales o reforzar estructuras en lugares como laboratorios o plantas de energía. Además, este mortero es más ecológico que el cemento tradicional (conocido como cemento Portland), porque no necesita grandes hornos ni altas temperaturas para fabricarse, lo que ayuda a reducir el impacto ambiental y el consumo de energía.
El vulcanólogo Gustavo Villarosa, también consultado por este medio, explicó que aunque en la Argentina ya se usó ceniza volcánica en algunas construcciones, hay muchas dificultades para pensar en un uso industrial a gran escala. “Después de las últimas erupciones en la Patagonia, muchos se preguntaron si esa ceniza podía aprovecharse para algo útil. Porque al principio se la ve como un residuo, algo que molesta y que hay que limpiar. Pero el problema aparece cuando tenés que juntar grandes cantidades: una capa de tres o cinco centímetros que cubre un pueblo no es tanta como parece, cuesta mucho recolectarla, se mezcla con basura y tierra, y después hay que transportarla. Todo eso encarece y complica su aprovechamiento”, explicó.
“Minería de cenizas”
Villarosa añadió que pensar en una “minería de cenizas” para su uso industrial presenta varios obstáculos. Uno de ellos es la dispersión geográfica del material, ya que suele estar extendido en capas delgadas sobre grandes superficies. Además, la cantidad disponible por kilómetro cuadrado es baja y su recolección resulta compleja. “La ceniza que cae sobre una localidad suele formar una capa de apenas unos pocos centímetros. Esa cantidad, distribuida en una amplia superficie, es difícil de recolectar, y durante el proceso suele contaminarse con residuos o tierra. A eso se suma el problema del transporte: una vez reunido el material, hay que trasladarlo a un lugar donde pueda procesarse, lo que genera costos logísticos elevados”, explicó.
También advirtió que, en muchos casos, las zonas donde se acumula la mayor cantidad de ceniza volcánica están ubicadas en áreas protegidas, como parques nacionales o provinciales de la cordillera. Esto impone serias restricciones ambientales para cualquier intento de extracción. “Los lugares más cercanos a los volcanes, que son donde se encuentra la mayor concentración de ceniza, suelen coincidir con entornos naturales sensibles, como bosques nativos o reservas. Por ejemplo, sería inviable intentar remover varios metros de suelo en el Parque Nacional Nahuel Huapi, ya que eso implicaría un daño ambiental severo. No se puede intervenir esas zonas con actividades mineras o de explotación sin causar un impacto ecológico considerable”, explicó.
Usos
En la Argentina, el uso de ceniza volcánica no es nuevo, aunque estuvo limitado a funciones más rudimentarias. “El mayor uso que se ha hecho es como pulidor, como la legendaria marca PulOil, que se comercializó luego de la lluvia de cenizas del Quizapu en 1932. La mezcla de cenizas con amoníaco y detergente resultó ser un eficaz limpiador. Otro uso muy común es como bloques para la construcción: escuelas, hospitales y obras públicas fueron levantadas con estos bloques en muchas provincias argentinas. El uso más reciente es como adoquinado y revestimiento decorativo, son los denominados ‘pórfidos patagónicos’ que no son otra cosa que cenizas consolidadas”, contó Petrinovic.
Para Petrinovic, el camino en la Argentina pasa por la articulación entre ciencia, tecnología y sector privado. “El recurso existe en el país. El paso siguiente es evaluarlo tecnológicamente buscando que cumpla las condiciones y sea económico su transporte y comercialización. La combinación ideal es a través de organismos como el Conicet combinado con el INTI [Instituto Nacional de Tecnología Industrial] y la iniciativa privada que se interese en la comercialización del producto final. La Argentina tiene el know how y las posibilidades”, consideró.
SOCIEDAD
Fentanilo y propofol: por qué preocupan a los expertos y hoy están bajo la lupa de la Justicia en la Argentina
Luego del reciente fallecimiento del anestesista Alejandro Zalazar, se confirmó la muerte de Eduardo Bentacourt, un enfermero de 44 años hallado sin vida en su departamento de Palermo junto a ampollas de propofol y fentanilo.
En este contexto, el médico toxicólogo Carlos Damin, analizó en diálogo con LN+ los riesgos de la administración de estas sustancias y su devastador impacto en el organismo.
Qué son y para qué se usan el fentanilo y el propofol
En medio de la investigación judicial por el desvío de propofol y fentanilo en el Hospital Italiano, el profesional en la salud sostuvo que el propofol no es una sustancia que genere dependencia: “No es una sustancia para pensarla como sustancia que genere dependencia porque no la genera”.
“El propofol es un anestésico que lo que genera es una sedación y que aquellas personas que se han hecho una colonoscopía y han recibido el Propofol pasan de estar despiertos a estar dormidos”, sumó.
Por otro lado y en relación al fentanilo, el especialista remarcó: “El fentanilo sí es el que genera 100. 000 muertos por año en Estados Unidos y que afortunadamente en nuestro país, tenemos muy pocos dependientes” y agregó: “Nunca fue un problema social serio”.
“Nunca vi recuperarse un paciente consumidor de opioides”
“En 35 años que tengo de trabajar como toxicólogo en el Hospital Fernández, nunca vi recuperarse un paciente consumidor de opioides, siempre tienen extremadamente dramáticas recaídas, pero siempre fue un número menor los consumidores de opioides en nuestro país”, detallo el director del hospital.
En cuanto al consumo de estos fármacos en el país, recordó: Vimos durante muchos años el consumo de pastillas de antitusivos que era la de hidrocodeinona, otro derivado de los opioides y después hemos tenido, siempre por ahí ligado a la salud, algún morfinómano o algún dependiente del fentanilo porque son donde se puede conseguir».
“No nos olvidemos que el fentanilo, al igual que el propofol, no son medicamentos que se pueden comprar en una farmacia, solo se pueden obtener a través de la sustracción del hurto.”
El procedimiento del consumo de fentanilo
En este marco, el director del hospital resaltó que el fentanilo es una medicación que se utiliza hace varios años por parte de los anestesiólogos y que funciona como un analgésico muy fuerte, incluso mas fuerte que la morfina.
“El fentanilo es un opioide muy potente y la sobredosis sobreviene muy fácilmente, pero lo controla un anestesiólogo, especialista en el uso de este tipo de medicaciones”, profundizó.
En cuanto al procedimiento, destacó: “Normalmente lo administra con una bomba de infusión continua que es un aparato que es como si fuera en forma mecánica una aplicación sostenida en vena de una medicación pero siempre administrando la misma cantidad por minuto.”
La administración de propofol y fentanilo en los hospitales
Al ser consultado sobre la posibilidad de los médicos de acceder a estos medicamentos, el profesional sostuvo: “los hospitales y los sanatorios y las instituciones de este tipo de nosocomios tienen una trazabilidad de este tipo de medicamentos montada muy serio”.
Al tratarse de sustancias muy utilizadas en el hospital, son fármacos muy buscados por personas que quieren “mal utilizarlo”. En este sentido, subrayó: “Siempre hemos tenido alguna persona que quiera hacer este tipo de acto que no corresponde. Entonces, son sustancias muy controladas”.
En cuanto al recorrido del fentanilo, sostuvo: “Desde que el fentanilo sale de la farmacia, va al quirófano. Hay muchas personas que hacen este control, un control muy estricto del número de ampollas en la farmacia y dentro del quirófano, esto va al anestesiólogo que es quien lo usa, pero en un quirófano nunca está solo”.
“No es fácil que se sustraiga. Es posible. Puede haber un micro hurto, pero no es algo sistematizado”, concluyó.
SOCIEDAD
La versión cinematográfica de Guerra Mundial Z que de verdad quería ver la firma el director de una de las mejores pelis recientes de zombis
Mi compañero Alberto Lloria afirma que «los coreanos son magos haciendo pelis de zombis». Y la verdad es que no puedo decir lo contrario, y a los hechos, cinematográficos, me remito. En cuanto uno empieza a repasar lo que ha hecho Corea del Sur en el género en la última década, cuesta no darle la razón casi por inercia crítica. Porque mientras Hollywood sigue debatiéndose entre el espectáculo y replicar «la fórmula de éxito», allí han conseguido convertir el caos de los infectados en un lenguaje propio. Y justo en ese contexto ha irrumpido el primer tráiler de Colony, la nueva película de Yeon Sang-ho, el director que ya firmó uno de los grandes hitos modernos del género con Train to Busan.
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El tráiler de Colony no solo ha encendido las alarmas entre los fans del terror, sino que ha reactivado una conversación que parecía ya asentada: quién está contando mejor el apocalipsis zombi hoy en día. En un panorama saturado de infectados, supervivientes y mundos colapsados, la propuesta de Yeon Sang-ho vuelve a poner el foco en lo esencial. No es solo el monstruo, sino el sistema que lo permite, lo encubre o directamente lo fabrica. Y en ese sentido, el tráiler deja entrever una lectura más cercana al thriller biotecnológico que al simple cine de supervivencia. Una idea que conecta directamente con preocupaciones contemporáneas muy reconocibles.
De Haití a la crisis del presente
La figura del zombi ha funcionado siempre como un espejo incómodo de la sociedad que lo invoca. Desde sus raíces en el folclore haitiano, donde el «no muerto» simbolizaba la pérdida de autonomía bajo la esclavitud colonial, hasta su apropiación por la cultura de masas, el concepto ha mutado sin perder su carga simbólica. En la era de mi queridísimo George A. Romero, el zombi se convirtió en una herramienta crítica para hablar del racismo, el consumismo y la decadencia institucional. Sus criaturas lentas no eran solo amenaza física, sino una metáfora de sistemas que se descomponen desde dentro.

Tranquilo, 28 años después: El templo de los huesos arregla el final de la anterior peli de la saga
Con el cambio de siglo, el género dio un giro radical hacia los infectados rápidos y agresivos, popularizados por obras como 28 Días Después o el remake de Dawn of the Dead. Este cambio no fue casual: el miedo ya no era el colapso lento, sino la crisis económica, el contagio global y la fragilidad de las estructuras sociales tras el 11-S. En este contexto, el zombi deja de ser un cadáver que camina para convertirse en un síntoma de un mundo que ya no entiende sus propias reglas. Y ahí es donde el género empieza a fracturarse entre el espectáculo y la reflexión.
Corea del Sur ha construido una identidad propia dentro del género. El llamado «K-Zombie»
En ese vacío creativo occidental, Corea del Sur ha construido una identidad propia dentro del género. El llamado «K-Zombie» no es solo una variante estética, sino una forma de entender el colapso social desde dentro. Películas como Train to Busan o series como Kingdom han demostrado que el terror puede convivir con el melodrama, la crítica social y una puesta en escena visceral. No hay héroes invulnerables ni soluciones limpias, sino comunidades fracturadas intentando sobrevivir en sistemas fallidos. Este enfoque conecta directamente con fenómenos culturales como «Hell Joseon», una expresión que refleja la percepción de desigualdad y presión social en la Corea contemporánea. En ese contexto, el zombi no es solo una amenaza externa, sino una consecuencia del propio sistema. Por eso, cuando Yeon Sang-ho regresa con Colony, no lo hace desde la nostalgia del éxito del género de terror, sino desde la consolidación de una mirada crítica renovada y muy actual.
Imagen de Guerra Munsial Z
El enjambre zombi: entre la sociología y el espectáculo
En mi artículo publicado en 3DJuegos sobre Guerra Mundial Z ya señalaba una de las grandes tensiones del género zombi contemporáneo: la distancia entre la novela de Max Brooks y su adaptación cinematográfica. Mientras el libro construye un relato coral y geopolítico sobre el colapso global, donde el verdadero horror nace de las decisiones humanas, la película protagonizada por Brad Pitt se inclina hacia un enfoque individual y de thriller de acción. En ese proceso, incluso la célebre “dinámica de enjambre” de los zombis se transforma en un recurso espectacular, más visual que reflexivo.
Yeon Sang-ho parece llevar al extremo esa idea de encierro institucional, donde el verdadero horror no es la criatura
Este concepto de enjambre sigue siendo fundamental hoy: representa la pérdida de individualidad y el colapso de lo social debido al gregarismo y la falta de individualidad, aunque muchas veces se utilice como pura exhibición de caos. En contraste, propuestas como el cine coreano o Colony parecen recuperar esa idea de fondo, donde el verdadero desastre no es la horda en sí, sino el sistema que la genera o la permite. En el ámbito interactivo, esta evolución del apocalipsis zombi también ha encontrado nuevas formas de expresión. The Last of Us reinterpreta el género desde la intimidad emocional y la infección fúngica del Cordyceps, mientras que Days Gone lleva más lejos la idea de enjambre con hordas dinámicas que reaccionan al entorno como un organismo colectivo. Estos “enjambres” ya no son simples masas enemigas, sino sistemas vivos en movimiento. Esa concepción conecta directamente con las tendencias actuales del género y anticipa lo que Colony parece explorar: una amenaza que no solo invade desde fuera, sino que se integra y evoluciona dentro del propio sistema que la contiene.
Imagen de Train to Busan
El futuro del zombi: entre la biotecnología y el colapso social
Si algo me deja claro el tráiler de Colony es que el género zombi ya no habla solo de muertos vivientes. Habla de laboratorios, corporaciones, decisiones éticas imposibles y sistemas que priorizan la contención sobre la vida humana. Yeon Sang-ho parece llevar al extremo esa idea de encierro institucional, donde el verdadero horror no es la criatura, sino la arquitectura que decide quién vive y quién no.

Jodorowsky cree que Spielberg es un degenerado, y entiendo por qué lo dice
En ese sentido, el cine surcoreano vuelve a marcar el ritmo del género con una claridad difícil de ignorar. Frente a las resoluciones limpias del Hollywood o la acción individualizada del héroe clásico, propuestas como Colony apuestan por el caos estructural y la ambigüedad moral. Y quizá ahí esté la clave de todo: el zombi ya no es un monstruo externo, sino una consecuencia inevitable de nuestras propias decisiones. Por cierto, puedes ver Train to Busan hoy mismo en Filmin.
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La noticia
La versión cinematográfica de Guerra Mundial Z que de verdad quería ver la firma el director de una de las mejores pelis recientes de zombis
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Chema Mansilla
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SOCIEDAD
Ni “mts” ni “m.”: cuál es la forma correcta de abreviar “metro”, según la RAE
A la hora de escribir medidas, es común ver distintas formas para abreviar la palabra “metro”: mts, mt., m. o incluso variantes mezcladas. Sin embargo, la Real Academia Española fue clara al respecto y despejó la duda.
La única forma correcta no es ninguna de esas.
Cuál es la abreviatura correcta de “metro”
Según la RAE, la forma adecuada no es una abreviatura, sino un símbolo: m
Así, se escribe:
- 1 m
- 13 m
Y no lleva punto ni cambia en plural.
Por qué “mts” y “m.” son incorrectos
El error más común es tratar “metro” como una palabra abreviada, cuando en realidad pertenece al sistema de unidades y tiene un símbolo específico.
Esto implica varias reglas:
- No lleva punto → “m.” es incorrecto
- No se pluraliza → “mts” o “ms” son incorrectos
- No cambia su forma → siempre es “m”, sin importar la cantidad
La confusión surge porque muchas palabras sí tienen abreviaturas (como “pág.” o “cap.”), pero las unidades de medida funcionan distinto.
En estos casos se utilizan símbolos internacionales, que:
- Son invariables
- Se escriben sin punto
- Tienen una forma única reconocida globalmente
Real Academia Española, metro, español, TNS
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