SOCIEDAD
La Frontera de Pinamar, tras el endurecimiento de sanciones: más controles, bronca y un equilibrio frágil

PINAMAR (Enviado especial).— El cambio se percibe antes de llegar a los médanos. A media tarde, el acceso a La Frontera está marcado por conos, linternas y uniformes que ordenan una circulación históricamente desbordada. El operativo es visible, sostenido y genera reacciones inmediatas. “Están esperando para romperte las pelotas”, dice un hombre al volante de una 4×4, con un cuatriciclo en la caja, mientras reduce la marcha y mira de reojo el control. La frase, cruda y repetida en voz baja, resume el clima que domina la zona tras el endurecimiento de sanciones dispuesto por el municipio.
Desde el sábado, La Frontera funciona bajo un nuevo esquema de control, con presencia policial permanente y operativos que se mueven según el flujo de vehículos. No se trata de un punto fijo: el despliegue combina controles en el ingreso y la salida con recorridas internas por los médanos, apoyadas desde el aire por drones y helicópteros. El objetivo es disuadir maniobras peligrosas y reducir la siniestralidad en un espacio donde conviven uso recreativo, informalidad y riesgo.
El impacto inicial es medible. Desde el inicio del operativo se incautaron 16 UTV, 11 cuatriciclos y varias camionetas, según pudo reconstruir LA NACION. En el caso de los rodados livianos, las infracciones se encuadran mayormente en la Ley Nacional de Tránsito 24.449. Las camionetas, en cambio, quedaron secuestradas por infracciones al artículo 193 bis del Código Penal, que sanciona las carreras y maniobras peligrosas.
Las unidades fueron trasladadas a la comisaría de Pinamar, sobre la avenida Bunge, y a un depósito especial con custodia policial, donde permanecen hasta que los responsables regularicen su situación y paguen las multas correspondientes.

El endurecimiento de sanciones fue formalizado a través de un decreto reciente de la Municipalidad de Pinamar, que reglamenta y refuerza una ordenanza ya vigente. La norma prevé multas más elevadas, secuestro inmediato de vehículos, inhabilitación para conducir dentro del distrito y el cobro de gastos de acarreo y estadía. También introduce agravantes cuando hay menores involucrados, circulación en grupos organizados o situaciones de peligro para terceros.
En el terreno, los efectos se notan en el ritmo. Desde la llegada de este medio al lugar, a las 16.30, la primera infracción se detectó recién 20 minutos después. En ese lapso, el ingreso fue espaciado y casi parejo con la salida, sin acumulaciones. “Hay mucho menos movimiento que días atrás”, reconoce un efectivo mientras se comunica por handy con la central. La percepción se repite entre quienes recorren la zona: menos tránsito, menos ruido y una actividad más contenida.

A las 16.45 una ambulancia se posiciona en las inmediaciones como parte del dispositivo preventivo. Minutos después se intensifican los controles. Los primeros vehículos detenidos atraviesan el procedimiento sin mayores sobresaltos: documentación, chequeos reglamentarios y continuidad del recorrido. Uno de los factores que dispara las detenciones es la edad de los conductores, cuando los agentes detectan perfiles muy jóvenes.
Las UTV concentran especial atención: es el tipo de vehículo involucrado en el accidente de Bastián, que aceleró el refuerzo de controles y la reactivación del régimen sancionatorio.

Con el correr de la tarde, los agentes registran patentes de posibles infractores para interceptarlos más adelante. El objetivo, explican desde la fuerza, no es solo sancionar sino interrumpir conductas de riesgo. En los casos de faltas subsanables —como la ausencia de banderines u otros elementos de señalización— se detiene al conductor, se le impide continuar en infracción y se le indica cómo regularizar la situación. La lógica apunta a ordenar sin clausurar la actividad recreativa.
Hacia las 17, comienza la congestión en la salida. Todos los vehículos que egresan son parados. Se forman colas, algunos autos quedan detenidos a un costado y la linterna de los efectivos marca, con un gesto breve, qué rodado debe frenar. También se detienen numerosas 4×4. El esquema genera demoras, especialmente cuando el regreso se concentra en franjas horarias similares.

Más adentro, en “La Olla” —una depresión natural del terreno donde históricamente se concentran picadas y maniobras— el panorama es ambiguo. Los autos se acumulan a los costados, pero las carreras son pocas. Parte de la explicación está en el terreno: la acumulación de agua en el sector donde suelen correrse las ilegales desalienta la actividad y funciona, esta vez, como un freno inesperado.
Cerca de la línea de playa, donde está el corredor legal, el movimiento es distinto. UTV y cuatriciclos circulan con mayor fluidez y constancia. En la arena, decenas de 4×4 se instalan con carpas y gazebos, en una postal que contrasta con los controles más estrictos del acceso principal y con la tensión que se vive algunos metros más adentro.

Cerca de las 18 empieza a llegar más gente a “La Olla”. Sube el volumen de la música y aparecen los gritos de aliento. No más de una docena de vehículos se anima a correr picadas o a hacer maniobras. La mayoría lleva cascos, gafas y banderines, aunque no faltan quienes circulan sin medidas de protección. Es un escenario mixto: cumplimiento parcial, controles presentes y conductas que persisten en los márgenes.
Desde la fuerza admiten que la franja horaria más intensa va desde media tarde hasta alrededor de las 18 o 18.30, y que el movimiento está muy condicionado por el clima. Cuando el sol empieza a caer y la visibilidad se reduce, la actividad decae casi por completo.

El cierre del día, cerca de las 19, vuelve a tensionar el esquema: los vehículos regresan “en manada” hacia la ciudad y los controles ralentizan una vez más la salida. Para asegurarse de que no quede nadie dentro de los médanos, drones y helicópteros sobrevuelan nuevamente la zona antes de dar por finalizada la jornada.
La nueva realidad de La Frontera se sostiene sobre un equilibrio frágil. Hay más controles y menos desborde visible, pero también una bronca latente y prácticas que no desaparecieron del todo. En un territorio de uso recreativo masivo y límites difusos, el orden depende de una presencia constante. Si esa presión cede, la dinámica amenaza con reacomodarse.
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SOCIEDAD
Lavarse los pies con laurel y agua tibia: por qué lo recomiendan y cuándo conviene hacerlo

El cuidado de los pies es tan importante como el resto del cuerpo, aunque a veces no se le dé mucha importancia. En este sentido, existe un truco casero y eficaz para implementar y mantenerlos en buen estado: el lavado con laurel y agua tibia.
La mezcla de estos dos promete aliviar molestias, relajar el cuerpo y dejar una sensación de frescura en los pies. Es ideal para quienes pasan muchas horas de pie, caminan mucho o simplemente quieren regalarse un momento de descanso antes de dormir.
Para qué sirve lavarse los pies con laurel y agua tibia
- Relajación profunda: sumergir los pies en agua tibia ayuda a relajar, pero el aroma y los aceites del laurel potencian esa sensación de descanso.
- Alivio del cansancio: después de caminar mucho o estar parado varias horas, este baño puede disminuir la sensación de pesadez y fatiga en los pies.
- Higiene y frescura: el laurel tiene propiedades naturales que ayudan a combatir olores y mantener los pies frescos.
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Cómo lavarse los pies con laurel y agua tibia: paso a paso
- Herví un litro de agua durante unos minutos.
- Agregá 4 o 5 hojas de laurel y dejá reposar entre 5 y 10 minutos.
- Esperá a que el agua esté tibia.
- Colocá la preparación en el recipiente y sumergí los pies durante 15 o 20 minutos.
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Este baño se puede hacer una o dos veces por semana, según las ganas y necesidades de cada uno.
Cuándo conviene hacerse este lavado de pies
Este método es ideal para implementar después de un día largo o de mucha caminata. También se puede hacer después de realizar ejercicio o antes de dormir para favorecer la relajación.
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SOCIEDAD
Los trucos de la cuidadora que dormía y desvalijaba a las ancianas enfermas que debía asistir

Soledad Verónica Guido salió de la cárcel la semana pasada, luego de pasar casi dos meses en el penal de mujeres de Ezeiza y una alcaidía de la Policía de la Ciudad. La mujer de 36 años, oriunda de Villa Albertina, Lomas de Zamora, pactó un juicio abreviado a fines del mes pasado en el Tribunal Oral N°22. Así, volvió de inmediato a la calle. La pena que recibió, dos años y ocho meses de prisión en suspenso, parece relativamente leve de cara a sus delitos.
Guido, registrada en los rubros de servicios de salud humana de la AFIP, trabajaba para una serie de agencias de cuidado de pacientes a domicilio, aunque ninguna le dio un empleo en blanco. Su especialidad eran los adultos mayores, en más de un sentido. Entre noviembre de 2024 y junio de 2025, Guido fue denunciada en tres expedientes de la Justicia porteña, acusada de desvalijar e incluso drogar a las jubiladas que debía cuidar, como si fuera una viuda negra.
La Policía de la Ciudad la arrestó en su domicilio el 6 de enero último; se negó a declarar poco después. Había cometido su último ataque el 25 de junio del año pasado. El hecho ocurrió en un departamento de la avenida Santa Fe al 2500; una mujer de 89 años fue su blanco. Guido, según la imputación, “le habría preparado el desayuno y suministrado una sustancia que le hizo perder el conocimiento para luego sustraer diversos bienes”.
La mujer fue hallada por su hija esa misma tarde, incapaz de reaccionar. El portero del edificio la había llamado luego de, curiosamente, encontrar las llaves del departamento tiradas en el palier. En su mesita de luz había una taza de té a medio beber. La cuidadora -que una agencia de la zona de San Cristóbal había enviado allí a través de la obra social de la víctima- ya no estaba. Junto a ella, se habían ido $30 mil pesos, un celular Samsung y un pedazo de carne del freezer. La hija realizó la denuncia contra Guido horas después en la Comisaría 2B de la fuerza porteña.

La denuncia de junio de 2025 fue la gota que rebalsó el vaso. Tiempo después, el juez Martín Peluso, que subrogaba el Juzgado N°2, unificó las otras dos causas en su contra; el magistrado Darío Bonnano la procesó con prisión preventiva en enero siguiente, dos días después de su arresto.
La causa original en su contra tuvo como víctima a una mujer de 91 años, la abuela de la denunciante. Guido había llegado el 4 de noviembre de 2024 al departamento de la familia en Parque Avellaneda para cuidar a la mujer en el turno de 10 a 19 horas. Había llegado, otra vez, por una agencia. Se retiró horas antes de lo pactado, sin avisar, según la denuncia en su contra. También, supuestamente, se llevó el iPhone 8 del hijo de la denunciante.
Guido, de acuerdo a la condena en s contra, volvió a las andanzas el 15 de abril del año siguiente. Había llegado a la casa de una mujer de 94 años en la calle Juncal. El celular de la hija de la paciente faltaba. La mujer la confrontó. Guido se hizo la desentendida. El celular -que, originalmente, estaba en un cajón- comenzó a sonar poco después en un tacho de basura.

El golpe mayor llegó el 21 de julio en un departamento de la calle Sánchez de Bustamante. La paciente tenía 94 años y, tiempo antes, había sufrido un ACV. La prepaga de la paciente había articulado para que Guido trabajara allí.
La cuidadora fue por todo aquella mañana. Según la denuncia en su contra, se llevó una notebook marca Dell, tres pares de zapatillas, dos termos, el Chromecast conectado al televisor, un secador de pelo. Luego, un iPad, dos cadenas de oro, calzas y pantalones. Hasta saqueó la alacena y los productos de limpieza. Sin embargo, su descuido fue notable: las cámaras de seguridad habían filmado la secuencia completa.
Esta vez, el ACV de la paciente fue considerado en el tablero. Guido fue imputada por el delito de hurto “agravado por el infortunio particular de la damnificada”.
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Proyecto GIGaNTE: el chip español para la soberanía civil y militar en el mundo electrónico

El tren de la fabricación masiva de chips basados en silicio ya pasó para España y el resto de Europa. Lo cogieron otras potencias tecnológicas norteamericanas y asiáticas y alcanzarlo es inviable. Pero hay uno en camino más robusto, tolerante a mayores densidades de potencia, capaz de operar con voltajes más altos y a un mayor ancho de banda. El billete para subirse a esta tercera generación de procesadores, el elemento clave de cualquier dispositivo electrónico, se llama nitruro de galio (GaN), un semiconductor más veloz, reducido, resistente y barato. Indra Group lidera un consorcio, formado también por Televés Corporación, SPARC Foundry y RBZ Robot Design, para empezar a fabricar en Vigo estos nuevos chips en el plazo de un año: es el proyecto GIGaNTE.
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