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Recuerdos que no se borran: cómo la fotocerámica convierte momentos únicos en piezas eternas

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¿Cuántas veces intentaste conservar un objeto que te recuerde a alguien? Hoy, esa búsqueda parece tener respuesta en la fotocerámica, una técnica que vuelve posible transformar una imagen querida en una pieza pensada para habitar el hogar: logra que un recuerdo deje de ser frágil y atraviese el tiempo para volverse parte de la vida cotidiana.

Parte de algo que no es nuevo. La fotocerámica tuvo un peso fundamental hace más de 100 años, ligada mayormente a la iconografía funeraria de finales del siglo XIX y principios del XX para inmortalizar a los muertos. Basta pensar en esas imágenes que identificaban nichos o tumbas, y que, pese a la intemperie, permanecían inalterables a lo largo de las décadas.

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Hoy, un grupo de artistas está poniendo nuevamente el foco en esta actividad, alejándola de los cementerios para llevarla con creatividad al centro de la escena plástica contemporánea.

El fuego como constructor de memoria

Laura Gan nació en la localidad bonaerense de 25 de Mayo, y vive en la capital de la provincia. Es artista plástica, ceramista y docente en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a partir de haber obtenido en esa casa de estudios su título de Profesora y Licenciada en Artes Plásticas con orientación en cerámica.

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Su camino en esta disciplina comenzó en 2010, cuando se incorporó a una cátedra de investigación donde Angela Tedeschi —quien había aprendido del maestro italiano Antonio Vuolo— transmitía los secretos de la técnica.

Como las fotos tradicionales analógicas, necesita oscuridad para revelarse. (Foto: gentileza Laura Gan)

Para Laura, el flechazo fue inmediato: la fotocerámica le permitió desarrollar su tesis de graduación utilizando fotografías de la pintora mexicana Frida Kahlo.

Cuando se le pide que describa el proceso, detalla que como primer paso se eligen y editan las fotos en programas como Photoshop; después se imprimen en acetato (filmina) y luego comienza la magia artesanal.

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En este punto se utilizan una emulsión fotosensible y pigmentos cerámicos que reaccionan a la luz ultravioleta (UV). La imagen se revela en un cuarto oscuro sobre un azulejo esmaltado, que posteriormente se somete a una horneada de temperatura feroz, de 1060°C, durante unas cinco horas.

Este procedimiento se diferencia radicalmente de lo que vemos en las tazas sublimadas industriales, esas que se venden con logos o ilustraciones. Mientras que en esos casos se usan prensas de calor a baja temperatura (180°C) que solo imprimen superficialmente, en la fotocerámica el o la artista revela la imagen manualmente y los pigmentos se integran al cuerpo cerámico de forma definitiva.

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Con suaves pinceladas y mucha paciencia, se arma la fotocerámica. (Foto: gentileza Laura Gan)
Con suaves pinceladas y mucha paciencia, se arma la fotocerámica. (Foto: gentileza Laura Gan)

El resultado es una pieza vitrificada que no se borra ni se degrada; es para toda la vida, inalterable. Pero, como dice Gan, con una particularidad. En este proceso, “la mano interrumpe el sistema”, asegurando que cada obra sea irrepetible, aunque la matriz sea la misma. Cada creador puede incorporar su propio arte.

De la pantalla al azulejo: darle cuerpo a los recuerdos

Aunque Gan es una referente ineludible —formando a alumnos en la UNLP y en su propio taller particular—, ella misma aclara que no es la única representante de esta actividad. Hay otros artistas que están explorando este lenguaje, impulsados por una democratización tecnológica que hoy permite tener hornos más accesibles y pigmentos estables.

Lo que antes era exclusivamente industrial, ahora es un territorio de investigación para artistas y emprendedores curiosos que buscan algo más que la inmediatez del píxel.

Para la revelación de la fotocerámica se tratan las fotos con cuidado. (Foto: gentileza Laura Gan)
Para la revelación de la fotocerámica se tratan las fotos con cuidado. (Foto: gentileza Laura Gan)

Desde una mirada psicológica, esta técnica responde a una necesidad humana profunda: materializar vínculos afectivos. Al plasmar el rostro de alguien sobre cerámica, la memoria deja de ser un mero recuerdo mental para transformarse en una presencia cotidiana que ayuda a tramitar ausencias y sostener lazos en el tiempo. Es un anclaje emocional que se integra al paisaje íntimo de nuestras casas.

En sus talleres, Laura observa cómo personas de diversos ámbitos se acercan para experimentar con sus archivos personales, desde emprendedores que buscan una salida laboral (Laura vende fotocerámicas como cuadros o revestimientos para paredes y, a modo de referencia, cuenta que una obra de 15 x 15 cm cuesta $30.000) hasta artistas que quieren dominar la técnica.

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El proceso requiere paciencia: entre el cuarto oscuro, el revelado y el horneado, una sola pieza puede llevar horas de trabajo y casi un día entero de espera para que el horno se enfríe.

Hay un goce en esa temporalidad lenta, analógica, donde el error es parte del aprendizaje y no un fracaso. “Al ser una técnica de reproducción única de la imagen en la que interviene la mano humana, según qué presión se realiza sobre la emulsión cruda puede que ocurra el defecto”, explica.

En cualquier caso, la fotocerámica regala la posibilidad de observar un “presente estático”, que incluso es capaz de partir desde una foto que nunca existió en el mundo real: el disparador puede ser una imagen digital, una creación, un collage, un montaje.

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La fotocerámica permite que esas memorias queden intactas. (Foto: gentileza Laura Gan)
La fotocerámica permite que esas memorias queden intactas. (Foto: gentileza Laura Gan)

Lo cierto es que en un mundo de imágenes infinitas e inestables que ya no sabemos cómo guardar, el deseo de recuperar lo tangible crece. Esta técnica permite que una foto vuelva a tener cuerpo, espesor y persistencia. Es, en definitiva, una invitación a detenerse y contemplar lo que alguna vez fue una impronta visual y que, gracias al fuego, se queda con nosotros para siempre.

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Cerrar este proceso es como abrir el horno después de 18 horas de espera: es descubrir que aquello que era etéreo cobró una fuerza indestructible. Si la memoria es una llama amenazada por el viento del olvido, la fotocerámica ayuda a conseguir que no se apague nunca, sobre la superficie eterna de un azulejo.

Sumario, hobby

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Todo el mundo debería probar gratis Crimson Desert, pero mientras lo jugaba caí en que es imposible

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Crimson Desert ya está en el mercado y, con ello, Pearl Abyss puede tachar una casilla que lleva más de cinco años tratando de rellenar. Hablamos de un desarrollo masivo que llevó a su estudio a crear un motor propio, a enfocar su cultura laboral en torno a este proyecto y que se ha saldado con uno de los lanzamientos más grandes de lo que llevamos de año. Sin embargo, tras haberlo podido jugar ya durante 57 horas, os tengo que admitir una cosa: al comienzo quise una demo para que todos lo probaseis gratis, porque es el juego al que más le beneficiaría una prueba. Eso fue al principio, porque luego caí en la cuenta de que era imposible probarlo sin gastar dinero en el juego final.

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Aunque hace muchos años la cultura de las demos pasó a un segundo plano, lo cierto es que en la última década hemos vuelto a abrir los brazos a estas pruebas anticipadas y gratuitas. Sirven de maravilla para medir el interés del público, la respuesta de los jugadores y, mejor aún, ayudan a los propios fans a salir de dudas o, en caso de que lo tengan claro, a hacer más llevadero el hype. Con Crimson Desert, sin embargo, jamás hubo intención por parte de Pearl Abyss de llevar a cabo una demo y, en su momento, no entendía por qué: fue jugarlo y salir de dudas.

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El motivo principal es que no puedes extraer un pedacito del conjunto de Crimson Desert que tenga sentido y, más importante aún, que no espante a los jugadores. Si entendemos el sandbox surcoreano como una tarta, no puedes dividirla en trozos: es imposible, porque este experimento de probar un pedacito de Crimson Desert no va a gustar a nadie. Hablamos de un juego donde la libertad prima sobre cualquier cosa, donde sus sistemas se interrelacionan con cabeza, aunque sin la profundidad de un RPG, por ejemplo.

Crimson Desert es tan raro que una demo no haría salir de dudas a nadie

Sí, no hemos tenido demos de Fallout 4 o The Witcher 3, por poner dos casos, pero sí de The Legend of Zelda: Breath of the Wild o Cyberpunk 2077 en eventos de prensa o centradas en los jugadores, como la Gamescom. Y, si bien es cierto que estos eventos están controlados por los miembros del estudio, que pueden impedir o solucionar errores que surjan en estos mundos abiertos limitados de forma artificial, el caso de Crimson Desert alcanza un nuevo nivel de «imposibilidad» cuando llevas 40 horas jugadas, echas la vista atrás y analizas el camino recorrido. Y todo porque, ¿de dónde recortas para una demo? ¿Dónde la estableces?

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Crimson Desert

El problema que tiene Crimson Desert es que su muro inicial de una decena de horas —obligatorio para todos los jugadores, aunque puede llevarte menos si encaras rápido las misiones principales—, que sirve como tutorial del proyecto, jamás podría formar parte de una demo. Con una prueba en esta primera fase jugable, los surcoreanos echarían por tierra dos de las funciones clave de las demos: evitar decepciones y ayudar a evaluar el gasto de dinero. Teniendo en cuenta que el inicio de Crimson Desert es duro, pensado para poner a prueba la paciencia de quien no va preparado, ambientar ahí su demo habría sido de lo más contraproducente.

Para ti puede ser el juego del año, para otros Crimson Desert no es más que "el modo historia" de otro RPG

En 3D Juegos

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¿Pero qué tal ambientarla después, quizá a la veintena de horas? Imposible. No estarías dando al jugador un vistazo sencillo de lo que supone Crimson Desert; le estarías echando a los lobos, de forma metafórica, con una lista de sistemas mecánicos inabarcable, combos loquísimos, un mapa enorme y una libertad que pillaría demasiado en frío a los jugadores. Lo pensé: «Quizá, pasadas las 10 horas, sí se podría». Pero, hablándolo con compañeros de la prensa antes del estreno del juego, todos coincidíamos en lo mismo: Crimson Desert es el juego que más se beneficiaría de una demo, pero que no podría tener una jamás.

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Crimson Desert 2 1

Es una pena, aunque no es el único caso. La mayoría de los triple A no tienen demos. No obstante, muchos juegan con una ventaja: la industria se ha acostumbrado a la falta de sorpresa. Al final, que no hayamos tenido demo de Resident Evil 9: Requiem —a pesar de que, desde Resident Evil 7, todos los lanzamientos de Capcom han tenido demos— no sorprende, porque sabíamos cómo se jugaría; una demo de The Last of Us 3 tampoco tendría sentido: se juega como un The Last of Us al margen de sus innovaciones, unas que, además, no veremos en una demo porque se reservan para el final. Y así hasta el hartazgo. Pero con Crimson Desert, muchos habrían salido de dudas antes.

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La noticia

Todo el mundo debería probar gratis Crimson Desert, pero mientras lo jugaba caí en que es imposible

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fue publicada originalmente en

3DJuegos

por
Alberto Lloria

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Poner sal gruesa en la esponja para lavar los platos: para qué sirve y por qué lo recomiendan

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Un truco simple, económico y cada vez más difundido en redes sociales propone sumar un ingrediente inesperado a la limpieza diaria: la sal gruesa. Si bien suele usarse en la cocina, también puede convertirse en un aliado para lavar mejor los platos y cubiertos.

Este método consiste en colocar una pequeña cantidad de sal gruesa directamente sobre la esponja antes de usar detergente. Su uso no reemplaza los productos de limpieza habituales, pero puede potenciar sus efectos y ayudar en tareas específicas del hogar.

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Ponerle sal gruesa a la esponja antes del detergente, sirve para limpiar restos difíciles. (Imagen ilustrativa generada con IA).

Para qué sirve poner sal gruesa en la esponja

La sal gruesa tiene una textura abrasiva que resulta útil para remover suciedad adherida sin necesidad de productos químicos más agresivos. Entre sus principales usos se destacan:

  • Eliminar restos difíciles: ayuda a despegar comida pegada en ollas, sartenes o fuentes.
  • Potenciar la limpieza: refuerza la acción del detergente en superficies con grasa.
  • Quitar olores: contribuye a neutralizar olores persistentes en utensilios y en la esponja.
  • Desincrustar suciedad: es útil para limpiar superficies donde se acumulan residuos con el uso diario.

Cómo actúa este truco casero

El efecto de la sal se basa en su capacidad para generar fricción. Al frotar la esponja con sal sobre una superficie, hay un leve efecto exfoliante que facilita la remoción de suciedad sin dañar la mayoría de los materiales.

Además, la sal tiene propiedades higroscópicas, lo que significa que puede absorber humedad. Esto ayuda a reducir la proliferación de bacterias en ambientes húmedos como la cocina, aunque no reemplaza la desinfección.

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Este truco puede ayudar y potenciar el lavado de platos o cubiertos. (Imagen ilustrativa generada con IA).
Este truco puede ayudar y potenciar el lavado de platos o cubiertos. (Imagen ilustrativa generada con IA).

Cómo usarla correctamente

Para aplicar este truco de forma efectiva, se recomienda:

  • Humedecer la esponja antes de usarla.
  • Agregar una cucharada pequeña de sal gruesa.
  • Incorporar detergente como de costumbre.
  • Frotar suavemente sobre la superficie a limpiar.
  • Enjuagar bien para evitar residuos.

Si bien no es una solución milagrosa, puede ser un complemento práctico para mantener la cocina en buen estado y facilitar tareas cotidianas.

Precauciones a tener en cuenta

Si bien es un método útil, no se recomienda usar sal gruesa en superficies delicadas o antiadherentes, ya que podría rayarlas. Tampoco es ideal para materiales como vidrio fino o acero pulido.

Leé también: Limpiar el piso con agua tibia, vinagre y detergente: por qué lo recomiendan

Además, es importante cambiar la esponja con regularidad, ya que la acumulación de residuos puede afectar la higiene.

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Veterano del crimen: la historia del ladrón de 58 años que lideró una banda de falsos policías

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58 años es una edad notable para un delincuente. Tal vez sea un número probable para un estafador, un mago mentiroso de las finanzas, algún ladrón de guante blanco, pero no para un pistolero. En el mundo del crimen con pólvora, llegar a viejo es casi una quimera.

Muchos caen por la ley de plomo que rigió sus vidas. Otros enferman prematuramente. “Vivimos en años de perros”, se ríe un histórico del robo que dejó una prisión bonaerense semanas atrás luego de transitar su tercera condena. “Mirame, ¡no tengo ni 55 y ya estoy hecho mierda!”. La cárcel, precisamente, se encarga del resto. El Sistema Nacional de Ejecución de la Pena, a cargo de elaborar las estadísticas de las prisiones argentinas, cuenta poco más de diez mil detenidos de 55 años en adelante en los penales nacionales de un total de 120 mil presos en el país.

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Por su edad, o por su insistencia, Julio Esteban Baldes, “El Chino”, se convierte en un personaje singular. El hombre de 58 años, oriundo de Adolfo Sordeaux, fue detenido esta semana, en medio de una trama al menos curiosa, que incluye uno de los videos más insólitos en la historia reciente del delito bonaerense.

“El Chino”, bailarín de murga en sus ratos libres, ex empleado de una empresa dedicada al negocio de la salud, fue arrestado junto a otros cinco cómplices, incluido su hijo Federico, de 31 años, tras una investigación en su contra a cargo de la Comisaría 3° de Tigre, que depende de la Superintendencia AMBA Norte I bajo las órdenes del comisario general Lucas Borge.

El fiscal José Amallo, subrogante de la UFI de Tigre, lo acusa de ser el jefe de una banda dedicada a cometer entraderas en la zona norte del conurbano. El método que empleaban para robar era un clásico de la historia reciente, una figurita repetida desde los tiempos de la pandemia: conformar una asociación ilícita para disfrazarse de policías, entrar a casas a los gritos y robar en poblado y en banda.

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Al “Chino” le encontraron una serie de chalecos de policía en su casa. Dijo que no eran suyos en su indagatoria. Básicamente, que se los habrían plantado. También dijo ser inocente, que en los días de los dos robos que el fiscal Amello le imputó se encontraba pintando su casa.

A los Baldes ya lo habían allanado y detenido a fines de diciembre pasado por supuestamente asaltar la imprenta Madygraf en Garín el mes anterior, un asalto con un botín de diez millones de pesos. Sin embargo, terminaron liberados por falta de pruebas. Luego, volvieron a caer. La Justicia sospecha que la banda que dirigía “El Chino” habría cometido, por lo menos, cuatro entraderas, con tres de ellas en un lapso de 48 horas.

Ensayo general para la farsa actual

La reticencia de Baldes padre a cantar se entiende, a pesar de la matemática investigación de los detectives a cargo del comisario Borge. La insignia “32: ni ortivas ni traidores”, un clásico del mundo tumbero, puede verse en sus redes.

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Tal vez, aprendió los códigos en la cárcel. Una ficha policial marca causas en su contra por robo en 2001 y 2007 en la jurisdicción de San Isidro. Estuvo preso en el penal de Gorina desde mayo de 2010 hasta enero de 2012, a disposición del Juzgado de Ejecución Penal N°1 de San Isidro. El delito: otra vez, robo en poblado y en banda.

Sin embargo, la era del reel y el exhibicionismo le pudo a su banda. “Los chorros, hoy, hacen cualquier cosa con el teléfono”, se ríe un investigador. Un insólito video hallado a uno de los sospechosos en su teléfono fue la punta del iceberg que permitió encontrar y detener al resto de la banda.

Luciano Matías Colayago, un hombre de Don Torcuato de 33 años, fue el primer sospechoso de la banda en caer. Lo arrestaron el 20 de febrero, a bordo de un Volkswagen Fox, tras supuestamente cometer dos robos en una noche. Los lectores municipales de patentes le marcaron la suerte. Le encontraron dos teléfonos.

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En uno de estos aparatos se encontró el video que ilustra esta nota. Dos sospechosos de la banda detenidos, junto a un tercero que todavía no fue arrestado, apodado “El Lágrima”, ensayan sus papeles de policías antes de un asalto. ”Los polis tenemos fierros», dice uno de ellos, tomándose la cosa en serio.

El teléfono de Colayago reveló conversaciones con Baldes hijo. También, con Baldes padre. El contenido del aparato fue clave para incriminarlo. Hoy, el fiscal Amallo sospecha que “El Chino” no participaba de los asaltos. Al menos, no en el hecho mismo: se dedicaba, supuestamente, a reunir al grupo, a señalar los blancos y a vestir a los ladrones con sus chalecos. Una suerte de director de casting, vestuarista y productor general.

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