SOCIEDAD
Un mecánico arreglaba un camión, se le cayó encima por una falla en el gato hidráulico y está grave

Un mecánico permanece internado en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) tras haber quedado atrapado debajo de un camión Scania mientras realizaba tareas de reparación en un taller ubicado en Lamadrid al 100, en la zona sur de Rosario.
Según informaron fuentes policiales, el accidente ocurrió cerca de las 10.45 de la mañana del lunes, cuando falló el gato hidráulico que sostenía el vehículo.
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El dueño del taller se presentó de inmediato en la dependencia policial más cercana y solicitó ayuda. Cuando los agentes llegaron al lugar, encontraron al trabajador Juan Eduardo A., de 46 años, tendido en el suelo y asistido por un compañero.
De acuerdo al parte policial, uno de los colegas de la víctima brindó detalles precisos del hecho: “Mientras la víctima se encontraba bajo el chasis de un camión Scania, el gato hidráulico que tenía alzado al vehículo de gran porte se zafa, produciendo la caída del elástico, es decir, los componentes de la suspensión”. Frente a la situación, los operarios utilizaron otro gato hidráulico para liberar al hombre y evitar consecuencias aún más graves.
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Minutos después, arribó al lugar una unidad del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies). Los médicos constataron que el herido presentaba un grave traumatismo cerrado de abdomen y ordenaron su traslado de urgencia al Heca, donde permanece internado en observación.
Desde el centro de salud, personal policial se comunicó con la Fiscalía de Homicidios Culposos, que derivó la investigación a la fiscal Valeria Piazza Iglesias. Por razones de jurisdicción, el hecho quedó asentado en la Comisaría 15ª.
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SOCIEDAD
Recuerdos que no se borran: cómo la fotocerámica convierte momentos únicos en piezas eternas

¿Cuántas veces intentaste conservar un objeto que te recuerde a alguien? Hoy, esa búsqueda parece tener respuesta en la fotocerámica, una técnica que vuelve posible transformar una imagen querida en una pieza pensada para habitar el hogar: logra que un recuerdo deje de ser frágil y atraviese el tiempo para volverse parte de la vida cotidiana.
Parte de algo que no es nuevo. La fotocerámica tuvo un peso fundamental hace más de 100 años, ligada mayormente a la iconografía funeraria de finales del siglo XIX y principios del XX para inmortalizar a los muertos. Basta pensar en esas imágenes que identificaban nichos o tumbas, y que, pese a la intemperie, permanecían inalterables a lo largo de las décadas.
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Hoy, un grupo de artistas está poniendo nuevamente el foco en esta actividad, alejándola de los cementerios para llevarla con creatividad al centro de la escena plástica contemporánea.
El fuego como constructor de memoria
Laura Gan nació en la localidad bonaerense de 25 de Mayo, y vive en la capital de la provincia. Es artista plástica, ceramista y docente en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a partir de haber obtenido en esa casa de estudios su título de Profesora y Licenciada en Artes Plásticas con orientación en cerámica.
Su camino en esta disciplina comenzó en 2010, cuando se incorporó a una cátedra de investigación donde Angela Tedeschi —quien había aprendido del maestro italiano Antonio Vuolo— transmitía los secretos de la técnica.
Para Laura, el flechazo fue inmediato: la fotocerámica le permitió desarrollar su tesis de graduación utilizando fotografías de la pintora mexicana Frida Kahlo.
Cuando se le pide que describa el proceso, detalla que como primer paso se eligen y editan las fotos en programas como Photoshop; después se imprimen en acetato (filmina) y luego comienza la magia artesanal.
En este punto se utilizan una emulsión fotosensible y pigmentos cerámicos que reaccionan a la luz ultravioleta (UV). La imagen se revela en un cuarto oscuro sobre un azulejo esmaltado, que posteriormente se somete a una horneada de temperatura feroz, de 1060°C, durante unas cinco horas.
Este procedimiento se diferencia radicalmente de lo que vemos en las tazas sublimadas industriales, esas que se venden con logos o ilustraciones. Mientras que en esos casos se usan prensas de calor a baja temperatura (180°C) que solo imprimen superficialmente, en la fotocerámica el o la artista revela la imagen manualmente y los pigmentos se integran al cuerpo cerámico de forma definitiva.
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El resultado es una pieza vitrificada que no se borra ni se degrada; es para toda la vida, inalterable. Pero, como dice Gan, con una particularidad. En este proceso, “la mano interrumpe el sistema”, asegurando que cada obra sea irrepetible, aunque la matriz sea la misma. Cada creador puede incorporar su propio arte.
De la pantalla al azulejo: darle cuerpo a los recuerdos
Aunque Gan es una referente ineludible —formando a alumnos en la UNLP y en su propio taller particular—, ella misma aclara que no es la única representante de esta actividad. Hay otros artistas que están explorando este lenguaje, impulsados por una democratización tecnológica que hoy permite tener hornos más accesibles y pigmentos estables.
Lo que antes era exclusivamente industrial, ahora es un territorio de investigación para artistas y emprendedores curiosos que buscan algo más que la inmediatez del píxel.
Desde una mirada psicológica, esta técnica responde a una necesidad humana profunda: materializar vínculos afectivos. Al plasmar el rostro de alguien sobre cerámica, la memoria deja de ser un mero recuerdo mental para transformarse en una presencia cotidiana que ayuda a tramitar ausencias y sostener lazos en el tiempo. Es un anclaje emocional que se integra al paisaje íntimo de nuestras casas.
En sus talleres, Laura observa cómo personas de diversos ámbitos se acercan para experimentar con sus archivos personales, desde emprendedores que buscan una salida laboral (Laura vende fotocerámicas como cuadros o revestimientos para paredes y, a modo de referencia, cuenta que una obra de 15 x 15 cm cuesta $30.000) hasta artistas que quieren dominar la técnica.
El proceso requiere paciencia: entre el cuarto oscuro, el revelado y el horneado, una sola pieza puede llevar horas de trabajo y casi un día entero de espera para que el horno se enfríe.
Hay un goce en esa temporalidad lenta, analógica, donde el error es parte del aprendizaje y no un fracaso. “Al ser una técnica de reproducción única de la imagen en la que interviene la mano humana, según qué presión se realiza sobre la emulsión cruda puede que ocurra el defecto”, explica.
En cualquier caso, la fotocerámica regala la posibilidad de observar un “presente estático”, que incluso es capaz de partir desde una foto que nunca existió en el mundo real: el disparador puede ser una imagen digital, una creación, un collage, un montaje.

Lo cierto es que en un mundo de imágenes infinitas e inestables que ya no sabemos cómo guardar, el deseo de recuperar lo tangible crece. Esta técnica permite que una foto vuelva a tener cuerpo, espesor y persistencia. Es, en definitiva, una invitación a detenerse y contemplar lo que alguna vez fue una impronta visual y que, gracias al fuego, se queda con nosotros para siempre.
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Cerrar este proceso es como abrir el horno después de 18 horas de espera: es descubrir que aquello que era etéreo cobró una fuerza indestructible. Si la memoria es una llama amenazada por el viento del olvido, la fotocerámica ayuda a conseguir que no se apague nunca, sobre la superficie eterna de un azulejo.
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Un conductor tenía tanto alcohol en sangre que superó la capacidad de medición del test utilizado

Un automovilista en Villa La Angostura superó el límite de medición del alcoholímetro durante un control vial realizado en la madrugada del domingo, lo que encendió la alarma en una localidad donde rige la Ley de Alcohol Cero al volante.
El aparato no logró registrar un valor, lo que indica una graduación de alcohol en sangre extremadamente elevada y fuera de los parámetros tolerables, según informaron las autoridades al medio local LM Neuquén.
La provincia de Neuquén mantiene una normativa que prohíbe conducir con cualquier cantidad de alcohol en sangre, estableciendo un límite de 0,0 gramos por litro. Las sanciones incluyen la retención inmediata de la licencia de conducir, la inhabilitación para manejar y multas económicas de gran cuantía. Este marco legal busca reducir los siniestros viales provocados por conductores bajo los efectos del alcohol, una problemática que se repite en la región a pesar de los controles frecuentes y las sanciones estrictas.
Durante enero, en Villa La Angostura se registraron 50 infracciones por conducir con alcohol en sangre, de acuerdo a datos oficiales. La cifra pone en evidencia una tendencia preocupante y refuerza el llamado de las autoridades a intensificar las acciones preventivas. En el mismo período, las multas aplicadas por alcoholemia positiva alcanzaron los 14,5 millones de pesos, y los operativos derivaron en el secuestro de vehículos y la suspensión de permisos de conducción.

Entre los casos recientes más destacados, se informó que un conductor arrojó más de 3 gramos de alcohol por litro de sangre, según confirmaron los agentes de control y el parte oficial. Este nivel representa un riesgo extremo de pérdida de conciencia o muerte, además de la imposibilidad absoluta de conducir en condiciones mínimas de seguridad. Las infracciones por consumo de alcohol al volante continúan registrándose semanalmente tanto en la ciudad cordillerana como en otras zonas de la provincia, en un escenario que obliga a mantener la vigilancia y el rigor en la aplicación de la ley.
Otro caso extremo en Balcarce
A fines del mes de diciembre pasado, en el marco de los controles viales desplegados por el Operativo Sol a Sol en la Provincia de Buenos Aires, personal del Ministerio de Transporte bonaerense detectó a un conductor que manejaba con altos niveles de alcohol en sangre por la ruta provincial 226, que une a la localidad de General Villegas con la ciudad de Mar del Plata. Y al realizarle el test de alcoholemia correspondiente, el alcoholímetro saturó por un resultado tan increíble como inesperado.
Según comunicaron desde la cartera que conduce Martín Marinucci, la situación fue advertida por personal de la Policía Vial del partido de General Pueyrredón. Fue a la altura del kilómetro 64,5 de la RP 226, cerca de la ciudad de Balcarce.
Allí, detectaron que el conductor de un Jeep, modelo Compas, de 38 años, realizaba maniobras imprudentes y peligrosas, poniendo en riesgo su vida y la de terceros, y solicitaron que frenara su marcha.
Fuentes del caso dijeron que al solicitarle la documentación pertinente, el personal policial notó que el conductor emanaba un fuerte olor etílico, por lo que solicitaron la presencia de personal de Ministerio de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, quienes realizaron el control correspondiente.
Al realizar el test, el dispositivo arrojó la leyenda “desbordamiento de rango”, lo que indica que el nivel de alcohol en sangre supera la capacidad máxima de medición de los equipos. En rigor, se trataba de un nivel de alcoholemia ampliamente superior al límite permitido por la Ley de Alcohol Cero, vigente en el territorio bonaerense.
Ante esta situación, se labró la infracción correspondiente, se retuvo el vehículo y se aguardó la llegada de un conductor alternativo, mientras el infractor quedó a disposición del proceso judicial.
Tras este episodio, desde el Ministerio de Transporte de PBA advirtieron que con niveles superiores a 3,00 g/l, el organismo humano sufre una grave depresión del sistema nervioso central, pérdida de reflejos y riesgo de pérdida de conocimiento, condiciones que son incompatibles con la conducción segura y responsable.
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Simular conversaciones no es suficiente: sobre mitos y los límites de la IA en la vida cotidiana

El 20 de enero de este año, el historiador Yuval Noah Harari, autor del best-seller Sapiens, impartió una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos bajo el título “An Honest Conversation on AI and Humanity” (Una conversación honesta sobre la IA y la humanidad). Allí sostuvo que la inteligencia artificial (IA) está dejando de ser una herramienta para convertirse en un agente autónomo capaz de aprender, dominar y manipular el lenguaje, reorganizar las estructuras de poder por sí mismo y reemplazar a los humanos en todos aquellos ámbitos relacionados con las palabras. Muchas de sus afirmaciones resultan infalsables, ya que no hay manera de probarlas o refutarlas. Lejos de la honestidad, la charla promovió una visión alarmista y empíricamente infundada de la IA, sobrevalorando y distorsionando sus capacidades reales.
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