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POLITICA

Alberto Fernández se aferra a la batalla contra la Corte para alinear al peronismo y tener chances electorales

Alberto Fernández y Martín Soria. Fuente: Presidencia.Los jueces de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti (Foto: Centro de Información Judicial).El presidente no desaprovecha oportunidad para confrontar con la justicia. Hoy el eje es el juicio político contra la corte. Foto: Presidencia

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A meses de las elecciones, el Gobierno enfrenta una tremenda crisis inflacionaria que deriva, entre otras cosas, en 40% de pobreza. El acumulado del IPC de 2022 fue de 94,8%, una cifra récord en tres décadas.

Es por esto que Alberto Fernández necesita copar la agenda con otros temas e identificar un enemigo unificador y todos los cañones apuntan al Poder Judicial. Ahí -además- están los jueces que investigan (y condenan) a la vicepresidenta Cristina Kirchner.

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El Presidente no desaprovecha oportunidad para confrontar con la justicia. Hoy el eje es el juicio político contra la Corte, aunque dos aspectos generan curiosidad:

  • El primero tiene que ver con los 4 magistrados acusados. Todos están relacionados con el peronismo/kirchnerismo. Uno es el exministro de Justicia de Néstor Kirchner (Rosatti), otro fue el elegido del propio Kirchner para renovar a la corte (Lorenzetti) y otro es un viejo dirigente del peronismo (Maqueda).
  • El segundo aspecto es el que revela que la idea del juicio político es puramente un hecho de construcción de un adversario y no una idea con consecuencias concretas. El gobierno sabe perfectamente que no cuenta con los números para que el juicio político contra la corte prospere. ¿Por qué lo hacen entonces? Porque necesitan confrontar con alguien que refuerce la unidad de un gobierno que atraviesa una crisis.

La Corte Suprema y la construcción de un nuevo enemigo que pueda alinear al peronismo

A fines de 2017, cuando faltaban algunos meses para que se cumpliera una década del día en que el gobierno de Cristina Kirchner anunció públicamente la famosa resolución 125 de retenciones móviles, entrevistamos en TN al entonces exjefe de Gabinete Alberto Fernández. Estábamos produciendo un documental a 10 años del inicio de uno de los conflictos políticos más intensos de la historia de la joven democracia argentina. Y claro, el testimonio de Alberto Fernández era clave.

Alberto había sido jefe de Gabinete de Néstor Kirchner durante toda su gestión para luego continuar con Cristina. Pero la 125 y la manera en que la expresidenta había encarado el conflicto contra el campo hicieron que renunciara y se alejara del Gobierno. Y de la política pública por una década.

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Alberto Fernández conocía a los Kirchner a la perfección. Y sabía cuál era su modelo de construcción política. Es más, había sido él mismo quien les había obsequiado a los Kirchner “Entorno a lo político”, libro con el cual Chantal Mouffe, filósofa y politóloga belga, había realizado una relectura moderna de la teoría política de Carl Schmitt. Schmitt fue en el aspecto teórico un eximio jurista alemán, padre de la teoría política confrontativa que plantea que las relaciones de poder se construyen a través de la lucha antagónica entre amigos y enemigos.

En la práctica, su accionar fue nefasto: integró el partido nacional socialista alemán y participó activamente en el nazismo. Mouffe releyó minuciosamente a Schmitt y reconvirtió su teoría a la práctica moderna haciéndole básicamente dos modificaciones: sustituyó el concepto de “enemigo” por el de “adversario”; y reemplazó la idea schmittiana de “eliminación física” del enemigo por la “eliminación política” del adversario a través de mecanismos institucionales.

Los jueces de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti (Foto: Centro de Información Judicial).
Los jueces de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti (Foto: Centro de Información Judicial).

Como sea, la idea de construcción política confrontativa a través de la pelea se sostiene en la teoría de la autora belga cuyo libro maestro fue el obsequio con el que Alberto Fernández quiso agasajar a los Kirchner y, al mismo tiempo, darles un mensaje.

Una década más tarde, reflexionando acerca de la 125 y el conflicto con el campo, Alberto dijo a quien suscribe: “Creo que la 125 determinó un modo de concebir la política muy nefasto. Era un modo irreflexivo, donde las decisiones políticas del gobierno se tomaban como banderas inclaudicables, y donde todo el que se oponía era un traidor”. Y agregó: “Yo creo que para el gobierno de Cristina fue un grave daño porque le quitó toda capacidad reflexiva y empezó a pintar las cosas, empezó la construcción de un relato, porque después de la 125 apareció ´678´ y todo lo que fue el relato de Cristina. Apareció un relato muy nocivo. Muy nocivo por irreflexivo. Donde si vos te oponías eras un emisario de Magnetto, de Repsol, de los peores intereses del mundo, que no sé si eran los peores. Ellos los planteaban como los peores, eh, y eso fue un gran daño para el proyecto de Cristina.”

La pregunta es si acaso Alberto no está cayendo, en su confrontación permanente con la justicia, en el mismo comportamiento de Cristina con el campo.

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En 2008, la Argentina empezaba a perder la senda del superávit fiscal que Roberto Lavagna había conseguido. El gobierno necesitaba con urgencia recaudar para que la balanza no colapse. Dos habían sido las maniobras. Primero, intervenir el INDEC y falsear las estadísticas (en enero 2007). Segundo, identificar un enemigo con quien confrontar (el campo) y buscar aumentar la recaudación.

El presidente no desaprovecha oportunidad para confrontar con la justicia. Hoy el eje es el juicio político contra la corte. Foto: Presidencia
El presidente no desaprovecha oportunidad para confrontar con la justicia. Hoy el eje es el juicio político contra la corte. Foto: Presidencia
MARIA EUGENIA CERUTTI

El libro que Cristina Kirchner le regaló a Alberto Fernández con un mensaje sobre la toma de decisiones

El 2 de abril de 2022 Alberto Fernández cumplió años. Distanciado de él hacía meses, Cristina Kirchner decidió mandarle un obsequio: Diario de una temporada en el quinto piso, libro con el cual el sociólogo Juan Carlos Torre describe su paso por el Ministerio de Economía durante la gestión de Juan Sourrouille, presidencia de Raúl Alfonsín. Torre relata cómo es el ejercicio real del poder en la Argentina, detallando cómo es la relación entre los policymakers y los llamados factores de poder (el FMI, el sindicalismo, etc.), cómo son las presiones que enfrenta un gobierno, entre otras cosas muy interesantes.

Para comprender qué mensaje quiso darle Cristina a Alberto con ese libro es preciso ir al 3 de junio de 2022, es decir, tres meses después del regalo. “Te pido que a la lapicera la uses”, le dijo ella a él, en la cara, arriba de un escenario en Tecnópolis, a la vista de todos. La “lapicera” como metáfora política hace referencia a la acción de “firmar”. Y “firmar” en la política pública es la rúbrica de una toma de decisión.

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Aquel día Cristina cargó contra el entonces ministro de Producción de la Nación y hombre de confianza del presidente, Matías Kulfas, a quien a grosso modo le cuestionaba su manera de vincularse con “los factores de poder”, puntualmente, con los empresarios.

Lo que Cristina quería es que el “albertismo” abandone su postura dialoguista y que la sustituya por la confrontación. Volvemos al libro de Mouffe y a la relectura de Schmitt. Amigos y enemigos. Y el gobierno actuó en consecuencia. Crecieron las discusiones con los empresarios, con un sector del sindicalismo, con la oposición, etcétera.

El desafío de Alberto Fernández para alinear a la tropa oficialista

El Presidente enfrenta hoy el duro desafío de tratar de no ser preso de sus palabras. Su enfrentamiento con la justicia, a la que básicamente acusa de las mismas traiciones por las que Cristina cuestionaba al campo, lo pone en un lugar que, siendo Jefe de Gabinete, jamás ocupó.

Es que Alberto Fernández es un dirigente político que siempre ha sabido cultivar buenas y sólidas relaciones con el establishment. El mismo establishment con el que hoy se ve forzado a confrontar para conservar la unidad de la alianza de gobierno. Nadie que conozca al Presidente puede decir que él se siente cómodo en ese lugar.

Una cosa es ser oposición y otra es ser Gobierno

No hay gobierno que haya zafado de esta máxima de la política. El rol de oposición exime a la dirigencia de un enorme conjunto de presiones (esas que bien describe Juan Carlos Torre en su libro) que sacan lo peor del ser humano. Presiones que llevan a confrontar con aquellos con los que había una buena relación. Presiones que hacen ver fantasmas donde no los hay. Presiones que muy pocos están preparados para resistir.

Es Sergio Massa quizás uno de los pocos casos de resistencia a esa máxima. Massa es hoy el salvoconducto dialoguista del gobierno. Massa dialoga con todos aquellos con quienes Alberto y Cristina confrontan. Y en los casos en los que no habla, al menos no pelea. Cultiva un minucioso carácter paciente que obedece, sobre todo, a la lectura que hace de su propio futuro político como eventual candidato a presidente. Sabe que si logra su objetivo, eso ocurrirá en un país sumido en una grave crisis socioeconómica que requiere de grandes acuerdos largoplacistas que exigen diálogo entre quienes piensan distinto.

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El desarrollo depende de que la Argentina logre una plataforma de políticas que trasciendan a los gobiernos de turno. Países exitosos del mundo son la prueba viva de que ese es el único sendero tendiente a fortalecer la inversión privada que -a su vez- es la única herramienta capaz de crear trabajo genuino.

El caso español es emblemático. Antes de los pactos de la Moncloa, el producto bruto de España era la mitad del argentino. Hoy es tres veces más grande. Creció durante 3 décadas a un promedio anual del 3,5%. No hubo en la Moncloa confrontación inerte contra la Corte Suprema, no hubo estigmatización de los factores de poder. Hubo, sí, consciencia de la necesidad de que el país salga de la crisis y se desarrolle. Hubo decisión política. Y se logró.

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Marta Minujín tuvo su fiesta inolvidable en el Malba después de cumplir 80 años

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El dress code de la invitación a la gala, enviada a menos de doscientas personas, imponía un riguroso negro. Escrito con letras doradas, demandaba también anteojos oscuros. Un uniforme perfecto para que la “novia”, Marta Minujín, se destacara con el exuberante vestido rosa con el que descendió hoy de un colectivo de la línea 67 en la puerta del Malba, para casarse “con la eternidad” un día después de haber cumplido 80 años. En el mismo lugar donde, hace una década, bajó de un mateo vestida de blanco para celebrar su boda con el arte.

Minujín bajó del colectivo 67 y caminó sobre una alfombra negra del brazo de un acompañante anónimo que lucía una máscara de Vincent van Gogh, una de las que ella usa en los videos que comparte en Instagram
Minujín bajó del colectivo 67 y caminó sobre una alfombra negra del brazo de un acompañante anónimo que lucía una máscara de Vincent van Gogh, una de las que ella usa en los videos que comparte en InstagramAlejandro Guyot – LA NACIÓN

Llegó del brazo de un acompañante anónimo que lucía una máscara de Vincent van Gogh, una de las que ella usa en los videos que comparte en Instagram. Con una amplia y vaporosa falda de tul, el diseño del joven santafesino Jorge Rey –regalo que Amalia Amoedo le hizo a la artista más popular de la Argentina– contrastó con la alfombra negra sobre la que caminó mientras sonaba la marcha nupcial hasta el hall del museo, cubierto por globos al tono, donde la esperaba una torta de chocolate sin velas. Se descartó la idea inicial de hacerla de caviar, así como de teñir el champagne y los bocaditos. “En 1975, cuando hice eso en el CAyC para inaugurar La academia del fracaso –recordó Minujín en diálogo con LA NACION–, Jorge Romero Brest se asustó cuando fue al baño y fue a consultar al médico”.

También bailó el vals con sus acompañantes enmascarados
También bailó el vals con sus acompañantes enmascaradosAlejandro Guyot – LA NACIÓN

También era negro el ramo de flores, regalo de Teresa Bulgheroni, que tiró más tarde a los invitados, junto con un retazo de su vestido. “Es el color de la gente del arte –agregó–. En Nueva York es cada vez más notable: todos los curadores se visten así. Yo misma, durante veinte años hasta el 2000, no usé nada que no fuera negro”.

Ahora que se inspira en sus colchones y dibujos fluorescentes para lucir versiones pop de los mamelucos que creaba su abuelo en el taller de San Cristóbal, Minujín le quita peso a la edad. “No sé por qué los 80 son tan significativos… Entrar en la octava década no es fácil pero para mí es facilísimo, ¡me siento de 25 siempre!”, cuestiona, mientras Paul McCartney demuestra una vitalidad similar a meses de haberlos cumplido y Mick Jagger se encamina a hacerlo bailando sobre los escenarios con su energía habitual.

En el hall del Malba fue recibida por amigos, curadores y artistas como una estrella de rock
En el hall del Malba fue recibida por amigos, curadores y artistas como una estrella de rockAlejandro Guyot – LA NACIÓN

Con el mismo espíritu de estrella de rock, la artista nacida en San Telmo compartió ayer en su cuenta de Instagram por su cumpleaños un reel con imágenes históricas acompañadas por la canción “(I Can’t Get No) Satisfaction”, de The Rolling Stones, y hoy optó por danzar un tango creado en 1983.

Ese año retornaba la democracia en la Argentina, y ella también participará del festejo del aniversario: el 25 de mayo inaugurará cerca del Centro Cultural Kirchner un Partenón de libros prohibidos idéntico al que construyó en 1983 sobre la Avenida 9 de Julio, en el que se inspiró para la recreación presentada con títulos censurados en distintos países en la Documenta de Kassel en 2017. “Eso es lo que más me gusta hacer”, confesó a LA NACION.

La artista bailó también con Jorge Rey, creador del vestido que le regaló Amalia Amoedo
La artista bailó también con Jorge Rey, creador del vestido que le regaló Amalia AmoedoAlejandro Guyot – LA NACIÓN

A comienzos de marzo, el registro de su obra Simultaneidad en simultaneidad será incluido en la muestra Señales: cómo el video transformó el mundo, en el MoMA. Luego seguirán dos grandes muestras individuales en la Pinacoteca de San Pablo y en el Museo Judío de Nueva York, y el año próximo La Menesunda se exhibirá en Dinamarca, Bélgica y Gran Bretaña.

Pese a que ya están en marcha hace meses los preparativos que implica esa intensa luna de miel, Minujín no muestra signos de cansancio. Girando al ritmo de un vals inició esta “celebración con participación” de amigos y artistas como “Yuyo” Noé y Guillermo Kuitca. “La primera retrospectiva la hice en este museo. No hay nada que hablar; esto es vivir el arte”, exclamó.

También se bailó al ritmo de la música de David Bowie y de Queen
También se bailó al ritmo de la música de David Bowie y de Queen Alejandro Guyot – LA NACIÓN

Entre los presentes hubo representantes del Malba y otros museos, como Mariana Marchesi, del Bellas Artes, y Teresa Riccardi, del Sívori, además de artistas, curadores y galeristas, que fueron invitados a participar en el festejo por jóvenes enmascarados o con sus caras pintadas.

Con máscaras de animales, de pelotas de fútbol o de la estatua de la Libertad, hacían preguntas como “¿Dónde estoy?” o “¿Me dice la hora exacta?” y los invitaban a girar sobre sí mismos y a gritar “Tiempo, tiempo, tiempo”. Otra consigna fue: “Levante los brazos y diga: uno más uno es dos, sesenta veces”.

Minujín con su hijo Facundo y Marc Stanley, embajador de los Estados Unidos
Minujín con su hijo Facundo y Marc Stanley, embajador de los Estados UnidosAlejandro Guyot – LA NACIÓN

También estuvieron presentes en el festejo Marc Stanley, embajador de los Estados Unidos, y Ulrich Sante, embajador de Alemania; Jorge Telerman, director general y artístico del Teatro Colón; y Valeria González, secretaria de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación.

Los rostros de algunos de los que integraban el equipo de Minujín parecían deformados al estilo cubista, en homenaje a Pablo Picasso, como cuando ella realizó hace medio siglo la “ópera-happening” Kidnappening en el MoMA meses después de la muerte del maestro malagueño.

Con Teresa Bulgheroni, presidenta de la Fundación Malba, quien le regaló el ramo de flores
Con Teresa Bulgheroni, presidenta de la Fundación Malba, quien le regaló el ramo de floresAlejandro Guyot – LA NACIÓN

Nadie fue secuestrado en el Malba, como ocurrió entonces con quince de los presentes. Pero sí se presionó a los invitados para que dejaran el hall, después de que extrajeran de la torta una decena de dijes con forma del Partenón. Las puertas se cerraron tras ellos al llegar a la explanada, desde donde vieron cómo Minujín se disponía a tomar el colectivo. “El modelo del tiempo es la eternidad”, gritaban sus acompañantes.

Faltaba todavía, sin embargo, el bonus track. Minutos más tarde la artista reingresó por una puerta trasera del museo, para mantener un breve diálogo con periodistas en el auditorio. “Después de los 90 no quiero vivir más, quiero desaparecer. Porque se te va cayendo todo, no solo la cara -confesó-. La eternidad es invisible, es intangible, es como la estela de un cometa. Entrás en un mundo etéreo, como en un arcoíris”.

El momento de tirar el ramo
El momento de tirar el ramoAlejandro Guyot – LA NACIÓN
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