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POLITICA

Es argentino, encontró agua en el desierto de la Patagonia y hoy vende vinos desde US$100

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Se considera a la rabdomancia o radiestesia una pseudociencia, pero esto no le impidió al viticultor Felipe Menéndez emplear esta antiquísima técnica para hallar un río subterráneo en el desierto de la Patagonia.

Con la pericia del baqueano Facundo Catriel, con una horqueta de sauce y contra el pronóstico de los expertos, marcó cuatro lugares en plena estepa donde, según el magnetismo captado por la ramita vibrante, corría agua subterránea.

Cuenta el viticultor que cuando hicieron el primero de los pozos y escucharon el ruido de las piedras confundiéndose con el sonido de una correntada, no lo podían creer. El agua brotaba con fuerza. Había un manantial bajo la tierra.

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Para darse una idea del terreno en el que hallaron agua: imagínese un western de Clint Eastwood, pero en el extremo sur del mapa.

Sitúese en 1878 y figúrese a Estanislao Zeballos y a su tropa de a caballo, recolectando datos para la ocupación al sur del Río Negro, más allá de la frontera con el indio, entre yuyos medicinales y fieras salvajes.

En este escenario se sitúa la bodega Ribera del Cuarzo, en un pedazo de tierra que si bien fue “conquistada” hace más de 140 años, continúa siendo un desierto o, para ser más precisos, un pedazo de estepa patagónica septentrional.

Todo el sistema productivo (la finca, la bodega, la casa) está emplazado al pie de una barda -las bardas son como si fueran acantilados o barrancos enormes pero, al pie de los mismos, en lugar de mar solo existe la aridez de un lecho que se ha secado hace miles de años-.

Para darse una idea del entorno: imagínese un western de Clint Eastwood, pero en el extremo sur del mapa

El descubrimiento del manantial le permitió a Menéndez multiplicar por cuatro los viñedos; pasaron de cinco a 27 hectáreas plantadas: de 25.000 vides a 130.000 (esto dicho en términos aproximados, si se consideran unas 5000 plantas de vid por hectárea) principalmente de la cepa malbec, pero también de merlot, pinot noir y petit verdot.

El hallazgo les permitió además expandir el negocio y comprar, en 2021, otras 360 hectáreas contiguas a la finca en un terruño caracterizado por sus cielos azules, su intensa radiación solar y sus suelos minerales abundantes en calcio y cuarzo que le aportan suculencia y frescura a sus vinos.

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“Cuando le dije que venga a hacer el pozo, el pocero se negó, decía que me iba a estafar, que ahí no podía haber agua, que ya la habían buscado en la zona varias veces y nada, pero lo convencimos”, cuenta Menéndez a LA NACION.

Un sector de la nueva plantación visto desde la altura de una barda o barranco patagónico

“Esos pozos producen hoy cerca de 200.000 litros de agua por hora”, agrega y explica que el descubrimiento del río subterráneo también les permitió dar un nuevo paso hacia un modelo de producción menos costoso y más sustentable, donde el molino de viento también sea un protagonista.

Pero la historia de esta finca empieza mucho antes, digamos, con el sueño loco de una condesa italiana famosa por hacer grandes vinos en la Toscana.

La condesa Noemí Marone Cinzano aterriza en la Patagonia

Cuenta la leyenda que Noemí Marone Cinzano puso un pie en la Patagonia en 2001, un poco porque quería hacer vinos australes, potentes, con mucho sol, y otro poco por amor.

Perteneciente a una tradicional familia italiana ligada a las bebidas con alcohol, y muy reconocida por la elaboración del vino “supertoscano” de Montalcino (bodega Argiano), la condesa había vivido su juventud en Brasil y no le faltaba experiencia ni bravura para emprender en el fin del mundo.

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La condesa Noemí Marone Cinzano

La mitologia afirma que la condesa sobrevoló el Valle Azul en helicóptero junto al enólogo danés Hans Vinding-Diers y, como si fuera una Diosa del Olimpo, señaló desde el cielo un lugar árido de toda aridez, más allá del valle que circunda el río, donde comienza la estepa patagónica.

Un páramo inhóspito, lleno de arbustos con espinas y alimañas al acecho, desolador y encantador al mismo tiempo, perfecto para asentar su nuevo proyecto y satisfacer su extravagante antojo.

Los estudios del suelo les dieron la razón. La tierra era perfecta para la viña, pero había un detalle: el agua corría a tres kilómetros de la zona por uno de los canales que se desprende del Río Negro, parte del sistema ideado por el ingeniero hidráulico Cesare Cipolletti a principios del siglo XX.

“Como buena romana, Cinzano construyó un acueducto con una serie de bombas para que el agua recorriera esos tres kilómetros y subiera la pendiente de 50 metros de altura que había entre el canal y el viñedo de cinco hectáreas que plantaron al pie de la barda”, detalla Menéndez.

Las cinco primeras hectáreas plantadas desde 2001 en Valle Azul por la condesa Cinzano

Como lo hizo el magnate suizo Donald Hess con sus viñedos de la bodega Colomé (Valles Calchaquíes, Salta), casi simultáneamente Cinzano y Vinding-Diers encararon su proyecto biológico dinámico caracterizado por la observación de los ciclos de la naturaleza y el respeto por el entorno nativo.

Compraron un viejo viñedo en Mainqué, a unos cincuenta kilómetros del valle Azul, y fundaron la bodega Noemía. A la par, construyeron una casa en Ribera del Cuarzo, donde edificaron una pequeña bodega para vinificar el fruto de las primeras cinco hectáreas de viñas plantadas.

Pero el tiempo, que todo lo erosiona, hizo que la condesa buscara nuevos rumbos en otras latitudes, y aquí es cuando entra en escena Menéndez, quien desde muy joven trabajó en la bodega Catena Zapata. En 2008 probó el vino elaborado por Cinzano y Vinding-Diers y quedó encandilado por su potente frescura y jugosidad.

Él convenció a Nicolás Catena para que lo apoyara en este proyecto personal y en este sitio tan particular; y, desde 2016, tras un acuerdo con la condesa, Felipe tomó el control de la bodega y la rebautizó Ribera del Cuarzo “por el contenido mineral de sus bardas”.

Cuando, junto con el enólogo Ernesto Nesti Bajda, probaron la primera cosecha del 2018, se les voló la cabeza. Tenían en la copa un vino superior que hoy se vende en todo el mundo desde los US$100 por botella.

Atardecer en Valle Azul, Río Negro

El proyecto biológico dinámico, otra pseudociencia que brinda buenos frutos

Como a la rabdomancia, a la agricultura biológica dinámica tampoco se la considera una ciencia, pero esta manera de concebir al mundo es la que eligió Menéndez para cuidar sus uvas, y reproducirlas, obteniendo vinos de otro nivel.

Como publicó LA NACIÓN, en Argentina el vino biodinámico parece no tener techo. En la última década la superficie de viñedos certificados como biodinámicos creció de 233 hectáreas a 522. Parece nada frente a las cerca de 200.000 hectáreas de viña plantadas en el país, y justamente esto es lo que hace al proyecto biodinámico aún más particular.

Racimos del viñedo Araucana de la bodega Ribera del Cuarzo, producto de la agricultura biodinámica

Si bien algunos la definen como una moda emanada de los esnobistas seguidores de Rudolf Steiner y la pedagogía antroposófica Waldorf, la verdad es que este modo de entender a la naturaleza es el resultado del conocimiento campesino acumulado durante por lo menos 10.000 años, cuando la humanidad comenzó a domesticar los cultivos.

Caracterizada por la preparación de abonos orgánicos, la eliminación de plagas por medios naturales, sin usar fertilizantes ni pesticidas industriales, la agricultura biodinámica se rige por los ciclos del sol y la luna, por la asociación de cultivos y la interacción con otros animales, entendiendo al entorno productivo como un todo viviente.

La agricultura biodinámica se rige por los ciclos del sol y la luna FOTO: una noche en Valle Azul, Río Negro, Patagonia Argentina

Ribera del Cuarzo produce 180.000 botellas al año y exporta a 12 países entre los que figuran Estados Unidos, Brasil, España, Francia y China, pero el viticultor sostiene que no pretenden crecer mucho más de lo que lo han hecho hasta ahora como bodega.

Dice que quiere concentrarse en el terruño, haciendo que la intervención en el campo sea mínima; en este sentido, cuenta que “por cada hectárea que plantamos, dejamos tres de monte nativo sin intervenir”.

“Eso nos permite reducir el impacto que tiene nuestro cultivo, y además de generar una asociación entre los microorganismos nativos y las vides, protegemos las viñas de los animales silvestres”.

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El caballo criollo, protagonista de estas latitudes desde hace siglos, también tiene su lugar en Ribera del Cuarzo; agricultores y peones lo emplean para hacer los quehaceres de la finca.

Al zorrito, al puma, al chancho salvaje y a los demás animales silvestres, más que combatirlos, se los respeta al punto de la veneración.

El caballo criollo, protagonista de la estepa patagónica, también tiene su lugar en la finca

“Seguimos estudiando el suelo, queremos conocer bien a las levaduras nativas y saber cuál es el mecanismo por el cual el mineral del cuarzo incide en nuestros vinos”, cuenta Menéndez.

Y destaca que van por la instalación de molinos de viento para bombear el agua, como los del campo bonaerense, pero en Patagonia, para hacer aún más sustentable el proyecto.

Felipe Menéndez: “Por cada hectárea plantada, dejamos tres de monte nativo”

El respeto por el monte, por su flora y fauna nativa, y por el camino biodinámico, cree el viticultor, podrá ser considerado una pseudociencia, como la radiestesia, pero este enfoque no se negocia.

Y concluye: “Trabajamos en un círculo virtuoso de respeto por la naturaleza y la recompensa son vinos que nunca dejan de sorprendernos”.

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Así vivieron los famosos la final de la Copa América en el Hard Rock Stadium

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En el marco de la final de la Copa América entre la Argentina y Colombia, varias celebridades decidieron viajar a los Estados Unidos para observar el encuentro en el Hard Rock Stadium de Miami.

Quien más presencia tiene en las redes sociales y mostró varios detalles de cómo viven los estadounidenses la celebración de este certamen fue Marley. Es que el presentador televisivo tiene su propio programa en Telefe -en esta ocasión en compañía de Victoria Xipolitakis- y, además, en su Instagram, muestra algunas perlitas de lo que son sus días por esas latitudes.

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Mediante sus stories, el reconocido conductor se grabó adentro de la cancha y al enfocar las cámaras captó a Soledad Pastorutti, quien fue invitada por la organización del torneo para conocer el estadio y estar cerca de los fanáticos de ambas parcialidades.

A su vez, Marcelo Tinelli también adquirió una localidad VIP para observar el encuentro, aunque lejos de mostrar su felicidad, decidió expresarse brevemente sobre lo que sucedió en las afueras del estadio.

Marcelo Tinelli contó cómo fueron los incidentes en la final de la Copa América

No saben lo que fue la entrada, un plomazo. Hubo mucho lío para entrar a la cancha”, expresó el oriundo de Bolivar acerca de los incidentes que vincularon a la parcialidad colombiana y que decantó en el retraso del inicio del encuentro.

Nicolás Occhiato y Diego Leuco también dieron el presente y posaron para la cámara junto a Abel Pintos, el cantante argentino que cantó el himno nacional al inicio del partido.

Por último, Carolina “Pampita” Ardohain no se quiso perder la ocasión para viajar a los Estados Unidos y al ingresar al estadio se sacó varias fotos con la camiseta titular de la selección argentina. Como parte de su visita, la modelo invitó al reconocido cantante Marc Anthony, quien posó en varias postales de la publicación junto a su mujer, Nadia Ferreira.

Pampita asistió a la final de la Copa América junto a Marc Anthony

Del lado de Colombia, varios artistas fueron captados por las cámaras y desde sus redes sociales alentaron al país cafetero que enfrentará esta noche a la Argentina.

Quien grabó un video desde adentro de la cancha con la camiseta de su selección fue el cantante Sebastián Yatra, donde auguró un triunfo para su país natal. También, el cantante Maluma, junto a varios de sus amigos, mostró todo su fanatismo al gritar en favor del equipo dirigido por Néstor Lorenzo, quien buscará hacer historia al vencer al campeón del mundo.

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