POLITICA
Murió el papa Francisco, líder espiritual y político del siglo XXI

El papa Francisco murió este lunes a los 88 años, según confirmó el Vaticano en un comunicado difundido a través de su canal oficial en Telegram. El deceso se produjo apenas un día después de que el pontífice hiciera una aparición pública desde el balcón de la basílica de San Pedro, durante la celebración de Pascua, en lo que se convirtió en su último mensaje al mundo.
“Queridísimos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar la muerte de nuestro Santo Padre Francisco”, declaró el cardenal Kevin Farrell, quien leyó el comunicado oficial del Vaticano. “Esta mañana, a las 7:35 (05:35 GMT), el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de Su Iglesia”.
El papa había salido recientemente de una prolongada hospitalización tras padecer una neumonía grave que lo mantuvo ingresado durante 38 días, hasta su alta médica el pasado 23 de marzo. Según fuentes vaticanas, había estado en estado delicado y había enfrentado dos episodios críticos de salud durante el año.
A pesar de su convalecencia, el domingo participó brevemente en la misa de Pascua y dirigió la tradicional bendición “Urbi et Orbi” desde el balcón de la basílica, donde deseó a los fieles un “feliz domingo de Pascua” y llamó a la “libertad de pensamiento y a la tolerancia” en su mensaje al mundo.
Miles de personas se habían congregado en la plaza de San Pedro para verlo, luego de semanas de incertidumbre sobre su estado de salud. Su aparición generó una ovación entre los asistentes y fue interpretada como un gesto de fortaleza espiritual, pese a las visibles secuelas de su enfermedad.
Jorge Bergoglio pasará a la historia como el más relevante de nuestros compatriotas en la geopolítica mundial. Como un ingeniero espiritual, político y cultural del siglo XXI.
Transcurrido el duelo, los argentinos podremos reflexionar acerca de cómo vivimos los acontecimientos de estos 12 años de un pontificado innovador.
Argentina le ha dado un Papa al mundo. Es un acontecimiento que el devenir del tiempo no hará más que agigantar.
La dirigencia, de todo el arco político y de todos los ámbitos, deberá hacer un ejercicio de introspección para dimensionar si honró este acontecimiento que también hará entrar a la Argentina en la Historia. Queda su legado, que debería inspirar el sentido y la orientación de nuestras acciones futuras.
EL PAPA QUE NADIE ESPERABA
Aunque esa noche del 13 de marzo de 2013 el mundo asistió asombrado al anuncio de que el nuevo Papa venía de los confines de la tierra, una lectura retroactiva permite detectar algunos mojones en el camino, preparación o signos premonitorios de una trayectoria sin igual.
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires, el 17 de diciembre de 1936, en el seno de una familia de inmigrantes piamonteses. Mayor de cinco hermanos, su padre era ferroviario, su madre, ama de casa.
Rosa, la abuela del futuro Papa, fue clave en su vocación. Por eso Bergoglio siempre subrayó el rol fundamental de los abuelos en la transmisión de la fe.
Ingresó al seminario de la Compañía de Jesús a los 21 años y fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, doce años después. En junio de 1973, fue nombrado provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina, cargo que ejerció durante seis años. De 1980 a 1986, presidió el Colegio Máximo de San Miguel, un centro universitario jesuita.

Es inevitable que una personalidad excepcional choque en un momento u otro de su vida con la incomprensión de sus contemporáneos, y Bergoglio no fue excepción. En 1991 fue enviado a Córdoba, como confesor en la residencia de la Compañía de Jesús, un cargo que no estaba a la altura de su talento y experiencia. Una “penitencia” quizás motivada por las pujas internas de su orden. Una suerte de exilio interior.
De aquella primera travesía del desierto, lo rescató el entonces Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Quarracino que, cuando lo conoció, comprendió que había detectado un talento. Austen Ivereigh, biógrafo de Bergoglio, contó que Quarracino pronunció entonces una frase premonitoria: “La Iglesia argentina espera grandes cosas del padre Bergoglio”.
Así fue como, a comienzos de 1992, el futuro Papa salió de la órbita de la Compañía de Jesús, fue ordenado Obispo por Juan Pablo II, y nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires. En la práctica, mano derecha del arzobispo Quarracino a quien sucedería en el cargo luego de su fallecimiento, el 28 de febrero de 1998.

No sería la última vez que algún superior, detectando su talento, lo promovía y lo colocaba en un lugar expectante para futuros cargos. La segunda vez, lo haría el mismísimo Ratzinger, como se verá.
En el momento de su designación como obispo, Bergoglio, entonces de 55 años, era un desconocido para la mayoría de los argentinos e incluso un outsider en la institución. La suya no había sido la típica carrera eclesial.
En la arquidiócesis de Buenos Aires, dejó su marca en la organización de la Pastoral Villera, en la permanente atención a los más olvidados y en sus homilías, verdaderas piezas teológicas, que ya son parte de su legado.

Bergoglio se hizo notar por sus colegas del mundo entero en dos ocasiones gracias a su capacidad de trabajo, su aptitud para el diálogo, su poder de síntesis, su buena pluma y sus ideas sobre lo que debía ser la renovación de la Iglesia.
La primera vez fue cuando, unos meses después de haber sido creado cardenal por Juan Pablo II en febrero de 2001, es designado expositor del sínodo de los obispos, en reemplazo del arzobispo de Nueva York, cardenal Edward Egan, cuando éste tuvo que regresar de urgencia a su país por los atentados del 11/9.
La segunda vez fue en 2007, en Aparecida, Brasil, donde fue encargado de la redacción del documento final -lo que luego llamaría el programa o mandato de su pontificado- en la Va Conferencia de Obispos Latinoamericanos, a la que asistió el papa Benedicto XVI.
Nadie es profeta en su tierra, dijo Jesús cuando al predicar en Nazaret le dieron la espalda, y Jorge Bergoglio no fue la excepción. Recordemos la frialdad apenas disimulada del primer mensaje de felicitación de la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner que al saludar la elección del nuevo Papa lo llamó “latinomaericano” y no pudo decir “argentino”.
Durante la crisis política, social y económica que sacudió Argentina en 2001, la Iglesia Católica, con Jorge Bergoglio a la cabeza, actuó como mediadora, cuando se creó la Mesa del Diálogo Argentino, de cuyos encuentros participaron dirigentes políticos, sindicales, empresariales y de organizaciones de la sociedad civil.

Esto no impidió que la Iglesia en general y Jorge Bergoglio en particular se convirtiesen en blanco de la animosidad de Néstor Kirchner y luego de su esposa y sucesora, Cristina Fernández, celosos de todo poder que pudiera hacerles sombra e intolerantes a la más mínima crítica, y sobre todo proclives a contentar a un progresismo agnóstico que pronto se convirtió en uno de sus principales soportes electorales.
El gobierno se sentía permanentemente aludido por las críticas del Cardenal al “exhibicionismo y los anuncios estridentes de los líderes políticos”, o al “escandaloso aumento de la pobreza” o su “bienaventurados los que se oponen al odio y a la confrontación permanente…”
Bergoglio también tenía adversarios internos que, cuando cumplió los 75 años y presentó su renuncia al Benedicto XVI, intentaron que ésta le fuese aceptada de inmediato. Ignoraban que Benedicto XVI ya conocía bien al Cardenal primado de la Argentina y lo valoraba.
En 2005, cuando murió Juan Pablo II, los detractores de Bergoglio y de la Iglesia Católica reflotaron un viejo infundio en su contra por una supuesta complicidad con la dictadura. Y en el paroxismo de los ataques en su contra, el Cardenal fue indagado por la justicia -su interrogatorio fue conducido por Luis Zamora y Myriam Bregman– por la desaparición de dos sacerdotes de la Compañía de Jesús en mayo de 1976.
En el colmo del cinismo, ex integrantes de organizaciones armadas, que tuvieron como política dejar a sus militantes a la intemperie frente al aparato represivo, acusaron de haberlos desprotegido a quien en realidad les salvó la vida.
El entonces futuro Papa no compartía la opción por la lucha armada que tentó incluso a algunos sacerdotes en los años 60 y 70 y eso resultó imperdonable para quienes habían optado por la violencia. Tampoco adscribió a la corriente de la Teología de la Liberación.
No obstante, en marzo de 2014, hizo una reflexión con cierto tono autocrítico: “Nosotros en América Latina hemos tenido experiencia de un manejo no del todo equilibrado de la utopía, y que en algunos lugares, no en todos, en algún momento nos desbordó, y al menos el caso de Argentina, podemos decir ¡cuántos muchachos de la Acción Católica, por una mala educación de la utopía terminaron en la guerrilla de los años 70!”
Años más tarde, varios autores hicieron justicia con el rol desempeñado por Bergoglio en esos años y la ayuda que brindó a muchos frente a la represión ilegal.
En 2010, el gobierno envió al Congreso el proyecto de legalización del matrimonio homosexual, al que Bergoglio obviamente se opuso.
El 12 de febrero de 2013, al día siguiente de conocerse la renuncia de Benedicto XVI, un referente del lobby LGBT en la Argentina se jactó de haber enterrado la candidatura de Jorge Bergoglio al papado el día que se casó… Es no entender cómo funciona esa institución doblemente milenaria, acostumbrada a ser víctima de operaciones de desprestigio y a discernir la verdad.
Pero es cierto que en aquel comienzo del año 2013, nadie veía papable a Jorge Bergoglio. Él mismo había reservado una habitación en el hogar de los jesuitas para su retiro. Aunque también pudo tratarse de una manera hábil de hacer que sus enemigos bajaran la guardia.
El 25 de Mayo de 2012, tampoco Mauricio Macri, entonces jefe de Gobierno de la Ciudad, asistió al que sería el último Te Deum de Bergoglio antes de su entronización en la Santa Sede, signo del aislamiento en el cual se encontraba el Cardenal, algo que no parecía desalentarlo. En aquella homilía, volvió a fustigar “el relativismo que, con la excusa del respeto a las diferencias, homogeneiza la transgresión y la demagogia; permite todo con tal de no asumir las contrariedades que trae el coraje de sostener los valores y los principios”.
En vísperas del cónclave, el nombre de Jorge Bergoglio no circula casi en los mentideros político-religiosos, con la sola excepción del corresponsal de la CNN, José Levy, que lo nombra en los instantes previos al anuncio. Un detalle pudo quizás advertir a los observadores: la última actividad oficial de Benedicto XVI había sido recibir en audiencia privada al arzobispo de Buenos Aires, recién llegado al Vaticano para participar del conclave.
La elección de Bergoglio fue una sorpresa universal. Para la elite argentina que le había dado la espalda. Pero también para el resto del mundo. Por primera vez un Papa venía de las periferias. Con Juan Pablo II se había quebrado la norma de los pontífices italianos. Pero el Cardenal argentino fue el primer Papa no europeo y el primer jesuita.

Cristina Kirchner -y casi toda la elite local- se benefició de la indulgencia de Bergoglio y fue recibida de inmediato por éste, que se cuidó de toda tentación revanchista. Una lección de magnanimidad que los políticos argentinos se resisten a aprender.
Como todo acontecimiento que irrumpe en el devenir humano incidiendo en el curso de la historia, la elección del argentino Jorge Mario Bergoglio como Papa llevó a indagar en su pasado y a buscar los signos anticipatorios de algo que para muchos resultaba inexplicable.
La atención se centró en Aparecida, cuyo documento final llevaba la impronta del nuevo pontífice, y su aspiración a una Iglesia “en salida”, capaz de alcanzar con su mensaje y servicio a todas las periferias humanas, geográficas y existenciales. Allí se gestó el pontificado de Bergoglio -como posibilidad- y su programa; allí anidó en la mente de muchos cardenales, y quizás en la del propio Joseph Ratzinger, la idea de un papa latinoamericano.
Por lo tanto, su elección probablemente no fue tan sorpresiva en lo interno, en la cúpula de una institución acostumbrada a trabajar en la discreción y a largo plazo, y a renovarse en la continuidad.
El impacto del pontificado de Bergoglio no puede medirse cabalmente aún, porque lo que ha ido sembrando modificará el futuro. Así como su papado fue anhelado por muchos y preparado por ciertos acontecimientos, así también Francisco trabajó en estos años con miras al porvenir y el resultado de sus esfuerzos podrá empezar a ser medido cuando se conozca el nombre del nuevo Obispo de Roma.

El Colegio cardenalicio ha sido renovado con miras a una más amplia representación de la iglesia universal. A día de hoy, está formado por 252 cardenales: 138 son electores (pueden votar hasta los 80 años). Este cuerpo se ha universalizado: hay 94 países representados. La inmensa mayoría de los cardenales electores, un 80 por ciento, han sido nombrados por Francisco.
El continente donde más crece el catolicismo es el Asia, donde esa religión no es mayoritaria pero sí mucho más dinámica. Todo eso estuvo presente en los planes del Papa, en los cambios que ha impulsado y los viajes que ha realizado.
PASTOR, JEFE DE ESTADO Y LIDER MUNDIAL
Por la peculiar naturaleza de la Santa Sede, el Papa no es sólo cabeza de la Iglesia Católica, referente principal de la religión que ha moldeado la cultura occidental, sino también jefe de un Estado que ha sido un actor protagónico en la historia y sigue desempeñando un rol trascendental en la escena mundial.
Todo lo que dice y hace el Papa impacta desde esa doble faceta, pastoral y política, que configura un liderazgo reconocido más allá de los límites de su feligresía.
Cada Papa encarna la aspiración de la Iglesia en una etapa dada y a la vez deja su impronta personal en el gobierno de la Santa Sede y en la escena internacional.

Jorge Bergoglio, el pontífice que nadie esperaba, cautivó rápidamente a un mundo que hasta entonces ignoraba todo sobre él. Lo hizo con una sucesión de gestos impactantes y con un estilo de comunicación nuevo: un mensaje profundo expresado en lenguaje sencillo y directo. Sus homilías diarias, las audiencias generales de los miércoles en una plaza de San Pedro colmada, una liturgia despojada y un pastor que se dejaba abordar por la gente generaron una sensación de constante cercanía. La distancia de cualquier punto del mundo a Roma quedó salvada por una comunicación diaria en un lenguaje familiar que creaba intimidad y convertía al Vaticano en una capilla universal.
El mundo entero asistía a la llegada de un Papa que venía a renovar la Iglesia y a devolverle protagonismo en la escena internacional.
Cada gesto contenía un mensaje político. La humildad con la cual se presentó al mundo, como obispo de Roma, era un consejo que más de un político haría bien en escuchar: “No hay que creérsela”. Somos todos instrumentos de algo superior, que nos excede, y cuyos designios no siempre podemos comprender cabalmente, parecía decir.
La austeridad fue un programa. Eligió vivir “normalmente”, en una residencia donde alternó con obispos, personal vaticano y visitantes en tránsito. Aunque no lo explicitara, ese fue también el mejor mecanismo para eludir un eventual cerco del aparato de la Curia vaticana.
De Lampedusa en 2013 al corazón del África en uno de sus últimos viajes pastorales en enero de 2023, el mundo pudo ver a Francisco hablar en nombre de los refugiados, de los expulsados de sus países por crisis y guerras originadas en decisiones tomadas en las mesas chicas del poder mundial, de los desocupados despojados de la dignidad que da el trabajo, en vigilias de paz, fundido en abrazos interreligiosos, interpelando al G20, al Parlamento europeo o a la ONU, oficiando la misa más multitudinaria de la historia -en Filipinas ante millones de fieles- o tendiendo puentes, como entre Cuba y los Estados Unidos, o a través del mensaje a China, en busca de un acercamiento espiritual y cultural.

Yendo hacia las periferias, en el discurso y en la acción, en sus primeros años de pontificado, Bergoglio ocupó el centro geopolítico. A pocos meses de iniciado su papado, el diario Le Monde lo describía como un “verdadero animal político” que se está “imponiendo en la escena mediática mundial”.
Para el filósofo francés Edgar Morin, el papa llamaba a un cambio civilizatorio, a modificar todo aquello que lleva a la exclusión y al “descarte” de personas. Francisco, dijo, representa lo más elevado como conciencia de nuestro común destino humano.
El estilo cálido y sencillo estaba al servicio de la transmisión de verdades sólidas y de la reafirmación de nociones que muchos desearían ver relativizadas.
La intensa actividad desplegada en tantas direcciones a la que se consagró desde el primer día descansaba sobre su convicción de que “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”.
EL MENSAJE PASTORAL
Ciertos gestos iniciales del Papa, de apertura, llevaron a algunos a esperar, como ironizó Luke Coppen, editor del semanario británico Catholic Herald, “que el Papa dejase de ser católico”.
Lo que Francisco criticó fue a “una Iglesia obsesionada sólo con el aborto y el matrimonio gay”. Apuntó contra la reducción del mensaje a ciertos aspectos de la moral: “No se le presta atención al anuncio del Evangelio y se pasa a la catequesis, preferentemente al área moral -dijo-. Y dentro de la moral se prefiere hablar de la moral sexual. Que si esto se puede, que si aquello no se puede, que si se es culpable”.

El Papa quiso dar vuelta esa lógica para poner en primer plano los pecados del espíritu: el egoísmo, la codicia, la indiferencia ante el dolor ajeno; señalar a “los mercaderes del templo”, los que no entienden que la riqueza “es un bien sólo si ayuda a otros”. “Dios no se cansa de perdonar”, repetía, pero también aclaraba: “ojo, que Pedro era pecador, no corrupto: ¡pecadores sí, corruptos no!”
En 2010, el todavía cardenal Bergoglio decía: “La opción básica de la iglesia en la actualidad no es disminuir o quitar prescripciones o hacer más fácil esto o lo otro, sino salir a la calle a buscar a la gente, conocer a las personas por su nombre. Salir a anunciar el Evangelio”.
Algunos confundieron esta actitud con una suerte de secularización, pero el Papa, a dos meses de haber asumido, pidió a los cristianos no tener vergüenza de vivir con “el escándalo de la Cruz”. Jesús no escandalizó por sus obras, sus palabras o sus milagros, sino porque afirmó ser Hijo de Dios. “Esto es lo que no se tolera, el demonio no lo tolera”, agregó. “Cuántas veces escuchamos: ‘Sean un poco más normales, no sean tan rígidos, sean razonables’. ‘¡No nos vengan con que Dios se hizo hombre!’ Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: ‘¡Qué bien la Iglesia, qué buena tarea social hace!’ Pero si decimos que hacemos esto porque estas personas son la carne de Dios, viene el escándalo”.
La Iglesia no es una ONG, sostenía, desarmando los intentos de asimilar su mensaje a posiciones laicas, despojándolo de la radicalidad del mensaje evangélico. “Cada vez que Francisco muestra su lealtad a la enseñanza católica, denunciando el aborto, por ejemplo, hacen oídos sordos”, se quejaba Coppen. Y pronosticaba que “en algún momento los fans del nuevo papa” se iban a dar cuenta de que él no bendeciría la ordenación de mujeres o el casamiento gay, “y entonces se pondrán en su contra”.

De hecho, a lo largo de estos años, hubo selectividad en la amplificación que se daba a sus declaraciones. Si el Papa decía que abortar es como contratar un sicario para matar, oídos sordos. Lo mismo pasó con sus condenas a la ideología de género: “Es de las colonizaciones ideológicas más peligrosas, porque anula las diferencias”, dijo el 10 de marzo de 2023 a La Nación. En la misma entrevista se explayó: “Hay gente un poco ingenua que cree que es el camino del progreso y no distingue lo que es respeto a la diversidad sexual o a diversas opciones sexuales de lo que es ya una antropología del género, que es peligrosísima porque anula las diferencias, y eso anula la humanidad, lo rico de la humanidad, tanto de tipo personal, como cultural y social, las diferencias y las tensiones entre las diferencias”.
Muchos fingen no escuchar esto. En ciertos casos, las propias autoridades eclesiásticas de los países no se hacen eco del mensaje para amplificarlo y, sobre todo, para aplicarlo a su misión.
Pero también abundaron los dirigentes argentinos que no dudaron en robarle tiempo para una audiencia y una foto, sin hacer luego de la defensa de la vida su principal bandera. “Soy católico, pero…”, fue la patética excusa más escuchada, en boca de los mismos que luego le pedían que viniera al país.
REFORMAS
Con el peso de las críticas a la institución cayendo sobre las espaldas de su antecesor -lo que engrandece el gesto casi sacrificial de Joseph Ratzinger, que con su renuncia se llevó esa cruz al hombro- y utilizando el explosivo prestigio que ganó rápidamente en los primeros meses de su papado, Bergoglio avanzó en el reordenamiento interno de la curia, la transparencia administrativa y la apertura de las estructuras vaticanas para una mejor representación de la iglesia universal.

Lo primero fue la creación de un Consejo de Cardenales que lo asesoraría en el gobierno de la Iglesia, con el objeto de que “los episcopados del mundo se vayan expresando en el mismo gobierno de la iglesia”, como explicó. Un objetivo central fue el saneamiento de las finanzas vaticanas -motivo de una larga sucesión de escándalos-; decisión que no tardó en activar los lobbies a los que se había referido en la primera conferencia de prensa en el vuelo de regreso de Río de Janeiro (septiembre de 2013), cuando ante la pregunta por la existencia de un lobby gay, respondió que todos los lobbies eran “un problema”, como “el lobby de los avaros, de los políticos o de los masones”.
En torno a la reforma económica estos grupos se activaron de inmediato. George Pell, el cardenal australiano al que Bergoglio ungió como una suerte de ministro de economía y que contrató una auditoría externa para las finanzas vaticanas a fin de garantizar una total transparencia, fue víctima de una falsa denuncia por abuso -que le llevó tres años (uno en prisión) desmontar-.
Esta tarea de reforma siguió de un modo más discreto o más alejado de la atención mediática, pero no menos disruptivo: lo prueban precisamente las operaciones que cada tanto trascienden. Una de las últimas fue el intento de atribuir críticas póstumas a Francisco por parte del papa emérito Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre de 2022, y con quien Bergoglio, contra todo pronóstico malintencionado, convivió de modo armónico durante casi todo su papado.

Transcurrida cierta primavera “franciscana”, volvió al ruedo el doloroso tema de los abusos, con investigaciones todavía en curso, y heridas sin cerrar. Aunque ha sido poco reconocido, fue Benedicto XVI quien reformó el derecho canónico para facilitar la expulsión de sacerdotes culpables de estos crímenes.
Esta línea fue seguida por Bergoglio, que aprobó protocolos aún más estrictos en el enfoque de estos casos. “La Iglesia -dijo- no puede tratar de esconder la tragedia de los abusos, sean del tipo que sean. Tampoco cuando los abusos se dan en las familias, en los clubs, en otro tipo de instituciones. La Iglesia tiene que ser un ejemplo para ayudar a resolverlos, sacarlos a la luz en la sociedad y en las familias”.
MENSAJE AL MUNDO
También en el plano político la potencia del mensaje papal, a la vez que generó entusiasmo y esperanza en miles de fieles e incluso de no creyentes, empezó a suscitar resistencias.
Bergoglio es el primer papa en llamarse Francisco -inspirado por la frase “No te olvides de los pobres”, que le dijo al oído su amigo el cardenal brasileño Claudio Hummes, aquel 13 de marzo de 2013-; un nombre que es en sí mismo un programa: la denuncia de la “idolatría del dinero” y de la “globalización de la indiferencia” que caracterizan a una “cultura del descarte” que desecha a los más débiles de la sociedad. A las “víctimas del sistema socioeconómico mundial”, como dijo en su viaje temprano a Lampedusa, en el primer año de su pontificado.
Este mensaje no fue aceptado sin reticencias ni encontró siempre escucha y repetidores en un mundo en el que tantos sectores de interés se nutren del conflicto.

La posguerra fría defraudó las esperanzas de un mundo más plural, de una mayor democratización de la toma de decisiones a nivel mundial, y derivó en cambio en una intensificación de las tensiones. La competencia entre las principales potencias derivó en lo que el Papa llama la “tercera guerra mundial a pedazos”, la que se libran los poderes mundiales en terceros escenarios ante la indiferencia de muchos.
En enero de 2022, en el habitual discurso de principios de año a los embajadores ante la Santa Sede, Francisco señalaba la “crisis de confianza” que atraviesa “la diplomacia multilateral”. “A menudo se toman importantes resoluciones, declaraciones y decisiones sin una verdadera negociación en la que todos los países tengan voz y voto”, explicó. De ese desequilibrio, deriva “una falta de aprecio hacia los organismos internacionales por parte de muchos Estados”, lo cual “debilita el sistema multilateral” y reduce “cada vez más su capacidad para afrontar los desafíos globales”.
En su encíclica Fratelli Tutti, señaló la necesidad de gestar “organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos”. Pidió “una reforma, tanto de la ONU como de la arquitectura económica y financiera mundial”, porque “una comunidad internacional debe basarse en la soberanía de todos y no en vínculos de subordinación”.
El Papa, que ha sustituido a los políticos en el discurso, no puede sustituirlos en la acción. Cuando Juan Pablo II hizo su llamado a los pueblos sometidos al sistema comunista a no tener miedo, hubo líderes que recogieron ese desafío. Años más tarde, el papa polaco no pudo frenar la segunda guerra de Irak, pese a sus denodados esfuerzos en ese sentido, precisamente por la deserción de otros liderazgos.

En los primeros tiempos de su pontificado, Bergoglio pareció también encontrar un eco desde el mundo de la política: la vigilia por la paz en Siria, la oración de palestinos y judíos en el Vaticano, los puentes entre Estados Unidos y Cuba…
Ese impulso se vio frenado en años posteriores, al menos respecto de los grandes conflictos mundiales, y el mensaje de Francisco enfrentó muchas veces la indiferencia, cuando no directamente el sabotaje.
Algunos pretenden incluso imponerle una agenda, los temas sobre los que debe intervenir y aquellos en los que debe abstenerse. Se lo critica por hacer poco. No sin hipocresía los indiferentes ante la “Tercera Guerra Mundial a pedazos” que el Papa denuncia le exigen definiciones sobre los conflictos en los que están en juego sus propios y frecuentemente espurios intereses.
Muchos agnósticos de izquierda y derecha, responsables por acción u omisión, por incapacidad, por agresión directa o por un crescendo de provocaciones, de desatar estos conflictos, increpan al Papa por su supuesta inacción.
Reclaman sólo respecto de las situaciones que tienen atención mediática o de las que creen poder sacar algún provecho; pero el Papa ha intervenido e interviene en muchos otros conflictos y crisis que generan violencia contra la población civil, represión sangrienta, desplazamiento de personas, refugiados, etc; dramas de los que muchos críticos de Francisco no se notifican. A comienzos de 2023, su viaje al corazón sufrido del África, a regiones del Congo y de Sudán carcomidas por conflictos civiles sangrientos fogoneados por terceros países, se desarrolló en la más completa indiferencia.

Sus últimos viajes, mantuvieron esta tendencia a ir a los sitios más olvidados. Incluso dentro de Europa, eligió ir a la Francia periférica: Córcega, visitada por un Papa por primera vez, la isla mediterránea es un reservorio de catolicismo en un continente descreído, y el gesto pontificio se produjo al tiempo que la elite se daba cita en Notre Dame. Francisco ofició una misa en Ajaccio con el monumento a Napoleón de fondo. Un mensaje subliminal del que la clase política argentina no se notificó…
Antes, en abril de 2023, había visitado Hungría, la oveja negra de la Unión Europea, país que no se pliega al progresismo ambiente. En septiembre del 24, hizo una gira por Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur, y un año antes había sido el turno de Mongolia.
NI LIBERALISMO NI POPULISMO
En el mismo discurso a los diplomáticos de enero de 2022, el Papa señaló otra causa de la irrelevancia de los organismos internacionales: “Con frecuencia, el centro de interés se ha trasladado a temáticas que por su naturaleza provocan divisiones y no están estrechamente relacionadas con el fin de la organización, dando como resultado agendas cada vez más dictadas por un pensamiento que reniega los fundamentos naturales de la humanidad y las raíces culturales que constituyen la identidad de muchos pueblos”. Se trata de “una forma de colonización ideológica, que no deja espacio a la libertad de expresión y que hoy asume cada vez más la forma de esa cultura de la cancelación, que invade muchos ámbitos e instituciones públicas”.
He aquí al Papa de nuevo poniendo el foco en un tema sobre el cual pocos lideres del mundo se han pronunciado, por oportunismo o seguidismo demagógico frente a la moda identitaria.

En septiembre de 2015, cuando se presentaban los objetivos de la Agenda 2030, Francisco habló ante la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York y pidió evitar “toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias”. A buen entendedor pocas palabras.
El Papa juega al juego. La diplomacia vaticana funciona de ese modo. Corresponde a los líderes locales, amparándose en esas declaraciones de Francisco, la formulación de políticas.
Sin embargo, con frecuencia sus mensajes fueron filtrados por categorías de un orden diferente a aquel en el cual actúa Bergoglio. En Fratelli tutti, Francisco lamentaba que ya no fuese posible opinar “sobre cualquier tema sin que intenten clasificarlo en uno de esos dos polos (populismo o liberalismo)”.
Lo cierto es que sus críticas al populismo (en Fratelli Tutti) fueron más lapidarias y certeras que las que pueden hacer los políticos. Francisco tomaba distancia de ambos extremos, señalando que “el desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”.
Y diferenciando el populismo de la buena política, señalaba: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad”, como “base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento”. “Pero -advertía- deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”. Y ello “se agrava cuando se convierte (…) en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”.
Para superar la inequidad, es necesario el desarrollo económico, decía; “los planes asistenciales” sólo “deberían pensarse como respuestas pasajeras”, porque “el gran tema es el trabajo”.

También fustigaba “la especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental”, que causa estragos. Evocaba otra defección de la política, al lamentar que la crisis financiera de 2007-2008 no hubiese sido la ocasión “para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia”.
El poder al servicio del bien. Es algo elemental pero que la política olvida con demasiada frecuencia. Vemos a diario, aquí y en todo el mundo, a dirigentes incapaces de armonizar sus aspiraciones personales con los intereses colectivos. Por falta de amor al prójimo, individualismo o comodidad.
El mensaje papal molesta. La reacción -canallesca- de algunos fue culpar al Papa por la pobreza… Es decir, por lo que ellos no hacen, por su incapacidad y falta de vocación de servicio.
Francisco deja una Iglesia reafirmada en la esencia del mensaje evangélico, mejor representada en su cúpula, con un reequilibrio que refleja de modo más fiel la realidad del catolicismo en el mundo. No sabemos si el próximo Papa vendrá, como él, de la periferia, pero sí que el deseo del actual pontífice es que la periferia esté en el centro de la misión.
En todos los temas, para todas las realidades y situaciones, ha dejado un mensaje, porque a la Iglesia “nada de lo humano le es ajeno”. A lo largo de su pontificado ha publicado 3 encíclicas: Lumen fidei (29 junio 2013), Laudato si’ (24/5/ 2015) y Fratelli tutti (3/10/20); cinco exhortaciones apostólicas: Evangelii gaudium (24/11/2013), Amoris laetitia (19/3/2016), Gaudete et exultate (19/3/2018), Christus vivit (25 de marzo de 2019) y Querida Amazonia (2 de febrero de 2020).
Y, a comienzos de este año, su libro “Esperanza”, que constituye una suerte de autobiografía o memorias, resultado de seis años de conversaciones con el periodista italiano Carlo Musso.

Sería esperanzador que los dirigentes políticos recogieran el desafío y emprendieran, en el plano secular, los caminos que traza el papa desde lo espiritual. Se trata de combatir la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, poner a la persona humana en el centro de todo proyecto, cuidar “la vida como viene”…
Un programa que es universal, pero que debería interpelar a los argentinos de modo muy especial.
Los últimos consejos dados por el Papa acerca de cómo debatir en una sociedad polarizada tienen especial resonancia en nuestra realidad: no discutir con el que busca polarizar, no dejarse confundir por falsas contradicciones y decir sí a la misericordia como paradigma último, pero decirlo más con obras que con palabras.
Nos deja también a su hijo dilecto, el padre José María Di Paola, a quien ha dedicado muchos mensajes, como cuando al cumplirse 8 años de su papado, el cura villero convocó a enviarle mensajes y le llegaron más de cien mil: “Es un sacerdote capaz de movilizar gente, capaz de mover corazones simplemente porque es auténtico, lo llaman ‘el Padre Pepe’, todos lo conocen”, dijo Francisco.
Nos queda la pena de no haber podido recibirlo en la Patria. De haber venido en los primeros tiempos de su pontificado, hubiera sido apoteósico. Aventuro que se privó deliberadamente de ese abrazo admirado y de las muchas flores que entonces lo hubieran cubierto: no quiso creérsela, como decía en ese hablar porteño que jamás lo abandonó. En su austeridad y humildad proverbiales quizás lo sintió como un gesto de vanidad.
En los años siguientes, no pudo evitar la manipulación de su figura y de cada uno de sus gestos, las interpretaciones capciosas, los acercamientos interesados, y prefirió mantener distancia geográfica.
Queda a los argentinos la misión de “traer” espiritualmente al Papa a la Argentina, honrando su legado.

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POLITICA
Zulemita Menem cruzó al Gordo Dan por su cuestionamiento al Islam: “La fe no divide, confundirla con el terrorismo sí”

En las últimas horas hubo un fuerte cruce en redes sociales entre Zulemita Menem y Daniel “Gordo” Dan, por el cuestionamiento del influencer libertario al Islam. “Confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia, provenga de donde provenga”, apuntó la hija del expresidente Carlos Saúl Menem desde su cuenta de X.
En un mensaje en respuesta a una publicación de Dan en la misma red social en la que señalaba: “Su religión es liberticida, asesina y pedófila, desde su concepción, desde que fue escrita, siendo absolutamente incompatible con los valores morales de Occidente». Acto seguido, Zulemita lo cruzó: “Nunca es sano confundir conceptos, y mucho menos cuando se trata de espiritualidad y valores”.
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En tanto, la hija de Carlos Menem recordó que se conocen desde hace “muchos años” y que colaboró en su formación política “acercándolo a dirigentes y espacios” y hasta remarcó que en el pasado les permitió utilizar frases de su padre en remeras.
“Hablo como argentina y musulmana. Cuando el mundo es golpeado por la violencia, las víctimas hieren a la condición humana en su conjunto, sin distinción de religión, cultura o creencia. Esa realidad debería impulsarnos a buscar la paz entre los hombres, no a profundizar divisiones ni prejuicios”, resaltó.
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“Somos muchos los argentinos que profesamos la fe islámica que vivimos en este país. Trabajamos y damos trabajo, convivimos con respeto y cumplimos con uno de los pilares de nuestra fe, la asistencia a los pobres y a los huérfanos. Aportamos a la sociedad y creemos profundamente en la convivencia. Merecemos el mismo respeto hacia nuestra fe que el que brindamos a los demás”, añadió Menem.
En la misma línea, señaló: “Ayer me dolió ver cómo se filmaba a una mujer musulmana recibiendo comentarios y palabras terribles simplemente por llevar una abaya mientras caminaba por su barrio. Y me pregunto con honestidad: ¿qué debería suceder cuando vemos a una mujer vestida con muy poca ropa, a una mujer judía que, por su fe, viste de manera recatada, o a una monja profesando su religión? La respuesta debería ser siempre la misma: Respeto“. Y sentenció: “La fe no divide. Confundirla con el terrorismo, sí”.
En tanto, expresó: “Vale recordar que personas que hoy acompañan al Presidente y a su hermana en el proceso de transformación de la Argentina tienen raíces musulmanas, y que algunos de ellos profesan el Islam. Esto habla, una vez más, de diversidad, convivencia y compromiso con valores que trascienden cualquier religión“.
Esta última referencia de Zulemita tiene que ver con la advertencia de Dan: “El presidente Milei no hizo un milagro económico con nuestro país para que lo tiremos a la basura en dos días dejando a entrar a una cultura invasora que le rinde culto a la muerte».
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POLITICA
Pro alertó sobre un rebrote de inseguridad y la falta de avances en la lucha contra la corrupción en la era Milei

A dos meses de la última cena de Javier Milei y el expresidente Mauricio Macri que selló el divorcio entre ambos dirigentes, Pro volvió a tomar distancia respecto del líder de La Libertad Avanza y reclamó por una mayor inversión en infraestructura y un fortalecimiento institucional. Aunque reconocen los avances de la administración libertaria en cuanto a baja de la inflación y equilibrio de las cuentas públicas, destacan que “el orden macroeconómico por sí solo no alcanza”.
Así surge del último informe de la Fundación Pensar, titulado “A mitad de Camino”, en el que el principal aliado del oficialismo presentó un balance de los primeros dos años de gestión de Milei. En el think tank que conduce la exdiputada nacional María Eugenia Vidal señalan la lucha contra la corrupción, la reanudación de la obra pública y la inseguridad, entre otros ejes, como las principales deudas de esta primera mitad de mandato.
El informe celebra los esfuerzos del gobierno para bajar la inflación y consolidar el equilibrio fiscal y los avances en materia de desregulación económica, un rumbo que -consideran sus autores- se debe profundizar en el corto plazo. En este sentido, destacan la necesidad de completar la liberalización del mercado de cambios y avanzar con una reforma tributaria que genere alivio fiscal entre los empresarios.
No es el único cambio que Pro demanda al gobierno. También pide por la aprobación de una reforma laboral, a tratarse en febrero, que permita ampliar la base de trabajadores privados registrados -estancada, según señalan, desde 2014- y cambios que permitan apuntalar un fortalecimiento institucional. Es sobre este último punto sobre el que concentran sus principales críticas a La Libertad Avanza, que se profundizaron tras la postergación de Pro en las listas nacionales y la cena fallida de Macri y Milei en la Quinta de Olivos a fines de octubre, cuando el expresidente cuestionó las divisiones al interior del oficialismo y el encumbramiento de Manuel Adorni como jefe de Gabinete.
A mediados de noviembre, el exmandatario reunió a la Mesa Nacional de Pro en la sede central del partido, donde se terminó de ratificar la ruptura con LLA. En esa oportunidad confirmaron que el espacio amarillo tendría su propio bloque parlamentario y que se dedicaría a reconstruir su identidad a partir, entre otros ejes, de su histórica defensa a la institucionalidad, una deuda por la que ahora presionan al Presidente.
“Es imperioso que junto a las reformas económicas, el gobierno avance con el fortalecimiento institucional de nuestro país, empezando por la Justicia.”, explica Silvia Lospennato, exdiputada nacional y presidenta del bloque Pro en la Legislatura de la Ciudad. Reclama, entre otras cuestiones, porque se insista con una ley de ficha limpia -un proyecto que impulsó durante su paso por la Cámara baja, pero se cayó en el Senado- y se retrotraigan los decretos por los que se quitó la facultad de querellar a la Unidad de Información Financiera (UIF) y se restringió el derecho de acceso a la información pública.
En el informe, además, cuestiona el intento de LLA de sortear al Congreso y avanzar con las designaciones de los jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, por decreto. Las dificultades para alcanzar acuerdos parlamentarios -uno de los ejes que no deja de señalar Pro, pese a haber sido un aliado estratégico del oficialismo en este ámbito- afectaron la cobertura de un total de 580 vacantes del Poder Judicial, entre jueces, fiscales y defensores.
Las vacantes que sí se cubrieron en otros organismos, por su lado, también supusieron un foco de tensión entre el macrismo y el partido de Milei en materia institucional. El acuerdo del oficialismo y el kirchnerismo para designar a los representantes de la Auditoría General de La Nación (AGN), sin previo aviso, en la misma sesión en que se trató el Presupuesto 2026, abrió un nuevo capítulo en el distanciamiento entre LLA y Pro, incluso con los sectores que mantuvieron un estrecho vínculo con el Gobierno en este primer período.
“El cambio que defendemos no es cualquier cambio. Es un cambio inteligente, sustentable, de fondo, cuidando las instituciones, con reglas claras y con respeto a la Constitución. Por eso, cerramos el año defendiendo esos valores, incluso cuando eso implica marcar límites, como lo hicimos a la hora de denunciar la inconstitucionalidad del nombramiento de los miembros de la AGN”, sostuvo Cristian Ritondo, titular de la bancada amarilla en Diputados, en sus redes sociales. La disputa por los auditores no está mencionada en el informe de la Fundación Pensar.
El malestar de Pro en materia institucional, sin embargo, encuentra un límite en la sanción de la Boleta Única de Papel, utilizada por primera vez este año a nivel nacional, y del Presupuesto 2026, que otorga previsibilidad y reduce la discrecionalidad del Ejecutivo en materia de gasto. Pro respaldó la ley de leyes, pese a que no deja de reclamar una mayor inversión en infraestructura, otro de los contrapuntos que lo alejan del oficialismo y que ratificó el balance de la Fundación Pensar. Abogan por la reanudación de la obra pública energética, hidráulica y de transporte a nivel nacional.
El texto del think tank macrista advierte, de igual modo, sobre la baja inversión en educación superior -que alcanzó sus niveles mínimos en los primeros dos años de gestión libertaria-, pero pone el énfasis en la necesidad de que el debate educativo trascienda lo meramente presupuestario. “Aún está pendiente implementar políticas para cumplir con el Pacto de Mayo: modernizar la educación inicial, primaria y secundaria, reducir el abandono escolar y lograr la alfabetización plena. Así como sancionar proyectos de ley para institucionalizar evaluaciones de fin de curso, las prácticas profesionales, la educación financiera y programación, entre otras”, establece el informe.
En cambio, Silvia Lospennato, a cargo del capítulo institucional, destacó la aprobación del Presupuesto 2026. El propio Macri emitió un tuit la semana pasada en el que celebró la sanción de la ley de leyes y destacó el aporte de los bloques de Pro.
Los cuestionamientos a la gestión de Milei también alcanzan a una exaliada de Pro. Se trata de la exministra de Seguridad Patricia Bullrich, ahora presidenta del bloque libertario en el Senado y artífice del desguace parlamentario de Pro: ocho legisladores que respondían a su figura migraron a las filas del oficialismo y, en la ciudad, sus legisladores se plegaron al espacio que lidera Pilar Ramírez, mano derecha de Karina Milei en el distrito.
Aunque no la mencionan de manera directa, en la Fundación Pensar plantearon el retroceso en materia de seguridad, lo que deja en evidencia reparos a su trabajo como funcionaria por el aumento de la delincuencia. Según consigna en el balance presentado, “la Argentina terminó 2025 con un incremento del 20% en los episodios vinculados a la inseguridad”.
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POLITICA
Pullaro rechazó un pedido de Caputo para traer ahora USD 800 millones del exterior: “Santa Fe no puede perder un peso”

El gobernador Maximiliano Pullaro confirmó que dialogó con el ministro de Economía, Luis Caputo, quien le solicitó que Santa Fe ingresara de inmediato los USD 800 millones correspondientes a un crédito internacional obtenido por la provincia. La administración provincial rechazó el pedido y argumentó que, bajo las condiciones actuales, no puede asumir un riesgo financiero que implique pérdidas para las arcas santafesinas.
Los fondos provienen de un bono emitido en los mercados internacionales a principios de este mes, por un monto de USD 800 millones, con un plazo de nueve años y una tasa de interés anual del 8,10%. La colocación fue ampliamente demandada tanto por inversores internacionales como locales, lo que desde la gobernación se interpretó como una señal de confianza en la calidad crediticia de la provincia.

“El crédito es para obra pública, no para gastos corrientes”, señaló el gobernador durante una entrevista con Cadena 3 de Rosario. “Los dólares los tenemos afuera, y los vamos a ir trayendo en función del pago de certificados de obras. Nación pretendía que los trajésemos ya, pero es muy difícil encajarlos con lo que va aumentando el dólar”, expresó Pullaro al describir el intercambio con Caputo.
Precisó que la evolución del tipo de cambio entre el momento de la adquisición y las cotizaciones actuales podría implicar una pérdida para Santa Fe si los fondos ingresan sin cobertura adecuada.
Pullaro sostuvo que, si existiera “algún instrumento financiero que asegure que si el dólar aumenta Santa Fe estaría cubierta, desde luego que los traemos”. Dejó así abierta la posibilidad de coordinar con Nación la llegada de los fondos si se logra un mecanismo de cobertura cambiaria satisfactorio para la provincia.
El diálogo entre Pullaro y Caputo ocurre mientras el gobierno de Javier Milei enfrenta un próximo vencimiento de deuda del orden de los USD 4.300 millones. Hasta el momento, el Poder Ejecutivo no ha detallado públicamente de dónde provendrán los dólares para ese pago, lo que mantiene la discusión sobre las reservas y la disponibilidad de divisas.

Pullaro remarcó que la decisión de Santa Fe responde a criterios técnicos enfocados en la preservación del valor de los recursos y su destino exclusivo a las obras para las cuales fueron obtenidos. “Queremos que al país le vaya bien y, si podemos colaborar con el Gobierno nacional, lo vamos a hacer. Siempre lo hicimos”, afirmó Pullaro, aunque aclaró que la provincia no puede asumir un riesgo de pérdida al ingresar los fondos sin un mecanismo que proteja su valor.
Desde la gobernación santafesina enfatizaron en diálogo con Infobae que la postura provincial no constituye un desafío político al Gobierno nacional. Fuentes del Ejecutivo provincial, en diálogo confidencial con Infobae, afirmaron: “No hay ningún desafío al Gobierno ni se puede tomar la conversación con Caputo como una presión para que Santa Fe traiga los dólares”. Destacaron que la relación institucional con la Casa Rosada continúa “buena, más allá de que tenemos reclamos que todavía no encontraron una respuesta satisfactoria”.
Entre los reclamos planteados, desde la provincia subrayó dos cuestiones prioritarias: la reparación y mantenimiento de rutas nacionales, considerada urgente, y la restitución del flujo por parte de la Caja de Jubilaciones interrumpido en enero de 2024, situación que afecta las cuentas provinciales y que, según Santa Fe, sigue sin resolverse.
La emisión de deuda de Santa Fe, concretada en diciembre pasado, representó uno de los hitos financieros de la provincia. Según el comunicado oficial, la salida al mercado internacional fue exitosa: se recibieron ofertas por 1.800 millones de dólares, más del doble del monto emitido, con la participación de más de 111 grandes inversores internacionales y más de 1.200 minoristas, incluidos ochocientos inversores locales argentinos. La gobernación interpretó esto como un respaldo a la gestión fiscal y a la capacidad de financiamiento internacional de la provincia.
El destino de los recursos fue definido por Santa Fe como la financiación de obras estratégicas: proyectos energéticos, mejoras en infraestructura vial —especialmente rutas clave para la circulación de bienes—, inversiones en seguridad pública y obras sociales. La provincia sostiene que los ingresos de divisas deben acompañar la ejecución efectiva de certificados de obra, principio que motiva su rechazo a anticipar el ingreso total de los fondos.
La discusión entre Nación y Santa Fe expone una tensión técnica, no política. El Gobierno nacional busca ordenar el flujo de dólares para afrontar compromisos de deuda sin afectar su estrategia financiera. Por su parte, la provincia administra recursos obtenidos en condiciones de mercado internacional, con compromisos contractuales para infraestructura, y aplica una interpretación estricta que prioriza la ejecución de obras y la preservación del valor de los fondos.

La postura de Pullaro se inscribe en un contexto político más amplio: a diferencia de otros gobernadores no alineados con el kirchnerismo, el mandatario santafesino no participó en la ronda de reuniones que el Gobierno nacional mantuvo recientemente con mandatarios provinciales encabezadas por el ministro del Interior, Diego Santilli, ni con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Este dato fue interpretado como una señal de una relación distante pero institucional entre la provincia y la Casa Rosada.
La posición de Santa Fe ante el pedido de Caputo se fundamenta en argumentos financieros y técnicos, con una visión de coordinación que no compromete la autonomía ni la administración de los recursos provinciales. Pullaro dejó en claro que la decisión responde a los objetivos de ejecución de obra pública para los que se tomaron los fondos, sin perjudicar el patrimonio provincial. Al mismo tiempo, manifestó su disposición a colaborar con el Gobierno nacional siempre que existan condiciones para proteger el valor de los recursos.
La definición sobre cómo y cuándo ingresarán los USD 800 millones al país será clave en las próximas negociaciones entre la provincia y la Nación, en un escenario donde cada flujo de divisas adquiere relevancia para la política económica nacional y provincial.
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