POLITICA
Un presidente “mentiroso”, “cobarde” y “maltratador”: el retrato de la vocera de Alberto Fernández

La exvocera de Alberto Fernández habla de un presidente “cobarde, maltratador y mentiroso”, que tiene un comportamiento compulsivo con las mujeres, es “violento” con su pareja y fue llevado al poder por un expresidente que a la vez lo desprecia y no lo deja gobernar. Pero dice que no es Alberto Fernández, sino Salvador Gómez. No es “el hijo de un juez”, sino de un senador y ha sido jefe de Gabinete, pero no de Néstor y Cristina Kirchner, sino de Pedro Sacristán. Eso sí: es profesor de la Facultad de Derecho y no tiene casa propia. Un amigo le presta desde hace años un departamento en Puerto Madero.
Escudada en un relato de ficción, la exvocera Gabriela Cerruti traza el perfil de un presidente que se parece demasiado al que ella conoció de cerca y que, a pesar de la deliberada intención de desacomodar algunas piezas de la historia y distorsionar ciertas biografías, se lee como un relato crudo de un gobierno ineficaz y corrupto, plagado de bajezas, aprietes, negociados, abusos e internas despiadadas.
Cerruti acaba de presentar en la Feria del Libro su primera novela, titulada El veneno del poder (editorial Sudamericana). Había pasado justamente inadvertida desde su lanzamiento, hace varias semanas: no hace falta ser crítico literario para darse cuenta de que es una obra menor, escrita en prosa vulgar, con giros previsibles y un ritmo narrativo un tanto desarticulado y errático. Pero el libro merece alguna atención, no por sus cualidades literarias, sino por eventuales confirmaciones que podrían asomar bajo el disfraz de la imaginación novelesca. Aun con maniobras distractivas y desvíos descabellados, es una trama que nos resulta demasiado familiar y cercana.
Las coincidencias entre el presidente Fernández y el presidente Gómez son tantas, y tan evidentes que obligan a formular una pregunta: ¿se esconde debajo de la novela la confesión de una vocera “arrepentida”?; ¿es la forma que encontró la exfuncionaria de bajarse de un barco hundido definitivamente tras las denuncias de corrupción y de violencia de género? La ficción, en este caso, más que un ejercicio creativo podría verse como un refugio para la cobardía: ¿se dice bajo la apariencia de una trama imaginaria lo que no se anima a decir “a cara descubierta”?
Retratado en este plano de ambigüedad, donde se cuenta, pero con una máscara, y se insinúa, pero sin hacerse cargo de una denuncia, el libro también expone a Cerruti a interrogantes éticos, aunque eso remita, para el kirchnerismo, a un territorio difuso. ¿No viola un pacto tácito de confidencialidad al describir, aun detrás de un antifaz, intimidades a las que tuvo acceso por la función que desempeñaba? Es un género polémico. Algunos escritores lo han transitado sin demasiados escrúpulos, pero con más talento y originalidad. En un plano más espinoso, ¿no se apela a la ficción para relatar hechos que hubiera estado obligada a denunciar en su momento?
Cerruti describe muchas circunstancias que, con nombres y detalles cambiados, son prácticamente un calco de las que reflejaron las crónicas periodísticas en el gobierno de Fernández: hay reuniones, viajes, internaciones y crisis que enfrenta Gómez en la novela y que vivió Fernández durante su mandato. “La pandemia fue su mejor momento. Tenía ochenta por ciento de popularidad, creía que era Churchill”, se burla en la página 73. Unos párrafos antes lo describe como un fabulador y un mentiroso compulsivo, con una vida personal desordenada, y torturado psicológicamente por la relación de sometimiento que tiene con un expresidente que lo puso en el lugar en el que está.
Las similitudes son demasiadas. Y si esos hechos supuestamente novelados son un espejo de la realidad, ¿por qué no lo serían otros? Cerruti cuenta, durante “el gobierno de Gómez”, aprietes a jueces, negocios oscuros y “arreglos” con periodistas: ¿es imaginación o recuerdo?
Habla de una primera dama con problemas de alcoholismo y depresión en el marco de una relación patológica con el presidente. Se llama Samantha y muere envenenada: una licencia supuestamente literaria para retratar un final traumático y desolador. Antes de matarla, en la página 116, le hace decir en referencia a su pareja: “No lo aguanto más. A veces lo quiero matar; a veces me quiero morir. Se volvió un monstruo, alguien muy horrible. Siempre fue pajero, y agrandado y mentiroso. Pero era dulce, me cuidaba”. También reproduce un diálogo entre ella y el presidente: “Salvador, te estoy hablando bien. No podés insultarme y maltratarme todos los días, todo el tiempo”.
El relato parece, por momentos, escrito por una testigo que no se hace cargo, sin embargo, de haber estado ahí: toma distancia, incluso, del dogma kirchnerista y no está escrito en “lenguaje inclusivo”, aunque es el que la vocera utilizaba desde el atril oficial. ¿No había convicción en aquella jerga militante del “todos y todas”?
Hay una figura que, curiosamente, no existe en la novela: el presidente Gómez no tiene vocera ni tampoco portavoz, como a Cerruti le gustaba llamarse a sí misma. Se corre de una escena que ahora parece incomodarla, como si aparecer en la trama hubiera implicado una suerte de autoincriminación.
¿Hasta dónde sabía Cerruti lo que pasaba en el infierno de Olivos? “Se fueron consumiendo mutuamente en un círculo de violencia y humillación”, cuenta sobre la pareja presidencial en la página 152.
La autora apela a una especie de “licuadora” para mezclar la realidad y hacerla aparecer como ficción. El personaje que encarnaría a Javier Milei (Jaime Malson) surge de fusionar características e historias personales del propio Milei y de Mauricio Macri: en lugar de perros tiene gatos a los que adora como si fueran sus hijos. Fue arquero de un club de fútbol, pero también un playboy millonario que sufrió un secuestro extorsivo en los años noventa. La forma de enmascarar las cosas es un tanto obvia y rudimentaria. Eso hace que los personajes ficticios remitan a la realidad de un modo bastante lineal, aun cuando propone un cóctel de biografías entrecruzadas: Sacristán es Cristina, pero también es Néstor.
Hay un periodista (Leopoldo Valaguer) que juega su propio partido dentro del oficialismo: “Tiene hace muchos años un enfrentamiento público con el Cardenal por informaciones que esparció, pero que nunca pudo comprobar”. ¿Será una alusión a las falsas denuncias de Horacio Verbitsky contra Jorge Bergoglio? Siguen las referencias a ese mismo periodista “imaginario”: “Sus amigos dicen que fue un jefe guerrillero y sus enemigos, un colaboracionista con la dictadura militar. Lleva y trae entre Gómez y Sacristán (¿entre Alberto y Cristina?), como lo hizo entre el gobierno y la oposición más ferviente en los setenta, o entre los sindicatos y los intelectuales en los ochenta”. Después da más detalles: “Escribió algunos buenos libros y otros olvidables y una columna de opinión todos los domingos que en algunas épocas tuvo más impacto que en otras en los círculos de poder”. No es difícil imaginar a quién se refiere: “Tiene la imagen de sí mismo más generosa de todos los tiempos”. Lo más sabroso podría estar en esta línea: “Nunca habla de dinero, ni para él ni para sus medios. Para eso hay otros personajes menores”. ¿Había plata negra para los amigos? Como en el resto del libro, Cerruti parece saber de qué está hablando. También cuando lo presenta al periodista Valaguer como un influyente que ponía y sacaba funcionarios. Cuenta que al presidente le “vendieron” la idea de crear el Ministerio de la Mujer: “El problema vino cuando Gómez nombró en ese lugar a una abogada desconocida para el movimiento de mujeres: la propuso Valaguer porque era su amante”. ¿También hay mensajes e insinuaciones cifradas?
No cuenta nada que no se supiera o que no se sospechara. Pero lo cuenta alguien que estuvo ahí. Hace el retrato de un presidente pusilánime y entregado a cierto desenfreno adolescente, capaz de maltratar a otros, pero a la vez torturado por un sentimiento de inferioridad frente a alguien que lo llevó a la presidencia: “¿Por qué me importa tanto lo que piensa? Estoy a los abrazos con todos los presidentes del mundo, tengo las mujeres que se me antoja, gané con el setenta por ciento de los votos. Pero estoy esperando qué va a decir de mí. Obsesionado buscando que me elija, que me mire. Eso, solamente eso. Que Sacristán por fin, de una puta vez, me quiera”, dice el presidente Gómez en la página 214. “Gómez habla de Sacristán con el despecho del amor no correspondido”. Más adelante, en la página 285, lo cuenta la propia autora: “Sacristán lo detesta, lo desprecia profundamente. Al mirar a Salvador Gómez ve la confirmación de su mayor error: su incapacidad para dejar legado, para construir herederos”.
El libro desciende todo el tiempo a la melodía del folletín para describir uno de los costados más penosos del presidente: lo muestra inmaduro, irresponsable, adolescente, mientras chatea con mujeres a las que casi no conoce y a las que les pide fotos desnudas y las invita a Olivos: “¿Te gusto?”; “¿me querés?”, imagina (¿o reproduce?) Cerruti uno de esos chats.
“Gómez: un tibio, según sus enemigos; un moderado, de acuerdo con la visión de sus aliados; un conciliador, para los poderosos. Seguía siendo, sin embargo, el mismo mentiroso, mujeriego y desordenado hasta la estafa puertas adentro de su dormitorio”, lo describe en la primera parte del libro. Luego nos cuenta estos detalles: “La Agencia de Inteligencia sabe perfectamente cuáles son los puntos débiles de Gómez, y tiene registro pormenorizado de sus chats telefónicos, sus escapadas a la hora de la siesta y el desfile de personajes pintorescos por el despacho presidencial. Sabe perfectamente que allí graba videos, toca la guitarra, baila tangos, juega con los perros y posa disfrazado imitando a los próceres que lo miran desde los cuadros”. Parece agregarle detalles a aquel video de Alberto Fernández desde el sillón de Rivadavia: “Decime algo lindo”.
No es en esos penosos pormenores donde Cerruti aporta algo que pueda resultarnos novedoso, pero tal vez sí cuando habla de la relación entre Gómez y el dinero. Hay que prestarle atención a un personaje central de la novela a la que también es fácil asociar con la pura y triste realidad. En el libro se llama Diana: fue pareja del presidente durante muchos años y se convirtió en una de las principales funcionarias de su gobierno. Es, a diferencia de Samantha, una mujer intelectualmente formada y con una trayectoria política propia. En la página 234, Cerruti describe así los sentimientos de Diana: “No puede ni sonreír. Está demudada, aunque disimula con compostura. Al final, no conocía nada a Salvador Gómez. Podía imaginarse que tuviera una enorme gama de problemas con mujeres, pero jamás hubiera pensado que él también manejaba dinero en valijas. El hombre decente, el hijo del senador… Aceptaba favores, eso sí. Pero uno nunca conoce del todo a las personas”.
Cerruti niega que Salvador Gómez tenga algo que ver con Alberto Fernández. Recurre a la muletilla de siempre: “Cualquier semejanza con seres conocidos será, sencillamente, porque en estos tiempos la realidad se parece demasiado a la ficción”. Dice que ella ha visto a otros presidentes que tenían comportamientos abusivos con mujeres. Se ha ubicado incluso como víctima de hombres que ya no pueden defenderse. Es evidente, sin embargo, que hasta el propio Alberto Fernández, a punto de enfrentar un juicio oral por violencia de género contra Fabiola Yañez, vería mucho de sí mismo en el retrato de Salvador Gómez. Si piensa en su exvocera, que levantaba el dedo desde el atril como una albertista fanática, quizá murmuraría lo mismo que dice Diana en la novela: “Uno nunca conoce del todo a las personas”. El kirchnerismo chapotea en el barro de las traiciones.
El libro quedará, probablemente, arrinconado en la mesa de saldos de la pseudoliteratura oportunista. Cualquiera que lo ojee recordará aquellos tiempos en los que la autora defendía lo indefendible y el país se avergonzaba de aquel presidente olvidado: ¿Gómez? ¿Fernández? La ficción, las máscaras y la impostura fueron las marcas de esa época.
POLITICA
Avance clave en la pulseada judicial por el caso de la quinta de Pilar que se le adjudica a las autoridades de la AFA

El trámite para determinar quién investigará a los verdaderos dueños de la fastuosa quinta de Pilar que se le adjudica a las máximas autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tuvo avances en los tribunales.
El fiscal ante la Cámara de Casación Federal Mario Villar respaldó la idea de que el expediente deje el juzgado federal de Campana, a cargo de Adrián González Charvay, y pase al fuero en lo Penal Económico.
Villar sostuvo ante la Casación el recurso del fiscal de Cámara de San Martín Carlos Cearras, que se había opuesto a que el asunto avance en Campana, como lo pidió el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia.
Tapia y el tesorero de la AFA, Pablo Toviggino, entienden que les irá mejor en el juzgado de González Charvay que en el de Penal Económico, donde está Marcelo Aguinsky, que ya tuvo la causa.
La quinta de Pilar, situada en Villa Rosa, tiene 5 hectáreas y está valuada en 20 millones de dólares. Cuenta con helipuerto, caballerizas, instalaciones deportivas y un garage con 45 autos de alta gama, de colección, motos y hasta dos karting de competición, como los que usa el hijo de Toviggino.
La justicia investiga a quienes figuran como sus dueños, Luciano Pantano y su madre Ana Conte, titulares de la firma Real Central. Se trata de un exdirigente de la AFA que es monotributista y una señora jubilada. El perfil económico de ambos no se condice con la mansión.
Hay una puja entre el juez Aguinsky, que avanzó sobre los supuestos testaferros, y González Charvay por quedarse con el expediente.
Esa controversia la debe resolver la Sala I de la Cámara de Casación Federal. Pero la mayoría de los jueces que la integran se excusaron de intervenir.
Por un lado, Carlos Mahiques, que era suplente, pidió no decidir en este caso, alegando que tenía muchas otras tareas.
En rigor, expuso estas razones luego de que publicó que Carlos Mahiques, padre del flamante ministro de Justicia, Juan Ignacio Mahiques, festejó su cumpleaños en esa fastuosa quinta.
Hay nexos entre los Mahiques, padre y su hijo, con las autoridades de la entidad del fútbol.
A Carlos Mahiques lo reemplazó la jueza de la Casación Ángela Ledesma para decidir si es competente en el caso González Charvay o Aguinsky.
Esta semana se apartó el otro juez que debía decidir sobre la competencia, Daniel Petrone. Dijo que comparte la “comunidad educativa” con Javier Faroni, dueño de una empresa que hacía los cobros de la AFA en el exterior y que está investigado por fraude.
El juez Petrone dijo que además tiene vínculos sociales con Faroni y se inhibió de decidir en el caso, argumentando “violencia moral”.
Así las cosas, quedaron para resolver la jueza Ledesma y su colega Javier Carbajo. Si se ponen de acuerdo en que juzgado queda la causa por presunto lavado de dinero podrán resolver la cuestión con sus dos votos.
Pero si están en desacuerdo -como señalan algunas fuentes en tribunales- deberán sortear a un tercer juez para que desempate.
Antes de votar, le mandaron la causa al fiscal Villar, que decidió apoyar la idea de su colega Cearras y que el caso regrese al fuero Penal Económico.
La disputa está dada porque la AFA sostiene que el asunto debe quedarse en Campana, ya que la quinta está en jurisdicción de ese tribunal.
Pero el fiscal Cearras, Villar y el juez Aguinsky entienden que el caso es de lavado de dinero y que no importa dónde está el bien que evidencia del lavado, sino la sede de la AFA desde donde se habría gestado la maniobra.
El asunto no es una mera cuestión de jurisdicción. Hay quienes sospechan que oculta una supuesta maniobra de los investigados para que el caso quede lejos del fuero Penal Económico, en el juzgado federal de Campana, porque les resultaría más confiable.
El fiscal Cearras sostuvo la misma posición que el fiscal de primera instancia, Sebastián Bringas, cuando dijo que el caso debía quedar en el juzgado Penal Económico de Marcelo Aguinsky.
Este juez avanzó con decisión luego de que su colega federal, Daniel Refecas, preservó el lugar y mandó a valuar la quinta (de unos 20 millones de dólares). Luego, Aguinsky analizó las sociedades a las que pertenece, según los registros y su historia, además de tomar diversas declaraciones.
Aguinsky -antes de dejar el caso- se convenció de que los presuntos testaferros de la AFA, Luciano Pantano y Ana Conte, no pudieron haber sido los dueños de la casona de Pilar con helipuerto, pista hípica, pileta, gimnasio y 40 autos y motos de alta gama.
Pero los defensores de Tapia y de Toviggino buscaron sacar el caso y lograron llevarlo a la justicia federal de Campana, jurisdicción donde está situada la quinta.
autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA),festejó su cumpleaños en esa fastuosa quinta,Hernán Cappiello,AFA,Conforme a,,Los nexos de Mahiques. Los pasadizos secretos detrás del recambio en Justicia,,Por el atentado a la AMIA. La Justicia pide la captura de quien fuera la mano derecha del exlíder iraní Khamenei,,Se multiplican sus áreas. Karina Milei proyecta su poder en los tribunales: la puerta para nombrar jueces y un nuevo operador,AFA,,»Cambio de abogado». Chiqui Tapia logró postergar la citación judicial en la causa por supuesta evasión,,Mahiques y la AFA. El desafío de hacer equilibrio en medio de la pelea entre el Gobierno y Chiqui Tapia,,“El que no quiera jugar, que se vaya”. El mal momento de Godoy Cruz: 13 partidos sin ganar, amenazas de la barra y botellazos en el estadio
POLITICA
El Gobierno profundizará la batalla cultural en el Día de la Memoria, pero descarta indultos a militares

Como cada 24 de marzo desde 2023, el Gobierno Nacional prepara un nuevo mensaje para intentar hacer frente a la política de derechos humanos que predominó en los últimos años, según confirmaron tres fuentes a Infobae. Para eso, trabajan en lo que definen como “una sorpresa” para el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, cuando se cumplan 50 años del golpe cívico-militar, con el objetivo de profundizar la batalla cultural que encarna el presidente Javier Milei.
A 19 días de la fecha, en la administración libertaria anticipan una nueva acción que confrontará con la historia conocida y que sumará un nuevo capítulo al discurso que denominaron como “Día de la Memoria por la Justicia y la Verdad Completa”. Al igual que en 2024, los equipos que lidera el asesor presidencial Santiago Caputo, preparan un video que será difundido por las redes sociales de Casa Rosada con el que buscan discutir los acontecimientos hasta entonces planteados.
Al igual que en la edición del 2025, en Casa Rosada estudian la posibilidad de elaborar un video para circular por redes sociales que tenga como principales protagonistas a hijos de desaparecidos por la última dictadura cívico-militar que rigió entre 1976 y 1983, con la idea de que presenten su voz para reforzar el mensaje. “La idea es que cuenten la verdad”, confesó un funcionario en tema a este medio.
El encargado de hacerlo en marzo pasado fue el politólogo y presidente la Fundación Faro, Agustín Laje, quien además es autor de varias obras literarias que completan la biblioteca de la “nueva derecha”. A través de un extenso video, que duró 19 minutos y fue compartido por el presidente Javier Milei, Laje reafirmó los cuestionamientos a la cifra difundida por los organismos de derechos humanos que reclaman por la reaparación de 30 mil detenidos desaparecidos.

“Los promotores de la teoría del demonio único han negado la existencia de una guerra en la Argentina de los 70. Han acusado a quienes describen como un conflicto bélico lo ocurrido en aquel período de intentar justificar los horrores cometidos por las Fuerzas Armadas. No obstante, la realidad es exactamente la opuesta. Quienes han negado la guerra revolucionaria lo han hecho con el propósito de borrar de la historia los horrores cometidos por las organizaciones terroristas y para eliminar de la memoria colectiva a sus víctimas”, supo plantear el politólogo.
Sin embargo, según pudo constatar este medio, el politólogo no fue contactado para participar en esta oportunidad dado que el Ejecutivo evitará repetir figuras. En la tarea está Juan Pablo Carreira, el Director Nacional de Comunicación Digital de la Presidencia, quien a su vez se encarga de las publicaciones de la cuenta la Oficina de Respuesta Oficial.
“Cumpliendose 50 años y teniendo en cuenta que el relato setentista fue la clave de la identidad kirchnerista, el Gobierno debe preparar un material contracultural y contrasetentista. Algo interesante para mostrarle a los argentinos ese día”, se ilusionó una fuente con acceso al despacho presidencial.
Lo cierto es que la difunsión de la pieza audiovisual se dará en paralelo a las movilizaciones que confluirán por la fecha durante el feriado nacional. Por un lado, La Cámpora marchará desde la Ex Esma hacia la Plaza de Mayo, mientras que la izquierda, las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo mantienen su propia convocatoria.

Asimismo, el Museo Sitio de la Memoria ESMA, bajo la coordinación del consultor Fernando Vedoya, lanzará su propio video introductorio en el que explicará el recorrido que le imprimió la administración al espacio. Una voz al tanto admitió que la idea de la pieza audiovisual, prevista para el 24 de marzo, es agregar elementos sobre la actualidad del país en los años 70.
“Hará foco sobre el accionar subversivo esos años previos a la dictadura y aportará información. Sobre los militares ya está todo dicho, pero se empiezan a tratar de mostrar detalles y elementos de otros actores de la época”, admitieron.
En sintonía, hace algunos días el director libertario de la Casa de Argentina en Francia, Santiago Muzio, ordenó retirar una placa conmemorativa que homenajeaba a las víctimas de la dictadura militar y generó que los residentes reclamaran su regreso.
La pieza estaba instalada desde el 24 de marzo de 2022, y tras el retiro de la misma, desde el Ministerio de Capital Humano explicaron que la determinación se da en el marco de un plan de mantenimiento y modernización. Sin embargo, no hay garantías de su restitución.

Pese a los persistentes trascendidos, en el corazón de La Libertad Avanza descartan la posibilidad de indultar a militares condenados por crímenes de lesa humanidad cuando se cumplan los 50 años del último golpe de Estado. “Eso no va a pasar nunca en los ocho años de gestión del Presidente”, garantizó una importante fuente con acceso al despacho presidencial.
“No hay ni un sector de este Gobierno que quiera promover los insultos”, afirmaron por los pasillos de Balcarce 50 a este medio.
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POLITICA
Javier Milei y sus medidas, EN VIVO: Juan Bautista Mahiques jura hoy como nuevo ministro de Justicia

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