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Un presidente “mentiroso”, “cobarde” y “maltratador”: el retrato de la vocera de Alberto Fernández

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La exvocera de Alberto Fernández habla de un presidente “cobarde, maltratador y mentiroso”, que tiene un comportamiento compulsivo con las mujeres, es “violento” con su pareja y fue llevado al poder por un expresidente que a la vez lo desprecia y no lo deja gobernar. Pero dice que no es Alberto Fernández, sino Salvador Gómez. No es “el hijo de un juez”, sino de un senador y ha sido jefe de Gabinete, pero no de Néstor y Cristina Kirchner, sino de Pedro Sacristán. Eso sí: es profesor de la Facultad de Derecho y no tiene casa propia. Un amigo le presta desde hace años un departamento en Puerto Madero.

Escudada en un relato de ficción, la exvocera Gabriela Cerruti traza el perfil de un presidente que se parece demasiado al que ella conoció de cerca y que, a pesar de la deliberada intención de desacomodar algunas piezas de la historia y distorsionar ciertas biografías, se lee como un relato crudo de un gobierno ineficaz y corrupto, plagado de bajezas, aprietes, negociados, abusos e internas despiadadas.

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Cerruti acaba de presentar en la Feria del Libro su primera novela, titulada El veneno del poder (editorial Sudamericana). Había pasado justamente inadvertida desde su lanzamiento, hace varias semanas: no hace falta ser crítico literario para darse cuenta de que es una obra menor, escrita en prosa vulgar, con giros previsibles y un ritmo narrativo un tanto desarticulado y errático. Pero el libro merece alguna atención, no por sus cualidades literarias, sino por eventuales confirmaciones que podrían asomar bajo el disfraz de la imaginación novelesca. Aun con maniobras distractivas y desvíos descabellados, es una trama que nos resulta demasiado familiar y cercana.

Las coincidencias entre el presidente Fernández y el presidente Gómez son tantas, y tan evidentes que obligan a formular una pregunta: ¿se esconde debajo de la novela la confesión de una vocera “arrepentida”?; ¿es la forma que encontró la exfuncionaria de bajarse de un barco hundido definitivamente tras las denuncias de corrupción y de violencia de género? La ficción, en este caso, más que un ejercicio creativo podría verse como un refugio para la cobardía: ¿se dice bajo la apariencia de una trama imaginaria lo que no se anima a decir “a cara descubierta”?

Alberto Fernández junto a Cerruti, Massa, Cafiero y otros funcionarios en un viaje a Bali. En el libro de Cerruti aparece una escena idéntica a la que se produjo durante ese periplo Presidencia

Retratado en este plano de ambigüedad, donde se cuenta, pero con una máscara, y se insinúa, pero sin hacerse cargo de una denuncia, el libro también expone a Cerruti a interrogantes éticos, aunque eso remita, para el kirchnerismo, a un territorio difuso. ¿No viola un pacto tácito de confidencialidad al describir, aun detrás de un antifaz, intimidades a las que tuvo acceso por la función que desempeñaba? Es un género polémico. Algunos escritores lo han transitado sin demasiados escrúpulos, pero con más talento y originalidad. En un plano más espinoso, ¿no se apela a la ficción para relatar hechos que hubiera estado obligada a denunciar en su momento?

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Cerruti describe muchas circunstancias que, con nombres y detalles cambiados, son prácticamente un calco de las que reflejaron las crónicas periodísticas en el gobierno de Fernández: hay reuniones, viajes, internaciones y crisis que enfrenta Gómez en la novela y que vivió Fernández durante su mandato. “La pandemia fue su mejor momento. Tenía ochenta por ciento de popularidad, creía que era Churchill”, se burla en la página 73. Unos párrafos antes lo describe como un fabulador y un mentiroso compulsivo, con una vida personal desordenada, y torturado psicológicamente por la relación de sometimiento que tiene con un expresidente que lo puso en el lugar en el que está.

Las similitudes son demasiadas. Y si esos hechos supuestamente novelados son un espejo de la realidad, ¿por qué no lo serían otros? Cerruti cuenta, durante “el gobierno de Gómez”, aprietes a jueces, negocios oscuros y “arreglos” con periodistas: ¿es imaginación o recuerdo?

Habla de una primera dama con problemas de alcoholismo y depresión en el marco de una relación patológica con el presidente. Se llama Samantha y muere envenenada: una licencia supuestamente literaria para retratar un final traumático y desolador. Antes de matarla, en la página 116, le hace decir en referencia a su pareja: “No lo aguanto más. A veces lo quiero matar; a veces me quiero morir. Se volvió un monstruo, alguien muy horrible. Siempre fue pajero, y agrandado y mentiroso. Pero era dulce, me cuidaba”. También reproduce un diálogo entre ella y el presidente: “Salvador, te estoy hablando bien. No podés insultarme y maltratarme todos los días, todo el tiempo”.

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Fabiola Yañez al salir del consulado argentino en Madrid, donde declaró contra Alberto Fernández por violencia de géneroFacundo Pechervsky

El relato parece, por momentos, escrito por una testigo que no se hace cargo, sin embargo, de haber estado ahí: toma distancia, incluso, del dogma kirchnerista y no está escrito en “lenguaje inclusivo”, aunque es el que la vocera utilizaba desde el atril oficial. ¿No había convicción en aquella jerga militante del “todos y todas”?

Hay una figura que, curiosamente, no existe en la novela: el presidente Gómez no tiene vocera ni tampoco portavoz, como a Cerruti le gustaba llamarse a sí misma. Se corre de una escena que ahora parece incomodarla, como si aparecer en la trama hubiera implicado una suerte de autoincriminación.

¿Hasta dónde sabía Cerruti lo que pasaba en el infierno de Olivos? “Se fueron consumiendo mutuamente en un círculo de violencia y humillación”, cuenta sobre la pareja presidencial en la página 152.

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La autora apela a una especie de “licuadora” para mezclar la realidad y hacerla aparecer como ficción. El personaje que encarnaría a Javier Milei (Jaime Malson) surge de fusionar características e historias personales del propio Milei y de Mauricio Macri: en lugar de perros tiene gatos a los que adora como si fueran sus hijos. Fue arquero de un club de fútbol, pero también un playboy millonario que sufrió un secuestro extorsivo en los años noventa. La forma de enmascarar las cosas es un tanto obvia y rudimentaria. Eso hace que los personajes ficticios remitan a la realidad de un modo bastante lineal, aun cuando propone un cóctel de biografías entrecruzadas: Sacristán es Cristina, pero también es Néstor.

Hay un periodista (Leopoldo Valaguer) que juega su propio partido dentro del oficialismo: “Tiene hace muchos años un enfrentamiento público con el Cardenal por informaciones que esparció, pero que nunca pudo comprobar”. ¿Será una alusión a las falsas denuncias de Horacio Verbitsky contra Jorge Bergoglio? Siguen las referencias a ese mismo periodista “imaginario”: “Sus amigos dicen que fue un jefe guerrillero y sus enemigos, un colaboracionista con la dictadura militar. Lleva y trae entre Gómez y Sacristán (¿entre Alberto y Cristina?), como lo hizo entre el gobierno y la oposición más ferviente en los setenta, o entre los sindicatos y los intelectuales en los ochenta”. Después da más detalles: “Escribió algunos buenos libros y otros olvidables y una columna de opinión todos los domingos que en algunas épocas tuvo más impacto que en otras en los círculos de poder”. No es difícil imaginar a quién se refiere: “Tiene la imagen de sí mismo más generosa de todos los tiempos”. Lo más sabroso podría estar en esta línea: “Nunca habla de dinero, ni para él ni para sus medios. Para eso hay otros personajes menores”. ¿Había plata negra para los amigos? Como en el resto del libro, Cerruti parece saber de qué está hablando. También cuando lo presenta al periodista Valaguer como un influyente que ponía y sacaba funcionarios. Cuenta que al presidente le “vendieron” la idea de crear el Ministerio de la Mujer: “El problema vino cuando Gómez nombró en ese lugar a una abogada desconocida para el movimiento de mujeres: la propuso Valaguer porque era su amante”. ¿También hay mensajes e insinuaciones cifradas?

No cuenta nada que no se supiera o que no se sospechara. Pero lo cuenta alguien que estuvo ahí. Hace el retrato de un presidente pusilánime y entregado a cierto desenfreno adolescente, capaz de maltratar a otros, pero a la vez torturado por un sentimiento de inferioridad frente a alguien que lo llevó a la presidencia: “¿Por qué me importa tanto lo que piensa? Estoy a los abrazos con todos los presidentes del mundo, tengo las mujeres que se me antoja, gané con el setenta por ciento de los votos. Pero estoy esperando qué va a decir de mí. Obsesionado buscando que me elija, que me mire. Eso, solamente eso. Que Sacristán por fin, de una puta vez, me quiera”, dice el presidente Gómez en la página 214. “Gómez habla de Sacristán con el despecho del amor no correspondido”. Más adelante, en la página 285, lo cuenta la propia autora: “Sacristán lo detesta, lo desprecia profundamente. Al mirar a Salvador Gómez ve la confirmación de su mayor error: su incapacidad para dejar legado, para construir herederos”.

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Cristina Kirchner y Alberto FernándezAlfredo Sábat

El libro desciende todo el tiempo a la melodía del folletín para describir uno de los costados más penosos del presidente: lo muestra inmaduro, irresponsable, adolescente, mientras chatea con mujeres a las que casi no conoce y a las que les pide fotos desnudas y las invita a Olivos: “¿Te gusto?”; “¿me querés?”, imagina (¿o reproduce?) Cerruti uno de esos chats.

“Gómez: un tibio, según sus enemigos; un moderado, de acuerdo con la visión de sus aliados; un conciliador, para los poderosos. Seguía siendo, sin embargo, el mismo mentiroso, mujeriego y desordenado hasta la estafa puertas adentro de su dormitorio”, lo describe en la primera parte del libro. Luego nos cuenta estos detalles: “La Agencia de Inteligencia sabe perfectamente cuáles son los puntos débiles de Gómez, y tiene registro pormenorizado de sus chats telefónicos, sus escapadas a la hora de la siesta y el desfile de personajes pintorescos por el despacho presidencial. Sabe perfectamente que allí graba videos, toca la guitarra, baila tangos, juega con los perros y posa disfrazado imitando a los próceres que lo miran desde los cuadros”. Parece agregarle detalles a aquel video de Alberto Fernández desde el sillón de Rivadavia: “Decime algo lindo”.

Un video grabado por el presidente Fernández en el despacho presidencialCaptura

No es en esos penosos pormenores donde Cerruti aporta algo que pueda resultarnos novedoso, pero tal vez sí cuando habla de la relación entre Gómez y el dinero. Hay que prestarle atención a un personaje central de la novela a la que también es fácil asociar con la pura y triste realidad. En el libro se llama Diana: fue pareja del presidente durante muchos años y se convirtió en una de las principales funcionarias de su gobierno. Es, a diferencia de Samantha, una mujer intelectualmente formada y con una trayectoria política propia. En la página 234, Cerruti describe así los sentimientos de Diana: “No puede ni sonreír. Está demudada, aunque disimula con compostura. Al final, no conocía nada a Salvador Gómez. Podía imaginarse que tuviera una enorme gama de problemas con mujeres, pero jamás hubiera pensado que él también manejaba dinero en valijas. El hombre decente, el hijo del senador… Aceptaba favores, eso sí. Pero uno nunca conoce del todo a las personas”.

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Cerruti niega que Salvador Gómez tenga algo que ver con Alberto Fernández. Recurre a la muletilla de siempre: “Cualquier semejanza con seres conocidos será, sencillamente, porque en estos tiempos la realidad se parece demasiado a la ficción”. Dice que ella ha visto a otros presidentes que tenían comportamientos abusivos con mujeres. Se ha ubicado incluso como víctima de hombres que ya no pueden defenderse. Es evidente, sin embargo, que hasta el propio Alberto Fernández, a punto de enfrentar un juicio oral por violencia de género contra Fabiola Yañez, vería mucho de sí mismo en el retrato de Salvador Gómez. Si piensa en su exvocera, que levantaba el dedo desde el atril como una albertista fanática, quizá murmuraría lo mismo que dice Diana en la novela: “Uno nunca conoce del todo a las personas”. El kirchnerismo chapotea en el barro de las traiciones.

El libro quedará, probablemente, arrinconado en la mesa de saldos de la pseudoliteratura oportunista. Cualquiera que lo ojee recordará aquellos tiempos en los que la autora defendía lo indefendible y el país se avergonzaba de aquel presidente olvidado: ¿Gómez? ¿Fernández? La ficción, las máscaras y la impostura fueron las marcas de esa época.


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Pablo Quirno tras el fallo por YPF: “Con Luis Caputo venimos salvándole las papas a Kicillof hace muchos años”

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El canciller Pablo Quirno afirmó esta noche que “no hay nada que agradecerle” al gobernador bonaerense Axel Kicillof, luego de la resolución favorable para el país del juicio en Estados Unidos contra la expropiación de la petrolera estatal YPF.

“No hay que agradecerle nada a Kicillof, que fue el responsable de la expropiación, una aventura kirchnerista que comenzó cuando trajeron a la familia Eskenazi a la compañía”, afirmó el canciller al programa de Luis Majul en LN+.

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“Con (Luis) Caputo venimos salvándole las papas a Kicillof hace muchos años», completó el encargado de la diplomacia nacional, en referencia a gestiones conjuntas con el hoy ministro de Economía para resolver demandas de los fondos buitre, durante el gobierno de Cambiemos.

El viernes pasado, tras el fallo de la Justicia de Estados Unidos a favor de la Argentina, que evitará el pago de US$18.000 millones, Kicillof sostuvo: “Milei se disfraza con el mameluco de YPF, pero nunca la defendió”. La ex presidenta Cristina Kirchner fue más allá, al defender la estrategia de expropiación de YPF, que a su juicio generó el actual boom del yacimiento de Vaca Muerta.

Axel Kicillof festejó el fallo en EE.UU. y cargó contra MileiPBA

“Esa frase hay que verla de dos formas. Porque ‘disfrazar’ es una palabra ofensiva, no solo para el presidente, lo cual está mal, sino que, si él cree que defiende YPF, para YPF también”, le retrucó a Kicillof el titular de YPF, Horacio Marín, un rato antes que Quirno en el mismo programa televisivo.

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“Todos los fallos eran en contra, así que algo diferente se hizo”, puntualizó el canciller como modo de seguir marcando diferencias con la estrategia del kirchnerismo. “En 2012 ya había cepo, no había forma de que entraran inversiones. Lo que estamos haciendo ahoras es pelear por el derecho a la propiedad privada”, expresó.

En relación al presunto apoyo del gobierno de Estados Unidos para torcer un fallo que podría haber sido desfavorable, Quirno negó cualquier influencia de la administración Trump, aunque reconoció que “el caso afectaba también intereses de Estados Unidos”. Afirmó, en el mismo sentido, que “Argentina ha hecho los deberes con su macroeconomía, y por eso Estados Unidos apoya”.

Cuando el tema en cuestión fue el alineamiento con Estados Unidos, Quirno calificó de “construcción maquiavélica” la posibilidad de que el país sufra un tercer atentado terrorista por su alianza geopolítica con Trump. “Irán es un régimen terrorista hace 47 años, y ha atacado Argentina ya dos veces. No se puede ser neutral o indiferente frente al terrorismo”, destacó, en relación a los atentados contra la embajada de Israel en Buenos Aires, en marzo de 1992, y la sede de la AMIA, en julio de 1994, ambos adjudicados por la Justicia argentina a la organización pro-iraní Hezbollah.

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El atentado en la AMIA causó la muerte de 85 personasGetty Images

El canciller argentino no descartó, en el mismo sentido, alguna colaboración en la guerra que Estados Unidos e Israel llevan adelante contra Irán, al que también acusó de “financiar el terrorismo” en distintos países de Sudamérica.

“Tenemos una disponibilidad relativamente acotada, nuestro sistema de defensa ha sido diezmado. Pero tenemos la voluntad de apoyar, de qué modo será conversado con nuestros aliados”, sostuvo Quirno, dejando abierta la puerta para una eventual colaboración bélica.

Por último, el canciller ensayó una defensa del jefe de gabinete, Manuel Adorni, complicado por distintas denuncias judiciales en relación a su viaje a Punta del Este en jet privado y distintas propiedades adquiridas en los últimos años, no declaradas en sus anteriores presentaciones ante la Oficina Anticorrupción.

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“Manuel es un integrante muy importante de nuestro gabinete. Trabajamos muy bien con él, en estos más de dos años. Hay una intención de generar una sensación de inseguridad, de problemas”, afirmó, sin señalar a los presuntos autores. “Todo lo que se tenga que presentar, se va a presentar dónde corresponda”, afirmó el canciller, cuando Majul le recordó que el jefe de gabinete evitó presentar la documentación en distintas entrevistas y también en la conferencia de prensa que brindará el miércoles en la Casa Rosada.


fallo de la Justicia de Estados Unidos,Conforme a

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Máximo Kirchner presentó un proyecto para blindar la expropiación de YPF y escala la confrontación con Milei

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Tras el fallo favorable para la Argentina en la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que revocó la sentencia de primera instancia en el juicio por la expropiación de YPF, Máximo Kirchner presentó en la Cámara de Diputados un proyecto para reafirmar la decisión tomada en 2012 y consolidarla como una política de soberanía nacional.

Con la iniciativa, el líder de La Cámpora profundizó la confrontación con el gobierno de Javier Milei y con la gestión de Mauricio Macri. El texto propone que el Congreso exprese su beneplácito por la resolución judicial y ratifique que la medida adoptada durante la presidencia de Cristina Kirchner fue “la recuperación de la soberanía hidrocarburífera” de la Argentina.

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El proyecto traslada la discusión al plano parlamentario y busca que quede una definición política en medio de la controversia que se generó por la expropiación del 51% de las acciones de la petrolera. Ese movimiento se inscribe en una estrategia más amplia de La Cámpora para recuperar protagonismo. En las últimas semanas, Máximo Kirchner recuperó centralidad con actos, recorridas en el conurbano bonaerense y en la Ciudad de Buenos Aires y declaraciones públicas.

Un proyecto para blindar la expropiación

Aunque destacó el fallo, Máximo Kirchner evitó mencionar a Axel Kicillof, quien era ministro de Economía al momento de la expropiación y sobre quien se concentraron las críticas de La Libertad Avanza y del macrismo, que lo señalaron como responsable de una mala instrumentación, con un costo potencial superior a los US$16.000 millones para la Argentina.

En los fundamentos del proyecto presentado, el diputado sostuvo que el fallo judicial “no es simplemente un éxito procesal; es la validación internacional de la soberanía jurídica de la República Argentina”.

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“El Estado Nacional a través de diversas administraciones defendió siempre que la expropiación con fines de utilidad pública de YPF se hizo conforme a derecho, como un acto soberano”, señala el proyecto. También afirma que “el estatuto de una sociedad no puede prevalecer sobre la Constitución Nacional y el ordenamiento jurídico de un país”.

Kirchner vinculó el resultado con la estrategia sostenida por el Estado a lo largo del tiempo y cuestionó al Gobierno. “Es una ironía del destino que quienes hoy conducen el país, habiendo denostado sistemáticamente la recuperación de nuestra petrolera de bandera, hoy celebran un triunfo que solo fue posible porque no se rompió la estrategia de defensa nacional que se venía sosteniendo”, sostuvo.

Si logra avanzar en un Congreso adverso, el kirchnerismo buscará darle respaldo político a la expropiación ante eventuales instancias judiciales impulsadas por los fondos buitre que iniciaron el reclamo.

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Críticas a Macri y la comparación con 2016

El proyecto incluye cuestionamientos a la gestión de Mauricio Macri por el acuerdo con los fondos buitre en 2016. El diputado contrastó esa decisión con la estrategia judicial en el caso YPF.

En un acto en Quilmes, Máximo Kirchner y Mayra Mendoza celebraron el fallo a favor de la Argentina en el juicio de YPF en Estados Unidos y volvieron a denunciar lo que consieran como una «proscripción» de Cristina Kirchner (Foto: La Cámpora).

La decisión de pagar US$9300 millones en 2016 estuvo motivada por el negocio del acceso al mercado financiero. Se priorizó la toma de deuda masiva por sobre la defensa de la inmunidad soberana que hoy se ha validado”, afirmó. En esa línea, agregó que “pagar en 2016 fue una decisión ideológica y de mercado; resistir en el caso YPF fue una decisión de Estado”.

También planteó que el fallo obliga a revisar ese antecedente y sugirió que la Argentina podría haber evitado el ciclo de endeudamiento posterior si se hubiera sostenido la misma estrategia.

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Según el diputado camporista, la decisión judicial “reivindica el derecho de la República Argentina a decidir sobre sus recursos naturales y su marco normativo interno sin tutelajes de tribunales extranjeros”.

Máximo Kirchner sube el perfil

En paralelo al proyecto, Máximo Kirchner refuerza su presencia territorial en la provincia de Buenos Aires, donde La Cámpora impulsa la idea de una posible candidatura a gobernador del diputado.

La semana pasada acompañó a Mayra Mendoza, que asumió como titular del PJ de Quilmes, escenario que utilizó para volver a denunciar lo que considera la “proscripción” de Cristina Kirchner y reforzar su mensaje sobre YPF.

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“Por lo que hoy tienen secuestrada y encerrada a Cristina el Poder Económico y la Corte Suprema tiene que ver con esa nacionalización de YPF”, afirmó. También sostuvo que existe una oportunidad de salir adelante si hay “voluntad y la fortaleza para soportar las presiones”.

Leé también: Fate: el gremio del neumático pide una reunión con Kicillof y marchará a La Plata el miércoles

En ese discurso, insistió en el rol de los recursos energéticos. “En el país de Vaca Muerta no podemos pagar el litro de nafta como si fuera un país que no tiene petróleo”, planteó. Y agregó que el superávit energético alcanzado en 2025 explicó “más del 60% del resultado total” del intercambio entre exportaciones e importaciones.

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Con el proyecto, firmado por 11 diputados de Unión por la Patria, Máximo Kirchner envió una señal interna y externa en el peronismo. La Cámpora busca consolidar la defensa de la soberanía hidrocarburífera como una de sus principales banderas.

YPF, Máximo Kirchner, La Cámpora

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Horacio Marín criticó a Axel Kicillof por cuestionar que Milei utilice el mameluco de YPF: “Es la vestimenta del hacer”

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El presidente de YPF, Horacio Marín, le respondió este domingo por la noche a Axel Kicillof, luego de que el gobernador bonaerense criticara a Javier Milei por la utilización del mameluco de la petrolera y asegurara que el Gobierno hoy se beneficia de la decisión suya y de Cristina Kirchner de expropiar la empresa en 2012. “Son juegos políticos que me parecen que no le hacen bien a la Argentina”, pronunció Marín.

El viernes, tras el fallo de la Justicia de Estados Unidos a favor de la Argentina, que evitará el pago de US$18.000 millones, Kicillof sostuvo: “Milei se disfraza con el mameluco de YPF, pero nunca la defendió”. Consultado en LN+ al respecto, Marín consideró: “Esa frase hay que verla de dos formas. Porque ‘disfrazar’ es una palabra ofensiva, no solo para el presidente, lo cual está mal, sino que, si él cree que defiende YPF, para YPF también”.

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Kicillof había dicho que a pesar de usar el mameluco de YPF, Javier Milei no defiende a esa empresa Prensa Gobernación

“La gente de YPF siente orgullo de que el Presidente se ponga el mameluco”, dijo y explicó: “Es la vestimenta del hacer, de los que estamos en los pozos. Es un gran acto del presidente, honorable y de una humildad extraordinaria. Y si vamos al tema de marketing, es la mejor campaña que podemos tener”.

Para Marín, las críticas de la oposición “son juegos políticos” que “no le hacen bien a la Argentina”. “Hay que reconocer cuando otro hace las cosas bien y después decir: yo las voy a hacer mejor. Hay que calentarse por hacer las cosas bien”, enfatizó respecto al trabajo que llevó a cabo la administración libertaria para motivar el fallo a favor.

El CEO de la empresa energética se refirió a la utilización del mameluco de YPF por parte de Javier Milei

En ese sentido, señaló: “El Estado nacional siempre tiene, en los juicios, por ser soberano, muchas más respuestas en defensa de las que tiene una compañía privada como YPF, que cotiza en la bolsa. Para YPF hubiera sido terrible perder el juicio”.

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Además, el CEO de YPF aseguró que la decisión del Presidente de utilizar la vestimenta de la empresa que dirige “es la mejor campaña de marketing que podemos tener”.

Marín mencionó a funcionarios del gobierno que hicieron «un trabajo extraordinario» para llegar al reciente fallo favorable

Por otra parte, contó que cuando comenzó su gestion al frente de la empresa, en la primera reunión que tuvo para abordar la problemática que significaba este juicio, un abogado le aseguró que “si YPF perdía este juicio no iba a haber más compañía”. En ese sentido afirmó: “Nos sacamos una mochila grande”.

En ese sentido, en los agradecimientos y felicitaciones por el fallo favorable obtenido mencionó al presidente Javier Milei, a María Ibarzabal -titular de la Secretaría de Legal y Técnica-, a Sebastián Amerio -Procurador del Tesoro-, a Toto Caputo -ministro de Economía-, al canciller Pablo Quirno y al embajador Alec Oxenford. “Hicieron un trabajo extraordinario. Los abogados nos decían que las probabilidades eran muy bajas”, dijo.

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En otro tramo de la entrevista Marín aseguró que en los últimos 20 años en la Argentina, el sector energético “no crecía porque el Estado tenía que hacer todo, porque sino no había inversión”. En contraste con eso, afirmó que “el gran cambio que está haciendo el presidente Milei es la apertura a los mercados, que nos permite trabajar».


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