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CHIMENTOS

Rubén Blades vuelve a Argentina para despedirse de los escenarios: “Ya hice lo que tenía que hacer”

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En esta entrevista exclusiva, el panameño evoca el show con los Abuelos de la Nada

Con el tour Fotografías, basado en su flamante disco del mismo nombre, Rubén Blades le pone fin a su camino en los escenarios para cerrar apenas una parte de su historia. La leyenda panameña asegura que es la última vez en la carretera, que ya no tiene ganas de salir por el mundo a cantar sus canciones, que prefiere enfocarse en otras prioridades, pero antes quiere despedirse de su gente en diferentes partes del mundo. En definitiva, invita a compartir un “last dance”, nunca mejor usada la figura para alguien que revolucionó para siempre la música latina.

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“El problema no es que me sienta con menos fuerza, sino que es una cuestión de tiempo”, le dice a Infobae el artista de 77 años, que deja en claro que no se retira de la actividad artística sino que prefiere administrar los esfuerzos. “Hay varias cosas que me gustaría todavía intentar hacer, entre ellas retomar mis relaciones con mi familia y con mis amigos, que siempre han dependido del tiempo y de las ocupaciones que tengo. Voy a hacer música un rato más, pero ya se hizo lo que se tenía que hacer”.

Lo firma Blades desde Nueva York por videollamada, en una entrevista exclusiva con Infobae, el único medio argentino con el que va a hablar antes de su visita el 16 de agosto en el Movistar Arena. Y “lo que se tenía que hacer” es ni más ni menos que un diagnóstico de más de medio siglo de la comunidad latina en forma de canciones. De sus penares, de sus alegrías, de las injusticias, de las migraciones. Sea en solitario, en aquél mítico dúo con Willie Colón o junto a la actual Roberto Delgado Big Band, su monumental obra lo ubica entre los más grandes compositores de habla hispana del último medio siglo. Y, sin embargo, esta es apenas una aproximación posible a su personalidad.

Rubén Blades con Roberto Delgado & Orquesta en vivo – Plástico

Actor, abogado, dirigente político, activista, excandidato a presidente de Panamá, la de Blades es la muestra cabal de un hombre que hizo de cada una de sus inquietudes un camino posible para trascender. En el caso de la música, lo que nos ocupa principalmente en esta entrevista, su nombre está en un lugar destacado tanto en la enciclopedia como en el corazón de los pueblos. Canciones como “Pedro Navaja”, “Tiburón”, “Amor y control”, “El cantante” y “Plástico” entre tantas otras fueron la banda de sonido de las oleadas migratorias que vieron en Estados Unidos un norte. Pero aparte de hacerlas bailar, la invitó a pensar. Y en eso fue pionero, referencia y una bandera que lo conecta con las nuevas generaciones.

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Cuenta la leyenda, y lo ratifican las canciones y los hechos, que de su sociedad con el trombonista Willie Colón cambió para siempre la historia de la salsa. Pero antes y después de eso, Blades mostró ser un espíritu en permanente movimiento, como ese abogado se vio obligado a dejar Panamá por motivos que ya contará. Nueva York fue el destino en el cual se propuso forjar su propio guion del sueño americano, una historia que iba a transcurrir en el sello Fania, la meca de la salsa. Allí empezó como cartero, repartiendo discos, pero en poco tiempo iba a ser el el protagonista de su propia historia.

A más de medio siglo de esa huida hacia adelante, Blades tiene nuevo disco, la excusa para traerlo a la Argentina en este tour de despedida. Fotografías es, de alguna manera, un diálogo con su obra y también el reflejo de un mundo que ya no existe. “La fotografía es testimonio de memorias”, explica sobre ese click que retrata nacimientos, graduaciones, cumpleaños, esperanzas. “Siempre una historia detrás de cada foto, y te ayuda a mantener viva a la gente que se ha ido y a recordar momentos que fueron muy importantes para ti. Por eso quise hacer esa canción”, agrega, sobre el leit motiv en el que montó su último espectáculo.

El afiche promocional de Rubén Blades para su show en Argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

—La fotografía de hoy parece tener otro rol, menos romántico, más efímero.

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—Creo que la fotografía hoy adquiere un aspecto más narcisista y lo que hay ahora es más bien un homenaje al ego. La gente se la pasa fotografiándose y poniéndose en TikTok, asumiendo que lo que hacen es importante que otros lo sepan. Yo no hago eso, pero no tengo opinión sobre eso más que decir que es otro mundo en el cual yo no vivo.

—En “Emigraciones”, un tópico que visitás seguido en tus canciones, hay una frase que quiero destacar: “Nadie emigra de su patria porque quiere / el que sale lo hace por necesidad”. ¿Cuál fue la tuya? ¿Imaginás cada tanto qué hubiera sido de tu vida sin esa necesidad?

—Es que la gente por lo general sale de su patria motivada por una presión, una razón. Yo no nací y crecí pensando en cuando llegaría la hora de irme. Estaba completamente tranquilo en mi país. Lo que hubo fue una dictadura militar que creó consecuencias para mi familia, que se fue en el 73, y yo, que me gradúo de abogado en el 74, me voy a reunir con ellos. Pero si no hubiera sido por eso, me hubiera quedado en Panamá, hubiera sido abogado, hubiera sido otra cosa, pero no cantante ni actor. Por eso siempre digo que para resolver el problema de las migraciones masivas, lo primero que hay que resolver son los problemas que las ocasionan. El problema está en la raíz. Nadie, o casi nadie, se quiere ir. Hay excepciones, por supuesto, pero por lo general, las migraciones masivas que vemos son ocasionadas por problemas políticos y económicos. El desgobierno crea las condiciones para que la gente se tenga que ir.

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El músico panameño recuerda su despedida al cantante de Los Redondos

—Esta mirada profunda sobre la realidad la trasladaste a tu obra y a esa supuesta distancia entre música para bailar y música para pensar que te propusiste romper, o al menos unir, y que te valió el mote de “el poeta de la salsa”. ¿Cómo te llevás con ese elogio que puede transformarse en una carga o una limitación?

—Creo que ha habido una falla a la hora de hacer los análisis. La Ilíada, que es uno de los pilares de la literatura mundial, se cantó. La literatura parte de la música. Entonces no hay ninguna incongruencia entre ser un cantante que dice cosas que pueden considerarse poéticas y un supuesto intelectual literato que escribe desde un escritorio. Y te digo más: la poesía que yo escribo es mucho más difícil que la del poeta de escritorio, porque ese puede detenerla o extenderla cuando le dé la gana. Yo tengo que ajustarme a la clave, ser lo más preciso posible dentro de un período, y por eso hice las canciones más largas. “Pedro Navaja” es un cuento corto, casi una novela, donde tengo que desarrollar el tema en siete minutos ajustándome al rigor de la clave, dentro de esa limitación. Yo me considero un escritor y no un poeta, aunque muchos me han dicho que sí es poesía. Ahora que estoy más viejo, la leo y me doy cuenta de que se podría considerar como tal. Lo que no quiero es que se me distinguiera de mis otros compañeros de una forma en que se sugiriese que ellos tenían menos valor que yo, porque eso no es cierto.

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—Esa manera de escribir trascendió generaciones y fue reinvidincada por artistas como Bad Bunny en su histórico concierto en el Super Bowl, en esa cita a la unidad latinoamericana, a ese “orgullo que Bolívar soñó”, que habías enarbolado en el disco Siembra de 1978. ¿Qué opinás de su figura y de la actualidad de la música latina?

—Yo lo conozco desde hace unos siete u ocho años, cuando hice un concierto de tres horas y media en Puerto Rico, y él fue con la mamá y el papá, que cumplía años y pidió ir al show. Te das cuenta de que todos estos muchachos —Bad Bunny, Farruko, Tego Calderón, René de Calle 13— crecieron en casas donde se oía salsa y la llevan muy bien. Y aparte, las ideas son de todos. Una vez que pones la idea, como en Siembra, esa convocatoria de que todos estamos en la misma casa, que todos somos familia, que los problemas y las soluciones son comunes, se extendió por toda América. Bad Bunny la retoma con mucha razón y lo hizo muy bien. ¿Y para qué son las ideas si no es para compartirlas? Por eso la idea de las banderas me pareció excelente.

Rubén Blades
Blades obtuvo el Grammy por la versión 2023 de Siembra, una revancha que esperó 45 años

—Y un reconocimiento también a ese álbum que fue premiado por el Grammy en su versión 2023. Mencionaste “Pedro Navaja”, seguramente tu canción más conocida, pero allí también están himnos de la canción popular latinoamericana como “Plástico” o “Buscando Guayaba” que trascendieron en el tiempo. ¿Qué siente aquel abogado, que dejó atrás Panamá por la fuerza, al ver en qué se ha convertido su obra?

—Lo único que me agrada es que espero haber ayudado a alguien de alguna forma: a considerar cosas que no había considerado antes, a creer posibles cosas que creía imposibles, y a tener quizás un poquito más de optimismo. Porque yo soy muy optimista, a pesar de todo. Nosotros hemos creado estos problemas y nosotros podemos resolverlos; estoy completamente convencido de eso. Pero sí es una sorpresa, porque en realidad yo no hice nada de acuerdo con lo que se tenía que hacer. No estaba escribiendo canciones de amor ni temas que sonaban como los de los otros. Mis letras provocaban polémica, y las compañías de discos no quieren polémica. Fue gracias a la gente y a los DJ que se atrevieron a tocar esos temas. Ahora, lo que no me sorprende es que si tú escribes algo que está bien escrito, dura. Mira “Cambalache”, escrita hace cien años, y la cantas hoy y suena como si la acabaran de escribir. Las letras que yo escribí fueron adoptadas por la siguiente generación que se encontró con los mismos problemas y las mismas circunstancias existenciales. El hecho de que Siembra, que no ganó en el 1978 gane el premio 45 años más tarde, quiere decir que esas canciones fueron adoptadas, readoptadas y redescubiertas por otras generaciones. Eso te indica que lo que escribiste tenía pierna.

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—Hablar de Siembra es también hacerlo de Willie Colón, tu socio musical por entonces, con quien tuviste tus idas y vueltas y estabas distanciado al momento de su muerte. ¿Cómo fuiste procesando su partida a medida de que fue pasando el tiempo?

—Siempre con mucho respeto y con mucho dolor, porque no lo esperaba; sobre todo, porque él es dos años más joven que yo. Lo lamento muchísimo, pero hay gente que no muere nunca. Willie, al igual que Celia Cruz, Tito Puente, Héctor Lavoe, son gente que no muere. Es una lástima la situación que tuvimos, pero al margen de eso, los momentos que recuerdo con él, que fueron muy agradables, no desaparecerán jamás. Nunca desconoceré eso y lamento que se haya ido, porque estoy seguro de que hubiera podido dar mucho más.

Fotografía en blanco y negro de Rubén Blades y Willie Colón, quienes posan de medio cuerpo sonrientes, con Blades poniendo un brazo sobre el hombro de Colón
La foto que publicó Rubén Blades el día de la muerte de Willie Colón

En su documental autobiográfico Yo no soy Rubén Blades, la primera canción que suena es “Vete de mí”, esa gema de los hermanos Homero y Virgilio Expósito en clave de bolero. Es un guiño del panameño a la música argentina que lo acompañó a lo largo de su vida, aunque su ADN pueda sugerir lo contrario. Como prueba, está la presencia de Carlos Franzetti como arreglador en “Siembra”, los aires folklóricos y de canción rioplatense que se perciben en “Tiempos” y el álbum de versiones en clave de tango, de nuevo con Franzetti y la orquesta de Leopoldo Federico. Una excusa para invitarlo a pasear por los sonidos de esta parte del mundo.

—¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado a la música argentina?

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—Gardel, como todo el mundo. En Panamá escuchábamos todo tipo de música, porque la música entraba por el Pacífico y el Atlántico. En la casa se oían los tangos de Gardel,que ya era una celebridad mundial, y esa fue nuestra primera aproximación a la música argentina. Después fui conociendo otros artistas, como Astor Piazzolla, que para mí es un genio. Aunque te digo que la primera vez que fui allá, en el 83, me preguntaron por esto mismo en una radio. Yo dije que me gustaba mucho Piazzolla y la persona que me entrevistaba no estaba muy de acuerdo. Me dijo que eso no era tango. Después tuve el placer de tocar con él en Montreux con Seis del Solar y en la misma semana en la que estuvo Miles Davis.

La versión de Rubén Blades de «Pedro Navaja» para su álbum Tangos

—¿A vos te pasó lo de Piazzolla, esto de ser cuestionado por tu estilo rupturista?

—Sí. A mí me dieron mucho palo y todavía me dan. No por contenido ideológico, sino por el contenido extraño de mis canciones, porque decían: “¿Eso qué es?”. Mira, yo hice un disco que se llamó Agua de luna, para el que tomé cuentos cortos de García Márquez y los musicalicé. Fue un desastre: los intelectuales decían que me había cagado en la obra de García Márquez y los salseros decían que me había cagado en la salsa. Me dan palo todavía, aunque hay canciones ahí que están siendo redescubiertas, como “Ojo de perro azul”. Me han prohibido en Cuba y en Miami, me han dicho de todo a través de mi vida y creo que eso es un indicio de que voy por el camino correcto. Porque si entras en esto esperando aplauso, estás entrando mal. Haz tu trabajo y no esperes nada

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—¿Qué recordás de tu primera visita a Argentina en agosto de 1983? Un país que se preparaba para salir de la dictadura, y un show inolvidable con Los Abuelos de la Nada en el Estadio Obras.

—Daniel Grinbank nos llevó y lo recuerdo con mucha alegría. En ese tiempo en Nueva York no estábamos tocando mucho porque me tenían vetado, ya que cuando estaba con Willie Colón había tratado de crear una sociedad de músicos para defender los derechos, y cuando me salí me vetaron. La oferta de Grinbank de ir a tocar a Buenos Aires y a Montevideo fue muy buena. Económicamente era muy baja, pero fuimos, porque tampoco nadie nos conocía como banda, y le agradecimos eso mucho. Yo no tenía idea de que en Argentina pudiéramos tener algún tipo de apoyo. La gente que fue a Obras Sanitarias creo que fue a ver a Los Abuelos de la Nada, que estaban de vuelta. Había una fila enorme. Tocamos por primera vez canciones de Buscando América. Me llamó mucho la atención que la dictadura mandó cámaras de televisión: tipos con el cabello casi rapado, chaquetas de cuero y lentes oscuros, como para que se supiera quiénes eran, porque eran los únicos que no brincaban ni bailaban, pero filmaron todo. La gente, en cambio, brincaba y bailaba. Cuando tocamos “El padre Antonio y el monaguillo Andrés”, la reacción de la gente me hizo entender que efectivamente teníamos una propuesta distinta y que iba a tener apoyo. Eran rockeros casi, pero nosotros teníamos un estilo que mezclaba jazz, rock y salsa, así que caíamos perfectamente bien en ese ambiente.

El afiche de la primera visita de Rubén Blades con Los Abuelos de la Nada
El afiche de la primera visita de Rubén Blades con Los Abuelos de la Nada

—Los Abuelos tenían algo de esa mixtura.

—Yo creo también que fue la coincidencia, porque la guerra de las Malvinas hizo que mucha de la programación en inglés fuera retirada de las radios, y eso abrió espacios para canciones como “Tiburón”, que resonó mucho allá, especialmente después del trágico hundimiento del Belgrano. La gente se preguntaba: “¿Quiénes son estos tipos?”. Y eso nos ayudó mucho a que se nos aceptara en ese primer viaje, porque éramos una banda completamente desconocida. Y hasta el día de hoy le doy las gracias a Calamaro y a los muchachos de Los Abuelos de la Nada que estaban esa noche ahí, por ayudarnos a que nos conocieran.

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—Bueno, Andrés hizo una versión de “El Cantante” y lo asumió casi como un alter ego en aquel disco del 2004. ¿Hablaron del tema?

—Él me habló de eso, sí, se lo agradezco mucho. Él es un tipo muy correcto, siempre pide permiso. Son íconos, como Charly García, Fito Páez, y ahora esto del Indio Solari…

—Me sorprendió tu publicación sobre el Indio, porque a diferencia de estos artistas, su música no trascendió mucho más allá de las fronteras de Argentina y Uruguay.

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—Por eso me gustaba, porque en eso él y yo nos parecíamos mucho. Siempre me parece mucho más efectivo lo que los gringos llaman word of mouth, que la gente hable de ti, en vez de hacer propagandas masivas para que la gente te quiera. Él simplemente se iba y tocaba en un pueblito por allá que nadie sabía dónde quedaba, y el que quería verlo iba y el que no, no. Eso me pareció siempre genial, porque me recordó mucho a Jerry García y el fervor de la gente. Jerry fue amigo mío también y tocó conmigo con Seis del Solar. Ese día estábamos tocando con Santana también. Carlos fue a coger el solo y yo le dije: “No, hombre, déjaselo a Jerry. Mírale la cara, la felicidad que tiene”. Así me parece que era el Indio. No recuerdo haberlo visto en persona, pero esa gente no necesita ser vista para ser conocida.

El posteo de Rubén Blades para despedir al Indio Solari (Instagram)
El posteo de Rubén Blades para despedir al Indio Solari (Instagram)

—Otro artista que te grabó fue Vicentico, que además de “Tiburón”, hizo “Desapariciones” con Los Fabulosos Cadillacs. Es muy conmovedor ver cómo esas historias personales, con nombre, apellido, profesión, barrio, podían ser trasladadas a Argentina y a otros países de América Latina.

—Esa fue la idea. Yo no escribo desde un punto de vista ideológico, porque no creo en eso. Me parece una estupidez. Las ideas evolucionan. Si te quedas parqueado en una sola idea, vas a estar mal en algún momento, porque las cosas cambian. No tienes que cambiar tu honor ni tu dignidad, pero las ideas tienes que atender su evolución, porque la gente necesita ser escuchada. Yo trato de escribir desde el punto de vista de los que no tienen voz, para hablar no por ellos, sino con ellos. Eso fue lo que hice con “Desapariciones”: decirle a la gente que vivía la situación, en lugares donde la dictadura no permitía la difusión libre de opinión y de noticias, que no estaban solos. Y también tuve mucho cuidado de no ponerme en el plano de protagonista. Por eso usé el reggae a propósito, porque impide el baile y tiene un contenido hipnótico. Decidí que la melodía se repitiera en círculo con diferentes portavoces, con la necesidad de incluir a la señora, al señor, al muchacho, a la muchacha, porque era una cuestión general.

—¿Tuviste algún problema por cantar este tipo de canciones?

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—En Panamá me prohibieron ese álbum, Buscando América, pero por otras razones, porque no podían admitir que existía el problema. Entonces fueron por “Decisiones” y me acusaron de incitar al aborto, a la infidelidad y al alcoholismo, porque de eso habla la canción (risas).



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CHIMENTOS

Pity Álvarez habló luego de su crisis nerviosa: “Me va a explotar la cabeza”

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En una comunicación telefónica, el cantante expresó su preocupación por su situación actual.

Este martes por la mañana, Cristian Pity Álvarez habló desde el Hospital Tornú, donde permanece internado desde el 23 de septiembre mientras atraviesa el juicio por el crimen de Cristian Maximiliano Díaz. En una comunicación telefónica con La Mañana con Moria, el histórico líder de Viejas Locas e Intoxicados se refirió al momento que atraviesa, habló de su situación judicial, explicó qué ocurrió antes de su internación y contó por qué la música continúa siendo el principal espacio en el que logra sentirse bien. También aseguró que podría recibir el alta “hoy o mañana”, aunque aclaró que llevaba varios días atravesado por preocupaciones que le impedían descansar.

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La conversación comenzó cuando el cantante explicó que necesitaba hablar sobre el juicio en el que se encuentra involucrado, las fechas que suspendió y los proyectos musicales que continúa desarrollando. Según relató, la acumulación de asuntos terminó por llevarlo a un estado de colapso: “Es como que tengo en la cabeza… Si no fuera por esto del juicio, me va a explotar la cabeza, voy a dejar una mancha en la pared que diga: ‘Arte’ y seguro algún boludo va a hacer cuadernos”, expresó.

El Pity aseguró que no recordaba con claridad lo que había sucedido el día previo. “Me pasó que el lunes colapsé, no sé. Tengo tantas cosas en la cabeza que me agarró así como un brote psicótico. La verdad que yo no me acuerdo de nada”, relató. El músico explicó que tampoco podía reconstruir el momento en que salió de su casa ni el traslado al hospital. “Me dicen de cuando me trajeron acá, de cuando salí de mi casa. No me acuerdo de nada”, sostuvo.

Para describir la sensación de saturación que atravesó, utilizó una imagen vinculada con el exceso de voces y estímulos. “Cuando tus ocho hijos te hablan a la vez y no los podés escuchar a todos”. Después aseguró que en ese momento se encontraba mejor. “Ahora estoy en una cama en un hospital y puede ser que, si no me mienten, voy a poder salir hoy o mañana y estoy bien”, afirmó.

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Álvarez también contó que durante la internación durmió varios días seguidos y que luego comenzó a tener dificultades para volver a descansar. “Bajé en cuatro o cinco días. En realidad, dormí como cinco o seis días y hace tres días que no puedo dormir, volviendo a pensar en las cosas que me vienen preocupando”.

Asi intento escaparse Pity Alvarez del hospital Tornú

Cuando le preguntaron qué necesitaba para sentirse bien, el músico fue directo. “Yo lo que necesito para estar bien es tener la tranquilidad de seguir con mi grupo, es lo que más me gusta. Yo cuando hago música me transformo”, expresó. Reconoció que tenía días malos, como cualquier persona, y que a veces debía enfrentarse a situaciones que lo alteraban, pero remarcó que el escenario y el trabajo con sus compañeros representaban un lugar fundamental para él.

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También se refirió a las personas que dudaban de su estado y cuestionaban que pudiera presentarse durante horas en un escenario, recordar sus canciones y sostener un recital, mientras atravesaba dificultades para enfrentar el proceso judicial. Ante esas críticas de estar realizando “un acting”, el Pity sentenció: “Yo no me voy a declarar inocente porque afronto los sucesos que pasaron”.

Sin embargo, explicó que el funcionamiento de un artista durante un show no podía compararse con su desempeño fuera del escenario. Y comparó con la profesión de Moria: “Cuando salís al teatro de revistas, brillás, ¿no? Pero cuando estás en el camarín te vas a fijar en la cartera y te olvidaste el perfume, que es tan importante para vos. O te olvidaste, qué sé yo, el registro en Banfield”, señaló.

A partir de esa comparación, describió lo que ocurría cuando comenzaba un recital. “Cuando nosotros hacemos arte, no te digo que lo hacemos de memoria, porque si fuera de memoria sería feo, porque sería siempre igual. Pero pinta algo tan lindo que primero le empezás tirando vos a la gente, la gente te lo devuelve, vos se lo volvés a dar. Es como una pelota inflable que va y viene. Un feedback”, explicó.

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El músico sostuvo que no necesitaba ayuda para cantar sus canciones. “Yo no tengo que andarme poniendo un televisorcito para acordarme las letras, porque esos son como mis hijastros”, dijo. Luego aclaró que las canciones eran composiciones propias y que podía interpretarlas de principio a fin. “Las compuse y te puedo cantar cualquier letra en este momento de punta a punta”, aseguró.

Para demostrarlo, Moria le pidió que cantara algo y Pity apeló a uno de sus clásicos, modificado para la ocasión: “Me gusta cómo te vestís y cómo andás. Me gusta tu pelo, tu cuerpo. Me gustaría poderte bañar. Y te estoy hablando, Moria, porque me gustás mucho”.

Pity Álvarez se retira de los tribunales

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Más adelante, Álvarez relató que hizo luego de la situación que terminó con su internación. “Después de que pasó todo eso, me senté y les di clase de ética”. Según explicó, el abogado discutía con la directora del lugar y con una secretaria, mientras varias personas hablaban al mismo tiempo. Esa situación lo alteró y decidió intervenir. “Y dije: ‘Amigos, ¿no pueden hablar más bajito y pidiendo la palabra?’. Porque estaban hablando como cuatro personas juntas y a mí me estaban volviendo loco”, recordó.

El Pity reconoció que la interacción social podía resultarle difícil cuando varias personas hablaban al mismo tiempo. Sin embargo, diferenció esa situación de lo que ocurría durante sus presentaciones. “Yo estoy en el mejor momento de mi vida, Moria”, afirmó más adelante. La frase sorprendió por el contexto de la internación y del juicio, pero Álvarez explicó que había atravesado cambios importantes en los últimos tiempos.

En ese sentido, recordó el período en el que estuvo detenido y afirmó que dejó una de sus adicciones. “Cuando estuve en cana dejé de fumar pasta base, que era lo que me rompía las pelotas. Tal vez habrá estado bien estar un tiempito ahí, porque me ayudó”, sostuvo. Luego agregó que continuó con ese proceso durante dos meses después de recuperar la libertad y que, a partir de entonces, comenzó a observar algunas situaciones con mayor claridad.

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El músico también habló de las interpretaciones que otras personas hicieron sobre su comportamiento. “Me quisieron hacer pisar el palito como que iba a ser un cachivache”, afirmó. Según explicó, quienes lo fueron a ver a Córdoba habrían esperado encontrarlo en otra situación, pero cambiaron de opinión cuando comprobaron que podía interpretar sus canciones sin olvidarse las letras.

“Como vieron que no fui un cachivache, se fueron para el otro lado. Dijeron: ‘¿Cómo este muchacho puede dar treinta y tres temas sin olvidarse la letra, manteniendo un ritmo sin altibajos y no puede ir a juicio?’”, relató. Para el Pity, esas críticas no comprendían la naturaleza del arte ni la manera en que un músico podía desenvolverse arriba de un escenario.

Antes de finalizar, Álvarez habló sobre la organización de sus fechas y la importancia que tenía para él cuidar cada detalle de sus presentaciones. “Termina una fecha y me tomo dos días y empieza la otra, aunque falte un mes y medio”, explicó. Luego enumeró algunos de los aspectos que consideraba centrales para preparar un show: “Lo que manejo de mis fechas es el arte, sonido, luces, campo de batalla, estrategias para que los chicos estemos bien”.

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También mencionó las pruebas de sonido, la seguridad del público y la necesidad de que quienes asistieran pudieran disfrutar de un buen momento. “Que sea un lindo momento para todos, que estemos juntos, prueba de sonido, seguridad de la gente que va. Que todo sea hermoso”, señaló.

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CHIMENTOS

El ruego desesperado de una de las ex de Daniel Osvaldo en el momento más delicado de su internación: “Por favor, dejen de…”

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Las alarmas siguen encendidas por Daniel Osvaldo, que a sus apenas 40 años quedó internado en terapia intensiva, con sus pulmones comprometidos. Osvaldo ingresó al hospital con un tremendo dolor en el tórax que derivó en un derrame pleural con pus y líquido, por lo que debió ser operado. 

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 Al ex futbolista lo intervinieron quirúrgicamente y ahora su familia asegura que está estable y lúcido en el Hospital Bicentenario de Monte Grande luego de un derrotero por varios centros de salud desde que empezó con sus dolencias. Y en medio de este cuadro delicado, Ana Oertlinger, ex de Osvaldo y mamá de su hijo mayor, Gianluca, rompió el silencio.

Oertlinger se pronunció en redes con un pedido contundente. Decidida a poner freno a las constantes consultas en este momento tan sensible, la mujer publicó un tweet donde dejó en claro que no está dispuesta a brindar información sobre el padre de su hijo de 19 años. 

“A periodistas y productores: por favor les pido que dejen de llamarme y mandar mensajes. Realmente no tengo nada que decir o aportar”, arrancó Ana, y cerró: “Sepan comprender que es muy incómodo que me pregunten por algo tan delicado como la salud de mi exmarido y padre de mi hijo. Respetemos el momento. Gracias”.

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LAS FUERTES DENUNCIAS DE ANA OERTLINGER CONTRA DANIEL OSVALDO

Vale destacar que Oertlinger fue la primera ex pareja de Daniel Osvaldo en exponer públicamente al ex deportista por no cumplir con sus responsabilidades con su hijo. Ana apeló a los medios y a las redes para manifestar que el padre no pasaba un peso para la manutención de Gianluca.

«11 de abril. Querido diario: empiezo a sospechar que este muchacho tiene problemas con las fechas. Quizás necesita una agenda para anotarse cuándo debería depositar la cuota alimentaria. ¡Debe estar muy ocupado para recordar todas sus responsabilidades!», gatilló furiosa Ana Oertlinger en 2023 en Twitter, una de las tantas veces en la que remarcó las faltas de Dani Stone. 

A pesar de haber tenido varios roces en un primer momento, hoy la relación de Ana y Jimena Barón es muy buena y cercana, cuidando el vínculo de sus respectivos hijos, que se llevan bárbaro y comparten vacaciones y demás eventos familiares. 

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daniel osvaldo internado, qué le pasa a daniel osvaldo, daniel osvaldo salud

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CHIMENTOS

El viaje en familia de Sol Pérez con su hijo Marco por los parques de Disney: “La felicidad es total”

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Sol Pérez posa junto a su esposo Guido Mazzoni y su hijo Marco frente al castillo de Magic Kingdom durante sus vacaciones familiares

Sol Pérez y Guido Mazzoni compartieron las postales de unas vacaciones familiares junto a su hijo Marco, de un año y medio, y los padres de ambos, un viaje que comenzó en Punta Cana y continuó en los parques de Disney. Lejos de las producciones y las agendas laborales, la pareja mostró una secuencia de imágenes centradas en la convivencia de tres generaciones y en la reacción del niño frente a las primeras experiencias del recorrido.

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“Un poco de todo lo que estuvo pasando estos días. La felicidad es total… no sabíamos si a Marco le iba a parecer un buen plan y la verdad que estamos todos fascinados”, escribió Pérez al acompañar el álbum que reunió escenas cotidianas, paseos y retratos grupales.

Un niño pequeño de pie en el centro de una calle asfaltada flanqueada por palmeras altas y fachadas de edificios de estilo vintage
Marco, hijo de la conductora Sol Pérez y Guido Mazzoni, posa en medio de una avenida del parque temático Disney

El centro de cada publicación fue Marco. En una de las imágenes se lo ve de pie frente a un gran acuario, atento al movimiento de los peces detrás del vidrio. Lleva una remera y un short con estampas de Mickey Mouse, además de sandalias azules, un vestuario que anticipó el clima de los días en los parques. En otra postal aparece sentado en su cochecito, con un pequeño ventilador incorporado para acompañar las caminatas bajo las altas temperaturas de Florida.

La pareja no se limitó a mostrar las atracciones más reconocibles. También eligió retratar los intervalos del viaje, aquellos momentos que suelen definir unas vacaciones con un niño pequeño: las pausas para comer, los traslados, las caminatas con el cochecito y las siestas. En una foto, Guido aparece recostado junto a Marco durante un descanso; en otra, los tres posan juntos en un sector de vegetación y esculturas inspiradas en animales.

Un hombre, una mujer y un niño pequeño posan frente a una figura gigante del personaje Woody en una zona temática con el letrero Toy Story Land
Sol Pérez y su esposo Guido Mazzoni posan junto a su hijo Marco en el área temática Toy Story Land

Las fotos permiten reconstruir un itinerario que pasó por distintos escenarios de Disney World, desde el castillo de Cenicienta hasta espacios ligados a Toy Story. En las tomas familiares, Sol y Guido se mostraron con ropa cómoda, preparada para una jornada extensa: musculosas, shorts, zapatillas y gorras para resguardarse del sol.

Uno de los retratos los muestra con Marco en brazos frente a una gran escultura de un árbol con relieves de animales. En otra imagen, el niño observa un sector de agua y vegetación mientras sus padres lo acompañan a corta distancia. La propuesta no se concentró solo en las fotos de rigor sino en que Marco pudiera recorrer los espacios a su propio ritmo.

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Una mujer y un hombre sonríen sosteniendo a un bebé frente a una escultura de madera y un gran árbol decorativo al aire libre
Sol Pérez y su esposo Guido Mazzoni posan con su hijo Marco frente al Árbol de la Vida

El pequeño también tuvo su momento frente a una gran figura de Woody, el personaje de Toy Story. Sol y Guido posaron con él delante de la instalación, mientras Marco miraba hacia otro punto. Esa espontaneidad se repite en varias de las postales: más que buscar una imagen perfecta, la familia dejó registro de las expresiones del niño, sus pausas y su curiosidad durante los paseos.

También se lo vio solo sobre una avenida ambientada como un estudio de cine, con palmeras, carteles temáticos y edificios de estética hollywoodense. Con su conjunto de Mickey y calzado verde, Marco quedó en el centro de una fotografía que mostró la dimensión del parque desde la perspectiva de un niño de un año y medio.

Un niño pequeño con ropa blanca decorada con un personaje animado permanece de pie frente a un acuario rodeado de rocas y plantas
Marco, el hijo de Sol Pérez y Guido Mazzoni, posa frente a un gran acuario durante un paseo familiar por Disney

El viaje tuvo una particularidad que atravesó cada tramo: Sol Pérez y Guido Mazzoni decidieron incluir a los cuatro abuelos. En las fotografías compartidas por la modelo aparecen los padres de ella y los de su marido durante una comida en un restaurante, todos reunidos alrededor de una mesa.

Un grupo de adultos y un bebé sonríen sentados a una mesa de madera con botellas y vasos en un restaurante
Sol Pérez y su esposo Guido Mazzoni comparten una comida en un restaurante junto a su hijo Marco y los abuelos en un alto del viaje

En otro registro, Guido posa junto a Sol durante una pausa al aire libre. Ella viste una musculosa blanca y lleva el pelo recogido, mientras él usa gorro, lentes de sol y una remera sin mangas. Detrás de ambos, se distingue el cochecito de Marco, el gran protagonista de este viaje.

La presencia de los abuelos permitió ampliar la experiencia más allá de la pareja y su hijo. En las postales no se observa una división entre adultos y niños: todos forman parte de los mismos almuerzos, las caminatas y las esperas. El viaje parece haber tenido como eje la construcción de recuerdos compartidos, con Marco como anfitrión involuntario de cada parada.

Un hombre con sombrero negro en primer plano, una mujer sentada al fondo sosteniendo un peluche y un bebé en un cochecito negro
Guido Mazzoni posa junto a Sol Pérez y su hijo Marco durante un paseo familiar en el parque temático Disney.

Antes de llegar a Disney, la familia pasó por Punta Cana, el primer destino de unas vacaciones que combinaron playa, descanso y actividades para todas las edades. La segunda parte del recorrido cambió por completo el paisaje: palmeras, castillos, escenarios de películas, figuras de personajes y amplias avenidas temáticas reemplazaron el entorno caribeño.

En las fotos tomadas frente al castillo, Sol y Guido aparecen sonrientes junto a su hijo, que en una de las postales lleva un sombrero oscuro. En otra, Marco ocupa el centro de la escena delante de una calle ambientada, mientras los visitantes caminan a la distancia. Las imágenes dejan ver que la familia aprovechó cada rincón como una postal, aunque el foco se mantuvo en las reacciones del niño.

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Un hombre acostado en el suelo y un bebé sentado frente a un tractor de juguete verde en una sala frente a un televisor
El pequeño Marco, hijo de Sol Pérez, juega en el suelo con un tractor de juguete en compañía de su abuelo.

La frase de Sol sintetizó el balance de la experiencia. La pareja tenía dudas sobre cómo recibiría Marco un plan de esta magnitud y, según contó la conductora, el resultado superó las expectativas. Entre juguetes, personajes, pausas familiares y fotos con los abuelos, las vacaciones tuvieron un protagonista claro.



Sol Pérez,Guido Mazzoni,Magic Kingdom,Walt Disney World

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