DEPORTE
Ruggeri-Saccardi y la historia detrás de uno de los choques más épicos de la historia del fútbol argentino: “Nos rompimos la cabeza”

“Mirá la herida que tengo acá”. Histriónico en su rol de analista y entertainer, Oscar Ruggeri se estira la frente ante el foco de la cámara, señala una marca ancha, abre el baúl de memorias que lo transforma en imán en los mediodías televisivos. Se apresta a contar la anécdota del golpe más duro de su carrera como futbolista; un verdadero choque de titanes, con otro caudillo imponente, con el que siempre era preferible no chocar: Gerónimo Saccardi. “Nos rompimos la cabeza los dos”, acepta, con la herida como medalla. Las imágenes, ya sea en movimiento o el flash de una foto de época, no hacen más que confirmar que no exagera ni un ápice.
El testimonio se dio en una emisión del programa ESPN F90 en la que daba lecciones de cabezazo ofensivo. Y la mente lo transportó, sin querer, al 2 de agosto de 1981, cuando su fiereza se topó con un roble como Cacho Saccardi, quien falleció el 4 de mayo de 2002, exactamente hace 24 años.
El Boca de Diego Armando Maradona, con Ruggeri como bastión en la defensa, y el Ferro Carril Oeste de Carlos Timoteo Griguol, con Cacho Saccardi como bandera, se enfrentaban en la Bombonera en un certamen que los tenía batallando cabeza a cabeza por la corona. Y los dos colosos, literalmente, ofrendaron sus cabezas.
En su participación televisiva, Ruggeri se paró, hizo el gesto técnico, con onomatopeya: “¡Pa! El gol que iba a hacer en ese Ferro-Boca, el gol que iba a hacer… Pero se cruzó Saccardi y le abrí todo, es el día de la venda”, rememoró. Las imágenes del partido, con repetición y enfoque al detalle, permiten ver el choque que provoca el dolor del nuevo espectador. Carlos Córdoba mandó el centro a la salida de un córner, el zaguero saltó con impulso, arqueó el cuello para impactar la pelota de lleno, para impulsarla con la fuerza de un misil… Pero en su lugar se encontró con la cabeza de Saccardi. Enseguida, los protagonistas quedaron tendidos en el césped, los atendieron los cuerpos médicos, de sus testas brotaban manantiales de sangre que hicieron más épica la escena. Cacho, el ídolo verdolaga, continuó en cancha con una venda generosa con la que bien podría haber imitado a la “Momia blanca” de Titanes en el Ring. De ahí la asociación de Ruggeri, el rótulo del “día de la venda”. Sí, los dos siguieron en el campo de juego, aunque por la violencia del choque y sus consecuencias tendrían que haberse desmayado.
“Entró justo, Saccardi cabeceaba muy bien, eh…”, apuntó Ruggeri en su relato. La ficha del partido revela que después de tremenda colisión, el de Corral de Bustos recién dejó el campo a cinco minutos del final, reemplazado por Jorge Alejandro Quiróz. Saccardi, en tanto, jugó hasta los 70′, cuando estaba al borde de desvanecerse. Palito Brandoni ocupó su lugar.
En una batalla desgastante, pareja, Boca sacó ventaja con el gol del Mono Perotti a diez minutos del epílogo, tras un pase magistral de Maradona que destrabó el pleito. La conquista, con una definición cruzada, y la avalancha posterior en la popular local, quedaron en el mural de los recuerdos felices de los hinchas de Boca y entre las dagas ingratas de los del Verdolaga, aunque en 1982 se tomó revancha y ganó, de manera invicta, su primer título en Primera División. Y le hizo justicia a ese plantel que marcó una época.
Pero aquel choque de colosos tiene un abanico de miradas, de sensaciones. De los protagonistas primarios, como Ruggeri, y de los secundarios y testigos de aquel derrumbe de edificios, de aquella prueba de lealtad con sus equipos y con el juego, que a pesar de las secuelas evidentes por el golpe, no les permitió dejarse llevar por la camilla, aunque nadie los hubiera apuntado con el dedo.
“Me acuerdo que yo tenía siete años. Como el partido era en Boca y podía ser complicado, no me llevaron mis abuelos y lo estaba viendo en casa. Cuando pasó lo del choque, me puse a llorar y mis abuelos me sacaron el canal, no me dejaron seguir viéndolo”, le cuenta a Infobae Alejandro Saccardi, hijo del mítico Cacho. Un hombre que tranquilamente pudo haber jugado ese cotejo como compañero de Ruggeri, dado que en dos oportunidades el Xeneize intentó contratarlo; la última a su regreso del Hércules de Alicante, en 1979. Pero la fidelidad con el club que lo había formado y lo había respaldado incluso cuando iba a quedar en libertad de acción pudo más que la tentación del contrato y la exposición que le ofrecían en La Ribera. “Tenemos casa, comida y vacaciones. No necesitamos más nada”, le dijo a Graciela, su esposa y compañera de toda la vida, al justificar la decisión.
Volviendo a la jugada en cuestión, el susto de uno de los herederos del mediocampista no había sido en vano. Lo certificó el médico del plantel, Quique Rottemberg, en el libro “Cacho Saccardi, el último guerrero romántico”. “Tuvimos que suturarlo en el vestuario: cinco o seis puntos le dimos. Había perdido tanta sangre… Pero tenía una entrega.. Era un profesional 100%”, subrayó.
Para el cuerpo técnico, las heridas del luego entrenador de Oeste, Estudiantes de Caseros y Gimnasia de Jujuy no representaban un problema. Por el contrario, alimentaban a la bestia. “¡Era mejor que lo golpearan y terminara todo vendado! ¡Jugaba mejor! Lo transformaba en el muchacho de la película. Se tiraba de cabeza. Queríamos que le dieran una patada de arranque, porque se enojaba”, confesó Carlos Aimar, en ese momento ayudante de campo de Griguol.
Graciela, a esa altura, ya estaba resignada: “Salió con la cabeza como una momia. Yo me preocupaba, pero él iba siempre para adelante, tenía esa fortaleza”. Tamaña demostración de espíritu colectivo, de sacrificio por los colores, fue recompensado. La contraprestación fue mucho más allá del resultado para ambos: las tribunas se rindieron ante tamaño acto de arrojo de los titanes, sin importar quién representaba a quién.
“El fútbol me dio grandes satisfacciones. Una de ellas fue el aplauso de la hinchada de Boca cuando perdimos el partido por el Metro 81 y me retiré con la cabeza partida”, supo confesar Saccardi. La demostración de que un golpe puede dejar una huella mucho más profunda que las cicatrices.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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