ECONOMIA
Si la inteligencia artificial puede aprobar la universidad, ¿qué estamos enseñando?

Una investigación publicada por The New York Times el 15 de noviembre de 2025 describió agentes de inteligencia artificial capaces de ingresar a plataformas educativas, reproducir clases, resolver cuestionarios, entregar tareas y completar cursos online con una intervención humana mínima. El hallazgo plantea una preocupación que va más allá del uso de ChatGPT para redactar trabajos: si una máquina puede atravesar un curso diseñado para humanos, ¿qué capacidades estamos evaluando? (The New York Times, 15/11/2025).
La respuesta no debería limitarse a prohibir estas herramientas ni a perfeccionar los mecanismos para detectar su uso. La inteligencia artificial obliga a transformar la evaluación universitaria: las instituciones deberían dejar de concentrarse en productos fáciles de automatizar y evaluar, en cambio, la capacidad de comprender, formular problemas, verificar información, justificar decisiones y defender ideas, incluso mediante un uso regulado de la propia IA. La transformación educativa plantea que el sistema debe garantizar los conocimientos básicos y desarrollar estudiantes capaces de utilizar la tecnología con autonomía y juicio crítico.
Los que construyen el futuro están educando diferente
Algunas figuras centrales de la industria tecnológica impulsaron modelos educativos alternativos, aunque sus experiencias no constituyen, por sí mismas, evidencia de que esos modelos sean superiores.

Elon Musk creó Ad Astra en 2014, una escuela privada inicialmente destinada a sus hijos y a los de algunos empleados de SpaceX. Según explicó, la institución organizaba el aprendizaje alrededor de problemas y capacidades, en lugar de priorizar la división por edades y las materias tradicionales.
Ad Astra luego fue rebautizada como Astra Nova. Actualmente se presenta como una escuela online basada en problemas, con estudiantes de distintos países y actividades orientadas al razonamiento, la colaboración y la resolución de desafíos. Synthesis, otra iniciativa vinculada al ecosistema educativo de SpaceX, también promueve el pensamiento sistémico, la resolución de problemas y el trabajo en equipo. (Astra Nova, “About”; Synthesis, “About”)
Jeff Bezos eligió otro camino. Creada en 2020, Bezos Academy administra centros preescolares gratuitos para niños de familias de bajos ingresos. Su modelo, inspirado en Montessori, pone el acento en la autonomía, la exploración y el aprendizaje activo.
Peter Thiel creó en 2010 la Thiel Fellowship, un programa que ofrece a jóvenes menores de 23 años una beca de 100.000 dólares durante dos años para desarrollar una empresa, una investigación o un proyecto, con la condición de abandonar temporalmente —o no iniciar— la universidad.
Estas iniciativas comparten una crítica a ciertos rasgos de la educación tradicional: la organización rígida por edades, la centralidad de las materias convencionales y la asociación automática entre formación y título universitario. Sin embargo, no permiten concluir que exista un único modelo alternativo ni que la educación tradicional haya dejado de cumplir funciones relevantes.
Sí muestran que una parte del sector tecnológico está experimentando con formas de aprendizaje centradas en problemas, autonomía y aplicación práctica. La pregunta clave es si esos enfoques pueden trasladarse a sistemas educativos amplios, diversos y sujetos a objetivos públicos.
¿Qué vale la pena aprender cuando podemos saber casi todo?
Durante décadas, muchos sistemas educativos otorgaron un peso considerable a la memoria, la repetición, el cumplimiento de instrucciones y la capacidad de encontrar una respuesta correcta. Esas habilidades siguen siendo necesarias en numerosos contextos, pero algunas pueden ser automatizadas con mayor facilidad por los sistemas de inteligencia artificial.
Por eso, la expansión de estas herramientas reabre el debate sobre el equilibrio entre conocimientos básicos y capacidades de orden superior. Entre estas últimas se encuentran formular problemas, conectar disciplinas, evaluar fuentes, defender una idea, revisarla frente a nueva evidencia y decidir bajo incertidumbre. También adquiere importancia saber qué preguntar y cómo verificar una respuesta.

La prohibición general de la inteligencia artificial en las aulas no parece una respuesta suficiente. La cuestión central es establecer en qué actividades su uso favorece el aprendizaje y en cuáles lo sustituye. Un estudiante puede pedirle a ChatGPT que escriba un ensayo completo; otro puede redactar su propio texto y utilizar la herramienta para identificar objeciones, errores o argumentos alternativos. La herramienta es la misma, pero el proceso intelectual es diferente.
Esto puede generar una nueva forma de desigualdad educativa. No se trataría únicamente de tener o no acceso a la tecnología, sino de contar con los conocimientos necesarios para utilizarla, evaluar sus resultados y reconocer sus errores. Cuanto más convincente sea una respuesta automática, mayor será la importancia de verificarla.
¿Y entonces para qué sirve una universidad?
Durante siglos, las universidades concentraron tres funciones principales: producir y transmitir conocimiento, reunir a docentes y estudiantes, y certificar capacidades mediante títulos. Internet amplió el acceso a la información, mientras que la inteligencia artificial empieza a modificar la forma en que se produce, organiza y explica el conocimiento.
La certificación, sin embargo, sigue siendo una función central. Un diploma pretende indicar que una persona atravesó un proceso de formación y adquirió determinadas capacidades. Si un agente puede completar parte de ese proceso en nombre de un estudiante, las instituciones deberán reforzar los mecanismos que permiten comprobar qué sabe hacer efectivamente esa persona.
El problema no se limita al cheating. También afecta la credibilidad de las evaluaciones y de los títulos. Si las tareas pueden ser producidas por sistemas automáticos, una institución debe demostrar que sus métodos de evaluación distinguen entre la generación de un resultado y la comprensión necesaria para producirlo, revisarlo y defenderlo.
Una posible respuesta consiste en evaluar con mayor frecuencia capacidades difíciles de delegar por completo: defender una idea, resolver un problema nuevo, detectar errores en una respuesta de inteligencia artificial, conectar conocimientos, argumentar, crear y tomar decisiones justificadas.
También podría considerarse el uso regulado de inteligencia artificial durante algunos exámenes. En ese caso, las preguntas deberían exigir interpretar información, comparar alternativas, justificar decisiones y evaluar críticamente las respuestas de la herramienta. No se trataría de asumir que la IA vuelve innecesario el conocimiento, sino de comprobar si el estudiante puede utilizarla con criterio.
La tesis es, entonces, concreta: la universidad no debería evaluar si un estudiante puede producir sin ayuda un texto o una respuesta que una máquina genera en segundos, sino si puede comprender un problema, orientar una herramienta, controlar sus resultados y asumir la responsabilidad de sus decisiones. La IA no elimina la necesidad de evaluar; obliga a evaluar mejor.
¿Y Argentina?
Mientras en algunos sectores tecnológicos se discuten modelos educativos adaptados a un futuro con tutores de inteligencia artificial, Argentina enfrenta problemas previos de pobreza, permanencia escolar y aprendizaje.
Según Unicef Argentina, el 42,3 % de los niños y adolescentes vivía en hogares pobres durante el segundo semestre de 2025. El informe estimó que esa situación alcanzaba a unos 5,1 millones de menores de 18 años.
Además, un informe de Argentinos por la Educación indicó que 22 de cada 100 jóvenes de 15 años llegan en el tiempo esperado y alcanzan simultáneamente los conocimientos básicos en Matemática y Lectura. El cálculo combinó información sobre trayectoria escolar y resultados de las pruebas Aprender.
Estos datos no describen exactamente el mismo fenómeno. La pobreza refiere a las condiciones económicas de los hogares; el indicador educativo combina trayectoria y desempeño; y ninguno de los dos permite medir por sí solo la calidad de la experiencia cotidiana en el aula.
También es necesario distinguir entre matrícula, asistencia y aprendizaje. Las estadísticas disponibles permiten observar parte de las trayectorias escolares, pero no siempre muestran con precisión cuánto tiempo pasa cada estudiante en el aula ni qué aprende durante ese período. (Ministerio de Capital Humano, Secretaría de Educación, “Sistema Integrado de Consulta de Datos e Indicadores Educativos”).
Carlos Torrendell impulsó la alfabetización y la Matemática como prioridades nacionales durante su gestión al frente de la Secretaría de Educación. Dejó el cargo en febrero de 2025 y fue reemplazado por María Inés Baragatti.
En este contexto, la discusión sobre inteligencia artificial no puede reducirse a decidir si las escuelas deben incorporar una nueva herramienta. Argentina necesita una política con dos prioridades inseparables: garantizar que todos los estudiantes adquieran los conocimientos fundamentales y enseñarles a utilizar la IA para investigar, contrastar, crear y resolver problemas sin delegarle por completo su juicio.
La misma regla debería orientar a las universidades. Allí donde la IA pueda producir una respuesta, la evaluación debe trasladarse hacia el razonamiento que la sostiene: qué entiende el estudiante, qué pregunta formula, qué evidencia acepta, qué errores detecta y por qué decide una cosa y no otra. En la escuela, esto exige construir las bases; en la universidad, comprobar que esas bases se convierten en criterio profesional.
La pregunta ya no es solamente cómo incorporar inteligencia artificial a la educación. Es cómo rediseñar la educación para que la IA amplíe las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas.
La inteligencia artificial debería transformar la evaluación universitaria: menos énfasis en productos automatizables y más en comprensión, verificación, argumentación y decisiones justificadas. Para Argentina, esa transformación solo será educativa si empieza por garantizar los aprendizajes básicos y forma estudiantes capaces de usar la tecnología con criterio propio.
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ECONOMIA
Suben los bonos argentinos y cede el riesgo país por la tendencia positiva de las bolsas internacionales

Mientras que los indicadores de Wall Street reaccionan con tendencia alcista al resultado de las elecciones de medio término en los EEUU, donde se impusieron los candidatos demócratas, los precios del petróleo ceden cerca de 2% y sube el oro cerca de 3%, otra vez por encima de los USD 4.000 la onza.
Los precios del petróleo caían en una sesión volátil, mientras los inversores esperaban el próximo movimiento de Washington en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, después de que los demócratas arrebataron el control del Congreso a los republicanos del presidente Donald Trump en las elecciones de mitad de mandato.
A las 11 horas, los bonos Globales de la Argentina -en dólares con ley extranjera- progresan un 0,5% en Wall Street, mientras que el riesgo país medido por JP Morgan cae tres unidades, en los 827 puntos básicos.
El índice MSCI Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cae un leve 0,2% en pesos, en los 90.306 puntos.
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En el mercado de cambios, el dólar mayorista cae tres pesos a 1.548 pesos, mientras que la divisa al público en el Banco Nación sigue sin variantes a 1.570 pesos para la venta.
El dólar en Brasil cae dos centavos o 0,5%, a 5,46 reales, mientras que los bonos soberanos rebotan un 0,3 por ciento.
El índice Bovespa de la Bolsa de Valores de San Pablo asciende 1,2%, en los 167.544 puntos, para cortar una serie de siete caídas consecutivas después de la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre.
Los futuros del crudo Brent del Mar del Norte bajaban 1,9%, a USD 101,60 el barril para entregar en enero. Los contratos futuros del crudo WTI (West Texas Intermediate) de Estados Unidos caían 1,8%, a 94,25 dólares.
En la sesión anterior, el Brent cerró en su nivel más bajo en casi cuatro semanas, mientras los operadores sopesaban las negociaciones para poner fin a las guerras en Ucrania e Irán.
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El presidente Donald Trump reconoció que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán influyó en la aplastante derrota de su partido en las elecciones de mitad de mandato, en las que los demócratas obtuvieron el control de la Cámara de Representantes y del Senado.
Estados Unidos había llevado a cabo ataques “defensivos” contra la isla iraní de Qeshm, dirigidos contra misiles tierra-aire utilizados contra activos estadounidenses, dijo el martes un funcionario estadounidense.
Los mercados permanecían atentos a cualquier avance en las negociaciones para poner fin a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras Qatar intensificaba sus esfuerzos de mediación para evitar una escalada de los ataques tras las elecciones estadounidenses. Un funcionario iraní de alto rango dijo el martes a Reuters que Teherán y Washington siguen muy lejos de alcanzar un acuerdo para poner fin a su guerra. Donald Trump dijo al Financial Times que Estados Unidos no tenía planes inmediatos de atacar Irán.
En el plano local, durante su discurso en la conferencia de la UIA, el ministro de Economía Luis Caputo anunció una serie de medidas destinadas a aliviar la carga tributaria de los contribuyentes y “atender los reclamos que hemos recibido”.
“Entre las principales medidas se destacan la suspensión de los embargos a PyMEs por parte de ARCA hasta, al menos, mayo de 2027; la extensión del plan de facilidades de pago de hasta 18 cuotas para deudas impositivas con ARCA, que originalmente comprendía obligaciones vencidas al 30 de junio de 2026, para incluir también las vencidas al 31 de octubre de 2026; y la posibilidad de que las PyMEs e incluso las grandes empresas utilicen saldos a favor impositivos con ARCA para cancelar el IVA aduanero”, indicó Max Capital.
“Por último, Caputo anunció que el gobierno nacional propondrá a las provincias eliminar el impuesto a los sellos y ofrecerá cubrir la mitad de la pérdida de recaudación asociada, a cambio de que las provincias resignen la otra mitad”, añadió Max Capital.
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ECONOMIA
Vaca Muerta genera empleo y atrae trabajadores, pero Neuquén enfrenta un desafío: cómo recibir a miles de nuevos habitantes

El crecimiento de Vaca Muerta ya reordena la economía de Neuquén: abre puestos de trabajo, eleva la actividad de proveedores y promete más ingresos para la provincia, pero también presiona sobre ciudades cuyos servicios no fueron pensados para recibir, en poco tiempo, a miles de nuevos habitantes. La magnitud del proyecto vuelve inseparables la discusión energética y la planificación urbana.
Para Fabio Quetglas, magíster en desarrollo local y gestión de ciudades y exdiputado de la Nación, el yacimiento representa una posibilidad relevante para el país, aunque el resultado dependerá de cómo se administren sus efectos.
“Vaca Muerta es una oportunidad”, afirmó en Infobae A las Nueve, al destacar el aporte de la actividad a la generación de divisas y al movimiento económico de los territorios vinculados con la producción.
La demanda de trabajadores aparece como una de las primeras señales de ese proceso. Las empresas encuentran dificultades para cubrir vacantes con personal capacitado y, frente a esa necesidad, compañías vinculadas con YPF impulsaron el Instituto Vaca Muerta, orientado a formar perfiles requeridos en distintas etapas de la cadena productiva.
Sin embargo, la existencia de empleos no equivale a una mudanza automática. Detrás de cada oferta laboral hay decisiones familiares, trayectorias educativas, propiedades y redes de cuidado que condicionan la posibilidad concreta de que una persona deje su ciudad para instalarse en la provincia patagónica.
El empleo no alcanza para explicar quién puede mudarse a Neuquén
El debate suele presentarse como una ecuación simple entre salarios, puestos disponibles y trabajadores dispuestos a viajar. Quetglas sostiene que ese enfoque deja afuera las condiciones materiales que organizan la vida cotidiana y que, en la práctica, determinan quiénes están en condiciones de migrar.
La edad, el nivel de estudios, la tenencia de una vivienda y la cantidad de hijos fueron las cuatro variables que la consultora Empiria utilizó para elaborar un mapa de propensión migratoria en la Argentina. El trabajo permite observar que la movilidad no se distribuye de la misma manera entre todos los grupos sociales ni etarios.
La población de entre 15 y 40 años concentra la mayor predisposición a trasladarse. Para quienes son más jóvenes, una oportunidad laboral puede coincidir con una etapa de mayor flexibilidad; para una familia con hijos escolarizados o una vivienda propia, la decisión involucra una trama de costos y cambios mucho más amplia.
“Una persona que tiene 45 años y dos hijos en edad escolar no baja una palanca y aparece en Neuquén”, afirmó Quetglas. La frase apunta a la distancia entre la demanda empresaria y las condiciones que deben resolverse antes de un traslado sostenido.
Por eso cuestionó la idea de que el dinamismo hidrocarburífero pueda corregir, por sí solo, los problemas de desarrollo de otros puntos del país. “Mi nota va orientada un poco contra un pensamiento naíf”, expresó durante una entrevista radial, al referirse a las expectativas que genera el yacimiento.
La información, los contactos laborales y las redes familiares pueden facilitar el camino de quienes evalúan partir. Aun así, esos recursos no reemplazan la necesidad de contar con un lugar donde vivir, una escuela para los hijos, atención de salud y servicios básicos en la ciudad de destino.

Las ciudades reciben la presión antes que las estadísticas
El movimiento alrededor de Vaca Muerta se percibe en los barrios, las rutas y los servicios de Neuquén antes de consolidarse en las proyecciones demográficas. Cada nuevo trabajador que decide asentarse con su familia agrega una demanda sobre el suelo urbano, el agua potable, las vacantes escolares, el transporte y el sistema sanitario.
Quetglas planteó que la provincia necesita ampliar esa capacidad de recepción si pretende convertir el crecimiento de la producción en una mejora duradera. La discusión no se limita a construir viviendas: incluye disponibilidad de tierra, redes de infraestructura y una expansión ordenada de las localidades que funcionan como soporte de la actividad.
En ese marco, mencionó un mensaje público del intendente Daniello, quien pidió que los trabajadores llegaran sin sus familias. El argumento del jefe comunal fue que los servicios públicos existentes no alcanzaban para atender las necesidades de más hogares.
“Si las vacantes no están, no están. Si el agua potable no está, no está”, dijo Quetglas. Para el especialista, esa advertencia exhibe un límite concreto: la expansión económica puede avanzar más rápido que la capacidad urbana para alojarla.
La respuesta requiere coordinación entre municipios, la provincia y la Nación. El crecimiento de Vaca Muerta demanda decisiones previas sobre infraestructura, formación laboral y servicios, de modo que la llegada de población no profundice los déficits ya presentes en las ciudades.
El exdiputado advirtió sobre el costo de postergar esa planificación. “No hagamos esta noticia maravillosa una futura mala noticia”, sostuvo, al señalar que una oportunidad productiva puede derivar en conflictos urbanos si la expansión queda librada a la urgencia.
El suelo y la infraestructura ordenan la participación privada
La construcción de nuevos barrios no supone, según Quetglas, que el Estado deba financiar todos los desarrollos habitacionales. Las empresas privadas pueden participar en proyectos destinados a trabajadores cuyos ingresos les permitan acceder a una vivienda, dentro de un marco de reglas y planificación pública.
“El sector privado” puede ser parte de esa expansión, explicó. Pero para que esos proyectos avancen hacen falta suelo disponible, normas claras y gobiernos capaces de definir hacia dónde se extienden las ciudades y con qué servicios deben contar los nuevos loteos.
Su propuesta combina regulación, incentivos e inversión en infraestructura pública. También reclama una visión compartida entre autoridades y empresas de la energía, la minería y los servicios asociados, sectores que inciden sobre la demanda de vivienda, transporte y equipamiento urbano.
El desafío tiene una dimensión social que no se resuelve con el funcionamiento del mercado. “Los melones se acomodan, pero el tercio de abajo está reventado”, afirmó Quetglas para advertir que el crecimiento puede dejar afuera a los sectores con menos capacidad de acceder a tierra, crédito y servicios.
La escala de las decisiones se vuelve mayor ante las proyecciones demográficas. Quetglas considera que Neuquén podría duplicar su población durante los próximos 20 años, una posibilidad que obliga a definir ahora el uso del suelo, los caminos, los parques industriales y la conexión entre las ciudades y las cadenas productivas.
La salida de jóvenes también modifica a las regiones de origen
La eventual migración hacia la provincia puede producir cambios en los lugares desde donde parten los trabajadores. El análisis de Quetglas incluye al conurbano bonaerense y a otras regiones que, si pierden población joven y adulta, podrían alterar su estructura demográfica y sus mercados locales.
La Argentina ya atravesó un ciclo de migraciones internas entre las décadas de 1920 y 1990. Durante ese período, numerosas personas se trasladaron desde el NEA y el NOA hacia el Gran Buenos Aires, el Gran Rosario y el Gran Córdoba, atraídas por las posibilidades de empleo y servicios de los grandes centros urbanos.

Aquel movimiento debilitó mercados y prestaciones en varias ciudades del interior, a la vez que consolidó el peso demográfico del área metropolitana de Buenos Aires. Quetglas señaló que una nueva corriente, con dirección hacia la Patagonia, también tendría consecuencias distintas según el territorio de origen.
Una salida concentrada entre los más jóvenes podría moderar el crecimiento del conurbano, aunque aumentaría la proporción de habitantes mayores. La posibilidad de conseguir empleo, sumada a los relatos de familiares o conocidos que ya se instalaron, suele tener una incidencia decisiva en esa elección.
“En Neuquén no es que faltan posiciones en el mercado de trabajo”, afirmó el exdiputado. Entre las demandas mencionó azulejistas, plomeros, electricistas, farmacéuticos y otros oficios y profesiones, un listado que da cuenta de necesidades que exceden a los puestos estrictamente petroleros.
Los recursos de hoy deben financiar la transición futura
La discusión sobre el crecimiento no termina en la etapa de auge. Quetglas propuso que la provincia destine parte de los mayores ingresos fiscales a formar capital humano, ejecutar obras y constituir un fondo anticíclico que amortigüe los cambios futuros de la actividad extractiva.
La advertencia parte de experiencias de otras economías dependientes de recursos naturales. “El petróleo convencional terminó y hay un montón de problemas”, afirmó al mencionar el caso de Comodoro Rivadavia, y también aludió a Tierra del Fuego, donde el régimen de promoción industrial condiciona buena parte de la actividad económica.
El objetivo, planteó, es acumular capacidades y recursos que permitan impulsar nuevos emprendimientos cuando disminuya la producción de petróleo y gas. La planificación debería contemplar desde ahora una economía posterior a esos recursos, sin esperar a que la caída de la actividad imponga el debate.
“Hay que pensar mañana en formación de capital humano, en infraestructura y en un fondo anticíclico”, afirmó Quetglas. Esa agenda reúne las condiciones que, según su diagnóstico, pueden convertir los ingresos de Vaca Muerta en una base para el desarrollo local una vez que cambie el ciclo energético.
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