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Sicarios cibernéticos en el mar: la guerra electrónica que amenaza a la flota pesquera Argentina

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Desde el 28 de febrero de 2026, los capitanes que intentan cruzar el Estrecho de Ormuz observan en sus pantallas de navegación algo que desafía toda lógica: supertanqueros que circulan sobre tierra firme, cargueros que atraviesan aeropuertos, buques que derivan a través de una central nuclear. No se trata de fallas técnicas aleatorias. Es el resultado de operaciones de interferencia satelital desplegadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, que desde el inicio del conflicto con Estados Unidos e Israel convirtió ese corredor marítimo —por el que transita el 20% del petróleo y gas del mundo— en el primer escenario documentado de guerra híbrida marítima a escala masiva. Lo que ocurre allí no es una amenaza futura ni un escenario hipotético. Es el presente del ciberespacio marítimo. Y es exactamente lo que el capitán Jorge A. Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca y presidente de la Fundación Centro de Estudios Superiores del Mar Argentino (FUNCESMAr), advirtió durante las Jornadas de Intereses Marítimos Argentinos celebradas en Mar del Plata: la flota pesquera argentina enfrenta las mismas vulnerabilidades, y el país carece todavía de un marco normativo que las contemple.

Ciberseguridad Marítima: La nueva frontera de la soberanía pesquera argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los expositores organizaron el problema en torno a un marco de origen naval, hoy directamente aplicable al sector pesquero: información, tecnología y personas. La información es el activo estratégico. Las decisiones de navegación y de captura ya no dependen solo de la observación directa del capitán, sino de un flujo continuo de datos como el AIS ((Automatic Identification System, o Sistema de Identificación Automática) y entre otros, la trazabilidad blockchain.

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En palabras llanas: la tecnología blockchain es una base de datos distribuida, en lugar de almacenarse en un único servidor central, la información se replica simultáneamente en miles de nodos (computadoras) conectados en red. En el sector pesquero, la trazabilidad blockchain permite registrar y verificar:

  • Dónde y cuándo se capturó el pescado.
  • Qué embarcación lo capturó y bajo qué licencia.
  • La posición GPS del buque en el momento de la captura.
  • La cadena de frío durante el transporte.
  • El procesamiento en tierra y la distribución hacia los mercados.

Cada uno de esos datos queda grabado de forma permanente e inmutable en la cadena. En este punto aparece lo que el capitán Frías denominó «el problema del oráculo“: el blockchain garantiza que un dato no fue modificado después de registrado, pero no puede garantizar que ese dato fuera verdadero en el momento de ingresar. Si un buque pesca en una zona prohibida del Atlántico Sur y su GPS fue manipulado mediante spoofing (técnica de engaño digital que consiste en suplantar o falsificar una señal, una identidad o una fuente de información para que un sistema receptor la tome como legítima) para mostrar una posición falsa, ese dato falso queda registrado en la cadena con la misma solidez que uno verdadero. El certificado de origen resultante es formalmente impecable y sustancialmente fraudulento.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin; el de China, Xi Jinping, y el líder norcoreano, Kim Jong Un, los líderes a cuyos países se los vincula con ciberataques e interferencias digitales (Foto, Agencia Central de Noticias de Corea/Korea News Service via AP)

Es por eso que la integridad de la información satelital —y su protección frente a un engaño digital que se denomina spoofing— es la base sobre la que descansa todo el sistema de trazabilidad, por más robusto que sea tecnológicamente.

Según se advirtió en la exposición, cada sensor y cada sistema automatizado de las embarcaciones es también una puerta de entrada potencial para actores maliciosos, “los sicarios cibernéticos”, según Frías. La digitalización de puertos y buques convirtió al ecosistema pesquero en un objetivo de alto valor.

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Los expositores destacaron que ante esta situación crítica, que ya es una realidad en el mundo, Argentina carece de un instrumento que articule de manera integrada la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima. Y la manipulación de señales satelitales -el llamado “GNSS spoofing”- no es solo una amenaza a la navegación: es, según se planteó, una herramienta técnica para el blanqueo de pesca ilegal y el fraude en la certificación de origen, con implicancias directas sobre la soberanía argentina en el Atlántico Sur.

Control de pesca en la milla 201 para evitar la pesca ilegal de la flota depredadora china

El Estrecho de Ormuz: laboratorio de guerra híbrida marítima

Una demostración palpable sobre las advertencias y recomendaciones que se realizaron en las jornadas sobre «La ciberseguridad marítima en la cadena de valor del sector pesquero», presentada por el Capitán Jorge A. Frías quedó al descubierto en el conflicto de Medio Oriente.

Tras los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán en la operación “Epic Fury”, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el Estrecho de Ormuz “cerrado” y aplicó una estrategia de bloqueo que combina tres métodos simultáneos: ataques físicos con misiles, drones y lanchas rápidas; minado de la ruta de separación de tráfico oficial; e interferencia electrónica masiva sobre los sistemas de posicionamiento satelital. La combinación resultó más eficaz que cualquiera de esos métodos por separado.

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El Institute for the Study of War calificó el mecanismo como un esquema de extorsión y advirtió que cualquier acuerdo que reconociera el control iraní sobre el estrecho constituiría un precedente con implicancias para el comercio global.

Más de 1.100 en el Estrecho de Ormuz sufrieron ataques ciberterroristas. Rusia, Irán, China y Corea del Norte alientan este tipo interferencias (Imagen Ilustrativa Infobae)

La guerra invisible a escala sin precedentes

La dimensión electrónica del bloqueo resultó tan disruptiva como la física. En las primeras 24 horas tras el inicio del conflicto, más de 1.100 buques en aguas de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán e Irán sufrieron interferencias en sus sistemas de navegación satelital, según datos de la firma de inteligencia marítima Windward.

Los analistas vinculados a esa firma identificaron 35 clústeres de jamming activos de forma simultánea en la región. Los clústeres de jamming son zonas geográficas donde se concentran múltiples equipos o fuentes que emiten interferencias electrónicas de manera deliberada para bloquear o degradar señales de radiofrecuencia, especialmente las utilizadas por sistemas de navegación y posicionamiento como el GPS/GNSS.

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La firma Lloyd’s List Intelligence documentó 1.735 instancias de interferencia GPS que afectaron a 655 buques solo entre el inicio del conflicto y el 3 de marzo. Los incidentes diarios escalaron de 350 al comienzo a 672 el 3 de marzo. Para el 7 de marzo, más de 1.650 embarcaciones habían experimentado interferencias en sus sistemas GPS y AIS en toda Asia Occidental, un incremento del 55% respecto a la semana anterior, según Windward.

Un barco con bandera desconocida arde en el Estrecho de Ormuz tras un ataque iraní que ha provocado un incendio masivo a bordo (@SputnikMundo)

De Ormuz al Atlántico Sur: la misma vulnerabilidad, otro escenario

Lo que la Guardia Revolucionaria iraní aplicó en el Estrecho de Ormuz no es una capacidad exclusiva de las grandes potencias militares. Es, precisamente, la advertencia que Frías llevó a Mar del Plata: los ataques cibernéticos contra el sector marítimo mundial crecieron un 300% entre 2019 y 2024, y la totalidad de los incidentes registrados en buques durante 2023 comprometió sistemas operativos críticos de navegación. La brecha entre el escenario del Golfo Pérsico y el del Atlántico Sur no es tecnológica. Es de conciencia y de preparación.

Una infografía señala el aumento del 300% en ciberataques marítimos entre 2019 y 2024, junto con los riesgos estructurales y geopolíticos para la pesca argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

La exposición de Frías partió de una transformación que ya está en marcha en la flota argentina: la denominada “Pesca 4.0” incorpora sensores inteligentes, conectividad satelital permanente, inteligencia artificial para optimizar rutas, blockchain para la trazabilidad de los productos y sistemas automatizados que enlazan la embarcación con puertos, organismos de control y mercados internacionales. Esa misma arquitectura digital que multiplica la eficiencia es, al mismo tiempo, una superficie de ataque en expansión constante.

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Un ecosistema hiperconectado con vulnerabilidades estructurales

El núcleo del problema reside en la convergencia entre dos tipos de sistemas que históricamente operaron de forma separada. Los sistemas IT —gestión comercial, comunicaciones satelitales, reportes regulatorios, trazabilidad— se integraron progresivamente con los sistemas OT, responsables del funcionamiento operativo del buque: el GPS, el AIS, las cartas electrónicas ECDIS (el sistema de navegación digital que reemplazó a las cartas náuticas en papel en los buques modernos); el control de máquinas, la propulsión y la cadena de frío. “Esa convergencia -explicó el capitán Frías-, es lo que habilita la eficiencia de la Pesca 4.0, pero también elimina el aislamiento que durante décadas protegió a los sistemas críticos. Un correo electrónico infectado o una contraseña comprometida pueden convertirse en la puerta de entrada al sistema de navegación de una embarcación”.

Un capitán analiza pantallas con alertas de ciberataque que comprometen los datos de navegación y posición de su buque pesquero, visible desde el puente de mando. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A esa vulnerabilidad estructural se suma una asimetría económica notable: un ataque que puede costarle al atacante apenas unos cientos de dólares tiene capacidad para paralizar una embarcación valuada en millones.

El desarrollo de la inteligencia artificial de frontera agrega una variable nueva: según se advirtió en la exposición, sus capacidades reducen la barrera técnica que antes limitaba a los atacantes menos sofisticados.

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barcos pesqueros anclados en el Puerto de Mar del Plata

En estos caso, reforzaron los expositores, “la tecnología funciona como una espada de doble filo”. Cuanto más sofisticada, más frágil ante ataques dirigidos. La respuesta de mayor impacto y menor costo que propuso Frías es también la más simple: segmentar las redes operativas y administrativas para evitar que una intrusión en el área de gestión comercial escale hasta los sistemas de control de la embarcación.

Las personas constituyen el eslabón más crítico y el que no admite parches de software. Entre el 82% y el 95% de los incidentes exitosos comienzan con un error humano o una manipulación, no con un ataque técnico sofisticado. La paradoja del sector pesquero es que la misma conectividad satelital que acerca al tripulante con su familia lo expone durante las 24 horas como blanco de phishing, ingeniería social y chantaje digital. La respuesta exige formación obligatoria, principio de mínimo privilegio y una cultura de seguridad sostenida.

La paradoja del sector pesquero es que la misma conectividad satelital que acerca al tripulante con su familia lo expone durante las 24 horas como blanco de phishing, ingeniería social y chantaje digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ciberespacio como nuevo campo de batalla marítimo

Agencias de inteligencia y organismos de seguridad occidentales atribuyeron en los últimos años campañas de espionaje, sabotaje e interferencia electrónica a grupos vinculados con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Estos actores fueron señalados por operaciones destinadas a infiltrarse en infraestructuras críticas, interferir señales de navegación mediante técnicas de spoofing y jamming del GPS, realizar espionaje industrial, atacar puertos, empresas logísticas y redes de transporte marítimo, y obtener información estratégica sobre movimientos navales y comerciales. Ante la creciente competencia entre potencias, los buques mercantes dejaron de ser únicamente medios de transporte para convertirse también en blancos potenciales dentro de la disputa por el control de las rutas marítimas y de la información.

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Para la Argentina, la amenaza más delicada es la manipulación deliberada de señales satelitales, el llamado GNSS spoofing. Esa técnica —la misma que el CGRI desplegó en el Estrecho de Ormuz— puede falsear la posición real de un buque y, además de poner en riesgo la navegación, facilitar el encubrimiento de actividades de pesca ilegal, el fraude en la certificación del origen de las capturas y afectar directamente el ejercicio de la soberanía en el Atlántico Sur.

Un llamado urgente de decisión

Uno de los mensajes centrales de la exposición apunta a desactivar una objeción previsible: la implementación de estas prácticas no requiere grandes inversiones iniciales. La higiene cibernética básica -segmentación de redes, formación del personal, protocolos mínimos de verificación de datos- genera un retorno significativo y constituye, se planteó, el punto de partida realista para la flota argentina.

La legislación de nuestro país, carece de un instrumento que articule de manera integrada la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima (Foto: Andina)

Lo que sí exige la propuesta es una decisión política y gremial que integre en una única mesa de trabajo al Estado, industria y trabajadores dado que tienen un rol único e insustituible para liderar esta agenda: la oportunidad de comprometer a esa tríada en la defensa cibernética del mar argentino.

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En la reunión de expertos que se realizó en Mar del Plata, se recordó que la Organización Marítima Internacional (OMI) incorporó desde enero de 2021 la gestión de riesgos cibernéticos dentro de los sistemas obligatorios de seguridad para los buques que navegan internacionalmente y una circular que aporta el marco técnico para identificar sistemas críticos y definir salvaguardias. Ambas normas son de aplicación obligatoria para los buques de bandera argentina en aguas internacionales.

Según el capitán Frías, la legislación de nuestro país, no obstante, carece de un instrumento que articule de manera integrada la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima. La Ley 24.922 de Régimen Federal de Pesca no contiene disposiciones específicas de ciberseguridad para la flota ni para la cadena de valor, y el Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto no contempla la dimensión cibernética del monitoreo satelital de buques. El aporte normativo actual proviene de ordenanzas de la Prefectura Naval Argentina que, sugirió Frías, requerirán actualización.

Prefectura Naval Argentina es la autoridad marítima en la Argentina

Las propuestas de los especialistas

La exposición no se limitó al diagnóstico. Frías presentó una hoja de ruta con dos ejes: uno político-gremial y otro de capacitación.

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La convocatoria incluye organismos nacionales como la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca, la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, los ministerios de Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores, la Armada Argentina, la Prefectura Naval, el INIDEP y el Consejo Federal Pesquero, junto con organismos internacionales como la OMI, la FAO, la OEA, Interpol y la ENISA.

El eje de capacitación se traduce en una propuesta institucional concreta: desde FUNCESMAr se impulsará el Seminario Internacional de Ciberseguridad Marítima para el Sector Pesquero, de modalidad híbrida y alcance internacional, con edición inaugural prevista para la segunda mitad de 2027.

El producto final del proceso será la primera Guía de Mejores Prácticas en Ciberseguridad para el Sector Pesquero argentino, además de un curso especializado que se incorporaría a la Diplomatura de Capitán de Pesca.

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Frías finalizó su ponencia con una reflexión: “La ciberseguridad no es un costo: es una inversión en la integridad del producto argentino en el mundo”, afirmó al cierre de su exposición. “El mar no se pide prestado, se defiende. Y en el siglo XXI, defenderlo significa también defender sus datos, sus señales y su soberanía digital.”

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POLITICA

La visita de Juan Pablo II que quedó en la historia: estuvo 33 horas en el país y 2 millones de personas fueron a verlo

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Desde unas horas antes ya estaba todo preparado en la pista del aeropuerto de Ezeiza. Los miembros de la Junta Militar esperaban en el palco erigido a un costado, también la banda musical. Hacía frío y había mucho viento. Eso, a último momento, complicó los planes. La alfombra dispuesta al pie de la escalera comenzó a volarse. Decenas de voluntarios corrieron a sostenerla.

A las 8.50 del 11 de junio de 1982, aterrizó el avión de Alitalia que traía al papa Juan Pablo II a la Argentina; el primer papa en ejercicio en visitar el país (los que luego sería Pío IX y Pío XII habían estado brevemente antes de ser papas).

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El viaje había sido organizado con urgencia en medio de la Guerra de Malvinas.

A las 9.02, el papa bajó por la escalera, dio unos pasos, se arrodilló y besó el suelo argentino. Unos segundos después, dos obispos argentinos y el Gral. Galtieri, presidente de facto, se acercaron a saludarlo.

Las terrazas de los espigones de Ezeiza rebalsaban de gente que agitaba banderas y gritaba.

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Empezaban 33 horas fragorosas de una visita exprés pero fundamental. Muchos sostienen que la llegada de Juan Pablo II a la Argentina fue clave para precipitar el fin de la Guerra de Malvinas. No sólo por sus conversaciones privadas con los militares argentinos sino por el mensaje y el ánimo que dejó en la población. Durante cada aparición pública, el papa insistió con el mensaje de paz. Una paz justa, digna y duradera. Clamaba para que se terminara el dolor.

En 1980, una misión vaticana negoció con el gobierno y con la corona inglesa una visita de Juan Pablo II a Gran Bretaña. El papa polaco se distinguía de sus antecesores no sólo por la nacionalidad sino por su itinerancia: llevaba su mensaje a todos los continentes. El atentado contra él perpetrado por Alí Agca el 13 de mayo de 1981 pareció frenar ese impulso viajero. Pero apenas se repuso, Juan Pablo II retomó sus periplos; con su llegada a la Argentina llegaba a los 200.000 kilómetros recorridos desde el inicio de su gestión.

Juan Pablo II, descendiendo del avión, en su llegada a la Argentina (Foto: Archivo Télam).

El problema con el viaje británico fue que, fijado dos años antes, cayó en medio de la Guerra de Malvinas. El papa viajaría a Inglaterra entre el 28 de mayo y el 2 de junio. Cuando se confirmó, en la Argentina hubo grandes enojos y protestas. La junta militar (y buena parte de la población) guardaba la esperanza de que Juan Pablo II suspendiera la visita británica. Pero desde el Vaticano repetían que sólo era un viaje pastoral, que nada tenía que ver con la política y que no había posibilidades de que no se realizara.

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Los militares trataron de que los medios criticaran al Vaticano, de iniciar una campaña de prensa, pero no lo consiguieron. Hubo quejas diplomáticas que no se hicieron públicas y múltiples presiones.

Los cardenales argentinos Juan Carlos Aramburu y Raúl Primatesta viajaron a la santa sede para notificar personalmente al papa de la molestia que la gente expresaba por su viaje a Inglaterra. Es muy probable también que llevaran algún mensaje secreto del gobierno nacional.

El malestar argentino surtió efecto. El papa, en una carta manuscrita que dio a conocer el 25 de mayo, se dirigió a los argentinos. Explicaba que el viaje a Inglaterra había sido coordinado con mucha antelación, que no podía desilusionar a los fieles que lo esperaban, afirmaba que esperaba ir pronto a dar misa a Luján para todos los argentinos, aclarando que esa que sería una breve visita no descartaba que se organizara otra más larga y completa para después, y llamaba a la paz: “Mis días de permanencia en Gran Bretaña seguirán siendo una incesante plegaria en favor de la paz”, afirmaba la misiva.

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La primera oferta de los negociadores vaticano fue que Juan Pablo II volaría directamente desde Londres a Buenos Aires, para no mostrar parcialidad en el conflicto bélico.

Pero la Junta pidió más tiempo y la llegada papal se postergó hasta el 11 de junio. Sería breve e intensa pero los militares argentinos la consideraron como una victoria diplomática pese a que el papa se encargó de aclarar que no sería una mediación sino un viaje pastoral organizado in extremis.

Desde que se arregló la llegada del pontífice en abril hasta su arribo en junio, la situación en las Islas Malvinas había cambiado mucho. Aunque en la Argentina se desconociera, algunos analistas internacionales se preguntaban si todavía habría guerra para cuando el papa pisara Buenos Aires. Su gira, breve y de una intensidad maniática, fragorosa, debía ganarle al avance británico.

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Durante su visita, Juan Pablo II se reunió con el general Leopoldo Galtieri, presidente de facto de la Argentina. (Foto: captura de video)
Durante su visita, Juan Pablo II se reunió con el general Leopoldo Galtieri, presidente de facto de la Argentina. (Foto: captura de video)

Un día y medio después de que Juan Pablo II abandonara el país, se produjo la capitulación argentina: ¿Cuánto tuvo que ver la presencia del papa en el país?

Muchos años después, Galtieri le aseguró al Tata Yofre que esa visita de día y medio perjudicó su accionar y las chances argentinas. Esa afirmación no parece tener el más mínimo sustento fáctico. La posición argentina y su capacidad de rechazar los avances ingleses sobre Puerto Argentino, a esa altura, no eran demasiadas ni alentadoras, pese al exitismo tropical que pudiera reinar en la Casa Rosada, en algunas redacciones y en las calles de las grandes ciudades del país.

El 11 de junio de 1982 el papa Juan Pablo II rezó ante la Virgen de Luján. Su Santidad vino a la Argentina para pedir la paz por el conflicto en Malvinas. (Foto: captura de video)
El 11 de junio de 1982 el papa Juan Pablo II rezó ante la Virgen de Luján. Su Santidad vino a la Argentina para pedir la paz por el conflicto en Malvinas. (Foto: captura de video)

Unos días antes de la llegada de Juan Pablo II, un grupo de civiles encabezados por Adolfo Critto, un sociólogo católico con contactos políticos, trabajaron por un plan de paz: “El Plan Critto, escrito pensando en la llegada del papa, consistía en un llamamiento público de Galtieri de retirada de tropas, explicándole al país la imposibilidad de seguir combatiendo con un enemigo superior en preparación y tecnología”, se cuenta en Malvinas. La Trama Secreta, un clásico de la no ficción argentina escrito apenas terminada la guerra por Cardozo, Kirschbaum y Van der Kooy. Ese plan tenía en cuenta subrayar los hechos que se veían como positivos: haber puesto en primer plano la causa justa, la lucha por la soberanía, se habían hecho sacrificios, se había logrado unir al país. Esas cosas había que preservarlas en una mesa de negociaciones porque no tenía sentido seguir combatiendo contra un enemigo muy poderoso y que tenía el total respaldo de Estados Unidos.

El Plan Critto sostenía que había que aprovechar la presencia del papa para que él diera un marco de paz, serenidad y comprensión cristiana, al retiro de tropas y al hecho de dar por concluidos los enfrentamientos.

Al principio pareció que Galtieri podía aceptar la propuesta (que todavía no se había consultado con fuentes vaticanas); pero los líderes de la Armada la rechazaron de plano.

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Publicación de Clarín de la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante el conflicto de Malvinas. (Foto: Archivo Clarín)
Publicación de Clarín de la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante el conflicto de Malvinas. (Foto: Archivo Clarín)

En los primeros días de junio de 1982, como avanzada vaticana, llegó Paul Marcinkus, el obispo norteamericano que era uno de los hombres más poderosos de la Iglesia. Manejaba sus finanzas y fue llamado El Banquero de Dios, estuvo involucrado en la caída del Banco Ambrosiano y algunos hasta lo señalaron como responsable de la muerte de Juan Pablo I. Lo cierto es que Marcinkus era muy poderoso y cercano a Juan Pablo II: la visita era tan sensible, en un momento tan álgido, que envió a alguien de su mayor confianza y con poder de decisión para lidiar con los militares argentinos, para poner reglas de juego claras, para tratar de influir en sus decisiones bélicas y para ahorrarle momentos incómodos a Juan Pablo II.

Ya aterrizado en Ezeiza, Juan Pablo II dio unas palabras desde un atril ubicado en la pista: instaló el concepto que repetiría a lo largo de su estadía, la paz. Acompañó en el dolor a las víctimas y a sus familiares (habló también de la incertidumbre de los que no sabían el destino de sus seres queridos, ampliando para quien quisiera entender, el mensaje a los desaparecidos aunque sin mencionarlos) y le exigió a ambos gobiernos y a los organismos internacionales que pongan fin a la guerra.

Después, Juan Pablo II se dirigió a la Catedral porteña. Al costado de la autopista y de las avenidas, lo saludaban multitudes. En cada vereda había cientos y hasta miles de personas que agitaban sus manos, pañuelos y banderas para expresarle su cariño. Desde su cabina blindada, el sumo pontífice saludaba y repartía bendiciones -en algunos medios se especuló sobre lo que debían dolerle los brazos por las noches. No sólo en las calles se amontonaba la gente, también en los balcones que corrían riesgo de desmoronarse ante tanto peso.

Una de las estrellas de la visita fue el Papamóvil. El vehículo con el que hizo sus traslados públicos fue una sensación. Una camioneta Ford F-350 que estaba destinada a ser un remolque de la ACA, se transformó en el transporte papal. Lo rodeaba una cabina blindada. En el interior, en el centro, un sillón que giraba para que el papa pudiera saludar a los fieles mientras atravesaba las avenidas porteñas y autopistas.

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De la Catedral caminó hasta la Casa Rosada. Hubo una reunión con la Junta Militar. Fue puramente protocolar. Después tuvo otra privada, sólo con Galtieri. No hubo versiones oficiales sobre lo hablado pero se supone que el papa pidió para que no hubiera más muertos ni familias segadas, y que dio a entender que él sabía cuál era la verdadera situación en Malvinas. Además, le recordó que el gobierno argentino no había aceptado el laudo arbitral en el caso del Beagle.

Después, salió al balcón de la Casa Rosada desde el que Galtieri meses antes había vociferado “Si quieren venir que vengan”, y bendijo a la multitud.

Luego, el papa inició su camino hacia Luján, donde desde hacía días, pese al frío y la lluvia, lo esperaban miles.

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Otra vez el Papamóvil y las multitudes al costado de las avenidas, las banderas, los gritos y los balcones desbordados. Cruzó toda la Avenida Rivadavia y en Morón tomó un tren especialmente acondicionado hasta Luján.

El Papamóvil en el que anduvo Juan Pablo II en su visita Argentina en 1987. (Foto: Archivo Télam)
El Papamóvil en el que anduvo Juan Pablo II en su visita Argentina en 1987. (Foto: Archivo Télam)

La misa frente a la Basílica la escucharon más de 800.000 personas y en la emisión televisiva por cadena nacional batió récords de encendido. En Luján se describió como “el peregrino de los momentos difíciles”.

Luego emprendió el regreso a Buenos Aires para el descanso en la Nunciatura porteña, para poder encarar sus últimas horas en el país.

La segunda misa, la del sábado 12 de junio, fue en el Monumento a los Españoles, mismo lugar en la que tendrá lugar la ceremonia de León XIV el lunes que viene. Esa mañana concurrieron dos millones de personas a la Avenida del Libertador a la misa de Corpus Christi. Una multitud extraordinaria que los diarios destacaron como la mayor convocatoria de la historia argentina hasta el momento.

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La cantidad de gente desbordó las expectativas y, también, a la seguridad. A Galtieri le costó más de 10 minutos acceder al palco pese a que el auto oficial lo había dejado a menos de 15 metros.

El Papamóvil avanzaba también con dificultad, pero mucho más complejo era el trabajo de las motos que le abrían camino. Esos hombres de custodia no dudaron en arrollar a varios transeúntes que se cruzaban en el camino. Hubo decenas de heridos y fracturados por el accionar de esta custodia que abría el paso.

Algunos de los heridos y desmayados eran sacados del lugar en camillas. Desde el Papamóvil, Juan Pablo II le daba la bendición a los que pasaban descompuestos frente a él.

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El mensaje fue nuevamente de paz. Una paz duradera, digna, honrosa. La gente reaccionó de buena manera. Se escuchó muchas veces a la lo largo de la ceremonia el grito de “¡Queremos la paz!”. Pese a la cerrazón informativa y la euforia de buena parte de los medios (y las noticias falsas que hablaban de miles de bajas del lado inglés y de constantes triunfos argentinos) que la población iba entendiendo. La guerra hacía su trabajo y los argentinos no querían atravesar más dolor ni muerte.

La misa fue transmitida una vez más por cadena oficial. Al iniciar la transmisión se escuchó, como durante toda la Dictadura, la voz del locutor oficial, Juan Mentesana. Los diarios consignan que cuando mencionó a los miembros de la Junta Militar se escucharon varios silbidos entre la multitud. Muy cerca del escenario, a la izquierda del altar, había una amplia delegación de las Madres de Plaza de Mayo que tampoco pasó desapercibida y fue bendecida por el papa.

Juan Pablo II les pidió a los jóvenes argentinos que se unieran con los jóvenes británicos. “Ellos también en los últimos días han aplaudido y han sido igualmente sensibles a toda invocación de paz, de concordia. No dejen que el odio marchite la energía generosa y la capacidad de entendimiento que todos llevan adentro”, dijo frente a la multitud.

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Juan Pablo II durante su visita a la Argentina, en 1982. (Foto: AFP)
Juan Pablo II durante su visita a la Argentina, en 1982. (Foto: AFP)

El mar de gente respondía con aplausos y agitando banderas argentinas y con los colores papales. La ovación más grande fue cuando recordó que los jóvenes británicos le habían pedido que intercediera para lograr el fin de la guerra. Otra vez el rugido: “¡Queremos la paz!”.

Más allá de esas explosiones para remarcar o festejar algún aspecto de la homilía, la ceremonia se siguió en un respetuoso silencio; tanto que muchas veces, de fondo, se escuchaba el ulular de las sirenas de las ambulancias que iban y venían de los hospitales trasladando los múltiples pacientes surgidos de la multitud y los empujones y las avalanchas espontáneas; el trabajo había empezado porque varios de los que acamparon, mojados y soportando el frío terrible, fueron atendidos por hipotermia. Tanto trabajo tuvieron los médicos que hasta hubo dos partos: dos mujeres embarazadas dieron a luz en medio de la ceremonia.

Después de “Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo”, el otro cántico más repetido durante esa jornada fue “Camilla, camilla”, de gente que pedía asistencia de manera constante.

A la hora de la comunión, el papa la brindó a los diáconos que lo ayudaron en la ceremonia y a un grupo de personalidades que estaban en el palco principal. Por una rampa accedieron al escenario/altar los miembros de la Junta Militar para recibir la comunión de manos de Juan Pablo II; también lo hizo Jorge Rafael Videla. Imágenes que hoy producen escozor.

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Con la masa en movimiento, se produjeron momentos de caos. Había 2000 sacerdotes distribuidos en diferentes lugares para dar la comunión a los fieles. Pero fueron pocos los que pudieron recibir su hostia consagrada. Algunos de los curas se desmayaron por los apretujones, otros fueron arrollados por los que querían acercarse.

Otra frustración fue la del coro. Un coro de cientos de voces había ensayado para la ocasión con un órgano. Pero varios de los integrantes del conjunto vocal no pudieron llegar al escenario. Tampoco lo hizo el órgano que quedó a 50 metros pero que fueron infranqueables por la cantidad de gente que impedía el paso.

“Me siento espiritualmente feliz. Interpreto que así lo está también nuestro pueblo. Hemos compartido pocas pero intensas horas de nuestras vidas con el sucesor de Pedro que, como Vicario de Cristo, reconfortó sin dudas nuestro espíritu con la fe y la esperanza en estas inolvidables jornadas”, dijo Galtieri apenas terminada la misa que consideraba la visita un gran éxito político propio. Lo que Galtieri no decía era que el avance inglés era indetenible, tanto que los comunicados oficiales, minutos antes de que empezara la misa de Juan Pablo II, se bajaron del exitismo furioso para anunciar ataques ingleses y dificultades en las defensas argentinas.

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El jefe de la aeronáutica Basilio Lami Dozo, en medio de la visita y con la guerra casi perdida, intentó acomodarse para los días venideros sabiendo que la derrota era inevitable y que ya antes de ella, la dictadura padecía una crisis terminal. El 12 de junio declaró: “Una vez terminada la guerra no volveremos a cometer los errores del pasado y se instalará en el país una democracia pluralista”.

Menos de 48 horas después de la partida de Juan Pablo II del país se producía la rendición argentina.

El papa cumplió su promesa y regresó al país en abril de 1987. El panorama ya era muy diferente. Un gobierno democrático y el conflicto del Beagle dirimido. Estuvo del 6 al 12 de abril. recorrió muchísimas ciudades (Mendoza, Córdoba, Tucumán, Viedma, Bahía Blanca, Salta, Corrientes, Paraná, Rosario), estuvo en el Colón y en el Luna Park. También tuvo su misa multitudinaria en la 9 de julio, fue la Misa de Ramos.

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Esta visita no tuvo consecuencias políticas directas como la anterior, pero a la semana de su partida otra vez el país estaba movilizado y en las calles: se había producido el primer levantamiento Carapintada.

Juan Pablo II, Papa, Iglesia

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POLITICA

Bitcoins vendidos a escondidas y ahorros en negro: la explicación de Adorni que el fiscal Pollicita aceptó

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El fiscal federal Gerardo Pollicita aceptó la explicación que dio Manuel Adorni sobre la mejora en el tren de vida que experimentó desde el momento en que asumió en el gobierno de Javier Milei. Dijo que no tiene cómo rebatir que los gastos por cientos de miles de dólares que el exfuncionario hizo en los últimos años se explican por inversiones en bitcoins que, siempre según su relato, había mantenido a escondidas hasta junio pasado.

Fue en ese momento, con la causa por enriquecimiento ilícito ya avanzada en su contra y números que no cerraban, cuando Adorni modificó su estrategia: dijo que él y su mujer habían ahorrado 200.000 dólares, que los invirtieron en criptomonedas y que ganaron otros 300.000, todo antes de ser funcionario. Ante la Justicia, tres meses después, lo desarrolló con más precisiones y añadió que había guardado esos fondos sin declararlos al fisco, mientras vivía “como si no los tuviera”.

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La historia, como la presentó la defensa del exjefe de Gabinete, tiene capítulos oscuros, casi imposibles de chequear; según Adorni, por la propia naturaleza de la inversión, que puede hacerse sin dejar rastros. Pero además, en toda la cadena de movimientos de dinero -algunos muy llamativos- el exfuncionario relató haber elegido siempre la informalidad. Priorizó eludir la acusación más grave, a costa de casi autoinculparse de evasión impositiva. Pollicita, de hecho, pidió que el caso pase al fuero penal económico.

El fiscal federal Gerardo PollicitaArchivo

Adorni dijo que compró bitcoins con ahorros no bancarizados ni declarados, a desconocidos con los que se encontraba en lugares públicos; que los vendió a otros compradores anónimos que le pagaron en efectivo (uno de ellos, de acuerdo con su relato, le dio en mano, el 5 de agosto de 2017, 296.785,46 dólares), que él y su mujer guardaron todo el dinero (que llegó a sumar 565.000 dólares) en su departamento durante años, hasta que, por razones de seguridad, se vieron obligados a usar parte de esos fondos.

Manuel Adorni y Bettina AngelettiInstagram

Sostuvo que el giro se dio cuando él asumió como funcionario, para mudarse (“al encontrarse en el primer piso, sus vecinos le arrojaban objetos a su patio”, dice el escrito presentado para explicar la mudanza a Caballito); también, para comprarse una casa de fin de semana (decisión que tomaron después de que Adorni sufrió un “altercado” en la “vía pública”, cuenta el texto).

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La operación de venta del 5 de agosto de 2017 es la más llamativa porque, de acuerdo con lo que sostiene Adorni, un desconocido le pagó casi 300.000 “dólares billete” en algún lugar no revelado “sin que mediara intervención de plataforma, entidad financiera o intermediario alguno”. Años después de esas supuestas operaciones, Adorni se mostraba en público escéptico sobre las inversiones cripto y daba una cronología distinta sobre cómo descubrió el mundo del bitcoin.

Adorni Sobre Bitcoin

Adorni afirmó que, en total, fueron ocho las billeteras con las que operó. ¿Cómo justificó que efectivamente eran suyas? Presentó un acta en la que un escribano dejó asentado que constató que el exfuncionario tiene las claves privadas para operar con esas billeteras, que hoy están vacías, y se ofreció a entregar esas claves si la Justicia se las pedía. “La sola tenencia de la clave privada hace a la titularidad de la billetera”, afirmó el abogado de Adorni, Matías Ledesma. Pero el acta es de septiembre de este año. Lo que acredita es que Adorni es quien dispone de esas billeteras ahora; no que fuera su dueño antes de asumir como funcionario, cuando fueron las operaciones.

El fiscal verificó que puede firmar con las claves de las 8 direcciones, aunque señaló en su dictamen que no hay forma técnica de atribuir esas direcciones a una persona específica en el momento en que se hicieron las operaciones investigadas. Consigna también que es imposible rastrear a los responsables de movimientos de hace más de diez años, porque en esa época no había obligación de identificar a los usuarios y los plazos de conservación de datos de las plataformas ya vencieron.

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Pollicita entiende que, como todo eso no puede ser corroborado ni desmentido, está obligado a aceptar la versión del exjefe de Gabinete. Le dio por válida así la justificación que le reclamó la Justicia a Adorni luego de meses de investigación que mostraron que había mostrado un salto apreciable en sus bienes y gastos.

Con su planteo de “incompetencia” de la justicia federal penal, Pollicita dejó claro que, a su juicio, en esta causa no tiene más líneas a seguir para determinar si Adorni cometió un delito de corrupción.

Adorni y la plata que se encontró en el departamento de su padre fallecido
Adorni y la plata que se encontró en el departamento de su padre fallecido

Las operaciones cripto, paso a paso

Javier Milei y Manuel AdorniRicardo Pristupluk



modificó su estrategia:,Paz Rodríguez Niell,Manuel Adorni,Conforme a

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POLITICA

Eduardo Valdés pidió que la reunión política con el papa León XIV muestre una “unidad que se pueda mantener”

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El diputado nacional Eduardo Valdés pidió que el encuentro entre dirigentes políticos en el Palacio Libertad, convocados para este domingo por la visita del papa León XIV a la Argentina no quede limitado a una fotografía institucional y que no quede como algo extraordinario, sino como una “muestra unidad y después continuarla”.

El legislador de Unión por la Patria en la Ciudad de Buenos, que también se desempeñó como embajador ante la Santa Sede, sostuvo que el sumo pontífice puede promover un clima de convivencia entre sectores enfrentados. Y también repasó sus experiencias con los papas Juan Pablo II y Francisco y defendió una agenda centrada en la humanidad frente al avance de la inteligencia artificial.

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La visita de León XIV incluirá una reunión con diputados, senadores, la vicepresidenta Victoria Villarruel, abiertamente enfrentada con la conducción nacional, y representantes de distintos sectores políticos y sociales en el Palacio Libertad.

Según contó Valdés, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, dispuso que los representantes de los distintos bloques compartieran el viaje en una combi. Los invitados recibieron un correo electrónico con el código de vestimenta y una invitación para asistir junto con sus cónyuges.

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El diputado consideró que la presencia conjunta de dirigentes de todo el arco político podría convertirse en una señal de convivencia. “Primero mostrar unidad porque está el Papa y después continuarla”, planteó Valdés.

El exembajador pidió que el gesto trascendiera la jornada del domingo y reclamó que los dirigentes evitaran las provocaciones en redes sociales:

“Ojalá que no haya ningún tuit que se escape en el medio”, sostuvo durante la entrevista en Infobae a las Nueve, con la conducción de Gonzalo Sánchez.

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Durante la entrevista, Valdés rechazó la idea de que la Argentina sea un país dominado por la violencia política. “En la Argentina convivimos en paz, gracias a Dios”, afirmó. Y agregó que la sociedad argentina no debe permitir que la belicosidad externa se incorpore al debate interno. En ese punto, cuestionó los mensajes que atacan a los musulmanes y presentan a una religión como incompatible con la vida política occidental.

Valdés recordó que Carlos Menem fue presidente de la Argentina y que su exesposa, Zulema Fátima Yoma, era musulmana. También afirmó que los hijos del expresidente profesaban esa religión. “Creo que fue el momento de mayor cercanía con Occidente y con Estados Unidos”, dijo sobre aquella etapa política.

Su experiencia como embajador ante la Santa Sede y el recuerdo de Francisco y Juan Pablo II

El diputado contó que, durante su gestión como embajador argentino ante el Vaticano, cada miércoles llevaba a un grupo de 60 argentinos para saludar a Francisco en los encuentros papales. “El pontífice saludaba a unas 2.000 personas durante esas jornadas. Los últimos integrantes de la fila correspondían al grupo argentino, vinculado con monseñor Guillermo Karcher. Francisco necesitaba ese contacto con la gente para renovar su energía”, expresó.

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“Algo muy pequeño puede ser muy profundo”, resumió durante la conversación sobre lo que generaba ese contacto papal, difícil de transmitir fuera de la situación concreta.

El legislador también recordó que el primer papa que vino a la Argentina fue Juan Pablo II, durante la visita que realizó en 1982, pocos días antes de la derrota militar en Malvinas. “Los argentinos vivíamos sentimientos encontrados, estábamos belicosos, galtieristas y, de pronto, vino el Papa en un viaje que no estaba previsto”, quien había decidido modificar su agenda internacional.

El exembajador recordó el recorrido que hizo el pontífice por Buenos Aires. Según su relato, salió desde la Nunciatura por Figueroa Alcorta, bajó por Callao, avanzó hacia el monumento de los Españoles y luego regresó por la avenida del Libertador. “Vivía por entonces en un departamento, de mi madre, ubicado en la zona de Rodríguez Peña y Vicente López. Lo vi pasar tres veces por Callao camino a la Nunciatura”.

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Similitudes y diferencias entre León XIV y Francisco

Valdés explicó que León XIV ya había estado en la Argentina antes de convertirse en papa. En 2004 se reunió con Jorge Mario Bergoglio y ambos participaron de una misa en la iglesia San Agustín, ubicada en la zona de Las Heras y Agüero.

Según el diputado, ese encuentro fue el punto de partida del vínculo entre ambos religiosos. Después, ya como papa, Francisco designó a León XIV al frente del Dicasterio para los Obispos.

Valdés explicó que ese organismo participa en la selección de sacerdotes que luego son propuestos para ocupar cargos episcopales. Por esa función, el actual pontífice conoció a numerosos integrantes de la estructura eclesiástica internacional.

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Durante la entrevista surgió la posibilidad de que Francisco haya influido en la elección de su sucesor. Valdés respondió que podía existir una relación entre ambos procesos, aunque no presentó esa hipótesis como una certeza.

Valdés dijo que las adhesiones y rechazos que provocaba el papa Francisco en Argentina solo eran cuestión de nuestro país y no se replicaba en el exterior (AP/Alessandra Tarantino)

Valdés distinguió entre la reacción que Francisco provocaba en la Argentina y la imagen que empezó a construir León XIV. Según señaló, Francisco despertaba adhesiones y rechazos intensos dentro del debate político argentino y comparó esa polarización con una disputa entre River y Boca.

Valdés respondió que esa lectura correspondía sobre todo a la Argentina y no representaba necesariamente la percepción internacional sobre Francisco. El exembajador sostuvo que Francisco fue interpretado en el mundo como un líder religioso con una agenda de diálogo. También afirmó que en la Argentina su figura quedó más atravesada por las discusiones partidarias.

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Valdés remarcó las diferencias acerca de los tipos de pontificados de León XIV y Francisco (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cambio, describió a León XIV como un papa con una imagen más transversal. “Ojalá que fundamos todos en el afecto a León”, expresó. Y consideró que el actual pontífice puede dirigirse a todos los sectores.

Valdés, además, rechazó que la Iglesia pueda ser identificada de manera exclusiva con una corriente partidaria. También pidió evitar que la doctrina social católica quede reducida a un “ismo”.

“Si yo, que tengo un ismo, digo que está más cerca de mi ismo, le bajo el precio al Papa”, afirmó. Según su interpretación, León XIV debe ser entendido desde la doctrina social de la Iglesia y no desde una identidad partidaria.

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El diputado ubicó el origen de esa doctrina en 1891, durante el pontificado de León XIII, con la publicación de Rerum novarum. Explicó que la encíclica surgió frente a los efectos de la industrialización sobre los trabajadores.

Valdés sostuvo que la expansión de las máquinas podía terminar desplazando al ser humano. Por eso, vinculó la doctrina social de la Iglesia con la necesidad de humanizar la economía y el desarrollo tecnológico.

A partir de esa referencia, relacionó el mensaje de León XIV con la inteligencia artificial. Según afirmó, el Papa abordó ese proceso en la encíclica Magnifica Humanitas.

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Valdés sostuvo que el documento advierte sobre el reemplazo de trabajadores, incluidos los periodistas, por sistemas de inteligencia artificial. “Es el único de ese liderazgo universal que dijo: ‘Stop’”, afirmó.

También citó al sociólogo Zygmunt Bauman para contrastar dos formas de entender la identidad. Recordó la frase “nosotros somos lo que consumimos” y la contrapuso con el mensaje que atribuyó a León XIV: “Yo soy mis valores, no soy lo que consumo”.

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