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SOCIEDAD

La Casa Marsano: del esplendor arquitectónico a la polémica por su demolición para construir un centro comercial

Este predio ubicado en Miraflores, fue inaugurado en 1941, capturó la atención de los peruanos, ya que en ese entonces las grandes construcciones estaban en declive

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Su demolición para la construcción de CompuPalace generó controversia sobre la preservación del patrimonio. (Infobae: Historia del perú)
Su demolición para la construcción de CompuPalace generó controversia sobre la preservación del patrimonio. (Infobae: Historia del Perú)

El distrito de Miraflores guarda mucha historia en cada rincón, un lugar que poco a poco se fue recuperando luego de la guerra con Chile. A medida que el siglo XIX llegaba a su fin, este sitio vio los primeros indicios de un crecimiento emergente. Los inmigrantes italianos jugaron un papel crucial en este desarrollo al buscar establecer negocios en estas tierras.

A pesar de su ubicación en la capital, el número de habitantes en Miraflores era modesto, contabilizándose apenas 636 personas, según el censo de 1898. En aquel entonces, la playa estaba conectada al pueblo por la bajada Balta, mientras que para llegar a Barranco se transitaba por la gran alameda de ficus.

Entre estos lugares emblemáticos que representaban la historia de este distrito, se encontraba la Casa Marsano, un símbolo de la elegancia y la tradición arquitectónica. Sin embargo, el progreso y la modernización marcaron su inevitable desaparición. Esta emblemática construcción fue demolida para dejar lugar al centro comercial CompuPalace, un proyecto que prometió traer una nueva dinámica al distrito, pero que también despertó en su tiempo la polémica entre los residentes y defensores del patrimonio histórico.

La influencia de los italianos en Miraflores

Desde el auge del comercio hasta la configuración cultural del distrito. (Asociación del Desarrollo profesional)
Desde el auge del comercio hasta la configuración cultural del distrito. (Asociación del Desarrollo Profesional)

La historia de la inmigración italiana se remonta al Virreinato del Perú. Sin embargo, el auge llegó en 1876 con el boom del guano, atrayendo a ciudadanos italianos al puerto del Callao. Durante los primeros años del siglo XIX, hubo un crecimiento gradual de inmigrantes del norte de Italia hacia el Perú. En las primeras décadas, la mayoría eran principalmente genoveses, y muchos de los italianos más adinerados estaban involucrados en el comercio marítimo. Datos de cónsules sardos (pueblo al sur de Europa) señalan que el 28% se dedicaba al comercio naval, uno era médico, otro prestamista y el resto trabajaba en el comercio, incluyendo vicecónsules en ciudades del interior.

Los pioneros de la moderna inmigración italiana al Perú incluyen a cinco comerciantes genoveses y ligures que arribaron a territorio nacional en la primera década del siglo XIX. Entre ellos se encuentran Antonio Venzano Dagnino, quien simplificó su apellido a Antonio Dagnino al radicarse en el Callao desde 1802; y Felice Valega Lanza ―natural de Spotorno, puerto de la Liguria―, quien llegó a nuestro país en 1806 junto al trigésimo octavo y último virrey del Perú, José Fernando de Abascal.

Tomás Marsano llegó al país tras completar sus estudios en Europa a finales del siglo XIX y contrajo matrimonio con Clotilde Campodónico Crovetto en Lima en 1894. La pareja de esposos tuvo 11 hijos, entre mujeres y varones.

Inicios de la Casa Marsano

La Casa Marsano enfrentó su final con la construcción de CompuPalace, generando controversia sobre la conservación del patrimonio. (Lima Antigua)
La Casa Marsano enfrentó su final con la construcción de CompuPalace, generando controversia sobre la conservación del patrimonio. (Lima Antigua)

En el distrito de Miraflores, específicamente en la cuadra 50 de la avenida Arequipa, se construyó una espléndida mansión con motivo de celebrar 50 años de matrimonio entre Tomás Marsano y Clotilde Campodónico Crovetto. Este elegante hogar fue una pieza arquitectónica que se destacaba por su ubicación cercana al Parque Kennedy.

El arquitecto e historiador José García Bryce describe la casa como sigue: “Era de tipo francés, una casa de estilo clásico con columnas, frontis con triangulación sobre la parte superior, muchos frisos y toda la clásica ornamentación francesa. No era de un estilo puro, era más bien una arquitectura ecléctica que también usaba otros elementos”.

La casa fue inaugurada en 1941, coincidiendo con la finalización de su construcción. En ese tiempo, capturó la atención por tratarse de una época en la que las grandes mansiones estaban en declive. A lo largo de los años ochenta, esta residencia se transformó en un espacio polifacético que albergaba conciertos y festividades, convirtiéndose así en un punto de encuentro para eventos culturales y sociales.

¿Qué pasó con la Casa Marsano?

Observamos cómo la demolición de la Casa Marsano simboliza la constante tensión entre la preservación del patrimonio histórico y el desarrollo urbano en Lima. (Eduardo Abusada)
Observamos cómo la demolición de la Casa Marsano simboliza la constante tensión entre la preservación del patrimonio histórico y el desarrollo urbano en Lima. (Eduardo Abusada)

La casona, lamentablemente, nunca obtuvo la distinción de ser declarada Monumento Histórico por parte del Instituto Nacional de Cultura (INC). La oposición a su inscripción por motivos de modernidad del edificio y su supuesta falta de “estilo arquitectónico peruano” fueron argumentos presentados por el entonces director, César Coloma. Esto resultó en la ausencia de reconocimiento a su valor histórico, ya que supuestamente no contribuía a la arquitectura local. En el año 2002, fue políticamente condenada a ser demolida y reemplazada por el centro comercial CompuPalace.

La propiedad de la Casa Marsano le pertenecía a la empresa peruana constructora de hoteles Perú Real State. Inicialmente, sus planes contemplaban conservar el diseño original y levantar una sucursal de la cadena internacional de hoteles Hilton en la zona de estacionamiento. Sin embargo, por motivos desconocidos, estos planes se modificaron drásticamente.

La demolición de la casona se llevó a cabo sin la debida autorización de la Municipalidad de Miraflores, lo que resultó en el pago de una multa por parte de los responsables.

¿Quién fue Tomás Marsano?

Un vistazo a la vida y legado de Tomás Marsano, un empresario clave en la historia de Miraflores y de la arquitectura limeña. (Flicker)
Un vistazo a la vida y legado de Tomás Marsano, un empresario clave en la historia de Miraflores y de la arquitectura limeña. (Flicker)

Sus padres fueron Andrés Marsano y Lucía Guitérrez. Este personaje llevó a cabo sus estudios en Italia. En el mes de diciembre de 1894, contrajo matrimonio con Clotilde Campodonico Crovetto, con quien tuvo una familia numerosa compuesta por once hijos: María Inés, Delia Fortunata, María Rosa, Maria Clotilde, Manuela María, José Alberto, Andrés Carlos, Tomás José, Carmen María, Atilio Enrique y Carmela María Marsano Campodónico.

Dedicado al mundo empresarial, minero e inmobiliario, Marsano se desempeñó como propietario de la Compañía Urbanizadora Surquillo, siendo esta entidad la dueña de las haciendas La Calera de La Merced, que abarcaba unas 203 hectáreas, y Primavera, con unas 25 hectáreas. También figuraba como dueño de la Compañía Agrícola Lima, entidad que surgió a partir de las haciendas Venegas, ubicada en el Valle de Surco, y Copacabana, situada en Puente Piedra.

La avenida que lleva su nombre

Exploramos la historia detrás de una de las avenidas principales de la ciudad: la Avenida Marsano, nombrada en honor al propietario original de la emblemática Casa Marsano. (El Comercio)
Exploramos la historia detrás de una de las avenidas principales de la ciudad: la Avenida Marsano, nombrada en honor al propietario original de la emblemática Casa Marsano. (El Comercio)

La avenida Tomás Marsano se alza como uno de los puntos más relevantes en la red de calles de Lima, la capital del Perú. Este extenso corredor vial atraviesa los distritos de Surquillo, Miraflores y Santiago de Surco, cubriendo una distancia de 51 cuadras en su recorrido.

Además, alberga una porción crucial del viaducto correspondiente a la línea 1 del Metro de Lima. Esta sección, ubicada entre el óvalo Higuereta y la vial de Atocongo, representa un punto estratégico en la movilidad urbana de la ciudad.

Es importante destacar que la continuidad de la avenida Tomás Marsano se prolonga hacia el sureste, donde se convierte en la conocida avenida Los Héroes, adentrándose en el distrito de San Juan de Miraflores. Asimismo, al transitar por Santiago de Surco, este tramo de la vía adquiere el nombre de avenida Santiago de Surco, consolidando así su importancia en la interconexión de estos sectores urbanos.

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Un aventurero escocés y una estadía récord: la historia del bautismo de la bandera argentina en la Antártida

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Un loco aventurero escocés, una cesión a Julio Argentino Roca y una estadía récord son algunos de los condimentos que tiene la increíble historia que se esconde detrás de la primera vez que la bandera argentina flameó en la Antártida el 22 de febrero de 1904, hace exactamente 120 años.

Todo comenzó con William Speirs Bruce, que de joven había viajado hacia las Islas Malvinas y sus alrededores como parte de una expedición ballenera de Gran Bretaña, entre 1892 y 1893. Su amor por la oceanografía continuó creciendo y pronto quiso liderar su propia expedición científica, pero el gobierno británico no tenía intenciones de financiarla.

Entonces, decidió buscar apoyo económico. Consiguió que dos hermanos escoces, los Coats, invirtieran 11.000 libras esterlinas, con lo que compró en 1901 un barco ballenero noruego que adaptó para navegar en aguas repletas de hielo y que bautizó como Scotia. Con el objetivo de analizar la vida silvestre en las islas Orcadas del Sur, un archipiélago en la Antártida, conformó una tripulación de unas 25 personas, entre las que convocó a un zoólogo, un botánico, un meteorólogo, un geólogo, un taxidermista y un bacteriólogo.

El barco Scotia atrapado en el hielo antártico. Foto: Libro Scotia Antarctic Expedition

El barco Scotia atrapado en el hielo antártico. Foto: Libro Scotia Antarctic Expedition

El Scotia partió el 2 de noviembre de 1902 desde Troon y llegó el 6 de enero de 1903 a las Islas Malvinas. Tres semanas después, continuó su viaje hacia las Orcadas del Sur. En esa zona, quedaron atrapados por las condiciones climáticas y las aguas congeladas. No tuvieron otra opción que refugiarse en una bahía del lado sur de la isla Laurie, en las Orcadas del Sur.

Allí construyeron un observatorio magnético de madera, el primero en la Antártida, y una cabaña de piedra con techo de lona cubierto de brea que bautizaron como Omond House. También pusieron trampas para peces para poder alimentarse y atravesar el frío invierno. Al tratarse de una expedición no oficial, no podías declarar ese territorio como jurisdicción escocesa.

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Recién el 22 de noviembre de 1903 lograron liberar el barco del hielo. Quedaron seis hombres en tierra,entre los que se encontraba el talentoso meteorólogo Robert Mossman, mientras que la embarcación se dirigió hacia Buenos Aires, a donde llegó en Nochebuena.

Los escoceses negociaron con el gobierno argentino: les ofrecieron cederles las precarias instalaciones que habían construido a cambio de 5.000 pesos y de que el Scotia llevara al personal argentino que continuaría con el emprendimiento científico. El entonces presidente Julio Argentino Roca aceptó el trato mediante el decreto 3.072, que fue firmado el 2 de enero de 1904 y que dispuso el Observatorio nacional Magnético y Meteorológico en la Omond House, que fue rebautizada como Base Orcadas, la primera en la Antártida.

La Base Orcadas fue la primera base antártica argentina. Foto: Ministerio de Relacciones Exteriores

La Base Orcadas fue la primera base antártica argentina. Foto: Ministerio de Relacciones Exteriores

Fue así que el barco regresó con tres argentinos a bordo: Hugo Alberto Acuña, Edgardo Smula y Luciano Valette (uruguayo nacionalizado argentino). Estuvieron acompañados por el meteorólogo Robert Mossman y el cocinero William Smith, escoceses pertenecientes a la expedición original de Bruce. Fueron el primer grupo de personas que vivieron de manera permanente en la Antártida. Realizaron tareas de investigación científica mientras sobrevivían como podían, cazando pingüinos, focas y peces.

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La bandera argentina flameó en la Antártida por primera vez el 22 de febrero de 1904, fecha en la que el Estado nacional se hizo cargo de la base. Desde entonces, pasaron exactamente 120 años que la Argentina mantiene su presencia permanente e ininterrumpida en la Antártida, un récord mundial. En 1974, se instituyó a través del Boletín Oficial que cada 22 de febrero se celebre el Día de la Antártida Argentina.



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