• Sáb. Jun 12th, 2021

Quedan pocas semanas para el inicio de la siembra de trigo en la Argentina y es buen momento para conocer el nivel de adopción tecnológica con el que se viene produciendo el cereal en las últimas campañas.

Según detalla el último Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (Retaa) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en la campaña 20/21 se sembraron 6,5 millones de hectáreas de trigo, misma superficie que en la campaña anterior, y se obtuvo un rinde promedio de 28,2 quintales por hectárea, mostrando una caída interanual del rendimiento del 3,6 %, lo que da cuenta del impacto de la sequía.

«Del mismo modo que el área sembrada, la adopción de tecnología se mantuvo similar a la campaña previa, con mejoras en algunos de los indicadores», remarca el informe de la Bolsa, y agrega: «El desarrollo de la campaña estuvo condicionado por el déficit hídrico y las heladas, principalmente en el comienzo de la misma. En consecuencia, en zonas como el NEA y Córdoba se resignó área de siembra. Por el contrario, otras regiones aumentaron el área de siembra que, fertilización mediante, lograron mejores rendimientos y productividades que la campaña anterior».

La primera variable analizada por la Bolsa es el nivel de adopción de la siembra directa, que en la última campaña bajó del 89 al 86 por ciento. Al respecto, los más destacable es el bajo porcentaje de productores que utilizó esa técnica en el sudoeste bonaerense y sur de La Pampa, donde apenas el 59 por ciento hizo siembra directa. Las razones, según el informe, son las dificultades para el control de algunas malezas como rama negra y la compactación de los suelos, que llevaron a muchos a optar por volver a una labranza convencional.

El Retaa hace hincapié en que la siembra de trigo en sí ya es un beneficio para el sistema ya que mejora la proporción de gramíneas en la rotación, algo que viene sucediendo desde 2015. Además destaca que en algunas zonas, como el NOA, el trigo es utilizado como cultivo de cobertura.

Respecto a la densidad de siembra utilizada, la media nacional se mantuvo en 108 kilos de semillas por hectárea, pero ese número varía mucho según la región y según el tipo de planteo que se haga. Por ejemplo, mientras que en el NOA se siembran 69 kilos de semillas por hectárea, en el norte de Buenos Aires se llega a 130. «Estas diferencias suelen estar relacionadas a la elección de la fecha de siembra, a los ciclos utilizados, a la calidad de semilla y al destino del cultivo (producción o cobertura)», indica la Bolsa.

En cuanto a la fertilización, una herramienta clave en la producción de trigo, el informe aclara que ésta estuvo marcada por las condiciones climáticas de la campaña. «Regiones como NEA y Córdoba padecieron déficit hídrico desde el inicio del ciclo del trigo y esto se vio reflejado principalmente en una disminución de las dosis de fertilización nitrogenada. Por el contrario, regiones como el Norte de Bs. As. – Oeste de La Pampa y el Sudoeste de Bs. As. mostraron un aumento de las dosis que permitieron obtener rindes superiores a los alcanzados en la campaña anterior», detalla.

Como consecuencia de estas distintas situaciones regionales, a nivel país en la campaña 2020/21 las dosis promedio de nitrógeno y fósforo aplicados aumentaron levemente en relación a la campaña anterior. La dosis de nitrógeno fue de 69 Kg/Ha. y la de fósforo 15 Kg/Ha.

Una deuda importante en materia de manejo es el bajo porcentaje de productores que realiza análisis de suelos para conocer el porcentaje de materia orgánica, agua y nutrientes antes de la siembra. En la campaña 20/21 solo el 22 por ciento de los productores lo hicieron, 3 por ciento menos que en la campaña anterior.