INTERNACIONAL
¿Tienen empatía los psicoanalistas lacanianos?: una respuesta con Jacques-Alain Miller

Si tuviera que hacer una comparación que, seguramente, dejará disconformes a muchos, diría: si Lacan es Cristo, Jacques-Alain Miller es San Pablo.
Desde mi punto de vista en un elogio. Es una manera de decir que Miller no es solo un discípulo de Lacan, sino una voz que le dio forma a su mensaje y estableció las líneas más eficaces de su enseñanza.
De la misma manera que le ocurrió a Pablo con los otros apóstoles, mientras que estos hablaban para decir lo que el maestro había dicho, la prédica paulina habla en su nombre y recupera la palabra plena.
Con los años, a la división entre lacanianos y no lacanianos, le siguió la división entre millerianos y no millerianos. Lo paradójico es que a veces quienes se dicen no millerianos piensan en la órbita de lo que Miller planteó.
Hay quienes insisten: Jacques-Alain Miller no es Lacan (le hace decir cosas que este no dijo nunca). ¿Hay algún problema en eso? De lo que no cabe duda es de que Miller lo lee de una manera en que muy pocos lo consiguen.
Y, en buena medida, si existe algo así como el “lacanismo”, es por efecto del trabajo de Miller –de la misma manera en que los apóstoles, después de la muerte de Cristo, se hubieran dispersado en sectas menores destinadas a perderse si no hubiera estado Pablo.
Jacques-Alain Miller le dio a la enseñanza de Lacan vocación ecuménica. No me voy a de detener en comentar que, además, tiene a su cargo el establecimiento de sus seminarios en pos de su publicación. Algunos creen que eso le da un poder.
Pienso más bien que Miller está atento a la época; que más que soltar lo que tenía en un cajón, responde a la circunstancia con la aparición de un nuevo volumen de la palabra (que, además, ya circula por su cuenta). Publicar es intervenir.

Miller interviene. Lo hace siempre, incluso hoy cuando es un hombre grande. Él ya era Miller el día que yo llegaba a este mundo. Lo leo y escucho atentamente. Sobre todo, porque Miller viene del futuro.
Algunas veces, cuando se me ocurre algo que supongo interesante, descubro después que él ya se refirió a la cuestión unos años antes. Cuando no pienso lo mismo, le agradezco que me empujó a pensar.
Con esta gratitud, la de alguien que no está en sus filas, pero reconoce lo dado, voy a comentar la reciente publicación de su curso Los desencantados del psicoanálisis (dictado en 2001-2002).
Un poco más sobre Jacques-Alain Miller
Los cursos de Miller se conocen en su conjunto como La orientación lacaniana. Al igual que los seminarios de Lacan, se publican oficialmente de manera discontinua y a partir de ocasiones específicas. Mientras, circulan en versiones inéditas.
Desde hace unos años, la obra de Miller comenzó a despertar interés sistemático. En 2011, compré en París el ensayo de Nicolas Floury: Le Réel insensé. Introduction à la pensée de Jacques-Alain Miller. Me sorprendió; hasta ese momento yo no pensaba que a Miller se le atribuía un pensamiento –más allá de comentar, elucidar, explicar a Lacan.
En 2023, Fernando José Ferrari publicó Leer con Miller: Otro Lacan. El nacimiento de la clínica milleriana. Entre un 2011 y 2023, podrían mencionarse otros trabajos, pero estos extremos producen el efecto de sentido que me interesa: Miller es también alguien que fundó una clínica psicoanalítica.
Desde mi punto de vista, esto es más claro a partir de sus cursos que rondan el cambio de siglo. Si tuviera que ilustrarlo con una pequeña anécdota, me remitiría al que se llama La experiencia de lo real (1998-1999) cuando Miller cuenta su regreso de un viaje a Estados Unidos en el que, desde una ventana, vio un cartel que decía Enjoy Coca-Cola.

Es admirable la elucidación que hace de esa epifanía: Coca-Cola es el nuevo plus de goce, incluso el objeto que reformula esta noción, a partir del momento en que es posible drogarse con cualquier cosa.
Ya no se trata del objeto de goce afectado por la represión, que retorna a partir de la pérdida. Es el objeto de consumo, que escapa a la lógica de la neurosis (cuyo sello es la negatividad) y se presta a descargas sin sentido.
Lo asombroso es que Miller diga esto hacia fines de los ‘90, anticipándose más de dos décadas a los temas que hoy son comunes en psicoanálisis. Además, sin decirlo y entre líneas, este curso es el andamiaje teórico de la noción de psicosis ordinaria (en la que no me voy a detener por una cuestión de extensión).
Este curso tiene tres partes precisas: la discusión del carácter; el movimiento de la categoría de goce hacia un residuo corporal que no hace lazo; por último, el síntoma como acontecimiento de cuerpo.
Las tres partes articuladas concluyen en una idea clínica brutal: el sufrimiento psíquico hoy no halla carriles de elaboración que lleven a una representación (significante) y, antes que, por las vías del síntoma clásico, hoy se resuelven en caracteropatías.
La neurosis de carácter, entonces, reemplaza a la neurosis de transferencia; el sujeto contemporáneo se defiende (ya no reprime) con formaciones reactivas que son una satisfacción “directa” (Freud dixit) de la pulsión. Así pasamos de la clínica del sujeto a la clínica de la vida dañada y desregulada de la que hoy tanto se habla y Miller anticipó.
Este curso (La experiencia de lo real) es el que sigue a uno que introdujo una noción estrictamente milleriana: El partenaire-síntoma y al que continúan otros dos: Los usos del lapso y El lugar y el lazo. Como dije antes, estos cursos son –para mí– la verdadera invención milleriana de una clínica que no es lacaniana, que es la de Miller y tiene una orientación clara y esclarecedora.
Lamentablemente no puedo comentar estos cuatro cursos, pero si voy a detenerme en el que les sigue, que se acaba de publicar: Los desencantados del psicoanálisis.

La brecha entre teoría y práctica
Este curso parte de una constatación: la situación actual (en 2002, pero también en este 2026) del psicoanálisis es de desconcierto. Si históricamente el lacanismo era la comunidad de herejes, enfrentados a la ortodoxia de la IPA (Asociación Internacional de Psicoanálisis); esta última abandona sus estándares y cede el eclecticismo.
Incluso en la IPA hay lugar para Lacan. Se lo lee como un autor más. Ante este paisaje, Miller interviene: “No hay una teoría de Lacan”; es decir, no se puede ser lacaniano a medias, tomando un poquito de acá y otro de allá. La de Lacan es una enseñanza, viva y orientada por lo imposible de la práctica analítica.
Entonces, ¿son los lacanianos los nuevos ortodoxos? Antes que reclamar la filiación en tal o cual concepto, la pregunta de Miller apunta a lo real del análisis y la dificultad para su transmisión.
Los autores de la Internacional se la pusieron fácil: hablan de modelos teóricos, como si fueran construcciones heurísticas, todas igualmente válidas (todas igualmente leves), con las que se trata de curar, hacer el bien, solucionar la vida de la gente.
A este problema se suma otro, el del caso clínico cuando se lo utiliza con fines de una confirmación. Así la práctica queda subordinada a saber lo que ya se sabía. Dos clases de este curso (El caso clínico y Crisis del caso) apuntan a situar cómo quien mejor puede dar cuenta de la experiencia del análisis es el mismo analizante, pero deja en ascuas al analista respecto de lo que puede plantear teóricamente. Leamos:
“¿A quién se dirige un relato del caso? No al paciente, evidentemente. De hecho, nos incomoda pensar que el paciente pueda leerlo […] Entonces, ¿de quién es el sufrimiento? Del analista, que intenta reencontrar algo de lo que fue agente sin poseer las claves. El relato del caso testimonia su propio vínculo con el misterio de lo que está en juego.”

Reflexiones sobre el momento actual
A partir de este momento, el curso dedica cinco clases al “momento actual”, cuyo eje está en cómo la figura del analista comenzó a ocupar lugar con su propia subjetividad para dar cuenta de la experiencia.
La noción en disputa es la de “contratransferencia”. En una conversación de seminario con Éric Laurent y Graciela Brodsky (entre otros), en esta sección se discute la práctica de los colegas de la IPA –a partir de sus textos y casos– para ubicar cómo el desplazamiento hacia la persona del analista fue en desmedro de la lógica del tratamiento:
“Cuando surge el no sé [en la intención de comprender por parte del analista] cuando falla el yo sé, pasa a primer plano la ecuación personal del analista, bajo la forma de la contratransferencia: ‘Pensé que…, me dije que…, me sentí incómodo…, se reactivó en mí…’. En otras palabras, cuando el analista tropieza con su no sé la ecuación personal cobra protagonismo y esto se traduce en un deterioro de la clínica.”
Valoro especialmente de esta parte del curso el esfuerzo por leer a otros, algo que los analistas actuales casi no hacen. Este curso es ejemplar para ilustrar la actitud del analista que se deja interpelar por otras prácticas, sin por eso ceder en sus principios. Hacer una buena crítica es un trabajo arduo.
Por esta vía, Miller llega a un esbozo de conclusión:
“Queda claro lo que constituiría el falso semblante en eventuales debates: considerar que la diferencia entre lacanianos y no lacanianos se reduce a la duración de la sesión. La verdadera diferencia que esa cuestión cuantitativa encubre es la contratransferencia.”
Ahora bien, esto no quiere decir que la duración de la sesión sea un asunto menor, ya que esa duración (breve, en los lacanianos) es lo que hace que el analista no se impregne de los efectos contratransferenciales:
“No se puede excluir que nuestra sorpresa al leer ciertos informes provenga justamente de ahí: del efecto de sesiones prolongadas que liberan en el analista una actividad mental que, en los lacanianos, queda inhibida por la brevedad del encuentro.”

Contratransferencia, o peor: empatía
Luego de este recorrido, podríamos decir que “lacaniano” es el analista que niega la contratransferencia. Miller lo dice de este modo:
“El verdadero motor, la dinámica misma de la enseñanza de Lacan, estaría en ese rechazo. Esa construcción podría sostenerse a partir de la mortificación del analista, su localización en el lugar del Otro, las tesis sobre el sujeto supuesto saber, el acto y el discurso analíticos. Todas son formulaciones cada vez más elaboradas para excluir al analista de la consideración de la contratransferencia.”
Sin embargo, luego de las reflexiones sobre el momento actual se produce un viraje. A la teoría de la contratransferencia le siguió en el psicoanálisis contemporáneo una defensa del analista empático (que hoy está muy de moda). Miller es taxativo: “Lo que se llama empatía no es más que la versión proyectiva del analista sobre el paciente”.
Al lado de las propuestas de analistas que plantean “franquearse” con sus pacientes, que se entregan a desbordes emocionales (como llorar con ellos), que hablan de “copensar” (en un verdadero holding hands), los viejos teóricos de la contratransferencia parecen ortodoxos. Aquí Miller comienza a vislumbrar que el problema vendrá de la mano del reemplazo del analista por terapeutas bondadosos y bienintencionados. El tiempo le dio la razón.
Al psicoanálisis como experiencia del inconsciente, lo reemplaza una comunicación de afectos. Al analista frío, impersonal, distante, le sigue el analista que “pone sus cartas sobre la mesa”, que practica una self-disclosure, una revelación de sí mismo.
El problema de esta perspectiva es que produce una “ablación del deseo del Otro”, esto es, esa instancia respecto de la cual cada quien se posiciona como sujeto. El tratamiento se convierte en un diálogo comprensivo de entendimiento recíproco.
A esta intención, Miller responde –desde el principio del seminario, recordándolo en diferentes clases– con una frase de Lacan: “Una interpretación cuyos efectos se comprenden no es una interpretación psicoanalítica”.
Retorno a Lacan
Leer el movimiento de la enseñanza de Miller es apasionante, mientras leemos somos sujetos de la pasión. En una clase comienza: “Nos reímos. Es un hecho: nos reímos. Aquí lo hacemos seguido, muy seguido –quizá demasiado–, desde que leemos a otros psicoanalistas”.
Más adelante, la risa se convierte en mueca de dolor. Así comienza otra clase: “Ustedes sufren. Sufren, y Éric Laurent y yo lo hemos notado. Sufren cuando hablamos de autores que no son Lacan”.

En un contexto global en el que el psicoanálisis está asediado por diversas psicoterapias instrumentales, en el que se cede con instancias de garantía y supervisión para conseguir una “falsa evidencia amable” –según una formulación de Laurent en este curso– hacer la pregunta por lo propio del análisis sin concesiones es un acto de valentía.
Cuando las asambleas internacionales buscan estrategias para vender un psicoanálisis aggiornado y acorde a la demanda actual, este curso recupera los problemas y reintroduce la pregunta por el sujeto en su dimensión exigida. También lo hace con el analista, cuando en el final de la clase que se titula “Los principios de la práctica lacaniana”, Miller cita un pasaje de Lacan que dice:
“Si hubiera podido hablar del acto psicoanalítico hasta el final, lo habría hecho para decirles que no por no nada les hablé del deseo del psicoanalista. Es imposible, en efecto, que no provenga del fantasma del psicoanalista –o sea, de lo más opaco, cerrado y autista que hay en su palabra– el shock que deshiela en el analizante la palabra […]”
Miller enfatiza que esta es una declaración única, “que cuesta creer que sea de Lacan”; porque, ¿no había que separarse de la persona del analista? ¿De qué modo en ese fango (su fantasma) crece un deseo? No por nada este curso de Miller se publicó este año, el mismo en que se publicó el seminario El acto psicoanalítico de Jacques Lacan –que ya fue comentado por Verónica Buchanan en esta sección de Cultura.
El futuro llegó, hace rato. En ese año 2002, Miller anticipaba “el dolor exquisito del movimiento psicoanalítico: la tensión entre el psicoanálisis en singular (lacaniano) y el psicoanálisis en plural (ecléctico)”. Desde entonces no hemos visto más que una grieta que se ensancha.
En ese entonces, Miller decía: “Anticipo –profetizo– que los términos de ese debate ya se perfilan”. La profecía se cumplió. Miller es un profeta de los buenos, de los que devuelven el mensaje con una forma invertida, para decir de dónde venimos y a dónde vamos.
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INTERNACIONAL
Aduanas encuentra miles de pastillas de Viagra sin registro sanitario en pleno Casco Antiguo de Panamá

Las llamadas pastillas azules, utilizadas para tratar la disfunción eréctil, aparecieron entre las mercancías incautadas durante un allanamiento en el corregimiento de San Felipe, en la capital panameña.
Inspectores de la Autoridad Nacional de Aduanas encontraron miles de comprimidos de sildenafil de 50 miligramos, sin registro sanitario, junto con cigarrillos valorados en aproximadamente USD 18.000, en un depósito destinado al almacenamiento y distribución de productos.
El sildenafil es el principio activo del medicamento comercializado originalmente bajo la marca Viagra, conocido popularmente como la pastilla azul por su presentación más reconocida.
Se utiliza para tratar problemas de erección, pero su consumo requiere precauciones médicas debido a posibles efectos secundarios e interacciones con otros medicamentos, especialmente entre pacientes con enfermedades cardiovasculares.

El peligro aumenta cuando estos productos carecen de registro sanitario, porque no se ha acreditado ante la autoridad reguladora nacional que cumplan los requisitos de calidad, seguridad y eficacia.
Además, en los medicamentos de procedencia desconocida no puede darse por garantizada la concentración del principio activo, las condiciones de fabricación ni la ausencia de sustancias contaminantes.
Uno de los riesgos más graves del sildenafil es su interacción con medicamentos que contienen nitratos, utilizados para tratar determinadas afecciones cardíacas, como la angina de pecho.
Esta combinación puede provocar una caída peligrosa de la presión arterial. También pueden presentarse dolores de cabeza, mareos, alteraciones visuales y erecciones prolongadas que requieren atención médica urgente.
El Ministerio de Salud de Panamá ya había advertido sobre estos peligros en 2019, cuando decomisó 18.000 tabletas de sildenafil y 8.000 unidades en gel sin autorización sanitaria, procedentes de la India.

En aquella ocasión, las autoridades recomendaron evitar medicamentos de origen dudoso y recordaron que su utilización sin supervisión puede comprometer la salud.
En el caso más reciente, la Dirección de Prevención y Fiscalización Aduanera (DPFA) realizó el allanamiento en un inmueble de San Felipe, corregimiento donde se encuentra el Casco Antiguo de la ciudad.
Los inspectores actuaron con apoyo de la Policía Nacional, pero no hubo personas aprehendidas, debido a que el depósito estaba desocupado durante la diligencia.
La mercancía fue trasladada a las instalaciones de la Autoridad Nacional de Aduanas para continuar los procedimientos legales y las investigaciones. La institución no precisó cuántas pastillas fueron encontradas, su procedencia ni su valor comercial, mientras la incautación de cigarrillos fue estimada en USD 18.000.
El contrabando de tabaco representa uno de los principales problemas del comercio ilícito panameño. Según cifras divulgadas por Aduanas, durante 2025 se incautaron cigarrillos por un valor aduanal de USD 8,5 millones.

Al sumar operaciones coordinadas con otras instituciones, el valor de las retenciones superó los USD 14,3 millones, equivalentes a aproximadamente 19,7 millones de unidades.
La magnitud del fenómeno también aparece en un estudio publicado en 2026 por investigadores de la Universidad de Panamá, que cita estimaciones de Nielsen correspondientes a 2024. Según esos datos, el 96,2% del consumo nacional de cigarrillos procedía del mercado ilícito, una proporción que evidencia las dificultades para controlar su distribución.
La Alianza Contra el Comercio Ilícito de Panamá estima que las pérdidas fiscales asociadas al contrabando de cigarrillos superan los USD 100 millones anuales. Esta cifra corresponde a una estimación del sector y no a una recaudación oficialmente auditada, pero permite dimensionar el impacto económico atribuido a la comercialización irregular de productos de tabaco.
El decomiso en San Felipe ocurrió durante el operativo “Navidad sin Contrabando”, iniciado el 1 de noviembre para intensificar las inspecciones en comercios, depósitos y puestos de control. La iniciativa busca combatir el contrabando, la falsificación y la defraudación fiscal aduanera durante una temporada caracterizada por mayor movimiento comercial.

En la campaña navideña de 2025, Aduanas reportó 146 casos y mercancías de contrabando valoradas en USD 1,75 millones. También informó sobre productos falsificados por USD 489.470 y USD 355.530 en dinero no declarado por viajeros que ingresaron al país entre octubre y diciembre.
Bajo el lema “Esta Navidad, que tu regalo sea legal”, la entidad recomienda conservar las facturas que acrediten la procedencia de las compras para facilitar las verificaciones. Las denuncias pueden presentarse mediante el correo denuncias@ana.gob.pa o la línea 311, mientras continúan los controles en diferentes regiones del país.
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INTERNACIONAL
Durante la vigilia en el Estadio Centenario, León XIV advirtió que la fe “dejó de transmitirse” y animó a los fieles uruguayos a seguir el Evangelio

El Estadio Centenario —monumento al fútbol mundial— abrazó al papa León XIV en su segundo día en el país más laico del continente.
“¡Papa, León, te queremos un montón!”, fue el grito de bienvenida de los uruguayos. Lo coreaban mientras el pontífice recorría en su papamóvil las tribunas de la cancha.

El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, aprovechó el lugar de la vigilia para hacer una metáfora futbolera. “Tener al papa entre nosotros es un golazo”, dijo.
La celebración comenzó con la actuación de Lucas Sugo, un popular artista uruguayo. Fue un momento emotivo de la ceremonia: hace poco falleció una hija suya. Todo el escenario lo ovacionó.
“Queridos hermanos y hermanas, querido Uruguay, buenas noches”, dijo León XIV al comenzar su homilía. Su saludo despertó a la multitud, que otra vez coreó su nombre.
En su prédica, el papa alzó la voz para animar al público. “Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen”, arengó.
La secularización de Uruguay, en el mensaje central
Durante sus homilías, el papa ha demostrado el conocimiento que tiene de Uruguay.
En su discurso inicial, ante el presidente Yamandú Orsi, habló del prócer uruguayo José Gervasio Artigas. Usó su figura como hilo conductor para hablar de la familia, el trabajo y los cuidados ante la enfermedad. En Paysandú, habló del puente internacional que une esa ciudad uruguaya con Colón, de los palmares y del mate.
En el Estadio Centenario se refirió a otro fenómeno que identifica al país: la secularización. Señaló que existe una “indiferencia religiosa cada vez más extendida” y que el avance de este proceso es experimentado por “muchas comunidades cristianas”.
“En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa. Los creyentes que peregrinan en Uruguay han tenido que aprender a vivir y anunciar su fe en ese escenario”, dijo.
En Uruguay, la Iglesia está separada del Estado desde 1919 y una minoría se considera católica practicante.
La gira del papa León XIV por América Latina estuvo pensada para ir de menos a más. Uruguay es el país más laico del continente y las recorridas del pontífice no tuvieron la efervescencia que se espera para Argentina y Perú.
Una muestra de esto es que, a cuatro horas de la llegada del papa, el tránsito hacia el Estadio Centenario era muy calmo y la cancha recién comenzaba a cubrirse de plásticos. Con el paso de los minutos, las tribunas empezaron a colmarse.
El registro previo para las entradas había generado furor: había unas 60.000 en el Centenario y unos 6.000 acreditados.
Los testimonios y el ejemplo de Belén
La espera del papa transcurrió entre espectáculos teatrales y shows musicales. Los espectadores ensayaron algunos cantos para recibir a León XIV.
También se escucharon algunos testimonios.
Valentina, una joven de 20 años oriunda de Paysandú, la ciudad visitada por el papa durante la mañana del sábado, contó su historia.
Su vida cambió hace tres años, cuando a su padre le diagnosticaron cáncer. Luego, Valentina tuvo un accidente en el río de su ciudad, en el que su cuerpo sufrió quemaduras en un 50%.
Mientras ella se recuperaba, su padre falleció. Eso hizo que Valentina se decepcionara de Dios. Ella, que se había aferrado a la fe, había recibido esa mala noticia. ¿Por qué a ella? Luego llegó un diagnóstico peor: los médicos le dijeron que no había nada por hacer.
Sus allegados no dejaron de rezarle a San José. Tras 448 días internada, se recuperó. “Si estoy acá, totalmente sana, es literalmente gracias a Dios”, expresó.
Cuando el papa ya estaba en el escenario, comenzó a escuchar el primer testimonio. Federica contó su historia de fe y, en particular, habló de los vacíos que sienten los jóvenes.
El siguiente fue Giovanni, un joven de 22 años, quien le contó que se siente solo al vivir su fe. Entre lágrimas, le preguntó cómo podía enfrentar esa realidad.
Por último, León XIV escuchó el testimonio de la familia Gutiérrez Hernández, que le preguntó —nuevamente en clave futbolera—: “¿En el partido de la vida cómo parar la pelota, levantar la mirada y jugarnos la camiseta?”.
En su respuesta, León XIV los animó a perseverar. Dijo que el ejemplo de la ciudad de Belén podía ofrecer una respuesta.
“Quizás pueda enseñarnos algo sobre esta realidad: cuando somos pocos, cuando disminuyen las fuerzas o cuando comprobamos que nuestra presencia social ya no es la misma, existe el riesgo de empezar a juzgar nuestra situación con criterios muy humanos. El Evangelio nos invita a mirar de otro modo”, expresó.
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INTERNACIONAL
Corte Interamericana archiva el caso por el fusilamiento televisado en Guatemala en 1996, tras verificar el cumplimiento de todas las reparaciones

La Corte Interamericana de Derechos Humanos archivó el expediente contra Guatemala por el fusilamiento de Roberto Girón y Pedro Castillo Mendoza, ejecutados el 13 de septiembre de 1996 ante cámaras de televisión nacional. La decisión del 9 de octubre de 2026 determinó que el Estado cumplió todas las medidas de reparación fijadas siete años antes, entre ellas las indemnizaciones para los derechohabientes, la publicación de la sentencia y el reintegro de gastos al Fondo de Asistencia Legal de Víctimas.
El cierre corresponde a la etapa de supervisión del fallo emitido el 15 de octubre de 2019 en el caso Girón y otro vs. Guatemala. La resolución no revisa ni modifica la responsabilidad internacional declarada entonces por las violaciones al derecho a la vida, a la integridad personal y a las garantías judiciales de los dos condenados.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos verificó el cumplimiento de las obligaciones mediante tres resoluciones: la del 2 de septiembre de 2022, la del 30 de abril de 2024 y la que dispuso el archivo definitivo en octubre de 2026. El tribunal regional tiene su sede en San José, Costa Rica.

El fusilamiento televisado en Escuintla
Girón y Castillo Mendoza fueron condenados a muerte por violación calificada contra Sonia Álvarez, una niña de cuatro años. La legislación guatemalteca vigente entonces imponía obligatoriamente la pena capital cuando la víctima fallecía, sin permitir que los jueces evaluaran circunstancias atenuantes.
La ejecución se realizó en la Granja Modelo de Rehabilitación Canadá, situada en el departamento de Escuintla. Un pelotón de 20 guardias disparó contra ambos hombres durante un acto transmitido por la televisión nacional.
Castillo Mendoza sobrevivió a la primera descarga. Uno de los integrantes del pelotón le efectuó luego un disparo final para consumar la ejecución.
El proceso penal se había iniciado en 1993 y la Corte concluyó que los condenados no recibieron una defensa técnica adecuada durante las diligencias judiciales. En una etapa posterior, el Estado les asignó estudiantes de Derecho como defensores.
La sentencia de 2019 consideró que esa representación vulneró las garantías judiciales establecidas en la Convención Americana sobre Derechos Humanos. El tribunal también examinó las condiciones de detención de ambos hombres en el corredor de la muerte y la difusión televisiva del fusilamiento.
La responsabilidad atribuida al Estado abarcó tanto las ejecuciones como el trato recibido antes de ellas. La transmisión pública de la muerte de Girón y Castillo Mendoza fue considerada parte de las violaciones a su integridad personal.

Indemnizaciones, publicaciones y reintegro de gastos
Las reparaciones ordenadas incluyeron la publicación íntegra de la sentencia y de su resumen oficial. También se dispuso el pago de indemnizaciones por daño inmaterial a los derechohabientes de las víctimas.
El Estado debía además devolver al Fondo de Asistencia Legal de Víctimas los recursos utilizados durante la tramitación del caso ante el sistema interamericano. La resolución de supervisión concluyó que esas obligaciones habían sido satisfechas.
Respecto de Girón, la Corte declaró finalizada la supervisión del pago correspondiente a sus derechohabientes. En el caso de Castillo Mendoza, el tribunal constató el cumplimiento total de la indemnización dirigida a sus familiares con derecho a reparación.
La publicación de la sentencia y de su resumen oficial fue otra de las medidas que Guatemala completó. Con esas verificaciones, no quedaron obligaciones pendientes dentro del expediente abierto tras el fallo de 2019.
El archivo no elimina la decisión que declaró responsable al Estado guatemalteco por las violaciones cometidas contra los dos hombres. La medida pone fin únicamente al mecanismo con el que el tribunal comprobaba la ejecución de las reparaciones dispuestas.
Los integrantes del tribunal que dispusieron el archivo
La resolución de octubre de 2026 fue adoptada por una integración presidida por el juez Rodrigo Mudrovitsch, de Brasil. La vicepresidencia estuvo a cargo de la jueza Patricia Pérez Goldberg, de Chile.
También participaron el juez Ricardo C. Pérez Manrique, de Uruguay; la jueza Nancy Hernández López, de Costa Rica; la jueza Verónica Gómez, de Argentina; el juez Alberto Borea Odría, de Perú, y el juez Diego Moreno Rodríguez, de Paraguay.
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