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Una extraordinaria marca que aún se mantiene en el fútbol argentino: a 45 años del récord de Carlos Barisio

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El instante preciso en que Carlos Barisio bate el récord de Antonio Roma y es abrazado por su compañero Juan Domingo Rocchia, mientras se acerca a saludarlo Víctor Hugo Heredia de Instituto

“Vamos a la cancha”. Con ocho años y una creciente pasión por el fútbol, mis oídos no podían recibir mejores palabras. Más aún, si eran dichas por mi viejo, que tanto tuvo que ver con ese amor por la número cinco. Era un feriado frío y lluvioso, cerca del mediodía, cuando me amplió la propuesta con más datos: “En la cancha de Ferro puede suceder un hecho histórico y me gustaría que lo vieras”. Mi vieja apuró el almuerzo con mano sabia, nos abrigamos bien y los dos caminamos cuatro cuadras hasta la estación Sáenz Peña de la línea A, para tomar el subte que nos iba a depositar en Caballito aquel 9 de julio de 1981.

El récord de Barisio. Esa marca que parecía imposible de batir, desde que el legendario Antonio Roma la había clavado en 783 minutos con la valla invicta, en la lejanía de 1969. Ferro era un equipazo, y entre sus muchas virtudes, estaba la solidez defensiva. Una última línea que sale de memoria, 45 años más tarde, aún para quienes nos son hinchas de ese equipo: Barisio; Gómez, Cuper, Rocchia y Garré.

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Mi viejo fue un médico admirable y admirado, que dedicó gran parte de su vida al estudio y la investigación. Futbolero en su niñez y adolescencia, teñida con los colores de River. Le gustaba jugarlo y verlo, pero sin ser fanático. Al ingresar a la facultad, se abocó de lleno, ya no siguió a su equipo y apenas se enteraba de los resultados de los partidos. Fue un paréntesis de 10 años. Hasta que, a su único hijo, apenas terminada la final del Mundial ‘78, se le desató la pasión por este deporte, que él supo acompañar, llevándome a distintas canchas y escuchando por radio aquellas jornadas inolvidables de domingo con todos los partidos a la misma hora.

45 años del récord de Barisio
Carlos Barisio en el arco de Ferro la tarde del jueves 9 de julio de 1981 en que entró en la historia del fútbol argentino

El campeonato de 1981 tuvo el estruendo del pase de Maradona a Boca, que conmocionó al ambiente. Para paliar este impacto, River fue en busca de Mario Kempes, que actuaba en el Valencia de España, para sumarlo a su constelación de estrellas. Los Xeneizes, también incorporaron a Miguel Brindisi, que sería uno de los mejores socios de Diego.

Lo más lógico era que entre ambos equipos se disputaran el título. Sin embargo, Ferro tenía otros planes. Carlos Griguol había llegado a principios de 1980, comenzando un paciente trabajo, con un plantel equilibrado, inteligente y con hambre de cosas grandes. El Viejo Timoteo fue un adelantado. Con un dinero que tenía ahorrado, como relató alguna vez, en lugar de comprarse un auto, decidió invertirlo en un equipo de video cassette, super innovador para la época, donde grababa los partidos de su equipo y de los futuros rivales, para luego reproducirlos en el entonces moderno sistema de VHS.

Desde ese laboratorio, salían las ideas que se iban plasmando en los entrenamientos del estadio de Caballito y en el campo de deportes de Pontevedra. River prontamente se bajó de la pelea por varios factores: un Kempes que no llegó en el mejor estado físico, el ciclo de Ángel Labruna con el desgaste de seis años y el mazazo de la eliminación en la fase de grupos de la Copa Libertadores, su gran asignatura pendiente, ante Deportivo Cali.

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Carlos Barisio saliendo de la cancha de Ferro la tarde del récord. De allí se fue a los estudios de Canal 9 para participar de «Polémica en el bar»

Boca parecía encaminarse al título, pero Ferro le opuso resistencia, siguiéndolo de cerca, no aflojando nunca y desestimando a los agoreros que nunca faltan, que sentenciaban el “ya se va a caer”. Tuve ocasión de entrevistar a Carlos Barisio, que nos dejó en 2020, y así recordaba el funcionamiento de ese cuadro inolvidable: “Estaba todo tan bien sincronizado y trabajado que nos entendíamos casi sin mirarnos entre los cinco. Ferro era un chico, pero con espíritu de grande. Un arquero de equipo chico recibe muchas situaciones de gol por partido. La defensa era tan buena que casi no me llegaban, pero tenía que estar atento y no fallar en esos momentos. Era mucha concentración durante los 90 minutos. Llegaba a mi casa y parecía que me había pasado un tren por encima (risas)”.

Ese jueves 9 de julio, con fecha entre semana, la diferencia entre ambos era de dos puntos y enfrentaban a equipos que estaban en la mitad de la tabla. Boca jugaba con Vélez en la Bombonera, al tiempo que Ferro recibía a Instituto. La expectativa estaba repartida, pero apenas comenzados los partidos, Maradona convirtió un gol que daba tranquilidad a la parcialidad azul y oro. En Caballito los minutos pasaban y la gran expectativa era poder ver si Barisio llegaba a la hazaña. Marca que casi se frustra, como él mismo evocó: “Ese día hice la mejor atajada de mi vida, antes de batir el récord. Saccardi fue a cubrir a Garré que se había ido al ataque y le ganó la posición al puntero derecho Rodolfo Rodríguez. Al tener la pelota, quiso cambiar de frente para salir con Mario Gómez, nuestro lateral derecho, pero se la puso en el pecho a Juan José Meza, el excelente número 10 de ellos, que estaba en la medialuna. La mató y le pegó fuerte, abajo a la derecha mía. Volé y la saqué con lo justo”.

45 años del récord de Barisio
La producción fotográfica con Amadeo Carrizo y Antonio Roma, los dos arqueros que lo precedieron con el récord en el fútbol argentino

En mi memoria quedó grabada esa tarde. Con la ansiedad de los plateístas de Ferro, que miraban en forma incesante sus relojes, esperando que llegasen los 23 minutos del segundo y soltar la felicidad del récord. También, la locura que se desató en un instante en particular. El árbitro Juan Carlos Ponfil había pitado el final y los jugadores iban camino a los vestuarios, tras un deslucido 0-0. Allí se produjo un estruendo que se activó cual onda expansiva. Las radios portátiles trajeron la novedad del empate de Vélez, anotado por su máximo goleador y a la postre, ídolo de Boca: Carlos Bianchi.

A los 10 del segundo tiempo, Miguel Ángel Juárez, el artillero de Ferro, convirtió el primero, que hizo delirar a todos, superando a Guibaudo con un remate bajo y enseguida, Rocchia de cabeza puso el 2-0. Era la tarde soñada, solo había que esperar que llegase el momento. Y allí fue, cuando el árbitro detuvo el juego, porque Barisio era el nuevo hombre récord de nuestro fútbol: “Fue algo muy emocionante, compartido con los muchachos de Instituto, que me vinieron a abrazar. Recuerdo especialmente a Krasusemann, un defensor, que lloraba y al mono Guibaudo, que se cruzó desde el otro arco. Ese día había venido a verme mi mejor amigo, que se quedó esperando en la calle, apoyado en un árbol, porque tardé mucho en poder salir. Nos abrazamos y le dije: ‘Acompañame a Canal 9 que me invitaron a Polémica en el bar (el programa más visto)’. Tenía que llegar a una determinada hora, porque se grababa antes y había que compaginarlo. Pensé que iban a ser un par de preguntas y listo, pero me hicieron actuar con esa gran mesa que conformaban Minguito Altavista, Rolo Puente, Mario Sánchez, Julio de Gracia y el gordo Porcel. Estaba más nervioso en el momento de entrar en escena que cuando batí el récord (risas)”.

Pero la montaña rusa de sensaciones para Carlos no había concluido ahí: “Llevé a mi amigo hasta Tigre y luego tenía que pasar a buscar por la casa de mi suegra en Escobar a mi esposa y el nene más grande, que entonces tenía tres años. Luego de dejar a mi amigo, me quedé por primera vez solo. Puse la radio y hablaban de mí, entonces puse música. Me relajé y comencé a acelerar, sin tener noción de la velocidad por Panamericana. Calculo que iría a 150 cuando agarré un badén de agua, porque llovía bastante y me fui de golpe a la banquina. Me asusté. El médico luego me dijo que era lógico lo que me había pasado. Lo más emocionante fue llegar a mi casa en San Isidro, subir hasta el departamento del décimo piso y ver toda la puerta llena de mensajes de los vecinos con las felicitaciones. Ese fue el mejor premio, porque se referían primero a mí como persona”.

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45 años del récord de Barisio
El primero gol de Ferro frente a Instituto marcado por Miguel Ángel Juárez

Con otro gol de Juárez y uno del Beto Márcico, Ferro redondeó un contundente 4-0, al tiempo que Boca igualó con Vélez. Los muchachos de Timoteo ya estaban solo a un punto de la cima. Las emociones para el arquero, se extendieron un poco más: “Recién caí al otro día, cuando llegué al entrenamiento y estaban Amadeo Carrizo y Antonio Roma, dos glorias del arco, que los habían citado para que hiciéramos una nota los tres juntos para la revista Estadio. Yo había estado en la cancha de Vélez, el día que Amadeo había batido el récord, porque estaba en la tercera de River. Increíbles las vueltas de la vida. Amadeo fue un maestro. Cuando jugaba en las inferiores me decía: ‘Pibe, cuando termines de entrenar y nosotros hagamos fútbol, venite y te sentás atrás mío, para ver como hago las cosas’. Un genio”.

El domingo, alcanzó a Boca en lo más alto de las posiciones, al superar a Central 2-0. La marca de Barisio se extendió también ante Racing una semana después. En la jornada siguiente, frente a Talleres, Ferro ganaba 1-0 y se mantenía en la punta, hasta que, faltando dos minutos, el récord fue un recuerdo. “Promediaba el segundo tiempo y veníamos tranquilos. De repente vi que comienza a hacer calentamiento para entrar en Talleres Humberto Bravo. No, por favor pensé, este tipo es un goleador nato. Ingresó y entre Cuper y Rocchia lo controlaron, hasta que faltando dos minutos la paró con el pecho en el borde del área y la clavó en un rincón. Me hizo un golazo. Igual si no era ahí, era en el partido siguiente con Boca en la Bombonera (risas)”.

Ese cruce a tres fechas del cierre del torneo, fue una final anticipada. El gol de Bravo que le sacó el invicto a Barisio, también dejó a Ferro un punto debajo de su rival. “La llegada al estadio fue increíble. El vestuario visitante está debajo de La 12, imaginate. Temblaba todo. Lo preparamos de la misma manera que los anteriores, nada especial. Griguol no quiso marca personal para Maradona, había que tomarlo desde donde arrancara, pero era una cosa de locos. No merecimos perder esa tarde, pero Diego es de otro planeta. Si tenía una, cambiaba la historia y así fue: le puso un pase maravilloso a Perotti, que me definió perfecto, bien al lado del palo, me pasó rozando el guante. Años después, viendo el video, no puedo creer la avalancha que hubo detrás de mí. No se cuánta gente hubo ese día, pero seguro cerca de 80.000 personas. Cuando nos saludamos al final, recuerdo que Diego nos dijo: ‘Ustedes tienen un equipazo. Los felicito’”.

El título fue para Boca, con la ya mítica vuelta olímpica de Maradona. Ferro quedó apenas un punto por detrás, como antesala de la gloria que llegaría un año más tarde, con la conquista de su primer título en la máxima categoría. Han pasado 45 años y el récord de Barisio sigue intacto. Como el recuerdo de aquella tarde inolvidable para el pibe de 8 años, que le respondió con un sí inmenso a la mejor propuesta que le pudo hacer su papá.

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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North America,Sport,Tennis

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