POLITICA
Axel Kicillof y Máximo Kirchner se reunieron para ordenar al peronismo antes del encuentro del PJ bonaerense – Nexofin

El gobernador Axel Kicillof y el diputado Máximo Kirchner mantuvieron una reunión en La Plata previo al encuentro del PJ Bonaerense.
La cita contó con la presencia de Verónica Magario, Mariano Cascallares y Federico Otermín para encaminar la interna provincial.
Desde los sectores convocados evaluaron que en la cumbre “hubo predisposición” y consideraron el gesto como un “buen paso” político. La reunión sirvió para destrabar la reorganización institucional antes de la sesión formal del consejo.
Máximo Kirchner, Juan Grabois y Axel Kicillof
El órgano partidario sesionará para definir el llamado al congreso y ratificar la distribución de cargos. En ese marco, un dirigente del conurbano expresó a Infobae: “No deberían existir problemas. Es cumplir con el reglamento”.
El entendimiento contempla que el referente de La Cámpora asuma la presidencia del congreso del PJ Bonaerense. En tanto, los operadores del espacio señalaron que la estrategia busca focalizar la oposición hacia Javier Milei.
Asimismo, analizaron que la meta central pasa por establecer pautas electorales claras. Frente al escenario futuro, una fuente cercana al gobernador admitió que “lo que hay que discutir son reglas”.
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Llaryora le pidió al Gobierno más medidas para las pymes: “Hay que mover el mercado y la gente no llega a fin de mes”

El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, consideró que las últimas medidas anunciadas por el Gobierno nacional representan un avance, pero advirtió que todavía son insuficientes para atender la situación de las pequeñas y medianas empresas. En una entrevista con el programa Solo una vuelta más, de TN, reclamó nuevas herramientas para reactivar la actividad económica y recuperar el consumo.
“Es un buen camino lo anunciado hoy, pero claramente hay que seguir”, sostuvo el mandatario provincial. Y planteó cuál debería ser la prioridad de la administración de Javier Milei: “Tiene que haber medidas claras y concisas para ayudar a las pymes y mover el mercado”.
En ese sentido, cuestionó que la discusión económica quede limitada a los indicadores macroeconómicos y reclamó una mirada sobre las dificultades cotidianas de la población. “Hay que salir de una situación dogmática para entrar en una realidad: la gente no llega a fin de mes”, afirmó.
Llaryora también se refirió a la distribución de los subsidios y consideró que los beneficios destinados al Área Metropolitana de Buenos Aires deberían extenderse al resto del país. “No está mal que haya subsidios al AMBA, pero hagámoslo para toda la Argentina”, planteó.
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Una derrota que afecta a Milei

Donald Trump ha sido derrotado, y esa previsible constatación tendrá forzosamente consecuencias en el mundo y en la Argentina. Por lo pronto, Javier Milei perdió a su amigo más cercano y más poderoso en el mundo: toca suponer que el mandatario norteamericano, convertido desde anoche en un pato cojo, ya no contará con las mismas condiciones que tuvo en los últimos dos años, cuando desplegó un enorme predominio político. En el caso argentino, no se trata solo de imaginar a un líder norteamericano más debilitado en el momento en el que Milei deba rendir cuentas en las urnas. El resultado de ese examen marcará la reelección −o no− del actual presidente.
Trump ha sido muy importante para Milei por otras razones también, tal vez la más importante de ella fue su decisiva influencia en el Fondo Monetario Internacional. La Argentina es el principal deudor de ese organismo multilateral. Su deuda, de unos 56.000 millones de dólares, significa el 80 por ciento del total de las deudas de América Latina con el FMI; es cuatro veces más grande que la deuda de Ucrania, un país arrasado por una guerra cruel e injusta desde hace cuatro años, con el organismo.
Los gobiernos argentinos han hecho del incumplimiento de sus promesas al FMI una especie de hábito nacional. Después, necesitaron que alguien los salvara de la bancarrota. Aun cuando Milei es un presidente al que le gusta cumplir los compromisos con los poderosos de este mundo, es cierto que algunas promesas escritas por su gobierno en los acuerdos con el Fondo no se acataron. Fue Trump el que lo amparó siempre a último momento usando la influencia de los funcionarios del Fondo que responden al gobierno norteamericano; no son pocos ni su influencia en menor. Estados Unidos se reservó una cuota crucial de poder en el Fondo, aunque le dejó la dirección general a un europeo. Es probable que esta predisposición de Trump no cambie y también es posible que el Fondo siga aceptando en adelante sus pedidos. Pero, guste o no, una cosa hubiera sido un jefe de la Casa Blanca poderoso, ufanándose de una victoria, y otra cosa es un presidente derrotado que ya muestra, como acaba de consignar el diario The Washington Post, lo signos de la decadencia personal.
En síntesis, la derrota de Trump no le hace bien a Milei. Por eso, el riesgo país superó ayer los 800 puntos básicos, un índice muy alto si se lo compara sobre todo con los casi 400 puntos a los que había descendido en julio pasado. ¿Qué pasó en apenas tres meses para que el riesgo de la economía argentina se duplicara? Fundamentalmente, sucedieron dos hechos. Uno: la economía no logró salir de la desaceleración en la que está ya hace mucho tiempo y, así, el país se acerca peligrosamente a una recesión. La recesión es la peor visita que puede golpear la puerta en vísperas electorales. Para peor, la alternativa de Milei es, hoy por hoy, el peronismo encarnado en la perpetua Cristina Kirchner o en su antiguo ahijado Axel Kicillof. El otro hecho fueron los reiterados estallidos de cólera y odio por parte del Presidente en sus exposiciones públicas. Cualquier observador extranjero, reacio a detenerse en los matices, une las desventuras de la economía con el talante presidencial y saca la conclusión de que cada vez le será más difícil al Presidente ganar en primera vuelta las elecciones presidenciales. El riesgo país es el síntoma de ese escalofrío.
Hablando de elecciones, es veraz también que Trump fue decisivo para que Milei ganara las elecciones legislativas del año pasado. Muchos hablan de esos comicios ganados por un cheque de Washington, pero muchos olvidan que un mes y medio antes Milei había sufrido una dura derrota en la provincia de Buenos Aires, luego de que Kicillof desdoblara las elecciones provinciales; es decir, de que las separara de las nacionales. Muchísimos votantes salieron un mes y medio después en todo el país a votar por Milei para que no ganara el peronismo. ¿El mariscal de la victoria fue Scott Bessent, el poderoso secretario del Tesoro norteamericano, o el peronismo fue el mariscal de la derrota? Cualquier respuesta es relativa.
Vastos sectores sociales, sobre todo los jóvenes, asocian todavía al peronismo con la interminable cuarentena de la pandemia, según la conclusión de varios encuestadores. ¿Por qué, entonces, Kicillof ganó antes las elecciones provinciales bonaerenses? La provincia de Buenos Aires es un conflicto singular y aparte en la Argentina; ahí se concentra la mayor cantidad de electores, pero también el número más alto de pobres. Son los sectores sociales históricamente seducidos por el peronismo.
Esa es una parte de la historia. La otra parte es que Trump y Bessent contribuyeron activamente para que Milei ganara las elecciones porque los mercados habían enloquecido después del triunfo bonaerense del peronismo. Prometieron un swap de 20.000 millones de dólares, de los que el gobierno de Milei usó 2500 millones. Este préstamo fue reintegrado íntegramente al Tesoro norteamericano en enero de este año. Sin embargo, la verdad completa debe consignar que Trump fue seriamente cuestionado en Washington por legisladores demócratas y también por un grupo de republicanos por utilizar recursos del Estado para ayudar a un gobierno amigo en un apuro electoral.
Aquel swap sigue vigente, pero ¿podrá Trump usar ese dinero para ayudar a su aliado Milei en caso de que este lo necesitara en las elecciones presidenciales argentinas? Bessent dijo hace poco que esa ayuda se concretará porque “la Argentina es un aliado muy importante de los Estados Unidos en América Latina”. Bessent es un experto en finanzas, no un político, aunque es cierto que no pocos sectores de la dirigencia norteamericana están predispuestos a apoyar a Milei mientras la opción local sea el peronismo.
La suerte de Milei dependerá también de si Trump acepta que perdió los comicios de ayer y, de la misma manera, del tamaño de la crisis en su futura relación con el Congreso norteamericano, ahora en manos opositoras. Sus opositores demócratas controlarán la Cámara de Representantes (Diputados, aquí) y estarán en condiciones de obstaculizarle los dos años de mandato que le quedan. Son los dos últimos años de la vida presidencial de Trump porque la Constitución de los Estados Unidos le permite al presidente aspirar solo a dos mandatos.
El escepticismo del propio Trump con respecto de los resultados fue explícito mucho antes de que se conocieran los números de las urnas. “Me convertiré en Mr. Veto”, dijo anunciando que vetaría todas las iniciativas del Congreso si este terminaba en poder de sus adversarios. La eventual confrontación permanente de Trump con el Congreso podría afectar la ayuda a Milei. El Congreso norteamericano, a su vez, estará en condiciones de plantear un juicio político al Presidente, un impeachment, si este desobedece al Poder Legislativo. El trámite no es sencillo, pero sí desgastante para el mandatario.
El juicio político a un presidente norteamericano necesita la aprobación de la mayoría simple de la Cámara de Representantes y de los dos tercios del Senado. Aunque el Congreso lo puede asediar al jefe del Ejecutivo norteamericano, el líder de Washington está en condiciones de controlar la política exterior en tanto no provoque estragos irremediables, sobre todo con los aliados históricos de los Estados Unidos. Trump se pavonea con su propensión a cambiar las viejas políticas de Estado de su país. Nunca Europa estuvo más lejos de Washington que en este mandato de Trump. Los separa hasta la mirada de cada uno sobre la tragedia de Ucrania. Mientras casi todas la embajadas europeas en el mundo flamean en sus portales la bandera de cada país y también la de Ucrania, Trump les pidió a los ucranianos que se deshagan de su popular presidente, Volodimir Zelenski. “Es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente”, alardeó recientemente. Las fricciones entre Washington y los europeos no son una noticia alentadora para la Argentina, que siempre preservó estrechos lazos con los dos, salvo en el gobierno de la viuda de Kirchner. Ella se llevó mal con norteamericanos y con europeos. Es coherente en el error.
La derrota de Trump la incubó él mismo cuando descerrajó la guerra contra Irán sin la garantía de que destituiría definitivamente al criminal régimen de los ayatollahs iraníes. La guerra encareció la energía por la escasez de petróleo, aumentó la inflación en el mundo y terminó por crear el malestar de muchos norteamericanos. Y no solo de los norteamericanos. El mundo es un lugar peor desde la guerra de Irán y desde que el déspota de Moscú decidió agredir sin tregua ni piedad a los ucranianos. Las generaciones más jóvenes se sublevaron −y se siguen sublevando− en muchas ciudades del mundo, que están muy lejos unas de otras. Las realidades políticas y económicas son muy distintas, pero ese clamor global contiene una protesta común, y es por el encarecimiento del costo de vida (la inflación que promovió la suba del precio del petróleo) y el costo de la vivienda, que les impide a las nuevas generaciones el acceso a una casa propia. El propio Milei aceptó hace poco que la economía argentina no progresó como él quería y anunciaba, por las guerras de Irán y de Ucrania. Pero ocurre que su amigo Trump decidió guerrear contra Irán y que no se ocupó de poner fin al martirio de Ucrania. Trump ya los había hecho en su primer mandato con Mauricio Macri: ayudó y perjudicó en la misma medida.
Joaquín Morales Solá,Javier Milei,Donald Trump,Conforme a
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Inesperada reunión entre Máximo Kirchner y Kicillof para firmar la paz en la previa del encuentro del PJ Bonaerense

En la tarde de hoy hubo un encuentro inesperado en La Plata. Axel Kicillof y Máximo Kirchner se reunieron en la previa del encuentro del consejo del PJ Bonaerense para sellar la paz de cara a la reunión de este miércoles. También estuvieron Verónica Magario, Mariano Cascallares Facundo Tignanelli y Federico Otermin.
Según reconstruyó Infobae, en el encuentro “hubo buena predisposición ” y fue destacada por sus actores como “muy buena” y “positiva” En el cristinismo aseguraron que es “buen paso” de cara a lo que viene, respecto al tiempo electoral. La última vez que ambos se habían hablado había sido para coordinar el velorio del Indio Solari en Avellaneda. Por eso el encuentro se torna relevante dentro de un contexto de enojos y un alto porcentaje de desconfianza.
El cónclave justicialista será mañana, a las 17, en la sede del PJ Bonaerense, ubicado en La Plata, donde Kicillof va a presidir la reunión al frente del consejo, con el objetivo formal de cumplir con los requisitos que demanda la vida del partido, entre ellos la convocatoria al congreso para los próximos días. En el temario también consta, en los puntos 4 y 5, la autorización de obra “Gaspar Campos” y el análisis de la situación económica, social y política del país.
Detrás de lo formal se sellará, en términos formales, el final de una negociación que se comenzó en los primeros meses del año y que derivó, el 24 de abril, en la asunción de Kicillof como presidente del partido, en reemplazo de Máximo Kirchner. Justamente es el líder de La Cámpora el protagonista de esta última etapa del proceso de reorganización partidaria, porque, según el acuerdo que alcanzaron entre el kicillofismo y el cristinismo, será el próximo presidente del congreso del PJ Bonaerense.
“No deberían existir problemas. Es cumplir con el reglamento del partido y poner la fecha del Congreso”, dijo un intendente del conurbano muy cercano al Gobernador. No parece haber puntos de conflictos latentes. Y si había, ya se diluyeron en el encuentro entre Kicillof y Kirchner. El líder de La Cámpora terminará siendo el presidente del congreso y el intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, continuará al frente de la junta electoral del partido.

Los principales actores del encuentro de mañana coinciden en remarcar que, en términos formales, no hay motivos para despertar una rencilla impensada. El ruido está provocado por el contexto, por los últimos días donde el sector bonaerense de La Cámpora volvió a catalogar al Gobernador como ingrato y desagradecido, y en el que CFK avisó que si, en algún momento la Justicia se lo permite, tiene intenciones de ser candidata a presidenta nuevamente.
En principio, el congreso podría realizarse el 14 de noviembre, aunque la fecha aún no está confirmada. A lo largo de todo el proceso de negociación, Gabriel Katopodis y Mariano Cascallares, de un lado, y Federico Otermín y Facundo Tignanelli, del otro, han sido los que han intercambiado posiciones y consideraciones para edificar el acuerdo político entre Kicillof y los Kirchner.
En el kicillofismo saben que es probable que el camporismo haga algún pronunciamiento sobre la libertad de CFK o que pedirán que eso figure en el documento final. En la reunión no estará Máximo Kirchner, pero si se harán presentes dirigentes del cristinismo que son consejeros, como el caso de Fernanda Raverta, Santiago Revora, Iván Villagrán, Agustina Propato, Constanza Alonso, Alejandro Dichiara, y Florencia Saintout. La incomodidad atravesará ese vínculo político, muy deteriorado, entre los sectores.

La decisión en el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) es evitar cualquier tipo de confrontación y que el encuentro pase rápido al olvido sin demasiados contratiempos. Es la línea que hace varios meses viene marcando Kicillof y que es parte de su estrategia de construcción política. El único al que apunta es Javier Milei. Intenta diluir el impacto de la interna con el silencio.
“A esta altura, el único acuerdo que se puede lograr es para instrumentar el proceso electoral. Si vamos a unas PASO o si hay que acordar. Pero esa discusión recién será el año que viene. El acuerdo político hoy es imposible”, blanqueó una de las principales figuras que tiene el armado de Kicillof. “Lo hay que discutir son reglas. Solo reglas”, se sinceró.
La reunión del consejo partidario será solo un mojón en una ruta muy extensa que el peronismo aún debe recorrer de cara al año electoral. Hay muchos dirigentes del universo bonaerense que están agotados de tantas peleas y reproches. La discusión se ha hecho larga y desgastante. Demasiado larga.
La reunión entre Kicillof y Kirchner sirvió para bajar la tensión y encarar la reunión del PJ Bonaerense con mayor predisposición entre las partes. Hay paz, al menos por un tiempo. Nadie sabe cuánto durará.
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