POLITICA
El Gobierno se aferra al vínculo con Donald Trump y relativiza el impacto local de la caída mundial de los mercados

El enojo del presidente Javier Milei fue palpable en el vuelo de regreso de Palm Beach, el viernes por la madrugada luego de su frustrada foto con Donald Trump. Maldecía al aire, como pudieron saber referentes que hablaron con la comitiva oficial, por tener que soportar las previsibles críticas del periodismo luego de un viaje relámpago a suelo norteamericano que no terminó de la manera deseada.
Con el correr de los días, el enojo presidencial fue mermando, aunque hay en el Gobierno una tensión y atención palpable, vinculada al desplome de los mercados mundiales por la suba generalizada de aranceles dispuesta por Trump, el elegido por Milei como principal aliado, quien, de modo paradójico, aplica una política económica que perjudica los planes oficiales. De todos modos, fuentes oficiales dejaron en claro que la apuesta del Gobierno sigue siendo la cercanía con Trump, y la posibilidad de conseguir mejoras en el intercambio comercial en el corto, mediano y largo plazo.
“Los mercados suben y bajan, no cambia nada”, expresaron muy cerca del Presidente en una mañana agitada en las bolsas mundiales. Fuera de micrófono, los funcionarios consultados reconocieron que “puede haber efectos a largo plazo, como el costo de la deuda argentina”. Además, negaron la posibilidad de cualquier corrida bancaria porque ”eso no ocurrió ni cuando (Sergio) Massa se patinaba miles de millones de dólares”, en el final del gobierno del Frente de Todos. Confiaron las fuentes oficiales en que se “acelere” la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que la visita de Estado de Milei a la Casa Blanca se concrete finalmente “pronto”.
En medio del silencio oficial, que se extendió a los voceros del Gobierno en las redes sociales, cerca del Presidente aclararon que “de ninguna manera” la relación con el gobierno republicano se modificará luego del desencuentro del jueves por la noche en Mar-a-Lago. “Se le quedó el helicóptero a Trump”, relativizó otro vocero oficial, a fin de minimizar la responsabilidad del presidente norteamericano, que luego de jugar golf y atender otras reuniones llegó al salón del evento, casi a las 23, veinte minutos después de la retirada de la delegación argentina. Fue una jornada en la que testigos juraron haber oído al canciller Gerardo Werthein, a los gritos, quejándose por supuestas promesas incumplidas de la organización del evento, en relación al encuentro cara a cara que finalmente no se produjo. “La organización quería que estuviesen juntos. ¿qué van a decir?”, justificó en un importante despacho oficial para explicar las quejas de la fundación We Fund the blue por la salida de la delegación argentina del evento.
Cerca de Javier y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, destacaban que, más allá del contratiempo puntual, el canciller no está “en capilla” por haber dado al Presidente una certeza relativa de un “encuentro informal” con Trump. Una postura que otros miembros del Gobierno no comparten del todo, dado que-aseguran-el canciller tendría “más contactos del lado demócrata que del republicano”, hoy en el poder de la primera potencia mundial.
“Entre ellos está todo bien, son amigos”, relativizó una fuente oficial, más allá de las versiones que indicaban que fue Werthein quien tuvo la idea de retirarse del evento, cuando los minutos pasaban y Trump no llegaba. Desde ese mismo sector valoraron como “trascendentes” las reuniones que, en Washington, sostuvo Werthein con el secretario de Comercio, una doble Howard Lutnick, y con el representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR), embajador Jamieson Greer, para avanzar en un acuerdo comercial bilateral.
El propio Presidente, en sus redes sociales, prefirió hoy esquivar toda polémica con Trump y cualquier referencia a su viaje. El mandatario prefirió retuitear mensajes contra quienes “quieren que a Argentina le vaya mal”, y destacar un posteo del economista Juan Ignacio Fernández, para quien “el tipo (se refiere a Trump) no quiere subir aranceles, sino que amenaza con una suba astronómica de aranceles para obligar a los socios comerciales de USA a negociar una baja, con el objetivo de quedar simétrico”.
Argumentos similares dio el portavoz Manuel Adorni la semana pasada, cuando afirmó que el presidente Trump “no es precisamente proteccionista, sino que hace geopolítica con los aranceles; al revés, creemos que su criterio es pro-comercio y, de hecho, sube aranceles en los países que considera que son proteccionistas o que tienen un nivel de arancelamiento desproporcionado o que, en fin, que tienen algún tema de dumping que implica que ese arancel sea justificado”, destacó. “La relación sigue siendo maravillosa”, reiteraron desde el despacho del portavoz y ya candidato a legislador porteño.
POLITICA
Todos los detalles del Fondo de Asistencia Laboral

El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) es uno de los artículos claves de la reforma laboral que se aprobó en la Cámara de Diputados y que ahora deberá tratar el Senado. El Gobierno lo presenta como un instrumento para financiar las indemnizaciones por despido, pero los opositores advierten que, en realidad, servirá para fondear al Estado a costa del desfinanciamiento del sistema previsional.
De los 26 títulos y más de 200 artículos que componen la reforma, fue uno de los que el ministro de Economía, Luis Caputo, se negó a negociar. La oposición lo intentó voltear en la discusión en particular, pero el oficialismo desplegó un fuerte dispositivo de disuasión para evitarlo. El trabajo dio sus frutos: el capítulo II de la reforma laboral, que contenía el artículo del FAL, se aprobó finalmente con 130 votos positivos, contra 117 rechazos y tres abstenciones. El oficialismo tuvo cinco votos menos que los obtenidos en la aprobación en general. Estos son los principales puntos que establece la norma.
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Reforma laboral 2026, EN VIVO: principales puntos, a quiénes afecta y qué falta para que sea ley

Todo sobre el debate de la reforma laboral en el Congreso minuto a minuto:
POLITICA
Cómo seguirá el plan de lucha de la CGT: el debate interno que viene y que puede quebrar al sindicalismo

Ya terminó el cuarto paro general de la CGT y su nivel de adhesión, a diferencia del anterior, fue muy importante. ¿Y ahora? La pregunta se la hace la mayoría de los dirigentes sindicales. Todos creen que tiene que seguir el plan de lucha contra la reforma laboral, pero hay fuertes diferencias respecto de cómo debería continuar.
La próxima reunión de la cúpula cegetista para analizar sus próximos pasos se realizará el lunes o martes. El proyecto se tratará el viernes 27 en el Senado para convertirse en ley y hay poco tiempo para definir qué harán ese día para expresar su rechazo a la reforma laboral y la estrategia futura de la central obrera.
Esta vez, el debate interno de la CGT se canalizará a través de la mesa chica, de 8 a 10 integrantes, y no desde el inmanejable Consejo Directivo, de 50 miembros, donde suele haber sobreactuaciones y presencia de varios dirigentes de segunda línea.

Para el actual triunvirato cegetista, que asumió el 5 de octubre pasado, el fuerte impacto del paro general significó la convalidación de su incipiente liderazgo: algunos miraban de reojo a los 3 cotitulares porque les achacaban falta de experiencia para cargarse al hombro el desafío de pilotear la batalla contra la reforma laboral.
Una clave del alto acatamiento a la huelga fue la adhesión brindada por los choferes de colectivos de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que hace cuatro meses decidieron quedarse afuera de la CGT porque no querían que llegara el triunvirato Cristian Jerónimo (empleados del vidrio). El sindicato que lidera Roberto Fernández tiene una vieja fama de no sumarse a los paros generales para “congraciarse con los gobiernos de turno”, como dicen sus colegas. Esta vez, sin embargo, el cotitular cegetista Jorge Sola (Seguro) habló el fin de semana pasado con los jefes de la UTA y su tarea persuasiva logró que, con la excepción de los vehículos de dos empresas, este jueves circularan pocos colectivos.
Por debajo del triunvirato (que se completa con Octavio Argüello, de Camioneros), había dirigentes de cuño dialoguista que la semana pasada no compartían la idea de hacer un paro general, que fue promovido el sábado pasado por los 3 cotitulares de la CGT, con un oído puesto en las presiones del ala dura por una protesta urgente y otro en el malestar que generó en la sociedad el polémico artículo 44 de la reforma laboral, que reducía los sueldos en caso de accidentes o enfermedades.

Su propuesta de un paro general de 24 horas el día que Diputados tratara el proyecto sirvió para unificar el frente interno de la CGT, taponando críticas de “tibieza” ante el Gobierno y demostrando que pueden mantener autonomía respecto de referentes dialoguistas que promovieron su ascenso y retienen una elevada cuota de poder en el comando de control cegetista.
Además de impulsar el paro general, los 3 líderes de la CGT endurecieron su discurso: en la conferencia de prensa de este jueves, Jerónimo no sólo criticó a los “gobernadores inescrupulosos” que apoyaron la reforma laboral y aseguró que “recién empieza el plan de acción”, sino que lanzó una advertencia que hizo tambalear su pertenencia al sector dialoguista: “No vamos a parar hasta que cambie el rumbo político y económico de nuestro país”.
Ahora, el gran dilema de la CGT es qué hará después del paro general. “Está todo sobre la mesa -dijo a Infobae un directivo cegetista-. La movida de hoy (por la huelga) fue muy importante y debemos ser estratégicamente exitosos en la protesta que llevemos adelante».

Que esté “todo sobre la mesa” quiere decir que se analizará realizar el día que sesione el Senado otro paro general de 24 horas, uno de 36 horas con movilización o sólo una movilización ante el Congreso. Incluso hay quienes opinan que, antes que una protesta para el viernes 27, la CGT debe expresar de forma contundente su repudio a la reforma laboral con una masiva marcha hacia el Palacio de Tribunales cuando se presente la impugnación a la ley (similar a la que se hizo el 27 de diciembre de 2023 contra el DNU 70).
Este debate se dará en medio de las presiones del ala dura, que se radicaliza aún más e incluso suma adherentes. El titular de la UOM, Abel Furlán, que se independizó de la CGT (aunque mantiene a Osvaldo Lobato como secretario Gremial de la central obrera) dispuso un paro y se movilizó este jueves al Congreso junto con sus socios del combativo Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), donde están Aceiteros, pilotos, ATE, SOMU y Viales, entre otros, y propuso un paro de 36 horas, con movilización las primeras 12 horas y después un paro activo en todo el país durante 24 horas (es lo mismo que promueve el trotskismo sindical).
Desde ese sector también hay propuestas de un paro por tiempo indeterminado, como plantearon Daniel Yofra (Aceiteros) y el flamante aliado del Fresu Omar Maturano (La Fraternidad), quien extrema sus posiciones dentro de la CGT y ya se reunió con dos líderes del frente sindical combativo para consensuar un plan de acción.

En la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), también parte del ala dura, no quieren apartarse por ahora de la estrategia de la CGT, aunque plantearán profundizar el plan de lucha con una ola de paros parciales y sectoriales, donde cada día se alternen huelgas en el transporte, la educación y otros servicios públicos, como se hizo en Francia. Cerca del titular de la CATT, Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) piensan que será más efectivo como método de protesta que un simple “paro dominguero”.
Desde la fracción dialoguista, mientras, uno de sus representantes está convencido de que la CGT debe elegir un camino moderado. “Por ahora hay saber mediatizar el espacio que nos dio el paro para avanzar en los temas que debemos seguir negociando con el Gobierno”. Y agregó: “Hay que mantener esa lógica de acción y negociación con este gobierno hasta 2027″.

Se trata de una postura pragmática. Con resignación ante la sanción de la reforma laboral y el alivio de haber dejado a salvo las cuotas solidarias y los fondos de las obras sociales, hay sindicalistas que no quieren romper con el Gobierno: buscan influir en la reglamentación de la futura ley y, además, saben que dependen del poder libertario para no complicar la gestión cotidiana de sus gremios y las entidades de salud que administran.
Es evidente que hay diferencias profundas entre los dirigentes sobre los próximos pasos de la CGT. El paro general de este jueves ayudó a congelar la interna sindical, pero el debate que se viene puede poner al rojo esa eterna grieta entre el ala dura y los dialoguistas, con la reforma laboral del Gobierno como telón de fondo.
Aun así, la agenda del sindicalismo estará dominada por la conflictividad por otro tema sensible: a unos 10 días del comienzo de las clases, y sin propuesta de aumento salarial a la vista, los sindicatos educativos de la CGT, encabezados por la Unión Docentes Argentinos (UDA), que lidera Sergio Romero, evalúan iniciar medidas de fuerza que pueden complicar el inicio del ciclo lectivo.
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