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POLITICA

Arturo Frondizi, un hombre de Estado que quiso modernizar la Argentina

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“No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país”. Con voz firme, y un ligero tono desafiante, Arturo Frondizi, el primer presidente constitucional luego de la Revolución Libertadora de 1955, que había expulsado del gobierno a Juan Domingo a Perón, daba una muestra de carácter ante la asfixiante presión golpista de los cuarteles. Aun sabedor de que una sumatoria de circunstancias había sellado ya su destino político como presidente de la República elegido por el voto popular en 1958: el pronunciamiento militar en su contra, ocurrido el 29 de marzo de 1962, era entonces sólo cuestión de horas.

Hijo de inmigrantes italianos (Giulio Frondizi e Isabella Ercoli) radicados en Paso de los Libres, Corrientes, compartió familia con dos hermanos notorios: Silvio, calificado profesor, uno de los fundadores del trotskismo vernáculo, asesinado por la banda de la Triple A durante el gobierno de Isabel Perón; y Risieri, filósofo que llegaría a rector de la Universidad de Buenos Aires, desde cuyos claustros se opondría al hermano presidente por el proyecto oficial de permitir a las universidades privadas la habilitación de títulos para el desempeño profesional.

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Esa batalla de ideas, educativa, social y cultural, que encontró a dos hermanos Frondizi en veredas opuestas, se conoció como “laica o libre” y fue uno de los aspectos destacados del gobierno del radicalismo intransigente encabezado por Arturo.

A 30 años de su muerte, ocurrida en la madrugada del 18 de abril de 1995 a los 86 años, víctima de achaques propios de la vejez, Frondizi bien puede ser recordado como un político con sólida formación intelectual, o como un intelectual de intensa vocación política. De muy joven se afilió a la Unión Cívica Radical y pronto sería uno de los líderes que renovaron al partido en los años 40 al dar origen a la corriente interna Movimiento de Intransigencia y Renovación, que en 1946 lo llevaría a ser elegido diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires, y en las elecciones de 1951 a acompañar en la fórmula a Ricardo Balbín, candidato presidencial del partido, con una visión del radicalismo más conservadora que la que proponía el impetuoso joven correntino.

Su objetivo de entonces era ponerle freno al peronismo que se encaminaba a consagrar el segundo mandato de Perón, que finalmente lograría el jefe justicialista. El líder en ciernes del viejo radicalismo yrigoyenista ejercería su carácter opositor como vicepresidente del bloque radical en el Congreso, con discursos fogosos producto de una oratoria pulida y certera. En 1954 saltaría a la presidencia de la Convención Nacional partidaria, puesto clave en la nomenclatura radical.

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Derrocado el peronismo, Frondizi tomaría distancia del revanchismo de la Libertadora. El divorcio con Balbín fue inevitable. La vieja Unión Cívica Radical ya no tendría un solo tronco partidario ni un solo jefe. De ahí en más surgiría la Unión Cívica Radical del Pueblo (Balbín, UCRP) y la Unión Cívica Radical Intransigente (Frondizi, UCRI), cada cual con su liderazgo.

Ricardo Balbín y Frondizi: referentes de la renovación del liderazgo radical en los años 1940.

Un controvertido pacto con Perón para las presidenciales de 1958 le abriría a Frondizi las puertas de la Casa Rosada. Acuerdo en principio negado por ambos, sólo una semana antes de la votación se conoció la rotunda orden de Perón a su grey militante: había que votar por Frondizi. Las urnas hablaron el 23 de febrero de 1958, incluso lo harían aún antes del escrutinio con un porcentaje de votantes del 90%, el más alto de la historia electoral argentina hasta hoy.

Los candidatos radicales partieron en dos al electorado: Frondizi se impondría con 49,49% contra un 31,83% de Balbín. Perón, pese a su persona, su palabra y su prédica prohibidas en la Argentina, había sido el árbitro de la elección. El investigador y sociólogo Carlos Altamirano, un estudioso del frondicismo, sostiene en su obra “Los hombres del poder” que la aproximación de Frondizi al peronismo, más allá del pacto, expresaba “el proyecto de una síntesis”. Y destaca que desde la oposición de izquierda se preguntaban: “¿Es Frondizi el nuevo Perón? No, es el Perón de la clase media”.

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A seis meses de haber asumido, Frondizi se quedó sin vicepresidente: Alejandro Gómez renunciaría por desacuerdos con el viraje del jefe del Ejecutivo en su política petrolera. El clima no era el mejor. El flamante presidente no sólo tenía enfrente un peronismo demandante de promesas incumplidas del pacto con el exiliado innombrable (el decreto 4161/56 del dictador Aramburu prohibía nombrar a Perón. El peronismo, sus símbolos y A Evita también), sino también a rebeldías de su propio partido.

El sindicalismo peronista más combativo también se opondría muy temprano a las políticas de Frondizi y recurriría a paros y medidas de protesta a veces violentas. El balance sería de tres huelgas generales, además de numerosos y prolongados pleitos obreros: operarios de la carne, metalúrgicos, bancarios, textiles, ferroviarios. Algunos quedarían registrados para siempre en la mitología simbólica de las “luchas obreras”, como la toma del frigorífico Lisandro de la Torre (1959), que provocó una pueblada en el porteño barrio de Mataderos.

El desalojo se produciría con tanques y tropas de guerra. Hubo numerosas detenciones y heridos en escaramuzas reiteradas. Más de cinco mil operarios perderían sus empleos. La efervescencia política, gremial y estudiantil hizo que el Ejército reclamara la Ley Marcial, situación que llevaría a Frondizi a implantar por decreto, entre marzo de 1960 y agosto de 1961, el plan de Conmoción Interna del Estado (CONINTES), que afectaría derechos como el de huelga, normas sindicales y libertades individuales.

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En materia ferroviaria la pulseada fue casi continua, en especial por el “Plan Larkin”, así llamado porque lo financiaría el Banco Mundial, a cargo de un ingeniero y ex general del Ejército de EE.UU., Thomas Larkin. Frondizi lo había presentado como un proyecto para rediseñar la matriz ferroviaria del país. Una huelga del sector se prolongaría 42 días y recién se levantaría luego de una mediación de la Iglesia.

A la vez, el presidente abriría la Argentina al mundo. Se entrevistaría dos veces con el presidente estadounidense, John Kennedy, haría giras por Latinoamérica y Europa, recorrería más kilómetros que todos los presidentes de la era moderna considerados en conjunto en todos sus mandatos. Pero el eje de su política exterior sería la relación con el régimen comunista de la Cuba de Castro, motivo de una recurrente tensión con Washington.

Cumbre en Palm Beach. Kennedy, Frondizi y su comitiva. Fue en diciembre de 1961.Cumbre en Palm Beach. Kennedy, Frondizi y su comitiva. Fue en diciembre de 1961.

En sus dos citas con el presidente Kennedy (una en los pasillos de la ONU, en Nueva York, y otra en la residencia veraniega de Palm Beach, Florida), Frondizi se mostraría como un sutil “aliado independiente” de EE.UU. A los militares argentinos no les agradó esa distancia crítica: era demasiado para su vocación golpista entonces perpetua y su carácter de soldados practicantes del anticomunismo más obstinado.

Pese a las sugerencias informales y señales políticas claras de EE.UU., la Argentina de Frondizi no apoyaría con su voto la expulsión de Cuba del sistema interamericano de la OEA, ocurrida el 31 de enero de 1962. Apenas aportaría su abstención. Eso y una visita relámpago del argentino Ernesto Che Guevara, ministro de Industria de la isla, a la residencia de Olivos, en riguroso secreto, luego burlado, pondría a los militares a las puertas mismas del golpe de Estado.

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La caída del gobierno frondicista tendría lugar siete meses después del viaje relámpago del Che del 18 de agosto de 1961: un golpe de Estado desencadenado por las elecciones del 18 de marzo de 1962, cuando Frondizi asumiría el riesgo de habilitar al peronismo bajo otras nominaciones (Unión Popular, Tres Banderas, Laborista) con un resultado adverso demoledor para el gobierno. La decisión inmediata de ordenar la intervención en las provincias en las que se había impuesto el peronismo ortodoxo y sus variantes neoperonistas, fue un fogonazo tardío.

Fidel Castro en Argentina en 1959. La cercanía de Frondizi con el líder cubano generó tensión con los militares.Fidel Castro en Argentina en 1959. La cercanía de Frondizi con el líder cubano generó tensión con los militares.

La clave estuvo en la abrumadora ventaja peronista en la provincia de Buenos Aires con la fórmula Framini-Anglada, que se presentó como Unión Popular: 1.172.000 votos contra 732.000 de la intransigencia radical. Fue su tumba política. El 28 de marzo, diez días después de las elecciones, los tres comandantes en jefe (Raúl Poggi por el Ejército, Cayo Alsina por la Aeronáutica y Agustín R. Penas por la Marina) exigieron la renuncia del presidente. Todas las guarniciones militares del país se movilizaban para ocupar lugares estratégicos. Frondizi estaba destituido, pero se negaba a dimitir.

Al amanecer siguiente, luego de una nueva reunión con las cúpulas militares, el Presidente les daría a los militares insurrectos la solución para escapar de ese pantano de la historia sin escándalos ni violencia. El investigador estadounidense Robert Potash, en su celebrada investigación sobre el vínculo entre el Ejército y la política en el país, así lo contó: “Si ustedes me preguntaran a mí, al doctor Frondizi, y no al presidente de la República, qué debe hacerse, les aconsejo lo siguiente. Primero, debo ser detenido en una base militar; segundo prefiero la Isla Martín García; tercero el arresto debe hacerse a las 8 de la mañana con el cambio de guardia demorado quince minutos, de modo que las tropas que custodian al presidente no se sientan obligadas a combatir”. Así se hizo: Frondizi diseñó su propia salida del poder. El senador radical por Rio Negro, alineado con su corriente interna, José María Guido, asumió la presidencia bajo tutela militar. Y Frondizi iría preso durante 16 meses.

Tras ser derrocado, Frondizi fue trasladado a la isla Martín García donde quedó detenido.Tras ser derrocado, Frondizi fue trasladado a la isla Martín García donde quedó detenido.

En 1964, luego de que su correligionario Arturo Illia, elegido presidente el año anterior, anulara los contratos mediante los cuales Frondizi había abierto la explotación de parte de los recursos a las grandes petroleras mundiales, el presidente depuesto daría el portazo al radicalismo que lideraba y fundaría con Rogelio Frigerio el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Se llevaba una cocarda: haber logrado el autoabastecimiento petrolero. Desde allí se acercaría nuevamente a Perón, que en abril de 1955 había alcanzado un acuerdo con el consorcio California Argentina, una subsidiaria de la poderosa Standard Oil. Luego de un inicial apoyo al golpe de Onganía contra Illia (1966), su “enemigo íntimo”, Frondizi en sintonía con Perón y el peronismo no dialoguista, rechazaría la cercanía de Onganía, en desacuerdo con algunos rasgos de un nacionalismo ultramontano y fascistoide del general golpista.

En 1972, con el regreso de Perón al país, llegaría la reconciliación definitiva entre ambos. Se dice que incluso Frondizi fue armado a Ezeiza cuando trascendió que su aliado político estaba prisionero de la dictadura de Lanusse. Como jefe del MID sería parte del Frente Justicialista de Liberación en las elecciones de 1973. Sin embargo, el mejor Frondizi ya había pasado. Quedaba su legado. Haber impulsado junto a Rogelio Frigerio, un intelectual que en su juventud se había interesado en las lecturas del marxismo clásico, un modelo de país que apuntaba a la modernización productiva, el autoabastecimiento petrolero, la inversión privada y el desarrollo de las industrias de base, como palancas para enmendar el crónico subdesarrollo argentino.

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Fue presidente de la República, jefe partidario, legislador, intelectual con pensamiento crítico, político de cabo a rabo, orador fogoso, hombre de Estado al servicio de la Nación, cuando el Estado no era una mala palabra. Han pasado 30 años de su partida. Y en ese tiempo corrió tanta mediocridad política bajo los puentes de la historia, que no ha hecho sino engrandecer su recuerdo.

Arturo Frondizi

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POLITICA

Irán designó al frente de la Guardia Revolucionaria a Ahmad Vahidi, líder militar prófugo de la justicia argentina acusado de la voladura de la AMIA

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Irán nombró este domingo al general de brigada Ahmad Vahidi nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, según informó la agencia iraní Mehr. Se trata de un líder militar prófugo de la justicia argentina acusado de la voladura de la AMIA.

Vahidi sustituye al general Mohamad Pakpur, muerto en los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y confirmado por el régimen iraní, de acuerdo consignó EFE.

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Además de la muerte de su líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, Teherán ha confirmado que en los ataques han fallecido el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general de división Abdorrahim Musaví, y del ministro de Defensa iraní, el general de brigada Aziz Nasirzadeh, así como el secrtario del Consejo de Defensa, Ali Shamjani.

Vahidi ya había ocupado ese cargo de manera temporal en 2025 tras la muerte de Hossein Salami, abatido durante ataques israelíes contra el régimen persa.

El nuevo líder de la Guardia RevolucionariaVahidi, de 66 años, nació en la histórica ciudad de Shiraz, situada al suroeste de Irán y a unos 900 kilómetros de Teherán. Su vínculo con la fuerza comenzó con el surgimiento de la Revolución Islámica en 1979, cuando se integró a esa estructura militar, una suerte de ejército paralelo que responde únicamente al líder supremo de Irán.

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La Guardia Revolucionaria es descripta como “parte del aparato operativo del régimen, responsable de la realización de atentados en todo el mundo, el más famoso de ellos en 1994”, en referencia al ataque contra la mutual judía argentina.

Su trayectoria en el mapa del poder iraní resulta ilustrativa. El cargo que ocupó al frente de las Fuerzas Quds —la unidad de élite responsable de operaciones en el extranjero— fue heredado posteriormente por el general Qassem Souleimani, quien murió en 2019 tras un ataque aéreo de Estados Unidos en Bagdad. Vahidi pertenece además a un reducido círculo de asesores que tenía acceso directo al líder supremo y compone el Consejo Superior, un organismo que define las principales estrategias del régimen, entre ellas las decisiones sobre el acuerdo nuclear.

Desde noviembre de 2007, Vahidi integra la base de datos de Interpol por una alerta roja activa que lo acusa de “homicidio calificado, doblemente agravado (por odio racial o religioso y por ser un medio idóneo para causar un peligro común) en perjuicio de 85 víctimas fatales, en concurso ideal con lesiones leves y graves calificadas, reiteradas y daños múltiples agravados por odio racial o religioso”. Estas acusaciones surgen especialmente por su presunta participación intelectual en el atentado a la AMIA en Buenos Aires, que dejó un saldo de 85 muertos en 1994.

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El fiscal Alberto Nisman lo identificó como uno de los principales responsables de la planificación del ataque. De acuerdo a la investigación judicial, Vahidi, por entonces comandante de la Fuerza Quds, participó en la reunión en la que se resolvió concretar el atentado y delegar la ejecución en Hezbollah del Líbano.

Estados Unidos también exige su captura y lo colocó en su lista negra en 2010. En 2019, la Unidad de Información Financiera de Argentina y el fiscal Sebastián Basso solicitaron que Vahidi y otros seis imputados en la causa AMIA fueran incluidos en el registro argentino de terroristas. La UIF ya había determinado que Vahidi y Moshen Rezai lideraron los análisis sobre la propuesta de atentar en Argentina en el seno de la inteligencia iraní.

En 2021, Vahidi asumió el Ministerio del Interior de Irán, cargo que ocupaba cuando el gobierno argentino requirió su detención durante una visita oficial a Pakistán y Sri Lanka. La Cancillería argentina señaló entonces que integraba una comitiva iraní en el exterior. Interpol emitió en ese marco una Circular Roja, y Argentina solicitó cooperación internacional para su arresto conforme a los tratados vigentes.

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A lo largo de su carrera, Vahidi ha ocupado cargos de alto rango: en 2009 fue ministro de Defensa durante la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad, pese a su situación judicial internacional. Ese respaldo interno consolidó su prestigio dentro de la teocracia iraní. También ocupaba ese puesto cuando, en 2013, Argentina e Irán firmaron el Memorándum para intentar avanzar en la causa AMIA bajo el gobierno de Cristina Kirchner.

Luego de la muerte del fiscal Nisman en 2015, las nuevas autoridades judiciales y la Unidad de Información Financiera mantuvieron la presión sobre los acusados internacionales. Vahidi permanece en la lista de los más buscados de Interpol.

Cuál fue el rol de Vahidi en el ataque a la AMIA

Ahmad Vahidi era el comandante de las Fuerzas Quds cuando ocurrió el atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, episodio en el que murieron 85 personas y hubo 151 heridos. Sobre él recae la acusación de ser uno de los autores ideológicos del ataque y de haber participado en una reunión clave donde se definió la realización del atentado, que terminó siendo uno de los crímenes más graves de la historia argentina.

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En noviembre de 2006, el entonces juez federal Rodolfo Canicoba Corral ordenó la captura internacional de quienes consideraba responsables intelectuales del caso, incluyendo a Vahidi. También figuran en la lista roja de Interpol Moshen Rezai, ex jefe de la Guardia Revolucionaria; Ali Fallahijan, ex ministro de Inteligencia; Moshen Rabbani, ex agregado cultural en Argentina; Ahmad Asghari, ex secretario de la embajada iraní en Argentina; y desde 2009, Samuel Salman El Reda.

Vahidi, al igual que Fallahijan, habría estado presente en la presunta reunión de 1993 en Mahshad, donde, según la investigación de la UFI AMIA, se habría decidido el ataque. Según el dictamen firmado por el fiscal Alberto Nisman ese año, Vahidi no tuvo un rol pasivo sino que impulsó la propuesta de que Argentina fuera el país objetivo del atentado, planteo que luego fue evaluado por el Comité de Asuntos Especiales.

El dictamen señala que Vahidi habría presentado su iniciativa en la llamada “oficina de inteligencia”, donde integraba el núcleo de decisión. Después de avalar el objetivo argentino, el liderazgo de la operación se delegó en el entonces ministro de Inteligencia, Ali Fallahijan, mientras que la ejecución quedó a cargo de Vahidi, jefe de la Fuerza Quds.

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Vahidi, junto a Evo Morales, durante una visita a Bolivia en 2011. Volvió a su país sin ser detenido

En 2011, ya como ministro de Defensa de Irán, Vahidi viajó a Bolivia para participar en actos conjuntos con autoridades locales, pero el gobierno de ese país dispuso su salida tras conocer su identidad y antecedentes. En esa ocasión, compartió actividades oficiales con la ministra boliviana María Cecilia Chacón, entre ellas la graduación de pilotos de aviación y la inauguración de la Escuela de Defensa del ALBA, ambas en Santa Cruz de la Sierra.

La visita provocó una dura reacción tanto en la comunidad judía como en la política argentina. El entonces presidente de la AMIA, Guillermo Borger, calificó la presencia de Vahidi como “una provocación”, mientras que la DAIA solicitó que la Cancillería presentara una protesta diplomática formal y reclamara la inmediata detención del funcionario iraní. “Esta inadmisible presencia en el país hermano agravia a la memoria de las víctimas, a la comunidad que representamos y a la sociedad argentina en su conjunto”, manifestaron desde la entidad.

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Opositores al líder de la UOM lo denunciaron ante la Justicia por un polémico contrato con una empresa

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Opositores del titular de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Abel Furlán, en la Seccional Zárate-Campana presentaron una denuncia judicial por presunta administración fraudulenta, fraude y asociación ilícita por la cesión del manejo de los aportes sindicales a la empresa USEM, cuyo control sería de dirigentes ligados a La Cámpora. que recauda más de 100 millones de pesos por mes provenientes de unos 200 mil afiliados.

En la presentación, a la que tuvo acceso Infobae, se menciona que el contrato con USEM otorga el control operativo y financiero mayoritario por parte de la UOMA a empresa privada, que le permite, desde febrero de 2023, administrar el 80% de los aportes sindicales, abrir cuentas bancarias en nombre del sindicato, ejecutar pagos y administrar la caja sindical completa.

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El contrato estipula honorarios para USEM equivalentes al 0,5% de todo lo recaudado por la cuota sindical y tiene una duración de 10 años, e incluso establece que únicamente la empresa puede rescindirlo, dejando al sindicato jurídicamente subordinado a esa firma.

Además, según los denunciantes, el contrato elimina la competencia y cualquier control externo sobre la administración de recursos sindicales.

El titular de la UOM, Abel Furlán, y María Soledad Calle, que trabaja para el gremio y para una empresa contratada

En la presentación ante la Justicia se señala que los accionistas de USEM son María Soledad Calle y Adalberto Raúl Braconi, y se remarca que Calle es empleada de la propia UOM y mantiene una “relación cercana” con Furlán. Para los denunciantes, esto constituye un vínculo de “parte relacionada”, algo que, según argumentan, va en contra del principio de independencia contractual y elimina mecanismos de competencia o auditoría externa sobre la administración de los fondos.

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El dato del acuerdo entre la UOM y USEM, revelado por el diario Clarín, se difunde a pocos días de las elecciones en las seccionales de la UOM, donde entre el 2 y el 4 de marzo se elegirán las nuevas autoridades de esas filiales y el 18 de marzo, la conducción nacional del sindicato.

Según el escrito presentado a la Justicia y la documentación adjunta, la contratación de USEM fue tratada en una reunión extraordinaria de Comisión Directiva de la Seccional Campana de la UOM el 4 de diciembre de 2025. En el encuentro, se asegura que el tesorero expuso la crisis económica del gremio y se resolvió por unanimidad reducir gastos en las áreas internas y que los dirigentes que denunciaron el contrato con USEM retornen a sus trabajos en empresas privadas para evitar que el sindicato pague sus salarios.

Angel Derosso, con dirigentes de su agrución de la UOM Campana-Zárate

Los denunciantes sostienen que el cese de pagos de sus sueldos, adoptado de hecho desde octubre de 2025, respondió a una “decisión netamente política” en represalia por su participación en una lista opositora en la Seccional Zárate-Campana, que lidera Furlán, y “ejecutada por en complicidad con María Soledad Calle, quien es accionista de la empresa y empleada en relación de dependencia de la entidad sindical al mismo tiempo”.

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Por ello, los denunciantes solicitaron a la Justicia se ordene que “se corra vista al Fiscal Nacional en lo Penal para que tome formal conocimiento de esta situación irregular y posiblemente delictiva, abriendo una investigación en contra de los involucrados e investigue la presunta comisión de los siguientes delitos: administración fraudulenta y/o defraudación por administración desleal, fraude y asociación ilícita”.

Ante la consulta de Infobae sobre la denuncia periodística, la UOM dio la siguiente respuesta:

“Estamos a 7 días de una elección interna. Con un proceso electoral abierto con una lista armada por Paolo Rocca. En un contexto en el que enfrenta al gobierno nacional de Milei y lidera el sector más duro del movimiento obrero.

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Abel Furlán y Cristina Kirchner

“A la vez, con decisiones que impulsó reformas hacia la transparencia interna de la UOM como tocando intereses y cortando negocios preexistentes. Profesionalizando la gestión y se encamina a certificación ISO de los procesos de compras, contrataciones, pagos y todo lo referido a la administración de recursos.

“En ese marco, se está llevando adelante una campaña de desprestigio sobre su persona y su gestión con foco en las elecciones seccionales del 2 al 4 de marzo. Y se espera que se profundice de cara a las elecciones nacionales de la UOM del 18 de marzo”.

A su vez, el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), alianza combativa que integran la UOM, Aceiteros y las dos CTA, expresó su “absoluta solidaridad” con Furlán debido a una “campaña de hostigamiento” a través de “operaciones mediáticas impulsadas por los sectores más concentrados del empresariado”.

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Abel Furlán y dirigentes del Fresu, en una movilización contra la reforma laboral

En un comunicado de prensa, el frente destacó que “mientras protagoniza la resistencia en las calles contra la reforma laboral, Abel Furlán ha demostrado ser un dirigente que no se dobla ante las presiones”.

Decisiva votación en la UOM

Entre el 2 y el 4 de marzo, Furlán se enfrentará a una lista opositora en la Seccional Campana-Zárate de la UOM, encabezada por Angel Derosso, quien fue secretario de Organización de esa seccional clave de la zona norte bonaerense hasta diciembre de 2025, cuando renunció por diferencias con el líder sindical y en julio creó la Agrupación Metalúrgica 25 de Febrero Azucena Villaflor, cuya lista quedó oficializada para competir.

La alusión a Rocca que hizo la UOM nacional obedece a que cerca de Furlán aseguran que la candidatura del dirigente opositor es impulsada por el presidente del Grupo Techint, a la que pertenece Tenaris Siderca, la principal empresa donde actúa la Seccional Zárate-Campana.

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Furlán, enrolado en el kirchnerismo, buscará su primera reelección como titular nacional de la UOM (fue quien desplazó a Antonio Caló en marzo de 2022), en medio de la oposición surgida en su propia seccional y en otras importantes filiales del sindicato metalúrgico.

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Tras el revés de Trump en la Corte, el Gobierno no pone fecha al envío del acuerdo con los EE.UU. al Congreso

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El revés que la Corte Suprema de Estados Unidos le infligió a Donald Trump en su política arancelaria pone en duda el futuro de los acuerdos comerciales negociados por el presidente, entre ellos el que firmó con la Argentina hace poco más de diez días. Por tal motivo, el gobierno de Javier Milei decidió no apurar el envío del acuerdo al Congreso –como era su intención original- hasta tanto no se despejen esas dudas.

Así lo confirmaron a dos encumbradas fuentes del Gobierno quienes, no obstante, enfatizaron que confían en que las condiciones del acuerdo firmado serán respetadas por los Estados Unidos pues las negociaciones “se llevaron adelante de buena fe”. Asimismo, aclararon que si bien podría revisarse el capítulo arancelario del tratado recíproco, se mantendrá en pie el acuerdo por el cual Estados Unidos aumentó la cuota de carne bovina a 100.000 toneladas por año (unas 80.000 más que el límite vigente), ya que éste se suscribió por una proclama presidencial en defensa del consumidor norteamericano.

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Funcionarios argentinos iniciaron esta semana contactos con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) para interiorizarse de la nueva estrategia arancelaria norteamericana tras el fallo del máximo tribunal. El viernes pasado, por seis votos contra tres, éste declaró ilegales los aranceles que Trump impuso el año pasado bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) de 1977. En el caso argentino implicaban un recargo de 10%.

El presidente norteamericano redobló la apuesta tras el fallo del máximo tribunal al anunciar, el fin de semana pasado, que apelaría a la Ley de Comercio de 1974 que lo faculta a aplicar aranceles temporales de hasta el 15% durante 150 días ante desequilibrios en la balanza de pagos. Esta medida comenzó a regir desde el martes pasado.

Para la Argentina, el punto más sensible es el impacto del fallo sobre el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI) que se anunció en noviembre del año pasado y cuyo texto se publicó el 5 de este mes. En dicho acuerdo, los EEUU se comprometía a reducir de 10% a 0% el arancel recíproco aplicado a 1675 posiciones arancelarias de exportación argentina.

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Sin embargo, ese arancel recíproco a 0% se sustenta sobre la misma base legal que la Corte Suprema declaró inconstitucional. Ergo, las dudas que tienen en el gobierno argentino es si finalmente se va a respetar ese arancel. La Cámara de Exportadores ya advirtió que, a su juicio, tras el fallo del máximo tribunal norteamericano “el texto del ARTI perdería sustento legal”.

También hay dudas sobre el arancel del 10% que la Argentina había negociado el año pasado para sus exportaciones al mercado estadounidense. El interrogante es si se respetará lo acordado o si correrá el nuevo arancel del 15% impuesto por Trump el pasado fin de semana.

“Hemos programado reuniones con nuestra contraparte norteamericana para tener claridad sobre todos estos puntos. Solo entonces enviaremos el acuerdo al Congreso”, indicaron las fuentes consultadas por .

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Pedido de citación a Quirno

Mientras tanto, en la Cámara de Diputados, la oposición encendió las alarmas. Los diputados Eduardo Valdés, Jorge Taiana y Santiago Cafiero, de Unión por la Patria, pidieron citar al canciller Pablo Quirno para dar explicaciones acerca del tratado con Estados Unidos.

“El acuerdo se tornó inexplicable al día que falló la Corte Suprema contra la política arancelaria de Trump, siendo que al momento de la firma del tratado el 5 de febrero ya se conocían los fallos de primera y segunda instancia denegándole a Trump la facultad de imponer aranceles –argumentaron los legisladores-. Incluso, en la audiencia de alegatos ocurrida el 5 de noviembre, la mayoría de los jueces coincidieron con las pequeñas empresas y los estados que impugnaron los aranceles en tanto excedían las facultades otorgadas al presidente por la ley federal”.

“Este hecho (el fallo de la Corte norteamericana) modifica sustancialmente el contexto jurídico del acuerdo firmado y genera un escenario de incertidumbre sobre la estabilidad y validez de eventuales concesiones comerciales otorgadas por los Estados Unidos”, indicó Valdés.

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“Argentina podría quedar en una situación de desventaja si asumiera compromisos estructurales, sean arancelarios, regulatorios o normativos, frente a un marco institucional estadounidense cuya política comercial ha sido objeto de revisión judicial por exceso de atribuciones del Poder Ejecutivo”, advirtió.


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