INTERNACIONAL
Ex-Pentagon aide urges Trump to fire Hegseth, citing ‘full-blown meltdown’ and ‘total chaos’

A recently departed top Pentagon aide goaded President Donald Trump to remove Defense Secretary Pete Hegseth from his Cabinet, describing «total chaos» and «dysfunction» within the top brass of the military.
«The dysfunction is now a major distraction for the president – who deserves better from his senior leadership,» John Ullyot, a former senior communications official for the Pentagon, wrote in an op-ed for Politico published on Sunday.
«Trump has a strong record of holding his top officials to account. Given that, it’s hard to see Defense Secretary Pete Hegseth remaining in his role for much longer.»
Ullyot departed the Pentagon’s public affairs office last week because he did not want to be second-in-command to chief spokesperson Sean Parnell.
AXED PENTAGON AIDES CLAIM THEIR CHARACTER WAS ‘SLANDERED,’ LITTLE DETAILS WERE SHARED ABOUT LEAK INVESTIGATION
Top Pentagon aide John Ullyot goaded President Donald Trump to remove Sec. Pete Hegseth from his Cabinet, describing «total chaos» and «dysfunction» within the top brass of the military (Win McNamee/Getty Images)
On Friday, the Pentagon fired three Hegseth aides – Dan Caldwell, Colin Carroll and Darin Selnick – three of the secretary’s «most loyal» advisers, according to Ullyot. He called the purge «strange» and «baffling.»
Following them out the door is chief of staff Joe Kasper, who the three men frequently found themselves at odds with, three defense officials confirmed to Fox News Digital.
«In short, the building is in disarray under Hegseth’s leadership.»
He called himself a «strong backer» of Hegseth, but admitted: «The last month has been a full-blown meltdown at the Pentagon – and it’s becoming a real problem for the administration.»
The shake-ups came just as reports broke about a second Signal chat where Hegseth discussed plans to strike Houthis in Yemen, this one allegedly including his wife, brother and personal lawyer.
That chat reportedly discussed flight schedules for the F/A-18 Hornets targeting the Houthis in Yemen – similar information to that shared in the chat of Trump Cabinet members where national security advisor Mike Waltz unintentionally added The Atlantic editor-in-chief Jeffrey Goldberg.
«Another day, another old story,» Parnell said in a statement after the latest Signal chat reporting. «There was no classified information in any Signal chat, no matter how many ways they try to write the story.»
PENTAGON’S WEEK OF POWER STRUGGLES: LEAK FALLOUT AND SHOUTING MATCHES HIT HEGSETH’S INNER CIRCLE

Dan Caldwell, Darin Selnick and Colin Carroll, pictured left to right. (Concerned Vets/USMC/DOD)
«Unfortunately, after a terrible month, the Pentagon focus is no longer on warfighting, but on endless drama,» Ullyot wrote.
«The president deserves better than the current mishegoss at the Pentagon. Given his record of holding prior Cabinet leaders accountable, many in the secretary’s own inner circle will applaud quietly if Trump chooses to do the same in short order at the top of the Defense Department.»
Trump allies eviscerated Ullyot on social media after the op-ed was published.
«This guy is not America First,» Donald Trump Jr. wrote on X. «I’ve been hearing for years that he works his ass off to subvert my father’s agenda. That ends today. He’s officially exiled from our movement.»
«If you’re echoing Democrat talking points, you no longer support President Trump or his administration. There’s no gray area here,» added Trump advisor Jason Miller.
The White House, meanwhile, «stands strongly» behind Hegseth, press secretary Karoline Leavitt told Fox News on Monday.
«The President stands strongly behind Secretary Hegseth, who is doing a phenomenal job leading the Pentagon,» she said. This is what happens when the entire Pentagon is working against you and working against the monumental change that you are trying to implement.»

Hegseth brushed off the reporting on the Signal chat Monday, blaming it on «disgruntled employees» and «anonymous smears.» (AP/Mark Schiefelbein)
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Hegseth also brushed off the reporting on the Signal chat Monday, blaming it on «disgruntled employees» and «anonymous smears.»
«This is why we’re fighting the fake news media,» he said when pressed on the chat by reporters at the White House Easter Egg roll. «This group right here is full of hoaxsters.»
Pentagon,Defense Spending & Budget News,U.S. Defense & Military Politics,White House,Politics,Media
INTERNACIONAL
Diana Bellessi: “Un buen poema es llamar al mundo y que el mundo te conteste, no más”

Dentro de un rato, cuando el sol empiece a retirarse de la copa de esos árboles del patio, Diana Bellessi va a decir: “Ahora te quiero leer un poema cortito” y con ese fraseo cortado que ya es una marca, va a decir: “Hoy la muerte se hizo presente/ de un modo nuevo, no en las cosas/ sino en mí, cuerpo y mente ya lo saben/ aunque yo, no lo sé”.
Ochenta años está por cumplir la poeta y en toda esta charla hablaremos mucho de la muerte… y de la vida. Acaba de salir el segundo tomo de Tener lo que se tiene, la obra reunida de Bellessi que publica la editorial Adriana Hidalgo. Y eso -es inevitable- se lee como un cierre, como una obra acabada. El poema que lee, sin embargo, no es de estos últimos tiempos sino de 2014. Sigue Bellessi: “sube a mi hombro la muerte/ y a medio metro alea/ una tacuarita, los caseros/ se cortejan sólo a tres/ las pavitas caminan/ sobre el pasto y picotean/ a dos como si acaso/ fueran pasos de baile“.
“¿Qué vas a ver en mis libros sino mi vida?”
Y remata: “nueva cae la vida sobre ellos/ como nueva la muerte sobre mí”. Lo lee más despacio de lo que lo leemos ahora. “Como nueva la muerte…(silencio) sobre mí”. Da como un estremecimiento. Pero seguimos, en esta mesita en una planta baja del barrio de Palermo, donde Bellessi formó poetas y poetas desde que aquel lado de Juan B. Justo era más un lugar de talleres que de cafés de especialidad.
Ahora, la poeta -que ganó el Premio Nacional de Poesía en 2011- vive un poco en Buenos Aires, un poco en Zavalla -su pueblo natal- y cada vez menos en una casita en el Delta, la zona donde pasó los años de la dictadura. Pero antes de eso Bellessi supo viajar por América latina y por Estados Unidos, en un viaje juvenil que le sacudió las ideas.
En 1988, ya en democracia, sacó un libro que fue un parteaguas. Se llama Eroica y mostraba, con la morosidad y la delicia de su poesía, el deseo entre mujeres: «Cuando digo pezón ¿la mano roza las dilatadas rosas de los pechos tuyos? ¿te toco acaso?» O «Me he dejado tocar por esta extraña?»
En estos días se reedita, también, Las gemelas, el sueño, el libro donde los poemas de Bellessi se juntan nada menos que con los de Ursula Le Guin, la gran autora estadounidense de ciencia ficción. Cada una tradujo los versos de la otra.

Tener lo que se tiene se presentó el jueves en el bar y centro cultural Tano Cabrón, lleno hasta el patio, con seguidores entusiastas que aplaudían a Bellessi como a una estrella de rock, gente sentada en el piso y, adelante, figuras como las actrices Cristina Banegas y Luisa Kuliok y la cantante Liliana Herrero. Además, claro, de poetas como Paula Jiménez España y Yaki Setton.
Pero estamos acá en la casa de Palermo. La puerta que da a ese enorme patio con árboles está abierta. Dos perritas nos custodian.
-¿Cómo se ve la obra en perspectiva? Libros como Crucero ecuatorial, de 1981. ¿Te seguís reconociendo en esos libros?
-No lo pienso como algo acabado, yo siempre creo que va a haber otro libro…
-Claro, pero ves la obra hasta ahora.
-Sabés que con esto de que me voy a morir, a veces pienso que sí es toda la obra, que ya se terminó. Y que está bueno que se haya terminado. Está bueno no morirte antes de que se haya terminado y poder decir: “Ah, esto hice, mirá, no está mal”
-¿Y cómo se ven todos esos libros en fila?
-La mayoría me gustan o les tengo cariño, qué sé yo. Tenemos una buena relación.
-¿Un poeta aprende? ¿Mejora? ¿Sabe qué es escribir buena poesía, qué es un buen poema?
-Nadie sabe. Pero hay algo de cómo se emocionan los otros, básicamente. Cuando los otros se emocionan, decís: “esto está bien”. Creo que la relación siempre es con los otros. La buena poesía, la mala poesía. Yo también digo, a cada rato: “Este poema es terrible, me aburre”.

-¿Tus propios poemas?
-Los de los otros… Pero después los vuelvo a leer y puedo decir: “No era tan malo, está bastante bien”. Igual es una maravillosa relación lo que sucede entre el que escribe poemas y los poemas.
-¿Por qué?
-Porque hay una interlocución, hay un diálogo.
“La poesía sirve para recordarnos que hay vida y hay muerte. Y que no es lo mismo una cosa que la otra”
-¿Qué tiene de especial ese diálogo? ¿En qué es distinto de este?
-¿Y quién te dijo que es distinto de este? No es distinto de este, no es distinto de un diálogo de un ser humano con otro ser humano. Pero cuando hay algo que descubrís y decís: “¡Ah!, eso estuvo bien» y eso es una cosita bonita para el pecho, simplemente. ¿Y qué significa que eso estuvo bien? Significa: “Acá nos entendimos”.
-¿Y entonces?
-Entonces uno se siente menos solo. Al final, es eso.
-De esa soledad profunda.
-Claro.
-De todo lo que ves, de lo que pasa, ¿cómo sabés cuándo algo es un poema?
-Lo sé. Lo único que sé es que lo sé. Eso es un poema. Ese es un mal poema. Ese es un buen poema.
-Vivimos corriendo, vemos series en maratón, escuchamos mensajes al doble de la velocidad en que fueron emitidos. ¿Hay lugar para la poesía? ¿Cómo funciona hoy?
-Funciona como siempre ha funcionado, no hay gran diferencia. Hace doscientos años, hace dos mil años, siempre funciona de la misma manera.
-¿Y cuál es la manera?
-Llamar al mundo y que el mundo te conteste. No más, es eso.
-Vuelvo: ¿Qué es un buen poema?
-Cuando te emociona el poema es porque llamaste bien y el mundo te contestó bien. Es eso, nada más.
-En Tener lo que se tiene no veo cada libro, veo el fluir de los libros, allí veo tu vida.
-¿Qué vas a ver si no es mi vida?

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-¿Qué te pasa a vos cuando ves acá tu vida? Aparecen personajes, aparece gente, lugares…
-Sí, aparecen muchas cosas. Aparecen pajaritos que te anuncian la muerte, aparecen pajaritos que no te anuncian la muerte. Muchas cosas, no solamente personas. Estoy muy relacionada con el llamado “mundo natural”, ¿no? Por ejemplo, acá aparecieron unos colibríes, acá están haciendo un nidito. Ahí arriba está haciendo un nidito. Y yo todo el tiempo digo: “¿Es posible que estén haciendo un nidito acá en la ciudad?”. Sí, está haciendo un nidito en la ciudad.
-¿Y?
-Es completamente mágico. Acá en el patiecito, acá arriba, en la ramita, el colibrí está teniendo su pichoncito chiquitito, chiquitito. Si sucede eso, ¿cómo no van a suceder otras cosas? ¿Cómo yo no me voy a preguntar para qué sirven los poemas?
-¿Sirven? ¿Tienen que servir?
-Yo creo que todo lo que he escrito en mis poemas sirve para algo.
-Muchos años estuviste muy ligada a los poetas jóvenes. ¿Los estás leyendo ahora?
-Estuve muy ligada y ahora no, casi no leo a los jóvenes. Bueno, casi no leo ni escucho a nadie, estoy metidita ahí en Zavalla y no salgo del pueblo. Pero sí tuvimos mucha relación y me encanta, fueran buenos o fueran malos, no importa. ¿Por qué? Porque para algo debe servir la poesía. Y creo que la poesía sirve para recordarnos que hay vida y hay muerte; es eso. Y que no es lo mismo una cosa que la otra.
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Un abecedario para restablecer la democracia: segunda parte

En días pasados planteamos la necesidad de “Un Abecedario para restablecer la democracia”, convencidos de que a pesar de sus incontables beneficios se le “zarandea” de un lado a otro no pasando, por lo menos, en algunos cuantos países por su mejor momento. Entiéndase lo analizado como “Consideraciones preliminares” y que a partir de ahora se analizarán en este y posteriores ensayos el contenido de las letras del Abecedario. Empezamos, por consiguiente, con el:
Letra “A”
Capítulo I
A la cual calificamos en las “Consideraciones preliminares” como “aquella integrada por diputados elegidos por el pueblo en votación universal y secreta, a fin de que en ejercicio de la potestad que al último, como es bien sabido, le es soberana y a través de una constitución se estatuya, organice, discipline al Estado y se reafirmen los fines que le son propios y que realmente se hagan realidad. Al texto constitucional, en atención a su jerarquía, como ley superior de un país, se le denomina, asimismo, “Carta Magna, Ley Suprema y Ley de Leyes. Acotamos, también, con relación a Venezuela, que no ha escapado de la tendencia propia de los países de América Latina, a los cuales “erga omnes” les ha costado crearse, componerse y estabilizarse con la eficiencia debida con arreglo a lo estatuido por la asamblea constitucional, a la cual, incluyendo sus consecuenciales derivados, más bien se le ha asumido como una pelota de futbol que va y viene de arco en arco, pero sin entrar en ninguno de los dos. Ha de atribuirse, por tanto, significado, como se les ha ocurrido a estudiosos del tema, a la frase “la necesidad constituyente”, ilustrativa en lo concerniente a que si no nos enseriamos, alrededor de la burla proseguiremos con la diversión. Nosotros, conscientes del “caos constitucional”, hablaríamos más bien de “una determinante urgencia de la necesidad”. Pues, ha de realzarse la urgencia, por demás imperativa, del tratamiento que la crisis demanda.
Nos inclinaríamos, igualmente, en aras de una mayor precisión, por afirmar que “el propósito” de una Asamblea Constituyente “es la de edificar a una república”, lo cual no deja de complementar la apreciación con respecto al “balón de futbol”, pues, para la Academia de la Lengua Española “el sustantivo “propósito”, está referido al “ánimo o intención de hacer algo”, pero, asimismo, “el no hacerlo”, hipótesis no ausente en nuestra historia, ya que a lo largo de ella nos cuesta y bastante constatar una profusa diversidad de intentos por edificarnos como “república”, lo cual pareciera conducir a que no han sido “asambleas constitucionales serias”, más bien, tentativas alimentadas por el “ánimo o intención de no hacer algo”. Esto es, la segunda interpretación que al sustantivo “propósito” atribuye la Real Academia.
Algunas lecturas, por demás interesantes, entre ellas, la del Doctor en Ciencia Política de México, Sergio Ortiz Leroux (República y republicanismo, enero-abril 2007), sustentan que la creación de una república se ha confrontado con dos tipos de “republicanismo”, el “democrático-radical”, conforme al cual no se teme a la democracia y se sustenta que la idea del bien común es coincidente con la ecuación “el gobierno del, para y por el pueblo”. Se le identifica, asimismo, como “el de los pobres”. La segunda aproximación, el gobierno de los ricos, se alimenta en la oligarquía, en la autocracia y en “un único líder o grupo de individuos”, por lo que es escasa “la tolerancia al pluralismo político”. En lo conexo a la república se escribe que más bien ha de asociársele con la defensa de la libertad, a fin de “decidir quiénes y cómo queremos ser”, excluyendo, por tanto, la dominación, esto es, a ser gobernado por otro. No serlo conduce a autogobernarnos.
Esta segunda tipología de “republicanismo”, para Ortiz Leroux, es la de “una sociedad de propietarios”, y por tanto, de quienes dependen aquellos que no lo son, hipótesis a la que se cuestiona “que quien vive a merced de otro no es libre sino esclavo”, por lo que la ciudadanía a edificar, además de proporcionarnos derechos vinculados a la libertad, nos reclame obligaciones. En el republicanismo liberal-democrático, el bien común está asociado con el gobierno de las leyes y con la noción moderna de representación. La participación del pueblo es, por supuesto, importante, pero limitada a la elección de los gobernantes. No participa directamente en el gobierno, apreciación que conduce a preguntarse si pueden existir “repúblicas no democráticas”.
En esta modalidad republicana se reafirma la autonomía del individuo frente al Estado y el predominio de sus derechos individuales, particularmente, la propiedad, lo cual se evidencia al indagar con respecto a sus deberes para con la comunidad, limitados, en principio, al interés de sus propios derechos mediante el sufragio. La participación de los individuos en la esfera pública se reduce, consecuencialmente, a la mera expresión de los intereses privados mediante el voto, terciando las preferencias de los electores en puestos de representación. En la asamblea obviamente los derechos de los pudientes tendrán preferencia.
Las consideraciones anteriores corroboran que “edificar a “una república” es cosa seria”, por lo que, también, ha de serlo “una Asamblea Constituyente”. Y no menos determinante la representación popular que la componga. Consecuencialmente, ha de concluirse en que “no todos los países son repúblicas o que, por lo menos, las hay distintas y hasta opuestas”.
Ante el escenario tengamos en cuenta “la problemática en la cual se ha desenvuelto “la asamblea constituyente” en Venezuela”, cuyo análisis, al analizarse la numerosa diversidad de tentativas provoca determinar si han sido sinceras o “disfrazadas”. En efecto, desde nuestra independencia en 1811 hemos tenido formalmente 25 constituciones, si incluimos nuestra Acta de Independencia de 5 de julio de 1811 y la Constitución de la Gran Colombia de 1821. Se acota al respecto que el Acta de Independencia no se clasificaría como una Constitución, sin embargo, para estudiosos del tema sí lo es, pues es la que nos constituye como pueblo, manifestada aun antes de la independencia (Grupo de estudio integrado por el profesor de derecho constitucional, Gustavo Planchart Manrique, su coordinador y Manuel Caballero, Marianela Ponce, Manuel Pérez Viva Vila, Nikita Harwich Vallenilla, Fundación Empresas Polar).
En aras de la apreciación, leemos que la referida Acta de Independencia lleva incita dos providencias, derivadas del ejercicio de la soberanía: 1. Poner término al régimen colonial español y 2. La determinación de principios conforme a los cuales nos apartaríamos del estatus de colonia, para instituirnos en “república”. Circunstancias que en criterio de respetados analistas coadyuvan a calificar a la referida “acta” como derivada de “una asamblea constituyente”. La primera, deberíamos pensarlo, de una cadena sucesiva que ilustran a nuestra historia, tantas, que resulta por demás difícil encontrar una respuesta idónea al ¿Por qué? Un largo debate con el cual coexistimos desde 1811 hasta nuestros días.
Es recomendable, pues, admitir que los venezolanos hemos propendido, como en un número importante de países, a “una institucionalidad republicana”. Y, asimismo, aceptamos que la metodología ha sido “una asamblea constituyente” y en todos los supuestos, a pesar de que así, formalmente, no se le haya calificado. Esto es, que aplicando el criterio material (libertad, igualdad, dignidad y justicia) no otra conclusión pareciera posible.
En el compendio “Constituciones de Venezuela”, digno de elogiar, se hace una adecuada selección de los textos constitucionales a lo largo del acontecer venezolano, en procuración de “una república” seria, estable y eficiente. Estamos seguros de que el excelso profesor venezolano Allan Brewer Carías, coordinador del trabajo, así como los integrantes del equipo que le acompañó, han debido preguntarse ¿Por qué tantas constituciones? Lamentablemente no deja de ser difícil contestar, no obstante, estar a las puertas del año 2026 del presente siglo. Pero, asimismo, con respecto a las razones para haberse tirado por la ventana, hecha añicos, la Constitución de 1961, cuya estabilidad se prolongó durante 4 décadas y con ella la democracia más estable y próspera con la cual hemos contado. Sustituyó, como leemos, a la del 11 de abril de 1953 y refleja las tendencias todavía actuales de la democracia occidental al tomar en cuenta:
1. Las necesidades contemporáneas han orientado hacia un socialismo intervencionista, en búsqueda de un equilibrio estable y fructífero con el antiguo fondo liberal,
2. El espíritu de la nueva Carta traduce un liberalismo totalmente ausente de la Constitución anterior, que concretaba la cabal expresión de una dictadura,
3. Ha de advertirse que fue aprobada por un “congreso” electo popularmente, a raíz del fin del régimen antidemocrático.
No cuesta, por consiguiente, mucho esfuerzo para que concluyamos que atendiendo a un criterio material, la Constitución democrática de 1961 fue resultado del ejercicio de la función constituyente. Esto es, “el Congreso ejerció la función constituyente”. Cómo que hubiese sido una “asamblea”.
Es por demás conocido que esa constitución fue derogada por “una asamblea constituyente”, la cual establecería una sociedad democrática, participativa y protagónica, un Estado de justicia, la consolidación de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley, el aseguramiento del derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad… La República, pasó a llamarse “Bolivariana” y… fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional… Venezuela, nominalmente, se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores … la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político… El gobierno… es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables…. la Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico.
Venezuela, cuesta dudarlo, está hoy a las puertas de una nueva “Asamblea Constituyente” y para el mismo fin, o sea, la elaboración y promulgación de una, también, nueva, Constitución, la número 26. Pensábamos, incluyendo a unos cuantos asambleístas de la de 1999, que la de 1961 sería la última, pues las cartas magnas requieren del tiempo necesario para consolidarse, acudiéndose a las enmiendas y a las reformas con la finalidad de adecuarlas a situaciones reales que vayan surgiendo. No un “plumazo” fue suficiente, hábito en Caracas, donde el escribano lo ha hecho nada más y menos que en 25 ocasiones. Y que lo más grave es preguntarnos ¿por qué y para qué?
Las respuestas, lamentablemente, más que difíciles, por no pensar que parecieran no existir. Las causas para ser como somos, si es que allí pudiera encontrarse algún motivo de “nuestra incontinencia institucional”, algunos estudiosos la han identificado en las limitaciones que nos impusiera la colonización española, argumentación refutada duramente en el libro “Nada por lo que pedir perdón”, de la autoría de Marcelo Gullo Omodeo, en cuyo prólogo escrito por Carmen Iglesias, Directora de la Real Academia de la Historia, manifiesta que el autor está en lo cierto cuando afirma que “los españoles llevaron a América su cultura, su religión, su lengua, su organización social, los valores de la civilización occidental, todo lo que eran y tenían”. Portaron consigo un cuerpo legislativo, las leyes de Indias y otras Disposiciones sucesivas, que permitían recurrir ante los tribunales de justicia a los súbditos del Rey, bajo la potente protección de la Monarquía Hispana, también, denominada Española. En la lectura de Don Marcelo pareciera inferirse que somos nosotros quienes deberíamos hacer genuflexiones a los españoles y no lo opuesto.
Las complejidades derivadas de la lucha entre unos y otros, etiquetadas desde antaño en la Asamblea Nacional de Francia, como “la derecha y la izquierda”, parecieran que hubiesen sido estatuidas más bien por un Ser Superior y para la eternidad. Pues, se les sigue usando y en lo que respecta a Caracas en más de una ocasión. En rigor, no han dejado de enredarnos y no dejaría de ser objetivo expresar que no nos han afectado. Aunque parezca mentira se le prosigue usando y que transcurridas ya tantas centurias, en las definiciones de los poderosos y afincados fuertemente en principios religiosos y profesionalmente mejor preparados y en el denominado proletariado, al cual integra “el trabajador que no posee medios de producción y que obtiene su salario de la venta del propio trabajo”, para unos cuantos, “el verdadero pueblo”, titular de la soberanía y de la constitucionalidad.
El próximo ensayo estaría referido, conforme a las pautas del abecedario, a “la Constitución, Ley Suprema y Ley de Leyes”. Genuina manifestación de la “Asamblea Constituyente”. Capítulo II del ensayo.
@LuisBGuerra
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