POLITICA
Javier Milei cambia: ahora pesifica Estados Unidos

¿Qué es lo que se juega en la elección del próximo domingo? Esta es la pregunta que domina la política y que organiza la discusión pública. Hay distintas formas de mirar el panorama. Podríamos entrar al cuadro de una manera que es la siguiente: imaginar que el gobierno de Milei está en una encrucijada política y de gestión similar a la que enfrentó el gobierno de Mauricio Macri durante sus primeros dos años.
¿En qué consiste esto? Primero, en un esfuerzo por constituir una economía capitalista. Es decir, una economía en cuyo centro esté la iniciativa privada. Para construir esa economía hay que hacer un gran esfuerzo, que es el que viene haciendo el Gobierno y la sociedad argentina, similar al de los primeros años de Macri: normalizar los precios; que los precios vinculados con bienes internacionales se parezcan, en alguna medida, a los que rigen en el mundo. Emitir señales racionales en ese sentido. Obviamente que el eje central de esa política es reducir los niveles de inflación. Y entre todos los precios, uno en particular, que genera el mayor debate y preocupación, no solo para el Gobierno argentino sino también en el estadounidense: el precio del dólar.
Si se lograra ese objetivo, que se va logrando con el tiempo, vendría un segundo capítulo sin el cual es imposible pensar la inversión. Quien invierte no mira solo los precios: observa los costos, para decidir si pone su dinero aquí o en otra economía. El relato oficial, el programa del Gobierno, lo que Milei propone, es por un lado una normalización de los precios y luego una reducción de los costos que facilite y estimule la inversión privada.
Para esa reducción de los costos, sostiene el discurso oficial -el mismo que sostenía Macri-, hace falta un programa de reformas. Existe cierto consenso, cierto lugar común, en que son necesarias una reforma tributaria, una reforma del régimen impositivo, una reforma previsional -sin la cual la anterior resulta inviable, porque es imposible reducir impuestos con el actual costo previsional de la Argentina- y una reforma laboral. Quiere decir que una vez que se normalizan los precios, para encarar el problema de los costos y normalizar la economía en general, hace falta un conjunto de reformas que requieren una mayoría en el Parlamento.
Llegamos al final de este camino: qué se juega en esta elección. Se juega si el Gobierno, que tiene un liderazgo personalista y centralizador, por momentos arbitrario, de Javier Milei logra además constituirse en un oficialismo. Ser oficialismo implica algo más complejo, implica un órgano coordinado en el Poder Ejecutivo y la capacidad de proyectar ese poder sobre el Parlamento para formar mayorías y aprobar reformas.
Desde diciembre de 2023, y sobre todo desde mayo del año pasado cuando se aprobó la Ley Bases, el Gobierno logró despejar la incógnita de si iba a haber o no un líder, pero no consiguió constituir un oficialismo. ¿Dónde empieza y termina el oficialismo en la Argentina? Es muy difícil contestar esa pregunta. ¿Dónde empieza y termina la oposición? Depende del tema. Uno podría preguntarse: ¿dónde ubicamos a Randazzo? ¿A Monzó? ¿En el oficialismo o en la oposición? ¿Y a Macri? ¿A Ricardo López Murphy? Depende del tema. No hablamos, obviamente, del kirchnerismo, que es nítida y duramente oposición. Entonces este es el problema central: si de estas elecciones surge un oficialismo que, desde el Ejecutivo, es capaz de constituir una mayoría en el Congreso.
El Gobierno llega a esta elección con una de sus promesas bastante cumplida: reducir la inflación. Es cierto que la forma en que el Gobierno encaró este problema -materia de debate también en Estados Unidos- generó otras patologías. Pero el último número de inflación, el de septiembre, fue de 2,08%, y la inflación núcleo, de 1,9%. Esto indica que hacia fin de año podría esperarse una inflación de entre 28 y 30%, es muchísimo para los estándares internacionales, pero muy poco en comparación con la historia argentina reciente. Es probable que una parte importante del electorado le reconozca al Gobierno haber cumplido con su palabra en esta materia.
La segunda promesa de Milei en campaña fue castigar a “la casta”, a una clase política corrupta, oligárquica, centrada en sí misma y no puesta al servicio de la sociedad. Con el paso del tiempo, las deficiencias del Gobierno y de La Libertad Avanza en este terreno se volvieron cada vez más notorias. Es muy difícil que pueda sostener esa bandera demasiado tiempo en adelante.
Del caso $Libra siguen apareciendo novedades todo el tiempo. La hermana del presidente, Karina Milei, está citada al Congreso para explicar lo ocurrido. En la justicia de Estados Unidos también hay movimientos: una nota de Hugo Alconada Mon en relata que, según la jueza, los fondos generados con Libra no serían reclamables al Estado, sino que habrían ido a los bolsillos del creador de la criptomoneda, Hayden Davis, y, presumiblemente, a los de Javier y Karina Milei. ¿La justicia estadounidense tiene alguna prueba en ese sentido? ¿Existen registros de transferencias a funcionarios del Gobierno? Son preguntas que se hacen muchos en el Congreso, a partir de informaciones brumosas de Estados Unidos.
Segundo caso: el misterioso avión del empresario Leonardo Scatturice, que llega a Aeroparque y pasa por todas las barreras de la Aduana sin control. No se sabe qué contenían las valijas que transportaba su empleada, Laura Belén Arrieta. ¿Elementos electrónicos, material de inteligencia? No está claro. Tampoco se sabe con quién hizo hablar Arrieta a la agente de Aduanas a la que le prestó el teléfono en esa ocasión. El juez Pablo Yadarola aún no pudo encontrar esa explicación, cuáles son los dos teléfonos que se conectaron. Sería importante que lo haga pronto para despejar cualquier duda sobre el Gobierno. Se trata de un avión misterioso de un empresario muy ligado al Gobierno que, además, tiene negocios importantes con el Estado.
Después ya vinieron informaciones que requieren menos explicaciones: los audios de Diego Spagnuolo, que mencionan presuntas coimas de la hermana del Presidente y de los primos Menem, en el negocio de la asistencia a personas con discapacidad.
La coronación de todo esto es el caso Espert, que se fue haciendo cada vez más grave por la forma en que el Gobierno, o el propio Presidente, lo defendía. Se trata de un dirigente de primer nivel, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados y primer candidato del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, salpicado por la financiación del narcotráfico.
Todos estos episodios obligan a mirar retroactivamente y aparecen otras manchas en la camisa. Una muy importante que se llama Ariel Lijo: la postulación para la Corte por parte del gobierno de un juez muy tildado de corrupto, ahora, ante la sucesión de episodios de corrupción, obliga a preguntar si lo de Lijo fue un error o un objetivo. Entonces, en materia de inflación, el Gobierno cumple. Pero, en materia de lucha contra la casta, aparece muy identificado con lo peor de ella.
Hay otro dato muy importante sobre cómo llega este Gobierno a las elecciones. Es la idea de que era un gobierno invicto, de que la lógica de la política había cambiado. Sin embargo, la idea de un gobierno durísimo en el ajuste que, a pesar de eso, no parecía pagar costos políticos, quedó en duda tras la derrota en la provincia de Buenos Aires. Aunque no puede nacionalizarse ese resultado, la elección bonaerense dejó una marca. Este es un oficialismo que puede perder elecciones. Las “fuerzas del cielo” resultaron ser fuerzas de la Tierra. El Gobierno puede perder y ganar elecciones, como cualquier otro.
En este marco, hay una discusión que domina en el peronismo de la provincia de Buenos Aires: si fue un acierto desdoblar la elección en esa provincia. Esa respuesta se conocerá el próximo domingo. Cristina Kirchner piensa que todavía no se sabe si fue un acierto o no. No vaya a ser que en la elección del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires se haya producido un resultado que ahora alerta a todos aquellos que no fueron a votar pensando que no hacía falta. Ahora sí van a hacerlo precisamente porque ganaron los kirchneristas. Este es uno de los argumentos principales de Cristina Kirchner cuando objeta la estrategia de Axel Kicillof de haber adelantado la elección bonaerense y haberla convertido en una especie de encuesta perfecta, que anticipa lo que podría pasar y, por lo tanto, corrige el proceso.
Kicillof sostiene que fue un acierto, porque la derrota del Gobierno fue tan importante que sirvió para instalar la idea de que es un gobierno vulnerable. Para Kicillof el peronismo de todo el país, ante la elección del 26 de octubre, le debe a él haber adelantado una elección y haber producido una gran victoria sobre lo que parecía ser invencible. Veremos qué ocurre el próximo domingo y cómo se resuelve esta discusión interna del kirchnerismo bonaerense. Lo que pase en la provincia de Buenos Aires es decisivo, precisamente porque allí se concentra el núcleo del kirchnerismo y porque el gobierno de Milei va a ser uno u otro si, sobre el horizonte de 2027, se recorta la figura de un candidato kirchnerista. Ese objetivo central de atraer inversiones, frente a la posibilidad de un reflujo populista o intervencionista, se vería dificultado.
La elección bonaerense también mostró, como analizan estudios muy minuciosos del jesuita Rodrigo Zarazaga, un cambio en el perfil del votante del Gobierno. Había un votante filoperonista de clase media-baja, similar al que podía votar a Massa entre 2013 y 2015, que fue desplazado por un electorado más parecido al del PRO, un partido de derecha, de clase media, media-alta y alta.
El otro rasgo con el que el gobierno llega a esta elección, además de haber perdido el invicto, es que perdió la infalibilidad en materia económica. Durante meses, Milei anunciaba cosas que iban a pasar y pasaban, como ocurrió con la inflación. Pero luego empezó a anunciar cosas que no pasaron. Dijo, por ejemplo, que esperarían a que el dólar tocara el piso de la banda para comprar, y empezaron a vender en el techo. O que controlarían el dólar subiendo la tasa de interés a niveles exorbitantes -75% en términos reales-, y sin embargo la gente salió a comprar más dólares, no menos.
Comenzaron entonces las tensiones en el mercado cambiario, con un Banco Central que no se había preparado para eso, porque el presidente de la Nación calculó que no iba a haber ese riesgo y, por lo tanto, ordenó no comprar reservas, en contra del pedido del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Banco Central quedó acosado por un mercado que demanda dólares, mientras el Gobierno insistía en no resignar la cotización del tipo de cambio, convencido de que si no se movía el dólar, tampoco lo haría la inflación, y así podría ganar la elección. Esa política impactó también en los bonistas, que empezaron a pensar que si el Gobierno estaba dispuesto a gastar -como dijo Luis Caputo- hasta el último dólar para ganar las elecciones, no pagaría los bonos. Así se disparó el riesgo país. Eso fue el 19 de septiembre, en vísperas de una catástrofe que se evitó con la intervención del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, que declaró: “Me hago cargo yo del gobierno argentino”, una especie de intervención que el Gobierno, con una narrativa inteligentísima, presentó como respaldo. En realidad, lo que Donald Trump le vino a decir a Milei fue: “dame el volante, manejo yo”, porque no podía permitirse un fracaso de alguien tan identificado con él.
Desde ese momento, Bessent y Trump entraron en escena y comenzó una secuencia de rarezas o anomalías internacionales. Algo es anómalo cuando se aparta de la regla o de las costumbres, de los usos habituales. Hemos naturalizado algunas rarezas, pero una de ellas merece ser destacada. Bessent es en estos momentos el ministro de Economía de un país que está clausurado porque no se puede poner de acuerdo en la aprobación de su presupuesto, lo que en ese país llaman un shutdown. Se encuentra también en medio de una turbulencia internacional producida por el propio Trump al modificar toda la política arancelaria, que hace que el empresariado internacional no sepa cuánto gana o pierde porque no se sabe bien cuales son los precios de los productos. Scott Bessent, que está metido en esas dos crisis, se la pasa tuiteando sobre el mercado del dólar en Buenos Aires. Y ocurre como si no fuera una rareza. Pero lo que estamos viendo es que el enorme imán del mercado cambiario argentino, que se “tragó” a 40 ministros, ya lo está acorralando al funcionario estadounidense, que vende dólares para comprar pesos. Eso plantea una curiosidad que me señaló un amigo con mucha gracia: Milei venía a dolarizar la Argentina y está pesificando a Estados Unidos.
Esto es una anomalía. Bessent dice estar normalizando el mercado de cambios, pero aún no lo logró. Cuando Bill Clinton anunció el rescate de México en 1995, el anuncio frenó la crisis. Lo mismo ocurrió cuando George Bush hijo anunció la ayuda a Uruguay, afectado por la crisis argentina de 2002. En este caso, ni el anuncio ni la intervención por parte de Bessent están deteniendo la crisis. Bessent podría decir lo que Borges pone en boca de Francisco Narciso de Laprida en su “Poema conjetural”: “Al fin me encuentro con mi destino sudamericano”.
Esto abre un debate dentro de los Estados Unidos. Paul Krugman, premio Nobel de Economía y una de las figuras más destacadas del mundo opositor a Trump, escribió sobre la Argentina y planteó dos objeciones muy interesantes a la política de Bessent en relación con el país. La primera es técnica. Krugman advierte: “Cuidado, porque están poniendo dinero en un programa económico que no va a funcionar”. Sostiene que se trata de un plan de estabilización basado en el atraso cambiario, es decir, en mantener un dólar barato, y que esa estrategia está destinada a hundirse. El gobierno republicano está alimentando ese error, dice Krugman.
Para demostrarlo, Krugman mostró un gráfico que permite ver cómo fue el momento de la primera intervención del Tesoro estadounidense en el mercado argentino, cuando Bessent comenzó a comprar pesos o vender dólares. A partir de ese momento, el Gobierno debió subir la tasa de interés del 80% al 160% para evitar que, a pesar de la intervención del Tesoro, el dólar siguiera subiendo. Es decir, Krugman se está burlando de Bessent, ya no de Santiago Bausili, de Caputo o de Milei.
Hay otra objeción de Krugman a Bessent y esta es una objeción moral. Krugman escribió en The New York Times y en Bloomberg que podría haber un negocio personal detrás de la intervención. Señala que amigos de Bessent, como Robert Citrone, obtuvieron ganancias espectaculares con bonos argentinos el año pasado, y que después quedaron golpeados por la suba del riesgo país. Krugman afirma que esos financistas de Bessent compraron nuevamente bonos antes de la intervención del Tesoro, sabiendo que se produciría. Es decir, Krugman está señalando casi la existencia de un delito -probablemente sin casi- que sería la filtración de información desde el Tesoro a amigos bonistas.
Citrone, es el líder del fondo Discovery, que maneja miles de millones de dólares y que el año pasado habría obtenido una rentabilidad del 48% con bonos argentinos. Citrone llegó a Buenos Aires el 14 de abril, el mismo día que Scott Bessent, cuando se levantó el cepo. Llegó con Leonardo Scaturice, es decir, en el mismo avión de las valijas y prácticamente la misma tripulación, incluida Laura Belén Arrieta, quien transportaba las valijas. Todo esto empieza a mostrar un sistema de poder con vinculaciones en las que lo público y lo privado se contamina bastante. Hace algunas semanas mostramos un video de Citrone diciendo: “A mí me gusta influir sobre el gobierno argentino”.
Tan metidos estamos en el debate americano que, en las manifestaciones contra Trump, aparece gente protestando ya con el argumento argentino: “Para la Argentina, 40 billones. Para Estados Unidos, no hay programa de salud”. Hoy hay un reclamo en Estados Unidos contra el gobierno de Trump. “Que fondeen el ACA”, piden, -el Obamacare, el programa de salud heredado de Obama- y no a la Argentina”. Que la plata la pongan allá, porque se han disparado las primas del seguro de salud. Entonces reclaman que subsidien a los americanos, que subsidien la salud, y no que subsidien a la Argentina.
Trump se encuentra todo el tiempo con este problema y la última vez fue el domingo por la noche, cuando le preguntaron por el malestar de los chacareros, de los farmers norteamericanos, que están enojados porque se les resuelve, en alguna medida, su situación a sus competidores de la Argentina. Y Trump contesta, por los argumentos que da, como un jefe de campaña del peronismo. Se vuelve cada vez más dudosa la ventaja que obtiene Milei de la amistad de Trump. Esto contestó: “Argentina está luchando por su vida. No sabes nada sobre eso. Están luchando por su vida. Nada está beneficiando a la Argentina. Están luchando por su vida. ¿Entiendes lo que significa eso? No tienen dinero, no tienen nada. Están luchando tan duro para sobrevivir. Si puedo ayudarlos a sobrevivir en un mundo libre, me parece que el presidente de Argentina está tratando de hacer lo mejor que puede. No lo están haciendo bien, se están muriendo”.

No es la mejor pintura para ir a las elecciones del domingo que viene. Algo parecido a lo que vimos en la reunión de Milei con Trump. Una especie de menosprecio que probablemente venga -esto es psicologismo de entrecasa- de la reacción que tal vez produzca en Trump ver gente que se le subordina demasiado. Porque con Vodolomir Zelensky pasó lo mismo. El otro día, conversando con Joaquín Morales Solá, Marcelo Longobardi hizo la comparación: “A Milei lo trató como a Zelensky; en ambos casos, es una emboscada”. Es una emboscada o una reacción de alguien que dice: “La verdad, si se me subordinan tanto, no les tengo aprecio”. Pero es, tal vez, una hipótesis disparatada.
Lo importante es que la relación con Trump, el juego de Trump y de Bessent nos devuelven al problema originario. Trump dijo: “Pongo la plata si hay un oficialismo”. Lo dijo de otra manera: “Si no gana las elecciones Milei, no vamos a ser generosos con la Argentina”. Salió el Gobierno desesperado, empezando por el “mago del Kremlin”, Santiago Caputo, a través de su cuenta de X, a decir: “Está hablando del 2027”. Como diciendo: se confundió, faltaba que dijeran “está viejo”. Y Trump, a través de su cuenta de Truth, su red social, dijo: “Estoy hablando de la elección de medio término, de la elección parlamentaria. Si la pierden, nos vamos”. Produjo un tembladeral. Bessent tuvo que salir a explicar qué es perder y qué es ganar. Y terminó diciendo algo así como que alcanza con tener un tercio del Congreso para defender los vetos; eso ya es ganar.
Una encuesta realizada por la consultora Rubikón Intel realizó algunas preguntas sobre el apoyo de Trump, los condicionamientos y las elecciones argentinas. “¿Sabías que Donald Trump dijo que el apoyo de Estados Unidos a la Argentina depende de que Milei gane las elecciones de octubre? ¿Qué sentís al escuchar eso?”, se pregunta. La respuesta fue: indignación, un 31%; aprobación, un 23,6%; preocupación, un 23,5%; indiferencia, un 10,8%; y nada, un 11%. Está bastante parejo, sobre todo porque uno presume que la categoría “preocupación” se puede dividir entre indignación y aprobación.
Otra pregunta: “¿Te parece legítimo que un país condicione ayuda económica al resultado de elecciones de otro país?”. Le parece legítimo al 39,4%; no le parece legítimo al 51%; y el 9,6% dice “depende”. Una más: “¿Cómo afecta esto la soberanía argentina?”: mucho, para el 45,4%; algo, para el 19,9%; poco, para el 7,7%; y nada, para el 27,1%.
Este es el paisaje de cómo caen estas intervenciones, en un momento en que el gobierno americano se convirtió en un actor central de la vida electoral de la Argentina y en un actor muy positivo para el Gobierno, con independencia de cuál sea este impacto sobre el mayor o menor sentimiento nacionalista que haya en la sociedad argentina. Porque si no intervenía Bessent, probablemente Luis Caputo no hubiera llegado a las elecciones del próximo domingo, tal vez no hubiera llegado a hoy como ministro, por cómo venía la crisis cambiaria y, sobre todo, la crisis del mercado de bonos.
La idea de Bessent es que alcanza con que tengan un tercio del Congreso, es decir, que puedan resistir con los vetos, que no les armen dos tercios en contra para insistir con leyes adversas al pensamiento y al programa del Gobierno. ¿Eso es verdadero? No. El Gobierno necesita sacar leyes, necesita tener capacidad de gestión, capacidad de reforma. No solamente resistir reformas que le hacen otros. Y para eso tiene que armar una mayoría. Daría la impresión de que está descartado totalmente que el Gobierno pueda obtener la mayoría en el Congreso. No la va a obtener. Está descartado también que no tenga un tercio para resistir con los vetos. Ahora bien, si se aproxima mucho a ese piso del veto, queda un gobierno estéril, que va a complicar muchísimo la economía. Ahí hay que ver si Trump cumple con su palabra o no. Y ahí sí empieza otra película.
También puede ser un gobierno que tenga una base parlamentaria sólida como para generar acuerdos y llegar a la mayoría. Y esos acuerdos son, inevitablemente, acuerdos que tiene que tejer con los gobernadores de las provincias. Esto es muy importante de entender. Por eso Guillermo Francos cuando se reunió por primera vez con los gobernadores después de la derrota en la provincia de Buenos Aires lo llevó a Luis Caputo. Porque esos acuerdos, desde que el mundo es mundo, se tejen y se sellan con plata. Pactar con los gobernadores implica otra política fiscal. El Gobierno va a tener que ceder un poco en su rigor con las provincias en materia fiscal, inclusive en la obra pública, porque si no, no va a tener esa mayoría en el Congreso que le permita generar determinadas reformas.
La pregunta es, entonces, ¿cómo se constituye ese oficialismo en el Congreso? Va a haber toda una discusión el domingo a la noche sobre cómo se cuentan los votos, y los votos hay que contarlos de una sola manera: hacia dónde van los diputados de cada agrupación política. Entonces habrá que sumar ahí Fuerza Patria con el peronismo de distintas provincias, porque van a un solo bloque, que es el bloque -vamos a llamarlo así- kirchnerista. Y ahí veremos cuál es el panorama del oficialismo en el Congreso.
No alcanza con tener los legisladores. Ya está demostrado eso. ¿Cómo se demostró? El Gobierno no tenía a los legisladores y aprobó la Ley Bases, que es como haber aprobado setenta leyes. Y después, con los mismos legisladores, empezó a perder leyes. ¿De qué depende? De cómo se arma esa mayoría, de cuál es la capacidad de gestión política del Gobierno, de cómo puede negociar y atraer.
Y esta es una discusión que se ha desatado dentro del oficialismo. Porque Guillermo Francos inició una negociación con Mauricio Macri, y esa negociación que inicia Francos con el expresidente para atraer al Pro al gobierno -no solamente en el Congreso- produjo una reacción muy virulenta de Santiago Caputo. Con un método de Caputo muy simpático o risueño: trajo a un lobista americano contratado por Scatturice, el mismo dueño del avión, pero que lo presentan como un asesor de Trump. Se llama Barry Bennett, un audaz, que dice: “Trump dice, nosotros, el gobierno americano…”, aunque no está demostrado que represente al gobierno de Estados Unidos. De hecho, es posible que en la embajada norteamericana en Buenos Aires no lo conozcan. Hasta ahora Bennett representa a Santiago Caputo. Presumiblemente le pagan el sueldo porque la consultora de Scatturice, para la que trabaja Bennett, está contratada por la SIDE que maneja Santiago Caputo. Es decir, un poco Memorias de Costa Pobre, aquel viejo sketch de Alberto Olmedo. Hubo una reunión: le presentaron a Bennett como si fuera un representante de Trump a diputados de la oposición -a De Loredo, a Pichetto, a Ritondo-. Un gran malentendido que desata una interna dentro del Gobierno, que agrava una interna anterior: el “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo, contra los Menem, es decir, contra Karina Milei.
Los amigos de Caputo, y el propio Caputo, sostienen: “Llegamos a este punto y se nos destruyó la mayoría en el Congreso porque fuimos a la pelea con los gobernadores. Agredimos a nuestros aliados”. Y los Menem, desde su rincón, detrás de las polleras de Karina Milei, dicen: “¿Nosotros? Pero ¿quién inventó la idea de los mandriles para los economistas críticos? ¿Quién dijo que los gobernadores eran degenerados fiscales? Desde su cuenta de X se escribía ‘no odiamos lo suficiente a los periodistas’. Todo eso no viene de Caputo”. “¿Quién es el jefe del ‘Gordo Dan’, que tiene como única estrategia el insulto para constituir un oficialismo?”. Entonces empieza a haber toda una discusión interna respecto de quién es el responsable de esto que parece un oficialismo a la defensiva.
Habrá que ver qué piensa Milei. Nadie lo sabe. Ni su hermana. Habrá que ver cuáles son las conversaciones que tenga el Presidente con Santiago Caputo, con Guillermo Francos; cómo rearma su gabinete, si es que lo rearma; qué lugar le dan o no le dan al macrismo; qué pasa con algunos ministros, como Gerardo Werthein, el canciller, que dice: “Si viene Caputo a manejar este gobierno, yo me voy”. Hay un gran signo de interrogación, y es importantísimo. ¿Por qué? Porque sin orden político en el órgano de gobierno, alrededor de Milei, no hay plata de Bessent que alcance, y no hay votos que alcancen en las urnas. Porque todo se puede dilapidar al día siguiente.
Esto es así porque, al final, lo que ordena la política -lo que hace que un diputado vote a favor o en contra, que un gobernador acuerde o no, que Trump se quede y ponga la plata o no la ponga- tiene que ver con una palabra: expectativas. La expectativa de poder y de éxito que genera el Gobierno. Porque en la expectativa está cifrado lo que Julio María Sanguinetti, el expresidente del Uruguay, genialmente llama “la institución invisible”: la confianza. Eso es lo que se juega en estas elecciones del domingo que viene.
una nota de Hugo Alconada Mon en LA NACION,haber adelantado una elección,Carlos Pagni,Odisea Argentina,LN+,Javier Milei,Conforme a,,Tras resistir los vetos. El Gobierno promulgó las leyes de financiamiento universitario y de emergencia pediátrica pero atrasó su aplicación,,Crisis preelectoral. La Argentina de Milei, ¿a la espera del último tren?,,Elecciones 2025. Milei cierra la campaña de La Libertad Avanza en Córdoba con una caminata en la zona céntrica,Odisea Argentina,,Análisis. Milei y el ancla norteamericana,,Análisis. Las fuerzas de la tierra,,Análisis. El salvataje de Trump
POLITICA
Corrupción en la AFA: la fiscalía y ARCA rechazaron cerrar la causa por evasión

La fiscalía y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) rechazaron el pedido de cierre de la causa por evasión que involucra a la AFA y a sus autoridades.
La asociación solicitó el sobreseimiento por “inexistencia de delito”, bajo el argumento de que resoluciones del Ministerio de Economía suspendieron las ejecuciones fiscales, tornando las deudas no exigibles.
No obstante, el fiscal Claudio Navas Rial dictaminó que el “delito penal está configurado” debido a que las normativas administrativas no alteraron los vencimientos impositivos ni previsionales originales, habilitando la continuidad del proceso.
El organismo recaudador, en su rol de querellante, calificó el planteo de la AFA como “manifiestamente improcedente”, señalando que la defensa confunde conceptos legales. La ARCA aclaró que, si bien se pausó temporalmente el inicio de juicios y medidas cautelares, “la AFA seguía obligada a pagar en fecha”.
Además, el organismo evaluó que se produjo una apropiación indebida de tributos, ya que la entidad actuó como agente de retención de dinero de jugadores y proveedores sin depositarlo al fisco, afirmando que “la AFA abusó de la confianza depositada por la ley”.
Supuestos sobreprecios: Demian Reidel renunció como titular de Nucleoeléctrica Argentina
La investigación judicial estima que el monto evadido asciende a más de $19.500 millones, tras una ampliación de la denuncia original que inicialmente era de $9.500 millones.
La hipótesis principal de la Justicia sugiere que estos fondos podrían haber sido utilizados como una herramienta de financiamiento interna por parte de la asociación. El fiscal advirtió que aceptar el cierre de la causa implicaría permitir que resoluciones administrativas determinen la extinción de un proceso penal, lo que representaría una violación al orden jerárquico de las normas.
Este frente judicial se suma a otros expedientes que complican a la conducción de la AFA, incluyendo una investigación por posible lavado de dinero y administración fraudulenta en Lomas de Zamora. Dicha causa analiza el presunto desvío de fondos cobrados en Estados Unidos y el uso de testaferros en maniobras de encubrimiento vinculadas al tesorero Pablo Toviggino.
Mientras tanto, el juez Diego Amarante deberá decidir el futuro de la causa impositiva tras recibir las posturas negativas tanto de la fiscalía como del organismo del Estado nacional.
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AFA,ARCA,Claudio «Chiqui» Tapia,Pablo Toviggino
POLITICA
En el segundo año de Milei, Argentina retrocedió 5 lugares en el ranking global que mide la corrupción

Pese al discurso contra la “casta política” y sus “prácticas corruptas” del presidente Javier Milei, en su segundo año de gestión, Argentina retrocedió cinco lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025. Se trata de una medición que hace anualmente la ONG Transparencia Internacional, líder en esta materia.
Quedó así en el puesto 104 sobre 182 países, en un ranking en el que los primeros lugares corresponden a los países más transparentes y los últimos, a los más corruptos. En 2024, Argentina se había ubicado en el lugar 99 sobre 180 naciones relevadas ese año.
En la medición realizada en 2025 y conocida hoy, se sumaron Belice, país centroamericano ubicado sobre el Caribe, y Brunei, una pequeña nación en la Isla de Borneo, en el sudeste asiático.
Argentina obtuvo 36 puntos sobre 100, el máximo puntaje asignado a los países más transparentes, según la edición 2025 del CPI (como se lo conoce por su sigla en inglés), un punto menos que en 2024, o sea una pero perfomance que un año atrás.
“Las malas novedades para Argentina en este Índice están relacionadas, seguramente, a la ausencia total de interés del gobierno en impulsar políticas anticorrupción. Nada se hizo en estos dos años para prevenir y sancionar la corrupción. A esto se le suman los casos Libra y ANDIS (Agencia Nacional de Discapacidad), que además de la sospecha de casos de corrupción no generaron una respuesta contundente por parte del Gobierno”, sostuvo Pablo Secchi, director de Poder Ciudadano, capítulo argentino de TI.

Este puntaje deja a nuestro país por debajo del promedio del continente americano, que es de 42 puntos. Aparece, así, junto a naciones como Belice y Ucrania, y es superado por países como Zambia, Lesoto, Gambia, y República Dominicana.
Los mejores y peores
El ranking del Índice de Percepción de la Corrupción 2025 lo lidera Dinamarca con 89 puntos y, en segundo lugar, otro país nórdico, Finlandia con 88 puntos.
En el otro extremo, los países con peor ubicación son Sudán del Sur y Somalía, que comparten el puesto 181 con 9 puntos, y Venezuela en el puesto 180 con 10 puntos.

“Es ampliamente conocido que el desarrollo capitalista sólido y socialmente eficiente no se obtiene con pases mágicos en la retórica y a la vez barriendo la tierra debajo de la alfombra, sino con políticas adecuadas y sostenidas en el tiempo. En el caso de la integridad, y a la luz de la evidencia internacional disponible, estas políticas constituyen una deuda pendiente cada vez más urgente”, afirmó Martín D ́Alessandro, presidente Poder Ciudadano, en un comunicado difundido por esta organización cuando se conoció el resultado del Índice a nivel mundial, esta madrugada en Argentina.
La medición en América
Argentina se ubica en el puesto 19 de 33 países del continente americano, cuyo promedio es 42 puntos, ocho por encima de los que consiguió Argentina.
Los países con mejores puntajes de la región fueron Canadá (75 puntos) en el puesto 16, y Uruguay (73 puntos) en el puesto 17.
Haití con 16 puntos, Nicaragua con 14, y Venezuela con 10, son los peores puntuados de América.
Desde 2012, 12 de los 33 países en la región obtuvieron peores puntajes, mientras que solo República Dominicana (37) y Guyana (40) registraron mejoras significativas. “Años de inacción gubernamental han erosionado la democracia y permitido el crecimiento del crimen organizado transnacional, perjudicando directamente a las personas, al socavar los derechos humanos, los servicios públicos y la seguridad”, sostuvo TI en un comunicado difundido hoy a las 7 am, hora de Europa Central, en esta madrugada en Argentina.
“Durante años, la corrupción ha permitido que el crimen organizado transnacional se infiltre en la política de países como México (27 puntos sobre 100), Brasil (35 puntos) y Colombia (37), fomentando la impunidad y las injusticias. En la actualidad, Costa Rica (56) y Uruguay (73), las democracias más fuertes de América Latina y con mejores resultados en el IPC, también sufren la violencia alimentada por la corrupción y el crimen organizado”, advirtió la organización líder en la lucha contra la corrupción a nivel mundial.

En el otro extremo, “países con instituciones fallidas y cooptadas, como Nicaragua (14) y Haití (16), continúan subsumidos en la corrupción y las redes criminales arraigadas”, agregó TI en su informe.
En ese sentido, recordó que, en toda la región, “la corrupción en los servicios públicos tiene graves consecuencias en la vida cotidiana de las personas”.
Puso como ejemplo el caso de Perú (obtuvo 30 puntos sobre 100), donde “la fiscalía está investigando presuntos sobornos en el programa de alimentación escolar para eludir los controles sanitarios, que podrían haber resultado en la distribución de comidas contaminadas y en enfermedades infantiles”.
Respecto de Argentina, la ONG internacional aseveró que “las investigaciones sobre presunta corrupción en la gestión de fondos para medicamentos destinados a personas con discapacidad muestran riesgos similares para los grupos vulnerables”.
En cuanto a la baja puntuación de Venezuela, la atribuyó a “años de corrupción generalizada y actividades ilícitas, que han disparado la pobreza y la desnutrición. En el país millones de familias sobreviven con escasos alimentos, agua y electricidad”.
También señaló que en varios países, “la reducción del espacio cívico debilita la supervisión y la rendición de cuentas”. Y citó el caso de El Salvador (32 puntos), las restricciones impuestas a las organizaciones de la sociedad civil limitan el escrutinio y la supervisión independiente de las acciones del gobierno”.
“La corrupción no es inevitable. Nuestras investigaciones y nuestra experiencia como un movimiento global en la lucha contra la corrupción demuestran que existe una hoja de ruta clara para exigir rendición de cuentas al poder en favor del bien común, desde procesos democráticos y mecanismos de supervisión independiente hasta una sociedad civil libre y abierta”, aseveró François Valérian, presidente de Transparencia Internacional, electo en 2023.
En lo que pareció una referencia a Donald Trump, agregó: “En un momento en el que observamos un peligroso desprecio de las normas internacionales por parte de algunos Estados, hacemos un llamado a gobiernos y a sus líderes para que actúen con integridad y estén a la altura de sus responsabilidades para ofrecer un futuro mejor a las personas de todo el mundo”, agregó este experto en cumplimiento de normas de integridad y anticorrupción, conocido por su trayectoria en el sector público y privado francés.

Cómo se elabora el Índice
El IPC mide anualmente la percepción de la corrupción de empresarios y expertos, pero sólo en relación a la conducta del sector público, o sea en el ámbito político y administrativo.
Es un índice compuesto, una combinación de al menos 3 y hasta 13 encuestas y evaluaciones de la corrupción, recopiladas por una variedad de instituciones reconocidas, entre ellas, el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, y distintas empresas.
Las puntuaciones reflejan las opiniones de especialistas y actores del ámbito empresarial sobre cómo perciben la corrupción en el Estado, pero no la visión del público en general. Actualmente, el IPC es el indicador de corrupción más utilizado en todo el mundo.
En el caso de Argentina, la medición se hizo en base a ocho encuestas de distintas entidades internacionales: el Índice de Transformación de la Fundación Bertelsmann, las Calificaciones de Riesgo País de Global Insight, el Anuario de Competitividad Mundial del International Institute for Management Development (IMD), The Economist Intelligence Unit Country Ratings, la Guía Internacional de Riesgo País de PRS Group, el Proyecto Variedades de Democracia, el Foro Económico Mundial, y el Índice de Estado de Derecho del Proyecto Justicia Mundial.
La organización explica que la elaboración del Índice se basa en la percepción, porque “normalmente, la corrupción implica actividades ilegales y deliberadamente ocultas que solo salen a la luz a través de escándalos y procesos judiciales. Esto hace muy difícil calcular su impacto real”. Y aclara que “las fuentes y encuestas que conforman el Índice de Percepción de la Corrupción se basan en cuestionarios cuidadosamente diseñados y calibrados, junto con las respuestas de expertos y empresarios”.
En 2012, Transparencia Internacional revisó la metodología utilizada para construir el índice para permitir la comparación de puntuaciones de un año a otro. “El proceso para el cálculo del IPC se revisa periódicamente a fin de asegurar la mayor solidez y coherencia posible. La revisión más reciente la realizó el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea en 2017″, según informó TI.
Para que un país o territorio se incluya en el Índice, debe estar presente en un mínimo de tres de las trece fuentes de datos en las que se basa el Índice. El que un país no aparezca en la lista no implica que esté libre de corrupción, sino que no hay datos suficientes para calcular su nivel de corrupción con exactitud,» aclararon en TI.
La puntuación de cada país se determina calculando la media de todas las puntuaciones estandarizadas disponibles sobre ese país, redondeada a un número entero. Existe la posibilidad de que avances en el control de la corrupción en el sector público contrarresten los casos negativos, mejorando el puntaje final. También puede suceder que acciones de corrupción registradas en un país tarden un año o más en aparecer reflejadas en las fuentes, por lo que no se vean reflejadas en el último IPC, sino recién en el siguiente.
Infografías: Marcelo Regalado
POLITICA
El Gobierno les anticipó a los gobernadores que se eliminará Ganancias de la reforma laboral

La mesa política del Gobierno se reúne este martes en la Casa Rosada para definir el futuro del capítulo fiscal de la reforma laboral, en medio de cuestionamientos de gobernadores y sectores de la oposición.
Ante la falta de consenso en el Senado, crece la expectativa de que se elimine el artículo referido a la baja de alícuotas del impuesto a las Ganancias para sociedades. Según reveló un mandatario provincial, las autoridades nacionales ya habrían anticipado la quita de esa parte del proyecto.
El encuentro estará encabezado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y contará con la presencia de figuras clave como Karina Milei, Santiago Caputo, Diego Santilli, Martín Menem y Patricia Bullrich.
Se sumará también el ministro de Economía, Luis Caputo, para evaluar el impacto de las modificaciones. Fuentes cercanas a los gobernadores dialoguistas señalaron que el Poder Ejecutivo no insistiría con el esquema impositivo original: “Creemos que van a retirar todo el artículo”, afirmaron, argumentando que la Nación no cuenta con margen en el superávit para resignar esos recursos.
Supuestos sobreprecios: Demian Reidel renunció como titular de Nucleoeléctrica Argentina
Además de los cambios fiscales, el oficialismo habría aceptado otras concesiones para garantizar la aprobación del proyecto en las sesiones extraordinarias. Entre los puntos acordados se encuentran nuevas redacciones para las cuotas solidarias y la eliminación de la propuesta que permitía el pago de sueldos mediante billeteras virtuales, iniciativa que contaba con el rechazo del sector bancario.
El objetivo es consolidar el apoyo de los bloques aliados tras semanas de negociaciones y advertencias sobre el diseño original de la medida, la cual, según mandatarios del interior, “estaba mal diseñada”.
En paralelo a la mesa política, el Gobierno intensificó los contactos parlamentarios para asegurar los votos. El ministro del Interior, Diego Santilli, recibió al gobernador de Chaco, Leandro Zdero, para ratificar su acompañamiento a un paquete que, según destacaron, “impulsar la llegada de inversiones privadas a cada provincia”.
Mientras tanto, la atención se centra en el Senado, específicamente en el bloque Convicción Federal, en un contexto marcado por denuncias de presiones hacia legisladores para evitar que respalden la modernización de las relaciones laborales.
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Gobernadores,Impuesto a las Ganancias,Reforma Laboral,Senado
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