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ECONOMIA

Los celulares ya entran sin impuestos: ¿convendrá comprar aquí o seguirá siendo más barato afuera?

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La eliminación del arancel a la importación de celulares introdujo un cambio relevante en el funcionamiento del mercado tecnológico argentino. Durante años, ese impuesto fue uno de los principales factores que explicaban por qué los precios locales se ubicaban sistemáticamente por encima de los valores internacionales, incluso en comparación con países de la región. En particular, el impacto se hacía más visible en los modelos de gama media y alta, donde el componente impositivo se trasladaba casi de forma directa al precio final que enfrentaba el consumidor.

Con la quita total del arancel, el Gobierno buscó corregir una distorsión histórica que, además de encarecer los equipos, incentivaba la informalidad, el contrabando y la compra en el exterior. El objetivo explícito fue ordenar el canal formal, fortalecer la oferta oficial y acercar los valores locales a los precios de referencia internacionales. Sin embargo, una cosa es el cambio normativo y otra muy distinta su traducción efectiva en el bolsillo.

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La pregunta que rápidamente se instaló entre los consumidores es concreta: ¿alcanza la eliminación del impuesto para que convenga comprar un celular en la Argentina o, aun sin aranceles, sigue siendo más barato hacerlo fuera del país? Para responderla, se realizó un ejercicio comparativo amplio, con precios reales, distintos canales de compra y un supuesto deliberadamente favorable al mercado local.

Precios más baratos: el escenario más optimista 

El punto de partida del análisis son los precios actuales del mercado argentino, relevados en tiendas oficiales, marketplaces -como Mercado Libre- y canales de venta autorizados. De acuerdo con referentes del sector, la eliminación del arancel permite una reducción potencial de hasta 8% en los precios. Ese porcentaje no surge de una estimación conservadora, sino que representa el escenario más optimista posible, asumiendo que la baja impositiva se refleja íntegramente en el valor que paga el consumidor y no queda absorbida por márgenes comerciales, logística o estructura operativa.

Bajo ese supuesto, los valores quedarían de la siguiente manera:

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  • En el caso del iPhone 17 Pro de 256 GB, cuyo precio actual ronda los $2.899.999, la aplicación plena de la baja del 8% permitiría llevar el valor teórico a $2.667.999.
  • Para el iPhone 13 de 128 GB nuevo, que se ofrece en torno a $999.999, el precio ajustado descendería a $919.999.
  • En la línea Samsung, el Galaxy S25 de 128 GB, con un precio cercano a $1.500.000, podría bajar hasta $1.380.000
  • Galaxy S25 Ultra de 256 GB, hoy alrededor de $2.300.000, quedaría en torno a $2.116.000.

Antes de contrastar con el exterior, resulta indispensable entender por qué, pese a los precios elevados, el mercado argentino sigue mostrando niveles de demanda. La explicación no está en el precio contado, sino en las promociones comerciales y las condiciones de financiación, que se transformaron en el principal amortiguador de la brecha internacional.

En el caso de Apple, a través de distribuidores oficiales, aparecen con frecuencia planes de hasta 12 cuotas sin interés, descuentos puntuales que pueden oscilar entre el 5% y el 15%, envío inmediato y garantía local. Estas condiciones no eliminan la diferencia con el exterior, pero suavizan el impacto para un segmento de consumidores que prioriza previsibilidad financiera.

Samsung, por su parte, adoptó una estrategia aún más agresiva y despliega en el mercado argentino una combinación de descuentos directos de hasta 30% en modelos seleccionados, planes de 12 cuotas sin interés, beneficios adicionales por pago en un solo pago y programas de plan canje, que permiten entregar un equipo usado como parte de pago y reducir el desembolso final.

Estas acciones explican por qué, aun con precios elevados, el canal local sigue capturando una porción significativa de la demanda.

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La primera conclusión, al trazar un comparativo es que, de darse ese escenario más optimista para los consumidores (baja automática de precios del 8%), en algunos modelos las diferencias se recortarían significativamente con respecto a Chile (5% al 13%), mientras que en otros dispositivos todavía habría diferencias significativas (casi 30%).

Como contrapartida, respecto de Estados Unidos, incluyendo los impuestos de ese país, las diferencias van del 24% y pueden superar el 50%, especialmente en algunos modelos anteriores (como el iPhone 13) que se venden reacondicionados.

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Comparativo precios celulares

Tiendamia: la primera comparación con el exterior

También se puede trazar un comparativo tomando precios finales en Tiendamia, uno de los canales más utilizados por argentinos para comprar productos en Estados Unidos con envío e impuestos incluidos. A diferencia de una comparación teórica, se tomaron valores reales, con checkout cerrado y costo final puesto en la Argentina.

  • El iPhone 13 de 128 GB reacondicionado se consigue en Tiendamia a $590.931, muy por debajo de los $750.000 que costaría en la Argentina, incluso aplicando la baja del 8%.
  • En el caso del iPhone 17 Pro de 256 GB, el precio final en Tiendamia asciende a $2.329.378, frente a los $2.667.999 del escenario local más optimista.

Incluso con promociones y financiación, la diferencia sigue siendo considerable.

Y es que, en algunos casos, la comparación directa enfrenta una limitación práctica ya que no todas las versiones y capacidades están disponibles simultáneamente en todos los canales. Eso ocurrió puntualmente con el Samsung Galaxy S25 Ultra en su versión de 256 GB en Tiendamia, que al momento de realizar este ejercicio no contaba con stock disponible para compra inmediata.

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Ante esa situación, se tomó como referencia la versión inmediatamente superior, el Samsung Galaxy S25 Ultra de 512 GB, que sí se encuentra disponible en Tiendamia con precio final cerrado, impuestos incluidos y entrega a la Argentina en un plazo estimado de entre cinco y ocho días hábiles. Lejos de distorsionar la comparación, este ajuste refuerza la conclusión, ya que se trata de una configuración más cara.

El Galaxy S25 Ultra de 512 GB se consigue en Tiendamia a $1.891.779. En el mercado argentino, ese mismo modelo se ofrece en torno a los $2.300.000, que aun aplicando el escenario más optimista de baja del 8% quedaría cerca de $2.116.000.

La diferencia vuelve a inclinar la balanza a favor de la compra en el exterior, incluso en equipos de mayor almacenamiento.

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Precios en Amazon

Para reforzar el análisis, se avanzó hasta el checkout en Amazon, tomando el precio final cerrado, con cargos de importación ya calculados. Para la conversión a pesos se utilizó el promedio del dólar oficial vendedor entre bancos, que se ubica en torno a $1.477, por tratarse del tipo de cambio que efectivamente enfrentan las personas físicas al pagar consumos en dólares con tarjeta.

Bajo este criterio, el Samsung Galaxy S25 de 128 GB tiene un precio final de u$s856,92, equivalentes a aproximadamente $1.265.000, mientras que el Galaxy S25 Ultra de 256 GB asciende a u$s1.341,09, es decir unos $1.981.000.

En ambos casos, los valores quedan por debajo de los precios argentinos, incluso después de aplicar la rebaja del 8%.

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¿Y comprando desde Chile?

Un capítulo aparte merece Chile, históricamente el punto de referencia para los argentinos que viajan a comprar tecnología.

Tomando como referencia publicaciones vigentes en MercadoLibre Chile y retailers oficiales, el Samsung Galaxy S25 Ultra de 512 GB se ofrece a CLP 1.179.990, mientras que la versión 256 GB se consigue en torno a los CLP 1.129.417. Al convertir esos valores a dólares, el precio se ubica aproximadamente entre u$s1.200 y u$s1.250, lo que llevado a pesos argentinos utilizando un dólar de referencia cercano a $1.477 arroja un costo final de entre $1.700.000 y $1.850.000, menos de $400.000 respecto del precio vigente en la Argentina para equipos similares.

La brecha también se replica en la línea iPhone: en el mercado chileno, el iPhone 17 de 256 GB se consigue alrededor de los CLP 959.990, mientras que el iPhone 17 Pro de 256 GB ronda los CLP 1.349.990 y la versión Pro Max de 512 GB asciende a CLP 1.649.990. Convertidos a pesos argentinos, esos valores oscilan entre $1.400.000 y $2.400.000, según el modelo, por debajo de los precios que hoy se observan en el canal formal argentino aun aplicando la rebaja teórica del 8%.

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Sin embargo, en el caso de Chile, ya no son diferencias que por sí solas justifiquen pagarse un pasaje y estadía de un fin de semana aprovechando la brecha de precios en los teléfonos de alta gama. 

Precios en Estados Unidos

Como referencia final, se tomaron los precios oficiales en Estados Unidos.

  • El iPhone 17 Pro parte de u$s1.099 -$1.623.223 al tipo de cambio promedio entre bancos de $1.477.
  • El iPhone 17 Air de u$s999 -$1.475.523-.
  • El iPhone 17 de u$s799 -$1.180.123-.
  • El Galaxy S25 Ultra de 256 GB se ofrece a u$s1.049,99 -$1.550.850-.

Convertidos al tipo de cambio utilizado, estos valores muestran con claridad que la Argentina sigue lejos del precio de origen, aun sin arancel.

Para qué perfil puede convenir comprar en Argentina

Pese a la desventaja de precios que surge de la comparación internacional, especialmente frente a Estados Unidos, existen perfiles de consumidores para los cuales la compra local puede resultar razonable si el análisis no se limita exclusivamente al precio final de contado. En la Argentina, la decisión de compra de tecnología suele estar atravesada por restricciones financieras, necesidad de previsibilidad y valoración del respaldo comercial.

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Uno de los casos más claros es el del usuario que prioriza financiación. La posibilidad de acceder a 12 cuotas sin interés sigue siendo un diferencial relevante en un contexto de alto costo del crédito y, para quienes no cuentan con dólares disponibles o prefieren no inmovilizar liquidez, esta condición puede pesar más que una diferencia de precio nominal.

También resulta relevante el perfil del consumidor que valora la garantía oficial y el servicio posventa, con respaldo local, cobertura ante fallas y resolución inmediata sin trámites internacionales. En equipos de alto valor, este factor reduce el riesgo y aporta tranquilidad.

Un tercer perfil es el de quienes necesitan disponibilidad inmediata, frente a envíos internacionales que pueden demorar semanas. Finalmente, quienes aprovechan promociones agresivas, planes canje o beneficios bancarios pueden reducir sensiblemente la brecha en modelos puntuales.

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Entonces, ¿conviene comprar en la Argentina?

Con todos los números sobre la mesa, la respuesta es que, desde el punto de vista del precio puro, en general, no. La eliminación del arancel fue un paso necesario y relevante, pero no alcanza para revertir completamente la desventaja estructural de precios, sobre todo frente a Estados Unidos.

Sin embargo, el mercado local compite con financiación, promociones, garantía y entrega inmediata, y eso explica que siga teniendo demanda. Pero incluso bajo el escenario más optimista posible, comprar en el exterior seguría siendo más conveniente en la mayoría de los modelos, especialmente en la gama alta.

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ECONOMIA

Argentina puede surfear la tensión global pero hay que ser selectivo: cómo invertir

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Cuando todo hacia presumir que le mercado tomaría rumbo a nuevos máximos, hemos vuelto a los precios del año 2025, y el volumen de negocios comienza a mermar con inversores que se sienten desilusionados por este retroceso.

Los bancos no solo retrocedieron de precio, sino que están con balances en rojo; el mix de tasas muy altas en pesos activó una suba de la mora en las carteras, y mayor financiamiento en dólares, en donde la brecha de tasas es muy baja, y no alcanzó a que las entidades puedan mostrar resultados positivos.

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La tenencia de bonos no reportó ganancias importantes en los últimos meses. En este contexto las acciones cayeron un promedio del 30%, desde el máximo alcanzado post elecciones legislativas del año 2025.

Qué pasa con las acciones y bonos en medio del clima de tensión global

En materia energética, las acciones de este rubro lograron una muy buena performance, si bien no perdieron dinero, el avance de las utilidades no fue de acuerdo con lo esperado. En lo que se refiere a resultados, las acciones se mantuvieron muy cerca del máximo de noviembre de 2025, con Vista siendo la acción insignia del sector, no solo porque gano más dinero, sino porque adquirió más activos, emitió acciones y mejoro notablemente la productividad y eficiencia.

Los bonos soberanos en dólares vuelven a rendir más del 9,0% en todas sus versiones, mientras que la tasa de retorno de los bonos del tesoro de Estados Unidos a 10 años rinde el 4,2% anual, el riesgo país volvió a aumentar, y a estas tasas es atractivo invertir con estos rendimientos.

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Argentina tiene vencimientos de deuda de capital e intereses por una suma de u$s31.000 millones hasta diciembre del año 2027, cuenta con dos swap para activar por una cifra mayor a esos vencimientos (el swap de China y Estados Unidos), a eso hay que sumarle el resultado fiscal, la capacidad de tomar deuda en el mercado interno, la venta de activos que haga el Estado y su posterior aplicación para pagar deuda, y las compras de dólares que haga el BCRA, mientras el mercado demanda los pesos que emitió por dichas compras.

El Gobierno no emitirá deuda en el exterior, al menos, mientras las tasas que tenga que pagar sean más altas que la suma del crecimiento del país y la tasa de interés internacional, para que el gobierno tome deuda, deberían ofrecerle dinero a una tasa inferior al 8,0% anual, algo que no esta disponible a corto plazo.

En los últimos días se habló de que Argentina exploraría la posibilidad de buscar financiamiento directo de otros países, citándose el caso de Estados Unidos, Israel, e Italia entre otros.

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El mercado ha comenzado a recalcular las proyecciones financieras para el año 2026, el conflicto bélico entre Iran, Israel y Estados Unidos, está cambiando el mapa de los negocios.

La Reserva Federal difícilmente baje la tasa de interés de corto plazo, con lo cual se pondrá más pesado el financiamiento a los mercados emergentes. Además, la tasa de inflación a nivel mundial suba por el shock de precios del petróleo y el gas. Por otro lado, una suba de estos productos impulsará también a los sustitutos como los bio combustibles, en el caso argentino se vería favorecida por la suba de la soja, el maíz y azúcar. Aunque deberíamos destacar que los costos de siembra de estos productos también van a aumentar por los derivados de petróleo que se utilizan.

En el plano financiero, el Relevamiento de Expectativa de Mercados (REM) mostró para los próximos 12 meses una suba probable de la tasa de inflación, y un dólar más calmo. La tasa de inflación a 12 meses vista se espera en el 22,3%, mientras que la tasa de devaluación se ubicará en el 24,1%, el valor del dólar estaría en torno de los $ 1.750 y tendríamos una deflación en dólares del 1,5%.

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El dólar sigue sin ser negocio: en qué invertir en este contexto

El dólar seguiría sin ser objeto de deseo, ya que podría subir el 24% anual, cuando una letra en pesos a un plazo similar rinde el 32% anual, o si fuera una letra que ajuste por inflación, rinde inflación más 6,0% adicional. 

Las exportaciones seguirán siendo más elevadas que las importaciones, y el país crecería en torno del 3,0% para los próximos 2 años, con lo cual la mejora en la actividad sería importante, ya que vamos a concatenar subas de PBI por 3 años consecutivos, 2025, 2026 y 2027. No lo digo yo, lo dice el Relevamiento de Expectativas de Mercado que informa el Banco Central República Argentina en el que participan más de 50 consultoras del país. 

Los bonos soberanos en dólares con rendimiento superior al 9,0% anual son una buena opción de inversión a largo plazo, no creemos que la guerra en medio oriente se extienda en el tiempo, y en algún momento de los próximos 12 meses, deberá ceder la inflación y la tasa de interés internacional. 

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En acciones hay mucha selectividad, y tensión entre accionistas versus los grupos de control. Los segundos desean invertir grandes sumas de dinero ante el inicio de la carrera tecnológica que te impone la Inteligencia Artificial, sin embargo, los accionistas prefieren más dividendos.

Esto derivó en una baja de los índices de acciones en todo el mundo, en la medida que termine la guerra, se van a alinear los incentivos y creemos que las acciones volverán a tener un gran recorrido alcista, pero a corto plazo, esta tensión y el contexto mundial juegan en contra de los inversores. 

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ECONOMIA

Qué pasará con los contratos de trabajo antiguos tras la entrada en vigencia de la reforma laboral

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La vigencia de las nuevas normativas alcanzaría a los contratos en curso en lo referido a las condiciones de desvinculación y cese laboral.

Tras la promulgación de la reforma laboral, muchos trabajadores buscan saber de qué manera impactarán las nuevas reglas en quienes ya están empleados bajo la normativa anterior. Entre los aspectos que concentran mayor atención se encuentra la aplicación de cambios en la contratación, los despidos y el registro de personal en las relaciones laborales vigentes, debido a que estos puntos impactan tanto en la estructura de gastos de las compañías como en los derechos consolidados de los empleados efectivos.

La ley de Modernización Laboral extiende las nuevas pautas a los contratos preexistentes, especialmente en lo referente a la finalización de la relación laboral. Aunque la regla general es que las leyes no son retroactivas y no alteran situaciones previas, en el ámbito laboral existen particularidades cuando los contratos siguen vigentes y quedan efectos pendientes de ejecución.

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El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, lo sentenció en términos contundentes: “La reforma laboral es para todos los empleos, no para los nuevos”. De este modo, ratificó que los cambios contemplados alcanzarán tanto a los contratos previos como a los que se celebren después de la promulgación de la ley.

Uno de los focos de discusión es la transformación del régimen indemnizatorio. La ley abre la posibilidad de reemplazar el sistema tradicional de indemnizaciones por fondos de cese laboral o modelos de capitalización, similares a los del sector de la construcción. De este modo, para las relaciones laborales previas, la fecha de entrada en vigor de la reforma es determinante: si la desvinculación ocurre después de la promulgación, el cálculo se realizará bajo las nuevas reglas.

El ministro de Desregulación, Federico
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aseguró que la reforma laboral aplicará para todos los contratos.

Abogados laboralistas y previsionalistas consideran que la chance de impugnar la aplicación inmediata de estos cambios es escasa. El fundamento es que, aunque la relación laboral haya nacido al amparo de otra ley, el hecho generador —el despido— acontece bajo la nueva normativa. Por lo tanto, los nuevos criterios para calcular indemnizaciones, la eliminación de recargos por empleo no registrado y los topes fijados por la reforma serán aplicables a quienes ya estaban contratados, lo que podría reducir los montos a pagar por finalización de la relación.

El texto también amplía el período de prueba, que pasará de tres meses a seis u ocho meses, según el tamaño de cada empresa. En este punto, la distinción entre contratos anteriores y posteriores es nítida: quienes ya hayan superado el período de prueba mantienen su estabilidad laboral, derecho adquirido que no puede ser revertido por la reforma sin entrar en conflicto con la Constitución.

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La normativa incorpora la figura del “banco de horas”, que permite que las horas extra se compensen con días libres en vez de pagos adicionales. Para quienes ya están empleados, la adopción de este sistema dependerá de acuerdos entre empleador y trabajador, y no será automática.

El cambio en la base
El cambio en la base de cálculo para los despidos posteriores a la ley fue uno de los puntos que genera mayor controversia (Freepik)

En cuanto a la responsabilidad solidaria en esquemas de subcontratación, la normativa limita la posibilidad de reclamar a la empresa principal solo en casos de fraude o negligencia grave. Así, la protección de quienes trabajan para empresas tercerizadas se verá restringida una vez que la ley entre en vigor, sin importar la antigüedad del vínculo.

La reforma laboral también modifica la situación de quienes trabajan en plataformas digitales de reparto y transporte, excluyéndolos de la Ley de Contrato de Trabajo y reconociéndolos como independientes con un régimen especial. Esto dificultará futuros reclamos por reconocimiento de relación de dependencia.

En el plano de la informalidad, la ley busca promover el registro de trabajadores no declarados, ofreciendo a los empleadores la condonación de deudas y sanciones. No obstante, la regularización se realizará bajo un esquema que facilita la desvinculación, en comparación con el régimen anterior.

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En definitiva, la reforma laboral no se restringe a las nuevas contrataciones, sino que establece nuevas reglas para la resolución de conflictos, despidos y organización de los vínculos laborales, abarcando también relaciones laborales iniciadas en el pasado y bajo un esquema más flexible para las empresas.



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ECONOMIA

Lado B de la disparada del petróleo: el campo sufrirá una fuerte suba de precios de insumos

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Una vez más, se produce la paradoja argentina de que, con los precios de las materias primas subiendo a la velocidad, en el campo se teme a una pérdida de rentabilidad. Había ocurrido durante la invasión rusa a Ucrania, y vuelve a repetirse ahora con la guerra en Medio Oriente.

Claro que hay una gran diferencia entre ambas situaciones: antes Argentina era un importador neto de energía, al punto que las compras de petróleo y de gas licuado una inédita cifra de u$s12.868 millones. Es un número similar al que ahora se espera que deje la balanza energética, pero como superávit y no como déficit.

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Sin embargo, una primera reacción de euforia entre los economistas afines al gobierno rápidamente se empezó a disipar: la suba del precio del petróleo no necesariamente garantizará una lluvia de dólares para la economía argentina. Primero, porque no está claro que este pico de precios sea sostenible en el tiempo, al punto de favorecer el precio del crudo que se produce en Vaca Muerta.

Pero, además, porque Argentina sigue teniendo muchos costos productivos que están ligados a la cotización del petróleo y del gas. El más obvio es el de la logística internacional, dado que no sólo encarece el combustible sino que se alteran las rutas marítimas tradicionales.

«Los gigantes del transporte marítimo (Maersk, MSC, Hapag-Lloyd) han desviado sus flotas hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza, rodeando África. Esto dispara las tarifas de flete a máximos de seis años y anticipa una nueva presión inflacionaria global por los retrasos en la cadena de suministros», plantea un reporte de Damián Vlassich, líder de estrategia de inversión en IOL.

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Pero, además, hay un dato que es crucial para Argentina y suele quedar opacado por el precio del petróleo: es el gas natural licuado, del cual el país sigue siendo importador. Desde el estallido del conflicto en Irán, el gas ha subido al triple de velocidad que el petróleo, dado que se teme por el abastecimiento de Europa, sobre todo después del cierre de la producción en Quatar, que representa un 20% de la oferta mundial.

El gas sube, el agro tiembla

Los expertos están previendo para este invierno la llegada de unos 15 cargamentos de GNL, menos de la mitad de la cifra de hace dos años, pero aun así un costo importante.

Y el precio del gas, que se disparó hasta los u$s17 por millón de BTU para el mercado europeo, enciende alarmas por un tema que afecta directamente al campo argentino: los insumos y fertilizantes que se utilizan en la siembra, particularmente la urea y el fosfato diamónico, son derivados del gas natural.

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El antecedente de la guerra de Ucrania alcanza como para que se genere preocupación: en aquel momento, la relación de precios entre la tonelada de urea y la tonelada de soja llegó a un nivel de tres a uno, lo que implicaba para los productores una duplicación del costo de la urea en términos de cosecha.

Ante una situación así, los productores con menores márgenes de rentabilidad pueden verse forzados a disminuir la fertilización de los cultivos, con lo cual se podría reducir el rendimiento de los campos para la campaña próxima, si la situación de Medio Oriente se extiende durante varios meses.

Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta y Agroeducación, alerta que ya hubo una reacción inicial en los mercados internacionales. Aunque todavía no hay certeza de cuáles serán los precios para los productores argentinos, ya se registró un aumento de los productos en el embarque de exportación. El fosfato diamónico en Nueva Orleans ya subió un 6%, mientras que la urea desembarcada en los puertos brasileños viene con sobreprecio de 20% respecto de su nivel previo al bombardeo en Irán.

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El campo revisa las cuentas

Lo cierto es que en este momento los productores están reconsiderando su estrategia comercial, y revisando al alza el cálculo de costos. Hasta la semana pasada, contaban con que la urea les costaría 1,7 toneladas de soja, mientras el fosfato de amonio demandaría 2,7 toneladas. Y súbitamente esos números quedaron viejos.

Es cierto que en las últimas semanas también subieron las cotizaciones de las materias primas agrícolas en el mercado global. Así, la soja cotiza en Chicago a u$s433, un precio inesperadamente bueno si se lo compara con el nivel de u$s370 que promedió el año pasado.

El precio es llamativo, además, si se considera que para esta campaña se vienen registrando volúmenes récord de producción: Brasil llegará a 180 millones de toneladas mientras que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura (USDA)– cosechará 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.

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A primera vista, estos precios parecerían poco justificados, pero hubo situaciones geopolíticas que se impusieron a los fundamentales del mercado. Primero, que la especulación sobre el acuerdo entre China y Estados Unidos, sumada a la decisión de la Corte Suprema -que rechazó las subas arancelarias de Donald Trump– llevaron a los fondos de inversión a la compra masiva de futuros de soja, con lo cual se presionó la cotización al alza.

Y ahora, sobre un mercado que ya tenía precios altos, se agrega la tensión del conflicto en Medio Oriente, que pone una cuota extra de presión.

Mientras tanto, en Argentina, los funcionarios se entusiasman con los excelentes números de la cosecha: la Bolsa de Comercio de Rosario prevé 48 millones de toneladas de soja-levemente por debajo de los 49,4 millones obtenidos el año pasado-, que sumadas a las excelentes campañas de maíz y trigo, totalizarían un volumen récord de 140 millones de toneladas.

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Es así que se especula con una liquidación de granos en el orden de u$s40.000 millones, una cifra que no se veía desde 2022, cuando el conflicto ruso-ucraniano llevó la cotización de la soja por encima de u$s630.

El dilema de los productores

Sin embargo, el humor en el campo argentino está lejos de la euforia. A pesar de que el nivel de retenciones volvió a recortarse -está en 24% para la soja, una notable mejora respecto del 33% con el que empezó la gestión Milei- todavía las cuentas siguen sin cerrar.

Ocurre que, en el mercado local, no se están reflejando los mismos precios que se ven en las pantallas de Chicago. Más bien al contrario, se sigue verificando una tendencia a la baja de los precios, lo cual opera como un desincentivo para que los productores cierren acuerdos de exportación.

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El precio en Rosario está en $460.000, lo que equivale a u$s326, mientras que en la semana previa a la crisis de Irán la cotización era de u$s330. Lo cierto es que abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la «inviabilidad» del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.

Pero, sobre todo, el nuevo temor es que, aun cuando el precio de los granos tuviera una reacción alcista como consecuencia del escenario global conflictivo, la expectativa es que ninguna suba del precio podrá compensar al aumento en el costo de los insumos y fertilizantes. En otras palabras, petróleo y gas caro matan a suba de la soja.

Bajo estas circunstancias, el entusiasmo inicial por la gran campaña agrícola se transformó en una sensación de crisis. Y los productores se enfrentan a una disyuntiva: la primera opción, aconsejada por los consultores, es fijar precios ahora -aun sabiendo que no son atractivos- porque en el futuro se puede agravar la relación insumo/producto. La segunda es más tradicional: esperar con el producto en los silobolsas, con la expectativa de que suba el dólar o que Toto Caputo otorgue un nuevo incentivo impositivo.

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