CHIMENTOS
El gesto espontáneo de Moria Casán ante un percance al aire: “¿Se me ve la panza?»

El inicio de La mañana con Moria en El Trece sorprendió a los espectadores cuando Moria Casán tuvo un descuido con su vestimenta durante el saludo en vivo. La camisa de la conductora se levantó imprevistamente y dejó ver parte de su abdomen, causando asombro tanto en el estudio como en la audiencia.
Ana María Casanova —nombre real de la artista— notó la señal de su equipo técnico tras el incidente y preguntó al aire: “¿Todo bien? ¿Qué pasó?”. Al entender la inquietud de los productores, añadió con humor: “¿Se me ve la panza? Ay, dios mío, me hacen una seña y digo ‘¿qué pasó?’», continuó incrédula.
Lejos de incomodarse, Casán decidió levantar por completo la prenda y mostrar la panza, reafirmando su postura sin reservas. “Se me levantó un poquitito y se me vio la piel, la voy a mostrar, la puedo mostrar”, exclamó frente a las cámaras. La escena generó risas y comentarios entre quienes acompañaban la transmisión, manteniendo el tono distendido habitual del programa.
Más adelante, la conductora se refirió al trabajo minucioso del equipo técnico que supervisa el show en televisión en vivo: “¡Me asustó! No saben lo que es este control, me hacen auditoría todo el tiempo”, expresó ante el público.

Este episodio no es el primero en que Moria Casán enfrenta críticas públicas sobre su imagen corporal. En diversas plataformas, la conductora ha reivindicado la libertad para mostrarse tal como es y ha defendido el derecho a decidir sobre su propio cuerpo en cualquier etapa de la vida. Con cada aparición, Moria reafirma su posición como referente para quienes reivindican la libertad y el orgullo de mostrarse auténticos en todas las etapas de la vida.
El inminente cumpleaños 80 de Moria Casán se transformó en el eje emocional y mediático de su última aparición en el ciclo Ángel Responde (Bondi Live), donde la diva argentina compartió con una franqueza poco habitual su perspectiva sobre el paso del tiempo, la salud y el peso de una carrera que ya superó las cinco décadas.
Abordada por Ángel de Brito sobre el significado de alcanzar esa cifra, la actriz y conductora dejó clara su postura: “Siempre estoy contenta porque cumplo 80, pero no sé por qué me agarró este ataque de emoción. Es tanta vida… Es maravilloso, quiero seguir hasta los 200. Agradezco totalmente. No puedo creer mi resistencia, mi salud. Más que nada, valoro estar sana”, expresó Moria Casán en el ciclo.

El conductor remarcó la fortaleza del contexto en el que Moria llega a los 80: “Con salud, familia, amor y éxito”. La invitada no dudó y reafirmó: “Obvio. Estoy acompañada, con mi familia, con nietos, pero lo que más me importa es estar sana. No puedo creerlo, y además, yo misma me admiro”.
El intercambio fue creciendo en intensidad hasta que de Brito destacó el carácter inédito del momento: “Nunca te vi tan emocionada en todos los años que trabajamos juntos. Los 80 te pegan de alguna manera”, indicó el conductor, a lo que Casán respondió entre risas y lágrimas: “Es cierto. Ahora me dio el bajón, porque estamos en esta charla, todos me miran como en una conferencia. Dios mío, es mucho”, admitió.

La entrevista también abordó el impacto de Moria Casán en generaciones jóvenes. La actriz sostuvo: “Lo más fuerte mío es la juventud, la adolescencia; es impresionante. Chicos de 15 y 16 años me dicen: ‘Te amamos, te amamos’. Creo que es porque soy genuina, porque la gente ve que no careteo y que los hago reír. Hace más de 50 años que los entretengo”, explicó durante el encuentro.
Un eje crucial de la conversación giró sobre la relación de Moria Casán con el trabajo y la disciplina personal, donde destacó: “No puedo creer que nunca falté al teatro, en más de 50 años, ni en una gira. Solo una vez me reemplazaron, por una gastroenteritis. Pero después, nunca más. Esas cosas me emocionan. Lo que me emociona de mí es mi resistencia. Yo misma me admiro”, relató la artista, cuyo sentido del humor convivió con una sinceridad poco habitual.

Sobre las celebraciones previstas para el 16 de agosto, fecha en la que coincidirá el estreno de una serie biográfica en la que participan Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth, la actriz adelantó: “Creo que vamos a hacer un fiestón porque se estrena la serie sobre mi vida. Me parece que la serie me va a ser un fiestón también”. Cerró el tema con otra afirmación contundente: “Llego a los 80 absolutamente tranquila, cero resentimiento, cero veneno”.
CHIMENTOS
Fue una de las actrices más populares, pero el medio la olvidó y nadie fue a su entierro: el desolador final de Beatriz Bonnet

La escena, por demás impactante, anticipó lo que comenzaría a pasar apenas un mes después, y no solo en la Argentina sino en todo el mundo: un entierro en soledad, sin familiares ni amigos que se acercaran a dar su último adiós, a colocar una flor, a compartir su pesar, a transmitir su respeto.
Pero la diferencia es más profunda, casi esencial: aquel 21 de febrero de 2020, ninguna figura del espectáculo quiso ir a despedir a Beatriz Bonnet. En cambio, lo que sucedería desde fines de marzo de ese mismo año obedecería a las medidas preventivas por el COVID, que impidieron miles y miles de despedidas sentidas y respetuosas.
Ese mediodía caluroso, en el Cementerio de la Chacarita no hubo coronas de flores para esta brillante actriz que había nacido el 11 de diciembre de 1930 en Gualeguay, Entre Ríos. Y dos días antes, el 19 de febrero —cuando murió en el Hospital Fernández, a los 89 años—, tampoco hubo posteos en las redes de sus colegas, recordándola con cariño.
Beatriz era —sencillamente— adorable. Pero entonces, ¿por qué solo la acompañaron en el entierro el personal de la cochería, el cura que ofició la misa de responso y un móvil de Intrusos? Ninguna actriz, ningún actor… Porque el medio, a veces cruel e injusto, cometió con Bonnet el peor de los pecados del mundo artístico: la olvidó. Así, sin más.
Al ver las imágenes por televisión, Carmen Barbieri se conmovió a la distancia: estaba en Mar del Plata, en plena temporada teatral, y no podía entender que nadie hubiera acompañado a esta artista, tan talentosa como completa. Porque además de actriz, Bonnet era cantante lírica. Fue Mariano Mores, en 1956, uno de los primeros en descubrir su potencial.
Hizo su carrera prescindiendo de su nombre pila —Nelly—, para utilizar el segundo. Sospechaba que las iniciales de Beatriz Bonnet, ese «BB», sonarían bien. Desatinos del destino: el coche fúnebre que trasladó sus restos hasta el Panteón de Actores tenía grabado Beatris, así, con s final, al lado del féretro. Mucho más que una discordancia, que no pudo ser corregida porque nadie la notó. Y es que no hubo nadie para verla.
Bonnet supo lucirse sobre las tablas teatrales, pero alcanzó su esplendor como actriz de comedia. Su papel más destacado fue en Mesa de Noticias, el exitoso programa humorístico de los 80 creado por Juan Carlos Mesa, donde participaron Gianni Lunadei, Cris Morena, Santiago Bal y Adrian Salgueiro, entre otros. Allí, fue la inolvidable Beatriz Sanguedolce. Pero también hizo novelas —como El infiel, con Luisa Kuliok y Arnaldo André— y cine, con cerca de 20 películas.
Beatriz no tuvo una vida sencilla. Hija de una mujer soltera, se negó a modificar el apellido materno y eligió portarlo con orgullo, imponiéndose a los prejuicios de la época. Se casó muy joven, a los 15 años. A los pocos meses se divorció: «Él me exigía como mujer, y yo era una nena. Así que me mandó para mi casa”, solía bromear. Ya nunca volvería a dar el sí. Tampoco tendría hijos.
Cuando las propuestas laborales comenzaron a escasear, Bonnet se recluyó en su departamento de Buenos Aires. El teléfono sonaba muy de vez en cuando. Sola, algo desamparada, perdió ese inmueble por una estafa y debió trasladarse a un geriátrico, donde su salud desmejoró notablemente. Apenas si recibía alguna visita esporádica: ni los pocos familiares que tenía en Entre Ríos, ni sus excompañeros del espectáculo se hacían un tiempo para verla.
Sin que nadie pareciera enterarse, Beatriz Bonnet se fue apagando. La mujer que supo llenar salas en el teatro, agotar entradas en el cine y romper el rating televisivo, murió en soledad. Sin despedidas, sin coronas, sin aplausos.
«¡Qué bochorno!», hubiera dicho su Beatriz Sanguedolce.
«Qué pena…», decimos nosotros.
CHIMENTOS
El insólito percance que sufrió Cecilia Zuberbühler en un torneo de golf: “¡Qué horror!»

Lo que debía ser una jornada deportiva más terminó convirtiéndose en una anécdota tan inesperada como viral. Cecilia Zuberbühler, periodista, conductora y apasionada del golf, vivió un momento incómodo durante un campeonato cuando, por un descuido, su carrito con pertenencias cayó al agua. Lejos de ocultarlo, decidió compartirlo con sus seguidores a través de un video en Instagram donde relató, entre risas nerviosas y resignación, lo sucedido.
“Qué horror, nunca pensé que iba a hacer este video”, comenzó diciendo, aún sorprendida por lo ocurrido. Con el tono espontáneo que la caracteriza, explicó que todo sucedió en cuestión de segundos: “Distraída, mi carrito se cayó al agua”. La escena tuvo lugar en pleno torneo, en un campo de golf donde uno de los hoyos está rodeado por una laguna que terminó siendo protagonista del accidente.
En las imágenes que publicó se la ve vestida con un conjunto rojo intenso y lentes de sol blancos, parada junto al espejo de agua. Detrás, el carrito visiblemente mojado y apoyado cerca de la orilla. Sobre el césped, algunas de sus pertenencias extendidas para intentar secarlas. La publicación estaba acompañada por un contundente mensaje superpuesto en el video: “¡Todo al agua!”.
Con evidente frustración, pero también con humor, detalló las consecuencias del traspié: “Está empapada la cédula, la billetera gotea. Un espanto. Miren”. En otro tramo del clip, mostró documentos y objetos personales completamente húmedos. “Todo, todo, todo empapado. En pleno campeonato. Perdí. Perdí todas mis pertenencias golfísticas”, agregó, exagerando el dramatismo de la situación, aunque sin perder la sonrisa.
La periodista también destacó que, dentro del mal momento, hubo algo que funcionó como alivio: “El celular anda, menos mal”. Esa frase resumió la preocupación inicial que sintió al ver caer el carrito al agua. En tiempos donde el teléfono concentra no solo la comunicación sino también datos personales, fotos, contactos y trabajo, que siguiera funcionando fue casi un pequeño milagro.
Zuberbühler no dudó en agradecer públicamente a quienes la asistieron en el momento del percance. “Gracias, Guille, que me ayudaste”, dijo en el video, y luego sumó en la descripción del post: “Gracias Guille, Jaime, Gabriel de La Barra Golf Club”. Según relató, fueron ellos quienes la ayudaron a rescatar el carrito y las pertenencias del agua. “No se lo deseo a ningún golfista: bolsa y carrito al agua, meterme a sacarlo. Todo empapado”, escribió, acompañando el texto con emojis que reflejaban su mezcla de incredulidad y resignación.

Cecilia Zuberbühler es reconocida no solo por su trayectoria en los medios, sino también por su perfil auténtico y familiar. Madre y abuela, combina su rol profesional con su pasión por el deporte, especialmente el golf, disciplina que practica con entusiasmo y constancia. Su energía y espontaneidad suelen reflejarse en sus redes sociales, donde comparte momentos cotidianos sin filtros exagerados ni poses artificiales.
Este episodio, aunque incómodo, volvió a mostrar esa faceta genuina. En lugar de esconder el error o minimizarlo, lo narró tal cual ocurrió. En el mundo del golf, donde la concentración y la precisión son claves, un descuido puede costar caro. En este caso, no fue un golpe errado sino un momento de distracción el que terminó con documentos, billetera y elementos deportivos empapados. Afortunadamente, el incidente no pasó a mayores y pudo continuar con la jornada, aunque con una anécdota que difícilmente olvidará.
“¡Qué horror!”, exclamó al comienzo del video. Pero lo que empezó como un pequeño drama terminó siendo una historia que mezcló susto, compañerismo y humor. Y, sobre todo, dejó en claro que incluso en los entornos más tranquilos y elegantes, como un torneo de golf, siempre puede aparecer un imprevisto listo para alterar el juego.
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Espionaje, una Ferrari y sospechas: la confesión más picante de Wanda Nara sobre su relación con Maxi López

La noche de MasterChef Celebrity Argentina tuvo todos los condimentos: humor, tensión y una revelación que nadie vio venir. En una emisión que giró en torno a una divertida dinámica de “detectives”, con el regreso especial de Momi —ya eliminada— para cumplir ese rol, el programa terminó destapando una bomba del pasado sentimental de Wanda Nara y Maxi López.
Todo comenzó cuando, en tono irónico, Wanda lanzó una pregunta filosa: “Maxi, ¿alguna vez contrataste algún detective?”. La reacción del exfutbolista fue inmediata y con dedo acusador incluido: “¡No, vos contrataste detectives! Lo que pasa es que se dormían…”.
Lejos de esquivar el comentario, Wanda sorprendió al confirmar la versión. Entre risas, admitió: “Yo contraté detectives en Sicilia (Italia)”. La frase desató carcajadas en el estudio y abrió la puerta a una anécdota tan insólita como reveladora.
“¿Justo en Sicilia, aparte?”, intervino asombrado Damián Betular. Sin perder el humor, Wanda respondió: “Y bueno… era donde estaba el culpable”. La tensión se mezcló con el tono descontracturado del programa, pero la confesión no pasó desapercibida.
Como si fuera poco, la empresaria sumó un detalle que convirtió la historia en casi cinematográfica: el detective que había contratado manejaba un Fiat 500, mientras “el implicado” —por Maxi López— se movía en una Ferrari. “Entonces era como que nunca se encontraban… era medio como Andy”, bromeó, en referencia a Andy Chango. “Mi detective era medio lento”, cerró entre risas.
Si bien el intercambio se dio en clave humorística y dentro de una consigna lúdica del programa, la revelación volvió a poner el foco en la relación que Wanda y Maxi mantuvieron durante años, antes de su separación definitiva. La mención a detectives privados y seguimientos en Italia reavivó viejas versiones que circularon en el pasado, pero que nunca habían sido confirmadas de manera tan directa por la propia protagonista.
La dinámica del programa —con tintes de investigación y sospechas ficticias— terminó mezclándose con una confesión real que dejó a todos descolocados. En una temporada donde MasterChef ya venía dando que hablar por sus cruces, este episodio sumó un nuevo capítulo explosivo. Entre risas y chicanas, Wanda volvió a demostrar que cuando habla, genera impacto. Y esta vez, la palabra “detective” dejó de ser solo parte del juego.
Wanda Nara, Maxi López
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