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La maldición de los Kennedy: asesinatos, accidentes y una familia que nunca pudo escapar de la muerte

¿Cuánto dolor puede soportar una persona? Esa mujer, atravesada por el duelo pero sostenida por la dignidad, no asiste por primera vez al entierro de un familiar cercano bajo el asedio de la prensa. No se va a desmoronar en público, no les va a dar ese gusto. Ya estuvo en el de un hermano que vivió apenas dos días después de nacer; en el de su padre, asesinado de un disparo en la cabeza; en el de su madre, consumida por un cáncer fulminante en cinco meses; en el de otro hermano, muerto en un accidente aéreo; y en el de varios tíos y primos. Una veterana del dolor que, aun así, nunca logra acostumbrarse.
Pero esta vez es diferente. Es mucho peor. A la que despide es a su hija Tatiana de 35 años, una periodista que sabía que padecía una enfermedad mortal y escribió un texto conmovedor sobre su final. Caroline Bouvier Kennedy, la mujer en cuestión, ha atravesado múltiples tragedias en su vida; hija del presidente John Fitzgerald Kennedy y de Jackie Bouvier, hermana de John John.
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Como el resto de su familia, los Kennedy: poderosos, ambiciosos y desdichados; pletóricos, glamorosos y trágicos, con la muerte siempre pisándoles los talones, ensañándose una y otra vez con ellos. En ese linaje, ninguna muerte —por más insólita o improbable que parezca— resulta verdaderamente inesperada.
Asesinatos, aviones que caen al mar, choques de autos, sobredosis, esquiadores que se estrellan contra un árbol, enfermedades terminales a edades tempranas, accidentes de todo tipo: una enumeración de desgracias que se repite década tras década en la historia del clan Kennedy. Las pérdidas se suceden sin pausa, la tragedia nunca da respiro. Tanto, que con el paso del tiempo se instaló una idea persistente: la llamada maldición de los Kennedy.
Los golpes, uno por uno
En 1969, Ted Kennedy protagonizó un accidente automovilístico en el que murió una mujer. Él se salvó, pero junto con el auto en ese lago de Chappaquiddick se hundieron también sus ilusiones presidenciales. A esa altura, Ted había sufrido la muerte temprana de cuatro hermanos, dos de ellos muy célebres y asesinados a balazos como el presidente John Fitzgerald Kennedy y Robert Bobby Kennedy, candidato presidencial en ese momento.
Al enfrentar a la prensa, Ted puso en palabras lo que muchos ya pensaban y bautizó, sin saberlo, el sino trágico de su familia para las décadas siguientes: “Me pregunto si alguna horrible maldición merodea sobre los Kennedy”.
Como el primer eslabón de esta cadena trágica suele mencionarse a Rosemary Kennedy, la hermana mayor de John y Bobby. Por un problema en el parto, el oxígeno no llegó a su cerebro durante un tiempo y quedó con daño cerebral. Fue enviada a instituciones para chicos con discapacidades mentales. Al tiempo que fue creciendo su conducta se fue volviendo más violenta y el padre, Joseph Joe Kennedy, decidió que le hicieran un tratamiento que en esos años era experimental: la lobotomía.
El presidente John F. Kennedy, en el centro, rodeado por su familia. De pie, de izquierda a derecha: Ethel Kennedy (esposa de Robert Kennedy), Steven Smith y su esposa Jean Kennedy Smith, Robert Kennedy, Patricia Kennedy Lawford, Sargent Shriver, Joan Kennedy (esposa de Edward Kennedy) y Peter Lawford. En primer plano, de izquierda a derecha: Eunice Kennedy Shriver, Joseph P. Kennedy y su esposa Rose Kennedy, Jacqueline Kennedy y Edward Kennedy. (Foto de archivo / AP)
El procedimiento fue un fracaso y dejó a la joven con la capacidad intelectual de alguien de dos años. Pasó el resto de su vida en una institución mental y alejada de la familia, hasta podría decirse que escondida de la luz pública para no afectar las posibilidades políticas de sus miembros, tal como aspiraba el patriarca Joe Kennedy para sus hijos. Que en 1918 un parto domiciliario presentara complicaciones y que los tratamientos médicos no dieran resultado no puede considerarse algo excepcional ni inusual para la época. Sin embargo, siempre se contabiliza a Rosemary (vivió hasta el 2005) como el primer destino desafortunado de un miembro de la familia.
En 1944, tres años después de la lobotomía de Rosemary, murió Joe Jr., el hijo varón mayor, y en el que el padre tenía puestas todas sus esperanzas para que fuera el primer presidente católico de Estados Unidos. Siendo piloto durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba que llevaba en su avión explotó antes de tiempo produciendo su muerte y la de su copiloto.
En 1948 murió Kathleen, a la que llamaban Kirk. Era de las más díscola entre los nueve hijos de Joe y Rose. Se había casado con un noble inglés que nunca fue aceptado por su madre por ser anglicano. El matrimonio duró poco: el marqués de Hartington murió en combate durante la Segunda Guerra Mundial. Kirk se enamoró, poco después, de un hombre divorciado y viajó a París a pedir la aprobación de su padre para una nueva boda. Pero el pequeño avión en el que se trasladaba quedó en medio de una tormenta y cayó en picada. Murieron los cuatro tripulantes. John Fitzgerald Kennedy Jr. y Caroline Bessette. (Foto: AFP)
Joe Kennedy, el patriarca, apostó al siguiente hijo varón: John Fitzgerald. Héroe de guerra, buena imagen, poder de oratoria. Una esposa joven y muy bonita: Jackie Bouvier. Antes de iniciar el camino a la presidencia, la pareja de John y Jackie sufrió la muerte de Arabella, su primera hija, durante el parto. No sería el único hijo de la pareja que viviría muy poco. Después de los nacimientos de Caroline y de John John, en agosto de 1963 nació Patrick, primer bebé nacido mientras el padre ejercía la presidencia. Pero tras un parto prematuro y a raíz de un síndrome cardíaco-respiratorio congénito sólo vivió dos días.
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Apenas tres meses después llegó Dallas: Lee Harvey Oswald, Jackie Kennedy gateando sobre el baúl del auto en un intento desesperado por recoger los fragmentos del cráneo de su marido, el hospital Parkland. El magnicidio que conmocionó al siglo XX.
Pasados cinco años el hermano menor de John, Robert estaba en campaña, para la mayoría sería el próximo presidente, el que continuaría la obra de su hermano. Pero otra vez la violencia y los disparos: Sirhan Sirhan, un palestino, gatilló a poca distancia del pecho y terminó con la vida del entonces senador.
Horas después, Joe Kennedy grabó junto a su hijo menor, Ted, un mensaje televisado en el que llamó a la paz. El patriarca de la familia mostraba las secuelas de un ACV sufrido tiempo atrás y las marcas indelebles que había dejado la muerte de cuatro de sus hijos. Joe Kennedy murió un año después.
Semanas después Ted, entonces senador y para todos próximo candidato a la presidencia como sucesor natural de sus hermanos asesinados, luego de una fiesta en Chappaquidick cayó con su auto desde un puente a un curso de agua. Ted logró salir del vehículo, nadó hasta la orilla y se fue del lugar. En el fondo del río quedó una joven que lo acompañaba, Mary Jo Kopechne.
Ted fue condenado por abandonar la escena y no asistir a su amiga, presunta amante. Aunque siguió en política y fue senador durante muchos años, ya no tuvo posibilidades de ser presidente debido al escándalo (recién se presentó en las primarias demócratas de 1980 y perdió con Jimmy Carter). A sus 23 años, Rosemary Kennedy fue sometida a una lobotomía que la dejó incapacitada de por vida. Es considerada el primer eslabón de esta supuesta maldición. (Foto: AP)
Una dinastía mortal
Después llegaría el tiempo de los hijos de John, Bobby y Ted.
El hijo mayor de Ted sufrió la amputación de una pierna por la detección de un osteosarcoma cuando tenía 12 años. No perdió la vida. Es un reconocido abogado y continúa en política.
Dos de los hijos de Bobby también murieron jóvenes y de manera trágica. David fue encontrado muerto por una sobredosis —una combinación de cocaína, opioides y medicamentos recetados— en una habitación de un hotel en Florida. En 2019, una nieta de Bobby también moriría por sobredosis. Trece años después fue el turno de su hermano Michael, quien murió tras chocar de frente contra un árbol mientras esquiaba en Aspen.
En 1999, John John, el heredero, el joven que dirigía revistas y atraía la atención de todos en cada aparición pública, perdió el control de su avión en medio de una tormenta y junto a su esposa y su cuñada, terminó en el fondo del mar. El hijo del ex presidente y de Jackie tenía 39 años y un enorme futuro.
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La esposa del primogénito de Bobby se suicidó en circunstancias extrañas. Una hija de Ted sufrió muerte súbita saliendo del gimnasio.
A pesar de que él goza de muy buena salud, muchos consideran que lo de Robert Kennedy Jr constituye también una verdadera catástrofe. El político, hijo de Bobby, es el actual secretario de salud del gobierno de Trump. Es un activo militante antivacunas y habitual difusor de teorías conspirativas.

Tatiana Schlossberg falleció el 30 de diciembre de 2025 a causa de un raro tipo de leucemia. (Foto: AP)
La última tragedia
La última tragedia que golpeó a la familia fue la muerte de Tatiana Schlossberg. La periodista tenía 35 años y era hija de Caroline Kennedy, la primogénita de John Fitzgerald Kennedy y Jackie.
Madre de dos hijos pequeños, al dar a luz a la segunda, se enteró que padecía un cáncer muy agresivo. Contó su convalecencia en un conmovedor artículo que apareció a fines de noviembre en el New Yorker. “Lo primero que pensé fue que mis hijos, cuyas caras veo cada vez que cierro los ojos, no me recordarían”, escribió. Un mes después, el 30 de diciembre, Tatiana moría a causa de un raro tipo de leucemia.
La noticia reavivó los recuerdos de las tragedias pasadas de la familia. Pocos se detuvieron en Caroline Kennedy, la mujer de 68 años que es abogada y fue embajadora de Estados Unidos en Japón y en Australia.
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Esa mujer, tres días antes de cumplir los seis años, asistió al entierro de su padre asesinado a balazos. Es la nena que con un hermoso tapado y la cabeza baja, presencia como su hermano de tres años, hace la venia cuando pasa el féretro delante de ellos. Es la nena que tuve que aceptar unos meses antes que otro hermano había muerto dos días después de nacer.
Es la mujer joven que acompañó a su madre en los meses finales de su vida mientras el cáncer la consumía. Es la última sobreviviente de su familia que tuvo que encargarse de organizar la despedida de su hermano tras el accidente aéreo.
Es la mujer que vio y lloró la muerte de tíos y primos en las circunstancias más diversas. Y es, finalmente, la madre que sufrió y presenció cómo, en pocos meses, su hija de 35 años se apagaba y dejaba solos a sus hijos pequeños.
Es la madre que perdió a una hija. Por eso es particularmente conmovedor este párrafo que Tatiana Schlossberg escribió en su texto final publicado por el New Yorker: “Durante toda mi vida intenté ser buena, ser una buena estudiante, una buena hermana y una buena hija, y proteger a mi madre y nunca disgustarla ni hacerla enojar. Ahora sumé una nueva tragedia a su vida, a la vida de nuestra familia, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo”.
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The only map you need to see to understand how serious Trump is about Iran

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For weeks, the U.S. military has quietly amassed what President Donald Trump has described as an «armada» in Iran’s backyard. Mapped out across the Persian Gulf and beyond, the deployment tells its own story — one of calculated pressure backed by credible capability.
The latest signal of escalation is the movement of the world’s largest aircraft carrier, the U.S. Navy’s USS Gerald R. Ford, and its strike group from the Caribbean toward the Middle East.
The buildup coincides with indirect negotiations between Washington and Tehran over Iran’s disputed nuclear program. Trump has warned that the regime must fully dismantle its nuclear infrastructure — or face consequences.
THE WORLD’S TOP NUCLEAR POWERS HAVE NO ARSENAL LIMITS, HERE ARE THE COUNTRIES WITH NUKES
President Donald Trump has demanded that the Iranian regime dismantle its nuclear weapons program. (Andrew Caballero-Reynolds/AFP/Getty Images)
At the heart of America’s force projection is another carrier strike group: the USS Abraham Lincoln — a mobile fortress at sea, guarded by destroyers and equipped to unleash precision strikes at a moment’s notice. On deck, F-35 fighters and F/A-18 attack aircraft sit within range of dozens of key Iranian military and nuclear targets.
Meanwhile, in the Eastern Mediterranean, the destroyers USS Bulkeley and USS Roosevelt provide additional strike capability and missile defense coverage — and could potentially assist Israel in defending against any Iranian counterattack.
WORLD’S LARGEST AIRCRAFT CARRIER HEADS TO MIDDLE EAST AS IRAN NUCLEAR TENSIONS SPIKE DRAMATICALLY
Farther south, in the Red Sea, the USS Delbert B. Black adds another layer of firepower along one of the world’s most important shipping lanes. The Red Sea links the Mediterranean to the Indian Ocean through the Suez Canal, a corridor that carries a significant share of global trade and energy supplies.
A U.S. destroyer there not only protects commercial traffic but also gives Washington the flexibility to respond quickly to threats moving between the Middle East and Europe.
Even closer to Iran’s coastline, in the Persian Gulf and the Strait of Hormuz, the USS McFaul and USS Mitscher are operating in one of the most strategically sensitive waterways on the planet. Roughly a fifth of the world’s oil passes through the Strait of Hormuz each day. Their presence signals that the U.S. can both defend that vital choke point and, if necessary, strike Iranian targets from close range.
IRAN DRAWS MISSILE RED LINE AS ANALYSTS WARN TEHRAN IS STALLING US TALKS

Alongside the warships in the region are advanced aircraft such as the F-35 fighter, a jet designed to slip past air defenses and hit targets with precision. (Cpl. Isaac Cantrell/U.S. Marine Corps)
Beyond naval forces, U.S. air power is spread across multiple Middle Eastern bases, giving commanders the ability to strike, defend and sustain operations quickly.
Several types of combat aircraft are operating from regional bases, including F-15s, F-16s and the radar-evading F-35. The A-10 specializes in close-air support missions against armored threats.
Those fighters are backed by a network of support aircraft. KC-135 and KC-46 tankers refuel jets midair, allowing them to fly farther and stay aloft longer. EA-18G electronic warfare aircraft can jam enemy radar and communications. E-3 Sentry aircraft serve as airborne command centers, tracking threats across wide areas. P-8 Poseidon planes patrol and monitor maritime activity.
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Additionally, heavy transports — including C-5 Galaxy and C-17 Globemaster aircraft — move troops and equipment, while MQ-9 Reaper drones provide surveillance and can carry precision weapons. The assets give U.S. commanders flexibility to operate across air, sea and land.
Taken together, the air and naval deployments create overlapping strike capability, missile defense coverage and control over major maritime routes. For Iran, it means U.S. forces are not concentrated in a single vulnerable location — they are distributed, layered and positioned to operate from multiple directions at once.
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“Cumbres borrascosas”: por qué Joyce Carol Oates no enseñaría la novela a sus estudiantes

“Los comentarios sobre Wuthering Heights resultan tan tristes. Es evidente que muchos, la mayoría, solo han leído la primera parte y no la segunda; la novela es de una ambición enorme porque dramatiza un arco de experiencia que en realidad abarca décadas”, publicó Joyce Carol Oates —autora estadounidense referente y activa usuaria de X—, reabriendo el debate en torno a la polémica por Cumbres borrascosas tras el estreno de la versión cinematográfica dirigida por Emerald Fennel. La discusión, centrada en el legado de Emily Brontë -autora de la novela- ganó impulso en redes sociales, al reunir un agudo cruce generacional sobre la recepción de los clásicos del siglo XIX.

Cumbres borrascosas
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Oates identifica una distancia radical entre la experiencia lectora actual y la que requiere una obra como Cumbres borrascosas.Por eso, dijo, le resultaban tristres los comentarios. La autora de Blonde, Mamá y Memorias de una viuda habló de cómo fue, en su momento, el debut de Emily Brontë: “Es un logro para una novelista que publica por primera vez, igual que Jane Eyre de la hermana de Emily, Charlotte Brontë”, compartió Oates en X.
Oates reflexionó acerca de la viabilidad, hoy, de conectar con la literatura del siglo XIX: “Quizá se ha vuelto imposible en el siglo XXI para los lectores asimilar una obra del siglo XIX; como profesora de literatura, creo que no intentaría ‘enseñarla’ hoy salvo a estudiantes universitarios muy interesados en literatura, quienes no tendrían dificultades para comprenderla”, agregó en la misma red social.
Al recordar su experiencia escolar, Joyce Carol Oates comparó su formación con el clima educativo actual: “Resulta desconcertante, al mirar estas publicaciones sobre Cumbres borrascosas, que en nuestros institutos de Williamsville, Nueva York —escuelas públicas reconocidas por su enfoque humanístico—, los profesores realmente enseñaban a las Brontë, Dostoyevski, Thoreau y muchos otros autores cuyos libros probablemente hoy se considerarían demasiado exigentes y se descartarían como ‘basura’”, relató Oates en X.

Añadió que los estudiantes leyeron esos libros y aprendieron mucho, igual que los estadounidenses del siglo XIX, quienes “escribían cartas tan elocuentes entre ellos”, destacó Oates.
En referencia a la nueva película, Oates apuntó en X la posibilidad, nunca realizada, de una lectura renovadora: “Sería emocionante ver una interpretación radicalmente nueva de Cumbres borrascosas en la que Heathcliff sea, o pueda ser, el hijo no reconocido del terrateniente Earnshaw: un heredero de la nobleza británica de piel oscura, marginado”, argumentó la autora.
Contrastó dicha posibilidad con el enfoque de la versión dirigida por Fennel: “Pero la nueva película, a juzgar por las críticas —algunas difundidas en medios de cine y portales de reseñas especializados—, parece ser simplemente un romance apasionado entre personajes blancos, lo cual puede ser bueno para la taquilla, aunque no resulta interesante en otros sentidos”, añadió Oates en la plataforma.
Joyce Carol Oates ya había abordado, en una publicación realizada en X en 2024, el impacto de las redes sociales sobre la imaginación y creatividad, dando contexto al universo de las Brontë: “¿Y si las hermanas Brontë hubieran tenido TikTok? Tan solitarias e incomunicadas en la rectoría junto al cementerio, solo podían contarse historias entre ellas, que plasmaron en libros en miniatura de los cuales nacieron años después Cumbres borrascosas y el héroe romántico Rochester”.

Cuestionó el rol de las plataformas digitales en la vida creativa: “En el corto plazo, las redes sociales fascinan; a largo plazo, secan la imaginación y debilitan el alma”, afirmó Oates en la misma red social.
En mensajes previos, la autora evocó la escritura de Mary Shelley: “Releyendo Frankenstein; o, el moderno Prometeo de Mary Shelley. Solo tenía dieciocho años cuando empezó a escribirlo, diecinueve cuando lo terminó, en una especie de trance de inspiración y concentración. Un logro, como Cumbres borrascosas de Emily Brontë: primeras novelas”.
A modo de ironía sobre la corrección contemporánea, escribió en 2016: “‘Withering Heights’, (Cumbres marchitas) corrección moderna de Wuthering Heights. Menos mal que Emily Brontë no contó con la ayuda del autocorrector”, ironizó Oates en Twitter.

Finalmente, dejó planteada una observación sobre la diferencia entre Brontë y Jane Austen: “Cumbres borrascosas es la versión bad-boy-Byroniana de todas las novelas de Jane Austen, con sus damas y caballeros elegantes”, afirmó Oates, estableciendo un contraste provocador entre dos tradiciones narrativas inglesas: mientras las novelas de Jane Austen suelen centrarse en relaciones atravesadas por normas sociales, ironía y códigos de cortesía dentro de un mundo ordenado, Cumbres borrascosas de Emily Brontë lleva el amor y el conflicto a un terreno mucho más oscuro, pasional y desbordado, encarnado en la figura casi salvaje de Heathcliff; al decir “bad-boy-Byroniana”, Oates alude al arquetipo romántico del héroe atormentado y rebelde, sugiriendo que la novela de Brontë sería como una versión extrema, tormentosa y emocionalmente violenta de las historias de amor socialmente reguladas que asociamos con Austen.
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