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ECONOMIA

La trama detrás del sorpresivo portazo de Lavagna en el INDEC y el desacuerdo con Milei por el IPC

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La inflación se volvió un dato políticamente demasiado sensible para un Gobierno que promete desinflación, que hizo de la baja de la inflación su principal bandera, pero teme el efecto de cambiar el termómetro. Mientras el presidente Javier Milei explicaba en un salón semivacío de Davos que «Maquiavelo ha muerto» y que el liberalismo moral venía a salvar a Occidente, en Buenos Aires su gobierno atravesaba un enero de renuncias y denuncias por corrupción y disputas de poder que ahora sigue en el corazón mismo del relato libertario: Marco Lavagna pegó un portazo en el INDEC.

Luego de semanas de especulaciones, Lavagna presentó su renuncia como director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). No fue cansancio personal ni un desgaste técnico, sino que fue un portazo político, según confiaron a iProfesional altas fuentes de la Casa Rosada.

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Lavagna quería aplicar desde enero de 2026 el nuevo Índice de Precios al Consumidor, basado en la Encuesta Nacional de Gastos en los Hogares (Engho 2017/2018), con una canasta más realista y ponderaciones actualizadas en servicios (gas, luz, internet) por sobre las de alimentos y otros rubros que inciden menos en el costo de vida. Javier Milei y Luis «Toto» Caputo dijeron que no y el choque fue frontal.

El nuevo IPC, la razón detrás de la salida de Marco Lavagna del INDEC

El nuevo IPC estaba listo. Debía comenzar a difundirse el 10 de febrero. Incorporaba mayor peso en servicios -telecomunicaciones, internet, gas, energía, plataformas digitales, streaming- que hoy pesan mucho más que en 2004, cuando se elaboró la Engho vigente. Menos alimentos, más servicios. Más realidad, pero también, más ruido. El propio ex jefe de Gabinete, Guillermo Francos, además de Lavagna, había dicho que el nuevo IPC regiría desde enero de 2026 cuando fue interrogado en el Congreso.

La respuesta del poder fue clara: no tocar el índice mientras dure el proceso de desinflación. En traducción política: no cambiar el termómetro mientras el paciente todavía está febril.

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«Marco tenía como fecha implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que hacer el cambio cuando la deflación esté totalmente consolidada», explicó Caputo en Radio Rivadavia, confirmando sin querer que el problema no era técnico, sino político.

Según fuentes de Casa Rosada, el IPC de enero que se conocerá el 10 de febrero rondaría el 2,5%, apenas por debajo del 2,8% de diciembre y en línea con noviembre. Números todavía altos para un gobierno que hizo del combate a la inflación su principal bandera. Cambiar la metodología implicaba abrir un flanco innecesario: aunque los ejercicios técnicos no mostraban grandes diferencias, el nuevo índice podía arrojar lecturas más altas si se lo aplicaba retrospectivamente. Algunas estimaciones hablan de hasta tres puntos porcentuales más en 2025.

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Lavagna no se fue por miedo al número, ni por cansancio, sino porque perdió la pulseada y porque entendió que su margen de autonomía se había terminado.

La cercanía de Lavagna con Milei y su pasado con el Gobierno peronista

No era un outsider de la política. Lavagna era, paradójicamente, uno de los funcionarios que Milei acordó mantener en el Gobierno con el ex candidato presidencial del peronismo y ex ministro de Economía, Sergio Massa. De hecho, Lavagna fue llevado por Massa al INDEC en 2019 cuando éste era presidente de la Cámara de Diputados y uno de los tres referentes políticos del gobierno de Alberto Fernandez y Cristina Kirchner.

Pero Lavagna era también amigo personal del Presidente. Ambos compartieron equipo en las campañas de Massa en 2013 y 2015, junto al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, su padre; el ahora embajador en Paraguay, Guillermo Nielsen, y el economista Diego Giacomini. Ese grupo fue semillero de vínculos que se prolongan aún hoy en la gestión del presidente libertario.

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Marco Lavagna era, además, el último sobreviviente del trío massista que militó los inicios de La Libertad Avanza y que terminó eyectado por choques con la secretaria general de la Presidencia Karina Milei. Antes se fueron el legislador porteño Eugenio Casielles y el ex legislador Ramiro Marra. Todos amigos entre sí participaron de los inicios de la gestión Milei y ahora están todos afuera.

Su salida reavivó alarmas históricas. ATE Indec habló de «deja vu» y recordó enero de 2007, cuando Guillermo Moreno intervino el organismo porque no le gustaba el dato de inflación. «Exigimos un INDEC independiente del poder político», reclamaron, con la desconfianza lógica de un sector que ya vivió el apagón estadístico.

Caputo pareció contestarles cuando dijo que «no hay necesidad de cambiar ahora el índice. Da igual, da prácticamente lo mismo. Enero este mes daba un punto más abajo con el índice nuevo. Vamos a mantenerlo hasta que el proceso de deflación esté consolidado. No hay fecha del cambio«.

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Confirmó así que el INDEC seguirá usando el índice actual, con ponderadores de hace dos décadas, y designó como reemplazante interino a Pedro Lines, director técnico del organismo. Un perfil técnico, sin vuelo político, en un cargo donde cada decimal tiene impacto económico y electoral. Pero el caso Lavagna no fue un hecho aislado. Fue una pieza más de un rompecabezas inquietante.

Las otras salidas del Ministerio de Economía que hicieron ruido

Durante enero, el Ministerio de Economía fue el epicentro de renuncias, desplazamientos y conflictos internos. Un triángulo de poder cada vez más visible -Caputo, Karina Milei y Santiago Caputo- redefine decisiones, cargos y lealtades. Las salidas de funcionarios de segunda línea no hacen ruido mediático, pero son la señal de un gobierno tensionado entre la realidad y la presión por mostrar resultados.

El caso más explosivo fue el desplazamiento del secretario de Transporte, Luis Pierrini, en medio de una denuncia penal por una presunta defraudación de casi 30 mil millones de pesos a través del sistema SUBE. Investigaciones, denuncias judiciales y empresas bajo la lupa aceleraron su salida. Caputo actuó con el aval del karinismo y nombró a Fernando Herrmann, sin experiencia en transporte pero con respaldo político interno. La limpieza siguió en Trenes Argentinos, en el Enargas, en áreas productivas y en el Renaper donde cada salida reordenó poder y dejó heridos.

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En el Enargas fue desplazdao Carlos Casares por la unificación con el ENRE Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE). Antes la cartera de Economía había sufrido la traumática salida en noviembre de Ornella Calvete, hija de Miguel Calvete, salpicado por el caso de las supuestas coimas del Andis y se le encontraron en su casa US$ 700 mil sin declarar.

Ornella Calvete es la pareja de Javier Ignacio Cardini, que era subsecretario de Gestión Productiva, puesto allí por Francisco Caputo, hermano de Santiago Caputo.

El capítulo más delicado estalló en Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa fetiche de Milei para su relato del futuro nuclear y tecnológico. Allí se denunciaron presuntos sobreprecios de hasta 140% en licitaciones, se partió el directorio y quedó expuesto Demian Reidel, el físico amigo del Presidente, rodeado de silencios incómodos.

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Todo esto ocurrió mientras Milei hablaba en Davos del fin de la política tradicional y volaban por la ventana el gerente general Marcelo Famá y el gerente de Coordinación Administrativa Hernán Pantuso, de extrema confianza de Demian Reidel, el físico amigo del Presidente y presidente de la compañía.

Puertas adentro, el propio Gobierno admite que 2026 no será sencillo. La apertura importadora golpea a la industria, este año sufrirán textiles, calzado, muebles, juguetes y alimentos, el empleo pyme sigue cayendo y la recuperación es despareja. El ajuste ya no pasa solo por el gasto, sino por revisar privilegios, exenciones y regímenes especiales. Pero cada intento de avanzar genera nuevas internas.

El caso Lavagna sintetiza ese dilema. Un Gobierno que promete reglas claras y transparencia, pero que decide postergar un cambio metodológico clave por razones políticas. No para manipular un número, dicen, sino para no agregar ruido.

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Mientras tanto, el mercado se reordena, la industria enfrenta una selección natural sin anestesia y el gabinete económico -que Milei define como «el mejor de la historia»- mostró grietas profundas. Habrá crecimiento, dicen en Economía, pero sin tirar la casa por la ventana y la inflación tendrá un termómetro que, por ahora, no se toca pero retrasa.

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ECONOMIA

Para Javier Milei, está probado que 315 puntos de riesgo país son «kuka»

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La buena demanda que recibió el nuevo bono en dólares no sólo le permitió a Javier Milei un panorama más desahogado para pagar los vencimientos de deuda, sino que, además, le dio un invaluable argumento político: que el «verdadero» índice de riesgo país argentino es de 230 puntos y no los 545 que marca el tradicional indicador del JP Morgan.

La argumentación es que, en la licitación por el nuevo bono, gracias a que los bancos ofrecieron casi seis veces el monto de u$s150 millones que ofrecía el Tesoro, la tasa real que se terminará pagando es inferior a la teórica de 6%. Más concretamente, el costo por endeudarse en dólares es de un 5,89% nominal anual.

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Javier Milei asegura que 315 puntos del riesgo país son «kuka»

Y, como la tasa de los bonos estadounidenses -los Treasury, en la jerga financiera- se ubica en torno a 360%, entonces la cuenta da que el costo de financiamiento argentino es de 2,3% -o 230 puntos básicos- por encima de lo que paga el gobierno de Estados Unidos.

Ese diferencial de 230 puntos está mucho más en línea con lo que pagan los países de la región. De hecho, Colombia y México están algo por encima de ese nivel de riesgo crediticio.Y otros países, con spread de 100 puntos, logran tomar deuda a una tasa muy baja para los estándares argentinos. Uruguay, por ejemplo, acaba de endeudarse por u$s1.850 millones y pagó por el tramo dolarizado una tasa anual de 4,7%, con plazo a 10 años.

Extrañando los viejos tiempos

A Toto Caputo, en cambio, tomar dólares prestados en el mercado le costaría no menos de 9%, una tasa que se considera demasiado alta, y que llevó a que el ministro declarara públicamente su deseo de «depender menos de Wall Street» y de fondearse con el mercado local. Fue un a frase que llevó a sus críticos a acusarlo de «hacer del defecto una virtud», porque en realidad el ministro no podría acceder al crédito de Wall Street ni aunque quisiera hacerlo.

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La mejor tasa que había conseguido hasta ahora el ministro había sido la del préstamo en modalidad «repo» otorgado por un grupo de bancos, que en enero le cobraron 7,4% por un crédito de u$s3.000 millones.

Pero ese no es el tipo de crédito que quiere Caputo. El «repo» es un préstamo, en el cual el financista toma activos en garantía, tal como ocurre con los préstamos prendarios para individuos. Eso es lo que posibilita la tasa menor que la del bono, donde el inversor asume el riesgo de las oscilaciones del valor en el mercado secundario.

Lo que quiere Caputo es emitir un bono y que se lo compren los fondos globales. No ocurre eso desde enero de 2018 cuando, siendo ministro de Finanzas de Mauricio Macri, sorprendió al colocar un título por u$s9.000 millones, dividido en tramos de cinco, 10 y 30 años, con tasas de entre 4,65% y 6,95%.

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Claro, en aquel momento el riesgo país argentino se encontraba en 350 puntos, que aunque superaba el promedio latinoamericano era considerado un lujo en el mercado argentino, donde hasta se permitía fantasear con la obtención de la calificación «investment grade» por parte de las agencias de riesgo crediticio. A Caputo también lo ayudó en ese momento las bajas tasas internacionales -el bono US Treasury a 10 años pagaba 2,45%-. 

Otra vez, la culpa del riesgo kuka

¿Por qué hoy no puede Argentina pedir crédito y pagar una tasa de interés parecida a la de sus vecinos? Gracias al bono que acaba de emitir Caputo, el gobierno encontró la posibilidad de dar su argumento favorito: es todo culpa del «riesgo kuka».

Según ese punto de vista, el temor a un sabotaje político por parte de la oposición, o a un cambio de gobierno tras la elección de 2027, es lo que mantiene a los inversores cautelosos e impide que inyecten dólares en Argentina, dado que perciben el riesgo de un eventual default.

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Y, no por casualidad, el nuevo bono de Caputo tiene como fecha de vencimiento octubre de 2027, coincidiendo con la elección presidencial. Es una señal al mercado en el sentido de que, aun cuando a Javier Milei le vaya mal en su intento reelectoral, ya estará devuelto en su totalidad el capital de estos bonos, sin riesgo a un «reperfilamiento».

Ya se había recurrido a esa explicación para explicar por qué el dólar se había disparado y por qué el riesgo argentino había trepado hasta 1.500 puntos en el cierre de la campaña electoral, y ahora vuelve a ser el lema para justificar por qué el spread argentino no baja de los 500 puntos.  

El propio Milei retuiteó un comentario de Felipe Núñez -uno de los principales asesores de Caputo-, en el que argumentaba: «Sin riesgo kuka, el riesgo país es aproximadamente 230 puntos».

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Es, sin embargo, un tema que está lejos de suscitar consenso en el mercado. Porque, a diferencia de lo que ocurrió con el tipo de cambio, que experimentó una abrupta baja una vez que Milei ganó las elecciones legislativas, no ocurrió lo mismo con el riesgo país. El gobierno había previsto que, ya disipado ese riesgo electoral, podría caer por debajo de 400 puntos, el mismo nivel que le había permitido a Caputo emitir u$s9.000 millones hace ocho años.

Sin embargo, las puertas del mercado de crédito siguen cerradas. Y los informes de los bancos de inversión no apoyan el argumento del «riesgo kuka» sino que apuntan a falencias del programa económico. Principalmente, las dudas sobre si el Banco Central será capaz de acumular reservas para hacer frente al desafiante calendario de vencimientos de deuda.

¿Riesgo «kuka» o falencias del modelo?

Entre los críticos del programa económico, el punto más discutido es el del mantenimiento de controles cambiarios, lo que hace que sea discutible si el actual precio del dólar es «de equilibrio«. Más bien, lo que se argumenta desde la vereda opositora es que la actual estabilidad se está logrando al costo de una crisis a mediano plazo, con el viejo método de la «bicicleta financiera».

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El gobierno también discute ese punto, dado que en las últimas semanas se notó una compresión de tasas, y en la última licitación se colocó una letra ajustable por CER a una tasa real del 1,9% anual.

El festejo por el buen resultado de la licitación aparece junto con el de la difusión del EMAE, en el que se confirma que la economía creció un 4,4% durante 2025. Pero tampoco ese dato tiene la capacidad de terminar con el debate. Porque cuando se hace la apertura por sectores, hay rubros como la industria manufacturera que muestran caídas interanuales de casi 4%.

A juzgar por las decisiones que ha tomado en las últimas semanas, todo indica que el ministro Caputo está resignado a que el índice de riesgo país no caiga debajo del «piso psicológico» de 500 puntos. Sin embargo, luego de la demostración de confianza que implicó el nuevo bono en dólares colocado en el mercado local, hay quienes se entusiasman con un contagio de optimismo hacia el exterior y eso se refleje en una caída del índice de riesgo país.

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ECONOMIA

Los controladores aéreos levantaron el paro para hoy y mañana pero sostienen las medidas para los días siguientes

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(Maximiliano Luna)

La Asociación Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (Atepsa), el gremio que reúne a los controladores aéreos levantó los paros de este jueves 26 y viernes 27 de febrero.

De acuerdo con el cronograma que había presentado el sindicato, en el marco de la falta de acuerdo con la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA) tras el vencimiento de la conciliación obligatoria, el reclamo de este jueves estaba previsto para iniciar a las 15 y concluir a las 18, mientras que también se encontraba programada una medida similar para mañana, entre las 19 y las 22 horas.

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Ambas medidas fueron levantadas. En los dos casos, la huelga estaba planeada para afectar a toda la aviación (vuelos domésticos e internacionales) en todos los aeropuertos del país.

“Informamos que, en el marco del conflicto colectivo en curso, se ha avanzado a una mesa de diálogo real con el objetivo de continuar las negociaciones y avanzar hacia un acuerdo que permita dar respuesta al reclamo que venimos llevando adelante”, informó el gremio en un comunicado.

No obstante el sindicato confirmó que “continúan plenamente vigentes las medidas notificadas para los días 28 de febrero, 1 y 2 de marzo, conforme al cronograma oportunamente presentado, a la espera de avances concretos en la negociación”.

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ECONOMIA

Un productor pidió un tractor a China y la brecha de precios desató polémica

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La discusión sobre la liberalización de importaciones sumó un caso concreto desde Misiones. El productor citrícola Ricardo Ranger decidió consultar por internet cuánto costaba un tractor frutero fabricado en China. La respuesta, asegura, fue inmediata y en español.

Según relató al medio Plan B, «me contestaron al otro día, solicitándome que hablara a un determinado número de WhatsApp, todo en castellano. Pregunté y me pasaron un precio de 9.500 dólares por un tractor frutero de 90HP, también me pasaron la alternativa del mismo tractor con cabina cerrada y aire acondicionado a 11.200 dólares«.

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La brecha de precios: un tractor cuesta cuatro veces menos en Asia que en Argentina

El contraste con el mercado local fue lo que más lo impactó. Según explicó, un equipo de características similares en Argentina sale cuatro veces más. La diferencia no solo fue económica, sino también en el trato comercial.

«Allá, sin conocerme, una fábrica grandísima, me contestaron al otro día. Acá ese mismo tractor sale 50.000 dólares y la verdad es que si intentás llamar a la fábrica, seguro que no te dan ni pelota, te mandan a la m…», comparó.

Incluso, el productor añadió que desde la empresa asiática le explicaron que, «como en un contenedor pueden caber hasta dos tractores, me pueden hacer precio si adquiría dos unidades».

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Entre la competencia y la supervivencia

El testimonio de Ranger expone el dilema que atraviesa la economía argentina: mientras una apertura amplia puede complicar a industrias y pymes locales, también habilita a productores y consumidores a acceder a bienes mucho más baratos.

«La verdad es que no estoy a favor de la apertura irrestricta de importaciones, pero también es cierto que algo de razón tiene Milei, acá todo es carísimo y China ofrece productos mucho más baratos, de alta tecnología, calidad y con gran atención al cliente», sostuvo.

Con más de cuatro décadas en la actividad y formación como ingeniero agrónomo, el productor —conocido además por denunciar reiterados robos en su chacra en Eldorado— suele visibilizar problemas estructurales del sector.

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Competir con China, ¿misión imposible?

Para Ranger, la discusión no es ideológica sino práctica. Los costos internos, la presión impositiva y la falta de competitividad dejan a muchos productores en desventaja frente a los precios internacionales.

«Acá en la Argentina, te fundís trabajando«, afirma. Y concluye con una reflexión que resume su preocupación: «¿Cómo vamos a poder competir con China? Es imposible, esa es la triste realidad».

«Si los pongo en blanco, pierden el plan»: la denuncia de un productor misionero

En el norte de Misiones, el debate sobre trabajadores que cruzan a Brasil suma una mirada distinta. El productor citrícola sostiene que el problema no es la falta de empleo, sino las trabas para formalizar la mano de obra rural.

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Según afirma, aunque en los papeles los planes sociales son compatibles con el trabajo registrado, en la práctica eso no sucede. «No funciona eso, en la práctica eso no funciona. Si un trabajador usted lo quiere poner en blanco en su empresa para que trabaje con usted con limones, con naranja y demás, perdería el beneficio y no le conviene. Pierde los beneficios y el tipo entonces no se quiere registrar«, explicó.

Ranger asegura que esta situación desalienta el empleo en blanco, especialmente en tareas estacionales. «Hoy te comento, tengo poca gente, porque estoy sobreviviendo, pero hoy necesitaría 30 personas, ya necesité hace varios años atrás, 30 personas para levantar mi cosecha de limón, asegurada, no en negro, porque si hubiera dado trabajo en negro, hubiera tenido 50, hubiera tenido aquella vez, no 30, 50, pero no quise dar trabajo en negro y perdí toda mi producción».

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