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ECONOMIA

Dato de inflación del INDEC cambió el semáforo de bonos: cuáles recomiendan ahora brokers de bolsa

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El 2,9% de inflación que informó este martes el INDEC, sumado al 3,1% que registró el IPC de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente a enero, volvió a sacudir los supuestos con los que el mercado venía trabajando desde principios de año. Estos datos no se traducen como un quiebre del proceso de desinflación, pero sí de una señal incómoda que obliga a recalibrar expectativas en el corto plazo y, sobre todo, a reordenar estrategias en renta fija. En ese contexto, el tradicional «semáforo de bonos» recuperó protagonismo en la City, ya como una herramienta de gestión para diferenciar potenciales ganadores y perdedores en un escenario de inflación más persistente de lo previsto.

Y es que el número de CABA no pasó desapercibido porque llegó acompañado de una composición que refuerza las dudas del mercado. Los servicios volvieron a mostrar aumentos elevados, los regulados siguieron presionando y la baja en algunos bienes no alcanzó para compensar el arrastre general. Para muchos operadores, el dato funcionó como una advertencia, en donde, el proceso de desinflación sigue en marcha, pero no será lineal y probablemente encuentre más resistencia entre enero y marzo.

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Esa lectura es la que explica por qué, en la última rueda, las principales mesas de dinero comenzaron a ajustar carteras y a marcar diferencias más finas entre tramos, legislaciones y duration dentro del universo de bonos soberanos.

Por qué CABA cambió el humor

En la City remarcan que el problema no es el nivel puntual del índice porteño, sino su implicancia sobre el timing. Hasta diciembre, el consenso implícito era que la inflación podía converger más rápido hacia registros cercanos al 2% mensual, habilitando una compresión acelerada de tasas reales y spreads soberanos.

El dato de enero obligó a moderar ese optimismo.

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Las expectativas implícitas de inflación se ajustaron al alza en el tramo corto de la curva, mientras que las tasas reales comenzaron a mostrar una leve recomposición. En términos prácticos, esto implica que no todos los bonos reaccionan igual frente a un escenario de inflación algo más pegajosa.

De ahí que el semáforo, que durante buena parte del rally parecía teñido de verde casi homogéneo, ahora muestra matices más claros.

Bonos en verde

Los que mejor absorben un escenario de inflación más resistente

En la zona verde del semáforo se ubican aquellos bonos que combinan liquidez, carry atractivo y una relación riesgo-retorno todavía favorable, aun bajo supuestos más conservadores de desinflación.

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Los bonos soberanos en dólares de referencia, como el GD30 y el GD35, siguen siendo señalados como los papeles más defensivos dentro del universo hard dollar. Su elevada operatoria, tanto en la plaza local como en Wall Street, les permite absorber mejor episodios de volatilidad y funcionar como vehículo principal para capturar una eventual compresión adicional del riesgo país.

Balanz veo con buenos ojos el GD38, en sus propias palabras: «Seguimos recomendando los GD38, que ofrecen una combinación atractiva de upside, carry y un riesgo de duración relativamente menor. Esperamos que la curva converja hacia niveles consistentes con una calificación B- (400–450 pb) a medida que continúe la acumulación de reservas en los próximos meses, lo que debería beneficiar en mayor medida al tramo largo.»

En paralelo, los bonares de legislación local, con el AL30 a la cabeza, conservan atractivo por la diferencia de tasa -más alta- que todavía ofrecen frente a sus pares bajo ley extranjera. Si bien esa brecha viene comprimiendo, varias mesas coinciden en que aún no se cerró del todo, lo que deja margen para un retorno adicional sin necesidad de asumir duration excesiva. Para Balanz: «El AL30 mantiene 160 puntos básicos de spread de rendimiento respecto del GD30, lo cual resulta atractivo para capturar un mayor retorno. Como venimos mencionando, aunque el spread de legislación viene comprimiendo, en línea con nuestra recomendación, sigue injustificadamente alto para el contexto actual

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Dentro del mundo en pesos, el foco se desplazó con claridad hacia el tramo largo CER. Bonos como el TZX28 ganaron protagonismo como cobertura natural ante una inflación que, si bien desciende, podría hacerlo a un ritmo más lento de lo esperado. Para los inversores institucionales, estos instrumentos permiten proteger poder adquisitivo sin resignar completamente rendimiento real, algo clave en un primer trimestre que luce desafiante.

Para el manejo de la liquidez, Balanz y Facimex recomiendan el bono CER con vencimiento el 31 de marzo, el TZXM6.

Bonos en amarillo

Con valor, pero con más riesgo

En la franja amarilla aparecen los bonos que todavía muestran valor, aunque exigen una lectura más fina y un manejo cuidadoso de la duration. Aquí se concentran los títulos que ya capturaron buena parte del rally y cuya performance futura depende en mayor medida de catalizadores específicos.

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Los globales más largos, como GD38 o GD41, continúan siendo recomendados por algunas mesas con horizonte de mediano plazo, pero ya no con el mismo entusiasmo que meses atrás. El argumento es que el upside -la potencial suba de precio- existe, pero quedó más condicionado a una baja adicional del riesgo país y a la consolidación del proceso de acumulación de reservas.

Algo similar ocurre con los bonos CER de duration media (TZX26, X31L6 y TZXA7), que reflejaron una fuerte demanda en semanas previas. Si bien siguen siendo una herramienta válida, varias mesas sugieren dosificar exposición y evitar sobrecargar carteras con instrumentos que pueden mostrar mayor volatilidad ante cambios en expectativas inflacionarias de corto plazo.

Los bopreales (BPY26, BPOA7, BPOB7 y BPOD7) quedan ubicados en zona amarilla, no por un problema de riesgo crediticio estricto, sino por una cuestión de rendimiento. A los precios actuales, estos instrumentos muestran TIR sensiblemente más bajas que las que ofrecen los globales y bonares comparables, lo que reduce su atractivo relativo para estrategias que buscan maximizar carry o capturar compresión adicional del riesgo país.

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Sin embargo, las mesas de la City coinciden en que no corresponde ubicarlos en rojo. La razón es que los bopreales conservan un perfil de riesgo más acotado, con menor volatilidad, una duration moderada y una mejor cobertura ante escenarios adversos, especialmente frente a episodios de tensión cambiaria.

En un contexto donde la inflación luce más persistente y el mercado ajusta expectativas, estos bonos funcionan más como instrumentos defensivos que como apuestas de retorno agresivo.

En cuanto a los bonos en tasa fija, el S16M6 y el S17A6 ganan protagonismo para las carteras que buscan devengamiento rápido -manejo de la líquidez-. Aun así, estos títulos de renta fija están un escalón por debajo del TZXM6 y es por esta razón que se ubican en el color amarillo y no verde.

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Por último, en el segmento de deuda sub-soberana, algunos bonos provinciales bien fundamentados -como Córdoba 35 y Santa Fe 34, SFD34- también quedaron en amarillo. Los fundamentals siguen siendo sólidos, pero los spreads se comprimieron de forma significativa, reduciendo el margen de seguridad frente a eventuales shocks. El problema de este tipo de instrumentos es su liquidez, siendo muy difíciles de encontrar y aquellos que se encuentren dificilemente justifiquen pagar el sobreprecio frente a los bonos más líquidos. Por esto, la alternativa de los bonos provinciales queda reservado para aquellas mesas grandes o para aquellos inversores con calculadora en mano que puedan cazar estos instrumentos por pantalla.

Bonos en rojo

Los que el mercado empieza a evitar

El cambio más notorio del semáforo tras el dato de CABA se observa en el color rojo. Allí aparecen los instrumentos que, a juicio de la City, ya no pagan el riesgo que implican bajo el nuevo escenario de inflación más persistente.

Los bonos a tasa fija de mayor plazo en pesos (T30A7, T31Y7 y T30J7) encabezan este grupo. Con expectativas inflacionarias algo más altas en el corto plazo, y un Gobierno decidido a mantener tasas altas para controlar la inflación y el tipo de cambio,  el rendimiento real de estos instrumentos quedó en pausa, especialmente si el Tesoro necesita mantener tasas elevadas..

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También perdieron atractivo los dólar linked (D27F6, D30A6 y TZV26), que habían sido utilizados como cobertura ante escenarios de corrección cambiaria. Con la brecha comprimida y un esquema de bandas que gana credibilidad, muchas mesas consideran que el premio que ofrecen estos instrumentos es insuficiente frente a alternativas más eficientes.

Por último, algunos bonos soberanos con baja liquidez y duration elevada comenzaron a ser evitados por su potencial de amplificar movimientos adversos en contextos de estrés.

Un mercado que dejó atrás el «todo verde»

Más allá del color asignado a cada bono, el mercado coincide en que el semáforo puede cambiar rápidamente si se modifican ciertas variables clave. Entre los factores que concentran mayor atención se destacan la confirmación de la inflación en enero por parte del INDEC, la capacidad del BCRA para seguir acumulando reservas, el resultado de las licitaciones del Tesoro y la evolución del frente político en el Congreso.

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En particular, la inflación de los próximos dos meses será determinante para confirmar si el 3,1% de CABA fue un pico transitorio o el inicio de una etapa de mayor resistencia nominal. De esa respuesta dependerá buena parte de las decisiones de posicionamiento en la curva.

La principal conclusión que deja el nuevo semáforo es que el mercado entró en una fase más selectiva y exigente.

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ECONOMIA

El gran desafío de las empresas hoy no es aplicar IA, sino capturar valor sin agotar a las personas

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En pocos años, la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta cotidiana dentro de las organizaciones. Automatiza tareas, acelera procesos y amplía la capacidad operativa de los equipos. Sin embargo, en la práctica, su incorporación está dejando al descubierto una paradoja cada vez más frecuente: muchas empresas avanzan más rápido, pero con menos foco operativo.

Desde el trabajo cotidiano en procesos de transformación organizacional, se repite un patrón claro. La adopción de inteligencia artificial suele venir acompañada de mayores niveles de presión, fragmentación del trabajo y desgaste humano. No se trata de un problema tecnológico, sino de cómo están diseñados los sistemas de trabajo en los que la tecnología se integra.

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Hoy, más del 70% de las empresas a nivel global ya utiliza algún tipo de inteligencia artificial, según relevamientos internacionales. Sin embargo, solo una minoría logra capturar valor sostenido. La razón es simple: la inversión se concentra en la herramienta, pero no en la forma de trabajar. La IA no ordena por sí sola; amplifica el sistema en el que se inserta. Si ese sistema está desordenado, el desorden se acelera.

Más tecnología, menos foco

Este fenómeno tiene un impacto directo en el foco diario de los equipos. Un informe reciente del Microsoft Work Trend Index muestra que casi siete de cada diez empleados sienten que no logran espacios reales de concentración durante su jornada laboral. En entornos hiperautomatizados, el foco se volvió un recurso escaso.

La inteligencia artificial permite hacer más cosas en menos tiempo, pero también multiplica estímulos, interrupciones y demandas simultáneas. En ese contexto aparece uno de los grandes malentendidos de la era digital: confundir velocidad con progreso. Correr más rápido no sirve si no está claro hacia dónde se corre. Y en ese punto, la IA no reemplaza el criterio humano: lo expone.

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La IA como espejo organizacional

En los equipos este efecto se observa con claridad. Cuando la inteligencia artificial se incorpora sobre agendas saturadas, roles difusos y prioridades cambiantes, el resultado es más multitarea, más presión y más cansancio. Diversos estudios indican que el cambio constante de tareas puede reducir significativamente la productividad. En esos casos, la tecnología no libera tiempo: acelera el desgaste.

El efecto inverso también existe. Cuando hay claridad estratégica, acuerdos de trabajo explícitos y un ritmo compartido, la IA se convierte en un verdadero habilitador. Reduce fricciones, libera tiempo de coordinación y permite que las personas se concentren en decisiones de mayor valor.

Esto confirma una idea clave: la inteligencia artificial no transforma organizaciones por sí sola. Hace visible el nivel de orden —o desorden— que ya existe.

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Diseñar antes de automatizar

En este contexto, comienzan a ganar relevancia enfoques que priorizan el diseño del trabajo antes de la automatización. La premisa es simple: antes de acelerar, hay que ordenar.

Metodologías como TRAX parten de ese enfoque. Proponen estructurar el trabajo en unidades claras de avance, con compromisos explícitos y responsabilidad compartida. No buscan que los equipos hagan más, sino que hagan menos, mejor y con mayor claridad. Cuando el trabajo está diseñado de esa forma, la inteligencia artificial deja de ser una capa de ruido y pasa a funcionar como soporte para la ejecución.

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Ignacio Martínez Escalas es Head de Integralis Consulting Group.

El rol del liderazgo en la era de la IA

Nada de esto ocurre sin un cambio profundo en el liderazgo. El desafío ya no es impulsar la adopción tecnológica, sino diseñar contextos donde la IA potencie a las personas en lugar de agotarlas.

Eso implica hacerse preguntas incómodas, pero necesarias:

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  • ¿Qué tareas deberían dejar de hacer las personas?
  • ¿Qué decisiones requieren más criterio humano y menos automatización?
  • ¿Cómo se protege el foco y la energía de los equipos en entornos hiperconectados?

Las organizaciones que realmente avanzan no son las que suman más herramientas, sino las que aprenden a integrarlas con sentido. En un escenario de cambio permanente, la ventaja competitiva ya no está en la tecnología en sí, sino en la capacidad de diseñar sistemas de trabajo claros, humanos y sostenibles.

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada. Pero solo cuando se la integra con foco y dirección. Porque, al final del día, no se trata de correr más rápido, sino de decidir mejor cómo avanzar.

*Ignacio Martínez Escalas es Head de Integralis Consulting Group.

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ECONOMIA

Tras el dato de inflación, hasta dónde podrá subir el dólar en marzo sin que intervenga el Gobierno

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El dato de inflación de enero tendrá un impacto directo en el esquema de bandas cambiarias a lo largo de marzo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inflación de enero de 2026 fue de 2,9% y mostró una aceleración de 0,1 puntos porcentuales respecto a diciembre. A partir del dato mensual y con la adopción del esquema de actualización para las bandas cambiarias, se puede estimar el valor máximo que podrá tocar el dólar para marzo de 2026 sin que intervenga el Gobierno.

El mecanismo implementada por el equipo económico a comienzos de este año determina que el límite superior del tipo de cambio mayorista se ajustará en función de la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Para ello, se toma el último dato disponible brindado por el organismo estadístico, lo que en la práctica implica un rezago de dos meses.

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Según los datos oficiales y considerando el valor de cierre de enero, el límite superior de la banda cambiaria para fines de marzo se situará cerca de los 1.654 pesos. Este techo se irá modificando a lo largo del año de acuerdo con la dinámica inflacionaria.

infografia

“Conocida la inflación de enero, el techo de la banda para fines de marzo será de 1.654 pesos. Según el cierre de hoy $1.406, el dólar podría subir 18% sin que el BCRA tenga que intervenir. Atentos con el carry trade”, sostuvo el analista financiero Christian Buteler tras conocerse la estadística del primer mes del año.

En concreto, si la divisa llegara a superar los $1.654 a fines de marzo, la autoridad monetaria se vería obligada a intervenir en el Mercado Libre de Cambios (MLC) para hacer que la cotización vuelva a quedar dentro del sistema de bandas cambiarias, cuyo principal objetivo es reducir la volatilidad cambiaria, favorecer la acumulación de reservas y mejorar el control sobre el sector externo.

Desde la puesta en marcha de la “fase 4″ del programa económico, El Banco Central acumuló 27 jornadas consecutivas con saldo comprador dentro y fuera del mercado cambiario. Desde inicios del año, la autoridad monetaria sumó compras por casi USD 1.700 millones, cifra que representa más del 16% de la meta anual establecida para la adquisición de divisas.

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A lo largo de estas 27 ruedas, el total de compras alcanzó 1.692 millones de dólares. Para estas operaciones, la entidad emitió pesos sin recurrir a mecanismos de esterilización, lo que permite mantener la liquidez y evitar presiones adicionales sobre las tasas de interés.

Las reservas internacionales cerraron en USD 45.232 millones, con una caída diaria de 91 millones de dólares. Durante el último mes, el stock de moneda extranjera marcó un máximo desde agosto de 2021, al ubicarse en USD 46.240 millones. Este incremento estuvo asociado en parte al alza en el precio internacional del oro, que superó los USD 5.000 la onza. Este activo, considerado refugio ante la volatilidad global, tiene un impacto directo en el balance del BCRA, que cuenta con 1,98 millones de onzas troy, equivalentes a 61,5 millones de toneladas.

“Pesaron tanto las colocaciones de bonos corporativos y provinciales como la dinámica de los préstamos privados en dólares. Creemos que estas fuentes de oferta podrán ser el puente hasta la cosecha gruesa”, destacaron desde el Grupo SBS sobre la compra de divisas.

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Para 2026, las proyecciones oficiales estiman compras netas de divisas en un rango de USD 10.000 millones a USD 17.000 millones, dependiendo del ritmo de la remonetización. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, indicó que la consolidación de reservas dependerá tanto de la demanda de pesos como del ingreso de dólares. Hasta el momento, la autoridad monetaria ya superó el 16% del objetivo anual.

El BCRA fijó un tope diario del 5% sobre el volumen negociado en el Mercado Libre de Cambios para la compra de divisas, con el fin de preservar la estabilidad cambiaria. En algunas ocasiones, este límite se superó, situación que fuentes privadas atribuyen a operaciones efectuadas fuera del mercado mayorista convencional.

Desde la entidad señalaron que tienen la posibilidad de adquirir divisas fuera del circuito tradicional, negociando directamente con empresas o instituciones, con el objetivo de mantener la normalidad en el funcionamiento del mercado cambiario.

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ECONOMIA

La inflación de enero fue del 2,9%, tras la salida de Lavagna: las proyecciones de la City

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El INDEC difundió este martes la inflación de enero 2026, luego de la polémica en torno a la salida de Marco Lavagna de la dirección del organismo y de confirmar la aplicación del mismo índice que se utilizó hasta 2025, en lugar del nuevo que estaba previsto para este año.

Ese es marco, el IPC del primer mes del año se ubicó en 2,9%, luego del 2,8% de diciembre. En tanto, presentó una variación del 32,4% interanual.

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Los rubros que más subieron en enero

Algunas consultoras e incluso el propio Luis Caputo habían estimado una inflación del 2,5% para enero. El lunes, en tanto, se conoció la inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que arrojó una suba del 3,1% mensual mientras que la variación interanual alcanzó el 31,7%.

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Según informó INDEC, la división con mayor alza mensual en enero fue Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,7%), escoltada por Restaurantes y hoteles (4,1%). Por su parte, comunicación aumentó 3,6% y «vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» treparon 3%, también por encima del nivel general.

Por el contrario, el rubro «Prendas de vestir y calzado» presentó variación negativa: los precios bajaron 0,5%, en medio del debate por la importación de prendas textiles.

Además, detalló que en enero de 2026, Noreste fue la región de mayor suba mensual (3,8%).

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La evolución de la inflación en los últimos 12 meses

 Al analizar la variación de enero, Iván cachanosky economista jefe en la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo: «Volvieron a ser protagonistas los alimentos y bebidas, empujados principalmente por las verduras. También subieron mucho restaurantes y hoteles. Es decir, hubo un fuerte componente de estacionales.La ‘buena’ noticia es que la inflación núcleo bajo por primera vez desde septiembre y que se ubicó por debajo del nivel general. El IPC-CABA dio más alto porque el ajuste de tarifas pega principalmente en el AMBA, con lo cual el dato de IPC nacional tiene sentido que esté por debajo del de CABA. Hay una señal de alerta de que la demanda de pesos no está restablecida. Eventualmente la inflación va a ir consolidándose a la baja porque no se ve emisión monetaria, pero el proceso de desinflación podría ser más lento de lo esperado».

El economista Miguel Kiguel, en tanto, señaló en un mensaje en redes: «La inflación finalmente fue 2.9% en enero. La paradoja es que de acuerdo a nuestras estimaciones preliminares, con la nueva metodología hubiera dado menos (2,7%). Todo muy raro».

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Desde el equipo de Research de Puente, en tanto, señalaron que «es el valor más alto desde marzo pasado y la octava aceleración mensual consecutiva».

«Hubo varios factores puntuales que incidieron en este resultado, entre ellos el aumento de verduras, con el tomate subiendo 92% mensual. Como punto positivo, la inflación núcleo -que mide el proceso inflacionario subyacente y elimina factores estacionales- descendió levemente a 2.6% mensual», sostuvieron.

«No hubo demasiada reacción en el mercado hoy, ya que el consenso ya esperaba un registro en estos niveles. La curva CER se había empinado esta semana, con los plazos dentro de 2026 rindiendo entre 1.5% y 7%. En paralelo, la curva a tasa fija había sufrido en su parte larga. Es decir, el mercado ya estaba priceando una inflación más alta que la que descontaba la semana pasada antes de que saliese el dato», detalló.

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Y concluyó: «Hacia adelante, habrá que ver si la estabilidad cambiaria de estas semanas logra anclar el nivel de precios, de modo que los registros vuelvan a mostrar una tendencia descendente».

Qué inflación espera la City para febrero y los próximos meses

Según el REM del BCRA, la inflación de febrero se ubicaría en 2,1%, subiría al 2,2% en marzo y perforaría el 2% en abril: estiman 1,9% para ese mes, mientras que sería del 1,7% en mayo, 1,6% en junio y 1,5% en julio.

Sucede que febrero comenzó con una fuerte suba en los precios. Según el relevamiento semanal de alimentos que realizan consultoras, y que marca para febrero un impulso de 2,5% en el rubro más sensible de la canasta familiar.

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El reporte de la consultora LCG destaca que semejante disparada en los precios sucede después de 10 semanas en las que las variaciones semanales se habían ubicado debajo del 1%.

Y es así que se replanteó el viejo debate: ¿se trata de una cuestión estacional que encareció alimentos? ¿O, por el contrario, hay que buscar la explicación en el plano monetario y, por lo tanto, concluir que se está produciendo una expansión de pesos mayor a la que en realidad demanda el mercado?

La explicación de la estacionalidad parece, en principio, descartada, dado que la carne -el alimento de más ponderación en la canasta del Indec- muestra una variación baja de apenas 0,4%, luego de típico empuje constatado a fin de año.

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Es por eso que muchos analistas volvieron a poner la lupa sobre la cantidad de pesos, reciclando el tradicional temor a «la trampa de febrero». Entre los economistas se llama así a un clásico problema veraniego, consistente en cierto relajamiento monetario en que incurren los gobiernos después de que en diciembre se produce un aumento en la demanda de dinero y una estabilización cambiaria.

Como se ha visto en varios casos y bajo gobiernos de diferente signo, ese incremento en la demanda de pesos suele confundirse con un cambio de tendencia, cuando en realidad se trata sólo de un fenómeno estacional. Como, al mismo tiempo, la oferta de dólares disminuye en el verano, se produce una combinación que se refleja en una presión cambiaria e inflacionaria en febrero, que fuerza a una abrupta suba de las tasas de interés.

Midiendo la demanda de pesos

¿Podría darse, en este verano 2026, una reedición de esa trampa estacional? Muchos creen que no, porque en este momento se está produciendo un masivo ingreso de divisas vinculado a la ola de emisiones de deuda corporativa. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero, se había emitido Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones. Luego de esa fecha, se concretó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, que obtuvo crédito a una tasa de 8,1%.

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Y es, precisamente por esa situación, que el Banco Central encontró finalmente su oportunidad para acumular reservas. El jueves, la institución presidida por Santiago Bausili compró otros u$s126 millones y el viernes u$s50 millones, con lo cual totaliza u$s316 millones en el arranque de febrero y u$s1.474 millones en lo que va del año.

Desde el gobierno se presenta esta situación como un círculo virtuoso: la compra de reservas mejora la confianza del mercado, lo cual se traduce en el fortalecimiento del peso -el tipo de cambio oficial cayó 2% en un mes-; y esa situación fortalece la demanda de activos en pesos por parte del público, lo que hace que la oferta de divisas se siga reforzando.

Pero no todos comparten ese punto de vista: gana adeptos la argumentación de que esa compra de dólares por parte del BCRA tiene una contracara de expansión monetaria que puede incentivar la inflación.

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«La mitad de los economistas pide comprar dólares con pesos, mientras el 90% del mercado financiero vive de renovar la deuda que el Tesoro emite porque sobran pesos, que ya tiene una renta real altísima», se queja el analista Ricardo Inti Alperti, uno de los más críticos de la política monetaria, quien sostiene que el excedente de pesos es mayor ahora que en el inicio de la gestión Milei.

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