CHIMENTOS
Qué ver en Netflix, la minsierie de 6 episodios con Ben Affleck que ya acumula millones de visualizaciones: «El botín»

Netflix abrió el 2026 con una de sus apuestas más intensas: El botín, un thriller policial de enorme impacto protagonizado por Matt Damon y Ben Affleck. Con un ambiente cargado de tensión, la película ya se perfila como uno de los lanzamientos más comentados del año en la plataforma.
La trama gira en torno a un equipo de policías de Miami que, tras descubrir millones de dólares en efectivo en un depósito abandonado, se enfrenta a una carrera contrarreloj llena de dilemas éticos y desconfianza entre compañeros. El hallazgo que prometía ser un golpe de suerte se convierte en una bomba de tiempo.
Dirigida y escrita por Joe Carnahan, El botín explora la fragilidad de la lealtad y la tentación que acecha incluso a los más firmes guardianes de la ley, en un escenario donde nadie sabe ya en quién confiar.
Más allá de la acción, la película se destaca por su guión y construcción de personajes que someten a prueba la ética de la unidad policial protagonista. Carnahan combina adrenalina cruda con momentos de reflexión moral, manteniendo al espectador al borde del asiento.
LA MINISERIE DE NETFLIX QUE BATIÓ RÉCORDS DE VISITAS
El elenco no se limita a los nombres más fuertes; también incluye a Steven Yeun, Teyana Taylor, Sasha Calle, Catalina Sandino Moreno y Kyle Chandler, aportando capas de conflicto y profundidad a los roles secundarios.
El estreno global se concretó el 16 de enero de 2026, con cifras de audiencia que hablan por sí solas: Netflix reportó que El botín sumó más de 41 millones de visualizaciones en sus primeros días, colocándose entre los títulos con mayor arranque en la historia del servicio.
Con un equilibrio entre acción, drama y dilemas éticos, El botín se convierte en una opción imperdible para quienes buscan emoción y un gran elenco en Netflix, consolidándose como uno de los trabajos más logrados de sus protagonistas este año.
Netflix
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: sábado 14 de febrero

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
La Luna en Capricornio pone el foco en las responsabilidades y metas, mientras Júpiter en Cáncer amplifica las demandas emocionales del hogar. Podés sentir tironeos entre lo que debés cumplir y lo que necesitás emocionalmente. El desafío será encontrar equilibrio entre ambición y contención afectiva.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
Esta oposición despierta el deseo de expandirte y crecer, pero también te enfrenta a límites concretos. Podés sentir entusiasmo por nuevos proyectos, aunque ciertas obligaciones te exijan prudencia. Momento de ordenar prioridades sin apagar la motivación interna.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Las emociones se intensifican en torno a la seguridad y el control. La Luna en Capricornio invita a asumir responsabilidades emocionales, mientras Júpiter en Cáncer expande necesidades de protección. Es un tiempo para revisar apegos y administrar recursos con mayor conciencia.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
La oposición se vive con fuerza en el área de las relaciones. Júpiter en tu signo amplifica emociones y expectativas, mientras la Luna en Capricornio pide madurez y límites. Podés sentir sensibilidad elevada, pero también la necesidad de construir vínculos más sólidos y realistas.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
El foco se dirige al trabajo, la rutina y el cuidado del cuerpo. La Luna en Capricornio exige orden y disciplina, mientras Júpiter en Cáncer invita al descanso emocional. Encontrar un equilibrio entre exigencia y cuidado personal será fundamental.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
La tensión se manifiesta entre el deseo de disfrute y las responsabilidades compartidas. La Luna en Capricornio pide compromiso, mientras Júpiter en Cáncer expande lo emocional y afectivo. Es un buen momento para dar forma concreta a proyectos que nacen del corazón.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
La oposición activa temas vinculados al hogar y la vida profesional. Podés sentirte dividido entre atender necesidades familiares y responder a exigencias externas. Tiempo de buscar estabilidad emocional sin descuidar tus objetivos a largo plazo.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
La mente se encuentra en tensión entre lo práctico y lo emocional. La Luna en Capricornio pide claridad y estructura, mientras Júpiter en Cáncer amplía la percepción emocional. Conversaciones importantes pueden ayudarte a encontrar una visión más equilibrada.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Los temas de valor personal y seguridad material toman protagonismo. Esta oposición invita a revisar cuánto das y cuánto recibís, tanto en lo económico como en lo emocional. Es momento de actuar con responsabilidad sin negar tus necesidades internas.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
La Luna en tu signo te vuelve más consciente de tus límites y responsabilidades. En oposición, Júpiter en Cáncer amplifica las demandas emocionales del entorno. El desafío será sostener tu estructura sin cerrarte a la contención y el apoyo afectivo.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
La tensión se vive de manera interna y silenciosa. La Luna en Capricornio activa el inconsciente y el cansancio emocional, mientras Júpiter en Cáncer pide mayor cuidado cotidiano. Es un momento para bajar el ritmo y atender lo que el cuerpo y el alma necesitan.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
Las emociones se movilizan en el plano social y creativo. La Luna en Capricornio invita a ordenar proyectos y vínculos, mientras Júpiter en Cáncer expande el deseo de disfrute y expresión emocional. Tiempo de dar estructura a lo que te inspira.
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CHIMENTOS
Bad Bunny hizo vibrar y bailar al estadio River Plate en su primera noche: la emoción por volver al país y el homenaje a Soda Stereo

Lejos estamos del show en el reconocido boliche de Ramos Mejía, Pinar de Rocha, en el año 2017, del Luna Park en el 2018 y de los dos estadios Vélez en el 2022. Luego de haber hecho historia en el show de mediotiempo del Super Bowl XL y de convertirse en el primer artista con un álbum completamente en español en ganar el Grammy a Mejor Álbum del Año, Bad Bunny dio inicio a sus tres fechas en River Plate con un concierto que dejó a la gente vibrando, bailando y pidiendo todavía más, pues lo que se vivió la noche del viernes en el Más Monumental tan solo se puede definir con una verdadera fiesta y oda al perreo.
Desde temprano las inmediaciones del barrio de Núñez se transformaron en una peregrinación hacia la cancha de River, con el único objetivo de llegar lo más cerca posible del escenario para ver de cerca a Benito. Si bien el calor no dio tregua y la sombra era escasa, lo único que se sentía al caminar las calles rumbo al estadio era alegría y expectativa por ver al cantante sobre el escenario, tal fue así que las horas parada en el campo pasaron a una velocidad vertiginosa y sin darse cuenta las 21 horas estaban más cerca de lo esperado.
Ni bien se entraba al estadio una serie de empleados, vestidos como miembros del staff de un hotel all inclusive, repartían una cámara fotográfica de cartón que, a lo largo del concierto, fue iluminando de distintos colores la cancha, un claro guiño al último disco de estudio de Benito Antonio. A las 19 horas en punto, al escenario subió Ramma, un joven argentino de 21 años oriundo de Trelew, que fue elegido por el propio puertorriqueño como el telonero nacional en su primer encuentro con los fans argentinos, con cuatro canciones logró cautivar a los presentes.
Siguiendo con la puntualidad, a las ocho de la noche, Chuwi, la banda que viene acompañando al cantante en la gira por latinoamérica de Debí Tirar más Fotos World Tour, salió a escena. Durante la media hora que estuvieron sobre las tablas lograron que el público, que cada vez era más, comenzará a bailar con soltura; sin embargo; mientras estaban entonando “Tierra”, un tema que habla del exilio que sufrieron las familias de Puerto Rico, lograron hacer emocionar a los presentes cuando elevaron las banderas de su país y Argentina en un homenaje a la hermandad que el propio Bad Bunny celebraría luego a lo largo su show.
La cuenta regresiva se sintió con fuerza a las 20:40, cuando las luces se apagaron, la ansiedad que ya se sentía en el aire terminó de estallar, los teléfonos comenzaron a grabar, pero nada sucedió, fue recién dos minutos antes de las 21 que las pantalla se prendió y pareció el video que le dio inicio a la locura que se vivió. Dos argentinos sentados en el patio de la casa fueron los encargados de entonar las primeras estrofas de “LA MuDANZA”.
Desde el instante en el que los primeros acordes comenzaron a sonar las 80 mil personas presentes respondieron de la mejor manera posible, los gritos dejaron bien en claro que lo único que estaba permitido entre las gradas era el disfrute y la música durante las dos horas de show que dio el boricua.
Casi como si se tratara de un reto para el público, al terminar con la primera canción de la noche dijo: “Creo que todas las personas que están aquí esta noche son conscientes de lo que yo pienso del público de Argentina. Así que no espero menos”. Fueron estas palabras las que dieron rienda suelta al baile, a los gritos y a los cantos desaforados de todos, con la intención de volver a demostrar que los argentinos son el mejor público de la historia.
“Callaita”; “Pitorro de coco”; Weltita»; “Turista”; “Baile inolvidable”; fueron las que siguieron, generando una seguidilla de hits que lo único que hicieron fue exacerbar la emoción de toda la cancha de River. El pequeño respiro para el público vino de la mano de unas palabras de agradecimiento del protagonista de la noche, quien hizo mención a los eventos históricos que vivo tan solo días atrás: la consagración como ganador de tres Grammys y el show de mediotiempo en el Super Bowl LX: “Estaba loco por volver a mi gira y por volver a Argentina. Y después de dos semanas muy intensas, se las digo desde el fondo de mi corazón, se siente como volver a casa, así que gracias, Argentina”.
Sin embargo, ningún discurso ni respiro fue capaz de bajar las revoluciones de todos los corazones presentes en la noche del viernes, que dejaron en claro que el público estaba listo para seguir perreando al ritmo de los hits del artista de 31 años. “La noche apenas está comenzando y la única razón por la que nosotros estamos aquí presentes en esta tarima con ustedes, es para que ustedes la pasen bien, para que por un momento, aunque sea por una noche, nos olvidemos de todo lo que pueda estar ocurriendo afuera de este estadio y tengamos una noche llena de alegría, llena de felicidad, que podamos olvidar los problemas solo por un momento. La única razón por la que nosotros estamos aquí es para que ustedes se unan en una noche como un solo pueblo, Argentina. Porque de eso se trata este show. Este show es simple y sencillo. Este show se trata de la unión de Argentina con Puerto Rico y América Latina”, dijo.
Y siguió: “Este show se trata de amor, de amarse a ustedes mismos, de amar a los demás, de amarnos a nosotros. Y este show se basa en disfrutar las cosas sencillas de la vida, como cantar, como bailar, como brincar, como reír, como llorar. Entonces, por eso yo siempre les digo que la única persona, ustedes, ustedes aquí, son los únicos que tienen el poder de convertir esta noche en una que no olvidemos nunca. Por eso te digo, Argentina, ¡disfruta, vive, ama, baila sin miedo esta noche!“. Luego de estas emotivas palabras hizo pogear por primera vez al estadio de River con “NUEVAYol”, donde los primeros fuegos artificiales estallaron.
El momento más esperado de la noche llegó con La Casita, la estructura que replica una casa típica de Puerto Rico y funciona como segundo escenario, fue el epicentro de uno de los momentos más esperados: Bad Bunny apareció con la camiseta de la selección argentina número 19 —un guiño a los primeros pasos de Lionel Messi. En este segmento gente del público y famosos nacionales salen a escena y bailan al ritmo del cantante puertorriqueño.
En la primera noche en River los elegidos para formar parte de La Casita fueron: Tini Stoessel, María Becerra y La Joqui, lo que provocó que se elevará el volumen de los presentes en el estadio a niveles ensordecedores, dejando una vez más en claro que el público argentino es uno de los mejores.
“TITI ME PREGUNTÓ”; “NEVERITA”; “SI VEO A TU MAMPA”; “VOY A LLeVARTE PA PR”, fueron algunas de las canciones que cantó en este set, que estuvo pensado a la perfección para llevar al público todavía más lejos y generar una entrega todavía más completa. “Benito, Benito, Benito”, fue la banda sonora secundaria de la noche. En cada segundo de silencio las miles de personas presentes coreaban su nombre, lo que hizo que en más de una ocasión se saque los IEM con la intención de poder escuchar a la perfección los cánticos en su honor. Para esta primera fecha la canción exclusiva fue “Otra Noche en Miami”, canción que escribió en el año 2018 cuando su carrera todavía estaba arrancando.

En la transición al tercer y último set del show llegó el momento más emotivo. Un grupo de salsa compuesto por cuatro hombres se puso en el centro de los reflectores y le pidió permiso al público para honrar a una de las bandas emblemáticas que tiene el país. “Argentina, hemos llegado y un homenaje le haremos con la plena que traemos y el corazón entregado. Su música nos ha dado de una forma verdadera, un puente, una escalera, un buen tango inolvidable, una milonga faltable y su música ligera”, fue lo que cantaron antes de cambiar de rumbo y hacer una versión salsa de “De música ligera”, el éxito de Soda Stereo.
La reacción no tardó en llegar, los gritos ensordecedores hicieron vibrar el piso del Monumental que a una sola voz entonó la letra de la canción que compusieron Gustavo Cerati y Zeta Bosio en el año 90.
Lamentablemente las cosas buenas llegan a su fin, casi dos horas habían pasado de show. “Ojitos lindos”; El apagón»; “DtMF” y “EoO”, fueron algunos de los temas finales que eligió Bad Bunny para cerrar su primera noche en el estadio River Plate, con un show que eliminó cualquier tipo de duda acerca de por qué es el artista más escuchado a nivel internacional.
Una vez más Bad Bunny demostró porque es uno de los artistas más escuchados a nivel mundial y porque el público lo sigue eligiendo día a día, concierto a concierto y por qué logró agotar en tiempo record tres fechas en el estadio más grande de latinoamérica.
Por cuestiones climáticas, la organización anunció que el show del 14 de febrero se adelantará una hora, dejando la siguiente grilla: apertura de puertas a las 16, Ramma a las 18, Chuwi a las 19 y Bad Bunny a partir de las 20. El fenómeno no se detiene y la fiesta en River Plate promete seguir siendo inolvidable a pesar de los cambios y la posible lluvia.
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CHIMENTOS
La resiliencia de Adriana Brodsky: “Las cosas fáciles nunca las tuve, por eso soy agradecida”

Con una mezcla irresistible de suspenso, humor y complicidad con el público, Los Sospechosos del Piso 10 se convirtió en una de esas comedias que confirman que el teatro argentino sigue latiendo con fuerza propia. Y en el corazón de esta propuesta, que se presenta los viernes y sábados en el Multiescena, brilla una figura que es parte indiscutida de la historia del espectáculo nacional: Adriana Brodsky.
La obra parte de una premisa atrapante. Una pareja regresa a su departamento y, en cuestión de minutos, se ve envuelta en el supuesto crimen de su mejor amigo. A partir de allí, la trama se dispara hacia un torbellino de enredos, sospechas cruzadas, infidelidades, vecinos entrometidos y un clima policial que sostiene el suspenso mientras el humor estalla escena tras escena. Pero hay un elemento diferencial que convierte a la experiencia en algo aún más magnético: el público se vuelve parte activa del juego. Esa complicidad transforma cada función en un acontecimiento único, donde las risas se mezclan con la intriga hasta un final tan sorpresivo como celebrado.
Desde que el espectador se sienta en su butaca hasta el último aplauso, la propuesta no da respiro. Hay participación, hay sorpresas y, sobre todo, hay un elenco que entiende el pulso de la comedia. Junto a Brodsky se destacan Fabián Gianola, Lorena Paola y un equipo que fue mutando con el correr de las temporadas, pero que mantiene intacta la química sobre el escenario.
Para Adriana, este presente tiene sabor a celebración. Su sonrisa —esa que la acompañó desde sus primeras apariciones televisivas en los años ‘80— conserva la frescura de quien aprendió a reinventarse sin perder la gratitud. “Lo primero que hice fue limpiar vidrieras en un bazar. Después fui el ‘che pibe’ en una inmobiliaria: servía café, llevaba cartas, hacía colas eternas para mandar sobres”, recuerda en diálogo exclusivo con Teleshow. Aquella joven que soñaba con abrirse camino jamás imaginó que el destino le tenía preparado un giro tan vertiginoso.
“En el ‘82 entré en Operación Ja Ja, el programa de Gerardo Sofovich. A partir de ese momento fue algo mágico”, confiesa. La popularidad fue inmediata y abrumadora. “¡No podía salir a la calle! Era una locura. En dos meses era más famosa que el pan dulce”, dice entre risas. Sin embargo, lejos de aferrarse a la nostalgia, Brodsky abraza la transformación constante. “Es importante renovar hasta los pensamientos y las actitudes. Es la única manera de seguir adelante. Y agradecer siempre lo que el público te da”.
“Trabajé con todos los capocómicos”, aseguró, casi con pudor, como si todavía le sorprendiera haber sido protagonista de una historia que hoy es patrimonio cultural. Y no exagera. Si no compartió escenario, participó de sus programas, de sus elencos, de esos ciclos que reunían a millones de argentinos frente al televisor y sobre las tablas. “Siento que no se me escapó ninguno”, confesó entre risas, con esa mezcla de orgullo y gratitud que solo tienen quienes saben que fueron parte de algo irrepetible.

Porque Brodsky fue compañera, cómplice, sostén y presencia constante al lado de los grandes nombres del humor nacional. Se define como “acompañante” de esos gigantes que le dieron trabajo y la abrazaron profesionalmente durante años. Pero su rol fue mucho más que eso. Fue parte de un engranaje creativo que marcó a generaciones enteras.
Inevitablemente, la conversación vuelve siempre al mismo nombre. Al Negro. A Alberto Olmedo. “Trabajé dos años con él”, recordó. Y en su voz se percibe algo más que memoria: hay emoción intacta. “A mí me parecieron doscientos. Fue como toda la vida”. La frase no es metáfora; es sentimiento puro. Porque hay vínculos artísticos que desbordan el tiempo cronológico y se instalan para siempre en el corazón. Esos dos años junto a Olmedo no solo definieron un momento de su carrera, sino que quedaron grabados en la memoria colectiva de un país.
No importa cuántas décadas pasen: en cada entrevista, en cada saludo en la calle, el público vuelve a preguntarle por él. Como si el recuerdo del Negro fuera también una forma de mantener viva una era dorada del humor argentino. Y Adriana, con la sensibilidad de quien lo vivió desde adentro, entiende que esa historia ya no le pertenece solo a ella. “Fíjate cómo dos años pueden ocupar un lugar tan importante”, reflexionó. En su corazón. En el de la Argentina. Y también en el de otros países que rieron, soñaron y crecieron con aquellas escenas que hoy son leyenda.

Y cada vez que evoca a Olmedo, no habla solo una actriz. Habla una mujer que fue testigo de un tiempo donde el humor era ritual colectivo, donde la televisión reunía a las familias y donde, detrás de cada carcajada, latía una historia compartida que todavía hoy emociona.
Su llegada a Los Sospechosos del Piso 10 fue casi natural. La obra nació el verano pasado con un elenco semiarmado y la convocatoria la sedujo desde el primer momento. “Me encantó la propuesta. Hicimos toda la temporada con gran éxito y después seguimos en invierno. El elenco fue cambiando porque cada actor tiene sus proyectos, pero hoy estamos felices con este grupo hermoso”, explicó. Actualmente comparte escenario con Gianola, a quien define como “uno de los últimos grandes capocómicos” y con quien celebra la magia que se produce en cada función. “Cada vez que sube al escenario es una fiesta. Los bocadillos cambian, hay picardía, compañerismo. El público lo nota y le fascina”.
En tiempos donde la ficción televisiva atraviesa momentos complejos, Brodsky tiene una certeza: “El teatro siempre estuvo. Yo hago teatro desde 1982. Son temporadas de invierno, verano, Carlos Paz, Mendoza, Mar del Plata… Es lo que me acompaña. A veces podés estar en televisión, otras no, pero el teatro siempre está”. Y ese contacto directo con la platea es, para ella, irremplazable. “Cada función es distinta. La energía cambia. Y después, a la salida, la gente te abraza, te cuenta su vida. Yo siempre pienso que tal vez sea la primera y la última vez que me vean, así que trato de escucharlos. Para ellos puede ser una charla que recuerden todo el año”.

Su trayectoria no estuvo exenta de pausas y replanteos. Vivió cuatro años fuera del país y regresó convertida en madre. Ese regreso fue impactante: “La cuadra estaba llena de fotógrafos. Yo pensaba que venían por otra persona y era por mí. Creí que se habían olvidado, pero no”. Sin embargo, algo había cambiado. Los productores seguían viéndola como la figura sensual de antaño, pero ella ya se sentía distinta. “La maternidad te cambia la cabeza. Yo ya no quería hacer de mujer fatal. Quería otras cosas”. Así nació su etapa al frente de un programa de turismo que recorrió el país durante casi una década, donde pudo mostrarse tal cual era, sin etiquetas.
Para Brodsky, el antes y el después en su vida tiene nombre propio: sus hijos. “El cambio más grande fue la aparición de ellos. Todo se resignifica”. Esa mirada madura también la llevó a entender que la adaptación es clave en cualquier carrera. “No es conformismo. Es entender que las cosas cambian en un segundo. El poder de adaptarse hace que hasta lo malo termine bien”.
Cuando habla de aquellos años de exposición desmedida, lo hace con la serenidad que dan el tiempo y la experiencia: “Era la luna y el sol comparado con ahora. Hoy lo disfruto más”.

Fuera del escenario, continúa al frente de su restaurante junto a su hijo Javier. “Nada es fácil. Uno hace lo que puede. Si no hay sacrificio, no hay frutos. Las cosas fáciles nunca las tuve, por eso soy agradecida”, reflexiona. Esa filosofía de esfuerzo y gratitud atraviesa cada una de sus respuestas.
¿Un consejo para quienes sueñan con ingresar al mundo artístico? Brodsky sonríe antes de responder. “Es difícil porque no hay una fórmula. Yo nunca quise ser actriz ni modelo. El medio casi me eligió mágicamente. Algunos llegan estudiando, otros por carisma, otros por casualidad. Lo único que puedo decir es que sigan luchando, no solo en este medio, sino en la vida”.
Hoy, con la misma frescura que aquella joven que irrumpió en la televisión en los ‘80, Adriana Brodsky celebra un presente pleno sobre las tablas. Los Sospechosos del Piso 10 es, para ella, mucho más que una comedia exitosa: es la confirmación de que el escenario sigue siendo su casa, el lugar donde el aplauso se convierte en abrazo y donde cada noche, una vez más, la magia vuelve a empezar.
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