Connect with us

ECONOMIA

La economía rusa ha entrado en la zona de muerte

Published

on


El presidente ruso Vladimir Putin preside una reunión sobre economía en Moscú. La economía rusa creció solo un 1% en 2025 y su déficit presupuestario es el mayor desde la pandemia. (Sputnik/Vyacheslav Prokofyev/Pool via REUTERS)

A medida que la guerra de Rusia contra Ucrania entra en su quinto año, la economía que la sustenta se ha transformado de tal manera que será difícil, quizás imposible, revertirla sin otra crisis. Los occidentales siguen esperando que la economía rusa colapse. No lo hará. Pero tampoco se recuperará. Ha entrado en lo que los alpinistas llaman la zona de la muerte: la altitud por encima de los 8.000 metros en la que el cuerpo humano se consume más rápido de lo que puede repararse.

La economía rusa está estancada en lo que podría describirse como un equilibrio negativo: se mantiene unida mientras destruye constantemente su propia capacidad futura. Los ingresos por exportaciones están cayendo y la debilidad económica significa que los déficits presupuestarios no pueden cubrirse con ingresos fiscales adicionales. La economía creció solo un 1 % en 2025. Las previsiones para este año son peores.

Advertisement

En los últimos cuatro años, la economía rusa se ha bifurcado en dos sistemas metabólicos distintos. El primero comprende las industrias militares y afines: los órganos vitales que reciben un flujo sanguíneo prioritario. Estos sectores están creciendo, contratando e invirtiendo. Tienen acceso prioritario a la mano de obra, el capital y las importaciones. El segundo sistema contiene todo lo demás: la empresa privada, las pequeñas empresas, las industrias de consumo. Estas son las extremidades que se quedan al margen. El sector manufacturero ruso en su conjunto ha crecido un considerable 18,3 % en los últimos tres años. Pero todo ese crecimiento, y más, proviene del sector militar. La industria manufacturera relacionada con la defensa creció lo suficiente por sí sola como para impulsar un 20 % las cifras generales, lo que significa que la industria civil se ha contraído en el mismo periodo.

Empleados trabajan en la planta
Empleados trabajan en la planta automotriz GAZ en Nizhny Novgorod, Rusia. Mientras la industria militar rusa creció un 20%, la industria civil se ha contraído en el mismo periodo. (REUTERS/Maxim Shemetov/Archivo)

La característica más peligrosa de esta nueva estructura es el combustible que consume. La economía rusa funciona ahora con lo que podría denominarse “renta militar”: transferencias presupuestarias a empresas de defensa que generan salarios y actividad económica. Funcionalmente, esto se asemeja a las ganancias extraordinarias del petróleo de la década de 2000. Pero hay una diferencia fundamental. La renta del petróleo procedía de fuera del sistema; los extranjeros pagaban por un activo negociable y el dinero circulaba por la economía con efectos multiplicadores reales. La renta militar es una redistribución interna hacia activos diseñados para la destrucción. El organismo está metabolizando su propio tejido muscular para obtener energía.

No se trata de una recesión cíclica que pueda solucionarse con políticas monetarias o fiscales. Una recesión es como la fatiga: con descanso se recupera uno. La situación de Rusia es como el mal de altura: cuanto más tiempo se permanece allí, peor se pone, independientemente del descanso.

Consideremos las cuentas del descenso del Kremlin. El sector de la defensa de Rusia representa actualmente alrededor del 8 % del PIB. La desmovilización sin caer en una crisis requeriría que se cumplieran simultáneamente cinco condiciones: garantías de seguridad creíbles que satisfagan las percepciones de amenaza del Kremlin (que a su vez determinarán el grado en que reconstruye sus capacidades militares); una desmovilización masiva con programas de reciclaje profesional eficaces; al menos un alivio parcial de las sanciones para el acceso a la tecnología; una revolución en la adquisición de material de defensa que dé prioridad a la eficiencia sobre la absorción presupuestaria; y un ecosistema saludable de pequeñas y medianas empresas capaces de absorber los recursos reasignados e impulsar la innovación. La probabilidad de que las cinco condiciones se den al mismo tiempo es casi nula.

Advertisement

Mientras tanto, el oxígeno fiscal se está agotando. El déficit presupuestario se ha ampliado rápidamente hasta alcanzar los 5,6 billones de rublos (73.000 millones de dólares), o el 2,6 % del PIB, para 2025, el mayor desde la pandemia. Los pagos de intereses de la deuda pública este año superarán el gasto en educación y sanidad juntos.

Los precios del petróleo están aumentando la presión. Con el crudo Urals, el principal tipo de crudo de Rusia, cotizando ahora con un descuento del 25-30 % respecto al Brent, los ingresos por exportaciones de Rusia se encaminan hacia su nivel más bajo desde 2020. Los ingresos presupuestarios del petróleo y el gas se redujeron a la mitad en enero, en términos interanuales, hasta situarse justo por debajo de los 400.000 millones de rublos.

Una bomba de extracción de
Una bomba de extracción de petróleo en Almetyevsk, república de Tartaristán, Rusia. El crudo Urals cotiza con un descuento de entre 25% y 30% respecto al Brent, llevando los ingresos energéticos rusos a su nivel más bajo desde 2020. (REUTERS/Stringer/Archivo)

Pero la debilidad de los precios de la energía no es principalmente una cuestión rusa. Refleja la desaceleración deflacionaria de China, el estancamiento de Europa y las guerras comerciales de Estados Unidos. La escasez de oxígeno a gran altitud es una condición global. Rusia sufre de manera desproporcionada, pero también lo hacen otros Estados petroleros.

Este contexto global crea una estructura de incentivos perversa. La teoría económica estándar sugiere que el deterioro de las condiciones debería empujar al Kremlin a negociar el fin de la guerra. Un actor racional que se enfrenta a unos costos cada vez mayores busca una salida. Pero Vladimir Putin no solo está pendiente de su propio medidor de oxígeno. También está pendiente de los demás escaladores.

Advertisement

Lo que ve Putin es lo siguiente: Europa luchando contra su propia crisis estructural, políticamente fragmentada e incapaz de ponerse de acuerdo en cuestiones estratégicas, incluida Rusia; Ucrania agotada y dependiente del apoyo occidental, que vacila con cada ciclo electoral; una economía global en la que muchos se quedan sin aliento, anticipando una crisis provocada por la elevada deuda y la militarización del comercio. Si tus competidores también se están debilitando, y si crees que puedes tolerar el dolor más tiempo que ellos, el cálculo cambia. La presión económica que debería impulsar el compromiso refuerza, en cambio, la lógica de la persistencia.

Hay una capa aún más profunda. Entre las élites rusas, no solo en el Kremlin, existe la convicción casi universal de que, independientemente de cómo termine esta guerra, el objetivo final de Occidente es la contención estratégica permanente de Rusia, y no solo como castigo por Ucrania, sino para frenar para siempre el potencial de desarrollo de Rusia. Esta creencia se ha vuelto difícil de desmentir. Los responsables políticos occidentales discuten abiertamente planes para contener a Rusia. Cuatro años de confrontación han creado una dependencia del camino recorrido por ambas partes.

Un cliente entrega billetes de
Un cliente entrega billetes de rublo a un vendedor en un mercado de San Petersburgo, Rusia. Los ingresos presupuestarios del petróleo y el gas rusos se redujeron a la mitad en enero respecto al año anterior. (REUTERS/Anton Vaganov/Archivo)

Si ambas partes esperan una confrontación permanente, actúan en consecuencia, y la confrontación se convierte en el único resultado estable. La preferencia revelada de Rusia —continuar la guerra a pesar de los crecientes costos— es racional bajo estas expectativas. Tiene sentido seguir luchando y esperar que algo cambie: que la coalición occidental se fracture, que Ucrania se agote, que las prioridades de Donald Trump cambien.

Probablemente, Rusia pueda seguir librando la guerra en un futuro previsible. Pero ningún alpinista puede sobrevivir indefinidamente en la zona de la muerte, y no todos los que intentan el descenso sobreviven. Para el Kremlin, evitar el deterioro económico requiere, como mínimo, poner fin a la guerra. Eso por sí solo no garantiza la recuperación. Pero cada año adicional a esta altitud aumenta el riesgo sistémico: de crisis fiscal, de colapso institucional, de daños tan graves que ninguna política de posguerra podrá repararlos. La pregunta que deben hacerse los responsables políticos occidentales es qué tipo de Rusia surgirá cuando finalmente comience el descenso, y si alguien tiene un plan para lo que vendrá después.

Advertisement

Alexandra Prokopenko es investigadora del Carnegie Russia Eurasia Centre y autora de “From Sovereigns to Servants: How the War Against Ukraine Reshaped Russia’s Elite” (De soberanos a servidores: cómo la guerra contra Ucrania ha remodelado la élite rusa), de próxima publicación.

Copyright The Economist – 2026



Domestic,Politics,Europe,Government / Politics

Advertisement

ECONOMIA

Un efecto búmeran para Caputo: por qué el «viejo IPC» tampoco lo ayudará en febrero

Published

on



Otra ironía de la economía argentina: al final, a Luis Caputo le habría convenido más aceptar la actualización del IPC que propugnaba Marcos Lavagna, porque las cifras de inflación serían menores. Al menos, eso es lo que están indicando los primeros datos de febrero, donde los rubros que se suponía que pisarían el freno están mostrando una peligrosa inercia.

Las consultoras que hacen relevamientos de precios siguen mostrando subas de precio en el sensible rubro de alimentos. Por caso, Analytica midió aumentos por 1,3% en la segunda semana de febrero, con lo que el promedio de las últimas cuatro semanas llega a 2,7%. Y su pronóstico es que el IPC marcará en febrero un 2,8%.

Advertisement

En el caso de la consultora LCG, la medición de la segunda semana fue de 1% en el rubro alimentos, luego del 2,5% que se había registrado en la semana previa. Y el reporte incluye datos preocupantes, como el hecho de que la categoría que lidera los aumentos es la carne, que en la canasta «vieja» del Indec -o sea, la que sigue vigente- tiene una alta ponderación.

En enero, para sorpresa de casi todos los analistas, el rubro de alimentos y bebidas fue el que lideró los aumentos, con una variación de 4,7% en el mes. El mes en que típicamente se produce un pico de precios es diciembre, por una cuestión estacional, incluyendo el incremento de carne por las fiestas. Y la expectativa era que, pasado ese momento, se registrara una moderación.

De hecho, esa expectativa era la explicación que muchos encontraron para que Caputo se resistiera a adoptar la nueva canasta: con el rubro de alimentos bajo control, el ministro prefería que siguiera con su actual ponderación de 26,9% de la canasta del Indec, y no del 22,7% que preveía el nuevo índice.

Advertisement

Pero lo cierto es que, tras el dato de enero, ya se cumplen cuatro meses consecutivos en los que el rubro de alimentos varía más que el promedio del IPC, y siempre al alza. En septiembre la inflación de alimentos fue de 1,9%, en octubre un 2,3%, en noviembre un 2,8%, en diciembre un 3,1% y en enero el explosivo 4,7%, que dejará un inevitable efecto de arrastre estadístico para febrero.

El impacto de la carne

Cuando hay productos que tienen un alto nivel de ponderación en la canasta, el IPC puede registrar variaciones inesperadas por una súbita baja en la oferta, por ejemplo. El caso típico es el de la carne vacuna, al cual la canasta del Indec le sigue asignando hoy la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.

Y los expertos en el negocio ganadero están advirtiendo que, aun cuando la fuerza de la demanda pueda caer en el mercado doméstico, igualmente hay margen para que los precios sigan subiendo. El motivo es la caída en el rodeo vacuno, que hace que los productores retraigan la oferta para recomponer sus stocks.

Advertisement

El mejor reflejo de esa situación está en el mercado de Cañuelas, donde se ve un sostenido aumento del ganado, con el novillito en $5.000 por kilo vivo, un 42% por encima del precio de octubre y un 25% más que en diciembre, cuando se producía el pico estacional del consumo.

Dado que los ciclos biológicos en el sector vacuno son largos, se tardará al menos cuatro años para que, desde el nivel actual de 51 millones de cabezas, se vuelva a los 54 millones que se registraban en 2022. Por eso, los frigoríficos advierten que los precios podrán mantenerse altos por dos años, antes de empezar a bajar.

Está, además, el efecto del tratado comercial con Estados Unidos, que quintuplica la cuota de carne exportable sin aranceles hasta el nivel de 100.000 toneladas anuales. La estimación es que durante todo el año Argentina le venda unas 810.000 toneladas al mercado global, con lo cual se ubicaría en el quinto puesto del ranking, detrás de Brasil, Australia, India u EE.UU., cuyos volúmenes sufrirán recortes.

Advertisement

En otras palabras, no se vislumbra un desplome en el precio de la carne, porque el stock vacuno está en recomposición y porque las exportaciones no dejarán mucho margen al «principio de Menger» que Javier Milei gusta de citar para explicar que los precios bajarán porque la gente no los convalidará.

La solución para abaratar la carne implicaría la importación desde Brasil o Uruguay, una medida que aparejaría polémica política, pero que ayudaría a contener los precios, como ya se está viendo en los rubros que tuvieron las mayores aperturas comerciales, como los de electrodomésticos y productos textiles.

El fantasma de marzo

El cálculo que sí le saldrá bien a Caputo es el del impacto de las tarifas de servicios públicos y los precios regulados. Ya en este mes están llegando boletas más caras, al ponerse en marcha los recortes de subsidios a electricidad y gas para usuarios de ingresos medios.

Advertisement

El rubro de subsidios, si bien ha sido recortado, todavía se lleva un 6% del gasto presupuestario, y la necesidad de recortes se acentuó por la peligrosa tendencia en la recaudación impositiva: las cifras de ARCA marcaron en enero la sexta caída consecutiva, medida en variación interanual real.

Para ponerlo en palabras de Caputo, todavía no se completó el «cambio de precios relativos» entre bienes y servicios, como para que el proceso desinflacionario pueda considerarse consolidado. Traducido: falta aún más recortes de subsidios y, por ende, mayores subas de precios en servicios públicos y en transporte.

Además, hay cuestiones estacionales: marzo, por ejemplo, suele ser un mes de inflación alta, por los ajustes en la matrícula escolar y subas en precios de servicios regulados, tales como las comunicaciones, la medicina prepaga o los seguros.

Advertisement

Esto fue lo que llevó a Caputo a pensar que era mejor posponer el cambio de IPC, ya que la canasta que había diseñado Lavagna aumentaba la ponderación del rubro rubro «vivienda, electricidad, gas y otros», desde el actual 9,4% del presupuesto familiar, a un 14,5%.

La diferencia entre los dos IPC en pugna se ve con claridad si se analiza la inflación de 2024. Ese año, según estimó la consultora Equilibra, el IPC acumulado habría dado 179,8% en vez del 117,8%, una brecha sustancial. Y eso ocurre, sobre todo, por el impacto del «tarifazo» en los primeros meses de la gestión Milei.

En cambio, en 2025, casi no se habrían registrado diferencias si se hubiese actualizado el IPC: el dato de la inflación habría resultado en 32,1% en vez del 31,5%. El motivo es que las subas tarifarias fueron más moderadas -el «estímulo electoral» llevó a que se pospusieran aumentos-.

Advertisement

Lo que viene

La pregunta que se plantea ahora es si la inflación de 2026 se parecerá más a la de 2024-cuando los servicios lideraron los aumentos- o a la de 2025, cuando las variaciones fueron más parejas.

Y, al menos durante el primer trimestre, todo indica que el factor tarifas será importante. Por eso, Caputo se resignó a tener en enero un IPC más alto que el que se habría registrado si hubiese cambiado la metodología de cálculo.

Lo que, en cambio, no está tan claro, es qué tan duradero puede ser el salto estacional en los alimentos y bebidas. Por lo pronto, se prevé que el IPC de febrero refleje una continuidad de esa situación, lo cual hará que se neutralice el efecto de normalidad que el ministro quería mostrar.

Advertisement

Al menos, quedará un consuelo para el ministro tras el giro negativo: el hecho de que se haya negado a instaurar un nuevo índice que podría dar una inflación menor será un argumento para recuperar credibilidad y evitar que los sindicatos quieran imponer algún tipo de «IPC blue» para mejorar sus condiciones de negociación salarial.

iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,inflacion,luis caputo,precios

Advertisement
Continue Reading

ECONOMIA

Cuánto gasta en servicios públicos un hogar promedio del AMBA en febrero de 2026, según un informe privado

Published

on


Usuarios residenciales del AMBA enfrentaron subas diferenciadas en las tarifas de energía eléctrica, gas, agua y transporte en febrero de 2026

El costo de la canasta de servicios públicos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) alcanzó en febrero los $192.181 mensuales para un hogar promedio sin subsidios, según un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET.

El informe, basado en datos oficiales de la Secretaría de Energía, ENARGAS, INDEC y otras fuentes gubernamentales, mostró que el gasto creció 41% respecto al mismo mes de 2025, aunque se redujo 0,3% frente a enero debido a factores estacionales y a una baja en el consumo de energía eléctrica y gas natural.

Advertisement

La estructura relevada por el IIEP reflejó la implementación del nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), que introdujo cambios en la segmentación de usuarios y en la cobertura de costos de los servicios públicos. A partir de febrero, el esquema distinguió entre usuarios de energía eléctrica con y sin subsidios, mientras que en el sector del gas ningún hogar recibió bonificaciones en el precio mayorista. El informe también destacó que la cobertura tarifaria promedio alcanzó el 65% de los costos, mientras que el Estado nacional absorbió el 35% restante.

En el detalle de la canasta, el gasto mensual en transporte público representó el componente más significativo, con $87.975, seguido por la factura de energía eléctrica de $47.935 y la de gas natural de $24.538, ambos valores correspondientes a usuarios sin subsidio. El gasto en agua potable sin subsidio se ubicó en $31.687. El informe del IIEP explicó que estos valores surgieron de la ponderación de un hogar representativo del AMBA, considerando consumos promedio y coeficiente zonal medio para el agua.

Este diagrama ilustra la evolución
Este diagrama ilustra la evolución de la canasta de servicios públicos en AMBA, mostrando las tarifas de agua, electricidad, gas natural y transporte en febrero de 2025 y 2026, con aumentos porcentuales marcados. (.)

El análisis del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP subrayó que la canasta de servicios públicos representó el 11% del salario promedio registrado estimado para el mes de febrero, equivalente a $1.733.146. Un salario de ese nivel permitió cubrir nueve canastas de servicios públicos, una cifra que descendió respecto a las 9,6 canastas de febrero de 2025, lo que reflejó un aumento de la carga de los servicios sobre el poder adquisitivo.

La canasta de servicios públicos
La canasta de servicios públicos representó el 11% del salario promedio registrado estimado para el mes de febrero, equivalente a $1.733.146

(Imagen Ilustrativa Infobae)

La evolución de la cobertura de costos mostró diferencias entre los distintos servicios y segmentos de usuarios. En energía eléctrica, los usuarios residenciales sin subsidio alcanzaron una cobertura del 100% del costo de abastecimiento, recuperando niveles previos a la implementación del nuevo esquema. Para los usuarios con subsidio, la cobertura subió de 29% en febrero de 2025 y 33% en enero de 2026 a 50% en febrero, lo que implicó una reducción en la proporción de costos financiados por el Estado y un mayor traslado a la tarifa final. En el caso del gas natural, la cobertura llegó al 101% para el usuario promedio sin subsidios, ya que en febrero no existieron bonificaciones según los lineamientos del SEF.

Advertisement

La composición de las facturas varió según el acceso a subsidios. Para los usuarios sin subsidio en electricidad, la energía representó el 36% del monto total, el valor agregado de distribución (VAD) el 38% y los impuestos el 27%. En los hogares con subsidios, la energía significó el 19%, el VAD el 53% y los impuestos el 27%. En gas natural, la factura promedio del país para un usuario sin subsidios ascendió a $30.291, con una distribución del 32% para el precio del gas, 46% para el VAD y 22% para los impuestos.

Este diagrama muestra la evolución
Este diagrama muestra la evolución porcentual de la canasta, transporte, energía eléctrica, gas y agua frente al Índice de Precios al Consumidor (IPC) entre febrero de 2025 y febrero de 2026, destacando el incremento del transporte en un 56%. (.)

El informe del IIEP detalló que en febrero, la factura promedio de energía eléctrica para usuarios sin bonificaciones subió 14,1% en el cargo variable, mientras que para quienes recibieron subsidios se redujo 3,9%, debido al nuevo esquema que estableció un tope de 300 kWh mensuales para el bloque subsidiado. En gas natural, la eliminación de los segmentos N2 y N3 derivó en incrementos en el cargo variable de 117% y 80% respectivamente para los ex beneficiarios, que pasaron a integrar un único segmento sin bonificaciones.

El peso de los servicios energéticos sobre el ingreso varió de acuerdo con el nivel de subsidio y el monto de los ingresos familiares. Un hogar sin subsidio con ingresos equivalentes a tres canastas básicas destinó 2,1% de sus recursos a estos servicios, mientras que un hogar con subsidio y un ingreso equivalente a una canasta básica asignó 4,4%. Para quienes recibieron el salario mínimo, vital y móvil, el peso de los servicios energéticos llegó al 8,6% del ingreso.

En la comparación interanual, el informe del IIEP registró que la factura de transporte subió 56% frente a febrero de 2025, por encima de la inflación estimada. El gasto en agua, electricidad y gas natural aumentó 19%, 35% y 37% respectivamente. El análisis indicó que la principal causa del aumento de la canasta de servicios públicos fue el transporte, que aportó 23 puntos porcentuales al incremento total del 41%. El gasto en energía eléctrica sumó nueve puntos, el gas cinco y el agua cuatro.

Advertisement

Los subsidios económicos a los sectores de energía y transporte registraron un aumento nominal del 140% anual acumulado a febrero de 2026, con una variación real del 82% anual. La energía absorbió el 86% de los subsidios acumulados y tuvo una suba real del 175% anual, principalmente a través de transferencias a CAMMESA y ENARSA. Las transferencias a CAMMESA crecieron 87% en términos reales, mientras que las destinadas a ENARSA aumentaron 1872%. En contraste, los subsidios al transporte disminuyeron 43% en términos reales.

En el detalle de la
En el detalle de la canasta, el gasto mensual en transporte público representó el componente más significativo, con $87.975
(Imagen ilustrativa Infobae)

El informe también consignó que la canasta de servicios públicos del AMBA experimentó un aumento del 593% desde diciembre de 2023 hasta febrero de 2026, mientras que el nivel general de precios subió 200% en el mismo período. En la comparación interanual, la canasta se incrementó 41%, ubicándose diez puntos por encima del Índice de Precios al Consumidor, que tuvo una variación de 31%.

La dispersión de tarifas por región y empresa distribuidora persistió como un rasgo estructural del sector, influida por diferencias en los marcos regulatorios, la composición de los costos y la existencia de cargas impositivas diversas. El análisis del IIEP remarcó que la comparación de tarifas entre jurisdicciones requiere tomar en cuenta estos factores para evitar interpretaciones erróneas.

El costo promedio de la canasta de servicios públicos incluyó también el precio del litro de nafta y gasoil premium, que en febrero de 2026 promedió $1.877 y $1.945 respectivamente a nivel país, así como la cobertura tarifaria de colectivos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que fue del 32%. La brecha entre el costo regulado y el valor estimado por el IIEP resultó del 116%.

Advertisement

Por último, el informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP consignó que la reducción real de las compensaciones al transporte del AMBA para colectivos y subte fue de 34% desde 2023. A partir de 2026, la determinación de los costos técnicos del transporte y el cálculo de los subsidios quedó a cargo de cada jurisdicción, modificando una larga tradición de centralización nacional.



servicios públicos,tarifas,aumento,AMBA,agua,energía eléctrica,gas natural,transporte,canasta,economía

Advertisement
Continue Reading

ECONOMIA

La disputa por las cuentas sueldo resurge en el Congreso con la reforma laboral: cuánto pagan hoy las billeteras digitales

Published

on


Continúa la batalla entre los bancos y las fintech por las cuentas sueldo

En medio del tratamiento legislativo de la ley de Modernización Laboral impulsada por el oficialismo, que ya obtuvo media sanción en la Cámara de Senadores, subyace en uno de sus artículos la batalla entre los bancos y las fintech por las cuentas sueldo.

El proyecto original de reforma laboral habilitaba el pago de salarios a través de billeteras virtuales, pero la disposición fue retirada durante su tratamiento en comisión en el Senado, antes de la votación que le otorgó media sanción.

Advertisement

En las últimas horas se hizo público que el bloque de Diputados del PRO, que lidera Cristian Ritondo, quiere que las billeteras virtuales puedan ser un vehículo alternativo para el cobro de salarios y que la cuestión sea incorporada al debate en la Cámara baja.

En este sentido, ¿cuánto pagan las principales billeteras virtuales por los pesos inmovilizados? Éstas ofrecen rendimientos diarios con una Tasa Nominal Anual (TNA) que oscila aproximadamente entre el 22% y el 27%. Las opciones más destacadas incluyen a Ualá (26% TNA), Prex y Cocos (25% TNA), Naranja X (25% TNA) y Mercado Pago (24,32% TNA), permitiendo generar intereses con dinero disponible.

Principales rendimientos (TNA) al 14/02/2026:

Advertisement
  • Ualá (Cuenta Remunerada): 26%.
  • Prex Argentina (FCI MM): 25,12%.
  • Cocos Capital (FCI RM): 25,12%.
  • Naranja X (Cuenta Remunerada): 25%.
  • Personal Pay (FCI MM): 24,88%.
  • Mercado Pago (FCI MM): 24,32%.
  • IEB+ (FCI MM): 23,82%.
  • Claro Pay (FCI MM): 23,40%.
  • Lemon Cash (FCI MM): 23,04%. 

Entre otras características, las wallets ofrecen un rendimiento diario. Estas billeteras funcionan con cuentas remuneradas (FCI – Fondos Comunes de Inversión), lo que permite que el dinero rinda diariamente y se pueda usar en cualquier momento.

Algunas asignan un tope de remuneración, algo a tener en cuenta, es decir que las billeteras establecen topes máximos de dinero a remunerar (por ejemplo, Naranja X cuenta remunerada paga hasta ciertos montos).

Por otra parte, no hay que perder de vista la variabilidad de los rendimientos, pues las tasas son nominales anuales y pueden cambiar rápidamente según la política monetaria.

Vale recordar que la Cámara Argentina Fintech anunció que impulsará nuevamente la propuesta para permitir el pago de salarios a través de billeteras virtuales, tras la exclusión de este artículo en la reforma laboral que obtuvo media sanción en el Senado. La entidad anticipó que buscará reinstalar el debate en la Cámara de Diputados y defendió la necesidad de incorporar mayor competencia y libertad de elección en los canales de acreditación salarial.

Advertisement

En el proyecto original, la reforma habilitaba la opción de recibir haberes tanto en cuentas bancarias tradicionales como en billeteras digitales. Sin embargo, durante el tratamiento en comisión, los senadores decidieron suprimir este punto. De acuerdo con un comunicado de la Cámara Argentina Fintech, esta decisión restringe alternativas para los trabajadores y limita la competencia en el sector financiero. “Resulta contradictorio que se haya excluido del debate un artículo que efectivamente introducía mayor libertad y competencia: la libre elección del canal de acreditación salarial”, sostuvo la entidad.

El sector tecnológico remarcó que la libertad para optar por el canal de cobro no debilita el sistema, sino que lo obliga a competir por el cliente. “El salario pertenece al trabajador. La decisión sobre dónde cobrarlo también debería pertenecerle”, subrayó la cámara.

Datos del BCRA muestran que las billeteras digitales intervienen en el 75% de las transferencias inmediatas en el país

La masificación de las billeteras virtuales ya se refleja en el uso cotidiano de los usuarios en Argentina. Un informe de la consultora Isonomía citado por la cámara indica que nueve de cada diez argentinos considera que debería poder elegir dónde percibir su sueldo, mientras que ocho de cada diez jóvenes opina que el cobro mediante billeteras digitales sería más práctico.

Advertisement

Datos del BCRA muestran que las billeteras digitales intervienen en el 75% de las transferencias inmediatas en el país. Este crecimiento ha generado tensiones con el sector bancario. Los bancos buscan preservar la exclusividad en el depósito de sueldos porque esto les garantiza fondos baratos, al no remunerar los saldos en cuentas sueldo, lo que a su vez les permite ofrecer créditos a mejores tasas.

En caso de que la competencia con las billeteras digitales se intensifique, los bancos se verían obligados a mejorar sus condiciones para retener clientes, lo que podría aumentar el costo del crédito, una variable que el Gobierno prefiere evitar.

A fines de 2025, las entidades agrupadas en ADEBA, ABA y ABAPPRA reiteraron su rechazo a la posibilidad de que las fintech puedan gestionar pagos de salarios y jubilaciones. En un comunicado, defendieron el esquema bancario actual y señalaron que las billeteras virtuales solicitaron operar cuentas sueldo y de jubilaciones sin estar reguladas ni supervisadas por el BCRA, ni ofrecer garantías sobre los fondos depositados en cuentas virtuales.

Advertisement

En respuesta, la Cámara Argentina Fintech aseguró que las billeteras virtuales se encuentran bajo supervisión del Banco Central, cumplen con normas de prevención de lavado, ciberseguridad, identificación de clientes y trazabilidad de operaciones.



impuestos,finanzas,declaraciones fiscales,contabilidad,análisis financiero,calculadora,deducciones,ingresos,gestión empresarial,documentos tributarios

Advertisement
Continue Reading

Tendencias