INTERNACIONAL
Se quedó sin trabajo, le rechazaron un crédito e intentó secuestrar un avión para matar al presidente en 1974

La llamó Operación Caja de Pandora. Un nombre ampuloso, un objetivo muy ambicioso: matar al presidente de Estados Unidos.
Samuel Byck era un hombre de 44 años que había quedado desocupado y al que el banco le había negado un crédito para emprender un nuevo negocio. Estaba enojado y frustrado. Padecía también de problemas mentales. Adjudicó todos sus males a Richard Nixon, el entonces presidente de Estados Unidos. Y diseñó un plan unipersonal para asesinarlo.
El 22 de febrero de 1974 secuestraría un avión, obligaría a la tripulación a tomar rumbo hacia Washington y luego lo haría caer en picada sobre la Casa Blanca. De esa manera cometería el magnicidio. Consideraba que la parte más compleja del plan era asegurarse de que, en el momento en que él estrellara el avión, Nixon se encontrara en la Oficina Oval.
A decir verdad, los planes de Byck no eran muy detallados. Ni siquiera había pensado demasiadas alternativas. Había decidido improvisar. Suponía que con un objetivo claro -tener el dominio del avión para dirigirlo a la Casa Blanca- bastaba. En una de las grabaciones que dejó dice que tomaría un avión con algún ardid, una mentira o por la fuerza, sin demasiados detalles. Lo único que tenía claro era que iba a obligar al piloto a dirigirse a Washington, apuntar a la Casa Blanca y, mientras el avión estuviera descendiendo hacia su objetivo, mataría al piloto de un tiro en la nuca y él tomaría su lugar para asegurarse de cumplir con su objetivo.
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Samuel Byck era el mayor de cuatro hermanos de una familia pobre del sur de Filadelfia. Dejó el colegio siendo muy joven para trabajar y así ayudar en su hogar. Poco después de los 20 se alistó en el ejército donde permaneció dos años. Después se casó y tuvo cuatro hijos. Pasó por múltiples trabajos. Sufría de problemas mentales. Fue diagnosticado como bipolar. Su esposa lo dejó. Samuel pidió un crédito de 20.000 dólares, pero le fue denegado porque el negocio en el que pensaba usarlo era estrafalario. Ese rechazo que lo dejaba sin horizonte laboral lo terminó de desequilibrar. Se persuadió de que el único responsable de sus males era Richard Nixon. Y decidió asesinarlo. No sólo para vengar sus desgracias personales sino también como un supuesto servicio patriótico: estaba convencido de que era un deber que debía afrontar alguien como él.
En varias reuniones sociales contó que pensaba matar al presidente. Tan insistente fue que sus comentarios llegaron a oídos del FBI, que comenzó a investigarlo, pero muy rápido descartó su peligrosidad. Lo consideró un desequilibrado inofensivo. Descubrieron que había intentado afiliarse a las Black Panther Party y que había enviado largas cartas a referentes judíos de diferentes ámbitos, entre ellos, algún senador, jueces, el director de orquesta Leonard Bernstein y el científico Jonas Salk: un elenco variado.
Byck, por su parte, desde el día en que se autoimpuso la misión comenzó a vigilar a Nixon. Caminaba alrededor de la Casa Blanca, esperaba el paso del auto presidencial, anotaba horarios y rutinas. El día de Navidad lo encontraron en la explanada exterior de la Casa Blanca disfrazado de Papá Noel.
El 22 de febrero de 1974, Samuel Byck secuestraría un avión, obligaría a la tripulación a tomar rumbo hacia Washington y luego lo haría caer en picada sobre la Casa Blanca. (Foto: AP)
El primer problema que enfrentó fue cómo conseguir un arma. Él estaba impedido de comprar una en el mercado legal. Había amenazado en público al presidente de Estados Unidos y el FBI, aunque lo había desestimado como objetivo a seguir permanentemente, lo había puesto en una lista de vedados. Necesitaba un arma de fuego: nadie secuestra un avión sin al menos un revólver. Se la robó a un amigo y fue el Smith & Wesson que utilizó para sus crímenes.
Desde fines de los años sesenta y hasta los primeros de la década del setenta la práctica de secuestrar aviones fue muy extendida, tuvo un auge que parece inconcebible en estos tiempos: hubo más de 300 casos. Años de virulencia, convulsionados, en el apogeo de la Guerra Fría, con grupos terroristas exigiendo reivindicaciones y liberación de detenidos en cualquier lugar del mundo y también de algunos vivos como el misterioso caso de D.B.Cooper que se lanzó del avión en pleno vuelo y nadie nunca supo si logró sobrevivir con el botín que obtuvo.
Estos secuestros se hicieron tan habituales que, cuando se convirtieron en un problema serio, se modificó de manera contundente la seguridad aeroportuaria. Byck no había sido original, se inspiró viendo los noticieros. Pero no tuvo en cuenta que la mayoría de los piratas, compraba un pasaje común y procedía a tomar de rehenes a los pasajeros y a la tripulación una vez que ya estaban en el aire.
Al secuestro de los aviones se sumaron otros dos episodios que utilizó como musas. El de un hombre que disparó a decenas de personas desde la terraza de un hotel y al de un helicóptero que aterrizó sin autorización en los jardines de la Casa Blanca. El entonces presidente de los Estados Unidos Richard Nixon, en 1974. (Foto: AFP)
El 22 de febrero de 1974 Samuel Byck se despertó muy temprano. Tomó su arma, se subió a su auto y se dirigió al aeropuerto Baltimore-Washington. Todavía no había amanecido cuando llegó. Después de estacionar, aprovechó la oscuridad para merodear unos minutos mientras buscaba un lugar para ingresar a la pista sin llamar la atención. Hasta que vio una reja abierta. Apuró el paso, pero antes de atravesarla un policía salió a su paso: no podía caminar rápido porque cargaba una valija de cuero pesada. El hombre le explicó con amabilidad y algo de firmeza que el paso estaba restringido, que sólo podía ir por allí personal autorizado. Byck no insistió; sacó la Smith & Wesson de su cintura y disparó desde muy corta distancia. El guardia murió en el acto. El estampido del disparo fue tapado por el rugido de los motores de los aviones.
Byck corrió y subió a un DC-9 de Delta Air Lines con destino a Atlanta que estaba en la pista, próximo a despegar. La unidad no fue elegida con premeditación: tan solo fue la que más cerca estaba y tenía sus puertas abiertas. Se dirigió raudo a la cabina —siempre sin despegarse de su valija de cuero— y, blandiendo el arma, amenazó al piloto y al copiloto. Les ordenó despegar de inmediato.
Los hombres trataron de calmarlo. Le dijeron que harían lo que él les pedía, pero que debían cumplir ciertos pasos porque, de otro modo, no sólo no los autorizarían a salir sino que el avión no estaría en condiciones materiales de volar. “¿Qué condiciones?”, gritó desaforado Byck. Le explicaron que era imposible despegar con las puertas abiertas. “¡Que las cierren!”, gritó. El piloto pidió a las azafatas que lo hicieran. Una de las chicas dudó en obedecer. Byck, con una mano —el arma no la soltaba—, abrió con dificultad la valija de cuero y mostró orgulloso su contenido. Era una bomba casera, muy sencilla pero letal: un bidón metálico de dos galones (unos siete litros y medio) de nafta con una mecha que salía de la parte superior. De uno de los bolsillos del saco extrajo un encendedor y lo acercó a la mecha. “Si no cumplen, explotamos todos”, dijo, simulando serenidad. Las azafatas se apuraron a cerrar todo. Un Douglas DC-9, tal como el que Samuel Byck intentó secuestrar. (Foto: Wikipedia)
Byck apoyó el arma en la nuca del copiloto y ordenó el despegue. Los hombres le mostraron, siempre con paciencia y aplomo, que esa luz roja en el tablero indicaba que los topes de las ruedas todavía estaban puestos y que si el personal de tierra no los retiraba no podrían carretear. Byck no aceptó las explicaciones. Creyó -acaso con razón- que le estaban mintiendo y que dilataban el despegue.
Mientras el piloto intentaba hablar con la torre de control, el secuestrador les disparó a los dos. Los hirió de gravedad. Quedaron en el piso, desangrándose. Byck no se demoró contemplando su obra. Caminó por el pasillo de la nave y escrutaba a los pasajeros aterrados. Con el arma apuntó a una mujer y le ordenó que lo acompañara a la cabina. Decidió que ella fuera la que manejara el avión, la que intentara el despegue, sin importar sus nulas aptitudes. La mujer nunca había pilotado un avión, había sido elegida al azar por Byck, en medio de la nube de alienación que lo envolvía. Uno de los pasajeros quiso convencerlo de abandonar su aventura. Le dijo que si intentaban volar sin alguien capacitado al mando todos iban a morir. Byck no le contestó, sólo miró la valija y regresó a la cabina. Samuel Byck era un hombre de 44 años que había quedado desocupado y al que el banco le había negado un crédito para emprender un nuevo negocio. (Foto: AP)
Ya enterados del secuestro de la nave, varios policías se apostaron cerca del avión y en otros sitios estratégicos del aeropuerto. Los equipos Swat estaban en camino. Uno de los policías decidió disparar a las ruedas del tren de aterrizaje para impedir el despegue. Pero las balas no penetraron el caucho apretado y rebotaron; las balas terminaron perforando las alas del avión.
Mientras tanto, los policías habían acercado una manga a una de las puertas del avión. Y comenzaron a disparar para intentar ingresar. Byck desistió del despegue al darse cuenta de que la mujer que había elegido no tenía la menor idea de lo que tenía que hacer y él, menos aún. Escuchó un estruendo dentro del avión. Uno de los disparos había atravesado el grueso vidrio de la puerta. Byck se acercó y comenzó a disparar, a devolver el fuego. Pero cayó al suelo. Dos balazos lo impactaron. Sangraba, estaba muy dolorido pero consciente. Antes de que pudieran abrir la puerta, Samuel Byck se pegó un tiro en la sien. Unos minutos después, lograron ingresar a la nave. Byck todavía respiraba. Estiró una mano hacia el primero que se acercó a él y dijo: “Ayúdeme, por favor”. Después dejó de respirar. La valija con la bomba de nafta había quedado debajo de su cuerpo. El encendedor estaba tirado debajo de un asiento a cuatro o cinco metros de distancia.

Tumba de Samuel Byck, en el Shalom Memorial Park en Huntingdon Valley, Pennsylvania, Estados Unidos. (Foto: AFP)
Los diarios al día siguiente dieron cuenta del intento frustrado de secuestro de un avión. Un avión que ni siquiera había despegado. Tuvo algo más de repercusión por las muertes que produjo. El guardia en tierra y el copiloto que murió en la ambulancia mientras era llevado al hospital. El piloto logró sobrevivir y tiempo después consiguió volver a volar.
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El significado de las acciones de Byck cambió unos días después de su muerte. El periodista Jack Anderson publicó una serie de artículos en The Washington Post que provocaron una enorme conmoción: allí se reveló que el objetivo de Byck era asesinar a Richard Nixon, el presidente de Estados Unidos. Byck había grabado cuatro casetes con sus confesiones y los envió por correo al periodista para que se conocieran las motivaciones de sus actos. Supuso que, cuando el mundo conociera sus argumentos y una vez consumado el magnicidio —nunca consideró que pudiera fallar—, sería erigido en el pedestal de los héroes; hasta debe haber imaginado su perfil tallado en el Monte Rushmore.
Richard Nixon, Historia, Estados Unidos, Sumario
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WATCH: Top 5 most memorable moments in American State of the Union history

NEWYou can now listen to Fox News articles!
President Donald Trump will deliver his first official State of the Union address of his second term Tuesday night before a joint session of Congress at the Capitol, as viewers watch for viral moments and headline-grabbing exchanges like those that have defined past speeches.
Here are the top five moments from past State of the Union addresses.
1. Reagan surprises the crowd with first-ever acknowledgment of a guest in the audience
It’s become commonplace in recent years for presidents to acknowledge guests in the audience during SotU addresses, but President Ronald Reagan’s 1982 address was the first time the practice was rolled out.
Reagan’s speech came just weeks after Air Florida Flight 90 crashed into Washington’s 14th Street Bridge over the Potomac River shortly after taking off in an accident that killed 78 people.
NANCY PELOSI SAYS SHE HAD ‘NO INTENTION’ OF TEARING UP TRUMP’S 2020 STATE OF THE UNION SPEECH
President Trump will deliver the State of the Union this week after decades of viral moments from previous speeches. (Evelyn Hockstein/Reuters/Bloomberg via Getty Images; MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)
Three people survived the crash thanks to civilians on the ground who rushed to their aid, including Congressional Budget Office assistant Lenny Skutnik, who stripped off his shoes and clothes and dove into the frigid waters.
Reagan honored Skutnik in his speech, which made honoring people in the crowd a common theme in the years to come.
«Just two weeks ago, in the midst of a terrible tragedy on the Potomac, we saw again the spirit of American heroism at its finest — the heroism of dedicated rescue workers saving crash victims from icy waters,» Reagan said. «And we saw the heroism of one of our young government employees, Lenny Skutnik, who, when he saw a woman lose her grip on the helicopter line, dived into the water and dragged her to safety.»
2. Speaker Pelosi tears up Trump’s 2020 speech
Democratic House Speaker Nancy Pelosi sparked a social media firestorm and cemented herself in State of the Union infamy in February 2020 when she stood up and tore Trump’s speech into pieces after he had finished.
When Fox News asked Pelosi afterward why she did it, she responded, «Because it was the courteous thing to do considering the alternatives.» She added, «I tore it up. I was trying to find one page with truth on it. I couldn’t.»
Pelosi’s outburst came on the heels of Trump’s first impeachment trial, which ended in a Senate acquittal the day after the speech.
«Speaker Pelosi just ripped up: One of our last surviving Tuskegee Airmen. The survival of a child born at 21 weeks. The mourning families of Rocky Jones and Kayla Mueller. A service member’s reunion with his family. That’s her legacy,» the White House tweeted after Pelosi tore up the speech, referencing individuals who Trump mentioned during his address.
3. Rep. Joe Wilson ‘You lie!’ outburst at President Obama
One of the most remembered moments from a State of the Union address came in 2009 when South Carolina Republican Rep. Joe Wilson interrupted President Barack Obama’s address, which at the time was far less common than it later became.
HOW TO WATCH PRESIDENT TRUMP’S 2026 STATE OF THE UNION ADDRESS TO CONGRESS LIVE

First Lady Nancy Reagan applauding Leonard Skutnit, as his wife looks on, during President Reagan’s State of the Union address. Skutnik rescued people from the icy Potomac River following the crash of Air Florida flight 90. (Getty)
«There are also those who claim that our reform effort will insure illegal immigrants,» Obama said, talking about his controversial Obamacare plan. «This, too, is false. The reforms I’m proposing would not apply to those who are here illegally.»
«You lie!» Wilson shouted from his seat on the Republican side of the chamber, causing widespread yelling from other members in the audience.
Wilson later apologized to Obama’s chief of staff, Rahm Emanuel.
«This evening, I let my emotions get the best of me when listening to the president’s remarks regarding the coverage of illegal immigrants in the health care bill,» Wilson said in a written statement. «While I disagree with the president’s statement, my comments were inappropriate and regrettable. I extend sincere apologies to the president for this lack of civility.»
4. Rep. Boebert heckles Biden over Afghanistan withdrawal during 2022 address
«You put them in, 13 of them,» GOP Rep. Lauren Boebert shouted at Biden as he talked about Afghanistan veterans who ended up in caskets due to exposure to toxic burn pits. Boebert was referencing the 13 U.S. service members killed during Biden’s chaotic withdrawal from Afghanistan in 2021.
Boebert was wearing an outfit that said «Drill Baby Drill» in opposition to Biden’s energy policies and her outburst drew some boos from the audience.
At another point, Boebert and Greene started chanting «build the wall» when Biden was talking about immigration.
5. President Biden blasts GOP lawmakers in 2023 address, prompting jeers from Republicans in the crowd
«Some of my Republican friends want to take the economy hostage — I get it — unless I agree to their economic plans,» Biden said to Congress, prompting a shake of the head from then-GOP House Speaker Kevin McCarthy in the background and shouts from the crowd and shots of other Republicans shaking their heads.
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President Joe Biden delivers the State of the Union address to a joint session of Congress as Vice President Kamala Harris and House Speaker Kevin McCarthy, R-Calif., listen on February 7, 2023. (Jacquelyn Martin-Pool/Getty Images)
«Instead of making the wealthy pay their fair share, some Republicans, some Republicans, want Medicare and Social Security to sunset,» Biden continued, which caused an even more pronounced shake of the head from McCarthy, who mouthed «no» as Republicans continued to jeer.
«I’m not saying it’s the majority,» Biden continued, which resulted in even more boos from the raucous crowd.
«Let me give you — anybody who doubts it, contact my office. I’ll give you a copy — I’ll give you a copy of the proposal,» Biden continued to say over increasingly louder shouting from the crowd.
«That means Congress doesn’t vote — I’m glad to see — no, I tell you, I enjoy conversion,» Biden said, apparently meaning to say «conversation.»
Biden’s speech continued to devolve from there as Republican outrage interrupted him on multiple occasions.
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INTERNACIONAL
Cuba activó el modo supervivencia 67 años después del triunfo de la Revolución: no hay turismo, combustible ni servicios médicos

Donald Trump dejó a Cuba a la deriva y en modo supervivencia 67 años después del triunfo de la Revolución.
Sin combustible y con una economía pauperizada desde hace más de 30 años, el gobierno de Miguel Díaz-Canel observa cómo se esfuman sus principales fuentes de ingreso de divisas por un bloqueo renovado y total.
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La crisis es inédita. Nunca se había tocado fondo de una manera tan descarnada. No es solo la emergencia social, con basura acumulada, sin transporte y una vida virtualmente paralizada.
La economía se derrumba a niveles nunca vistos. Los ingresos por turismo, minería, tabaco y servicios médicos están por el piso. La crisis es peor aún a la que siguió a la caída de la Unión Soviética y el campo socialista que derivó en el inicio del llamado “Período Especial”.
Los cubanos parecen resignados a depender de sus familiares migrantes.
“No pudiéramos haber sobrevivido sin su ayuda. Aunque yo rento habitaciones (por horas, para parejas) hay muy pocos clientes y mi jubilación es de 2020 pesos cubanos (poco más de cuatro dólares en el mercado negro). ¡Gracias a Dios por la familia sobrevivimos! En casi todas las casas hay emigrantes y siempre algo mandan a padres, hijos, hermanos”, dijo a TN una vecina del barrio de Alamar, en el este de La Habana y cuyo nombre se preserva.
Una isla al borde del colapso
El bloqueo energético ordenado por Trump no solo provoca apagones masivos, escasez de todo, falta de transporte, la paralización de la escasa industria local y un sentimiento generalizado de agotamiento por una crisis que no es nueva. Solo que esta vez el golpe dejó a la isla al borde del colapso, aunque muchos cubanos piensan que esa línea ya se cruzó.
El cerco estadounidense se estrecha cada día más. La estrategia es aceitada y precisa: Trump busca ahogar las fuentes de divisas que mantienen a flote a la isla y no duda en amenazar con aplicar aranceles a todo aquel país que envíe crudo a la Revolución. Una mujer agita su brazo para tomar un vehículo eléctrico en La Habana. (Foto: EFE)
Los cinco puntales de la economía cubana están hoy en crisis.
- Turismo. Los extranjeros están cancelando las estadías en Cuba. No solo porque algunas aerolíneas (canadienses y rusas, en especial) suspendieron sus vuelos a la isla. Las noticias no “seducen” a los vacacionistas. No hay combustible, no hay comida, no hay medicinas.
Patricia (ese no es su verdadero nombre) es dueña de un hostal en el Vedado, un barrio tradicional de La Habana. “No hay turistas. Estamos trabajando al 5 o 10% de nuestra capacidad”, dijo a TN.
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“Nos cancelaron dos grupos de turistas a fines de enero y principios de febrero por falta de vuelos. Mantenemos a seis trabajadores con los pocos ingresos que tenemos. Los hoteles alrededor están igual y muchos han cerrado”, afirmó.
Con seis habitaciones, el hostal mantiene a seis trabajadores que ya no van todos los días. “Incluso se han rebajado salarios y todos reciben un sueldo mínimo para sobrevivir”, comentó.
El sector emplea a 300.000 trabajadores. La pandemia y las sanciones, según estimaciones oficiales, hicieron caer los ingresos en 70% entre 2019 y 2025. El año pasado el derrumbe fue del 25% cuando llegaron al país 1,8 millones de visitantes, muy por debajo de la meta oficial de 2,6 millones, según cifras oficiales. Personas caminan y andan en bicicleta por una calle en La Habana, Cuba, el martes 10 de febrero de 2026. (Foto AP/Ramón Espinosa)
- Servicios médicos. Cuba tiene en la exportación de “brigadas médicas” una de sus principales fuentes de ingreso de divisas. El gobierno admite que generaron 7000 millones de dólares en 2025.
Las cifras son elocuentes. Unos 24.000 médicos y otros profesionales de la salud cumplieron misiones en 56 países el año pasado. Unos 13.000 en Venezuela, un mercado que ahora está “en veremos” tras el ataque y captura de Nicolás Maduro el 3 de enero.
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Trump está presionando a distintos países para que suspendan este servicio. Lo logró con Guatemala y Antigua y Barbuda. Otros países como Bahamas, Granada y Trinidad y Tobago cambiaron los términos del acuerdo. Guyana avisó que le abonará de ahora en más directamente a los médicos cubanos. Los contratos preveían el pago al Estado cubano, que a su vez giraba salarios a los médicos en misión en el exterior. Según la ONG Prisoners Defenders, La Habana se queda con un promedio del 85 % del total.
El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó este sistema como “esquemas de trabajo forzado”, que incluye “prácticas laborales abusivas y coercitivas”.
- Remesas. Los cubanos dependen de las remesas que envían sus familias emigradas, especialmente en Estados Unidos. Los canales de envío están virtualmente cerrados, pero los cubanos encuentran formas de burlar las trabas de la Casa Blanca a través de “mulas” que viajan en forma diaria a La Habana desde Miami llevando dinero y toda clase de productos.
Por eso muchos congresistas cubanoamericanos exigen la cancelación de los vuelos directos entre la Florida y la isla.
Un antiguo asesor económico del gobierno cubano dijo a TN que hay muchas formas de hacerle llegar ayuda a los cubanos desde el exterior. No es solo con dólares.
“Antes, con Western Union, se podía tener una aproximación de cuánto dinero entraba. Se calcula que las remesas llegaron a oscilar entre 2000 a 3000 millones de dólares. Pero ahora hay plataformas en Estados Unidos que envían comida a Cuba. Se paga por una pierna de puerco, arroz, pollo y frijoles desde Miami y en menos de 48 horas se entrega en Cuba. Esas también son remesas”, comentó.

Dos trabajadores cubanos se preparan para la escasez de combustible y los apagones en La Habana, Cuba. (Foto: REUTERS / Norlys Perez)
Además, hay que sumar las recargas de las tarjetas telefónicas que se hacen desde el exterior y las importaciones de privados. “El año pasado los privados importaron mercaderías por 2600 millones de dólares. Son cifras oficiales. El Estado no vende dólares. ¿De dónde salió ese efectivo?“, preguntó el exasesor.
Incluso, algunos privados están importando combustible.
- Tabaco. Los habanos son otra fuente importante de ingresos en divisas. Las ventas se situaron en 827 millones de dólares en 2024. Es el último dato oficial conocido. Pero sin petróleo la producción decae. No se puede levantar la cosecha ni regar los campos.
Además, se canceló el prestigioso Festival del Habano, previsto para finales de febrero. Este evento incluye una tradicional subasta de puros y reporta cada año varios millones de dólares al Estado. Lo recaudado se destina al sector sanitario de la isla, hoy sumamente golpeado. Fidel Castro solía asistir a sus veladas.
La mina produce minerales fundamentales para baterías y aleaciones. Se estima que los ingresos anuales ascienden a unos 500 millones de dólares.
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¿Cómo se creó un país como Estados Unidos?

Este año EEUU celebra el aniversario 250 de su fundación, que se inicia el 4 de julio de 1776 con la Declaración de Independencia, pero a mi juicio, la nación que conocemos es la creación del proceso político que culmina el 17 de septiembre de 1787, cuando la Constitución es firmada por la Convención que tuvo lugar en Filadelfia. Posteriormente, fue ratificada el 21 de junio de 1788 y entró en vigor el 4 de marzo de 1789. Es todavía la constitución nacional escrita más antigua en vigor.
Y hoy, cuando en EEUU sigue predominando la polarización y la división, útil es recordar cómo se creó esa nación.
Si el 4 de julio es el día de la Independencia, es en el proceso originador de la constitución donde nosotros encontramos la respuesta a la pregunta de esta columna, de cómo se creó un país tan especial y diferente a lo entonces conocido. Es también la razón por la cual fue primero una república caracterizada por sus instituciones que una democracia, ya que en retrospectiva el pecado original de la esclavitud dificultó durante mucho tiempo que se le pudiera llamar así.
Es por eso por lo que el 17 de septiembre se celebra el día de la Constitución y el Día de la Ciudadanía como parte de la semana de la Constitución. Es la vigencia de esta lo que explica la existencia de instituciones con el poder demostrado en estos días por la Corte Suprema con su fallo sobre los aranceles que apunta al corazón del programa económico de la administración Trump, ya que tiene un lugar especial relacionado con frenos y contrapesos, y que supera con mucho la separación de poderes clásica y las atribuciones que tienen las instituciones judiciales del mismo nombre a través del mundo.
El 9 de septiembre de 1776, el segundo Congreso Continental adoptó un nuevo nombre por lo que a partir de entonces lo que se había llamado las “Colonias Unidas” adquirió hasta hoy el nombre de Estados Unidos de América. Por su parte, la Constitución es ley suprema desde el 4 de marzo de 1789, documento breve que permanece como tal con sus 7 artículos originales, un preámbulo de 52 palabras que se inicia con palabras nunca usadas antes en este tipo de instrumento jurídico, el clásico “Nosotros, el pueblo”.
Así se creó un país como EEUU, por lo que no fue con la Declaración de Independencia o el triunfo militar sobre el ejército más poderoso de aquel entonces, sino con esa Constitución todavía vigente.
¿Fue una revolución hecha por no revolucionarios?
Más aún, el proceso político estadounidense de 1776 a 1787 constituye una de las primeras revoluciones de la era moderna y una de las más exitosas. Toda revolución desata dramas, exilios, odios y persecuciones, también EEUU, que no fue ninguna excepción, pero es notoria la moderación de quienes la encabezaron. James Madison la explicaba por su confianza en las hoy casi olvidadas virtudes republicanas: “Así como la naturaleza humana tiene algo depravado que reclama cierta circunspección y desconfianza, también posee otras cualidades que justifican cierta estima y confianza. El gobierno republicano presupone que dichas cualidades prevalezcan sobre cualquier otra cosa”.
Es indudable aquí la presencia implícita de la idea puritana de que una comunidad de individuos, aunque pecadores, pueda transformarse en comunidad de hombres buenos. Es una idea que es difícil entenderla hoy, pero que marcaba el Ethos y el Eidos de la generación de la Revolución, junto —a no olvidarlo— con el tema no resuelto de la esclavitud, un problema de carácter universal en el mundo de aquel entonces, algo que tampoco debe ser olvidado.
Pero ¿podemos hablar de revolución cuando quienes la hicieron crearon un nuevo orden político, totalmente inédito, y murieron en sus camas después de haberse intercambiado pacíficamente las posiciones de mayor responsabilidad? La respuesta es afirmativa. Quizás su éxito estuvo en eso, en su escepticismo, en su falta de expectativas, en una modestia tal que no se habló de traición o de ilusiones rotas. No solo eso: con su “nosotros el pueblo”, décadas después, la suma de elecciones a todo nivel y el fin de la esclavitud, rescataron algo que se sumó al republicanismo de las instituciones para que renaciera un concepto que había desaparecido del mundo después de su florecimiento en la Grecia Clásica, sobre todo en Atenas, el de democracia.
Gran logro histórico, pero curiosamente esa generación desconfiaba de ella, tanto que crearon una constitución con frenos y contrapesos que impidieron la tiranía ocasional de alguna mayoría. El proceso que fue desde la independencia a la constitución fue suficientemente bucólico y falto de conflicto interno, tanto que a la teoría política fuera de EEUU y con la salvedad de autores como Alexis de Tocqueville, casi no le interesó. Por ello, aún hoy es difícil ver a Franklin o a Washington como líderes revolucionarios.
No se ajustan al estereotipo. Sin embargo, ello constituyó un gran logro de sus dirigentes, ya que, debido a sus orígenes de protección al pluralismo religioso, había gran difusión del milenarismo y del mesianismo en EEUU Fue, por lo tanto, una bendición que ese camino no se haya cruzado con el de la política y entre los redactores de la Constitución nadie planteó que la nueva república era un mandato de Dios para construir su reino en la tierra. Eran creyentes, dueños de esclavos algunos, hombres, sin presencia femenina como eran todas las instituciones equivalentes de esa era histórica, pero también, y eso fue su salvación, eran personas cultas, con gran conocimiento de la historia de Roma, lo que la hizo grande y lo que la hundió, lo que también se reflejaría posteriormente en la arquitectura de Washington como nueva ciudad capital.

Por ello, los constituyentes introdujeron cambios escasos, pero básicos a las instituciones políticas. No intentaron ninguno con los hábitos sociales. Si se reformaron las instituciones fue para hacerlas más receptivas a las personas comunes. Se tuvo la inteligencia suficiente como para entender que las libertades eran anteriores a la revolución independentista y nadie argumentó que habían sido creadas por ella, ya que la rebelión se había originado para exigir participación. El mensaje no provenía de la constitución misma, sino de la propia tradición político-religiosa que llevó a un grupo de familias a embarcarse en el Mayflower para huir de Inglaterra y cruzar el océano Atlántico.
La búsqueda de una sola persona o autor clave para explicar la Constitución está condenada al fracaso, con fuentes intelectuales enraizadas en el pasado. Puede ser adecuadamente descrita como expresión exitosa del Siglo de las Luces, es decir, de la ilustración. Si hay algo que destacar, era el hecho específico que fue expresión de un humanismo cívico que provenía sobre todo de la cultura inglesa, desde el momento que no encontramos nada igual ni en la antigüedad clásica ni en el humanismo renacentista.
La respuesta se encuentra en la tradición inglesa, ya que nada fue más importante para el constitucionalismo estadounidense de 1787 que la mayoría de los constituyentes habían sido criados como ingleses y, por lo tanto, compartían esa preocupación por la libertad y por las protecciones únicas que entonces brindaba la ley común inglesa. Es por ello, y por allí haber estudiado, que duele y molesta que hoy el Reino Unido esté voluntariamente abdicando de la defensa de esa historia y tradición que engrandece la idea de Occidente.
A pesar de la Inglaterra de hoy, nada cambia lo comentado de EE. UU., aunque la Independencia y la Constitución surgieran en contra de un rey inglés. Fue en ese sentido que la esencia de la Revolución consistió en la conversión del nuevo país y su gente al republicanismo de las instituciones más que a la democracia. Aquellos líderes eran aristócratas liberales, y a diferencia de lo que se dijo posteriormente, no hay que dejarse confundir por el hecho de que como novedad histórica se votara para elegir representantes a todo nivel, la verdad es que, para los padres fundadores, la democracia tal como la entendemos hoy, era una palabra no bien vista. Puede parecer sorprendente porque hoy parecen sinónimos, pero no lo son. Para los creadores de EEUU, en la segunda domina la mayoría, pero se le temía a que esta se expresara como pasión popular. Para ellos, en la república predominaba la noción romana del interés público, lo cual puede (no quiere decir que debe) implicar control de lo popular.
En otras palabras, si es necesario elegir, debe predominar la libertad como objetivo del republicanismo sobre la igualdad, meta de la democracia. Si predomina la primera, los representantes serán juzgados en forma moralista, aunque se permita en la sociedad lo que a ellos se impide o prohíbe, es solo que para ellos la vara siempre debe ser más elevada.
En más de dos siglos, EEUU ha buscado por diferentes vías fundir los principios republicanos con los democráticos, pero la tradición y las orientaciones de la primera generación apuntan más hacia los primeros que hacia los segundos, tiempo donde la Constitución ha permanecido incólume orientando al país en esta búsqueda, y si lo ha hecho por tan extenso tiempo, es por un doble motivo que ha garantizado su relevancia: primero, su brevedad, con la Corte Suprema como guardián más como Tribunal Constitucional que de derecho estricto, en todo, menos en el nombre, y segundo, cuán difícil es reformar la constitución, y de ahí que haya tenido tan pocas enmiendas o modificaciones, prefiriéndose la interpretación vía fallos judiciales, como método preferencial de adaptación a los cambios históricos para mantener adhesión y vigencia. Es ello lo que ha permitido que hoy sea una república democrática, lo que en caso alguno es un juego de palabras.
Pero para llegar a lo que hoy se vive, el obstáculo político que hubo que superar desde el primer día fue: ¿Cómo transformar a los trece Estados originales en una sola nación?
La Convención Constituyente que se convocó en Filadelfia a partir del 25 de mayo de 1787 fue una de las primeras reuniones políticas de nivel nacional. Acudieron 55 representantes de trece Estados que reunían a un grupo de líderes políticos y militares que la historia recogería como exitosos e influyentes.
La calidad de su trabajo se entiende mejor si agregamos el hecho de que en términos estrictos, la primera constitución estadounidense databa de 1781, año en que fueron ratificados los llamados Artículos de la Confederación, los cuales unían en asuntos de defensa, comercio y relaciones externas a trece entidades independientes. El logro de la Convención se entiende mejor si se recuerda que llegaron a reunirse, cuando todos y cada uno de ellos lo hizo en representación de un Estado soberano, y era en ese sentido que se entendía la existencia de esos Artículos, que no buscaban otra cosa que resolver los conflictos entre ellos. Por lo tanto, hay que valorar cuán grande fue el logro del proceso constituyente de 1787, toda vez que hasta que se lograra la Constitución, la verdad es que a pesar de la Declaración de Independencia y del triunfo militar, Estados Unidos tal como hoy lo entendemos, todavía no había nacido, reflejado en el hecho de que al iniciarse las deliberaciones de la Convención, la mayoría de los delegados se sentían representantes de estados independientes, y el concepto de una sola nación todavía era poco familiar.
Así ocurrió y es necesario enfatizar que nunca fue fácil ir contra la idea entonces dominante, que los Estados debieran gobernarse a sí mismos, toda vez que la pregunta siempre presente era por qué se estaba en guerra si solo se obtenía cambiar el dominio del rey por el del Congreso, institución entonces todavía poco conocida, si, además, entre otras razones, la rebelión se había iniciado argumentando que si iban a pagar impuestos, no querían pagarlos mientras no tuvieran representación en el parlamento que entonces existía en Londres, en Westminster.
Ese sentimiento se reflejaba en hechos como que Rhode Island no quiso enviar delegados y Nuevo Hampshire apareció cuando ya había transcurrido la mitad de las deliberaciones. Se integraron a un grupo de personas que habían viajado para reformar determinados Artículos existentes y no para escribir una nueva Constitución. Es de suponer que la mayoría fue políticamente sorprendida cuando el gobernador Edmund Randolph de Virginia presentó un plan para el nuevo gobierno nacional, redactado por James Madison, lo que se conocería como el Plan de Virginia, y que implicaba lisa y llanamente la abolición de los Artículos.
“New Jersey nunca participará en el plan que considera el Comité”, declaró el 9 de junio el delegado William Paterson, “se la devorarían completamente”. Tanto él como su Estado “preferirían subyugarse a un monarca, a un déspota…que a un destino así”. En ese ambiente de disolución Benjamín Franklin propuso el 28 de junio de 1787 recurrir al consejo divino. Sin embargo, su propuesta para orar fue rechazada. De ahí la duda que expresó acerca del sol pintado en la silla de Washington, si era naciente o poniente. Solo después de la aprobación del texto se tranquilizó como para afirmar lo primero.
Las preguntas que se plantearon durante los debates mantienen su vigencia para toda sociedad que aspire a ser pluralista. Las respuestas podrán variar, pero al menos hay una que sigue siendo clave para asegurar un régimen de libertades: ¿Cómo controlamos a quienes nos controlan? La pregunta no es novedosa, toda vez que un par de milenios antes se la habían hecho a sí mismos los griegos. En todo caso, la respuesta que encontraron en Filadelfia fue apropiada entonces y mantiene su vigencia en EEUU: “Un gobierno donde haya frenos y controles mutuos, de manera que ninguno ejerza supremacía sobre los otros”. Sin ir más lejos, es lo que acaba de reafirmar la Corte Suprema en el caso reciente de los aranceles de la administración Trump, donde no dice que el gobierno no puede hacer lo que el presidente desea, sino que, si quiere superar el límite del 15 % fijado en la ley utilizada, debe recurrir al Congreso o buscar otro respaldo legal.

Se entiende mejor que realmente EEUU se inicia con la Constitución, que en los años que median entre 1776 (Declaración de Independencia) y 1787, en medio de la guerra, cada Estado acuñó su propia moneda, mantuvo su propia fuerza militar en la forma de milicias y estableció barreras arancelarias contra aliados y vecinos. Más aún, algunos amenazaron con agredir militarmente a otros Estados. Por ello, el logro de la Convención permitió que la naciente República tuviera un gobierno central, sin que este fuera impuesto por la fuerza después de la derrota británica.
En todo caso, la Constitución surge en una coyuntura extremadamente difícil, ya que en 1787 las excolonias estaban en crisis y la vida era dura en América del Norte. Además, los estados gravaban las mercancías provenientes de otros y no se estaban pagando impuestos al gobierno central, cuantiosamente endeudado sin siquiera poder asegurar el financiamiento futuro del ejército. Más aún, los británicos bloqueaban puertos y la deuda nacional era tan alta, que no se hablaba de comprar territorios, sino, por el contrario, se contemplaba la idea de vender. Incluso, la misma España que cedería Florida, todavía era dueña de ella e hizo consultas para comprar territorio de las dos Carolinas.
Esos eran los EEUU el año de la redacción de la Constitución, por lo que entonces costaba imaginar la potencia que llegaría a ser ese país que parecía a la deriva. En ese sentido, la nueva carta magna no fue un documento estático, sino que tuvo fuerza y flexibilidad, trayendo consigo su propio dispositivo estabilizador.
Si EEUU fue capaz de superar las dificultades fue debido a que descubrió el arte del compromiso político, de la búsqueda del consenso, como forma de responder la pregunta ¿Cuándo nacen los países?, si con una declaración de voluntad o cuando dan muestra de ser viables.
Sin duda la elección de George Washington para dirigir las deliberaciones contribuyó poderosamente al éxito final de la Convención, a pesar de que habló solo una vez, al final. No importaba, su prestigio y presencia fueron decisivos para evitar que las facciones se impusieran. Fue así como se pudieron superar fuertes discrepancias entre federalistas versus nacionalistas de cada Estado, como también entre estados pequeños y aquellos territorialmente más grandes, con intereses contrapuestos.
Durante cinco semanas en el pleno se discutió el detalle contenido en 36 secciones que detallaban lo que podía y no podía hacer el Congreso. Una vez superado este tipo de obstáculos, dos cuestiones bloqueaban al final la salida del túnel. Primero, estaba la cuestión de la esclavitud, que era un tema explosivo, ya entonces de enfrentamiento entre Norte y Sur, por lo que no se pudo encontrar una solución y se prefirió postergar hacia adelante, fijando plazos que no se cumplieron, sentando bases que conducirían a la guerra civil, plazos relacionados con la prohibición de importar esclavos y el tráfico de estos.
Un segundo obstáculo fue cómo estructurar la rama ejecutiva del gobierno y dónde ubicar la figura presidencial. Ante la dificultad para llegar a un acuerdo, los delegados designaron una comisión que en cuatro días produjo la fórmula que ha permanecido hasta nuestros días, en virtud de la cual el Presidente sería electo por electores de cada Estado, cuya cantidad sería igual a su representación en el Congreso, exactamente la misma fórmula por la cual los estadounidenses siguen seleccionando a sus mandatarios, y explica la razón por la cual nunca se ha usado el método preferido por la mayoría de las democracias, el de una persona un voto, y en cambio se sigue recurriendo a un colegio electoral de 538 miembros. Lo que también explica que EE. UU. no tenga un solo sistema electoral, sino hoy 51, uno por cada uno de los 50 estados y el de la capital, el Distrito de Columbia.
El sábado 15 de septiembre de 1787 se llegó al punto final y el lunes 17 los delegados se reunieron para la firma. El 21 de junio de 1788 los nueve Estados requeridos habían ratificado la Constitución, convirtiéndola en ley. Dentro de los tres años siguientes, la muy novedosa Carta de Derechos (Bill of Rights) fue agregada, siendo determinante para las libertades que han caracterizado al país, con la obvia excepción de la esclavitud.
Pocas veces en la historia se había obtenido un cambio tan pacífico en tan poco tiempo. Ya existía el esqueleto y perfil de la República, con presidente electo cada cuatro años, con un Congreso investido de facultades presupuestarias de financiación del gobierno y un Poder Judicial al que se le confiaría la última palabra sobre el imperio de la ley. Sin embargo, el pecado original se mantuvo, ya que una cuestión fue tan delicada, que los delegados la eludieron. En la nueva Constitución no aparecerían las palabras “esclavos” o “esclavitud”, delegaciones como la de Carolina del Sur eran fervorosas partidarias del sistema esclavista y solo concesiones de los estados norteños evitaron el conflicto. Más aún, el tema permaneció de tal forma, que se hace necesario recordar que cuando se inició la guerra civil, Abraham Lincoln llama a combatir en nombre de la “Unión”, y solo al final llega la emancipación de los esclavos.
Con la Constitución, la crisis se convirtió en recuerdo lejano, culminaba así la Revolución Norteamericana, dándole respuesta a la interrogante de Washington que en 1783 se preguntaba si “había sido una bendición o una maldición”, y por fin se podía decir que la República, la Unión y la Nación no solo sobrevivirían, sino que prosperarían, originando una nueva creación política llamada a hacer historia.
Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
Domestic,Politics,North America,Government / Politics
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