ECONOMIA
Qué pasará con los contratos de trabajo antiguos tras la entrada en vigencia de la reforma laboral

Tras la promulgación de la reforma laboral, muchos trabajadores buscan saber de qué manera impactarán las nuevas reglas en quienes ya están empleados bajo la normativa anterior. Entre los aspectos que concentran mayor atención se encuentra la aplicación de cambios en la contratación, los despidos y el registro de personal en las relaciones laborales vigentes, debido a que estos puntos impactan tanto en la estructura de gastos de las compañías como en los derechos consolidados de los empleados efectivos.
La ley de Modernización Laboral extiende las nuevas pautas a los contratos preexistentes, especialmente en lo referente a la finalización de la relación laboral. Aunque la regla general es que las leyes no son retroactivas y no alteran situaciones previas, en el ámbito laboral existen particularidades cuando los contratos siguen vigentes y quedan efectos pendientes de ejecución.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, lo sentenció en términos contundentes: “La reforma laboral es para todos los empleos, no para los nuevos”. De este modo, ratificó que los cambios contemplados alcanzarán tanto a los contratos previos como a los que se celebren después de la promulgación de la ley.
Uno de los focos de discusión es la transformación del régimen indemnizatorio. La ley abre la posibilidad de reemplazar el sistema tradicional de indemnizaciones por fondos de cese laboral o modelos de capitalización, similares a los del sector de la construcción. De este modo, para las relaciones laborales previas, la fecha de entrada en vigor de la reforma es determinante: si la desvinculación ocurre después de la promulgación, el cálculo se realizará bajo las nuevas reglas.

Abogados laboralistas y previsionalistas consideran que la chance de impugnar la aplicación inmediata de estos cambios es escasa. El fundamento es que, aunque la relación laboral haya nacido al amparo de otra ley, el hecho generador —el despido— acontece bajo la nueva normativa. Por lo tanto, los nuevos criterios para calcular indemnizaciones, la eliminación de recargos por empleo no registrado y los topes fijados por la reforma serán aplicables a quienes ya estaban contratados, lo que podría reducir los montos a pagar por finalización de la relación.
El texto también amplía el período de prueba, que pasará de tres meses a seis u ocho meses, según el tamaño de cada empresa. En este punto, la distinción entre contratos anteriores y posteriores es nítida: quienes ya hayan superado el período de prueba mantienen su estabilidad laboral, derecho adquirido que no puede ser revertido por la reforma sin entrar en conflicto con la Constitución.
La normativa incorpora la figura del “banco de horas”, que permite que las horas extra se compensen con días libres en vez de pagos adicionales. Para quienes ya están empleados, la adopción de este sistema dependerá de acuerdos entre empleador y trabajador, y no será automática.

En cuanto a la responsabilidad solidaria en esquemas de subcontratación, la normativa limita la posibilidad de reclamar a la empresa principal solo en casos de fraude o negligencia grave. Así, la protección de quienes trabajan para empresas tercerizadas se verá restringida una vez que la ley entre en vigor, sin importar la antigüedad del vínculo.
La reforma laboral también modifica la situación de quienes trabajan en plataformas digitales de reparto y transporte, excluyéndolos de la Ley de Contrato de Trabajo y reconociéndolos como independientes con un régimen especial. Esto dificultará futuros reclamos por reconocimiento de relación de dependencia.
En el plano de la informalidad, la ley busca promover el registro de trabajadores no declarados, ofreciendo a los empleadores la condonación de deudas y sanciones. No obstante, la regularización se realizará bajo un esquema que facilita la desvinculación, en comparación con el régimen anterior.
En definitiva, la reforma laboral no se restringe a las nuevas contrataciones, sino que establece nuevas reglas para la resolución de conflictos, despidos y organización de los vínculos laborales, abarcando también relaciones laborales iniciadas en el pasado y bajo un esquema más flexible para las empresas.
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ECONOMIA
El contexto internacional profundiza los costos y reafirma el “trilema” de la política económica argentina

Diversos economistas se han referido al “trilema” de política económica que enfrenta el Gobierno entre los deseos de reducir la tasa de inflación, acumular reservas en el BCRA y que repunte el nivel de actividad económica. Le resulta esquivo lograr los tres a la vez.
El objetivo prioritario oficial fue desde el inicio reducir la inflación, algo que logró hasta mayo de 2025, en términos de la tasa mensual.
El de acumular reservas lo postergó hasta el inicio de la llamada “fase 4”, en la que el Banco Central lleva comprados más de USD 3.000 millones.
El tercero, que concierne a la producción y el empleo, tendió a quedar postergado. Como el gobierno quiere recuperar una inflación descendente, aplica tasas de interés altas y retira del mercado, incluso con exceso, los pesos que inyecta el BCRA al comprar dólares. Así, aplica rienda corta al precio del dólar y apuesta a que una política ortodoxa, de control de los agregados monetarios, finalmente subyugue los precios.
Con una lógica similar, que emana de las convicciones del Presidente acerca de cómo funcionan la moneda y la economía, el Gobierno postergó el re-acceso a los mercados internacionales de crédito apostando a que hacer escasos los bonos argentinos los vuelva apetecibles. Esa estrategia derivó en la salida del exsecretario de Finanzas, Alejandro Lew, e hizo desaprovechar el momento –al contrario de lo que hizo Ecuador- cuando el índice de riesgo país rozaba los 500 puntos básicos.
Con la guerra en Medio Oriente, el índice de riesgo país volvió a acercarse a 600 puntos básicos y el “vuelo a la calidad” a jugarle en contra a los activos argentinos
Ahora, con la guerra en Medio Oriente en el centro de la política y la economía internacionales, el índice de riesgo país volvió a acercarse a 600 pb y el “vuelo a la calidad” a jugarle en contra a los activos argentinos, neutralizando e incluso cambiándole signo al efecto neto del conflicto sobre la economía local, que del lado positivo anota el aumento en dólares de las exportaciones de crudo y las ventajas de Argentina como futuro proveedor mundial de GNL (el gas que se transporta en forma líquida, en buques metaneros, previa licuefacción en plantas fijas o móviles).
Ese potencial quedó reflejado en el reciente acuerdo entre el consorcio Southern Energy, encabezado por Pan American Energy, y la alemana SEFE (sigla de Securing Energy for Europe), para proveer 2 millones de toneladas anuales durante ocho años a partir de fines de 2027.
El fuerte aumento de los precios de la energía, dijo a Infobae Juan Bosch, presidente de Saesa y experto en comercialización de hidrocarburos, “nos encuentra en una situación muy distinta a la que estábamos acostumbrados; de deficitarios (USD 7.000 millones de balanza comercial energética en 2012) a superavitarios (USD 7.000 millones en 2025), fundamentalmente por exportaciones de petróleo. Al subir el precio del crudo, nos aumentan los ingresos por exportación, y en términos de GNL nos sigue presentando al mundo como proveedor confiable y lejos no solo de zonas de conflicto en materia de producción sino también en rutas de transporte afectadas. Somos una fuente sólida y atractiva para consumidores de GNL”.
Sin embargo, recordó Bosch, en la próxima “ventana de invierno” Argentina seguirá importando GNL (a priori, se estima que serán entre 15 y 20 cargas) a un precio ahora muy volátil y con una novedad: la importación y administración ya no la hará la estatal Enarsa, que engrosaba la cuenta fiscal de subsidios, sino la empresa privada que gane la licitación que se hará en abril para importar el GNL que llegue a la terminal de Escobar y venderlo a la demanda interna (entre los posibles interesados se menciona a Trafigura, YPF, Total Energies y Naturgy).
Al subir el precio del crudo, nos aumentan los ingresos por exportación, y en términos de GNL nos sigue presentando al mundo como proveedor confiable y lejos no solo de zonas de conflicto (Bosch)
“Estamos viendo precios para esa importación muy elevados y será el primer invierno en que la gestión la haga una empresa privada. A priori debería ser más eficiente en análisis de costos y evaluación de riesgos, pero falta ver las opciones y cómo se ejecuta, y cómo se presenta el invierno”, dijo Bosch.
A diferencia del petróleo, en el que hay muchos más oferentes y rutas de transporte, el cierre del estrecho de Ormuz tuvo un impacto mayor en el caso del gas. No es solo que Qatargas, fuente del 20% del GNL mundial, cesó sus operaciones; tampoco se sabe cuándo podría reiniciarlas, explicó Bosch. Eso insumiría al menos un mes desde el momento en el que el conflicto bélico se considere resuelto, algo que hoy es una incógnita.
La zona no solo es clave por el gas, sino también por la producción de fertilizantes y por el equilibrio del mercado mundial de aluminio. Cuando Estados Unidos e Israel iniciaban sus ataques sobre Irán, ALBA (Aluminios Bahrein) negociaba la compra de Dunkerque, principal planta de aluminio de Europa. Así, el segundo metal más comerciado del mundo (detrás del hierro y adelante del cobre) acumula una suba de más del 25,7% en lo que va del año, e impacta todo el espectro metalífero.

Los fertilizantes son a su vez claves para la productividad del campo, que seguirá siendo varios años más el principal proveedor de divisas de la Argentina. “Afortunadamente estamos más en tiempo de cosecha que de siembra, por lo que el consumo de fertilizantes no es ahora tan elevado, pero el aumento de precios sí está sucediendo a las puertas de la siembra en el hemisferio norte, en particular en Estados Unidos y eso pone presión adicional sobre los precios de los granos”, explicó Guido D’Angelo, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
El impacto sobre precios fue esta vez inferior a lo que sucedió en febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, pero ahora a la incertidumbre por los valores se suma la duda sobre la provisión, a secas, ya que la oferta es mucho más concentrada. Ese fenómeno se refleja en que el aumento de los precios spot (de contado) ha superado al de futuros a un año, indicativo de que el mercado prevé una resolución del conflicto antes de ese plazo. Sin embargo, no se espera que esto ocurra de inmediato.
D’Angelo precisó que cerca del 50% del consumo de fertilizantes de Argentina es importado. En 2025 el país importó poco más de USD 2.000 millones de fertilizantes, un aumento del 38% respecto de 2024, salto que en parte se explica por una parada técnica de Profertil y el temporal de Bahía Blanca, que también afectó la operación de la principal planta de producción de fertilizantes del país.
Los dos principales renglones de importación de fertilizantes, precisa un estudio de la BCR, son la urea, un nitrogenado y el fosfato monoamónico, MAP.

A su vez, maíz y trigo concentran el 70% del consumo de fertilizantes del país, según datos de la Asociación Civil Fertilizar y de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa). Además, el maíz tuvo un impacto negativo en materia de precios, pues Irán es el principal importador mundial, abastecido mayormente por Brasil. El principal período de importación de fertilizantes es la segunda mitad del año, pero obedecen a decisiones de siembra ya asumidas hacia mayo.
La suma y resta de efectos que el conflicto tiene sobre la economía argentina es un ejercicio escurridizo. En principio, el aumento del precio del petróleo, de la soja, del trigo, del litio, favorecen comercialmente a la Argentina. Pero varios de ellos, y el conjunto, pondrán más presión sobre los precios y la inflación.
Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana) de Fundación Mediterránea, uno de los analistas más agudos del “trilema” de política económica, plantea que el “vuelo a la calidad”, típico de los momentos de crisis e incertidumbre, golpeó fuertemente a los activos argentinos.
Frente a expectativas de inflación aún altas, dijo el economista del Ieral, el Gobierno redobló la apuesta de restringir la oferta de pesos y no salir al mercado internacional de crédito (pese a los fuertes vencimientos que debe afrontar este año y el próximo) bajo la idea de que la relativa escasez de pesos y de bonos argentinos hará que ambos se revaloricen. Por ahora, no está ocurriendo.
Frente a expectativas de inflación todavía altas el gobierno redobló la apuesta de restringir la oferta de pesos y no salir al mercado internacional de crédito (Vasconcelos)
Según Vasconcelos, el Gobierno ignora el lado de la demanda o, en otras palabras, que “las negras también juegan”. Así, por caso, mientras Argentina cerró febrero con un nivel de riesgo país igual al de fin de 2025, Ecuador, que estaba en un nivel de riesgo similar, aprovechó el momento, y lo achicó a la zona de 450 puntos básicos.
Del mismo modo, hay una diferencia de 36 puntos porcentuales entre la caída del Merval en dólares, de 11% respecto de fin de 2025, y el aumento del Bovespa brasileño que ganó 25% en igual período (hasta fin de febrero, antes del inicio del conflicto de Medio Oriente). Lo mismo, apunta Vasconcelos, ilustra la brecha entre la suerte de las ADR bancarias: las de los bancos argentinos cayeron 15%, mientras las de sus pares brasileños subieron 28% en promedio.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
De ese modo, la “luna de miel” legislativa del gobierno y el discurso abiertamente confrontativo de Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso son expresiones de un dominio político que hoy por hoy no tiene respaldo en la marcha de los economía, puntuada por cierres y despidos.
El Presidente, que en los próximos días participará en la Argentina Week en Nueva York, debe evaluar si el entusiasmo que en ciertos ámbitos concitan sus ideas y discursos equivale a la confianza que su gobierno necesita generar para superar el trilema y lograr, simultáneamente, acumular reservas, reducir el riesgo país, desacelerar la inflación e impulsar los niveles de actividad y empleo.
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ECONOMIA
Juicios laborales: el BCRA habilitó nueva herramiento para calcular intereses

Se trata de una calculadora, mediante la cual cada usuario podrá determinar el valor a pagar, indicando el período y monto inicial correspondiente
06/03/2026 – 14:55hs
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) determinó la tasa de interés pasiva aplicable a juicios laborales pendientes, conforme lo previsto en el artículo 55 de la Ley 27.802 (Modernización aboral), y puso a disposición del público la serie correspondiente.
La serie refleja el promedio ponderado de la tasa efectiva diaria que las entidades financieras pagan por los depósitos a plazo fijo en pesos a 30 días. Tiene como fecha de inicio el 3 de junio de 1993 y se actualiza diariamente, con el objetivo de asegurar consistencia y vigencia en los cálculos que correspondan en cada caso.
El BCRA habilitó adicionalmente una calculadora de intereses para juicios laborales que opera aplicando dicha serie. El usuario debe ingresar el monto inicial y el período correspondiente, y la herramienta determina la actualización del monto resultante luego de aplicar la tasa pasiva publicada, de conformidad con la legislación promulgada.
La calculadora informa también el ajuste CER+3, que surge de aplicar el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) más una tasa efectiva anual del 3%, y el equivalente al 67% de CER+3, en línea con los incisos b y c del artículo 55 de la Ley de Modernización Laboral, que establecen el techo y el piso para la determinación de intereses en juicios laborales.
La serie completa, la resolución del Directorio y su anexo metodológico se encuentran disponibles para su consulta en los canales institucionales del BCRA.
Con estas medidas, el BCRA contribuye a dotar de mayor previsibilidad, transparencia y homogeneidad a las liquidaciones judiciales en el ámbito laboral.
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ECONOMIA
La guerra en Irán afecta a los bonos argentinos

El comienzo de marzo encontró a los mercados financieros enfrentando uno de los shocks geopolíticos más relevantes de los últimos años. Una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel sobre Irán durante el fin de semana desató una escalada militar que rápidamente se extendió por la región.
En pocas horas, el episodio dejó de ser un evento puntual para convertirse en un nuevo foco de tensión global que volvió a colocar a Medio Oriente en el centro de la escena y generó movimientos inmediatos en los precios de los activos financieros.
La crisis adquirió una dimensión energética por la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural licuado, unos 20 millones de barriles diarios. Tras los primeros ataques, la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que cualquier buque que intentara cruzarlo podría ser atacado. El resultado fue una paralización casi total del tráfico marítimo: al menos 150 petroleros y buques de GNL quedaron detenidos fuera del estrecho y varias navieras internacionales suspendieron operaciones por el aumento del riesgo y del costo de los seguros marítimos.
El impacto sobre los precios del crudo fue inmediato. Antes del estallido del conflicto, el Brent operaba en la zona de USD 73–74, pero en apenas unos días el barril volvió a superar los USD 80. La escalada continuó en las ruedas siguientes. El WTI llegó a USD 89 con un avance de 34% en la semana y el Brent alcanzó USD 86, con un aumento de 18 por ciento.
El WTI llegó a USD 89, con un avance de 34% en la semana y el Brent alcanzó USD 86 el barril, aumentó 18 por ciento
El shock también se trasladó de inmediato al resto delos mercados financieros. Los futuros de los principales índices de Wall Street reaccionaron con caídas.
Al mismo tiempo, el dólar se fortaleció frente a las principales monedas y el índice DXY llegó a 99 puntos, lo que implicó una apreciación del 1,3% en los últimos cinco días.
En paralelo, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense subieron a lo largo de la curva: la tasa a 10 años avanzó a 4,15% y la tasa a 2 años a 3,56% anual.
Ese cambio en el apetito por riesgo también se reflejó en los mercados emergentes: el ETF EMB, referencia en este segmento, descendió 2% en la semana.
Hasta el jueves, los bonos Globales argentinos venían mostrando cierta resiliencia, con subas de hasta 1,5% en la semana. Este desempeño se destacaba frente al resto de los títulos soberanos del segmento emergente, que descendían entre 1% y 2 por ciento.
Como si las tensiones geopolíticas no fueran suficientes, los datos del mercado laboral de Estados Unidos peores a lo esperado terminaron por complicar el ya frágil panorama global y la deuda soberana argentina no logró quedar al margen.
En particular, en el informe laboral las nóminas no agrícolas cayeron en 92.000 puestos, frente a las 55.000 altas que esperaba el consenso, mientras que la revisión de los dos meses previos restó otros 69.000 empleos, dejando un panorama laboral más débil.
Se fueron moviendo las expectativas sobre la decisión de tasas de interés de la Fed
Este escenario empieza a perfilar uno de los contextos más incómodos para la Reserva Federal (Fed): presiones inflacionarias al alza por el encarecimiento del petróleo en medio del conflicto geopolítico, combinadas con señales de fragilidad en el mercado laboral.
En ese sentido, se fueron moviendo las expectativas sobre la decisión de tasas de interés de la Fed. Previo al conflicto, el mercado le asignaba una probabilidad alta al escenario de tres recortes hasta fin de año. Para el jueves era solo uno y, luego del reporte de empleo, hoy se estiman dos.
La autora es Analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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