INTERNACIONAL
La guerra en el Golfo dificulta mantener las luces encendidas en Bangladesh

Las últimas vacaciones del Ramadán comenzaron antes para los estudiantes universitarios de Bangladesh, el 9 de marzo, pero por motivos muy desafortunados. Las principales escuelas del país anunciaron que las clases se cancelaban, con efecto inmediato, hasta finales de mes. El gobierno cerró los campus para ahorrar electricidad, una respuesta drástica a la crisis energética mundial provocada por la guerra en el golfo Pérsico.
“A mí no me parecen vacaciones”, dijo Abdullah Al Mahmud Mehedi, de 23 años, quien está cursando una maestría en Ciencias Sociales en la Universidad de Daca.
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Al igual que otros países, Bangladesh está preocupado por su suministro de crudo y gas natural. El acceso al gas es especialmente preocupante. Aproximadamente la mitad de la electricidad de Bangladesh procede de instalaciones generadoras de electricidad que queman gas. Casi un tercio de ese gas procede de Qatar, y la guerra en el Golfo prácticamente ha bloqueado su flujo.
Además de cerrar las universidades, el gobierno ha empezado a imponer apagones temporales y otras medidas para conservar la electricidad. Si se acaba el gas, también se acaba la electricidad que enciende las luces y alimenta las fábricas que son cruciales para la economía bangladesí, que está orientada a la exportación.
Todo esto tiene como telón de fondo la delicada situación política de Bangladesh. El país votó un nuevo gobierno hace apenas un mes, el primero en ser elegido desde que el reinado de Sheikh Hasina se derrumbó en agosto de 2024. Tarique Rahman, el nuevo primer ministro, tomó posesión de su cargo en febrero y declaró que su victoria “pertenece a la democracia”, pero advirtió que el país “comienza nuestro viaje” con una economía frágil.
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Hasina fue derrocada, tras 15 años en el poder, por un movimiento dirigido por estudiantes que aprovechó un profundo sentimiento de indignación por una crisis financiera. El modelo económico de Bangladesh combina la dependencia de la fabricación de prendas de vestir –casi el 85 por ciento de sus exportaciones– con la importación de combustible y otros bienes esenciales.
Ese modelo expone a Bangladesh a fuerzas más allá de sus fronteras. Cuando Rusia invadió Ucrania y perturbó el comercio e hizo subir el precio de los alimentos y el petróleo, la economía bangladesí se tambaleó. La industria textil del país sobrevivió a esa crisis y al caos político que la siguió, así como se rehizo tras el derrumbe de una fábrica en 2013, que causó la muerte de 1134 trabajadores y ahuyentó a los compradores extranjeros.
Ahora, la resistencia de las fábricas bangladesíes se enfrenta a otra prueba. Bangladesh está tomando medidas para ahorrar electricidad, que sus fábricas necesitan para seguir confeccionando la ropa de todo el mundo. (Fabeha Monir/The New York Times)
Mohiuddin Rubel, exdirector de la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Vestir de Bangladesh, quien dirige varias fábricas propias, atribuyó la vulnerabilidad del país a su tendencia al encasillamiento.
“Los bangladesíes son muy buenos para hacer una sola cosa, como ropa confeccionada”, dijo. “No estamos diversificados”. Y lo mismo ocurre con su red eléctrica, que, en su opinión, utiliza muy poca energía renovable.
Shafiqul Alam, analista del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero de Daca, dijo que le preocupaba la inminente escasez de gas y la necesidad de mantener las fábricas en funcionamiento.
Bangladesh ya utiliza lo que se denomina desconexión de carga, o apagones programados, normalmente de un par de horas de duración, para reducir la tensión de las sobrecargadas centrales eléctricas. Son el azote de las fábricas modernas, que no pueden permitirse dejar inactivos a miles de trabajadores. La mayoría tienen preparados enormes generadores diésel para cubrir los cortes de suministro.
Estos generadores son un sustituto caro de las centrales térmicas de gas, pero Bangladesh tiene fuentes alternativas de diésel, como Singapur y Malasia.
Otra preocupación es el calor del verano, que llega temprano a Bangladesh. El gobierno podría tener que empezar a reducir la carga en abril, cuando se espera que el pico de demanda supere los 18.000 megavatios, dijo Alam. “Pero deben planificarlo adecuadamente para que el sector industrial no se vea afectado negativamente”, añadió.
La forma de hacerlo, dijo Alam, es que los bangladesíes ahorren electricidad en casa. Los hogares consumen el doble que todas las fábricas juntas. “El gobierno tiene que concientizar a la población sin provocar el pánico”, dijo. Por ejemplo, podría señalar cuánto dinero podría ahorrarse un hogar con aire acondicionado al cambiar el termostato de 24 a 25 grados Celsius.
Puede haber una oportunidad diplomática oculta en la crisis. Las relaciones entre Bangladesh y su vecina India han sido difíciles desde 2024, cuando Hasina se refugió en Nueva Delhi. Pero Aninda Islam Amit, funcionario del Ministerio de Energía de Bangladés, dijo: “Se espera que lleguen de India un promedio de 13.60o toneladas de diésel al mes”.
Y, dijo Amit, “apoyar a un vecino durante una crisis es una cuestión de cortesía”.
En el principal centro industrial bangladesí, la Zona de Procesamiento de Exportaciones de Daca, el suministro de electricidad está garantizado, y las fábricas de Rubel tienen un lugar privilegiado en su interior. La zona, creada en 1993, es un ejemplo de la gran prioridad que Bangladesh ha dado a su industria de la confección. Las máquinas de coser de su interior serían las últimas en sufrir por un apagón.
Pero Rubel sabe que muchos bangladesíes, incluidos muchos de sus colegas, están dolorosamente expuestos a la escasez. Todos tienen generadores de diésel. “Fuera de la zona”, dijo, “la gente suele necesitarlos a menudo”.
*Por Alex Travelli, corresponsal del Times en Nueva Delhi, donde se ocupa de asuntos económicos y empresariales en la India y el resto del sur de Asia.
The New York Times, Bangladesh
INTERNACIONAL
La cara oculta de Berlín durante la segunda guerra mundial: arte, fiestas y supervivencia

A los autócratas les gusta ser amados. En los primeros días de la invasión nazi a Polonia en 1939, los propagandistas alemanes alardeaban sobre la “apasionada devoción” de los berlineses por su Führer. Sin embargo, observadores atentos notaron una apatía inesperada que se asentó sobre la capital. El periodista estadounidense William Shirer, radicado en Berlín, reportó que no presenció “ninguna emoción, ningún hurra, ningún aplauso”. Ni siquiera detectó odio hacia los enemigos británicos y franceses.
En realidad, los dictadores prosperan no gracias al amor, sino a la indiferencia. Como muestra Ian Buruma en Stay Alive, su historia concisa y relevante sobre el Berlín en tiempos de guerra, los regímenes se alimentan de la tibia respuesta ante la violencia y de los miles de compromisos diarios que los ciudadanos adoptan para sobrevivir. La mayoría de las personas en el Berlín de la guerra, escribe Buruma, “no eran cínicas, ni abusivas, ni fanáticas; simplemente se adaptaban”. Su historia funciona como advertencia sobre la “tentación de mirar hacia otro lado” ante la deriva hacia la autocracia.
Durante los años de la guerra, los berlineses convirtieron el “mirar hacia otro lado” en una forma de arte. Se distraían con películas, conciertos y desfiles de moda. Algunos buscaban consuelo en vinos finos que los alemanes habían obtenido de Francia; otros conseguían café y pasteles racionados. “Por el precio adecuado, se puede conseguir cualquier cosa”, escribió el autor Erich Kästner en su diario en el invierno de 1941. “Todo está en venta”. Hasta 1944, los espectadores seguían llenando las gradas para ver partidos de fútbol, aunque fuera en campos llenos de cráteres.

La mercancía esencial era las Beziehungen: influencias. Quienes tenían buenas conexiones dentro de la jerarquía nacionalsocialista gozaban de mayor poder. La promesa de influencia transformó aspectos fundamentales de la identidad personal. Buruma cita el caso de Erich Alenfeld, un judío convertido al cristianismo, quien escribió una carta a Hermann Göring en 1939 ofreciéndose como voluntario para el ejército alemán; su hijo luego ingresó a las Juventudes Hitlerianas. Estas transformaciones no siempre fueron acomodos cínicos. También respondían al espíritu nacionalista de la época. Personas como los Alenfeld, según Buruma, “estaban tan influidas por el romanticismo alemán como cualquier otro de su generación”.
Cuando el escapismo y el patriotismo no bastaban, quedaba el exilio, una opción popular entre literatos alemanes de distintas tendencias políticas. Bertolt Brecht, dramaturgo de izquierda, y Thomas Mann, novelista antes conservador, abandonaron el país en 1933 al llegar los fascistas al poder. Mann fue muy crítico con quienes decidieron quedarse. Todo lo publicado en Alemania entre 1933 y 1945, afirmaba, tenía el aroma “de sangre y vergüenza”.
El director de orquesta Wilhelm Furtwängler se decía ante todo artista —“unpolitisch”, en el idioma de la época—. Permaneció en Alemania y, pese a su oposición al Reich, dirigió la Filarmónica de Berlín en 1942 durante el cumpleaños número 53 de Hitler. La marca de sangre y vergüenza lo persiguió el resto de su vida. Tras la guerra, cuando le ofrecieron dirigir la Orquesta Sinfónica de Chicago, su contemporáneo italiano Arturo Toscanini y otros se opusieron. La sinfónica retiró la oferta.

Muchos alemanes, en realidad, no tenían alternativa. Los impuestos de salida para residentes judíos hacían que emigrar resultara costoso. En su lugar, se vieron forzados a huir al submundo berlinés. La capital de los años 40 estaba apenas a una o dos décadas de distancia de la Babilonia berlinesa de la era de Weimar. Familias alquilaban habitaciones en burdeles y se escondían en billares de mala reputación. Esta situación las hacía vulnerables a la extorsión sexual. Estos refugiados domésticos se autodenominaban “U-boats”, sumergidos bajo la superficie de la sociedad.
El propio padre de Buruma, Leo, pasó parte de la guerra en Berlín, esquivando bombardeos aliados e intentando encontrar su equilibrio entre la resistencia y la supervivencia. Leo había sido obligado a trasladarse de los Países Bajos a Alemania, donde trabajó en una fábrica que producía frenos para locomotoras y también ametralladoras ligeras. Recordaba ver los bombarderos aliados brillando en el cielo como un banco de peces plateados. Las bombas de un ataque rompieron una tubería de gas y causaron heridas a su novia. Durante el resto de su vida, cuenta Buruma, su padre no soportó el sonido de los fuegos artificiales.
El relato de Buruma se apoya en anécdotas y fuentes primarias, pero carece de grandes ideas estructuradas. Exeditor de The New York Review of Books, es un autor habituado a la historia intelectual; publicó un estudio reciente sobre el filósofo Baruch Spinoza. Tal vez por eso, entre los detalles del Berlín en guerra que aparecen en “Stay Alive”, surge el deseo de que profundice más. Alemania en la primera mitad del siglo XX fue un crisol para los grandes debates entre arte y política. El volumen se beneficiaría de una exposición más estructurada y de mayor contexto.

Al final de la guerra, la ideología elevada se había transformado en nihilismo. Los berlineses enfrentaban peligros en todos los frentes. Mientras la dirigencia nazi se entregaba a orgías finales bañadas en alcohol, los “U-boats” humanos debían ocultarse de los “perros encadenados” del Reich, matones que arrestaban y ejecutaban a cualquiera mayor de 15 años que se negara a luchar. Los habitantes de la ciudad sufrían la llegada de las tropas soviéticas; más de 100,000 mujeres y niñas de Berlín fueron violadas. Buruma entrevistó a una sobreviviente en una residencia asistida, quien relató que fue violada dos veces por soldados rusos cuando tenía solo 14 años.
Un valor central del libro de Buruma son sus entrevistas con sobrevivientes, un grupo que desaparece con rapidez. Alguien que tenía 10 años en 1945 hoy tendría 91. En ese sentido, el título “Stay Alive” adquiere un significado adicional. Su historia preserva un mundo que se desvanece de la memoria viva. Aunque la memoria puede alimentar el ultranacionalismo, también puede servir como herramienta de reconciliación. Buruma define su libro como una especie de “carta de amor” a la ciudad, un desafío propio al poder corrosivo de la indiferencia.
Fuente: The New York Times
INTERNACIONAL
AIPAC-backed Chicago Democrat loses primary despite outside spending blitz

Democratic divide expands ahead of 2026 midterms
Former U.S. Transportation Secretary Pete Buttigieg joins ‘Saturday in America’ to discuss the 2026 midterm elections, the growing rift between Democrats as socialism gains favor, intensifying anti-ICE protests and Nicolás Maduro’s capture.
NEWYou can now listen to Fox News articles!
Chicago City Treasurer Melissa Conyears-Evrvin failed to defeat a crowded field of Democratic candidates Tuesday for a deep-blue House seat, despite the American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) spending aggressively to put her over the top.
Conyears-Ervin’s loss represents a notable defeat for the pro-Israel group, which frequently intervenes in Democratic primaries.
State Rep. LaShawn Ford, D-Ill., won the 13-way primary ballot after weathering a torrent of attack ads powered by the cryptocurrency industry. Ford touted the endorsement of Rep. Danny Davis, D-Ill, who represented the district incorporating parts of the city’s South Side and western suburbs for nearly three decades.
AIPAC and its affiliates spent more than $5 million boosting Conyears-Ervin. The Chicago Democrat also had the support of the city’s influential teachers’ unions and the cryptocurrency industry.
Chicago City Treasurer Melissa Conyears-Evrvin is backed by the American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). (Getty Images)
Ford’s GOP opponent will face a steep battle to win the general election in the Democrat-heavy district. In 2024, former Vice President Kamala Harris won more than 80% of the vote in the district, where Black Americans constitute a plurality.
Conyears-Ervin previously came up short in a primary challenge against Davis in 2024, though her campaign was marred by allegations that she misused city funds for personal use and retaliated against whistleblowers. The Chicago Democrat paid a $30,000 fine in 2025 to resolve the charges brought by a city ethics panel.
AOC RAISING MONEY BY USING PRO-ISRAEL GROUP’S ATTACK ON HER ‘SQUAD’ ALLY
Eleven other Democratic candidates were on the ballot in a free-for-all contest to replace Davis.
Jason Friedman, a real estate developer and philanthropist, also failed to receive a sizable share of votes despite outraising the field. AIPAC’s main super PAC spent tens of thousands of dollars attacking his candidacy.
Progressive activist Kina Collins and several other left-wing candidates appeared to split the vote among voters hailing from the party’s leftward flank.

Rep. Danny Davis, D-Ill., passed on running for re-election after representing a Chicago-based House seat since 1997. (Brian Cassella/Chicago Tribune/Tribune News Service via Getty Images)
WHERE SANDERS AND AOC BACKED PROGRESSIVE CONGRESSIONAL CANDIDATE ANALILIA MEJIA STANDS ON KEY ISSUES
AIPAC, a frequent player in congressional races, has had mixed success intervening in 2026 primaries so far.
In February, the group was successful in torpedoing former Rep. Tom Malinowski’s comeback bid in a New Jersey special election, but a Democrat with even more hostile views toward Israel narrowly won the primary. That candidate, Analilia Mejia, who is endorsed by Sen. Bernie Sanders, I-Vt., and Rep. Alexandria Ocasio-Cortez, D-N.Y., is on track to win the general election in April in the Democrat-held seat.
The group also spent heavily against several other Illinois Democrats running in other primary contests who have views critical of Israel, including media personality Kat Abughzaleh.

Analilia Mejia secured the Democratic Party nomination in a special election to find out who will take over newly elected New Jersey Gov. Mikie Sherrill’s vacant House seat. (Heather Khalifa/Bloomberg via Getty Images)
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Conyears-Ervin has served as Chicago’s city treasurer since 2019 and previously did a one-term stint in the state legislature.
Chicago has faced an array of fiscal challenges during Conyears-Ervin’s tenure. Two rating agencies downgraded Chicago’s credit rating in February over the city’s sizable budget deficits.
midterm elections,chicago,congress,democrats,politics
INTERNACIONAL
El incómodo encuentro de Donald Trump con el primer ministro de Irlanda en pleno Salón Oval
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