POLITICA
El conflicto en Medio Oriente pospuso para mayo los ejercicios militares conjuntos entre Argentina y EEUU

La extensión del conflicto bélico en Medio Oriente, que ya lleva poco más de un mes y que genera fuertes complicaciones en la cadena de suministro de energía por obstrucción iraní al Estrecho de Ormuz, un paso clave en el transporte marítimo de petróleo, obligó al Gobierno a posponer los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos, al menos, hasta principios de mayo, según indicaron a Infobae desde Casa Rosada.
El operativo, denominado Daga Atlántica (Atlantic Dagger), estaba planificado para realizarse esta semana en territorio argentino y contemplaba el despliegue de fuerzas especiales, aeronaves y equipos avanzados de ambos países. Como indicó este medio a principios de febrero, el Ministerio de Defensa de Argentina y el Departamento de Defensa de Estados Unidos ya habían avanzado en la planificación logística y diplomática del ejercicio, que tenía como objetivo fortalecer la cooperación bilateral en defensa y adiestramiento.
La reprogramación, según se informó, había sido solicitada por el Comando Sur de Estados Unidos, responsable de operaciones militares en América Latina, para reasignar recursos ante la escalada del conflicto en la región del Golfo. De todas formas, el gobierno argentino ultima los detalles para la nueva fecha y se prevé que haya una confirmación oficial la semana que viene. “Se pasa para fines de abril, y mayo”, señaló un funcionario libertario.
El operativo Daga Atlántica -en su versión inicial- se proyectaba como uno de los ejercicios centrales en la agenda de defensa de ambos gobiernos. Incluía maniobras conjuntas en distintas regiones del país y, aunque no había una confirmación oficial, iba a contar con la participación del Ejército Argentino, la Fuerza Aérea Argentina y la Armada Argentina, junto a las Boinas Verdes, el Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea y efectivos del Marine Corps Forces Special Operations Command (MARSOC) estadounidense.

El plan contemplaba entrenamientos en rescate de rehenes, operaciones contra terrorismo y entrenamiento en ciberdefensa. Las unidades que efectivamente realicen los ejercicios se mantienen en reserva, al igual que las locaciones, aunque se mencionó Tierra del Fuego y Santa Cruz.
En febrero, importantes funcionarios del gobierno resaltaron que el operativo fue definido como “el ejercicio combinado más importante de la historia reciente para la defensa argentina”. El acuerdo para realizar el ejercicio se formalizó con la firma de un memorando de entendimiento en Buenos Aires en marzo de 2025. El documento establecía compromisos para la realización de entrenamientos conjuntos, intercambio de expertos y coordinación de prácticas operacionales.
El Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas subrayó -en aquel momento- que estos ejercicios permiten incrementar la preparación militar y fortalecer la defensa regional a través de prácticas operacionales compartidas. “Gracias a estas coordinaciones, la preparación militar será incrementada y la defensa regional se verá reforzada a través de entrenamientos conjuntos, intercambios de expertos en la materia y el implemento de prácticas operacionales compartidas”, se afirmó de manera oficial a través de un comunicado del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, que ahora son dirigidas por el vicealmirante Marcelo Dalle Nogare.
En los últimas días, el gobierno argentino ratificó su alineamiento estratégico con el la administración de Donald Trump, que esta semana anunció un alto al fuego en Irán. El canciller Pablo Quirno fue gráfico durante su exposición en la cumbre organizada por el think tank Atlantic Council en Buenos Aires. Al referirse a la alianza con Estados Unidos, subrayó que esta se apoya “en coincidencias políticas y en una complementariedad económica cada vez más relevante”.
Según el funcionario, ambos países comparten una visión sobre la centralidad de la libertad, el rol del sector privado y la necesidad de cadenas de valor seguras en el hemisferio. Entre otros puntos, indicó que la agenda bilateral incluye acuerdos y mecanismos de cooperación en áreas como minerales críticos, energía e inversiones.
“A modo de ejemplo, consideremos la magnitud de las oportunidades en sectores críticos. Vaca Muerta alberga una de las reservas de energía no convencional más importantes del mundo. El país dispone además de una plataforma minera cada vez más relevante en litio, cobre, oro, plata y uranio. Cuenta con agroindustria de escala global. Tiene una economía para integrarse a cadenas de valor en manufacturas, servicios, logística e infraestructura. Además, ofrece algo cada vez más valioso en el contexto internacional actual: estabilidad geopolítica, alineamiento estratégico sin ambigüedades y vocación de convertirse en un actor relevante dentro del hemisferio occidental”, planteó.
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POLITICA
Con Adorni desgastado, suben las acciones de Bullrich en la Capital

El giro fue más rápido de lo que se esperaba. Habida cuenta de que Manuel Adorni acusa el golpe por las sospechas en torno a su crecimiento patrimonial, Karina Milei vuelve a abrazar a Patricia Bullrich, quien había transmitido su malestar por los movimientos solapados de lugartenientes de la hermana del Presidente para diluir su protagonismo y, sobre todo, obturar su proyección como candidata a jefa de gobierno de la Capital.
“Hubo un cambio de actitud. Lo de Adorni hizo que aflojaran; se calmaron”, evaluaron esta semana en la tropa de Bullrich. Hasta hace poco, la exministra estaba inquieta y desconcertada frente al empeño que exhibía subterráneamente el karinismo para empujarla al congelador y limitar su radio de acción.
Está claro que el caso Adorni alteró la dinámica en la cúpula de poder. Si bien los hermanos Milei apostaron hasta ahora a sostener al jefe de Gabinete, el escándalo por sus viajes o nuevas propiedades deterioraron su imagen ante la opinión pública, según la mayoría de las encuestas que circulan en la Casa Rosada. Son números que lo alejan a Adorni de la posibilidad de convertirse en una carta electoral de La Libertad Avanza (LLA) en 2027, cuando el Presidente buscará acceder a un segundo mandato. El exvocero, pieza clave en la estructura de poder de Karina Milei, podía aspirar a dos lugares: ser el principal representante de la Casa Rosada en la misión de conquistar la Ciudad, el pago chico de Mauricio Macri y el gran bastión de la centroderecha, o convertirse en el compañero de fórmula de Milei. Tal vez, la segunda opción era la que más le atraía. Pero ahora Adorni debe ocuparse de las malas noticias que llegan casi a diario desde los tribunales de Comodoro Py, donde enfrenta una causa por supuesto enriquecimiento ilícito.
El exvocero se había convertido en un instrumento de Karina Milei para evitar que Bullrich incrementara su influencia en el ecosistema libertario. De hecho, lo había alentado a retomar la actividad política en la Ciudad, una jugada que trastocó los planes de la exministra de Seguridad. Es que Bullrcih ya había puesto a trabajar a su equipo con la idea de disputar la jefatura de gobierno el año próximo. En el búnker de LLA en octubre pasado, tras el sorpresivo triunfo en las urnas, el Presidente había dado por sentado que Bullrich y Diego Santilli eran los aspirantes naturales para la competencia bonaerense y la carrera porteña.
La filial de LLA en la Capital está en manos de Pilar Ramírez, una dirigente de extrema confianza de Karina. “Ni Adorni estaba confirmado como candidato ni Bullrich estuvo descartada”, dicen fuentes de Balcarce 50. Los karinos machacan con que el objetivo de los Milei es gobernar la ciudad en 2027 y que apostarán a plantar un candidato propio. Hasta hace poco decían que Bullrich no era una violeta pura. Es sabido que no terminan de confiar en la exministra. “Falta mucho; en el medio puede aparecer otro nombre”, insinúan. Es un secreto a voces que Adorni quedó muy relegado, aunque por ahora seguirá al frente de la Escuela de Dirigentes de LLA en la Capital.
Mientras tanto, los bullrichistas recuperaron el espíritu. De manera socarrona, sugieren que los libertarios hicieron borrón y cuenta nueva ante el caso Adorni. “Volvieron a llamar por teléfono. Ahora hay que ver si Patricia quiere ser candidata”, aguijonean.
Después de que el Gobierno lograra aprobar la reforma laboral en el Congreso -una prueba de fuego para el proyecto de Milei en la que Bullrich tuvo un rol preponderante-, la titular del bloque de senadores de LLA percibió que el hostigamiento hacia su figura se intensificaba. La ofensiva tuvo varios frentes, por más que ahora los fieles laderos de Karina Milei relativicen los ataques. Por un lado, los karinos dejaron trascender el disgusto que provocaba el alto perfil de Bullrich en el Senado. También los seguidores de la exministra sintieron que los libertarios los marginaban del armado partidario en la Capital. El episodio más sintomático de la nueva interna fue el bloqueo a la llegada de Diego Valenzuela, exintendente de Tres de Febrero, al ministerio de Seguridad. Los fieles de Bullrich presumen que Alejandra Monteoliva buscó cobijo en Karina Milei y Adorni para resistir la designación de Valenzuela. La actual titular de la cartera fue promovida bajo el ala de Bullrich y mantiene un perfil técnico, pese a que movió sus fichas en la interna para impedir un nombramiento que la incomodaba. Si bien preservó a la mayoría de los bullrichistas que heredó en el ministerio –como el jefe de Gabinete, Fernando Kusnier-, sus colaboradores más estrechos la alientan a mostrar autonomía de Bullrich y cortar su injerencia. La semana pasada, se mostró con Karina Milei, pocas horas después de que se especulara con la ausencia de la senadora en el acto que encabezó el Presidente el 2 de abril, en el aniversario de la guerra por las Malvinas. En rigor, Bullrich no había sido invitada por razones de protocolo. Quien debía asistir en representación del Senado ante la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel era Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado.
Cerca de la exministra niegan rispideces con Monteoliva. Afirman que Bullrich está con un carácter menos belicoso y rehúye a la confrontación interna, pero remarcan que no le gusta que jueguen a sus espaldas para condicionarla. Por eso, como consignó , fue a hablar con Karina Milei para hacer las paces y evitar choques que agudicen la interna libertaria. Fuentes al tanto de esa conversación aseguran que sirvió para limar asperezas. La exministra le transmitió a la hermana del Presidente que no tenía un interés especial en posicionarse para la disputa porteña. Es más: le sugirió que evite anticipar candidaturas para no generar un desgaste prematuro. En rigor, Bullrich intuye que la Capital puede ser una herramienta para negociar un acuerdo nacional con Pro.
A sabiendas de que tiene poder de fuego -es una figura competitiva dentro del elenco oficial, concuerdan los analistas de opinión pública-, no se resignará a quedarse como una referente del Gobierno en el Senado. Quienes la frecuentan repiten que ya dio muestras de que apoyará el plan de reelección de Milei. “¿Para qué me golpearon? Si yo estoy acá adentro”, despotricó ante los suyos.
No obstante, no se quedará con los brazos cruzados en la campaña y, sea o no candidata, concentrará sus energías en preservar su caudal electoral en el distrito porteño. “Va a jugar fuerte en la Capital. Es su representación como senadora”, advierten cerca de Bullrich, quien respalda a rajatabla el proyecto de Milei, aunque tenga diferencias políticas.
Por ejemplo, no comparte la embestida contra los periodistas. En el caso Adorni, apostó por defender una posición institucional. Durante su paso por Córdoba, respaldó la decisión de Milei de sostener al jefe de Gabinete, pero lo hizo sin deslomarse. Remarcó que el Gobierno defiende “el principio de inocencia” y que no se lo puede declarar culpable a Adorni antes de que la Justicia defina si lo procesa o no. Quienes la conocen no dudan de que está disgustada con el efecto del Adornigate, que puso en crisis el relato libertario y dañó la credibilidad del Presidente. Es que Milei llegó al poder enarbolando un discurso anti-casta política y la promesa de que sería implacable a la hora de enfrentar la corrupción en el Estado. “Adorni no vuelve políticamente porque rompió el vaso de cristal que tenía el Gobierno: la transparencia o el mensaje anti-casta. Es un trofeo para Karina y, por eso, lo retiene. Pero se mojó”, dicen en el bullrichismo.
La exministra también alzó la voz en el seno de la mesa política. En plena discusión sobre cómo podrían generar confianza en los mercados y bajar el riesgo “político”, respaldó la postura de Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía, de acelerar los acuerdos para sellar alianzas electorales con gobernadores afines para dar mayor previsibilidad. “Está planteado el debate: ¿nos importa más la reelección o ganar otra provincia?”, enfatizó frente a la idea de Karina Milei o los Menem de seguir expandiendo el proyecto nacional de LLA, para pintar las provincias de violeta.
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La Cámara de Diputados perfila un nuevo escenario político de cara al calendario electoral de 2027

El año se acorta y los procesos se aceleran. Aunque no hay elecciones durante 2026, sí habrá Mundial de fútbol, lo que paraliza, pero además el resultado afecta el ánimo. Y esto la política lo sabe.
En este contexto, en la mesa política de La Libertad Avanza establecieron que la ventana para enviar y aprobar los proyectos que anunció el presidente Javier Milei el 1 de marzo en la Asamblea Legislativa es limitada.
Hasta ahora, el Gobierno envió la Ley Hojarasca y la de Propiedad Privada, y la intención es que la semana próxima ingrese la Reforma Electoral. Pero ese apuro que muestra la Casa Rosada se encontró con una luz de alerta en la sesión de la Cámara de Diputados la semana pasada.
En la madrugada del jueves, la Cámara de Diputados se convirtió en escenario de una votación que marcó un punto de inflexión en la estrategia de la oposición, indicando el inicio de una construcción de mayorías alternativas con miras al segundo semestre y al calendario electoral de 2027.
Esta señal, destacada tanto por legisladores como por observadores del Palacio Legislativo, sugiere que los opositores empiezan a tender puentes para modificar el equilibrio de fuerzas, un proceso que se irá consolidando cuando todas las bancadas alineen sus prioridades en función de los comicios del próximo año, según expresó un diputado consultado por Infobae.

Al inicio de la sesión en la que el oficialismo logró aprobar la modificación de la Ley de Glaciares, el diputado Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica, pidió un apartamiento de reglamento para tratar los proyectos de ley que tienen como finalidad interpelar a la secretaria de la Presidencia, Karina Milei, y al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por la investigación de la causa $Libra.
Las posibilidades de ganar eran nulas porque, para un apartamiento, se necesitan dos tercios del recinto, algo que ninguna fuerza puede lograr hoy. Sin embargo, el resultado que mostró el tablero sorprendió y puso en alerta al bloque libertario. El pedido de Ferraro obtuvo 125 votos afirmativos.
Ese número significa que está a cuatro votos del quórum y de poder avanzar. Esa diferencia, que puede parecer importante para acceder a una sesión, cambia radicalmente al observar que hubo 15 diputados ausentes, varios de los cuales, estiman en la oposición, podrían sumarse en futuras instancias.
Entre los ausentes citados se encuentran Nicolás Massot (Encuentro Federal), Emir Félix (Unión por la Patria), Pablo Yedlin (Unión por la Patria), Marcela Pagano (Coherencia) y los miembros del Movimiento de Integración y Desarrollo, Eduardo Falco y Oscar Zago.
La relevancia de estos nombres radica en que, de sumarse al bloque opositor, el respaldo alcanzaría los 131 votos, cifra suficiente para lograr quórum y aprobar iniciativas clave, según el análisis de un diputado del oficialismo que observó sorprendido el tablero. “Quedaron cerca y hay que prestarle mucha atención a esto”, señaló el legislador en conversación con Infobae.

Las cifras muestran que, aun bajo el pronóstico más prudente, la oposición mantiene 120 votos seguros, quedando a solo nueve bancas de alcanzar el quórum propio. Este piso numérico adquiere importancia de cara a futuras negociaciones parlamentarias.
Las mayorías en un Congreso tan atomizado son circunstanciales. Eso quedará más firme después del Mundial, cuando los bloques de la oposición y aquellos que hoy se muestran como socios de LLA busquen profundizar las diferencias.
Según un legislador opositor consultado por Infobae, el potencial de crecimiento inmediato de la oposición no reside solo en los nombres ausentes durante la votación, sino también en los diputados de Innovación Federal, quienes, al actuar alineados con gobernadores de sus provincias, enfrentarán presiones crecientes para distanciarse del oficialismo en pos de fortalecer sus chances de reelección. La observación se centra en la certeza de que La Libertad Avanza competirá con candidatos propios en varias jurisdicciones, forzando a los bloques provinciales a redefinir su relación con el Poder Ejecutivo.
La definición de nuevas alianzas comenzaría a evidenciarse en próximas discusiones sobre proyectos como la Ley Hojarasca, diseñada para derogar normativas en desuso, aunque integrantes de diferentes espacios advierten sobre la presencia de leyes vigentes cuya eliminación no acompañarán. El tratamiento de esta iniciativa funcionará como primer examen para la robustez de la convergencia opositora.
En un horizonte cercano aún más crítico se inscribe la eventual presentación, por parte del oficialismo, de una reforma al sistema electoral, orientada a eliminar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Un diputado libertario consultado por Infobae sostuvo: “Si el radicalismo y el PRO quieren ir con candidatos propios van a necesitar las PASO. El peronismo también. Ahí vamos a ver una prueba de verdad, si están dispuestos a ir a la pelea”.
Segundo semestre
Los dirigentes opositores consultados por Infobae coinciden en que el verdadero realineamiento en la Cámara de Diputados se concretará en la segunda mitad del año, cuando la proximidad de las elecciones condicione la agenda legislativa y obligue a cada bancada a fijar su posición respecto de los principales proyectos de reforma propuestos por el oficialismo.
En este proceso, la oposición apuesta a consolidar una mayoría suficiente para contrarrestar las iniciativas que puedan erosionar mecanismos institucionales clave como las PASO, al tiempo que selecciona batallas de alto impacto simbólico, como la interpelación a funcionarios de la primera línea del Ejecutivo, para proyectar fortaleza.
El resultado de la reciente votación, según la perspectiva opositora reflejada en Infobae, anticipa que los próximos meses serán determinantes en la disputa parlamentaria. Al conformar un bloque en torno a los intereses electorales de cada espacio y sumar voluntades mediante el diálogo con provincias y alianzas intermedias, la Cámara Baja podría ver modificado su mapa político antes de concluir 2024.
POLITICA
Luciano Laspina: “Argentina necesita acuerdos básicos para evitar una crisis cada dos años”

Luciano Laspina volvió a la escena pública desde un lugar distinto. Después de años en el Congreso como uno de los referentes económicos del PRO, ahora ejerce el cargo de director ejecutivo del Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), una de las organizaciones más influyentes en la producción de políticas públicas en la Argentina. Desde ese rol, intenta correrse de la lógica partidaria sin abandonar el núcleo del debate: cómo ordenar una economía que lleva más de una década y media sin crecer.
El directivo habló a días de la cena anual de la entidad, que este año se presenta bajo una consigna tan simple como contundente: “Crecer o crecer”. El encuentro se realizará el lunes 20 de abril, en la Ciudad de Buenos Aires, y contará con la participación de dirigentes políticos de todo el espectro ideológico, magistrados, diplomáticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil. Allí, hablarán José Orlando, presidente de Consejo de Administración de CIPPEC, y Luciano Laspina.
En una entrevista con Infobae, el flamante director ejecutivo resalta que no se trata de un eslogan sino de un diagnóstico estructural. Define esa idea como un “rezo laico”, una expresión que condensa el punto de partida de su análisis: la Argentina no genera empleo, acumula pobreza y atraviesa crisis recurrentes que impiden cualquier horizonte de desarrollo sostenido.
En ese marco, introduce un planteo que busca correrse de la grieta clásica. Sostiene que antes de discutir modelos económicos —más Estado o menos Estado, más apertura o más protección— el país necesita un conjunto de acuerdos básicos que eviten las crisis cíclicas. Los define como “preideológicos” y los reduce a tres pilares: respeto por los contratos, equilibrio fiscal y una política monetaria que no utilice al Banco Central para financiar al Tesoro.
La propuesta no es menor en el contexto actual. El gobierno de Javier Milei avanza con un programa de estabilización y desregulación profunda, mientras la oposición mantiene cuestionamientos sobre el rumbo económico y las herramientas elegidas. En ese escenario, la posibilidad de construir consensos aparece lejana. El propio Laspina reconoce que puede sonar “utópico”, pero sugiere que, por primera vez en años, podrían existir incentivos alineados para avanzar en ese sentido.
La entrevista también permite asomarse a una tensión central del momento económico. Por un lado, la estabilización macroeconómica, con la baja de la inflación como objetivo prioritario. Por otro, una transformación estructural que implica pasar de una economía cerrada y regulada a otra más abierta y competitiva. Ese proceso, advierte, genera una dinámica desigual: sectores que crecen con fuerza y otros —intensivos en empleo— que retroceden.
“Hoy hay una economía a dos velocidades”, sintetiza. Y en ese diagnóstico incorpora una variable clave para entender el freno actual: la falta de crédito. Sin financiamiento, explica, no hay consumo ni inversión que permita recomponer a los sectores más golpeados, como la industria, el comercio o la construcción.
En ese equilibrio inestable, Laspina evita alineamientos automáticos. Reconoce la lógica del Gobierno —“apagar el incendio” macroeconómico— pero también señala las limitaciones que enfrentan las empresas para adaptarse a una apertura rápida en un contexto de alta presión impositiva, costos financieros elevados y falta de infraestructura. “Los dos tienen parte de razón”, afirma, en una definición que intenta describir más que tomar partido.
Desde CIPPEC, su apuesta apunta a otro plano: pensar la transición sin destruir capacidades existentes. “Es mucho más eficiente reconvertir sobre los cimientos que empezar de cero sobre las ruinas”, plantea. La idea de fondo es encontrar una “diagonal” que permita integrar las dos tradiciones económicas de la Argentina —la industrial y la exportadora— y evitar una nueva reedición de esa tensión histórica.
En ese marco, la discusión de fondo vuelve a aparecer: si la política argentina está en condiciones de salir de la lógica de la urgencia permanente y avanzar en acuerdos mínimos que garanticen estabilidad. Para Laspina, ese es el punto de partida indispensable. No para asegurar el crecimiento, sino, al menos, para dejar de retroceder.
La entrevista a Luciano Laspina
—Un nuevo rol después de haber sido diputado tantos años, diputado por el PRO. ¿Cómo fue ese paso del ámbito político al ámbito de una organización civil como CIPPEC?
—Sí, efectivamente estoy dirigiendo CIPPEC, que es el Centro de Implementación para Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento. Es una institución que piensa políticas públicas en muchas áreas, básicamente desarrollo económico, desarrollo social, educación, gobierno y Estado, para tener un Estado más eficiente. Tiene muchísima reputación en Argentina, más de veintiséis años aportando al debate de políticas públicas. Han pasado más de mil investigadores por CIPPEC. Muchos están en el sector privado, otros han ido a la función pública en distintos gobiernos, de distinto signo político. La verdad que muy contento. Para mí es una forma de poder seguir aportando desde otro lugar, seguir en lo que me gusta, que son las políticas públicas, pero ahora desde la sociedad civil, sin estar en la trinchera de la pelea partidaria. En lo personal, feliz de poder hacer un aporte. Creo que hay mucho para pensar de la Argentina que viene, mucho para discutir, y esa es la razón de ser de CIPPEC.
—El lunes 20 se va a realizar la cena anual, el encuentro que toda la política, todo el círculo rojo, los periodistas y empresarios vamos habitualmente. Es un encuentro muy oportuno para discutir otros temas, aparte de los temas urgentes o de coyuntura. Este año se convoca bajo la consigna “Crecer o crecer”. ¿Qué significa este lema?
—Es un lema que yo digo más que un lema es un rezo laico, porque es lo que necesita Argentina después de una década y media sin crecer, donde no hemos generado empleo, donde la pobreza ha ido creciendo.Lo que planteamos es que el crecimiento, sobre todo cuando tiene que generar inversiones, empleo de largo plazo, requiere de tener estabilidad en las reglas de juego.
Estabilidad en las reglas de juego requiere tener una serie de acuerdos básicos que eviten que Argentina tenga una crisis cada dos años, como ha tenido en promedio en los últimos quince. La última la tuvimos el año pasado en la crisis electoral. Vino el Tesoro americano, nos dio una mano y pudimos evitar una crisis, una megacrisis, una devaluación, y afortunadamente el Gobierno tuvo la habilidad de conseguir esa ayuda, porque si no hubiésemos tenido una crisis aún mayor, y eso es lo que tenemos que evitar.
CIPPEC es un ámbito de diálogo que junta a las fuerzas políticas de todos los sectores y vemos ahí, creo que esta vez, cierto campo para ponernos a pensar la Argentina del futuro, pero también quizás plantear una serie de acuerdos básicos, mínimos, de entendimientos entre distintos sectores de la política para que Argentina no tenga una crisis.
Yo creo que eso debería ser un acuerdo muy chiquito, preideológico, que entre las principales fuerzas políticas en competencia digan:
-Vamos a garantizar la continuidad de los contratos. Básicamente, no queremos defaultear otra vez ni reestructurar y todas esas cosas que hace Argentina dos por tres.
-Queremos mantener el equilibrio fiscal, que es una bandera que incluso fuerzas más progresistas o del campo nacional y popular están empezando a abrazar.
-No vamos a usar el Banco Central como quinta rueda del carro para imprimir pesos para darle al Tesoro, que es lo que genera la inflación a largo plazo.
Son tres acuerdos preideológicos muy parecidos a lo que hicieron Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso en el 2002, que a partir de ahí garantizó la estabilidad macroeconómica en Brasil.
Hoy hay campo fértil para lograr lo que nunca se logró, que nos pongamos de acuerdo en algo los argentinos, en esa lucha fratricida que muchas veces tenemos, porque esto es una bandera que el Gobierno nacional abrazaría sin ningún problema y porque yo creo que le serviría a la oposición para ser más competitiva.
Si logramos eso va a ser muy bueno para los dos sectores, pero sobre todo para la Argentina.
—Hay un requisito previo, una condición, que es que las partes quieran aceptar sentarse en una misma mesa. No se está viendo mucho eso. Sobre todo de los dos sectores políticos más importantes o que polarizan la Argentina, ¿es posible ese acercamiento? Pienso en Milei o su gente, en Axel Kicillof, en Juan Grabois u otros dirigentes del peronismo.
—Sí, parece medio Argentina año verde, utópico. Primero doy una visión institucional y después puedo hacer más análisis político.
Institucionalmente es un poco el rol de CIPPEC sentar a la mesa a muchos actores. Tampoco pretendemos que esto sea la única bandera. Parte de nuestro rezo laico para crecer es que no tengamos crisis, que podamos acordar en las cosas mínimas que evitan que haya una crisis, y ese es el rol de CIPPEC.
Ahora, al mismo tiempo, cuando veo las partes, creo que puede haber incentivos alineados esta vez, por distintas razones, para tener ese acuerdo que permita por lo menos —no digo estabilizar definitivamente la economía, no digo crecer— sino evitar crisis.
Y después, el resto, que lo definan las urnas: si queremos una economía más cerrada, más abierta, más regulada, más desregulada; si queremos equilibrio fiscal con más impuestos y más gasto público, o un Estado más chico con menos impuestos.
Pero por lo menos decir: bueno, sabemos que no tenemos una crisis inflacionaria, una crisis fiscal, una crisis de deuda, que son las que cada dos años, en promedio, nos generan una turbulencia y nos hacen retroceder cinco casilleros.

—En una columna que usted publicó hace algunos días hablaba de la necesidad de construir sobre los cimientos de lo anterior y no sobre los escombros del sistema anterior. ¿Qué significa esa idea?
—Argentina está en un proceso de transformación muy importante. Viene de ser una economía muy cerrada, hiperregulada, y ahora se está abriendo al mundo, se está desregulando, y obviamente eso va a generar ganadores y perdedores.
Hay un acuerdo, por lo menos en un pedazo importante de la sociedad e impulsado por el Gobierno, de que Argentina se tiene que integrar al mundo, y creemos desde CIPPEC que no hay país que haya crecido y desarrollado sin explotar la demanda global, sin salir a conquistar el mundo.
Hay todo un proceso de reconversión que hay que hacer. El punto es que es mucho más eficiente hacerlo sobre los cimientos de los que ya hay que sobre las ruinas. ¿En qué sentido? Más que quebrar todas nuestras empresas y que se fundan y empiece todo de cero, tratar de ver cómo hacemos para ayudar a reconvertir a las empresas.
Muchos lo van a hacer privadamente, tratando de rebuscárselas. El cinturón metalmecánico de la ciudad de Rosario ya está virando hacia Vaca Muerta, porque antes estaba enfocado en consumo masivo o en producción local y ahora está viendo cómo se suma a esa cadena de valor. Tenemos que ayudar a que eso ocurra.
Esto no implica ni subsidiar ni subir aranceles, sino ver qué elementos necesitan, cómo adaptamos la política educativa, la infraestructura, la política financiera, para reconvertir la Argentina con nuestras empresas, nuestros empleados, el capital que ya tenemos invertido, las capacidades que se han creado para ir a esa nueva Argentina.
Los que no se puedan reconvertir, lamentablemente, habrá que ver cómo se los asiste desde otro lado. Este es un desafío que hay que pensar, en una Argentina que está cambiando en muchos aspectos.
Lo que pasa en Neuquén es un modelo espectacular, porque está la sociedad civil, el Gobierno, los sindicatos y las empresas todos ligados detrás de un gran proyecto, que es Vaca Muerta, que va a implicar el desarrollo de la provincia y todo su potencial geológico, pero que al mismo tiempo va a derramar en toda la sociedad.
Eso mismo hay que encontrar para toda la Argentina. Cada uno tiene que tener su proyecto de progreso, donde sienta que eso que está pasando le va a llegar, y si no le llega directamente, le llega a sus hijos.
Ese sueño puede ser una diagonal entre las dos Argentinas que siempre chocaron: la economía más cerrada, industrialista, y la más abierta, exportadora. El desafío es ver cómo trazamos esa diagonal para que empiecen a convivir.
—En el debate público actual, incluso impulsado por el Presidente, hay una mirada muy crítica sobre el viejo sistema empresario. Se habla de “empresarios prebendarios” o “empresaurios”. ¿Qué mirada tiene CIPPEC sobre esa controversia?
—En CIPPEC, y se va a ver en la cena, participan empresarios de todos los sectores: ganadores, perdedores y los que están en el medio, porque todos apuestan no solo por sus empresas, sino también por el país.
CIPPEC no presta servicio a una empresa ni a un sector. Hemos hecho recomendaciones a lo largo de la historia con total independencia. Tenemos un financiamiento diversificado: más de noventa empresas participan, pero representan solo una parte del total, el resto proviene de provincias y organismos multilaterales. Eso garantiza independencia y honestidad intelectual.
Desde CIPPEC siempre tuvimos la mirada de que Argentina no podía vivir de espaldas al mundo. En eso Latinoamérica ya cambió hace mucho tiempo, mientras Argentina venía tropezando.
Compartimos en algún punto la visión del Gobierno de que hay que integrarse al mundo, comerciar más, exportar más. Pero también es cierto que para el tango se necesitan dos.
No se le puede pedir a las empresas que compensen una ineficiencia sistémica con talento extraordinario. Tampoco se le puede pedir a los consumidores que paguen sobreprecios por protección.
La forma de hacerlo es tener bienes públicos de calidad: educación alineada a la demanda, infraestructura de escala global, un sistema impositivo razonable.
Argentina tiene un sistema impositivo muy distorsivo, con impuestos que se cobran incluso antes de facturar. Eso atenta contra la competitividad.
Los países que se desarrollaron ayudaron de manera horizontal, no necesariamente eligiendo ganadores. Nosotros en el pasado elegimos sectores que a veces no podían ser competitivos, y eso tampoco funcionó.
La clave es generar condiciones para que las empresas se integren al proceso de crecimiento.
—Ahora está Vaca Muerta como gran oportunidad. Hay un contexto internacional favorable para el agro y la minería, pero al mismo tiempo hay sectores como la industria con caídas fuertes. ¿Cómo se miran esas dos dinámicas desde CIPPEC?
—Argentina está atravesada por dos fuerzas. Una es la estabilización macroeconómica. Reducir la inflación suele ser un proceso doloroso en la mayoría de los casos, muchas veces ha fracasado en el mundo y en Argentina, sobre todo.
Y la otra es una transformación del modelo económico, desde una economía muy cerrada y regulada hacia una más abierta y desregulada, con la expectativa de que eso genere más inversión, más empleo y más exportaciones.
En el medio hay muchos inconvenientes. Está la reconversión, que es la discusión que venimos teniendo, de cómo pasamos de la estructura vieja a la nueva sin destruir tanto valor, manteniendo nuestras empresas y no creando todo desde cero, porque eso es mucho más costoso y menos eficiente.
Al mismo tiempo está la estabilización macroeconómica, que es complicada. El Gobierno viene de atravesar una crisis el año pasado que le generó un freno en el proceso. La inflación empezó a subir, después a bajar, y eso dio como resultado una economía a dos velocidades: sectores ganadores creciendo mucho y sectores perdedores —muy intensivos en mano de obra, como comercio, industria y construcción— en retroceso.
Esto tiene que ver no solo con la transformación, sino también con que el proceso de estabilización tropezó con la crisis del año pasado. Afortunadamente no nos caímos, pero ahora cuesta volver a arrancar.
¿Dónde se ve la variable clave? En el crédito. No hay ninguna economía que pueda crecer sin crédito. Lo dijo el ministro Caputo hace algunos días: el crédito es fundamental para lubricar el crecimiento.
Infobae publicó que volvió a subir la mora. El sector bancario viene golpeado porque el crédito se frenó, y la economía necesita que vuelva a arrancar. Si eso ocurre, se va a reactivar el consumo, parte de la construcción y se van a empezar a recuperar los sectores más golpeados.
Si además logramos conectar los sectores perdedores con los ganadores —por ejemplo, como proveedores de bienes o servicios—, eso puede generar un efecto de arrastre.
Lo que pasa en Neuquén es un ejemplo claro: hay crecimiento, migración interna —cien familias por semana— y desarrollo urbano. Ese es el desafío para el resto del país.
—Este Gobierno parece más enfocado en remover obstáculos que en generar políticas activas de desarrollo. ¿Hay espacio para eso?
—Creo que el Gobierno tiene una agenda del presente, una agenda de lo urgente, muy ambiciosa por la complejidad de las reformas que está encarando: reforma tributaria, laboral, previsional, coparticipación, infraestructura.
Y además tiene que estabilizar la economía, que es “apagar el incendio”. En ese contexto, es difícil pensar en políticas de desarrollo más sofisticadas, que implican ver cómo conquistar mercados, cómo aprovechar acuerdos como el Mercosur–Unión Europea, cómo generar empleo a partir de eso.
Eso sería la etapa siguiente, la de “decorar la casa”.
Cuando se pide una reforma tributaria, es para eliminar impuestos distorsivos. Argentina tiene un récord mundial en ese sentido: impuestos como Ingresos Brutos, el Impuesto al Cheque, retenciones, sellos, que suman casi ocho puntos y medio del PBI. Eso no lo tiene ningún país.
Esos impuestos se exportan con los bienes y afectan la competitividad. Por eso hay empresas que se van a Uruguay, Paraguay o Australia. No es que acá sean ineficientes y allá eficientes: son las mismas empresas, pero con condiciones distintas.
El Gobierno dice: “déjenme que estoy apagando el incendio”. Y los empresarios dicen: “todavía no me hiciste la reforma tributaria y ya abriste la economía”.
En eso entiendo al Gobierno, pero también a los empresarios.
El tipo de cambio no está tan atrasado si uno lo compara históricamente, pero antes había menos impuestos, más crédito y energía más barata. Hoy las condiciones son distintas.
Las grandes empresas tienen acceso al crédito, pero las pymes enfrentan tasas altísimas. En ese contexto, el dólar actual se siente.
Esa es la tensión. El Gobierno no puede ir más rápido por restricciones fiscales y políticas, y las empresas no pueden ajustar más de lo que ya lo están haciendo. Los dos tienen parte de razón.

—En esa agenda de “crecer o crecer”, ¿cuál sería el primer paso o qué reforma debería acordar la política o el llamado “círculo rojo”?
—Yo le digo “círculo CIPPEC”, que no es rojo, no es violeta, no es celeste ni amarillo. Es el ámbito donde estamos todos los que discutimos política pública en la Argentina.
Deberíamos tener algunos acuerdos básicos, muy básicos. Ya lo hicieron Brasil, Chile, Colombia, Perú. Hay cosas que no se discuten. En Perú se van los presidentes, pero no se va el presidente del Banco Central y la política monetaria no cambia.
No es que con ese acuerdo se come, se cura y se educa. Con eso apagás el incendio básico. Después tenés que ver cómo construís una casa arriba de eso. El problema es que en la Argentina tenemos un incendio cada dos años y no salimos de eso.
Si acordamos en estas tres cosas —que pueden ser más, pero al menos estas— que son bastante preideológicas en la mayoría de los países: respetar los contratos, mantener el equilibrio fiscal y que el Banco Central no sea una maquinita de imprimir pesos, eso no te garantiza que vas a crecer, pero sí que no se te incendia la casa cada dos años.
Respetar los contratos es clave. El RIGI es un contrato entre el Estado y las empresas, y hay que respetarlo. Después se puede discutir si se mantiene o no hacia adelante, pero lo firmado hay que cumplirlo.
Puede venir un Congreso y decir “no hay más RIGI”, pero no violar lo anterior. Eso es lo que da seguridad jurídica.
El equilibrio fiscal también es un punto en el que, incluso sectores de la oposición, empiezan a coincidir. Y lo tercero es no financiar al Tesoro con emisión.
Son acuerdos básicos, preideológicos. El Gobierno no podría oponerse, y la oposición podría adoptarlos para ser más competitiva.
—El tema es si la oposición, hoy representada en gran parte por el peronismo, está en condiciones de asumir esos compromisos.
—No sabemos cómo se va a configurar la oposición, porque eso cambia todo el tiempo. Hace algunos años era Juntos por el Cambio, después fue Milei, ahora vuelve a reconfigurarse.
El peronismo es un espacio muy amplio, muy diverso. Hay que ver cómo se ordena, quiénes son sus candidatos, si hay uno o varios liderazgos.
Más allá de eso, este tipo de acuerdos le convienen a todos los argentinos. No es una cuestión ideológica ni partidaria.
No digo que esto sea una religión ni que haya que imponerlo, pero sí que sería bueno para el Gobierno, para la oposición y para el país, porque evitaría crisis y permitiría empezar a pensar la agenda del futuro.
—CIPPEC trabaja hace años sobre temas como educación y sistema previsional, que la política suele postergar. ¿Puede la política incorporar esos temas?
—Yo noto cambios, sobre todo en el vínculo con las provincias y los gobernadores. Estamos trabajando, por ejemplo, en aplicar inteligencia artificial para reducir la deserción escolar en varias provincias, con resultados muy interesantes.
Hay provincias que ya están pidiendo reformas educativas concretas. Eso muestra que, en la medida en que se pueda salir de la emergencia, se empieza a pensar en el largo plazo.
Creo que ese es el rol de CIPPEC: ayudar a implementar la agenda del presente para estabilizar la economía, promover acuerdos básicos y abrir el diálogo, pero al mismo tiempo empezar a pensar la agenda que viene.
Una vez que se apaguen los incendios, hay que construir una agenda superadora, que permita aprovechar el potencial de la Argentina: la cordillera, el agro, la energía, toda la cadena de valor asociada.
Los países que crecieron lo hicieron así. Con los mismos recursos naturales se puede ser Noruega o Nigeria.
Si esos recursos no se transforman en mejor educación, en mejores servicios públicos, en diversificación productiva, en más sectores que paguen buenos salarios, no hay desarrollo.
Cuanto más productividad, mejores salarios se pueden pagar. Y cuanto más sectores productivos y eficientes, mayor integración a la economía moderna.
El problema es que en Argentina estamos muy enfocados en la coyuntura. Yo mismo, que soy macroeconomista, lo reconozco: estamos entrenados para pensar en la urgencia, en el dólar, en la inflación, en el plan de estabilización.
Hoy la mayor contribución que puede hacer CIPPEC es no solo seguir pensando las reformas que ya están en agenda, sino empezar a trabajar en la agenda del futuro.
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