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ECONOMIA

Economistas recalculan a la baja el volumen de importaciones: ¿señal de enfriamiento de la economía?

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Siempre insólita, la Argentina atraviesa una nueva contradicción: justo cuando la apertura a los productos producidos en el exterior se transforma en uno de los puntos más calientes del debate, se está produciendo un desplome en las expectativas de cifras de importación.

Los economistas que participan en la encuesta REM del Banco Central esperan que el año termine con compras por apenas u$s79.121 millones, lo que implicaría que, en el resto del año, todos los meses deberían rondar un promedio de u$s6.800 millones.

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Si bien ese pronóstico supone una cifra que supera en 4% al nivel importador del año pasado, los economistas están continuamente revisando sus estimaciones a la baja. Y eso no es una buena noticia, porque va de la mano con una percepción de enfriamiento en la actividad económica.

A fines del año pasado, la misma encuesta REM preveía que este año habría importaciones por u$s81.500 millones, lo cual supondría un salto de casi 8%, más a tono con un PBI en crecimiento. Hay, entre los expertos, algunos que llegan aun más lejos y hasta creen que las importaciones serán menores que las del año pasado. Por caso, un reciente informe del banco de inversión Morgan Stanley pronostica que el volumen de las compras será de apenas u$s74.700 millones.

Como en todo dato estadístico, puede verse un costado positivo y uno negativo. El positivo es que habrá un mayor ingreso de divisas al país por saldo comercial, y hasta es posible que ese superávit compense a la salida de dólares por turismo y servicios. En definitiva, se disipan las preocupaciones por un déficit en la cuenta corriente, que históricamente suele ser el disparador de las devaluaciones.

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Pero la «mitad medio vacía» es la de un indicio recesivo. Si se confirmaran las previsiones de una importación en caída, habría que poner en duda las proyecciones sobre la actividad económica -que el gobierno estima en un alza de al menos 4,5% del PBI para este año-.

De hecho, los últimos años en que hubo caída de exportaciones fueron recesivos. En 2023, cuando las importaciones totalizaron u$s73.714 -un desplome de 9,3% respecto del año anterior- se registró una variación negativa del PBI de 1,6%. Y al año siguiente, ya en la gestión Milei, cuando la devaluación tornó la situación más grave, con apenas u$s60.822, también se registró una recesión, por 1,7% del PBI.

Importaciones con olor a recesión

En principio, hay indicios que parecen darles la razón a quienes creen que las importaciones seguirán bajando. Por ejemplo, la recaudación impositiva por aranceles. Es cierto que es un dato que está impactado por el recorte en las alícuotas arancelarias, por lo que su variación no refleja con exactitud el movimiento comercial. Pero aun así llama la atención la magnitud de las cifras: en marzo pasado, los ingresos por aranceles y tasas de estadística aportaron a ARCA un 12% menos que el año pasado, en términos reales.

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¿Por qué es preocupante esta tendencia? Porque el principal consumidor de las importaciones es el entramado industrial, que se encuentra en crisis y está utilizando apenas un 53% de su capacidad fabril instalada.

Los economistas suelen manejar una regla histórica de «tres a uno»: para que la economía argentina crezca un punto porcentual, es necesario que suban tres puntos las importaciones.

No siempre esa relación se cumple, claro. Las principales excepciones ocurren cuando hay distorsiones cambiaras como la del cepo: en esos casos, lo típico es que los importadores adelantes compras, aun cuando no las necesiten en ese momento, porque sospechan que habrá una devaluación a mediano plazo. Es lo que ocurrió, sin ir más lejos, en el final del gobierno de Alberto Fernández, cuando se produjo una gran acumulación de stock en las empresas, que luego de la devaluación bajaron drásticamente sus compras

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Pero también durante la gestión de Javier Milei ocurrió este fenómeno, de un modo más acotado. Así, las importaciones en los meses previos a la elección legislativa se dispararon por encima de los u$s7.100 millones mensuales, porque había incertidumbre sobre si después de los comicios se mantendría el esquema cambiario de banda de flotación. En contraste, luego se produjo un desplome importador que alcanzó su mínimo en enero pasado, con importaciones por apenas u$s5.057 millones.

Por qué el gobierno festeja

Si las importaciones van con tendencia a la baja, ¿por qué entonces sigue siendo un tema polémico el de la entrada de productos del exterior, en particular de China? La respuesta es clara cuando se observan las estadísticas sobre cómo varía cada rubro de importación.

Por ejemplo, que la compra de bienes de capital cae a un ritmo de 17% interanual, lo cual es compatible con un escenario recesivo para la rama industrial. En cambio, las importaciones de productos finales para consumo y de automóviles sigue gozando de buena salud y representa un 23% del total de las importaciones, cuando hace un año esa participación era la mitad.

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La vehemente argumentación del presidente Milei en defensa de la apertura comercial -en la que trató de «ladrones» a líderes de la industria local que pidieron protección contra la competencia china- hacen suponer que esa ponderación de los productos de consumo en el total de importaciones del país no sólo no disminuirá, sino que podría crecer a lo largo del año.

Para el gobierno, además de la ratificación de su discurso liberal sobre la defensa de los consumidores por encima de los industriales, la apertura importadora supone otro objetivo más terrenal: los productos importados, como textiles y electrodomésticos, han sido los que registraron menor inflación. De esa manera, compensan las subas previstas en los servicios públicos, como consecuencia de la «recomposición de precios relativos».

Es por eso que en el gobierno no parece generar preocupación la marcha de la balanza comercial. Más bien al contrario, la posibilidad de que haya este año un saldo comercial en torno de u$s20.000 millones -que es lo que ocurriría si se cumpliera el pronóstico de Milei sobre un boom exportador de u$s100.000 millones-, entonces el ingreso los dólares no solamente alcanzarían para compensar la salida de turistas sino que, además, quedaría un remanente para que el Banco Central pueda acumular reservas.

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ECONOMIA

Por qué el entusiasmo por la inteligencia artificial empieza a mostrar grietas en Wall Street

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Fueron semanas para el olvido para las acciones en Wall Street. Las dudas sobre el sector tecnológico activaron el risk-off y, en un contexto en el que el precio del crudo Brent cotiza por encima de USD 110 por barril, los rendimientos de los Treasuries comprimieron con fuerza a lo largo de la curva. La tasa a 10 años cotiza nuevamente por debajo del 5% anual al ubicarse en el 4,96% (28 pb menos en las últimas dos semanas), reflejando en parte la rotación fuera de las tecnológicas, en un contexto donde el Nasdaq cayó un 5% en las últimas dos semanas y el S&P 500 cedió un 1,9 por ciento.

La corrección en las acciones respondió a una secuencia de eventos que se fueron desencadenando entre la semana pasada y esta:

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  1. Monetización: OpenAI informó a sus inversores un ingreso anualizado unos USD 20.000 millones por debajo de lo que se suponía.
  2. Competencia: la empresa china CXMT anunció avances en una nueva arquitectura de DRAM, y luego DeepSeek presentó un modelo más eficiente que reavivó el temor a que la IA necesite menos memoria.
  3. Costo del capital: tras el IPC los bonos de CoreWeave pasaron a rendir más de 16%. Meta sumó ruido al subir el piso de su inversión y anunciar acciones sin voto para financiarla, lo que sacudió el mercado de crédito corporativo en compañías relacionadas a la IA.

Por un lado, dentro de la cadena de valor de la IA se identifican eslabones puntuales que mostraron un fuerte deterioro.

Dentro de la cadena de valor de la IA se identifican eslabones puntuales que mostraron un fuerte deterioro

Los laboratorios y los hyperscalers compran aceleradores a Nvidia y Broadcom, fabricados por TSMC en nodos de vanguardia con equipos de ASML. Cada acelerador requiere memoria HBM, chips de DRAM apilados que alimentan de datos al procesador, provistos por SK Hynix, Samsung y Micron.

Las acciones vinculadas a la memoria fueron las más castigadas, lo que llevó al Kospi a registrar su peor semana desde 2008 y a Kioxia a caer más del 60% desde su máximo de junio, al tratarse del eslabón más comoditizado y con mayor exposición a China. Por su parte, los neoclouds que alquilan capacidad de cómputo apalancándose con deuda (entre ellas CoreWeave) sufrieron un severo impacto, y algunos analistas advierten que este negocio podría terminar absorbido por los propios hyperscalers.

Las ganancias actuales ya se encuentran en niveles extraordinarios, abriendo interrogantes sobre si esa rentabilidad podrá sostenerse en el tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por otro lado, reaparece la discusión sobre la sostenibilidad del ecosistema de IA, dado que el nivel de monetización de las compañías que ofrecen el servicio al usuario final, como OpenAI o Anthropic, resulta inferior al esperado, mientras que gran parte de la expansión continúa financiada con deuda y capex de los hyperscalers.

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A esto se suma el dilema de las valuaciones. Si bien la relación precio-ganancias proyectado (P/E forward) se ubica en niveles razonables frente a su media histórica, el contrapunto radica en que las ganancias actuales ya se encuentran en niveles extraordinarios, abriendo interrogantes sobre si esa rentabilidad podrá sostenerse en el tiempo.

Un ciclo de inversión en IA más moderado reduce la demanda agregada de capital y, con ella, la tasa neutral de la economía

Todo este proceso terminó favoreciendo a los bonos, puntualmente a los Treasuries, no solo por la búsqueda de cobertura (risk-off), sino porque un ciclo de inversión en IA más moderado reduce la demanda agregada de capital y, con ella, la tasa neutral de la economía. Al mismo tiempo, se descomprime la oferta de deuda corporativa vinculada al sector tecnológico, factor que venía presionando el tramo largo de la curva. De esta manera, la probabilidad implícita de que la Fed vuelva a subir la tasa de interés en diciembre, que se ubicaba en el 100%, cayó al 82 por ciento.

Si eventualmente se desacelera el ciclo de inversión en IA, el impacto negativo sobre el nivel de actividad operaría a través de dos frentes:

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  1. La inversión directa, componente fundamental del crecimiento del PBI.
  2. El consumo, apuntalado principalmente por los estratos de mayores ingresos, cuyo patrimonio neto aumentó sensiblemente en relación con sus salarios al compás del rally en las acciones.

Una reversión de este efecto riqueza podría resentir la pauta de gasto de este segmento. Si bien proyectar este escenario de forma concluyente luce prematuro, la dinámica ayuda a explicar por qué la probabilidad de una suba de tasas por parte de la Fed comienza a ceder en el margen.

El autor es analista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)

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ECONOMIA

El riesgo país volvió a superar los 700 puntos y la volatilidad internacional golpeó a los bonos argentinos

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Wall Street atravesó una semana de altibajos: aunque el Dow Jones de Industriales avanzó un 0,5%, los valores tecnológicos iniciaron un proceso de baja de cotizaciones (el Nasdaq cayó 1,7%) que amplificó la aversión al riesgo y relegó a los activos de países emergentes.

“Las acciones estadounidenses cayeron ante las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial y los balances del sector tecnológico. La búsqueda de refugio hizo bajar los rendimientos del Tesoro, mientras el petróleo avanzó por la tensión en Medio Oriente”, señaló Cohen Aliados Financieros.

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Factores locales, como los flojos datos de actividad económica de agosto y el índice de salarios informados por el Indec influyeron por su lado a la tendencia de acciones y bonos, que sondearon el jueves 22 -en términos generales- sus cotizaciones más bajas en un año.

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No obstante, con un repunte de más de 4% el viernes desde aquel piso, el nuevo índice de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el MSCI Merval, registró esta una ganancia en pesos de 2,2% en el balance semanal, en los 102.200 puntos. En dólares el panel líder quedó prácticamente sin variantes entre puntas.

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Los títulos hard dollar de Argentina cedieron 2,2% en promedio en las cinco ruedas operativas de la semana. El riesgo país de JP Morgan avanzó cerca de 60 unidades, a 707 puntos básicos, un máximo desde el 24 de octubre de 2025.

“El desempeño del índice estuvo fuertemente influenciado por el contexto internacional desfavorable para la renta variable global, y, en lo local, un dato de actividad que mostró una recuperación más lenta de lo esperado”, sintetizó IEB.

Acciones locales en Wall Street (Rava Bursátil, precios en dólares)

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, consideró que “el mercado internacional tuvo el jueves un fuerte sell-off en tecnológicas, con la incertidumbre geopolítica también sumando ruido” e indicó que “en este contexto, bajaron los rendimientos de bonos del Tesoro norteamericano, con el de 10 años cayendo a 4,95%, en el clásico movimiento de flight to quality”.

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“Los bonos soberanos argentinos no logran revertir la tendencia a la baja, con el riesgo país que supera los 700 puntos, nivel no visto desde la semana posterior a las elecciones legislativas de octubre 2025. Consideramos que el mercado va poniendo en precios la prima electoral, por lo que además de variables clave como las cuentas públicas y la acumulación de reservas, el seguimiento de variables de la economía real con incidencia sobre el humor social serán fundamentales”, refirió Juan Manuel Franco.

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“Este deterioro de la percepción crediticia coincidió con un comportamiento dispar en la curva de los títulos públicos soberanos”, expresó Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital.

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El economista Gustavo Ber señaló que los inversores “reconocen que las próximas elecciones representan principalmente un plebiscito sobre el régimen económico actual y, por ende, sobre su sustentabilidad política en el tiempo.

“Tras años de esfuerzos sociales en el marco de un plan de estabilización que buscó, en simultáneo, promover fuertes inversiones en los sectores de energía y minería, resulta entendible el cansancio de gran parte de la sociedad respecto del proceso de normalización. De allí que el gobierno venga haciendo énfasis en la importancia de dar continuidad al rumbo para ver, a futuro, los frutos de un mejor clima de inversión”, continuó el titular del Estudio Ber.

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“Estimamos que la continuidad del Gobierno incorporada en los precios ahora está en torno al 63%, frente al 80% de julio. Estas probabilidades reflejan, en parte, el aumento de las primas de riesgo a nivel global y están vinculadas a una visión implícita de los inversores según la cual, en un escenario negativo, la probabilidad de default aumentaría gradualmente luego de un salto inicial, algo que puede observarse al analizar las valuaciones relativas”, puntualizaron los analistas de Max Capital.

“En el plano real, la economía argentina ofrece una imagen de fuertes contrastes. La producción de petróleo alcanzó un nuevo récord y el sector energético acumuló un superávit significativo, pero las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas volvieron a retroceder. La confianza del consumidor mostró una mejora mensual modesta, sostenida por bienes durables y con expectativas futuras todavía en baja”, definieron los analistas de Vector Investments.

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Martin Mazza , director de MM Investments, aseguró que “el verdadero desafío de Argentina ya no pasa solamente por ordenar las cuentas públicas o reducir la inflación, sino por transformar esa estabilidad en confianza, inversión y acceso genuino al crédito internacional. Mientras el riesgo país permanezca elevado, no solamente se verá afectado el financiamiento del Estado, sino también el costo de capital de las empresas y sus posibilidades de crecimiento”.

TSA Bursátil indicó que “la semana volvió a mostrar debilidad para la renta fija hard dollar, que fue acompañada por la renta variable, aunque esta última con una recuperación durante el viernes. Las caídas llevaron al riesgo país a superar los 700 puntos básicos, con una dinámica mixta para la renta fija emergente, y una curva de Treasuries que se desplazó hacia abajo a lo largo de los vencimientos”.

Suba del dólar y compra de reservas

En el mercado de cambios, el dólar confirmó el sendero de suave deslizamiento para avanzar en todas las ruedas operativas. El dólar mayorista quedó ofrecido a $1.529,50, un nuevo máximo nominal. En la semana acumuló un incremento de 11,50 pesos (+0,8%).

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El BCRA estableció el techo para el esquema de bandas cambiarias en los 1.943,56 pesos. El tipo de cambio oficial quedó a 414,06 pesos o 27,1% de ese limite para la flotación administrada.

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El dólar mayorista anota ahora un alza de 12,5 pesos o 0,8% en octubre; una ganancia de 74,50 pesos o 5,1% en lo que va de 2026, y un ascenso de 50,50 pesos o 3,4% en los último doce meses.

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Las paridades bursátiles del dólar también subieron en un rango de 23 a 27 pesos, para anotar máximos nominales: el “contado con liquidación” finalizó $1.653,17, y el dólar MEP, a 1.560,17 pesos.

El dólar al público terminó a $1.550 para la venta, según la referencia del Banco Nación. En la semana el billete minorista subió 15 pesos o 1 por ciento. El BCRA informó que en las entidades financieras el dólar al público promedió $1.549,77 para la venta y $1.496,32 para la compra.

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El dólar blue quedó ofrecido a $1.565, para anotar una suba semanal de 10 pesos o 0,7 por ciento.

El BCRA compró USD 270 millones en el total de cinco ruedas. Las reservas internacionales brutas cedieron USD 33 millones, a USD 50.203 millones, debido puntualmente a la variación de precios de activos como el oro.

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ECONOMIA

La inflación se resiste a bajar del 2%: qué espera el mercado para el resto del año y cuáles son los riesgos para el año que viene

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Las consultoras privadas proyectan una inflación de entre 1,8% y 2% para octubre. El Indec difundirá el dato oficial el 12 de noviembre (Foto: NA)

La estacionalidad también aparece entre los factores que explican las dificultades para consolidar una trayectoria descendente

  1. La debilidad de la demanda limita la capacidad de las empresas para trasladar mayores costos a los consumidores.
  2. La inercia de los ajustes de tarifas y combustibles y determinados aumentos estacionales impiden que el índice general descienda con mayor rapidez.
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La división de Alimentos y bebidas no alcohólicas registró la mayor disminución de precios en agosto, con una variación de -0,66%
Los alimentos, los combustibles y los aumentos estacionales aparecen entre los factores que podrían presionar sobre los precios durante los últimos meses de 2026

La carne y los combustibles pueden meter ruido y hacer que la inflación esté más cerca del 2% que del 1,5% (Menescaldi)

Imagen dividida: cortes de carne cruda en bandejas de supermercado y una mano repostando gasolina en un coche blanco
Menescaldi advirtió que noviembre suele presentar presiones estacionales sobre el precio de la carne. También mencionó la posibilidad de nuevos ajustes en los combustibles

Para noviembre y diciembre esperamos que la inflación oscile entre 1,7% y 2% (Caprarulo)

“La ventana para bajar la inflación este año ya se cerró; intervenir precios sería contraproducente”, afirmó Gabriel Caamaño (Foto: Reuters)
“La ventana para bajar la inflación este año ya se cerró; intervenir precios sería contraproducente”, afirmó Gabriel Caamaño (Foto: Reuters)

Aunque la Argentina registra un superávit comercial importante, la compra de divisas por parte de los particulares podría intensificarse ante la incertidumbre electoral (Sigaut Gravina)

"De ganar en primera vuelta el presidente Javier Milei, podría cerrar más cerca de 25%, pero si va a un ballotage con un candidato opuesto ideológicamente, la inflación podría superar el 35%", sostuvo Menescaldi (Foto: Reuters)
«De ganar en primera vuelta el presidente Javier Milei, podría cerrar más cerca de 25%, pero si va a un ballotage con un candidato opuesto ideológicamente, la inflación podría superar el 35%», sostuvo Menescaldi (Foto: Reuters)

Una eventual normalización de la región, acompañada por una reducción de los costos energéticos, podría favorecer una desaceleración más rápida de la inflación (Caamaño)

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