POLITICA
Javier Milei y Diego Santilli están reunidos en Olivos y se define el sucesor de Adorni como Jefe de Gabinete

El presidente Javier Milei y Diego Santilli ya están reunidos en la Quinta de Olivos, en lo que seguramente será la antesala del anuncio oficial de que el todavía ministro del Interior será el sucedor de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete, luego de la renuncia de este sábado.
El futuro ministro coordinador ingresó a la residencia presidencial manejando su automóvil personal a las 19:20, sin hacer declaraciones ante el puñado de periodistas que se encontraban esperando novedades.
La decisión de que Santilli sea el sucesor de Adorni la tomó Milei. Como casi todas las que importan en su gobierno, la tomó él. Y lo hizo desde una convicción que se fue construyendo a lo largo de ocho meses de gestión compartida: la de que el ministro del Interior había demostrado, en silencio y con resultados, ser el hombre que la segunda mitad del mandato necesitaba.
Esa convicción tuvo como antecedente la relación que Santilli construyó con Karina Milei —secretaria general de la Presidencia y presidenta nacional de La Libertad Avanza— y la buena sintonía que acumuló con el asesor Santiago Caputo. En un gobierno donde la confianza se gana despacio y se pierde rápido, ese doble vínculo sin fricciones funcionó como una señal de capacidad política. Pero la decisión fue del Presidente. Y eso, en el esquema de Milei, lo dice todo.
El recorrido que desembocó en esa designación fue largo y, en buena medida, silencioso. Santilli no llegó a la Jefatura de Gabinete por un golpe de efecto ni por la urgencia de una crisis. Llegó por acumulación: por la remontada electoral más notable de la última campaña bonaerense, por el trabajo de articulación que sostuvo durante ocho meses al frente del Ministerio del Interior y por una habilidad escasa en la política argentina: mantener canales abiertos con todos los sectores relevantes del poder sin romper ninguno.
El gobierno que lo designó atravesó más de 100 días de turbulencia política desde que se conocieron los viajes del entonces jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la causa judicial que derivó en su salida forzada. Durante ese período, Santilli sostuvo la agenda de negociación con los gobernadores, operó en los pasillos del Congreso para contener el avance opositor y mantuvo el hilo de las conversaciones con los bloques aliados. Lo hizo con el perfil bajo que caracteriza su estilo.
El vínculo con Karina Milei y la sintonía con Santiago Caputo
El lazo con Karina Milei no fue nuevo ni circunstancial. Se construyó durante el tiempo en que Santilli —diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, electo en 2021 en la lista de Juntos por el Cambio— comenzó a acompañar sin fisuras las iniciativas del gobierno de Milei en la Cámara baja. Ese alineamiento temprano, en un contexto en el que buena parte del PRO mantenía distancias estratégicas con el Ejecutivo, fue leído en Balcarce 50 como una señal de confianza.
Karina Milei la registró y la devolvió: fue ella quien diseñó las listas para las elecciones legislativas nacionales de octubre de 2025 y quien incluyó a Santilli en la alianza entre La Libertad Avanza y el PRO para la provincia de Buenos Aires. Después del escándalo de José Luis Espert, primer candidato a diputado de LLA, Santilli quedó a cargo de encabezar la boleta oficialista. Aunque ni su cara ni su nombre figuró en las papeletas -la Justicia Electoral no autorizó la reimpresión- logró una victoria absolutamente inesperada.
La relación con Caputo operó en otro registro. El asesor presidencial y el dirigente del PRO construyeron una sintonía de trabajo que se consolidó durante la gestión en el Ministerio del Interior. Cuando se confirmó el nombramiento de Santilli en esa cartera, en noviembre de 2025, los saludos efusivos de Caputo en redes sociales fueron leídos en el entorno del gobierno como algo más que una cortesía protocolar.
Que Santilli tenga línea directa con Karina Milei y buena llegada con Caputo no es un detalle menor en la política interna del gobierno de Milei. Es, en rigor, la condición de posibilidad de su nuevo rol. El trabajo de la Jefatura de Gabinete —articular la agenda legislativa, negociar con los gobernadores, coordinar las áreas del Ejecutivo— requiere de un funcionario que pueda moverse entre los distintos polos del poder sin quedar atrapado en ninguno. Santilli demostró, a lo largo de sus ocho meses en el Interior, que ese equilibrio es posible y que él sabe sostenerlo.
La remontada electoral que funcionó como pasaporte
Para entender por qué Milei confía en Santilli hay que volver al 26 de octubre de 2025. Esa noche, la alianza La Libertad Avanza-PRO obtuvo el 41,5% de los votos contra el casi 41% de Fuerza Patria, la coalición que reunió al kirchnerismo, el kicillofismo y el Frente Renovador. Menos de un punto de diferencia. Diecisiete bancas para el oficialismo, dieciséis para el peronismo.
Expresada en términos absolutos, la diferencia representó la incorporación de 881.417 votos que la alianza libertaria sumó entre las elecciones legislativas provinciales de septiembre y las nacionales de octubre, mientras Fuerza Patria perdía 261.592 adhesiones.
El número que vuelve más legible ese resultado es el que lo antecede: en los comicios del 7 de septiembre, Fuerza Patria le había sacado al oficialismo casi 14 puntos de ventaja en la Provincia. En 49 días, esa brecha se cerró y se invirtió.
El contexto de esa campaña fue de máxima turbulencia. La renuncia de José Luis Espert como primer candidato de la lista —salpicado por sus vínculos con el empresario Federico “Fred” Machado— dejó la nómina sin su figura central. La Cámara Nacional Electoral resolvió que Santilli, que era el tercer candidato, pasara a encabezar. Lo que para muchos analistas parecía una campaña condenada al fracaso se convirtió, bajo su conducción, en una de las remontadas electorales más notables de la reciente historia bonaerense.
“Hicimos historia en la provincia”, escribió Santilli esa noche. No era una exageración.
Cinco días después, Javier Milei anunció en su cuenta de X: “TENEMOS MINISTRO DEL INTERIOR: Bienvenido Colo Santilli. Diego será quien llevará adelante las conversaciones con gobernadores y legisladores para poder articular con el Congreso de la Nación cada uno de los consensos necesarios para las reformas que vienen de cara al futuro.”
La designación fue paralela a la de Manuel Adorni como jefe de Gabinete, en el reordenamiento poselectoral que corrió a Guillermo Francos de la Jefatura y a Lisandro Catalán del Interior. Santilli juró el 11 de noviembre en el Salón Blanco de la Casa Rosada y arrancó esa tarde con una ronda de reuniones con gobernadores.

Ocho meses en el Ministerio del Interior: el articulador
Desde su despacho en la planta baja de Balcarce 50, Santilli asumió la tarea para la que el gobierno lo había convocado: reconstruir los vínculos con los gobernadores, conseguir los consensos legislativos para el Presupuesto 2026 y las reformas de segunda generación, y sostener el tejido político que el Ejecutivo necesita para operar en el Congreso.
Trabajó junto a Martín Menem —presidente de la Cámara de Diputados— y Patricia Bullrich —hoy senadora y jefa del bloque oficialista en la Cámara Alta— en el triángulo operativo que lubricó la maquinaria parlamentaria del gobierno en el segundo tramo de la gestión.
Los resultados fueron concretos. En las sesiones extraordinarias de diciembre de 2025 y en las ordinarias que siguieron, el gobierno avanzó en una agenda legislativa de reformas estructurales que requería mayorías que el oficialismo no tenía por sí solo. Santilli fue el hombre de los llamados, de las reuniones previas, de los acuerdos que después aparecen firmados bajo otros nombres.
El propio Adorni, en su informe de gestión ante el Congreso en abril de 2026, lo reconoció sin ambages: “Mis felicitaciones al ministro del Interior, Diego Santilli, por lograr los acuerdos necesarios para hacer realidad algunos de los hitos más importantes de nuestra historia.”
Cuando el escándalo de Adorni estalló y la discusión sobre su continuidad comenzó a consumir energía política del gobierno, Santilli también asumió esa carga. Organizó junto a Bullrich, Lule Menem e Ignacio Devit el operativo parlamentario para contener la presión opositora. Habló con diputados, senadores y gobernadores. Negoció anticipos financieros a las provincias.
Santilli sostuvo la arquitectura de alianzas que el gobierno necesitaba para evitar que la crisis de Adorni se convirtiera en una crisis de gobernabilidad. El corrimiento de funciones fue un hecho antes de que un decreto lo formalizara.
Un político de largo aliento
Diego Santilli nació el 6 de abril de 1967 en el barrio porteño de Palermo. Es hijo de Hugo Santilli, ex dirigente de River Plate y ex presidente del Banco de la Nación Argentina durante el gobierno de Carlos Menem, y de María Luisa Forchieri. Estudió en el Colegio San Agustín y se recibió de contador público en la UBA a los 23 años.
Completó su formación en el exterior: marketing en Berkeley, especialización en mercados de futuros en Washington y un posgrado en administración pública en la Escuela de Administración de París, becado por el gobierno francés.
Su ingreso a la gestión pública fue temprano y continuo. Entre 1993 y 1994 fue director de Planeamiento Estratégico en la Municipalidad de Buenos Aires. Pasó luego por la Dirección General de Administración del Ministerio del Interior y por la dirección de Recursos Humanos en Migraciones durante el menemismo. Fue vicepresidente del Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires y director del Banco Ciudad.
Legislador porteño entre 2003 y 2009 —donde llegó a ser vicepresidente primero de la Legislatura—, fue designado ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad por Mauricio Macri en 2009, cargo que ocupó hasta 2013. Ese año fue electo senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires.
En 2015, Horacio Rodríguez Larreta lo eligió como compañero de fórmula. La dupla Larreta-Santilli ganó la jefatura del gobierno porteño en un balotaje contra Martín Lousteau: 51,64% contra 48,36%. En 2018 sumó, además de la vicejefatura, la conducción del Ministerio de Justicia y Seguridad tras la renuncia de Martín Ocampo. En 2019 fue reelecto junto a Larreta en primera vuelta, con el 55,9% de los votos.
En julio de 2021 renunció a la vicejefatura para competir como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires bajo la lista de Juntos por el Cambio. Resultó electo en noviembre de ese año y comenzó su mandato en diciembre. En 2023 intentó la candidatura a gobernador bonaerense en las primarias internas de la coalición, pero perdió por escaso margen frente a Néstor Grindetti. Su mandato de diputado continuó y fue desde esa banca que construyó el puente hacia el gobierno de Milei que, a la postre, resultó determinante.
Santilli está casado desde 2014 con Analía Maiorana y tiene tres hijos: Teo, Nicanor y Tonio. Es hincha de River. Una carrera de más de tres décadas en el Estado, construida desde los ministerios porteños hasta el corazón de Balcarce 50, que ahora tiene su capítulo más exigente por delante.
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POLITICA
El Gobierno encara una semana determinante para reorganizarse y aplacar internas antes de la llegada del Papa

Después de varios días en los que la Casa Rosada quedó atravesada por la tensión diplomática con Brasil, el operativo que permitió la salida de Flávio Bolsonaro hacia los Estados Unidos y las discusiones internas sobre cómo responder a ese escenario, el Gobierno buscará volver a concentrarse en la agenda local, con el objetivo de llegar más ordenado a la visita del papa León XIV y sancionar leyes que considera importantes antes de que finalice el periodo legislativo.
La semana comenzará con el desafío de reactivar las conversaciones dentro del propio oficialismo que quedaron pendientes por la situación internacional y por los roces entre algunos de sus integrantes.
La mesa política, que habitualmente se reúne los martes en la Casa Rosada, no tuvo encuentro esta semana que pasó y podría volver a convocarse ahora para revisar las negociaciones parlamentarias, la estrategia electoral y el vínculo con los aliados.
Si ocurre, sería la primera vez que la secretaria general, Karina Milei, s vuelva a ver personalmente con la jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, quien continúa dando señales de autonomía y marcando sus diferencias frente a algunas decisiones del Gobierno.
La senadora nacional comenzó a alimentar las especulaciones sobre una posible candidatura con el video que publicó en sus redes sociales un día después de anticipar la movida con una enigmática foto suya y la frase “Se vienen cositas…”.

Después de eso, durante una entrevista en Infobae en Vivo, la ex ministra de Seguridad afirmó que está preparada para ser Presidente, aunque aclaró que “una tiene que saber esperar su momento”.
Más recientemente, se diferenció de Milei en temas como la política internacional, principalmente en la reacción. ante las elecciones en Brasil y las declaraciones del mandatario contra periodistas.
La dirigente fue una de las pocas referentes libertarias que pidió reconocer la victoria del socialista Lula da Silva, en momentos en los que el Poder Ejecutivo opta por el silencio y la cautela.
Bullrich no estuvo en la última reunión de Gabinete, una ausencia que desde su entorno atribuyeron tanto a una situación personal como al malestar que le generaron algunas actitudes del mandatario, aunque la dirigente no volvió a hablar públicamente.
Aunque en Balcarce 50 decidieron no confrontarla, sus intervenciones ya forman parte del análisis de algunos de los miembros de la mesa política.
El Presidente, por su parte, se mantiene al margen del conflicto y remarca que las opiniones de la senadora son a título personal y que, si bien no comparte todas sus declaraciones, remarca que “los liberales no son manada”, por lo que hay lugar para las discrepancias.
En tanto, Bullrich no piensa romper con el oficialismo, pero mantiene la estrategia de conservar un perfil propio y dejar abierta su proyección hacia 2027, tanto para una eventual candidatura presidencial como para integrar una fórmula junto a Milei.
Mientras la discusión interna crece, el Gobierno sigue sin resolver una de sus principales prioridades legislativas: la eliminación o suspensión de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

En el Senado, Bullrich todavía no cuenta con los votos necesarios para avanzar y las conversaciones con los gobernadores continúan sin una definición cerrada, en un contexto en el que la cúpula libertaria no se pone de acuerdo sobre los tiempos para concretar los acuerdos electorales.
Cuando algunos funcionarios reclaman que las alianzas se hagan lo antes posible para garantizar gobernabilidad, cerca de Karina Milei consideran que no es el momento para las concesiones, ya que nada garantiza que luego las provincias retiren el apoyo si el Gobierno comienza a tener complicaciones.
El PRO tampoco terminó de dar garantías sobre el Presupuesto 2027. Si bien varios de sus dirigentes manifestaron disposición a acompañar la ley de leyes, pidieron modificar aspectos tributarios, incorporar reglas de transparencia para las concesiones viales, extender regímenes de promoción industrial y, sobre todo, resolver los fondos de coparticipación pendientes para la Ciudad de Buenos Aires, un viejo reclamo de este espacio.
Entre otros puntos, el macrismo busca prorrogar las normas vinculadas con los regímenes de promoción automotriz y autopartista, para dar previsibilidad a las empresas del sector. A eso sumó una reducción de la alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para los huevos y sus derivados, del 21% al 10,5%, con el objetivo de equiparar su tratamiento con el de otras proteínas animales.
En el caso de la Ciudad, el PRO reclama que el Presupuesto incluya las transferencias correspondientes al 1,55% de la coparticipación y que contemple el pago de la deuda acumulada desde abril, que asciende a $628.196.960.411, actualizada por inflación hasta septiembre de 2026.
Asimismo, propone incorporar un régimen para combatir la evasión a través de billeteras virtuales, incorporando un artículo que promueve la adhesión de las provincias a mecanismos armonizados de recaudación.
En ese contexto, esta semana debería realizarse el encuentro quincenal que mantienen La Libertad Avanza y el PRO. De la mesa suelen participar, por el lado libertario, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y Martín y Eduardo “Lule” Menem, mientras que Cristian Ritondo y Fernando de Andreis representan al macrismo.

Hasta el momento, los aliados no habían recibido la invitación formal, aunque las últimas veces la convocatoria llegó incluso horas antes de la cita, que suele ser los jueves.
La necesidad de cerrar acuerdos se volvió más urgente porque el Congreso tendrá una actividad limitada durante los próximos días. Varios diputados y senadores viajarán a Washington para seguir las elecciones de medio término en los Estados Unidos, un proceso que el oficialismo mira con atención por su alineamiento con Donald Trump y por el impacto que podría tener sobre la política interna norteamericana.
La visita de León XIV también condicionará el calendario parlamentario. El Papa llegará a la Argentina el domingo 8 de noviembre y permanecerá hasta el miércoles 11. El lunes 9 será feriado nacional y, según reconocen en el Congreso, no se espera actividad relevante en ninguna de las dos Cámaras durante todos esos días.
El Presupuesto 2027, la reforma política, la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y distintas iniciativas vinculadas con inversiones forman parte de una agenda que el Gobierno pretende llevar al recinto antes de que termine el período ordinario de sesiones, el 30 de noviembre.
Mientras Santilli negocia con gobernadores y legisladores, y Karina Milei trata de organizar la política interna, el Presidente volverá a viajar a España para participar de la XXX Cumbre Iberoamericana, que se realizará en Madrid el 4 y 5 de noviembre.
Será su segunda visita a la capital española en pocas semanas y coincidirá con una campaña electoral intensa, ya que España celebrará elecciones generales el 29 de noviembre.
En esta oportunidad, el mandatario volverá a cruzarse con Pedro Sánchez, anfitrión de la cumbre y uno de los dirigentes con los que Milei mantiene una relación más confrontativa. Durante su último viaje, el libertario calificó al jefe del Gobierno español de “ladrón corrupto” y pidió que la derecha lograra desplazar a los socialistas del poder.
Milei se reunió entonces con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, una de sus principales aliadas en España, pero no tuvo un encuentro presencial con Santiago Abascal. El líder de Vox mantuvo una videollamada con el mandatario argentino, aunque no viajó a Madrid por cuestiones de agenda.
La próxima cumbre será diferente porque tendrá un formato institucional y reunirá a jefes de Estado y de Gobierno de toda Iberoamérica. Milei tendrá que compartir el espacio con Sánchez. La agenda del viaje también se da después de la crisis con Brasil, pero Lula da Silva no viajará y será reemplazado por su canciller, Mauro Vieira.
El regreso del Presidente coincidirá con los últimos preparativos para recibir a León XIV, cuya visita tiene una dimensión política y social que genera expectativa en el Gobierno.
La Iglesia viene manifestando críticas sobre la situación social en el país, en especial por el impacto de la situación económica, la pobreza y las políticas de discapacidad.
En la Casa Rosada esperan que el Pontífice mantenga un mensaje general sobre los conflictos internacionales, la paz, la exclusión y los desafíos de la humanidad, sin cuestionamientos directos a Milei ni referencias puntuales al rumbo económico.
La secretaria general fue quien siguió de cerca los contactos con el Vaticano y apuesta a que la visita contribuya a descomprimir parte de la tensión política doméstica.
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Mientras el Gobierno busca contener las tensiones internas, Patricia Bullrich relativiza el mensaje de Martín Menem sobre 2027

Patricia Bullrich relativiza las declaraciones de Martín Menem sobre la candidatura presidencial de Javier Milei para 2027, mientras el Gobierno busca contener las tensiones internas y ordenar el armado electoral de La Libertad Avanza. La definición del presidente de la Cámara de Diputados, respaldada públicamente por el mandatario, se produjo después de que la senadora dejara abiertas sus aspiraciones políticas y marcara diferencias con distintas decisiones del Ejecutivo.
En el entorno de Bullrich consideran que Menem se limitó a ratificar la posición de la conducción partidaria y descartan interpretar sus declaraciones como una provocación destinada a forzar una definición electoral. Cerca de la senadora sostienen que el respaldo a la reelección de Milei no impide la convivencia de distintas aspiraciones dentro del oficialismo y remarcan que “la democracia es la base de cualquier coalición política”.
Menem aseguró durante un encuentro con integrantes de la Fundación Universitaria del Río de la Plata que no existen dos candidatos presidenciales dentro de La Libertad Avanza. El titular de Diputados sostuvo que el único postulante del espacio es Milei y destacó su liderazgo político. El mensaje fue amplificado por sectores vinculados con Karina Milei y posteriormente compartido por el propio Presidente, que respaldó así la definición.
En el sector que responde a la secretaria general de la Presidencia aseguran que las declaraciones de Menem no representan un cambio de estrategia. Sostienen que la candidatura de Milei está fuera de discusión y que no existe margen para proyectos presidenciales alternativos dentro del partido. La conducción libertaria también observa con incomodidad las últimas intervenciones de Bullrich y busca evitar que se profundicen las diferencias durante los preparativos de la campaña.
El malestar se concentra principalmente en las posiciones públicas que la jefa del bloque oficialista en el Senado viene expresando sobre la estrategia económica, la relación con los aliados y distintas decisiones políticas. En Balcarce 50 consideran que sus declaraciones comenzaron a generar un desgaste innecesario y cuestionan que las diferencias se acumulen mientras La Libertad Avanza busca ordenar su estructura para las elecciones del próximo año.
Las críticas también alcanzan al sector que responde a Santiago Caputo, donde cuestionaron que Bullrich reconociera el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones de Brasil, a diferencia de Milei, que evitó felicitar al mandatario reelecto. En ese espacio consideran que la senadora conserva un papel importante dentro del oficialismo, pero advierten que sus diferenciaciones públicas no deberían convertirse en una constante. La posición coincide con la de la conducción partidaria en la necesidad de evitar nuevas disputas.
A pesar del malestar, en el Gobierno descartan avanzar hacia una ruptura con Bullrich y mantienen la decisión de no responder públicamente a sus cuestionamientos. En la Casa Rosada reconocen que conserva un capital político propio y una capacidad de interlocución que excede a La Libertad Avanza. También consideran que un enfrentamiento abierto tendría consecuencias sobre la negociación legislativa y la construcción de alianzas para 2027.
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Las claves de la remontada de Lula que mira el peronismo como una oportunidad frente a Milei

Por primera vez desde el regreso de la democracia, un candidato presidencial brasileño logró revertir en el balotaje el resultado adverso que había obtenido en la primera vuelta. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió el pasado domingo 25 de octubre su cuarto mandato como presidente de Brasil, después de imponerse con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, en una elección que hasta pocos días antes aparecía desfavorable para el líder del Partido de los Trabajadores (PT).
La remontada tuvo detrás una estrategia política y comunicacional que combinó decisiones de gobierno, una fuerte ofensiva digital y la movilización de millones de electores. Uno de los equipos responsables de ese trabajo fue Nordx, una agencia brasileña que, junto al publicista Sidônio Palmeira, participó en la construcción del relato de campaña y la coordinación de herramientas digitales y tradicionales.
Algo central fue el canal de WhatsApp denominado Ejército de Lula, impulsado por el diputado André Janones, que pasó de aproximadamente 50.000 integrantes a reunir una comunidad de 10 millones de personas. La plataforma permitió distribuir contenidos, coordinar acciones y ampliar la circulación de los mensajes. Pero su utilización no se limitó a la difusión de publicaciones: también buscó orientar a los simpatizantes hacia actividades presenciales y movilizaciones organizadas por el oficialismo.
Toda la coordinación estuvo encabezada por Raul Rabelo, Marcelo Kertész, Tiago César, Chico Kertész y Rafael Marroquim. Los estrategas hablaron con un grupo de periodistas, del que participó Infobae, para dar detalles del histórico proceso electoral.
Los números permiten dimensionar la magnitud del resultado. El 4 de octubre, Bolsonaro había conseguido el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. Tres semanas más tarde, el mandatario obtuvo 64.256.232 sufragios contra los 59.826.041 de su adversario. En apenas 21 días, sumó 10,4 millones de votos, mientras que el candidato del Partido Liberal (PL) incorporó 3,7 millones. La diferencia final fue de 4.430.191 sufragios.

Sin embargo, el escenario que enfrentaba Lula excedía la desventaja electoral. A sus 80 años, disputaba su séptima elección presidencial en un país atravesado por una profunda polarización política, con altos niveles de desconfianza institucional y un electorado joven que, en buena medida, conocía su trayectoria a partir de su regreso al poder en 2023.
Fue en ese contexto que Nordx trabajó sobre una premisa central: la historia política de Lula, que había sido uno de sus principales activos electorales durante décadas, ya no era suficiente para garantizarle una nueva victoria.
Para revertir aquel escenario, la agencia desarrolló una estrategia organizada alrededor de siete movimientos complementarios.
1. Recuperar la historia de Lula para una nueva generación
El primer movimiento consistió en volver a presentar al candidato. Una parte importante de los electores más jóvenes conocía a Lula como presidente, pero no necesariamente como el trabajador metalúrgico, dirigente sindical y protagonista de la política brasileña que había construido su liderazgo durante las décadas anteriores.
La agencia buscó reconstruir aquella trayectoria a través de herramientas narrativas diferentes de las que tradicionalmente había utilizado el PT. Una de las piezas fue una adaptación del conocido Rap do Silva, que contaba la historia de un trabajador brasileño cuya identidad recién se revelaba al final: era el propio Lula.

La estrategia también exigió que el propio presidente modificara algunas de sus prácticas de comunicación. Incorporó contenidos grabados con teléfonos celulares, videos de circulación rápida y formatos más cercanos al consumo habitual de las plataformas digitales.
2. Convertir el legado de gobierno en una promesa de futuro
El segundo movimiento partió de una dificultad que el equipo identificó durante la campaña: los logros de las administraciones anteriores de Lula ya no garantizaban, por sí solos, el acompañamiento de los electores.
La respuesta fue utilizar aquellas experiencias como respaldo para nuevas propuestas. La ampliación de beneficios tributarios, las políticas laborales y los programas sociales comenzaron a presentarse no solo como resultados de gestión, sino también como antecedentes de lo que podría ocurrir durante un cuarto mandato.
En ese contexto, la campaña puso el foco sobre la exención del Impuesto a la Renta para quienes percibieran hasta 5.000 reales mensuales, las iniciativas para reducir la jornada laboral y la prohibición de las apuestas online.
También incorporó nuevas promesas, como la ampliación del programa Farmacia Popular para incluir consultas y estudios médicos, y la extensión de Pé-de-Meia, una política de incentivos económicos para estudiantes.
La intención era mostrar que Lula todavía tenía una agenda de transformaciones por delante. El pasado dejaba de ser el argumento principal y pasaba a funcionar como una garantía de cumplimiento.
3. Sacar la discusión del terreno de Bolsonaro y llevarla al bolsillo
Uno de los movimientos más relevantes fue la decisión de disputar el control de la agenda pública. Según explicaron desde Nordx, buena parte del debate político se encontraba dominado por cuestiones institucionales y judiciales que favorecían la narrativa del bolsonarismo. Las controversias alrededor del Supremo Tribunal Federal, las discusiones sobre una eventual amnistía y las denuncias de censura ocupaban un lugar central en el discurso opositor.
La campaña petista intentó desplazar ese enfrentamiento hacia problemas más cercanos a la vida cotidiana de los brasileños: el salario, el endeudamiento, las condiciones de trabajo y la situación económica de las familias.
La prohibición de las apuestas online se convirtió en uno de los principales instrumentos de aquella estrategia. La medida alcanzó un 78% de respaldo, incluido el 70% de quienes manifestaban su intención de votar por Flávio Bolsonaro.
4. Transformar las promesas en medidas concretas antes de la elección
El cuarto frente estuvo estrechamente relacionado con el anterior, pero tenía una particularidad: Lula no era un candidato opositor, sino el presidente en ejercicio. Esa condición le permitía acompañar determinadas propuestas electorales con decisiones efectivas de gobierno.
El 25 de septiembre, el mandatario firmó la medida provisoria que prohibió las apuestas deportivas y los casinos online. El 6 de octubre, dos días después de la primera vuelta, las plataformas que operaban legalmente dejaron de funcionar en Brasil.
La agenda continuó con la reforma laboral destinada a terminar con el régimen conocido como 6×1, que permite trabajar seis días y descansar uno. La iniciativa fue aprobada por el Congreso y promulgada a mediados de octubre.
Finalmente, el 21 de octubre, cuatro días antes del balotaje, Lula sancionó el programa Prospera MEI, destinado a ampliar beneficios y mejorar las condiciones financieras de pequeños emprendedores.
5. Exponer los antecedentes políticos de Flávio Bolsonaro
El quinto movimiento estuvo dirigido directamente contra el adversario. Sin embargo, según la reconstrucción de los estrategas, la intención no era aumentar el volumen de las descalificaciones, sino concentrarse en episodios concretos de su trayectoria política.
La campaña recuperó las investigaciones por presuntas irregularidades en el manejo de recursos de su antiguo despacho legislativo, las controversias vinculadas con el Banco Master y sus antecedentes como dirigente político desde una edad temprana.
También hizo referencia al homenaje que Bolsonaro había realizado a Adriano da Nóbrega, un exintegrante de la Policía Militar de Río de Janeiro vinculado con organizaciones criminales y acusado de homicidio.
Otro de los ejes estuvo relacionado con su imagen entre el electorado femenino. Las piezas de campaña recuperaron declaraciones de Michelle Bolsonaro sobre conflictos familiares y episodios de presunto maltrato, cuestionamientos que Flávio rechazó.
6. Una campaña «figital»: convertir las redes sociales en movilización callejera
El sexto movimiento fue una de las principales apuestas de la agencia: integrar la comunicación digital con la militancia territorial. Nordx utilizó el concepto figital, una combinación de acciones físicas y digitales, para describir una estrategia que buscaba evitar que las redes sociales funcionaran como un universo separado de la campaña tradicional.
Los números difundidos por el equipo muestran la magnitud de esa operación. Durante la campaña, las publicaciones vinculadas con Lula acumularon 111 millones de interacciones, frente a los 31 millones registrados por Flávio Bolsonaro. La diferencia resultaba especialmente significativa porque ambos espacios habían comenzado la segunda vuelta con niveles de interacción relativamente similares, según las mediciones de la agencia.
7. La última misión: conseguir que los electores fueran a votar
El último movimiento estuvo concentrado en la participación electoral. Lula necesitaba movilizar a quienes no habían concurrido a votar en la primera vuelta. La estrategia incluyó un despliegue de contenidos durante las horas previas al balotaje, con una transmisión especial denominada Live de la Remontada, que permaneció 24 horas al aire desde la finalización del debate de Globo hasta la víspera de la elección.
Según las estadísticas presentadas por la agencia, la transmisión acumuló 21,7 millones de reproducciones y alcanzó un pico de 773.000 espectadores simultáneos. El objetivo era mantener activa la conversación pública y transformar el acompañamiento de los simpatizantes en participación efectiva.
Los resultados oficiales mostraron una reducción de la abstención del 21,08% en la primera vuelta al 19,22% en el balotaje. Fue uno de los niveles más bajos de ausentismo registrados en las últimas décadas para una elección presidencial brasileña. La mayor participación coincidió con una expansión territorial del voto petista. Lula consiguió revertir los resultados en 213 municipios de 18 estados, de los cuales 76 pertenecen a Minas Gerais. En San Pablo, además, sumó más de 2,1 millones de votos respecto de la primera vuelta.
Las lecciones para el peronismo
El kirchnerismo duro fue la facción del PJ que más se entusiasmó con el triunfo de Lula. El paralelismo se cuenta solo: un dirigente popular, con tres pasos por el Ejecutivo, condenado, detenido y liberado, que con 80 años (CFK tiene 73) se presentaba frente a un candidato de derecha logrando un triunfo histórico. Pero hay matices. Y Rafael Marroquim, uno de los estrategas de Nordx, no los pasa por alto y lleva cautela cuando Infobae le consulta sobre si una buena campaña digital alcanza para ganar.
“Hay que ponerle relleno a la empanada”, sintetiza. Y agrega: “Antes de las estrategias de movilización hay que poner un engranaje en marcha”. El mensaje va dirigido a la atomización del peronismo y a la falta de un líder claro. “Es muy difícil que se vuelva a ver un liderazgo como el de Lula en mil años”, ejemplifica, contundente, Marroquim.

A favor de la oposición, el estratega relativiza la importancia del tiempo en una campaña y revalida el rol histórico del peronismo: “Sabe dar sorpresas y entender a la opinión pública. El tiempo corto de campaña le hizo bien a Lula para la segunda vuelta. No es cuestión de tiempo sino de la urgencia y que el candidato sepa qué hacer con el tiempo”.
¿Y no hay nada de lo ocurrido con Lula que pueda beneficiar a Milei? Para empezar, ser oficialismo. Y, aunque mermó, el ecosistema libertario entiende mejor el mundo de las redes que el peronismo. El problema, cree Marroquim, son las propuestas del Presidente. De hecho, en Brasil usaron a favor de Lula el emparentamiento entre Milei y Bolsonaro. Los recortes, la motosierra y el futuro de los jubilados estuvieron muy presentes en la campaña.
A la espera de una decisión del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que no es vinculante y no obliga a la justicia argentina a acatar nada, Cristina Kirchner fogoneará una candidatura para 2027 y lo ocurrido con Lula será un anclaje vital. En la misma vereda, pero enfrentados, espera Axel Kicillof, quien también toma nota.
Con el grupo de WhatsApp no alcanza, sin el grupo no se puede.
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