INTERNACIONAL
La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.
Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.
La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.
No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.
En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.
Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.
Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis, Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.
Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.
Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.
Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).
Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.
Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.
Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.
Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.
Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.
Fuente: The Conversation
INTERNACIONAL
Mamdani-backed socialists look to take New York playbook nationwide after primary victories

NEWYou can now listen to Fox News articles!
Hours after their ballot box victories in a handful of congressional primaries in New York City, the Democratic Socialists of America (DSA) set their sights west.
«Today, the East Coast, next week the Mountain West,» the DSA wrote in a social media post last week.
The post came after DSA-aligned Darializa Avila Chevalier, a 32-year-old far-left community organizer, ousted incumbent Democratic Rep. Adriano Espaillat, the Congressional Hispanic Caucus chair, and state Assembly Member Claire Valdez, another socialist, won a congressional primary by beating an establishment-backed candidate.
The victories by Chevalier and Valdez, who were heavily supported by socialist New York City Mayor Zohran Mamdani, further emboldened the far left as it takes on the center-left establishment in a high-stakes battle for the future of the Democratic Party.
VICTORIES BY MAMDANI-BACKED CONGRESSIONAL CANDIDATES SPOTLIGHTS GROWING RIFT IN DEMOCRATIC PARTY
Congressional candidate Claire Valdez, congressional candidate Brad Lander, New York City Mayor Zohran Mamdani, and congressional candidate Darializa Avila Chevalier raise their hands during a Get Out the Vote (GOTV) rally at King’s Theater on June 18, 2026, in New York City. (Michael M. Santiago/Getty Images)
The DSA is now looking to replicate its playbook across the country, starting Tuesday in the Democratic primary in Colorado’s 1st Congressional District, a solidly blue seat anchored in Denver that then-Vice President Kamala Harris carried by a whopping 56 points in the 2024 election.
Democratic Rep. Diana DeGette, who was first elected to Congress three decades ago, is facing two primary challenges, including DSA-backed Melat Kiros, a first-time candidate and former attorney born four months after DeGette first took office.
Kiros, who lost her job as a lawyer in New York after writing an essay critical of Israel, is also supported by Justice Democrats, the nearly decade-old political group known for heavily supporting «Squad» members Reps. Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley, and Rashida Tlaib as they toppled entrenched incumbents in their initial elections to Congress.
DEMOCRACY ’26: STAY UP TO DATE WITH THE FOX NEWS ELECTION HUB

Democratic congressional candidate Melat Kiros participated in a League of Women Voters Congressional District 1 candidate forum at Montview Presbyterian Church on May 28, 2026, in Denver. (RJ Sangosti/MediaNews Group/The Denver Post via Getty Images)
«ELECT ANOTHER SOCIALIST TO CONGRESS ON JUNE 30TH,» a DSA social media post states as it urges supporters to lend a hand to the Kiros campaign.
The far left is also training its firepower in two high-profile statewide Democratic primaries in early August in key battleground states: the Senate showdown in Michigan and Wisconsin’s gubernatorial contest.
DSA-aligned Abdul El-Sayed, a former Wayne County health director who unsuccessfully ran for governor eight years ago, is one of three major candidates trying to succeed retiring Democratic Sen. Gary Peters.
LURCHING LEFT: MAMDANI-BACKED CANDIDATES OUST ESTABLISHMENT DEMOCRATS

Sen. Bernie Sanders, I-Vt., stands with Senate candidate in Michigan Abdul El-Sayed after speaking at Mumford High School on May 3, 2026, in Detroit. (Sarah Rice/Getty Images)
And Wisconsin state Rep. Francesca Hong is on the rise among a crowded field of candidates in the race to succeed retiring Democratic Gov. Tony Evers.
«It’s a great day to be a democratic socialist,» the DSA-aligned Hong posted on X last week. «Wisconsin is next!»
Mamdani’s stunning Democratic mayoral primary victory a year ago sent political shockwaves across the country and cemented the DSA as a major political force.
A year later, Mamdani’s kingmaker status was further enhanced by last week’s results in New York City. Possibly looking to the national stage, the mayor said, «My goal is to make America a place that every American can afford.»
Democratic strategist Joe Caiazzo, a veteran of progressive champion Sen. Bernie Sanders’ 2016 and 2020 presidential campaigns, told Fox News Digital, «Some of the DSA and the majority of the left wing of the Democratic Party appear to be the only ones truly engaging in a conversation about economic populism in a period where costs continue to soar, and there is seemingly no plan from anyone in Washington to rectify that problem. You can see why it’s appealing.»
BERNIE SANDERS, DSA REVEAL DEMANDS FOR DEM PARTY AFTER SOCIALISTS SWEEP NEW YORK ELECTIONS
It’s not just strategists from the progressive wing of the party that acknowledge the increasing power of the far left.
Matt Bennett, one of the leaders at the Third Way, a leading center-left Democratic organization, noted, «There is enormous energy around the far left in very, very blue places, like New York City» and that «they are succeeding in their mission to oust incumbents or mainstream Democrats from blue seats and make them bluer.»
But outside what has been labeled New York City’s «commie corridor,» which includes parts of Brooklyn and Queens, where voters in recent years have consistently backed far-left and socialist candidates, more mainstream Democrats prevailed in Tuesday’s primaries.
In the high-profile showdown to succeed retiring longtime Democratic Rep. Jerry Nadler in Manhattan, former Nadler staffer Micah Lasher came out on top.
Miles north of New York City in the state’s swing 17th Congressional District, Army veteran Cait Conley won the primary and will challenge GOP Rep. Mike Lawler in a key midterm contest that is one of a handful which will determine if Republicans hold the slim House majority.

Combat veteran and Democratic congressional nominee Cait Conley, left, is challenging GOP Rep. Mike Lawler in New York’s 17th District, a key swing seat in this year’s midterm elections. (Anna Moneymaker/Getty Images; Tierney L. Cross/Getty Images)
In Utah, former Democratic Rep. Ben McAdams defeated progressive rivals to win the primary in the newly redrawn and blue-leaning 1st Congressional District. In Maryland, just outside of Washington D.C., in the race to succeed longtime Rep. Steny Hoyer, Adrian Boafo, who was supported by Hoyer, topped a crowded and diverse Democratic primary field.
And in South Carolina, Nancy Lacore, a former Navy admiral who was fired by War Secretary Pete Hegseth, won the Democratic primary in a Republican-leaning district Democrats had hopes of flipping.
Bennett said the New York City races grabbing outsized attention «are not representative districts, and it remains the case that the far left, in the Trump era, has failed to flip a single seat in Congress from red to blue, House or Senate.»
«They’re doing nothing to put a check on Trump or get power back,» he argued. «And in fact, they’re making it harder, because they’re handing Republicans very potent ammunition to use against Democrats in swing districts the way the GOP used ‘defund the police’ very effectively in 2020.»
Veteran center-left Democratic strategist Matt Corridoni, who advises the political groups The Bench and Majority Democrats, said, «I think if we’re only focusing on New York we’re missing the forest through the trees.»
Corridoni said, «There are dozens of examples across the country of these sort of purple reddish districts where we’re getting candidates who are tapping into the energy that voters are feeling right now.»
Despite the success of center-left candidates, it’s the far-left that’s grabbing the media spotlight.
And that’s giving Republicans more ammunition as they portray all Democrats as radicals.

New York City Mayor Zohran Mamdani speaks at a news conference in Manhattan. (Spencer Platt/Getty Images)
Since Mamdani’s shocking Democratic mayoral primary win a year ago, Republicans have used him as a cudgel as they work to hold their razor-thin House majority in this year’s midterm elections.
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National Republican Congressional Committee spokesman Mike Marinella argued, «Zohran Mamdani’s socialist brand is as toxic as it comes.»
Pointing to Tuesday’s results, Marinella charged that «it was the night the Democrat establishment officially surrendered to Zohran Mamdani and the socialist wing of their party. Every House Democrat, in safe and competitive districts alike, will now answer to the radicals calling the shots. And Americans should be terrified by where the Democrat Party is headed.»
midterm elections, zohran mamdani, democratic party, socialism, elections, politics
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Los terremotos en Venezuela llevan al límite el frágil sistema de salud del chavismo
INTERNACIONAL
Fingió que iba a ser mamá durante meses, asesinó a una amiga embarazada y le robó a su beba: el caso de Taylor Parker

Durante meses nadie sospechó de Taylor Parker. Publicaba fotos de su supuesto embarazo en las redes sociales, compartía ecografías con familiares, compraba ropa para bebés y hasta tuvo una fiesta de revelación de género. Su novio esperaba con ansiedad la llegada de la hija que, creía, iban a tener juntos.
Sin embargo, todo eso formaba parte de una mentira que salió a la luz cuando la policía encontró a Taylor al costado de una ruta de Texas, en octubre de 2020. En ese momento, la joven aseguró que acababa de dar a luz dentro de su vehículo y que el bebé había dejado de respirar.
Los agentes intentaron asistirla y trasladaron al recién nacido a un hospital. A pesar de ello, en cuestión de horas, los médicos descubrieron algo inesperado: Parker nunca había estado embarazada. Ese fue el principio de uno de los casos más estremecedores de Estados Unidos.
Una red de mentiras
Taylor Parker tenía 27 años y vivía en la zona de Texarkan, en el estado de Texas. Sus amigos de ese momento la describían como una mujer carismática, sociable y con facilidad para ganarse la confianza de los demás. Sin embargo, detrás de esa imagen escondía una larga historia de mentiras.
Antes incluso del falso embarazo, varias personas de su entorno aseguraron que Parker inventaba enfermedades graves para “llamar la atención”. A varios amigos les dijo que tenía cáncer, esclerosis múltiple, un tumor cerebral e incluso que había sufrido un accidente cerebrovascular. Con el tiempo, muchos comenzaron a tomar distancia al descubrir que aquellas historias no eran ciertas.
En julio de 2019, conoció a Wade Griffin, un cazador y criador de animales de una pequeña comunidad rural del este de Texas, y comenzaron una relación. Poco después de empezar el noviazgo, Paker le dijo que estaba embarazada.
La noticia fue celebrada por la familia y los amigos de Griffin, que nunca pensaron que todo era una puesta en escena. Durante meses, Parker utilizó almohadas y prótesis para simular el crecimiento de su panza, falsificó estudios médicos y ecografías, compró muebles y ropa para bebés. Incluso, hasta participó de una fiesta de revelación de género organizada por su pareja.
Con el correr de los meses, algunas personas empezaron a desconfiar, ya que había detalles que no cerraban. A pesar de las dudas, Taylor siempre encontraba alguna explicación convincente para cualquier pregunta.
Sin embargo, lo que nadie sabía era que años antes se había sometido a una histerectomía, una cirugía en la que le habían extirpado el útero, motivo por el cual no podía quedar embarazada.
En ese tiempo, mientras sostenía el engaño, Parker comenzó a acercarse cada vez más a otra joven que estaba a punto de ser madre: Reagan Simmons-Hancock, de 21 años. La chica estaba casada, ya tenía una nena de tres años y cursaba la semana 35 de embarazo de otra beba a la que planeaba llamar Braxlynn. Reagan Hancock-Simmons era madre de una nena de tres años y, antes de ser asesinada, esperaba a una beba. (Foto: Ktal News)
Taylor había conocido a Reagan en 2019, cuando trabajó como fotógrafa en su casamiento. Con el paso de los meses, fortalecieron el vínculo hasta convertirse en amigas: salían juntas, hablaban sobre la maternidad e incluso un día antes del crimen, Parker le llevó regalos para la futura nueva integrante de la familia Simmons-Hancock.
El crimen
El 9 de octubre de 2020, Parker fue hasta la casa de Reagan, ubicada en New Boston, Texas. Allí también se encontraba la hija mayor de la víctima.
Según la reconstrucción judicial, Taylor atacó con un martillo a la joven y luego la apuñaló decenas de veces. La autopsia reveló posteriormente que la víctima recibió más de 100 heridas cortantes y punzantes.
Cuando la embarazada ya no pudo defenderse, Parker le abrió el abdomen para extraer a la beba de manera improvisada, sin ningún tipo de conocimiento médico. Después del ataque, Taylor dejó el cuerpo de su amiga dentro de la casa y escapó con la recién nacida.
La hija de tres años de la víctima permaneció sola dentro de la propiedad hasta que horas después llegó la madre de Reagan. Alarmada porque su hija no respondía los mensajes, encontró la puerta del garaje abierta y una escena llena de sangre. Poco después encontró el cuerpo de Reagan y dio aviso a la policía. Taylor Parker junto a su novio, Wade Griffin. (Foto: Netflix)
Mientras los investigadores realizaban las primeras pericias en la escena del crimen, otro episodio ocurría a varios kilómetros de distancia. Un patrullero detuvo a Taylor Parker porque manejaba de forma errática. Al frenar, la mujer aseguró que acababa de dar a luz al costado de la ruta y que la beba había dejado de respirar.
Los policías comenzaron a practicar maniobras de reanimación y trasladaron de urgencia a ambos al hospital. Sin embargo, apenas ingresó al centro médico, detectaron algo extraño.
Taylor no presentaba ninguna señal física compatible con un parto reciente. Los exámenes confirmaron además que jamás había dado a luz y que, debido a una histerectomía practicada años antes, era imposible que hubiera estado embarazada.
Al mismo tiempo, los investigadores que trabajaban en la casa de Reagan se dieron cuenta de que la beba había sido arrancado del vientre de la víctima. Más tarde, las pruebas de ADN confirmaron lo peor: la recién nacida era hija de la mujer asesinada.
Taylor Parker durante su declaración indagatoria. (Foto: Netflix)
La menor murió poco después de llegar al hospital debido a las graves lesiones sufridas durante la extracción y a la falta de atención médica adecuada.
Con las evidencias acumuladas, Parker quedó acorralada y terminó confesando su participación en el crimen.
Durante la investigación también salieron a la luz búsquedas realizadas desde su computadora y su celular que demostraban la planificación del ataque. Había investigado cómo conseguir una panza falsa, cómo encontrar madres embarazadas, procesos de adopción, videos de cesáreas y distintos métodos relacionados con el embarazo.
Leé también: Asesinó a una mujer embarazada, le sacó el bebé del vientre y se lo robó: el caso que estremeció a EEUU
La condena
Taylor Parker fue juzgada por asesinato capital, uno de los delitos más graves contemplados por la legislación de Texas. Durante el juicio, la fiscalía sostuvo que el crimen había sido cuidadosamente planificado y que el único objetivo era obtener un bebé para sostener su engaño frente a su pareja.
Durante el proceso judicial declararon familiares de la víctima, investigadores, médicos forenses y el propio Griffin, quien aseguró que jamás imaginó que el embarazo fuera una mentira.
En octubre de 2022, un jurado declaró culpable a Parker por el asesinato de Reagan Simmons-Hancock. Un mes después, tras la etapa de sentencia, fue condenada a la pena de muerte.
Los jueces consideraron especialmente agravantes la premeditación del crimen, la extrema violencia ejercida contra la víctima y la muerte de la beba, que no logró sobrevivir tras ser extraída del vientre de su madre.
En 2025, un tribunal de apelaciones confirmó la condena. Parker continúa presentando recursos judiciales, por lo que sigue alojada en el corredor de la muerte de la prisión Patrick L. O’Daniel Unit, en Gatesville, Texas, a la espera de que finalice el proceso de apelaciones.
Estados Unidos, Embarazada, Asesinato
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