POLITICA
El principio del fin: el día que una multitud desafió la cuarentena con un banderazo y sacudió al gobierno de Alberto Fernández

Quién sabe si no fue el principio del fin o, diría Winston Churchill, el fin del principio, pero igual sacudió profundo y violento, un desplazamiento de placas tectónicas, a aquel gobierno de Alberto Fernández que caminaba con alegría y con soberbia hacia el abismo.
Hace seis años, el 13 de septiembre de 2020, una gigantesca marcha popular con epicentro en el Obelisco, y círculos concéntricos que llegaron hasta quince puntos diferentes de la ciudad y a varias provincias del interior, reunió a miles de manifestantes que expresaron su decidida oposición al gobierno. Marchaban opositores, es verdad, pero también marchaban miles de decepcionados con la política oficial, con el manejo de la pandemia del Covid-19, contra la corrupción, la inseguridad y con un reclamo a la justicia, a la que le pedían lo de siempre: celeridad, efectividad y que eludiera de alguna forma el intento de reforma judicial que impulsaba el kirchnerismo.
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La gigantesca manifestación pasó a la historia como el “Banderazo”, y fue impulsada desde principios de ese mes por cuentas de Twitter, vinculadas al macrismo, según señaló luego la consultora Scidata. La fuerza de la marcha sorprendió incluso a los organizadores o promotores, si los hubo. Fue de algún modo la culminación de marchas anteriores que ya en abril habían protestado, desde los balcones de los edificios céntricos, con cacerolas y aplausos, en contra del encierro obligado al que forzaba el gobierno, contra la liberación de presos comunes decretada por el kirchnerismo, entre ellos varios violadores, y hasta contra la expropiación de la cerealera Vicentín, de Santa Fe, que se había decretado en junio.
Aquel gobierno se deslizaba en un tobogán que el mismo kirchnerismo enceraba. Tres meses antes del banderazo de septiembre, la decisión de la gente que en vez de quedarse encerrada en su casa como proponía el gobierno, salía a correr por Palermo y por otros muchos otros sitios, se transformó en una cuestión de Estado. Fue un drama para los “runners”, que se empeñaron en desafiarlo todo. El 8 de ese mes, el entonces jefe de Gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, decidió flexibilizar la cuarentena y habilitó la salida de los corredores a las calles.
En ese momento, parece que hubieran pasado varios años, Larreta era un candidato opositor a tener muy en cuenta por el kirchnerismo, que le apuntó con todos sus cañones. El Jefe de Gobierno dispuso que los “runners” desplegaran su actividad física dentro de un horario especial y según el número final de su documento de identidad: 0, 2, 4, 6 y 8 en determinados días de la semana, y 1, 3, 5, 7 y 9 el resto de los días. Estalló entonces una polémica sobre si el número 0 debía o no ser considerado un número par. De verdad, eso pasó en el país, no hace mucho y no tan lejos.
El 19 de junio, en abierto desafío al sentimiento popular, algo extraño si no ajeno a un peronista, el presidente Fernández, en un discurso que rozó demasiado cerca a la soberbia, adjudicó el aumento de contagios de Covid a la flexibilización de la cuarentena en la Ciudad, un ataque a Larreta. Con un tono inusual y admonitorio, dijo entonces: “¿Querían salir a correr? Salgan a correr. ¿Querían salir a pasear? Salgan a pasear. ¿Querían tener locales de ropa abiertos? Abran los locales de ropa. Esta es la consecuencia”.
No era verdad. El descalabro en la prevención y atención de la pandemia provenía del mal manejo de los recursos sanitarios que había hecho el propio gobierno, emperrado en usar la vacuna rusa Sputnik, de la que sólo llegó la primera dosis porque a Vladimir Putin se le antojó no enviar la segunda, y a la ciega decisión de no aplicar los trece millones y medio de dosis que proveía Pfizer, en reconocimiento al país por haberse prestado a los primeros ensayos científicos.
En ese caldero se cocinó el banderazo. Y también en el cambio de condición de detenido, pasó a arresto domiciliario, del empresario K, Lázaro Báez, acusado de beneficiarse gracias a la entonces presidenta Cristina Kirchner con contratos del Estado y pagos irregulares por cuarenta y seis mil millones de pesos. La protesta también cayó sobre la decisión de Fernández de birlarle a la Ciudad parte de la coparticipación, nueve mil millones en lo que quedaba del año y cuarenta y un mil millones en 2021, para pagar los sueldos de la policía de la provincia de Buenos Aires, sublevada y furiosa. Aunque resulte curioso, esa protesta por el zarpazo a la Ciudad fue también bandera en el interior del país.
El 13 de septiembre era un domingo soleado, un anticipo de la primavera generosa. La ciudad, que llevaba encima seis meses de rígida cuarentena, había decidido protestar de dos formas: o marchaba hacia el Obelisco, o desbordaba los parques porteños y campeaba al aire libre. Basta ya de encierro. A las cuatro de la tarde, las cifras registraban entonces 9056 nuevos casos de Covid y habían muerto ya 89 personas, los primeros manifestantes se reunieron en el cruce de Corrientes y la 9 de Julio, ocuparon la mano hacia el sur y rodearon el Obelisco. Del lado Norte, la avenida ya había sido cortada por agentes de tránsito a la altura de Córdoba, y era allí de donde partía una larga hilera de autos que hacían sonar sus bocinas: gran parte de los manifestantes desfilaron en sus autos para respetar el protocolo de distanciamiento social que regía las vidas de los porteños. Otros, en cambio, ocuparon calles y veredas con banderas argentinas, cacerolas y barbijos. Una de las banderas, hubo de todo: diseñadas por profesionales y escritas a mano alzada, sintetizaba teoría y práctica de la protesta: “Nos tapamos la boca, pero no nos callamos”.
Lo de “banderazo” llegó porque las estrellas de la manifestación fueron las banderas y sus leyendas. Un breve repaso muestra: “¡Alberto! ¡No nos mientas más! ¡No a la reforma! (judicial)”; ¡Respeten la C.N. Basta de gobernar x DNU! ¡Sesiones presenciales ya!” Traducción acaso necesaria: Respeten la Constitución Nacional. Basta de gobernar por Decretos de Necesidad y Urgencia. Lo de “sesiones presenciales” refería al Congreso, que funcionaba en forma virtual. Otras banderas y pancartas rezaban: “Basta de prohibir el trabajo. Queremos trabajar. Bájense los sueldos. Basta de ser ‘solidarios’ con la nuestra”; “El mentiroso no cambia, solo se transforma”; “Somos malos y opulentos, pero defendemos la República y laburamos”; “Exigimos Justicia, Basta de Impunidad. Por una República”; “Para Cristina, cárcel ya”; “La corrupción mata y empobrece”. “La calle es nuestra”; “¡Que gobierno de mierd…!”.
Las protestas se extendieron a Bariloche, Córdoba, Mar del Plata, Rosario, Tucumán, Mendoza y La Plata. Llegaron incluso a la Quinta Presidencial de Olivos: sobre la Avenida Maipú, cientos de personas hicieron sonar bocinas y cacerolas y reiteraron, de otra forma, otra inusual protesta de la semana anterior: en el mismo sitio, oficiales de la Policía bonaerense habían lanzado un “sirenazo” de sus patrulleros, en reclamo de mejores salarios.
La respuesta del Gobierno a la marcha, todo se apagó alrededor de las siete de la tarde porque la multitud cumplía con los recaudos frente al Covid, fue el enojo. Algunos dirigentes del kirchnerismo desestimaron la manifestación popular y dijeron que se trataba de “cuatro viejas de Recoleta”. Tampoco era verdad: no eran de Recoleta, no eran viejas y no eran cuatro. Fernández, en cambio, impulsó otro “banderazo”: el de los “argentinos de bien”, con lo que puso a los manifestantes del lado del mal. La grieta. El kirchnerismo la ahondaba y la celebraba; a aquel disparate político le caía al pelo el viejo proverbio de Antonio Porchia: “Tú crees que me matas; yo creo que te suicidas”.
El principio del fin, o el fin del principio, extendió su sombra ominosa a lo largo de todo un año. Con azarosa precisión, otro domingo, el 12 de septiembre de 2021, hace cinco años, el gobierno de Alberto Fernández sufrió una dura derrota electoral en las PASO: el kirchnerismo perdió en casi todo el país, incluida la provincia de Santa Cruz, un baluarte electoral de la entonces vicepresidente Cristina Fernández. Si esas elecciones primarias plebiscitaron la gestión de Alberto Fernández, el resultado fue el de un voto castigo al gobierno que llevaba menos de dos años
La alianza opositora de Juntos por el Cambio fue entonces la gran ganadora, con triunfos contundentes en todo el país. Y, en especial, en el distrito menos pensado: la provincia de Buenos Aires, un bastión del peronismo. Allí, el actual ministro del Interior, Diego Santilli, triunfó por cinco puntos sobre la candidata del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz. Además, la oposición triunfó en otros grandes distritos del país: la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y se extendió a provincias gobernadas por el peronismo como Entre Ríos, Chaco, La Pampa y Chubut. El Frente de Todos sólo pudo festejar en Tucumán, Formosa, La Rioja y San Juan.
El resultado electoral estaba atado al derrumbe económico, el gobierno de Fernández responsabilizaba de la debacle a su antecesor, Mauricio Macri, y de la incertidumbre con la que el gobierno enfrentaba la pandemia de Covid. El día de la elección, el país padecía ya 5.224.534 contagios y 113.402 muertes. Un mes antes de las PASP, una denuncia había talado cualquier posibilidad de éxito electoral del kirchnerismo: en julio del año anterior, mientras más fuerte era la presión del gobierno por mantener a los argentinos encerrados en sus casas, en Olivos, la entonces primera dama, Fabiola Yañez, había festejado su cumpleaños junto a un grupo de invitados. Fernández quiso eludir su responsabilidad en el desaguisado, intentó hacer pequeño un desastre que era mayúsculo y se refirió al hecho como la fiesta de “mi querida Fabiola”. Este hecho se sumó a uno de los primeros escándalos del gobierno de Alberto: el llamado “vacunatorio VIP”, la decisión del entonces ministro de Salud, Ginés González García, de vacunar a una serie de funcionarios y amigos. La idea de que a la hora de las indispensables vacunas, existían hijos y entenados, mostraba una cara de la corrupción hasta ese momento desconocida: ahora estaba en juego la vida de las personas.
El desastre electoral de las PASO, que de alguna forma rediseñó el mapa político del país con miras a las elecciones presidenciales de 2023, paralizó al gobierno y a sus principales dirigentes: el proyecto político del kirchnerismo había sido herido en su línea de flotación. Recién a las once y media de la noche de ese domingo 12, la plana mayor del Frente de Todos, el Presidente, Cristina Fernández, Sergio Massa, Máximo Kirchner, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, subieron demudados al escenario de un bunker levantado en Chacarita, una alegoría, ensombrecido y callado. Sólo habló Alberto Fernández, rodeado por caras largas y abatidas. Dijo poco. Llamó a “dar vuelta la elección” en noviembre, una expresión de deseos, admitió que habían “escuchado con atención el mensaje de las urnas”, como si existiera otra posibilidad, y expresó su intención de resistir: “No voy a bajar los brazos”.
Poco dijo también de la cuarentena más larga del mundo, de los más de ciento diez mil muertos por el Covid, del cincuenta y uno por ciento de inflación, del cuarenta y dos por ciento de pobreza y de las escuelas cerradas y del proyecto de educación virtual en la pandemia, en un país donde el veinte por ciento de los chicos no tenía conexión a Internet, más de trescientos cincuenta mil alumnos había dejado la escuela y casi la mitad de los hogares no tenían Tablet, ni computadora, según cifras de Unicef. A su lado, la vicepresidente observaba.
Cristina Fernández no se limitó a ser testigo de aquella dura derrota: el resultado electoral, de confirmarse en noviembre y todo parecía indicar que así sería, le haría perder al Frente de Todos la cómoda mayoría con la que contaba en el Senado que presidía la propia Cristina. El terremoto político que sacudía al gobierno tendría fuertes réplicas.
El 15 de septiembre, tres días después de las elecciones, el ministro del Interior, Eduardo de Pedro puso su renuncia a disposición de Alberto Fernández y lo mismo hicieron otros once miembros del gabinete, todos cercanos a Cristina Fernández. Al día siguiente, jueves 16, con el gobierno fracturado, la vicepresidenta profundizó la crisis con una violenta carta, en Twitter, que apuntó directo al Presidente: le recordó que había sido ella quien lo había postulado para el cargo y le exigió cambios en el gabinete, en especial, que se deshiciera del entonces ministro de Economía, Martín Guzmán y de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.
La carta, titulada “Como siempre… sinceramente”, decía: “Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a Presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria. Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión. Pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino”. Reveló también una serie de reuniones con el Presidente, muchas, todas reservadas o cuasi secretas y en la quinta de Olivos, con lo que habló sin mencionarlo de un cogobierno, tal vez una reedición aplacada del famoso “doble comando” que había llevado adelante con su esposo, Néstor Kirchner.
La carta reveló también que Cristina Fernández había hecho fuertes críticas a la política económica del gobierno del que era vicepresidenta: “También señalé –decía el documento– que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez: me cansé de decirlo. Y no sólo al Presidente de la Nación”.
Si existía una posibilidad, lejana, de que hubiese una tregua entre el kirchnerismo duro y la Casa Rosada, la carta de Cristina Fernández la demolió. Alrededor del presidente hablaron de “Mantener la cabeza fría y pensar los movimientos a seguir”, sin dar más detalles. Era admitir la desorientación. Los ataques se hicieron más intensos a través de los fieles seguidores de Cristina: la diputada Fernanda Vallejos, según un audio filtrado a la prensa, habló de Alberto Fernández como de un “okupa” y un “mequetrefe”.
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La crisis no cesó. En las elecciones de medio término del 14 de noviembre quedó ratificado el resultado de las PASO; el kirchnerismo perdió el dominio del Senado, algo que no sucedía en el peronismo desde 1983; la gran ganadora fue la coalición de Juntos por el Cambio por sobre el Frente de Todos. Los resultados también mostraron un crecimiento de La Libertad Avanza, liderada por Javier Milei.
Eran los ecos de aquel banderazo de septiembre de 2020.
Sumario, Alberto Fernández, Banderazo, marcha
POLITICA
El Senado le pidió al Gobierno que Villarruel sea parte del encuentro con el papa León XIV en el Palacio Libertad

El Senado aprobó por unanimidad un proyecto de declaración que invita al papa León XIV a visitar el Congreso y dirigir un mensaje a sus integrantes, en el marco de su visita apostólica a la Argentina. Además, solicitó al Poder Ejecutivo que asegure la participación institucional de la Cámara alta en el encuentro que el pontífice mantendrá con autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático.
La iniciativa fue presentada por el senador justicialista José Mayans y contó con las firmas de representantes de distintos bloques políticos. El texto invita al Santo Padre a visitar el Senado y dirigirse a sus miembros de la manera que considere conveniente, “en el presente viaje apostólico o en ocasión de una futura visita a la República Argentina”.
En el artículo cuarto, la declaración solicita al Poder Ejecutivo, a través de la Cancillería que conduce Pablo Quirno, que adopte las medidas necesarias para “asegurar la participación institucional de este Senado, encabezado por su presidenta, en el encuentro de Su Santidad con las autoridades nacionales, la sociedad civil y el cuerpo diplomático previsto en el Palacio Libertad”.
La reunión está programada para el 8 de noviembre a las 18.30. Los senadores también plantearon la posibilidad de recibir a una delegación del Parlamento encabezada por la vicepresidenta Victoria Villarruel, siempre que la agenda del Papa lo permita.
El proyecto fue firmado por Mayans, Patricia Bullrich (La Libertad Avanza), Eduardo Vischi (UCR), Flavia Royón (Primero los Salteños), Carlos Arce y Sonia Rojas Decut (Movimiento por Misiones), Carlos Espínola (Provincias Unidas) y Fernando Salino (Justicia Social Federal).
El Senado expresó su beneplácito por la visita
En paralelo, la senadora Carolina Moisés, presidenta del bloque Convicción Federal, presentó otro proyecto de declaración para expresar el beneplácito por la llegada de León XIV.
“La llegada del Jefe de Estado de la Santa Sede trasciende el marco estrictamente religioso, reviste relevancia institucional, diplomática, así como prioridad geopolítica para nuestro país, y es por ello que merece el mayor de los reconocimientos por parte de este Honorable Senado”, sostuvo.
En los fundamentos, Moisés destacó el papel del pontífice como máxima autoridad de la Iglesia católica y referente internacional: “Un referente global que traspasa lo religioso. Encarna la guía de la fe católica, vela por la comunión de la Iglesia y constituye una referencia de relevancia internacional en los ámbitos social, político y diplomático”.
Diputados analizará la encíclica de León XIV
En el marco de las actividades vinculadas con la visita papal, la Cámara de Diputados realizará este viernes 30 de octubre, a las 13, una exposición sobre la encíclica Magnifica Humanitas y sus desafíos para América Latina. La actividad tendrá lugar en el salón de Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.
La presentación estará a cargo de la teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. La acompañarán el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Daniel Colombo; el titular de Diputados, Martín Menem; y el diputado de Unión por la Patria Eduardo Valdés.
El encuentro contará también con representantes de distintos credos religiosos, integrantes de la sociedad civil y diputados de diferentes espacios políticos.
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Magnifica Humanitas es la primera encíclica de León XIV. Fue firmada el 15 de mayo de 2026, en el 135.º aniversario de Rerum Novarum, y presentada el 25 de mayo. El documento aborda la protección de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial desde la Doctrina Social de la Iglesia, con énfasis en la verdad, el trabajo, la libertad y la democracia.
Cuda, una de las voces latinoamericanas con presencia en el Vaticano, analizará el alcance del documento para la región. Recientemente, fue nombrada por el Papa como consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.
El desafío de la tecnología y la dignidad humana
En el primer capítulo de la encíclica, León XIV repasó la evolución de la doctrina social de la Iglesia desde fines del siglo XIX hasta la actualidad. Allí sostuvo que no se trata de un “manual de normas”, sino de un camino de discernimiento para interpretar los problemas de cada época.
El pontífice también repasó el legado de distintos papas y señaló valores compartidos, como la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad, la paz y el cuidado de la creación.
Sobre el avance tecnológico, planteó que la tecnología no es “un mal en sí mismo”, aunque advirtió que tampoco es neutral, porque depende de quienes la diseñan, financian y utilizan. En ese contexto, llamó a “permanecer humanos” frente a los cambios tecnológicos y a construir sistemas basados en la corresponsabilidad y el bien común.
papa León XIV, Senado, Victoria Villarruel
POLITICA
Una peligrosa escalada de intolerancia y negación

El involucramiento directo del gobierno de Javier Milei en el proceso político-electoral de Brasil no parece destinado a quedar confinado en la dinámica de las tumultuosas y singulares relaciones externas que cultiva su gestión.
Por el contrario, todo lo sucedido y actuado alimenta interrogantes por la posible deriva en la política nacional que eso pudiera tener, como parte de un patrón de acción, de dudoso apego a la institucionalidad y enojo con la realidad, adoptado por el oficialismo.
La falta de reconocimiento explícito del resultado del balotaje brasileño (lo que ni siquiera ha hecho el partido del vencido) y, sobre todo, la crucial asistencia al candidato derrotado Flávio Bolsonaro para que lograra su huida (no su fuga) a los Estados Unidos asoma como un llamado de atención para el futuro inmediato argentino. Un panorama que empieza a activar a la dirigencia opositora y a preocupar a aliados, integrantes de la sociedad civil y hasta algunos sectores del empresariado.
El inminente comienzo del proceso electoral nacional asoma así marcado por trazos sombríos, agravado por la escalada de intolerancia hacia los críticos y contradictores en la que se ha zambullido Milei con más más virulencia y menos frenos inhibitorios que nunca. Lo que es mucho decir. La hoguera fue encendida y despierta prevenciones, incluso entre los propios, como lo explicitó la jefa del bloque libertario de senadores, Patricia Bullrich.
Hace dos semanas, durante la cena de recaudación de fondos para becas de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), un respetado y agudo académico sorprendió a sus interlocutores con una pregunta, en apariencia meramente hipotética, que parecía fuera de contexto, pero que no ha dejado de cobrar sentido, desde entonces.
“¿Aceptará Milei un resultado electoral adverso?”, preguntó el reconocido profesor para sorpresa de quienes compartían la mesa, entre los que había otros catedráticos, empresarios y periodistas.
El enrolamiento sin límites de Milei y su gobierno con mandatarios y políticos, como Donald Trump y la familia Bolsonaro, que acumulan tristes y graves antecedentes en materia de admisión de derrotas, ratificados en estos días con sus polémicas y coincidentes acciones y declaraciones, parece otorgarle significación a la duda del catedrático.
Aunque si quisiera el oficialismo, podría empezar a despejar esa incertidumbre con una urgente reafirmación de compromiso democrático e imprimiéndole la mayor transparencia y búsqueda de consensos amplios en el proceso de reforma electoral en curso. Para empezar.
Conspiranoia
Sin embargo, la sucesión de acciones y declaraciones de Milei y sus principales colaboradores, solo en las últimas semanas, no ayuda a despejar interrogantes. Ahí aparecen la manipulación de hechos, construcciones narrativas victimizantes y denuncias de supuestas conspiraciones.
A eso se suma el trámite de la pendiente reforma de la ley y del calendario electoral envuelta en una opaca discusión transaccional con gobernadores y legisladores amigables o aliados. Nadie sabe, a menos de un año para las elecciones, cómo y con qué reglas de juego se disputarán.
Para completar el cuadro llegó la flamante participación de colaboradores presidenciales y agentes del Estado en operaciones rayanas con la ilegalidad en un proceso político-electoral en otro país, en coordinación o bajo órdenes de agentes de otra potencia extranjera, como es el caso del funcionario trumpista Jason Miller, según revelaron los diarios estadounidenses The Wall Street Journal y The New York Times.
En ese plano descuella la actuación directa y personal del asesor presidencial Santiago Caputo en el operativo de huida de Bolsonaro de su país, luego de que el (muy polémico) juez de la Corte Alexandre de Moraes se lo prohibiera apenas terminada la elección en la que fue derrotado. Y vale aclar el matiz semántico: el candidato derrotado no se fugó de ningún cautiverio, sino que huyó ante la amenaza de una detención que no tenía posibilidades de concretarse al menos hasta dentro de tres meses, cuando perderá la inmunidad de arresto que le concede su condición de senador. Detalles no tan menores.
Las consecuencias del cinematográfico operativo liderado por Caputo, con actuaciones que difícilmente estén destinadas a llevarse algún Óscar, todavía están por verse en varios planos. Para el asesor no habrá ningún riesgo de haber incumplido deberes de funcionarios, ya que por causas como estas y muchas otras se le ha permitido no serlo.
Habrá que determinar, entonces, si, al margen de otros hechos legal y éticamente reprochables (acá y en el exterior) no hay derivaciones judiciales por el uso de recursos públicos por parte de meros prestadores de servicios del Estado y en operaciones no relacionadas con el destino administrativamente asignado. En la Casa Rosada reconocen que el Presidente habilitó las acciones requeridas por los agentes trumpistas, ejecutadas por Caputo junior. De tal manera, las responsabilidades competen a lo más alto del poder.
Por eso, el gurú mileísta se permitió jactarse públicamente de su operación de desinformación tanto como gozó de la concreción y participación en el operativo encubierto de traslado del derrotado candidato brasileño, como si se tratara de un perseguido político por parte de una dictadura. Pocas acciones parece haber disfrutado más en su no tan extensa carrera de estratega político. Más que entendible, dada su juvenil vocación de espía, así como la atracción que suele ejercer en esos caracteres el contraespionaje, la especialidad más creativa (o fantasiosa) de la inteligencia.
Soberanía y negocios
De todas maneras, la oposición ha encontrado en este caso un resquicio para cuestionar al Gobierno y ya se han presentado proyectos para requerir explicaciones del canciller Pablo Quirno, cada vez más cómodo en la provocación verbal y la intolerancia contra quienes difunden informaciones críticas de su gestión. Se vio con la prohibición de acceso a la periodista de Clarín Natasha Niebieskikwiat a la conferencia de prensa que dio junto con el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau.
El motivo era que el funcionario trumpista derribaría, como efectivamente lo hizo, la airada desmentida de Quirno a la publicación de ese medio, que anticipó que la administración estadounidense reclamaba cambios en la llamada ley Malvinas, en defensa de empresas de ese país que podían ser alcanzadas por las sanciones previstas en ese proyecto, nacido de la usina del gurú Caputo.
La realidad se ocupó de confirmar todo lo negado, el proyecto fue sensiblemente atenuado en ese sentido, así como luego se supo que el yerno de Trump, Jared Kushner, tiene participación en la empresa petrolera israelí Navitas, que opera la concesión ortorgada por el gobierno británico en el área de Malvinas. Negocios son negocios. Aunque la soberanía sea la nueva bandera mileísta.
Por otra parte, la oposición busca interpelar por el operativo Bolsonaro al jefe de Gabinete, Diego Santilli, que se vio obligado a hacer declaraciones y aclaraciones alejadas de su habitual radio de acción, que es la política interna, en defensa de la legalidad de la admisión del ingreso de Flávio Bolsonaro y su familia al país para abordar el avión de la empresa Baires Fly, muy requerida por el poder real, que lo llevaría a los Estados Unidos y en cuya contratación también intervino directa o indirectamente el círculo caputista.
En este escenario convulso, el Presidente ha insistido últimamente con un relato persecutorio, en el que insiste con la existencia de fuerzas oscuras internas y externas coaligadas para provocar su fracaso, apalancadas con la afirmación de que desde que asumió ha sido víctima de siete intentos de golpes de Estado, en referencia a otros tantos pedidos de juicio que carecieron de cualquier viabilidad y, por lo tanto, murieron antes de dar siquiera los pasos más elementales.
Por otro lado, desde el oficialismo empezó a instalarse la alarma por eventuales maniobras fraudulentas para perjudicar las chances de reelección presidencial el año próximo, una estrategia ya utilizada por el entonces candidato libertario en 2023, en las mismas elecciones que casi sin estructura política propia terminó ganando ampliamente. Sería una curiosa demostración de ineficiencia que ahora, con la administración del Estado en sus manos y con el control de los organismos de seguridad e inteligencia, no pudiera evitar maniobras de este estilo y asegurar un proceso impoluto.
Las prevenciones en este plano resaltan ante el aval del oficialismo a las denuncias de fraude del bolsonarismo, lo que hace juego con la nueva oleada trumpista de alertas sobre posible irregularidades en su contra en las cruciales elecciones estadounidenses de medio término del partes próximo. Al igual que el cuestionamiento por parte del premier israelí Benjamin Netanyahu al resultado electoral que acaba de serle adverso y lo pone al borde de la pérdida del poder. Si no es una estrategia coordinada de la internacional de la nueva derecha para negar fracasos, se le parece mucho.
El riesgo para la salud democrática de esa deriva parece demasiado elevado, así como problemático para los intereses nacionales de la Argentina. La estrategia de desconocimiento del resultado electoral de Brasil por parte del clan Bolsonaro, con el apoyo efectivo de Trump y la adhesión y colaboración del mileísmo, abre interrogantes sobra la estabilidad institucional y amenaza la gobernabilidad brasileña.
A nadie escapa que eso tendría inevitables consecuencias económicas locales y fuertes efectos negativos para la Argentina, dada la crucial interrelación comercial con ese país. El viejo axioma que dice que “si se Brasil estornuda, la Argentina se resfría” no ha perdido vigencia.
“A los argentinos nos conviene que a los brasileños les vaya bien; un vecino grande, en crisis, dificulta las exportaciones e inunda nuestro mercado local con sus productos a precio vil. (…) Muchas decisiones que adoptan los argentinos dependen de lo que ocurra allá”, escribió en Juan Carlos de Pablo, el economista más amigo del Presidente.
Antes también había afirmado que nada modificará la mala relación existente entre Milei y el triunfante Luiz Inácio Lula da Silva, profundizada en las últimas horas.
En ese sentido, sobresale la ironía y sutileza con que el presidente brasileño agradeció la felicitación de Mauricio Macri y añoró viejos tiempos en los que las diferencias “se discutían y se solucionaban de manera civilizada y republicana”. Dos adjetivos muy cuidadosa e hirientemente elegidos para aludir al actual no vínculo con Milei.
Ese mensaje, además, subraya una nueva diferenciación de los aliados del oficialismo respecto de la deriva mileísta.
Son demasiados motivos para activar la irascibilidad del Presidente. Cada vez más enojado con una realidad que se empeña en no acompañar siempre sus deseos y llevarlo a una escalada de intolerancia y negación de la realidad cuando le es adversa. Acá o en el exterior.
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POLITICA
El Senado aprobó la amortización anticipada en Ganancias para inversiones desde los USD 12 millones

El Senado aprobó esta tarde la creación de un Régimen de Incentivo para Inversiones Relevantes (RIIR) que activa beneficios fiscales -amortización en Ganancias, por caso- para planes desde los USD 12 millones y será girado en las próximas horas a Diputados, que definirá una eventual sanción. El proyecto, empujado desde el inicio de su trámite por el jefe de la Unión Cívica Radical (UCR) en la Cámara alta, Eduardo Vischi (Corrientes), recibió 60 adhesiones en la votación en general y sólo dos rechazos -que impidieron la unanimidad-, que fueron los santacruceños Elena Gadano y José María Carambia.
Las áreas que alcanzaría el texto en cuestión apuntan a “la adquisición, elaboración, fabricación y/o importación de bienes muebles nuevos -excepto automóviles-, amortizables en el impuesto a las Ganancias, así como a la realización de obras” en “actividades industriales”, o las “relacionadas con sistemas y/o equipos de riego, bienes de alta eficiencia energética, mallas antigranizo para el sector agropecuario”.
También se incorporan los “bienes semovientes incluyendo a las terneras retenidas para reposición y las vinculadas con buques, embarcaciones pesqueras nuevas y/o en equipos nuevos destinados directamente a la captura, conservación, procesamiento y almacenamiento de productos pesqueros y en bienes, maquinarias y equipos nuevos destinados directamente a la transformación e industrialización de la madera y al aprovechamiento productivo de residuos y subproductos forestales”. Quedan “expresamente excluidos del presente régimen” lo relacionado con “activos financieros, de portfolio y bienes de cambio”.
Para que avance el articulado fue necesaria la incorporación sugerida por el radical Maximiliano Abad (Buenos Aires); el líder del PRO en la Cámara alta, Martín Goerling (Misiones); y el peronista disidente Carlos Espínola (Corrientes), en referencia a un plan de desarrollo que “deberá contener un compromiso de contratación de proveedores nacionales respecto de bienes transables” equivalente, “como mínimo, al veinte por ciento (20%) de la totalidad del monto de inversión destinado al pago de proveedores de bienes transables”, siempre “y cuando la oferta de proveedores nacionales se encuentre disponible y en condiciones de mercado”.

“Cuando haya circunstancias objetivas que lo justifiquen, la autoridad de aplicación podrá darle intervención a la Comisión Nacional de Comercio Exterior (CNCE) a fin de que se expida acerca de si el precio de los bienes importados, excluidos del cómputo del Plan de Desarrollo de Proveedores Nacionales bajo el argumento de que la oferta local de los mismos no era competitiva, refleja condiciones de mercado”, se enfatiza en el proyecto.
Vischi fue el miembro informante y direccionó la lupa hacia la “estabilidad fiscal y legal”, junto a la propuesta de “adhesión de las jurisdicciones locales” para que no tengan “la posibilidad de crear nuevos impuestos, como Sellos o regalías”. Y agregó. “Esto no es un privilegio tributario, sino una herramienta para movilizar el capital productivo a través de proveedores”. En la misma línea fue la mendocina Mariana Juri (Mendoza), otra de las que se colgó la ley al hombro.
“El gran debate que tenemos hoy en el país es cuál es la dimensión del Estado, para qué cumple funciones y qué financiamiento debe tener”, manifestó Vischi, y advirtió sobre épocas con “impuestos mayores” para fondear administraciones públicas que se convierten en “préstamos al fisco para sostener un Estado que, a veces, ha demostrado ser insuficiente”.
Desde el kirchnerismo, Jorge Capitanich (Chaco) adelantó al apoyo en general, aunque realizó varias observaciones en lo particular. Habló de otros sistemas y una realidad “inconexa”, más “regímenes con asimetrías con impacto sin contemplar el cupo fiscal dentro de los presupuestos”. Criticó los saldos técnicos que empresas no cobran y ejecuciones tributarias en simultáneo.

El cierre quedó en manos de la líder libertaria, Patricia Bullrich (Capital Federal). Primero, resaltó que “ordenar economía y generar estabilidad fue fundamental” y que, ahora, “tenemos que dar un paso: convertir ese orden en inversión, producción y salarios”.
Bullrich luego dijo que “el que arriesga su capital tiene que encontrar quién lo acompañe”, y que “cada nueva máquina o planta que se amplía abre oportunidades al trabajo argentino”. La porteña no olvidó mencionar la importancia de la competitividad en relación con los países vecinos y observó impuestos en la Buenos Aires de Axel Kicillof. Tras la definición en general, el kirchnerismo se opuso -sin éxito- a varios artículos durante la votación en particular.
Invitación al Papa
El pleno votó un proyecto de resolución para encomendar “a la Presidencia de este Honorable Senado que, en caso de ser aceptada la invitación” al Papa León XIV, se “acuerde con la Presidencia de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y con el Poder Ejecutivo nacional la convocatoria de la Asamblea Legislativa o la modalidad de recepción que corresponda”. Difícil por la voluminosa agenda ya fijada para el máximo responsable de la iglesia católica.
Por ese motivo, el texto también impone la solicitud hacia “el Poder Ejecutivo nacional” para “que, por intermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, arbitre los medios necesarios para asegurar la participación institucional de este Honorable Senado, encabezado por su Presidente, en el encuentro de Su Santidad con las autoridades nacionales, la sociedad civil y el cuerpo diplomático previsto en el Palacio Libertad”. Es decir, con Victoria Villarruel, quien lideró la sesión de hoy, en dicho evento.

Informe
El pleno también confirmó que para la última semana de noviembre -al filo de la finalización del período ordinario de sesiones- asistirá a dar cuenta del estado de la gestión el jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien era reclamado por la oposición. Se estima que lo haría el miércoles 25, para dejar el jueves 26 ante una potencial reunión para tratar proyectos de ley.
Jura y homenajes
Al comienzo de la sesión asumió Claudia López en reemplazo del ex senador Juan Carlos Pagotto (La Libertad Avanza-La Rioja), quien murió hace un mes y sobre el cual se realizó un homenaje desde varias bancadas. En tanto, el kirchnerismo hizo algo similar con el ex titular del gremio APL, Norberto Di Próspero, cuyo deceso ocurrió días atrás. En tanto, el cristinismo sumó un recordatorio por un nuevo aniversario de la partida del ex presidente Néstor Kirchner.
mario mosca / comunicación institucional senado.-
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