ECONOMIA
Vacaciones en Brasil: cuánto cuestan los alimentos y bebidas en los supermercados tras la devaluación del real

(Imagen Ilustrativa Infobae)

- Leche entera larga vida (1 litro): en la Argentina, la leche La Serenísima clásica cuesta $3.030, mientras que en Brasil la leche Italac tiene un valor equivalente a $1.953. Esto significa que el producto brasileño resulta 35,5% más barato, con una diferencia de $1.077 por litro. Con el real a $317, su precio equivalía a $2.057.
- Pan de molde (500 gramos): en la Argentina, el pan blanco artesano con masa madre cuesta $9.442, mientras que en Brasil el pan integral Pullman Artesano tiene un precio equivalente a $4.485. La diferencia alcanza los $4.957, es decir, un 52,5% menos en Brasil. Con la cotización anterior, el producto brasileño equivalía a $4.723. Se trata de variedades distintas de pan.
- Coca-Cola Zero (1,5 litros): en el supermercado argentino relevado, la botella cuesta $3.600, frente a los $3.007 que representa la misma presentación en Brasil. La diferencia es de $593, equivalente a un 16,5% menos. Antes de la caída del real, el precio brasileño equivalía a $3.167.
- Arroz parboil (1 kilogramo): el paquete Gallo Oro cuesta $2.980 en la Argentina, mientras que el arroz parboilizado Tio João tiene un precio equivalente a $2.495 en Brasil. La diferencia es de $485 por paquete, lo que representa un 16,3% menos. Con el real a $317, el mismo producto brasileño equivalía a $2.628.
- Fideos tirabuzón (500 gramos): en la Argentina, el paquete Lucchetti cuesta $1.850, mientras que en Brasil los fideos con huevo tipo parafuso de Barilla equivalen a $1.893. En este caso, los fideos son un 2,3% más caros en Brasil, con una diferencia de $43. Con la cotización anterior, el producto brasileño equivalía a $1.994, también por encima del precio argentino.
REUTERS/Rafael Martins
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ECONOMIA
Infraestructura y eficiencia: el cuello de botella del sector energético

Durante las últimas dos décadas, uno de los principales interrogantes del sector energético argentino fue cómo garantizar el abastecimiento. Hoy el escenario es diferente. El crecimiento de la producción de gas y petróleo no convencional, impulsado principalmente por Vaca Muerta, fortaleció la oferta local y abrió nuevas perspectivas para el abastecimiento y la exportación. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, en el primer semestre de 2026 la balanza comercial energética del país registró un superávit cercano a los USD 7.000 millones, el más alto de la historia para ese período, y la energía ya explica más del 15% de las exportaciones argentinas.
Este cambio desplaza el eje de la discusión. El principal límite ya no está en los recursos disponibles, sino en la capacidad de transportar, distribuir y aprovechar eficientemente la energía. Convertir este potencial en una ventaja sostenible exige desarrollar infraestructura, ampliar la capacidad de exportación y responder a una demanda cada vez más diversa. Los proyectos vinculados con el gas natural licuado (GNL) y las oportunidades comerciales con los mercados regionales muestran el potencial del país, pero su concreción requiere inversiones de largo plazo, financiamiento y reglas claras.
El principal límite ya no está en los recursos disponibles, sino en la capacidad de transportar, distribuir y aprovechar eficientemente la energía
Esta infraestructura deberá, además, anticiparse a nuevas exigencias. El crecimiento de actividades como la minería y el desarrollo de la movilidad eléctrica requerirán anticipar las necesidades de las redes y adaptar la infraestructura. La planificación energética deberá contemplar estos cambios para sostener la confiabilidad del suministro y acompañar el desarrollo productivo.
En este mes en el que se conmemoró el Día del Ahorro de Energía, vale la pena poner el foco en el otro gran frente de esta agenda: la demanda. Promover un consumo más eficiente es un desafío pendiente a nivel global; según la Agencia Internacional de Energía, la eficiencia energética mejora a un ritmo cercano al 2% anual, menos de la mitad de lo necesario para cumplir los compromisos internacionales. En la Argentina, este desafío se vincula también con el acceso.
La existencia de redes no siempre garantiza que los hogares puedan conectarse, ya que los costos de las instalaciones internas pueden representar una barrera. Por lo tanto, promover mecanismos de financiamiento accesibles y facilitar el recambio de gasodomésticos y electrodomésticos por equipos más seguros y eficientes puede contribuir tanto a mejorar el acceso como a optimizar el uso de los recursos.
Según la Agencia Internacional de Energía, la eficiencia energética mejora a un ritmo cercano al 2% anual
Cuidar la infraestructura existente es tan importante como ampliarla. Por ello, resulta necesario fortalecer los controles y las herramientas de prevención frente al consumo ilegal y el robo de energía. Reducir estas prácticas permite disminuir pérdidas, mejorar la seguridad y evitar que sus costos recaigan sobre el conjunto de los usuarios.
Ninguno de estos desafíos puede abordarse de manera aislada. La articulación entre el Estado, los reguladores y el sector privado será determinante. La previsibilidad normativa, la modernización tecnológica y los incentivos adecuados pueden facilitar nuevas inversiones y acompañar la evolución de la demanda. Esta agenda debe contemplar, además, el equilibrio entre seguridad de abastecimiento, competitividad y sostenibilidad ambiental.
Nuestro país cuenta con recursos y oportunidades concretas para fortalecer su posición energética en la región. La primera etapa de esta transformación se definió bajo tierra, mientras que la próxima dependerá de la capacidad de construir infraestructura, hacer un uso más eficiente de la energía y llevarla a más hogares. El valor de la energía no reside solamente en los recursos disponibles, sino en la capacidad de convertirlos en desarrollo para el país.
El autor es Country Manager de Naturgy Argentina
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ECONOMIA
La IA ya no es el futuro: es el nuevo empleado invisible de las empresas

Durante mucho tiempo, la inteligencia artificial fue presentada como una promesa. Una tecnología que iba a cambiarlo todo, aunque nadie terminaba de saber exactamente cuándo ni cómo.
Ese momento llegó. La inteligencia artificial ya no vive solamente en los laboratorios, en las grandes compañías tecnológicas o en las demostraciones que sorprenden durante unos minutos. Está empezando a ocupar un lugar mucho más concreto y menos espectacular, pero probablemente mucho más transformador: el corazón de las operaciones de las empresas.
Atender un cliente. Responder una consulta. Calificar una oportunidad comercial. Procesar un currículum. Coordinar una entrevista. Generar una cotización. Resolver una gestión. Ordenar información. Integrar distintos canales de comunicación.
Tareas que durante años requirieron personas, planillas, correos electrónicos, llamados telefónicos y horas de trabajo empiezan a poder resolverse mediante agentes de inteligencia artificial capaces de comprender lenguaje natural, seguir procesos específicos y ejecutar acciones.
La IA ya no vive solamente en los laboratorios, en las grandes compañías tecnológicas o en las demostraciones que sorprenden durante unos minutos
Y hay una diferencia fundamental respecto de los antiguos chatbots: ya no se trata simplemente de responder preguntas. La nueva generación de agentes puede integrarse con los sistemas de una organización y actuar dentro de sus procesos. Esa evolución transforma a la IA de una herramienta de consulta en una verdadera herramienta de operación. En Argentina, este tipo de soluciones ya está disponible y comienza a aplicarse en distintos sectores.
Hay una paradoja interesante en la incorporación de inteligencia artificial al mundo laboral. Muchas veces se habla de ella pensando en las tareas más sofisticadas, cuando una parte enorme de su valor económico puede estar justamente en aquellas actividades que las personas realizan todos los días y que, sin embargo, aportan poco valor diferencial.
Responder las mismas preguntas una y otra vez. Buscar información. Clasificar datos. Derivar consultas. Cargar sistemas. Hacer seguimientos. Coordinar turnos. Ordenar postulaciones.
Son tareas necesarias, pero también son tareas que consumen tiempo.
La IA permite que una parte de ese trabajo ocurra automáticamente, incluso fuera del horario laboral. Eso significa empresas capaces de responder a sus clientes durante las 24 horas, sin que cada interacción implique necesariamente la intervención de una persona.
La nueva generación de agentes puede integrarse con los sistemas de una organización y actuar dentro de sus procesos
En atención al cliente, el beneficio es evidente: menos espera y respuestas más rápidas. En ventas, significa no perder una oportunidad simplemente porque el potencial comprador escribió fuera del horario comercial. En recursos humanos, permite procesar grandes volúmenes de postulaciones y estructurar información que de otro modo debería revisarse manualmente. En sectores financieros, puede automatizar consultas frecuentes manteniendo trazabilidad y siguiendo las políticas específicas de cada organización.
Pero existe un beneficio todavía más importante: devolverle tiempo a las personas. El debate sobre si la inteligencia artificial va a reemplazar empleos suele plantearse en términos demasiado simples. La pregunta más interesante es otra: ¿qué ocurre cuando una persona deja de dedicar buena parte de su jornada a tareas repetitivas?
Puede vender. Puede analizar. Puede negociar. Puede crear. Puede atender situaciones complejas. Puede tomar decisiones.
La IA puede hacerse cargo de una parte de la operación y dejar en manos humanas aquello donde realmente existe una ventaja diferencial. Ese cambio puede ser especialmente relevante para empresas que necesitan crecer sin aumentar sus estructuras al mismo ritmo.
La IA permite que una parte de ese trabajo ocurra automáticamente, incluso fuera del horario laboral
Una organización que puede atender más consultas, procesar más información y responder más rápido sin multiplicar proporcionalmente sus recursos humanos obtiene algo mucho más valioso que una nueva herramienta tecnológica: gana capacidad operativa.
Otro de los grandes problemas actuales es la fragmentación. WhatsApp por un lado. Instagram por otro. Correo electrónico. Web. Sistemas internos. Plataformas colaborativas. La información está, pero muchas veces está dispersa.
La integración de inteligencia artificial con estos canales permite centralizar las conversaciones, conservar el historial de cada interacción y generar trazabilidad. Esto no solamente mejora la experiencia del cliente: también permite a las empresas tomar mejores decisiones a partir de los datos que producen diariamente.
En otras palabras, la IA no solamente puede contestar. También puede ayudar a que una empresa deje de perder información. La inteligencia artificial aplicada a la atención, las ventas y los procesos empresariales ya forma parte del ecosistema tecnológico argentino. Existen soluciones locales capaces de trabajar sobre WhatsApp, sistemas de gestión, CRM y otros canales, y también propuestas de IA conversacional que operan en empresas de distintos sectores.
Ya no se trata de preguntarse si una empresa debería incorporar inteligencia artificial porque “hay que modernizarse”. La pregunta más incómoda es otra: ¿cuánto tiempo y dinero está perdiendo una organización por seguir haciendo manualmente aquello que una máquina ya puede hacer?
Otro de los grandes problemas actuales es la fragmentación
La respuesta puede ser muy diferente según cada compañía. Pero probablemente sea una pregunta que, dentro de poco, ninguna empresa pueda darse el lujo de no hacerse.
La inteligencia artificial tampoco es una solución mágica. Implementarla sin entender los procesos puede generar más problemas que beneficios. Una empresa no necesita necesariamente un agente para todo. Necesita identificar dónde existe una oportunidad concreta de mejorar productividad, reducir fricciones o elevar la experiencia del cliente.
Por eso, la verdadera transformación no pasa solamente por incorporar tecnología. Requiere revisar procesos, capacitar equipos, establecer objetivos y medir resultados. La IA funciona mejor cuando deja de ser un experimento y se convierte en parte de una estrategia.
Y ahí aparece el cambio cultural más importante. Durante décadas, las empresas se preguntaron cómo incorporar computadoras, después cómo digitalizar sus procesos y luego cómo llevar sus operaciones a internet. Ahora empieza una nueva etapa: aprender a trabajar junto con sistemas capaces no solamente de almacenar y procesar información, sino también de conversar, interpretar y actuar.
El futuro del trabajo probablemente no sea un mundo sin personas. Es un mundo donde las personas dejen de gastar su tiempo en aquello que las máquinas pueden hacer mejor y puedan concentrarse en aquello que ninguna automatización puede reemplazar fácilmente: criterio, creatividad, empatía, estrategia y capacidad de decidir.
La inteligencia artificial ya llegó a las empresas argentinas. La próxima ventaja competitiva no será tenerla sino saber qué hacer con ella.
La autora es gerente de Producto de SoyBOT
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ECONOMIA
Brasil prorrogó un mes la subvención del diésel por la guerra en Medio Oriente

El Gobierno de Brasil extendió por 30 días más la subvención al diésel con el propósito de amortiguar las consecuencias que el conflicto en Medio Oriente genera sobre el mercado de los combustibles, según informaron fuentes oficiales.
La administración de Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue reelegido el domingo tras imponerse en segunda vuelta electoral frente al opositor Flávio Bolsonaro, precisó que la ayuda se mantiene en 2,12 reales (0,40 dólares) por cada litro de diésel.
El Ejecutivo indicó en un comunicado que la prórroga busca “reducir el impacto de la volatilidad de los precios internacionales de los combustibles en el mercado brasileño”.
A su vez, señaló que una vez vencido el nuevo plazo, podrá renovar la medida en función de la evolución del mercado internacional de los combustibles.
El gobierno brasileño remarcó que la extensión de la ayuda no implicará costos adicionales para las cuentas públicas, en un contexto marcado por la inquietud de los operadores bursátiles ante el crecimiento del déficit fiscal y la deuda pública durante la gestión de Lula.
El primer paquete de subsidios al sector de los combustibles fue anunciado el pasado 9 de octubre, días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En aquella oportunidad, además de fijar ayudas para reducir el precio del diésel, el Ejecutivo dispuso asistencia para las empresas importadoras del combustible.
Lula se impuso con el 52% de los votos, frente al 48% que obtuvo el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro y candidato preferido del mercado financiero por sus planes de recorte del gasto público.
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