CHIMENTOS
A 20 años de la muerte de Oscar Moro, el hombre que le puso ritmo al rock argentino

El 19 de junio de 2026, cuando Juanito Moro ocupó el lugar de su padre en la batería de Serú Girán para tocar con David Lebón y Pedro Aznar en el regreso de la mítica banda, la emoción en la sala fue física, palpable. Aznar lo presentó como “parte de la familia” y recordó que de chico andaba en una valijita mientras los músicos ensayaban, antes de que le compraran un moisés. Juanito tocó donde Oscar Moro tocó durante años. Con ese mismo apellido que, como escribió el periodista Claudio Kleiman, es tan pertinente que terminó convirtiéndose en su nombre.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006 en su casa del barrio de Palermo, a los 58 años, víctima de una úlcera sangrante derivada de los excesos que lo consumieron en los últimos años de su vida. Había sido el baterista de Los Gatos, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y Riff, las bandas que construyeron el rock argentino de las décadas del 60, 70 y 80. Alguna vez, al recibir una mala nota de un crítico de rock como guitarrista, Keith Richards pidió: “Denme un jurado de mis pares”. Los pares de Moro, los músicos, nunca dudaron de su enorme estatura como instrumentista. Por eso, cada 11 de julio, en su honor, se conmemora en Argentina el Día del Baterista.
Moro nació en Rosario el 24 de enero de 1948. Su padre era representante de Vermouth Cinzano; su madre, ama de casa. Una familia de clase media alta que con el tiempo fue a menos. “Mi viejo era un atorrante y le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona”, contó en una entrevista al periodista Víctor Pintos. Moro tenía ocho años cuando su padre lo mandaba a insultar en la puerta de la casa del hombre que lo había arruinado. “Era muy feo para mí”, recordó. Sus padres tampoco sostuvieron su vocación por la música. “No querían que me dedicara a eso y no creían en mí”, dijo. Cuando encontró el camino, los ayudó económicamente.
La música fue su salida desde antes de tener palabras para explicarla. A los cuatro años golpeaba las cacerolas de su madre con palitos de plumero, imitando el redoble de los tambores de los granaderos en los desfiles frente al Monumento a la Bandera. Hizo la escuela primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento. A los 13 años conoció a Cayetano “Kay” Galiffi, guitarrista con quien formaría Los Vampiros y luego Los Halcones. Moro practicaba en ollas de cocina porque no tenía batería. Galiffi, desde su exilio brasileño, lo recordó así: “Vivía batucando en ollas de cocina ya que no tenía batería. Mientras yo tocaba la guitarra criolla, él tocaba las ollas”.

A los 17 años decidió dejar el trabajo en la florería de su tío y probar suerte en Buenos Aires con una banda llamada Los Malditos. La despedida en la estación de trenes de Rosario fue, según sus propias palabras, “terrible”: él, su padre y su madre, los tres llorando. Moro se subió a la formación con su bolsito y una batería uruguaya de parches de cuero, con un platillo y un hit-hat.
A comienzos de 1967, Nebbia vio ensayar a Moro y a Galiffi. Los Gatos Salvajes —la banda que Nebbia y Ciro Fogliatta habían tenido en Buenos Aires— se había disuelto, pero Nebbia los invitó a los dos a sumarse a algo nuevo. Moro no dudó.

El epicentro de todo era La Cueva, el famoso sótano de la avenida Pueyrredón. En marzo de 1967 quedó formada la alineación de Los Gatos: Galiffi en guitarra, Nebbia en voces y armónica, Fogliatta en teclados, Alfredo Toth en bajo y Moro en batería. Los primeros meses fueron de una precariedad extrema. Seis personas en una habitación del hotel Impala, en Libertad y Arenales. Cuando salían de La Cueva a la madrugada, iban a amanecer en plazas o en la pizzería La Perla del Once, donde Nebbia y Tanguito compusieron “La Balsa” en el otoño de 1967. Galiffi recordó que la policía solía confundirlos con vagabundos por el pelo largo. “Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”.
La grabación de “La Balsa” estuvo rodeada de caos desde el primer minuto. Moro llegó con toda la batería al lugar equivocado —confundió la dirección de los estudios de TNT, sobre avenida Santa Fe— y el primer día de sesión se perdió. Al día siguiente entraron al estudio “mal vestidos, todo mal, porque no teníamos ni un peso”. La toma que quedó registrada era una prueba, pero la compañía la editó tal cual. El sencillo, lanzado el 3 de julio de 1967, se convirtió en el primer gran hit del rock en castellano: 250.000 copias vendidas, el tema del verano 1967/1968. Mientras sonaba en la radio, ellos seguían sin poder moverse del hotel. “Escuchábamos en la radio los temas nuestros y nosotros estábamos muertos de hambre todavía en la cama”, recordó Moro.

Para ver su primera aparición en televisión tuvieron que pararse en la vereda bajo la lluvia y pedirle al dueño de un negocio de electrodomésticos que pusiera el televisor del escaparate en el canal correcto. Lo vieron desde la calle, con paraguas. En esa época, Moro tenía un único traje, marrón, tan rígido por el uso que sus compañeros lo apodaron “el hombre del traje de madera”. Lo usaba para todo: para tocar, para los ensayos, para la vida diaria. Cuando Moris le prestó uno para una presentación ante la prensa, el pantalón le quedaba corto y las mangas del saco no le llegaban a las muñecas. Se le rajó durante el show.
Los éxitos se acumularon: “Viento dile a la lluvia”, “El rey lloró”, “Seremos amigos”. El grupo llegó a hacer entre cinco y seis presentaciones por noche en los carnavales. Grabaron en Brasil para el Festival Internacional de la Canción Popular Brasileña —donde fueron eliminados en el tercer día porque su propuesta no encajaba en el formato del concurso— y completaron el disco Seremos amigos entre Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires.

En 1969, con Los Gatos disueltos y 21 años encima, Moro embarcó hacia Nueva York junto a Toth y Fogliatta en barco. El viaje duró un mes. Nebbia se quedó en Argentina para afilar su carrera solista.
Vivieron en el Greenwich Village, canjearon trabajo en una librería del barrio por alojamiento en un altillo y salieron cada noche a ver música. Moro vio, entre otros, a Jimi Hendrix, Frank Zappa, Muddy Waters, Albert King y Procol Harum. En agosto de 1969 se realizó el Festival de Woodstock. Fogliatta, el mayor del grupo y el más prudente, se negó a ir. “No, a ver si nos pasa algo”, dijo. Moro no se lo perdonó. “Nos quedamos en Nueva York esos días y en el Greenwich Village no había nadie. A los dos meses se estrenó la película y la fuimos a ver. Cuando salí le dije a Ciro: ¡sos un pelotudo!”, contó años después entre risas.
De Nueva York volvió con algo más que recuerdos: trajo la primera batería Ludwig de doble bombo que se escuchó sobre un escenario argentino. El instrumento transformó su manera de tocar y, según Kleiman, marcó “de manera muy natural la transición entre el beat y el rock progresivo”. En Ezeiza los esperaban Nebbia, Norberto “Pappo” Napolitano y el músico y mánager Billy Bond, con ganas de rearmar Los Gatos. Galiffi se había quedado en Brasil, enamorado, y no volvería. Pappo entró como guitarrista.
La nueva formación ensayó quince días y se presentó el 28 de noviembre de 1969. Los dos discos que siguieron —Beat N°1 (1969) y Rock de la mujer perdida (1970)— son de los más valorados del rock argentino. En “Invasión”, un instrumental psicodélico de más de siete minutos que Moro compuso, quedó plasmada su madurez como baterista. Cuando Los Gatos se disolvieron definitivamente en 1970, Moro quedó sin trabajo. Para sobrevivir consiguió empleo como chofer de colectivos de transporte escolar para niños con discapacidad.

En 1972, Nebbia lo convocó para el grupo Huinca. Poco después llegó la invitación de Edelmiro Molinari, ex guitarrista de Almendra, para reemplazar a David Lebón en Color Humano. Molinari recordó que admiraba tanto a Moro que al principio no se animaba a llamarlo. “En esa época era como un sí o un no en un casamiento”, escribió. Cuando finalmente lo hizo, Moro aceptó. Color Humano era un trío experimental, con arreglos complejos que encontraron en Moro una química inmediata. “Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo”, recordó el baterista.
El bajista Rinaldo Raffanelli describió el efecto que Moro produjo en la banda: “Con su llegada se consolidó el trío y empezamos a sonar como una orquesta del futuro de Saturno. Era tremendamente poderoso en sus golpes de bombo y tambor. Sentía que antes del show entraba en una especie de trance donde sus brazos y su música fluían libremente con la fuerza de un toro”. El doble álbum Color Humano II y III (1973, concebido como tal, pero editado por separado por los costos de producción), con el largo tema sinfónico “La sangre del sol”, es uno de los registros más valorados de esa era del rock argentino. Color Humano se disolvió en 1974, cuando Molinari emigró a California.

Moro pasó por La banda de caballos cansados, de León Gieco y sesionó para el proyecto colectivo Porsuigieco antes de recibir la llamada de Charly García. Tras la disolución de Sui Generis, García armó La Máquina de Hacer Pájaros, un experimento de rock progresivo con Gustavo Bazterrica en guitarra, Carlos Cutaia en órgano Hammond y José Luis Fernández en bajo. Moro completó la formación y firmó dos discos con el grupo: La Máquina de Hacer Pájaros (1976) y Películas (1977).
García describió años después, cuando contaba cómo funcionaba la base de Serú Girán, el mecanismo rítmico de la banda: “Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat. Entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”. El periodista Alfredo Roso, fundador de Expreso Imaginario, recordó los shows en vivo de La Máquina como “una música sofisticada y rica”, con García y Cutaia “dibujando arabescos en los teclados” y Moro sosteniendo todo desde atrás de parches y platillos.

Cuando La Máquina se disolvió, García convocó a Moro para su siguiente proyecto. Serú Girán —integrado por García, Lebón, Pedro Aznar y Moro— debutó en 1978 y se convirtió en la primera superbanda de la historia del rock argentino. Kleiman lo sintetizó con precisión: “Moro había sido tan eficaz en su paso por La Máquina que fue el único sobreviviente de esa banda en la siguiente aventura de García”.

La presentación oficial en el estadio Obras fue un fracaso. La prensa no entendió la propuesta y el público tampoco. El segundo álbum, La grasa de las capitales (1979), fue el punto de inflexión: las canciones más directas y las letras de crítica social catapultaron al grupo. Bicicleta (1980) consolidó el despegue. Ese año Serú se presentó en el Festival de Jazz de Río de Janeiro y el 30 de diciembre reunió a más de 60.000 personas en un recital gratuito en La Rural, el primero en que una banda argentina convocó esa cantidad de público. Peperina (1981) reafirmó la posición del grupo.
Durante esos años, Moro fue elegido sistemáticamente como el mejor baterista del rock argentino en las encuestas anuales de la revista Pelo. Pero nunca perdió la humildad. En una entrevista con esa misma publicación en diciembre de 1980 dijo: “A mí me eligieron porque soy el más popular. Hay muchos mejores que yo”. Y agregó algo que decía en serio: “Ojalá surgieran otras bandas que nos hicieran una competencia leal. Serú Girán está como un poco distante de todos los demás, eso no puede ser”.
Serú Girán se separó en 1982 cuando Aznar decidió unirse al Pat Metheny Group.

Tras la separación de Serú, todos sus integrantes hicieron su disco solista. En una entrevista para la revista Cantarock, Moro recordó entre risas que, cuando se lo propusieron, dijo “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”. Entonces, le ofreció al bajista uruguayo Beto Satragni, ex Spinetta Jade, formar un dúo. Así nació Moro-Satragni, un discazo producido con colaboraciones autorales de García, Luis Alberto Spinetta, Lebón y Lito Epumer en el que tocó un jovencísimo Ricardo Mollo. Grabó también con Celeste Carballo, Fabiana Cantilo y la banda de Alejandro Lerner.
En 1985 se sumó a Riff para grabar Riff VII junto a Pappo, Vitico y el entonces desconocido JAF. Los ocho meses con esa formación fueron, según su hijo Juan Santiago Moro, “uno de los momentos más felices de su vida”. “Con Pappo se llevaban muy bien desde la época de Los Gatos”, recordó Juanito. Las presentaciones en el estadio Obras y en Paladium quedaron parcialmente registradas en el disco en vivo Riff ‘n’ Roll (1986).

El regreso de Serú Girán en 1992 llenó dos noches el estadio de River Plate con más de 50.000 personas cada una y vendió más de 200.000 copias del disco Serú ’92, pero Moro se sintió perjudicado económicamente: alguna vez reconoció que ganó más dinero con Los Gatos que con Serú. “Nos cagaron los buitres. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: pidamos un fijo, no se puede controlar todo. Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó”, recordó. El libro Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), de Mariano del Mazo, recoge una escena del final del segundo show en River: García tiró la batería al piso en un arrebato. Moro lo corrió por el escenario a oscuras diciéndole “te voy a matar, hijo de puta”. Cuando encendieron las luces, los cuatro integrantes estaban abrazados saludando al público. Nadie advirtió nada.

Moro llevaba 28 años con su mujer, Regina, cuando dio la entrevista a Pintos, y la describió con una mezcla de amor y lucidez poco frecuente: “Nos queremos, nos peleamos. Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha”. Y agregó: “Yo también la banqué cuando ella estuvo mal”. Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. De esa unión nació Juanito, también baterista, a quien Moro enseñó a tocar antes de mandarlo a estudiar con Daniel Colombres.
Moro se describía a sí mismo como frágil. “Soy muy ‘atravesable’”, le dijo a Pintos. Le hacían daño, mencionó en esa entrevista, los excombatientes de Malvinas abandonados por el Estado, los pibes que se suicidaban. Atribuía esa sensibilidad a una infancia solitaria, a la distancia con sus padres, a haber sido hijo único. La bohemia que había empezado en La Cueva continuó durante décadas, en los bares de Manhattan en 1969, en los de Londres en 1971, en las madrugadas eternas del Roxy de Congreso y el Samovar de Rasputín de La Boca en los años 90. El alcohol fue cerrando el círculo.

Su último proyecto musical se llamó Revólver, junto a Sergio Nasif, producidos hacia 2002 por su ex compañero de Los Gatos, Alfredo Toth, y Pablo Guyot. En el invierno de 2006, sus 58 años ya parecían varios más. Hacía un año y medio que no tocaba. Que no estaba en condiciones para hacerlo. Murió el 11 de julio de ese año, en su casa de la esquina de Serrano y Cabrera. Una úlcera sangrante, consecuencia del alcoholismo que lo había ido apagando en silencio, fue la causa de su partida.
Veinte años después, su hijo ocupó su lugar en la batería, casi al final del concierto que marcó el regreso de Serú Girán. Pedro Aznar y David Lebón lo presentaron con ternura y con orgullo. Contaron cuando Moro, mientras ensayaban en los primeros tiempos de la banda, lo acunaba dentro de una valija, porque aún no había plata para un moisés. Juanito tocó “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, y el estadio entero se puso de pie. Una fotografía de Oscar Moro llenó la pantalla del Movistar Arena. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.
serú girán
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La indirecta de Luck Ra a La Joaqui al anunciar su nueva canción: «El que se la queda pierde»

A tres meses de su polémica separación, y tras una serie de descargos, cruces y filosas declaraciones, Luck Ra redobló la apuesta al anunciar su nueva canción con indirectas a La Joaqui. Como si fuera poco, poco después, Tiago PZK respondió a la situación y mostró su reacción en su perfil.
En el video, Luck Ra aparece vestido con un conjunto de cocinero y dice: “Ya está la hamburguesa, caballero”. Poco después entra Khea y le pregunta por la comida, aunque la conversación cambia de rumbo cuando el artista cordobés responde que está “renegando con la perdida”.
“¿Qué comida con qué?”, replica Khea antes de ofrecerle un trago. Luego le plantea el cambio de situación que introduce la canción: “Ya fue ‘Hola perdida’, amigo. Ahora es ‘El que se la queda pierde’”.
El fragmento continúa con una letra centrada en una ruptura y en el rechazo a competir por una expareja. “No voy a ponerme a competir, ni rebajarme con alguien que ni siquiera está a mi talla. Mucho menos por una egoísta, hipócrita, que con descaro me lastimó”, se escucha en el adelanto.

La frase final, “El que se la queda pierde”, despertó distintas interpretaciones por el tono de la letra y por el contraste con “Hola perdida”, uno de los títulos más asociados al repertorio reciente de Luck Ra. Hasta el momento, el video no precisa a quién estaría dirigida la canción ni aporta otros detalles sobre su lanzamiento.
Ante esta situación, Tiago PZK reaccionó en redes, riéndose de la canción del cordobés. En su posteo, el joven aparecía recostado en un espacio interior y sonreía mientras miraba hacia la cámara. El arista se mostró con una gorra clara en su cabeza y sobre ella sumó dos emojis que cubrían sus ojos. Además, el cantante lucía una camiseta sin mangas blanca y una cadena fina.
Días atrás, Vanesa Andrada, la madre de El Noba, habló de su relación con La Joaqui y afirmó que la cantante la contactaba durante su vínculo con Luck Ra para hablar de situaciones que la afectaban.

Andrada lo contó en Storytime, el programa de Bondi que conducen Nazarena Vélez, Barbie Vélez y Alejandra Maglietti. Ante una consulta de Nazarena sobre si la artista recurría a ella en los momentos difíciles, respondió: “Sí, me llamaba”.
La madre de El Noba relató que, en esas charlas, La Joaqui anticipaba cuál sería su respuesta. “Me dice: ‘No, ya sé que me vas a retar, ya sé que me vas a cagar a pedos’”, recordó. Según explicó, su consejo apuntaba a que la cantante priorizara su propio bienestar.
Cuando le preguntaron qué le preocupaba a la artista, Andrada respondió: “Las mentiras”. También sugirió que existían cuestiones que no habían trascendido públicamente y sostuvo que podían estar relacionadas tanto con aspectos personales como laborales. “Ella prefiere mantenerse al margen y yo reviento”, afirmó durante la entrevista.
Nazarena Vélez consultó si sus dichos aludían a una infidelidad. Andrada evitó precisarlo y habló de “engaño y no engaño” y de situaciones vinculadas con el ámbito laboral. Las expresiones corresponden al testimonio de Andrada y no incluyen una respuesta pública de Luck Ra.
Sus declaraciones se suman al descargo que La Joaqui publicó semanas atrás, cuando aseguró que había preservado información que, según expresó, podía dejar mal parado a su entonces pareja. La cantante no detalló entonces cuáles eran los hechos a los que hacía referencia.
El vínculo de La Joaqui con la familia de Lautaro Coronel, nombre real de El Noba, se remonta a la grabación de “Lassie”, canción que compartieron junto a L-Gante. Luego colaboraron en “Pica” y “Butakera”, esta última registrada pocos días antes de la muerte del artista de Florencio Varela.
El Noba murió el 3 de junio de 2022, a los 25 años, luego de un accidente de moto. Desde entonces, La Joaqui y su entorno mantuvieron el lazo que habían construido durante sus colaboraciones musicales.
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CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: miércoles 21 de octubre

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Sentirás una gran inquietud emocional y cierta dificultad para encontrar tranquilidad. Una noticia inesperada o una conversación podrían alterar tu estado de ánimo. Estarás más sensible de lo habitual y podrías necesitar alejarte de situaciones que te generan nerviosismo.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
Una situación inesperada relacionada con tus amistades podría generar cierta incomodidad. También podrías sentir preocupación por cuestiones económicas que interfieren con tus proyectos personales. Estarás especialmente sensible frente a los cambios de planes y las actitudes imprevisibles de otras personas.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Sentirás una fuerte necesidad de libertad y podrías reaccionar de manera impulsiva frente a las exigencias laborales. Una situación profesional inesperada podría alterar tus planes. Estarás emocionalmente inquieto y con pocas ganas de aceptar órdenes o responsabilidades que limiten tu independencia.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Podrías experimentar una sensación de incertidumbre respecto de tus proyectos futuros. Los pensamientos estarán especialmente acelerados y podrías sentir que algunas situaciones escapan de tu control. Una noticia inesperada podría modificar tus expectativas o despertar preocupaciones que creías superadas.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Los asuntos económicos compartidos podrían generar tensiones inesperadas. Una diferencia con tu pareja o una persona de confianza podría despertar inseguridades. También podrías sentirte incómodo frente a cambios repentinos en tus amistades o proyectos. Tus emociones serán intensas y cambiantes.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
Las relaciones de pareja y las sociedades podrían atravesar momentos de inestabilidad. Una actitud inesperada de alguien cercano podría desconcertarte. Las exigencias profesionales también podrían interferir en tus vínculos personales. Sentirás que necesitás mayor seguridad frente a situaciones que cambian constantemente.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Sentirás cierta dificultad para concentrarte en tus actividades habituales. Los cambios de planes, las noticias inesperadas o las exigencias laborales podrían alterar tu organización. Estarás más sensible al estrés cotidiano y podrías experimentar una fuerte necesidad de modificar tu rutina.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
Los asuntos sentimentales podrían traer sorpresas y emociones contradictorias. Una situación inesperada con alguien que te interesa podría despertar inseguridades o sentimientos difíciles de manejar. También podrían aparecer diferencias relacionadas con la intimidad o los recursos compartidos. Vivirás el amor con cierta inquietud.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Las relaciones familiares y de pareja podrían atravesar momentos de tensión. Una actitud inesperada de alguien cercano podría alterar tu tranquilidad. Sentirás una necesidad muy fuerte de encontrar estabilidad emocional, aunque las circunstancias podrían cambiar de manera repentina.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Una noticia inesperada podría modificar tus actividades cotidianas. Sentirás cierta inquietud mental y podrías tener dificultades para organizar tus responsabilidades. Las diferencias con compañeros de trabajo o los cambios repentinos en tu rutina podrían generar nerviosismo e impaciencia.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
Los asuntos económicos podrían despertar preocupación debido a gastos imprevistos o cambios de último momento. También podrías sentir cierta inestabilidad en tu vida sentimental. Una situación relacionada con el amor o con tus hijos podría sorprenderte y modificar tus planes.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
Con la Luna transitando por tu signo, estarás especialmente sensible y emocionalmente cambiante. Una situación inesperada dentro de tu hogar o con algún integrante de tu familia podría alterar tu tranquilidad. Sentirás una fuerte necesidad de independencia, pero también de contención y seguridad emocional.
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La fuerte reflexión de Ricardo Darín sobre las agresiones en redes: “Detrás del poncho está el cuchillo escondido”

Ricardo Darín y Diego Peretti fueron los invitados estelares del martes en Otro día perdido, el ciclo de Mario Pergolini en Eltrece, mientras promocionaban Lo dejamos acá, la película de Netflix que protagonizan juntos. Consultados por el impacto de las críticas y los mensajes hostiles en redes sociales, los actores expusieron miradas diferentes sobre la exposición pública.
Peretti reconoció que los comentarios negativos todavía lo afectan. “Yo tengo una personalidad un poco vulnerable”, dijo al explicar que las reacciones en redes pueden desacomodarlo. Para el actor, el foco de su trabajo está puesto en la construcción de personajes y en contar historias, por lo que espera que las evaluaciones se concentren en ese plano.
Pergolini interpretó que lo que dicen otros usuarios todavía logra desestabilizarlo. Peretti coincidió y diferenció esa sensibilidad de la experiencia de quienes, según planteó, viven de expresarse públicamente y enfrentan de forma cotidiana el debate mediático.
En cambio, Darín señaló que las críticas forman parte de la profesión y defendió el derecho del público a expresar sus opiniones. Sin embargo, sostuvo que le resulta difícil comprender los ataques que percibe como deliberados.
“Cuando olfateás que detrás del poncho está el cuchillo escondido, eso la verdad que no me termina nunca de entrar en la cabeza”, expresó. “Porque hay que ponerle mucha energía a eso. Hay que superar filtros y filtros propios y ajenos para llegar a ser la maldad que tenés planeada”.

El actor remarcó que esa actitud no deja de sorprenderlo. “La mala intención no me deja de sorprender nunca”, sostuvo. Luego diferenció esos episodios de los cuestionamientos vinculados con el trabajo artístico: “Después, las críticas son inherentes a lo que es nuestro oficio. Eso está bien. Cada uno, además, tiene el derecho de decir lo que le parece”.
La conversación derivó hacia el concepto de celebridad. Pergolini sostuvo que el interés del público por figuras reconocidas excede sus proyectos profesionales y abarca aspectos de su vida cotidiana, como su familia, su forma de vestir o sus hábitos.
Darín propuso una distinción entre la percepción externa y la conducta personal. “Podés ser interpretado como una estrella desde afuera y otra cosa es vivir como una estrella”, señaló. “Porque yo creo que las estrellas son las que viven como estrellas”. Para el actor, la categoría corresponde a quienes adoptan ese modo de vida.

Pergolini consideró que las redes sociales modificaron la relación entre las figuras públicas y sus seguidores. Como ejemplo, mencionó que antes las celebridades de Hollywood aparecían ante el público bajo una imagen más distante, mientras que hoy muestran escenas cotidianas en sus cuentas.
En las últimas horas, Peretti también se refirió a la controversia que involucra a Hernán Casciari y a la productora Orsai Audiovisuales, luego de una denuncia presentada por 18 socios productores por presuntas irregularidades en el manejo de fondos. En un comunicado difundido en Instagram, explicó que fue contratado para dirigir, protagonizar y escribir el guion de La muerte de un comediante, y precisó que las dos últimas tareas fueron realizadas ad honorem.

El actor sostuvo que él y el codirector Javier Beltramino tuvieron contratos por honorarios fijos vinculados a trabajos artísticos. “Ninguno de los dos participó en la definición de las condiciones ofrecidas a los socios productores, incluidas las económicas, ni tuvo a su cargo la recaudación de fondos, su administración o la gestión financiera del proyecto”, afirmó. También expresó su agradecimiento a las personas que aportaron al proyecto y señaló que cumplieron sus compromisos profesionales “en tiempo y forma”.
Darín, por su parte, habló con Intrusos (América TV) sobre el caso y separó el conflicto de la labor de los intérpretes. “Me parece que eso va más por el lado administrativo que artístico”, dijo. Aclaró que no conoce personalmente a Casciari y que su apreciación sobre el sistema de financiamiento colectivo era externa.

El actor sostuvo que le parecía complejo administrar un esquema con muchas personas involucradas y cuestionó las eventuales promesas de rendimiento. “En ningún proyecto de orden artístico podés dar la seguridad de que va a funcionar”, planteó. Sobre ese punto, consideró que pudo haber existido un error, aunque advirtió que no cuenta con elementos para determinar qué ocurrió.
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