CHIMENTOS
A 20 años de la muerte de Oscar Moro, el hombre que le puso ritmo al rock argentino

El 19 de junio de 2026, cuando Juanito Moro ocupó el lugar de su padre en la batería de Serú Girán para tocar con David Lebón y Pedro Aznar en el regreso de la mítica banda, la emoción en la sala fue física, palpable. Aznar lo presentó como “parte de la familia” y recordó que de chico andaba en una valijita mientras los músicos ensayaban, antes de que le compraran un moisés. Juanito tocó donde Oscar Moro tocó durante años. Con ese mismo apellido que, como escribió el periodista Claudio Kleiman, es tan pertinente que terminó convirtiéndose en su nombre.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006 en su casa del barrio de Palermo, a los 58 años, víctima de una úlcera sangrante derivada de los excesos que lo consumieron en los últimos años de su vida. Había sido el baterista de Los Gatos, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y Riff, las bandas que construyeron el rock argentino de las décadas del 60, 70 y 80. Alguna vez, al recibir una mala nota de un crítico de rock como guitarrista, Keith Richards pidió: “Denme un jurado de mis pares”. Los pares de Moro, los músicos, nunca dudaron de su enorme estatura como instrumentista. Por eso, cada 11 de julio, en su honor, se conmemora en Argentina el Día del Baterista.
Moro nació en Rosario el 24 de enero de 1948. Su padre era representante de Vermouth Cinzano; su madre, ama de casa. Una familia de clase media alta que con el tiempo fue a menos. “Mi viejo era un atorrante y le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona”, contó en una entrevista al periodista Víctor Pintos. Moro tenía ocho años cuando su padre lo mandaba a insultar en la puerta de la casa del hombre que lo había arruinado. “Era muy feo para mí”, recordó. Sus padres tampoco sostuvieron su vocación por la música. “No querían que me dedicara a eso y no creían en mí”, dijo. Cuando encontró el camino, los ayudó económicamente.
La música fue su salida desde antes de tener palabras para explicarla. A los cuatro años golpeaba las cacerolas de su madre con palitos de plumero, imitando el redoble de los tambores de los granaderos en los desfiles frente al Monumento a la Bandera. Hizo la escuela primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento. A los 13 años conoció a Cayetano “Kay” Galiffi, guitarrista con quien formaría Los Vampiros y luego Los Halcones. Moro practicaba en ollas de cocina porque no tenía batería. Galiffi, desde su exilio brasileño, lo recordó así: “Vivía batucando en ollas de cocina ya que no tenía batería. Mientras yo tocaba la guitarra criolla, él tocaba las ollas”.

A los 17 años decidió dejar el trabajo en la florería de su tío y probar suerte en Buenos Aires con una banda llamada Los Malditos. La despedida en la estación de trenes de Rosario fue, según sus propias palabras, “terrible”: él, su padre y su madre, los tres llorando. Moro se subió a la formación con su bolsito y una batería uruguaya de parches de cuero, con un platillo y un hit-hat.
A comienzos de 1967, Nebbia vio ensayar a Moro y a Galiffi. Los Gatos Salvajes —la banda que Nebbia y Ciro Fogliatta habían tenido en Buenos Aires— se había disuelto, pero Nebbia los invitó a los dos a sumarse a algo nuevo. Moro no dudó.

El epicentro de todo era La Cueva, el famoso sótano de la avenida Pueyrredón. En marzo de 1967 quedó formada la alineación de Los Gatos: Galiffi en guitarra, Nebbia en voces y armónica, Fogliatta en teclados, Alfredo Toth en bajo y Moro en batería. Los primeros meses fueron de una precariedad extrema. Seis personas en una habitación del hotel Impala, en Libertad y Arenales. Cuando salían de La Cueva a la madrugada, iban a amanecer en plazas o en la pizzería La Perla del Once, donde Nebbia y Tanguito compusieron “La Balsa” en el otoño de 1967. Galiffi recordó que la policía solía confundirlos con vagabundos por el pelo largo. “Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”.
La grabación de “La Balsa” estuvo rodeada de caos desde el primer minuto. Moro llegó con toda la batería al lugar equivocado —confundió la dirección de los estudios de TNT, sobre avenida Santa Fe— y el primer día de sesión se perdió. Al día siguiente entraron al estudio “mal vestidos, todo mal, porque no teníamos ni un peso”. La toma que quedó registrada era una prueba, pero la compañía la editó tal cual. El sencillo, lanzado el 3 de julio de 1967, se convirtió en el primer gran hit del rock en castellano: 250.000 copias vendidas, el tema del verano 1967/1968. Mientras sonaba en la radio, ellos seguían sin poder moverse del hotel. “Escuchábamos en la radio los temas nuestros y nosotros estábamos muertos de hambre todavía en la cama”, recordó Moro.

Para ver su primera aparición en televisión tuvieron que pararse en la vereda bajo la lluvia y pedirle al dueño de un negocio de electrodomésticos que pusiera el televisor del escaparate en el canal correcto. Lo vieron desde la calle, con paraguas. En esa época, Moro tenía un único traje, marrón, tan rígido por el uso que sus compañeros lo apodaron “el hombre del traje de madera”. Lo usaba para todo: para tocar, para los ensayos, para la vida diaria. Cuando Moris le prestó uno para una presentación ante la prensa, el pantalón le quedaba corto y las mangas del saco no le llegaban a las muñecas. Se le rajó durante el show.
Los éxitos se acumularon: “Viento dile a la lluvia”, “El rey lloró”, “Seremos amigos”. El grupo llegó a hacer entre cinco y seis presentaciones por noche en los carnavales. Grabaron en Brasil para el Festival Internacional de la Canción Popular Brasileña —donde fueron eliminados en el tercer día porque su propuesta no encajaba en el formato del concurso— y completaron el disco Seremos amigos entre Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires.

En 1969, con Los Gatos disueltos y 21 años encima, Moro embarcó hacia Nueva York junto a Toth y Fogliatta en barco. El viaje duró un mes. Nebbia se quedó en Argentina para afilar su carrera solista.
Vivieron en el Greenwich Village, canjearon trabajo en una librería del barrio por alojamiento en un altillo y salieron cada noche a ver música. Moro vio, entre otros, a Jimi Hendrix, Frank Zappa, Muddy Waters, Albert King y Procol Harum. En agosto de 1969 se realizó el Festival de Woodstock. Fogliatta, el mayor del grupo y el más prudente, se negó a ir. “No, a ver si nos pasa algo”, dijo. Moro no se lo perdonó. “Nos quedamos en Nueva York esos días y en el Greenwich Village no había nadie. A los dos meses se estrenó la película y la fuimos a ver. Cuando salí le dije a Ciro: ¡sos un pelotudo!”, contó años después entre risas.
De Nueva York volvió con algo más que recuerdos: trajo la primera batería Ludwig de doble bombo que se escuchó sobre un escenario argentino. El instrumento transformó su manera de tocar y, según Kleiman, marcó “de manera muy natural la transición entre el beat y el rock progresivo”. En Ezeiza los esperaban Nebbia, Norberto “Pappo” Napolitano y el músico y mánager Billy Bond, con ganas de rearmar Los Gatos. Galiffi se había quedado en Brasil, enamorado, y no volvería. Pappo entró como guitarrista.
La nueva formación ensayó quince días y se presentó el 28 de noviembre de 1969. Los dos discos que siguieron —Beat N°1 (1969) y Rock de la mujer perdida (1970)— son de los más valorados del rock argentino. En “Invasión”, un instrumental psicodélico de más de siete minutos que Moro compuso, quedó plasmada su madurez como baterista. Cuando Los Gatos se disolvieron definitivamente en 1970, Moro quedó sin trabajo. Para sobrevivir consiguió empleo como chofer de colectivos de transporte escolar para niños con discapacidad.

En 1972, Nebbia lo convocó para el grupo Huinca. Poco después llegó la invitación de Edelmiro Molinari, ex guitarrista de Almendra, para reemplazar a David Lebón en Color Humano. Molinari recordó que admiraba tanto a Moro que al principio no se animaba a llamarlo. “En esa época era como un sí o un no en un casamiento”, escribió. Cuando finalmente lo hizo, Moro aceptó. Color Humano era un trío experimental, con arreglos complejos que encontraron en Moro una química inmediata. “Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo”, recordó el baterista.
El bajista Rinaldo Raffanelli describió el efecto que Moro produjo en la banda: “Con su llegada se consolidó el trío y empezamos a sonar como una orquesta del futuro de Saturno. Era tremendamente poderoso en sus golpes de bombo y tambor. Sentía que antes del show entraba en una especie de trance donde sus brazos y su música fluían libremente con la fuerza de un toro”. El doble álbum Color Humano II y III (1973, concebido como tal, pero editado por separado por los costos de producción), con el largo tema sinfónico “La sangre del sol”, es uno de los registros más valorados de esa era del rock argentino. Color Humano se disolvió en 1974, cuando Molinari emigró a California.

Moro pasó por La banda de caballos cansados, de León Gieco y sesionó para el proyecto colectivo Porsuigieco antes de recibir la llamada de Charly García. Tras la disolución de Sui Generis, García armó La Máquina de Hacer Pájaros, un experimento de rock progresivo con Gustavo Bazterrica en guitarra, Carlos Cutaia en órgano Hammond y José Luis Fernández en bajo. Moro completó la formación y firmó dos discos con el grupo: La Máquina de Hacer Pájaros (1976) y Películas (1977).
García describió años después, cuando contaba cómo funcionaba la base de Serú Girán, el mecanismo rítmico de la banda: “Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat. Entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”. El periodista Alfredo Roso, fundador de Expreso Imaginario, recordó los shows en vivo de La Máquina como “una música sofisticada y rica”, con García y Cutaia “dibujando arabescos en los teclados” y Moro sosteniendo todo desde atrás de parches y platillos.

Cuando La Máquina se disolvió, García convocó a Moro para su siguiente proyecto. Serú Girán —integrado por García, Lebón, Pedro Aznar y Moro— debutó en 1978 y se convirtió en la primera superbanda de la historia del rock argentino. Kleiman lo sintetizó con precisión: “Moro había sido tan eficaz en su paso por La Máquina que fue el único sobreviviente de esa banda en la siguiente aventura de García”.

La presentación oficial en el estadio Obras fue un fracaso. La prensa no entendió la propuesta y el público tampoco. El segundo álbum, La grasa de las capitales (1979), fue el punto de inflexión: las canciones más directas y las letras de crítica social catapultaron al grupo. Bicicleta (1980) consolidó el despegue. Ese año Serú se presentó en el Festival de Jazz de Río de Janeiro y el 30 de diciembre reunió a más de 60.000 personas en un recital gratuito en La Rural, el primero en que una banda argentina convocó esa cantidad de público. Peperina (1981) reafirmó la posición del grupo.
Durante esos años, Moro fue elegido sistemáticamente como el mejor baterista del rock argentino en las encuestas anuales de la revista Pelo. Pero nunca perdió la humildad. En una entrevista con esa misma publicación en diciembre de 1980 dijo: “A mí me eligieron porque soy el más popular. Hay muchos mejores que yo”. Y agregó algo que decía en serio: “Ojalá surgieran otras bandas que nos hicieran una competencia leal. Serú Girán está como un poco distante de todos los demás, eso no puede ser”.
Serú Girán se separó en 1982 cuando Aznar decidió unirse al Pat Metheny Group.

Tras la separación de Serú, todos sus integrantes hicieron su disco solista. En una entrevista para la revista Cantarock, Moro recordó entre risas que, cuando se lo propusieron, dijo “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”. Entonces, le ofreció al bajista uruguayo Beto Satragni, ex Spinetta Jade, formar un dúo. Así nació Moro-Satragni, un discazo producido con colaboraciones autorales de García, Luis Alberto Spinetta, Lebón y Lito Epumer en el que tocó un jovencísimo Ricardo Mollo. Grabó también con Celeste Carballo, Fabiana Cantilo y la banda de Alejandro Lerner.
En 1985 se sumó a Riff para grabar Riff VII junto a Pappo, Vitico y el entonces desconocido JAF. Los ocho meses con esa formación fueron, según su hijo Juan Santiago Moro, “uno de los momentos más felices de su vida”. “Con Pappo se llevaban muy bien desde la época de Los Gatos”, recordó Juanito. Las presentaciones en el estadio Obras y en Paladium quedaron parcialmente registradas en el disco en vivo Riff ‘n’ Roll (1986).

El regreso de Serú Girán en 1992 llenó dos noches el estadio de River Plate con más de 50.000 personas cada una y vendió más de 200.000 copias del disco Serú ’92, pero Moro se sintió perjudicado económicamente: alguna vez reconoció que ganó más dinero con Los Gatos que con Serú. “Nos cagaron los buitres. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: pidamos un fijo, no se puede controlar todo. Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó”, recordó. El libro Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), de Mariano del Mazo, recoge una escena del final del segundo show en River: García tiró la batería al piso en un arrebato. Moro lo corrió por el escenario a oscuras diciéndole “te voy a matar, hijo de puta”. Cuando encendieron las luces, los cuatro integrantes estaban abrazados saludando al público. Nadie advirtió nada.

Moro llevaba 28 años con su mujer, Regina, cuando dio la entrevista a Pintos, y la describió con una mezcla de amor y lucidez poco frecuente: “Nos queremos, nos peleamos. Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha”. Y agregó: “Yo también la banqué cuando ella estuvo mal”. Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. De esa unión nació Juanito, también baterista, a quien Moro enseñó a tocar antes de mandarlo a estudiar con Daniel Colombres.
Moro se describía a sí mismo como frágil. “Soy muy ‘atravesable’”, le dijo a Pintos. Le hacían daño, mencionó en esa entrevista, los excombatientes de Malvinas abandonados por el Estado, los pibes que se suicidaban. Atribuía esa sensibilidad a una infancia solitaria, a la distancia con sus padres, a haber sido hijo único. La bohemia que había empezado en La Cueva continuó durante décadas, en los bares de Manhattan en 1969, en los de Londres en 1971, en las madrugadas eternas del Roxy de Congreso y el Samovar de Rasputín de La Boca en los años 90. El alcohol fue cerrando el círculo.

Su último proyecto musical se llamó Revólver, junto a Sergio Nasif, producidos hacia 2002 por su ex compañero de Los Gatos, Alfredo Toth, y Pablo Guyot. En el invierno de 2006, sus 58 años ya parecían varios más. Hacía un año y medio que no tocaba. Que no estaba en condiciones para hacerlo. Murió el 11 de julio de ese año, en su casa de la esquina de Serrano y Cabrera. Una úlcera sangrante, consecuencia del alcoholismo que lo había ido apagando en silencio, fue la causa de su partida.
Veinte años después, su hijo ocupó su lugar en la batería, casi al final del concierto que marcó el regreso de Serú Girán. Pedro Aznar y David Lebón lo presentaron con ternura y con orgullo. Contaron cuando Moro, mientras ensayaban en los primeros tiempos de la banda, lo acunaba dentro de una valija, porque aún no había plata para un moisés. Juanito tocó “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, y el estadio entero se puso de pie. Una fotografía de Oscar Moro llenó la pantalla del Movistar Arena. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.
serú girán
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El comunicado de Turf tras la denuncia contra su cantante, Joaquín Levinton: “No vamos a hacer públicas conversaciones privadas”

El grupo Turf emitió un comunicado para respaldar a su cantante, Joaquín Levinton, tras la denuncia por violación agravada que recayó sobre el cantante el lunes pasado, y aseguró que la denunciante —quien ya lo había acusado por el mismo delito en 2023— lo venia contactando de manera insistente a lo largo de este año, sin obtener respuesta. La banda, que además de Levinton está integradad por Leandro Lopatín, Nicolás Ottavianelli, Fernando Caloia y Carlos Tapia, sostuvo que todos esos mensajes serán aportados a la Justicia.
En el comunicado, que publicó en sus redes sociales oficiales, la agrupación escribió textualmente: “Joaquín Levinton se presentó hoy, junto a su abogado, ante el Juzgado que interviene, y quedó a entera disposición de la Justicia. Niega de manera categórica los hechos que se le atribuyen. No es la primera vez que esta persona lo denuncia. En 2023 hizo una denuncia similar, que fue archivada, y ese archivo fue confirmado por la Cámara de Apelaciones. En aquella causa consta que ella nunca ratificó la denuncia, que no se presentó a la pericia y que, mientras la causa estaba abierta, era ella quien lo buscaba de manera insistente, enviándole mensajes de todo tipo. Hoy se repite la misma situación. Durante este año, Joaquín recibió numerosos mensajes de ella, insistiendo en hablar con él. Nunca los respondió. Todos esos mensajes serán aportados a la Justicia. Por respeto a todas las personas involucradas, no vamos a hacer públicas conversaciones privadas ni a dar más detalles fuera del expediente.”
La causa tramita en el Juzgado N°50 de la ciudad de Buenos Aires, a cargo del juez Carlos Bruniard, y fue iniciada luego de que la denunciante —una mujer de 39 años, empleada administrativa con domicilio en Balvanera— se presentara en la Comisaría Vecinal 3A. La calificación legal aplicada en el expediente corresponde al tercer párrafo del artículo 119 del Código Penal: violación agravada por violencia, amenaza o abuso coactivo, con una escala penal de seis a quince años de prisión.

Según consta en la causa, a la que accedió Infobae, la mujer describió un vínculo que se extendió entre 2015 y 2020, durante el cual afirma haber sufrido violencia física y psicológica en forma reiterada. En su relato ante las autoridades, sostuvo que fue obligada a consumir cocaína y forzada a mantener relaciones sexuales sin consentimiento. Declaró además que Levinton filmaba esas situaciones y le daba instrucciones precisas sobre lo que debía hacer frente a cámara, y que cuando intentaba oponerse recibía insultos y agresiones verbales.
Uno de los episodios relatados en el expediente ocurrió en el departamento que el cantante ocupaba entonces en la calle Charcas: la denunciante intentó retirarse y, según su testimonio, él se lo impidió y la tomó con fuerza del cuello con intención de ahorcarla. Finalmente logró escapar. La nueva denuncia, según un reporte de la causa, habría sido detonada por un encuentro reciente en el que la mujer encontró las filmaciones realizadas años atrás y en el que Levinton la habría desafiado a acusarlo nuevamente ante la Justicia.
No es la primera vez que la misma mujer denuncia al músico: en 2023 radicó una acusación por el mismo delito en el Juzgado N°6, que terminó archivada. El comunicado de Turf señaló que ese archivo fue confirmado por la Cámara de Apelaciones, y que en aquella causa consta que ella nunca ratificó la denuncia, no se presentó a la pericia y que, mientras la causa estaba abierta, era ella quien lo buscaba de manera insistente y le enviaba mensajes. Fuentes policiales citadas por Infobae, en cambio, indicaron que el archivo se produjo porque Levinton habría convencido a la denunciante de retirar la acusación.

El cantante se presentó junto a su abogado ante el juzgado interviniente y quedó a entera disposición de la Justicia. En sus publicaciones en redes sociales, Levinton negó categóricamente los hechos y rechazó que hubiera existido una relación de pareja: “Nunca fue mi pareja, me resulta muy importante aclararlo y nuestra relación circunstancial duró muy poco tiempo”, escribió. Afirmó que esta persona lo viene acosando hace años, que llegó a presentarse de manera violenta en la puerta de su casa, y que durante 2026 recibió numerosos mensajes suyos —incluyendo fotos y videos— sin responderlos nunca. Dijo haberla bloqueado en reiteradas oportunidades, pero que ella lograba volver a contactarlo desde números telefónicos distintos. “Estoy muy angustiado por tener que estar atravesando esta situación”, concluyó.
El comunicado de la banda cerró con una aclaración sobre los límites de su exposición pública: “Por respeto a todas las personas involucradas, no vamos a hacer públicas conversaciones privadas ni a dar más detalles fuera del expediente”.
La denuncia irrumpe a días de una presentación confirmada de Turf en la fiesta Oktoberfest de Villa General Belgrano, Córdoba, prevista para el 2 de octubre. Hasta el momento en que se conoció la acusación, la presencia de la banda en ese festival estaba asegurada, según fuentes de la organización le confirmaron a Teleshow. La situación judicial podría condicionar la participación del grupo en el evento.
Turf,Joaquín Levinton
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Enfurecida, More Rial aseguró que la Justicia está ensañada con ella: “¡Cualquier preso tiene la libertad, menos yo!”

En las últimas horas, More Rial volvió a quedar en el centro de la polémica por su situación judicial luego de que se filtraran dos audios en los que expresa su profundo malestar con las condiciones que debe cumplir mientras permanece bajo prisión domiciliaria. En las grabaciones, la hija de Jorge Rial asegura que la Justicia está “ensañada” con ella y reclama recuperar la libertad que perdió.
Los mensajes de voz fueron difundidos en El Ejército de la Mañana, donde Santiago Riva Roy contó que la influencer se los había enviado a una amiga. Según explicó el periodista, la influencer busca recuperar el beneficio de la libertad condicional que perdió luego de incumplir algunas de las condiciones que le habían impuesto.
“Amiga, ya no sé qué hacer. Alejandro presentó todo, pero parece que están ensañados conmigo… Claramente están ensañados conmigo”, se escucha decir a Morena Rial muy enojada en una de las grabaciones. Además, la joven manifestó su deseo de retomar su vida cotidiana y volver a estar con sus hijos.
La situación de la mediática volvió a generar repercusión después de que se conocieran estos audios, en los que también expresa arrepentimiento. “Yo estoy arrepentida, pero ellos no me quieren escuchar. No sé cuál es el problema hoy en día”, sostuvo en otro tramo del mensaje. De esta manera, dejó entrever que continuará exigiendo por la libertad condicional ya que, a su criterio, la Justicia no se estaría manejando de manera objetiva.
MORENA RIAL EXIGE RECUPERAR SU ESTILO DE VIDA
En las grabaciones, Morena Rial cuestionó las restricciones que enfrenta y aseguró que siente que ya cumplió con el tiempo que, según su interpretación, debía atravesar. “Yo quiero volver a tener mi vida. El tiempo que dice la Justicia en sí de lo que yo tendría que haberle hecho la pena, yo ya se la hice”, expresó.
La hija de Jorge Rial también hizo referencia a sus hijos y explicó que necesita recuperar su rutina. “Necesito mi vida para poder retomar todas mis cosas, estar con mis hijos… ¡Basta ya!”, reclamó con evidente angustia en el audio que salió a la luz. Luego lanzó una frase contundente: “Cualquier preso tiene la libertad, menos yo. Es una locura”. De esta manera, dejó en claro su disconformidad con la situación que atraviesa y con las decisiones adoptadas en su expediente.
Rial permanece bajo prisión domiciliaria con tobillera electrónica después de haber pasado varios meses detenida en la cárcel de Magdalena. La libertad condicional que había obtenido fue revocada luego de que se señalaran incumplimientos de las condiciones impuestas, entre ellas la realización de terapia y trabajo, además de otros episodios que fueron considerados en el marco de su situación judicial.
En paralelo, su situación familiar también tuvo novedades. Tras un acuerdo judicial, su hijo Francesco, de siete años, continúa viviendo en Córdoba junto a su padre, Facundo Ambrosioni. Morena mantiene el contacto mediante videollamadas y los encuentros presenciales quedaron sujetos al calendario escolar y a las posibilidades de traslado.
More Rial
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Guido Kaczka habló sobre la situación de Joaquín Levinton luego de conocerse la denuncia en su contra

En medio de la denuncia por abuso sexual agravado que enfrenta Joaquín Levinton en la Justicia porteña, Guido Kaczka fue consultado sobre el futuro del cantante de Turf en Es mi sueño (El Trece). La presentación se realizó el lunes pasado en una comisaría de la Policía de la Ciudad y la causa quedó radicada en el Juzgado N.º 50, a cargo del juez Carlos Bruniard. Ante las versiones sobre una posible separación del músico del jurado del programa, el conductor respondió con cautela.
El conductor fue interceptado para hablar sobre el futuro de Levinton dentro del ciclo y sobre las medidas que podría tomar el canal mientras avance la investigación. “Mirá, con estos temas voy a ser muy cauteloso, que es lo que hay que hacer porque afecta a personas”, expresó Kaczka. Luego agregó: “No voy a hablar de esto por una cuestión de cautela y por ser bien prudente, como me parece que hay que ser”.
Ante la versión de que se estaría buscando un reemplazo para el músico, el conductor volvió a evitar una definición. “Insisto, y les pido mil disculpas porque entiendo el laburo y todo, pero son temas que hay que ser bien cauteloso. Y eso es lo que intento, lo que voy a hacer desde mi lugar”, señaló. De esa manera, Kaczka no confirmó si Levinton continuará como jurado ni si existe una decisión tomada respecto de su participación en las próximas emisiones.
También le preguntaron si había podido comunicarse con el cantante para saber cómo se encontraba. “Te vuelvo a decir porque no son cosas que yo hablaría acá en tele de estos temas. Son temas tan delicados y, como te digo, afectan a las personas. La cosa me parece que tiene que ser, de mi parte, por mi lugar, mi función, ser muy cauteloso”, respondió.
Durante el intercambio, el cronista mencionó que Levinton había publicado un descargo en sus historias de Instagram y que había negado los hechos denunciados. “Sí, sí, lo mire, veo a través de ustedes, pero como te digo, en cuanto a mí, porque veo el laburo de los periodistas y todo, desde mi lugar el asunto es con cautela”, sostuvo.
Desde El Trece, informaron que Joaquín Levinton no graba el programa ni hoy ni mañana, ya que, hasta el momento, el 2 de octubre se debía presentar con Turf en el Oktoberfest de Villa General Belgrano.
La última consulta estuvo relacionada con Jimena Barón, otra integrante del jurado de Es mi sueño. Frente a la versión de que la cantante ya no formaría parte del programa, Kaczka aclaró: “No, ella está. Jimena va y viene. Ahora está haciendo una serie de Netflix, así que va y viene. Bueno, eso pasa con todos los jurados”. Después agradeció la entrevista y se retiró sin brindar mayores detalles sobre la situación de Levinton.

En las horas previas, el cantante había utilizado sus redes sociales para dar su versión sobre la denuncia. “Ante la denuncia de público conocimiento, quiero contarles que esta persona me viene acosando hace muchos años, incluso presentándose en la puerta de mi casa de manera violenta”, escribió Levinton. En el mismo mensaje, negó que hubiera existido una relación de pareja entre ambos: “Nunca fue mi pareja, me resulta muy importante aclararlo y nuestra relación circunstancial duró muy poco tiempo”.
En una segunda publicación, el músico hizo referencia a una denuncia anterior de la misma mujer. “Ya me denunció hace más de tres años. Se presentaron pruebas en la fiscalía que demostraron que sus dichos eran falsos”, afirmó. “Continúa acosándome por Instagram, mandándome videos y fotos desnuda. Mi abogado tiene todas las capturas correspondientes”, escribió. “Cuando la bloqueo sistemáticamente logra contactarme desde un teléfono nuevo. Estoy muy angustiado por tener que estar atravesando esta situación”, concluyó.

La versión del cantante contrasta con el contenido de la denuncia, que describe un vínculo de pareja sostenido durante varios años y hechos de violencia reiterados. Según consta en el expediente al que accedió Infobae, la denunciante es una mujer de 39 años, con domicilio en Balvanera y empleada administrativa de una empresa. La calificación legal aplicada es la de violación agravada, contemplada en el tercer párrafo del artículo 119 del Código Penal, que prevé una pena de seis a 15 años de prisión.
La causa actual no sería la primera presentación de la mujer contra el músico. En 2023, ya lo había denunciado por el mismo delito en una investigación que tramitó en el Juzgado N.º 6 y que terminó archivada. Según los registros mencionados, el archivo se produjo porque Levinton habría convencido a su expareja de retirar la acusación en su contra.
Mientras la Justicia analiza la denuncia y las partes sostienen versiones contrapuestas, Guido evitó anticipar qué ocurrirá con Levinton en Es mi sueño. El conductor solo insistió en que, por tratarse de un tema delicado que involucra a personas y se encuentra en el ámbito judicial, prefería mantener una postura prudente y no confirmar públicamente si el músico continuará o será reemplazado en el programa.
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