CHIMENTOS
A 20 años de la muerte de Oscar Moro, el hombre que le puso ritmo al rock argentino

El 19 de junio de 2026, cuando Juanito Moro ocupó el lugar de su padre en la batería de Serú Girán para tocar con David Lebón y Pedro Aznar en el regreso de la mítica banda, la emoción en la sala fue física, palpable. Aznar lo presentó como “parte de la familia” y recordó que de chico andaba en una valijita mientras los músicos ensayaban, antes de que le compraran un moisés. Juanito tocó donde Oscar Moro tocó durante años. Con ese mismo apellido que, como escribió el periodista Claudio Kleiman, es tan pertinente que terminó convirtiéndose en su nombre.
Oscar Moro murió el 11 de julio de 2006 en su casa del barrio de Palermo, a los 58 años, víctima de una úlcera sangrante derivada de los excesos que lo consumieron en los últimos años de su vida. Había sido el baterista de Los Gatos, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y Riff, las bandas que construyeron el rock argentino de las décadas del 60, 70 y 80. Alguna vez, al recibir una mala nota de un crítico de rock como guitarrista, Keith Richards pidió: “Denme un jurado de mis pares”. Los pares de Moro, los músicos, nunca dudaron de su enorme estatura como instrumentista. Por eso, cada 11 de julio, en su honor, se conmemora en Argentina el Día del Baterista.
Moro nació en Rosario el 24 de enero de 1948. Su padre era representante de Vermouth Cinzano; su madre, ama de casa. Una familia de clase media alta que con el tiempo fue a menos. “Mi viejo era un atorrante y le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona”, contó en una entrevista al periodista Víctor Pintos. Moro tenía ocho años cuando su padre lo mandaba a insultar en la puerta de la casa del hombre que lo había arruinado. “Era muy feo para mí”, recordó. Sus padres tampoco sostuvieron su vocación por la música. “No querían que me dedicara a eso y no creían en mí”, dijo. Cuando encontró el camino, los ayudó económicamente.
La música fue su salida desde antes de tener palabras para explicarla. A los cuatro años golpeaba las cacerolas de su madre con palitos de plumero, imitando el redoble de los tambores de los granaderos en los desfiles frente al Monumento a la Bandera. Hizo la escuela primaria en la escuela Domingo Faustino Sarmiento. A los 13 años conoció a Cayetano “Kay” Galiffi, guitarrista con quien formaría Los Vampiros y luego Los Halcones. Moro practicaba en ollas de cocina porque no tenía batería. Galiffi, desde su exilio brasileño, lo recordó así: “Vivía batucando en ollas de cocina ya que no tenía batería. Mientras yo tocaba la guitarra criolla, él tocaba las ollas”.

A los 17 años decidió dejar el trabajo en la florería de su tío y probar suerte en Buenos Aires con una banda llamada Los Malditos. La despedida en la estación de trenes de Rosario fue, según sus propias palabras, “terrible”: él, su padre y su madre, los tres llorando. Moro se subió a la formación con su bolsito y una batería uruguaya de parches de cuero, con un platillo y un hit-hat.
A comienzos de 1967, Nebbia vio ensayar a Moro y a Galiffi. Los Gatos Salvajes —la banda que Nebbia y Ciro Fogliatta habían tenido en Buenos Aires— se había disuelto, pero Nebbia los invitó a los dos a sumarse a algo nuevo. Moro no dudó.

El epicentro de todo era La Cueva, el famoso sótano de la avenida Pueyrredón. En marzo de 1967 quedó formada la alineación de Los Gatos: Galiffi en guitarra, Nebbia en voces y armónica, Fogliatta en teclados, Alfredo Toth en bajo y Moro en batería. Los primeros meses fueron de una precariedad extrema. Seis personas en una habitación del hotel Impala, en Libertad y Arenales. Cuando salían de La Cueva a la madrugada, iban a amanecer en plazas o en la pizzería La Perla del Once, donde Nebbia y Tanguito compusieron “La Balsa” en el otoño de 1967. Galiffi recordó que la policía solía confundirlos con vagabundos por el pelo largo. “Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”.
La grabación de “La Balsa” estuvo rodeada de caos desde el primer minuto. Moro llegó con toda la batería al lugar equivocado —confundió la dirección de los estudios de TNT, sobre avenida Santa Fe— y el primer día de sesión se perdió. Al día siguiente entraron al estudio “mal vestidos, todo mal, porque no teníamos ni un peso”. La toma que quedó registrada era una prueba, pero la compañía la editó tal cual. El sencillo, lanzado el 3 de julio de 1967, se convirtió en el primer gran hit del rock en castellano: 250.000 copias vendidas, el tema del verano 1967/1968. Mientras sonaba en la radio, ellos seguían sin poder moverse del hotel. “Escuchábamos en la radio los temas nuestros y nosotros estábamos muertos de hambre todavía en la cama”, recordó Moro.

Para ver su primera aparición en televisión tuvieron que pararse en la vereda bajo la lluvia y pedirle al dueño de un negocio de electrodomésticos que pusiera el televisor del escaparate en el canal correcto. Lo vieron desde la calle, con paraguas. En esa época, Moro tenía un único traje, marrón, tan rígido por el uso que sus compañeros lo apodaron “el hombre del traje de madera”. Lo usaba para todo: para tocar, para los ensayos, para la vida diaria. Cuando Moris le prestó uno para una presentación ante la prensa, el pantalón le quedaba corto y las mangas del saco no le llegaban a las muñecas. Se le rajó durante el show.
Los éxitos se acumularon: “Viento dile a la lluvia”, “El rey lloró”, “Seremos amigos”. El grupo llegó a hacer entre cinco y seis presentaciones por noche en los carnavales. Grabaron en Brasil para el Festival Internacional de la Canción Popular Brasileña —donde fueron eliminados en el tercer día porque su propuesta no encajaba en el formato del concurso— y completaron el disco Seremos amigos entre Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires.

En 1969, con Los Gatos disueltos y 21 años encima, Moro embarcó hacia Nueva York junto a Toth y Fogliatta en barco. El viaje duró un mes. Nebbia se quedó en Argentina para afilar su carrera solista.
Vivieron en el Greenwich Village, canjearon trabajo en una librería del barrio por alojamiento en un altillo y salieron cada noche a ver música. Moro vio, entre otros, a Jimi Hendrix, Frank Zappa, Muddy Waters, Albert King y Procol Harum. En agosto de 1969 se realizó el Festival de Woodstock. Fogliatta, el mayor del grupo y el más prudente, se negó a ir. “No, a ver si nos pasa algo”, dijo. Moro no se lo perdonó. “Nos quedamos en Nueva York esos días y en el Greenwich Village no había nadie. A los dos meses se estrenó la película y la fuimos a ver. Cuando salí le dije a Ciro: ¡sos un pelotudo!”, contó años después entre risas.
De Nueva York volvió con algo más que recuerdos: trajo la primera batería Ludwig de doble bombo que se escuchó sobre un escenario argentino. El instrumento transformó su manera de tocar y, según Kleiman, marcó “de manera muy natural la transición entre el beat y el rock progresivo”. En Ezeiza los esperaban Nebbia, Norberto “Pappo” Napolitano y el músico y mánager Billy Bond, con ganas de rearmar Los Gatos. Galiffi se había quedado en Brasil, enamorado, y no volvería. Pappo entró como guitarrista.
La nueva formación ensayó quince días y se presentó el 28 de noviembre de 1969. Los dos discos que siguieron —Beat N°1 (1969) y Rock de la mujer perdida (1970)— son de los más valorados del rock argentino. En “Invasión”, un instrumental psicodélico de más de siete minutos que Moro compuso, quedó plasmada su madurez como baterista. Cuando Los Gatos se disolvieron definitivamente en 1970, Moro quedó sin trabajo. Para sobrevivir consiguió empleo como chofer de colectivos de transporte escolar para niños con discapacidad.

En 1972, Nebbia lo convocó para el grupo Huinca. Poco después llegó la invitación de Edelmiro Molinari, ex guitarrista de Almendra, para reemplazar a David Lebón en Color Humano. Molinari recordó que admiraba tanto a Moro que al principio no se animaba a llamarlo. “En esa época era como un sí o un no en un casamiento”, escribió. Cuando finalmente lo hizo, Moro aceptó. Color Humano era un trío experimental, con arreglos complejos que encontraron en Moro una química inmediata. “Me gustaba ensayar porque yo era enemigo de tocar boludeces, y eso era exigente. Con Edelmiro aprendí muchísimo”, recordó el baterista.
El bajista Rinaldo Raffanelli describió el efecto que Moro produjo en la banda: “Con su llegada se consolidó el trío y empezamos a sonar como una orquesta del futuro de Saturno. Era tremendamente poderoso en sus golpes de bombo y tambor. Sentía que antes del show entraba en una especie de trance donde sus brazos y su música fluían libremente con la fuerza de un toro”. El doble álbum Color Humano II y III (1973, concebido como tal, pero editado por separado por los costos de producción), con el largo tema sinfónico “La sangre del sol”, es uno de los registros más valorados de esa era del rock argentino. Color Humano se disolvió en 1974, cuando Molinari emigró a California.

Moro pasó por La banda de caballos cansados, de León Gieco y sesionó para el proyecto colectivo Porsuigieco antes de recibir la llamada de Charly García. Tras la disolución de Sui Generis, García armó La Máquina de Hacer Pájaros, un experimento de rock progresivo con Gustavo Bazterrica en guitarra, Carlos Cutaia en órgano Hammond y José Luis Fernández en bajo. Moro completó la formación y firmó dos discos con el grupo: La Máquina de Hacer Pájaros (1976) y Películas (1977).
García describió años después, cuando contaba cómo funcionaba la base de Serú Girán, el mecanismo rítmico de la banda: “Moro tenía una manera muy particular de lograr el backbeat. Entre él y Pedro Aznar tocaban una maraña de notas que se definía por la confección de la canción y el pulso rítmico de la guitarra y el piano”. El periodista Alfredo Roso, fundador de Expreso Imaginario, recordó los shows en vivo de La Máquina como “una música sofisticada y rica”, con García y Cutaia “dibujando arabescos en los teclados” y Moro sosteniendo todo desde atrás de parches y platillos.

Cuando La Máquina se disolvió, García convocó a Moro para su siguiente proyecto. Serú Girán —integrado por García, Lebón, Pedro Aznar y Moro— debutó en 1978 y se convirtió en la primera superbanda de la historia del rock argentino. Kleiman lo sintetizó con precisión: “Moro había sido tan eficaz en su paso por La Máquina que fue el único sobreviviente de esa banda en la siguiente aventura de García”.

La presentación oficial en el estadio Obras fue un fracaso. La prensa no entendió la propuesta y el público tampoco. El segundo álbum, La grasa de las capitales (1979), fue el punto de inflexión: las canciones más directas y las letras de crítica social catapultaron al grupo. Bicicleta (1980) consolidó el despegue. Ese año Serú se presentó en el Festival de Jazz de Río de Janeiro y el 30 de diciembre reunió a más de 60.000 personas en un recital gratuito en La Rural, el primero en que una banda argentina convocó esa cantidad de público. Peperina (1981) reafirmó la posición del grupo.
Durante esos años, Moro fue elegido sistemáticamente como el mejor baterista del rock argentino en las encuestas anuales de la revista Pelo. Pero nunca perdió la humildad. En una entrevista con esa misma publicación en diciembre de 1980 dijo: “A mí me eligieron porque soy el más popular. Hay muchos mejores que yo”. Y agregó algo que decía en serio: “Ojalá surgieran otras bandas que nos hicieran una competencia leal. Serú Girán está como un poco distante de todos los demás, eso no puede ser”.
Serú Girán se separó en 1982 cuando Aznar decidió unirse al Pat Metheny Group.

Tras la separación de Serú, todos sus integrantes hicieron su disco solista. En una entrevista para la revista Cantarock, Moro recordó entre risas que, cuando se lo propusieron, dijo “¿Qué iba a hacer en un disco solista? ¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”. Entonces, le ofreció al bajista uruguayo Beto Satragni, ex Spinetta Jade, formar un dúo. Así nació Moro-Satragni, un discazo producido con colaboraciones autorales de García, Luis Alberto Spinetta, Lebón y Lito Epumer en el que tocó un jovencísimo Ricardo Mollo. Grabó también con Celeste Carballo, Fabiana Cantilo y la banda de Alejandro Lerner.
En 1985 se sumó a Riff para grabar Riff VII junto a Pappo, Vitico y el entonces desconocido JAF. Los ocho meses con esa formación fueron, según su hijo Juan Santiago Moro, “uno de los momentos más felices de su vida”. “Con Pappo se llevaban muy bien desde la época de Los Gatos”, recordó Juanito. Las presentaciones en el estadio Obras y en Paladium quedaron parcialmente registradas en el disco en vivo Riff ‘n’ Roll (1986).

El regreso de Serú Girán en 1992 llenó dos noches el estadio de River Plate con más de 50.000 personas cada una y vendió más de 200.000 copias del disco Serú ’92, pero Moro se sintió perjudicado económicamente: alguna vez reconoció que ganó más dinero con Los Gatos que con Serú. “Nos cagaron los buitres. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: pidamos un fijo, no se puede controlar todo. Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó”, recordó. El libro Entre lujurias y represión (Sudamericana, 2019), de Mariano del Mazo, recoge una escena del final del segundo show en River: García tiró la batería al piso en un arrebato. Moro lo corrió por el escenario a oscuras diciéndole “te voy a matar, hijo de puta”. Cuando encendieron las luces, los cuatro integrantes estaban abrazados saludando al público. Nadie advirtió nada.

Moro llevaba 28 años con su mujer, Regina, cuando dio la entrevista a Pintos, y la describió con una mezcla de amor y lucidez poco frecuente: “Nos queremos, nos peleamos. Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha”. Y agregó: “Yo también la banqué cuando ella estuvo mal”. Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. De esa unión nació Juanito, también baterista, a quien Moro enseñó a tocar antes de mandarlo a estudiar con Daniel Colombres.
Moro se describía a sí mismo como frágil. “Soy muy ‘atravesable’”, le dijo a Pintos. Le hacían daño, mencionó en esa entrevista, los excombatientes de Malvinas abandonados por el Estado, los pibes que se suicidaban. Atribuía esa sensibilidad a una infancia solitaria, a la distancia con sus padres, a haber sido hijo único. La bohemia que había empezado en La Cueva continuó durante décadas, en los bares de Manhattan en 1969, en los de Londres en 1971, en las madrugadas eternas del Roxy de Congreso y el Samovar de Rasputín de La Boca en los años 90. El alcohol fue cerrando el círculo.

Su último proyecto musical se llamó Revólver, junto a Sergio Nasif, producidos hacia 2002 por su ex compañero de Los Gatos, Alfredo Toth, y Pablo Guyot. En el invierno de 2006, sus 58 años ya parecían varios más. Hacía un año y medio que no tocaba. Que no estaba en condiciones para hacerlo. Murió el 11 de julio de ese año, en su casa de la esquina de Serrano y Cabrera. Una úlcera sangrante, consecuencia del alcoholismo que lo había ido apagando en silencio, fue la causa de su partida.
Veinte años después, su hijo ocupó su lugar en la batería, casi al final del concierto que marcó el regreso de Serú Girán. Pedro Aznar y David Lebón lo presentaron con ternura y con orgullo. Contaron cuando Moro, mientras ensayaban en los primeros tiempos de la banda, lo acunaba dentro de una valija, porque aún no había plata para un moisés. Juanito tocó “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina”, y el estadio entero se puso de pie. Una fotografía de Oscar Moro llenó la pantalla del Movistar Arena. Fue la imagen más poderosa de la noche: la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva, en manos de alguien que la lleva en el apellido.
serú girán
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Escrachó a Pampita en un chat privado, la cancelaron por discriminación, se peleó con todos y ahora anunció su casamiento

Mar Tarrés atraviesa uno de los momentos más felices de su vida. La influencer y modelo curvy sorprendió a todos con una noticia que rápidamente llenó de emoción sus redes: se comprometió con su novio, Fabio Canafoglia. La propuesta tuvo un escenario imposible de ignorar. La pareja se encontraba de viaje en Disney cuando él decidió dar el gran paso
La sorpresa para Mar, frente al imponente castillo del parque, fue absoluta. La escena quedó registrada en fotos que la propia influencer eligió compartir con quienes la acompañan en las redes. Y si algo quedó claro al ver las imágenes es que la propuesta tomó por sorpresa a la influencer. La felicidad se reflejó tanto en las postales como en las palabras que eligió para anunciar el compromiso.
Con su particular sentido del humor, Mar acompañó las fotografías con una frase que rápidamente llamó la atención. “Sí, quiero y les juro chicas que yo no lo obligue”. Pero detrás de la humorada también apareció una confesión mucho más íntima. La modelo reconoció que nunca había imaginado que alguna vez iba a protagonizar una escena semejante.
“Yo pensé que estas cosas nunca me iban a pasar en la vida”, dijo. La elección del lugar tampoco fue un detalle menor para Tarrés. Disney, uno de los destinos más asociados con la fantasía y los grandes momentos familiares, se convirtió en el escenario de un recuerdo que ahora tendrá un significado completamente diferente para la pareja.
MAR TARRÉS ANUNCIÓ SU CASAMIENTO CON FABIO, SU PAREJA: ASÍ FUE LA PROPUESTA EN DISNEY
Y Mar no ocultó la emoción por haber vivido ese instante precisamente allí, acompañada por la persona que hoy ocupa un lugar central en su vida. “Encima en el lugar más feliz del mundo con la persona que más feliz me hace. Estoy que shoroooo!!!”.
La publicación generó repercusión absoluta entre sus fans, quienes celebraron junto a ella el anuncio y acompañaron una de las noticias personales más importantes que decidió compartir públicamente. Porque más allá de la espectacularidad de la escena, la gran protagonista fue la emoción de Tarrés ante una propuesta que, según sus propias palabras, alguna vez creyó que nunca iba a vivir.
El posteo también tuvo un mensaje especialmente dedicado a su futuro esposo. Con mucha ternura, Mar destacó lo importante que es para ella su compañero y hasta incluyó una referencia a otro integrante fundamental de la familia: su mascota. “Te amo gordito hermoso. Sos el papá perruno más bueno del mundo!”.
Definitivamente, la vida de Mar dio un giro de 360º en este último tiempo. Años atrás, supo tener una fuerte pelea con Pampita, donde expuso un chat privado para reclamarle que no quiso firmar una petición para un hospital veterinario y la modelo la trató de “buscafama”.
Pero también protagonizó un episodio tan recordado como repudiable. Sucedió en La Academia de ShowMatch 2021, cuando Mar Tarres hizo una broma —cuanto menos— desafortunada: dijo que buscaba tener de novio a “un judío con plata” porque “ellos ahorran”. Después vendrían más controversias, en una serie de polémicas que encabezó en los últimos años.
Pero hoy la noticia pasa más por su feliz presente y su futura boda. Mar y su novio dieron un paso enorme en su relación y ahora comienza una nueva etapa después de una propuesta que tuvo todos los ingredientes de una escena de película. Un viaje especial, un lugar soñado, una sorpresa inesperada y una declaración de amor que la influencer decidió compartir con todos.



Mar Tarrés
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Cuándo será la gran final de Gran Hermano Generación Dorada: todos los detalles

La edición de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) entra en su última semana con las tres finalistas definidas y una agenda de galas que marcará el cierre de la temporada. El ciclo conducido por Santiago del Moro se prepara para entregar el título a su nueva campeona, mientras la audiencia aguarda la resolución de una competencia que, por primera vez en la historia argentina del formato, tendrá una final integrada exclusivamente por mujeres.
Las fechas del tramo decisivo se conocieron a través de las cuentas oficiales del reality. El lunes 14 de septiembre comenzará la gran final del programa de convivencia y juego. Esa noche se definirá cuál de las tres participantes ocupará el tercer puesto de la competencia. La concursante que quede fuera de la disputa por el título deberá abandonar la casa y se convertirá en la primera integrante del podio.
Al día siguiente, el martes 15 de septiembre, se realizará una gala debate con la participante que finalice en el tercer lugar. El programa permitirá repasar su paso por la casa, las decisiones que tomó durante el juego y los momentos que marcaron su recorrido dentro de la edición.

La definición continuará el miércoles 16 de septiembre, fecha prevista para conocer a la ganadora de Gran Hermano Generación Dorada. La participante que obtenga la mayor cantidad de votos del público se consagrará campeona, mientras que la otra finalista ocupará el segundo puesto de la temporada. Finalmente, el jueves 17 de septiembre, Telefe emitirá un programa especial titulado “Noche de campeonas”. La propuesta tendrá como protagonistas a las dos últimas jugadoras de la casa más famosa del país, que compartirán una emisión posterior a la definición del certamen.
La recta final tendrá una característica particular: las tres participantes que continúan en carrera son mujeres. Charlotte Caniggia, Solange Abraham y Yisela Yipio Pintos competirán por el voto de la audiencia en las últimas instancias del reality. Cada una llegó a esta etapa después de superar las distintas eliminaciones que se produjeron durante la temporada.
El público será el encargado de decidir quién obtiene el primer puesto. Los votos definirán el orden final de la competencia y establecerán quién se queda con el título, quién obtiene el segundo lugar y quién completa el podio en el tercer puesto. La decisión quedará en manos de los espectadores, que podrán apoyar a su concursante preferida durante la instancia decisiva.

Cabe recordar que el cuarto puesto de la edición se lo llevó Luana Fernández. La joven de 28 años quedó eliminada tras un mano a mano con Yipio y ocupó ese lugar en la clasificación final. Antes de abandonar la casa, Fernández se dirigió a sus compañeras con un mensaje conciliador. “Chicas, que gane la mejor, la que el supremo elija, como dice Santi. Todo lo que pasó en esta casa, lo dejo acá y espero conocerlas afuera como personas”, expresó, visiblemente emocionada.
Luego agregó: “Rómpanla y sigan jugando hasta último momento”. Después de despedirse de las finalistas, la participante cruzó la pasarela de salida mientras entonaba un fragmento de “No es mi despedida”, de Gilda. La escena marcó el cierre de su paso por el programa y dejó conformado el grupo de mujeres que disputará el título.
La última campeona mencionada en el recorrido de las ediciones argentinas es Marianela Mirra, quien ganó la temporada de 2007. La primera vencedora argentina del reality fue Viviana Colmenero, consagrada en la edición 2002/2003. La temporada actual suma una particularidad que no se había registrado antes en el programa en el país: las tres finalistas son mujeres.
Las ediciones más recientes tuvieron desenlaces con otros protagonistas. En la temporada 2022/2023, Marcos Ginocchio se consagró campeón, con Nacho Castañares en el segundo puesto y JuliPoggio en el tercero.Un año después, en la temporada 2023/2024, el ganador fue Bautista Mascia. Emmanuel Vich ocupó el segundo lugar y Nicolás Grosman completó el podio en el tercer puesto. La edición siguiente, correspondiente a 2024/2025, tuvo como campeón a Santiago “Tato” Algorta, quien se impuso en la final frente a Ulises Apóstolo, segundo, y Luz Tito, tercera.
Ahora, Gran Hermano Generación Dorada se prepara para una definición con Charlotte Caniggia, Solange Abraham y Yisela Yipio Pintos como protagonistas. El lunes 14 de septiembre comenzará la instancia final, el martes se realizará el debate con la tercera participante, el miércoles se conocerá a la campeona y el jueves llegará “Noche de campeonas”, con las dos últimas jugadoras de esta edición.
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Qué ver en Netflix: la miniserie de 8 episodios que no es apta para menores de edad y es un fenómeno mundial

No es una historia pensada para distraer. “The Days”, la miniserie japonesa de 8 episodios de Netflix, propone una experiencia intensa, casi incómoda, donde cada escena está atravesada por la urgencia.
Todo se sitúa en marzo de 2011, cuando un terremoto seguido de un tsunami golpeó Japón y desencadenó la crisis en la central nuclear de Fukushima. A partir de ese momento, comienza una carrera contrarreloj para evitar un desastre aún mayor.
La serie no se queda en el impacto inicial. Se mete de lleno en las horas más críticas, mostrando cómo el sistema colapsa y deja a los trabajadores enfrentando una amenaza invisible: la radiación.
Uno de sus grandes aciertos es el enfoque múltiple. No hay una sola mirada: el relato se construye desde los operarios, los directivos y el gobierno, cada uno con decisiones que pueden cambiarlo todo.
LA MINISERIE DE NETFLIX QUE NADIE PUEDE PARAR DE VER
A diferencia de otros relatos de catástrofes, acá no hay épica exagerada. La tensión nace de lo real: la incertidumbre, la presión y el miedo constante a que todo se salga de control.
El ritmo acompaña esa sensación. Cada episodio avanza como una cuenta regresiva, donde el margen de error es mínimo y las consecuencias, irreversibles.
También hay un fuerte trabajo en la reconstrucción. La ambientación y el tono casi documental hacen que la historia se sienta cercana, como si el espectador estuviera dentro de la planta en ese momento, tal cual busca Netflix en cada una de sus producciones.
“The Days” no es solo una miniserie sobre un desastre en Netflix. Es un retrato crudo sobre decisiones extremas en situaciones límite, donde la línea entre salvar y perderlo todo puede desaparecer en segundos.
Netflix
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