DEPORTE
A 40 años del inédito torneo que no tuvo campeón, condenó a Huracán al descenso y llevó a Sportivo Italiano a Primera

La tantas veces prometida reestructuración del fútbol argentino había llegado. Y con muchos cambios: les dijimos adiós a los queridos nacionales, los torneos de todas las categorías pasaban a disputarse de junio a junio y la histórica Primera B se transformaba en la tercera división. Pero entre el fin de una era y el comienzo de otra, existió un certamen. Poco recordado, con muchas figuras, un ascenso inesperado y con la insólita particularidad de no consagrar a un campeón.
El ascenso de Sportivo Italiano. Conmocionante por la manera y el rival del partido decisivo, pero también merecido para una institución que luchaba hacía muchos años en busca de ese sueño. Con un grupo de futbolistas que venían actuando juntos desde varios torneos atrás y se encontraron ante la gran posibilidad de sus carreras. Y no la desaprovecharon.
Un año antes, al iniciarse 1985, las cosas se mantenían como siempre. Cuatro categorías y el desarrollo desde febrero/marzo hasta diciembre. Muchos proyectos siempre estaban circulando en cercanías de Julio Grondona para aplicar diversos cambios. Finalmente llegaron. Se disputó el último nacional de la historia, con inédito formato de ruedas de ganadores y perdedores, en el semestre inicial. En julio levantó el telón el primer torneo por temporadas. En paralelo, el ascenso continuaba con los certámenes pautados, para culminar con el cierre del año. En el caso de la Primera B, fue una competencia muy recordada, por la aplastante superioridad de Rosario Central, campeón con amplia ventaja, y el sufrido ascenso de Racing, luego de dos años de penurias, con el gol de Néstor Sicher frente a Atlanta en cancha de River.

Con ambos se dio un caso particular, ya que debían estar seis meses sin competencia oficial. Tomaron caminos distintos. El cuadro rosarino dio a préstamo sin opción a todos los jugadores (repartidos entre Boca, Platense, Colón y Los Andes), mientras que la Academia vivió el insólito episodio de alquilar su plantel a Argentino de Mendoza, que luchaba por obtener una plaza en el Nacional B, hecho que no se consumó
La AFA anunció la creación del Nacional B, que a partir de julio del ‘86, post Mundial de México, pasaría a ser la segunda categoría, quedando la tradicional B, como la tercera. En el medio quedaban seis meses, que iban a servir para disputar el Apertura que determinaría qué equipos pasarían a formar parte de la innovadora competencia, con un pequeño detalle: no habría campeón.

Tomaron parte los 18 cuadros que estaban en el ‘85, excluidos los dos ascendidos mencionados y Sarmiento y Talleres de Remedios de Escalada, que perdieron la categoría. Y se sumaron Defensa y Justicia y Deportivo Armenio, ganadores de la C. Los 20 equipos se dividieron en dos zonas de 10. Los cuatros primeros de cada una, se clasificaban al novel Nacional B, mientras que los restantes se quedaban en la categoría, que era un descenso de hecho. Si bien no había campeón, si existía el premio de jugar en primera. Los siete mejores de este torneo Apertura, más el segundo peor promedio de primera, disputarían una liguilla para determinar el equipo que se mantenía (si era este último) o ascendía a la máxima categoría.
El primer sábado de febrero arrancó una competencia poblada de futbolistas que ya habían tenido un paso importante por la primera división. En Atlanta: Roberto Mouzo, Pablo Comelles, Carlos Fren y Miguel Ángel Converti. Banfield: Félix Orte, Guillermo Trama, Esteban Pogany y Luis Andreuchi (goleador del Metro ‘78 donde fue campeón con Quilmes). Nueva Chicago: Héctor Scotta. Tigre: Raúl de la Cruz Chaparro. Colón: Miguel Ángel Bordón, Daniel Carnevali, Gabriel Puentedura y dos que fueron cedidos por Rosario Central: José di Leo y Omar Palma, mientras que otros cuatro fueron a Los Andes: Hernán Díaz, Ariel Cuffaro Russo, Hugo Galloni y Fernando Lanzidei.
En Lanús ocurrió un caso inverso. Tres integrantes de ese plantel tendrían luego destacadas actuaciones en primera, como Leo Rodríguez, Sergio Saturno y José Tiburcio Serrizuela, al tiempo que en Villa Dálmine despuntaba un volante con gran movilidad y capacidad para adaptarse en distintas posiciones: Pepe Basualdo.

Desde el comienzo se pudo apreciar un torneo con enorme paridad. Al terminar la primera rueda, los dos ascendidos (Defensa y Justicia y Deportivo Armenio) eran las revelaciones, mientras que Quilmes, con solo 4 puntos en 9 partidos, llamaba la atención en el último puesto. Las posiciones en la zona A: Defensa y Atlanta 12, Deportivo Morón 11, Los Andes y Sportivo Italiano 10. En la B: El Porvenir y Tigre 12, Deportivo Armenio, Banfield y Colón 10.
En las revanchas se mantuvo el nivel parejo, pero lo que más llamó la atención fue la irregularidad de Atlanta, que era uno de los grandes candidatos. Llegó a la última jornada, disputada el domingo 1 de junio en horas de la mañana, porque el día anterior por la tarde había comenzado el Mundial de México, teniendo que ganarle a Defensa y Justicia en Villa Crespo para no quedar eliminado. El resultado final de 1-1 lo condenó a tener que jugar en la tercera categoría, al tiempo que el cuadro de Florencio Varela obtuvo su segundo ascenso en seis meses.
El torneo de primera había concluido a fines de abril. Chacarita descendió al ser el último de los promedios y Huracán lo precedió, teniendo que disputar la liguilla junto a los siete clasificados del Apertura. En los cuartos de final, el Globo dejó en el camino a Lanús, Banfield a Defensa, Los Andes a Armenio en tiempo suplementario y, en silencio y perfil bajo, Italiano a Tigre.
En paralelo, Argentina iba avanzando en México, derribando los agoreros pronósticos de muchos, jugando cada partido mejor, con un Maradona extraordinario. En la ida de las semifinales, Huracán venció 1-0 a Los Andes en cancha de River al tiempo que empataron en un tanto Banfield e Italiano en el estadio de Ferro. Alejandro Lanari, una de las figuras del Sportivo, se lució al atajarle un penal a Molina. En la tarde del sábado 14, mientras nos enterábamos del fallecimiento de Jorge Luis Borges, el cuadro Patricios se impuso por 3-1 en campo de Independiente y fue finalista. El otro fue el sorprendente Italiano, que por penales eliminó al Taladro, otro candidato. Fue por penales, donde Lanari volvió a ser clave, deteniendo los remates de Horacio García y Abel Alves.

Habían llegado a la final dos buenos equipos, pero con caminos y ánimos distintos. Para Huracán fue un suplicio todo el torneo 1985/86 de primera división, luchando contra un promedio bajo, que parecía condenarlo de antemano. Realizó una aceptable campaña, pero no le alcanzó. Para la parte final, con la apertura del libro de pases y para acoplarse a los dos Claudios que eran las figuras del equipo, el Turco García y el Chacho Cabrera, llegó el Toti Iglesias, que así nos lo recordó: “Ir a Huracán me dio varios dolores de cabeza, porque la gente de San Lorenzo lo tomó como una traición, sin pensar que era mi trabajo. Me mandaban cartas a mi casa. Por suerte no había redes sociales para las puteadas (risas). El inicio no fue fácil, ya que cuando llegué, estábamos cerca del descenso. En uno de los primeros entrenamientos en el estadio, un hincha me gritó: ‘A ver si hacés un gol, cuervo, porque te vamos a matar’. Yo pensaba: mamita querida, donde me metí. Por suerte la historia se revirtió, hice muchos y la hinchada hasta me inventó un cantito”.
Italiano, por su parte, comenzó el torneo sin grandes expectativas, en sintonía con las temporadas anteriores donde había estado lejos de la pelea por el ascenso. Alejandro Lanari ocupaba la valla desde hacía un lustro y en diálogo con Infobae, evocó ese momento de incertidumbre: “Mi relación con el presidente estaba desgastada y agotada. A principios de año, llegó Ramón Cabrero como técnico y me dijo que tenía pensado traer un arquero que él había tenido en Lanús y, como conocía mi situación, me propuso un enroque. Nos pusimos de acuerdo, pero me pidió que atajase en un amistoso programado contra San Miguel. Me salieron todas y Ramón me dijo que me quedase. No podía pensar todo lo bueno que me esperaba en los meses siguientes”
La primera final se disputó en cancha de Ferro el miércoles 18 de junio, dos días después de la victoria contra Uruguay por los octavos del Mundial. Italiano se impuso 1-0 con gol de Alfredo Gómez, quedando en excelente situación para la revancha. Ésta tuvo lugar en el estadio José Amalfitani, el sábado 21, en la víspera del inolvidable Argentina vs Inglaterra, al mismo tiempo que Francia y Brasil daban una exhibición por los cuartos de final. El Globo triunfó por 2-1 con goles de Papa de cabeza y el Toti Iglesias, descontando Lucero.
Todo se iba a resolver en el tercer partido, nuevamente con el estadio de Vélez como escenario. Apenas comenzado el segundo tiempo, Eduardo Papa de cabeza abrió el marcador, empatando por la misma vía Daniel Díaz, tres minutos más tarde. El 1-1 no se modificó y fueron al alargue, donde el Turco García colocó el 2-1. Parecía que el Globo, después de tanto sufrir, se mantenía en primera. Pero a tres minutos del final, Víctor Lucero, selló el 2-2 definitivo. En el último instante, el árbitro Patricio Sinnot lo expulsó al Toti Iglesias.
Más paridad no se podía pedir. Iban a definir por penales en el tercer partido. Los primeros cuatro fueron goles, hasta que Corrado de Huracán remató desviado. Gioffré puso el 3-2 y Alejandro Lanari, confirmando su gran momento, atajó el de Bottari. En los pies de Ramón Albariño estaba la posibilidad de hacer realidad el ascenso. Con un potente remate superó a Carlos Gay y el viejo sueño de Sportivo Italiano era una hermosa realidad.
El fútbol tiene esas cosas maravillosas. Lanari estuvo a un paso de irse en enero y cinco meses después, era el héroe. Sus destacadas actuaciones le permitieron la transferencia a Rosario Central, donde se iba a consagrar campeón de Primera División menos de un año más tarde. Pero aquellos partidos, son un hermoso momento que así nos los recordó: “Jugamos ese inolvidable torneo, clasificamos al octogonal, donde tuve la suerte de atajar penales en la semifinal ante Banfield y en la final con Huracán, donde ascendimos, en la definición por penales tras el suplementario del tercer partido. Algo que siento como heroico. Nosotros teníamos un equipazo que jugaba muy bien. Como me había formado en el club, poder darle esa alegría a la gente fue maravilloso”.
En la otra cara de la moneda, se acomodan los recuerdos del Toti Iglesias: “Esa final forma parte de los peores momentos de mi carrera. Me la había jugado yendo a Huracán, con la convicción que nos íbamos a salvar. Nadé, nadé y me quedé a pocos metros de la orilla. Es justo reconocer que Italiano tenía un gran equipo. Creí que me moría. Estaba tan triste que casi no festejé el título de la Selección en México, porque el descenso había sido cinco días antes. Igualmente, para mí fue como el dicho: no hay mal que por bien no venga. Me quedé en el club, fui el goleador del Nacional B y eso me permitió luego pasar a Racing”.
El mundo miraba hacia México. Con los ojos bien abiertos admirando a ese Maradona inigualable. Pero para la gente de Italiano, la fiesta era otra. Tanto había luchado, que se merecían esa alegría. La que le dieron los muchachos que orientó con sabiduría Ramón Cabrero, con las atajadas de Lanari, la fortaleza de la línea de fondo de Álvarez, Bianculli, Díaz y Gioffré. La capacidad de estar en todos lados de Marcos Capocetti en la mitad de la cancha, para que se lucieran Alfredo Gómez, pero, sobre todo, el talentoso Chulo Rivoira. Y la delantera que los dejó disfónicos con Salas, Lucero y Godoy.
El paso por la primera fue efímero, porque le costó mucho la adaptación. Apenas un año, pero a Italiano nadie jamás le quitará aquella alegría. La que cumple, ya, 40 años.
DEPORTE
“Copando el mundo”: la familia argentina que recorre Estados Unidos en motorhome siguiendo a la selección argentina

Mientras miles de argentinos llegaron por apenas unos días a los Estados Unidos para acompañar a la Selección Argentina en el Mundial 2026, una familia decidió llevar la pasión mucho más lejos. Hace cuatro meses, aterrizaron en Miami, compraron un motorhome, y transformaron las rutas norteamericanas en su hogar. Desde entonces, viven viajando, trabajando de manera remota y persiguiendo un sueño: seguir a la Scaloneta por todo el país.
La historia comenzó en Chaco. Allí, entre obligaciones laborales, proyectos personales y la rutina cotidiana, empezó a crecer una idea que parecía difícil de concretar. Después de un año de planificación, ahorros y preparativos, la familia decidió animarse.

“Siempre aparecía algo más por lo que quedarse. Sentíamos que faltaba algo para terminar de decidirnos. Hasta que un día dijimos: ‘Ya está, nos vamos’. Sacamos los pasajes y nos subimos al avión”, contó la mujer en Dallas en diálogo con Infobae.
Marysol y Danilo, y su hijo menor, Oliver, se embarcaron en este sueño mundialista, mientras que la hija mayor de la pareja, Luna, permanece en Buenos Aires, donde estudia, aunque ya los visitó durante algunos tramos del recorrido. Juntos impulsan un proyecto de viaje denominado “Copando el Mundo”, una iniciativa que busca mostrar experiencias de vida y aventuras por distintos rincones del planeta.

La llegada a Estados Unidos tuvo una escala obligada en Miami. Allí, compraron el motorhome que se convertiría en mucho más que un vehículo. Es su casa, su oficina de trabajo, y su refugio durante un recorrido que ya los llevó por diferentes estados y que tuvo paradas especiales en Kansas City y Dallas para acompañar a la selección argentina.
Lejos de tratarse de unas vacaciones permanentes, el viaje requiere organización diaria y una fuerte adaptación. La mujer trabaja como psicóloga y atiende a sus pacientes online en el motor home. Su esposo es corredor inmobiliario y administra propiedades a distancia. Ambos lograron reorganizar sus actividades para sostener económicamente la travesía.

“Somos una familia trabajadora, como cualquier otra. Hay mucha gente que piensa que para viajar hay que tener muchísimo dinero o esperar al momento ideal de la vida. Si algo aprendimos, es que ese momento ideal no existe. Cuando uno tiene ganas de conocer el mundo, tiene que animarse y hacerlo”, explicó la Marysol.
La vida sobre ruedas también presenta desafíos permanentes. Cada jornada, implica encontrar un lugar donde estacionar, resolver cuestiones logísticas, abastecerse y mantener en funcionamiento el vehículo. “Lo primero que hay que resolver cada día es dónde dormir. Después, siempre hay algo para arreglar u organizar. Pero vale totalmente la pena, porque tenés tu casa con vos. En cualquier lugar al que llegás, seguís sintiendo que estás en tu hogar”, relató.
La pasión por la Selección fue uno de los motores principales para iniciar el viaje. Estar presentes en las ciudades donde juega el equipo de Lionel Scaloni les permitió compartir experiencias con miles de argentinos llegados desde distintas partes del mundo.
“Obviamente que estar acá, acompañando a la Selección, es de las mejores cosas que nos pasó”, aseguran, a miles de kilómetros de distancia de su hogar de toda la vida.

Sin embargo, el Mundial también tiene sus dificultades. A pesar de haber organizado el viaje durante meses, la familia todavía no consiguió entradas para el último encuentro de Argentina contra Jordania, en el estadio AT&T. Los altos precios del mercado secundario aparecen como un obstáculo difícil de superar.
“Escuchamos que algunas entradas están arriba de los mil dólares. Venimos intentando conseguir desde hace varios días, pero si no se da, vamos a estar igual. Iremos a la cancha, estaremos afuera y alentaremos como cualquier argentino”, afirmaron.
Y aunque la aventura estadounidense tendrá una pausa obligada por cuestiones migratorias, el proyecto recién empieza. El plan de la familia va mucho más allá del Mundial. Cuando deban abandonar Estados Unidos, regresarán más adelante para retomar el recorrido. El objetivo es tan ambicioso como inspirador: unir Alaska con Ushuaia por tierra.
Una travesía continental que comenzó siguiendo a la selección argentina y que hoy se transformó en una manera distinta de entender la vida, el trabajo y los sueños pendientes.
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Hablaron los hinchas de la foto con Messi que se hizo viral: “Es tan grande Leo que nos regaló ese momento único”

El testimonio de los hinchas que quedaron retratados junto a Messi
Leo Messi se encarga de cumplir sueños. No sólo los suyos, sino también los de todos los argentinos. Verlo levantar la Copa del Mundo en Qatar 2022 fue uno. Pero hay otro. Y al que sólo llegan unos pocos: una foto con él. No importa la manera, no importa si está borrosa o movida, si salís bien o mal. Importa tenerlo a él al lado tuyo. Importa que las dos caras entren en el mismo cuadro de la cámara. Y eso les pasó a Cristian Constante Bustos (54) y Emilio Alejandro Cajal (52). La gran diferencia es que, justo en ese momento, el capitán de la Selección estaba gritando un gol y ellos festejando con él.
Hay una particularidad. Una grande y que llama la atención de muchos. Si prestan atención a aquella imagen que captura el momento exacto de la emoción, esos dos hombres son protagonistas presenciales de una postal inolvidable mientras que muchos alrededor están usando sus celulares. Quizás algo para imitar, aun en tiempos que casi todo se hace para buscar la imagen para las redes sociales. “Nosotros pusimos el teléfono en modo avión para disfrutar el momento”, dicen estos dos amigos que hace un año que vienen ahorrando dólar a dólar, “sin que nadie nos regale nada”, para vivir el Mundial al lado del 10.
“Ese momento fue algo único. Inexplicable. Es una sensación muy fuerte. Es tan grande Leo que nos regaló ese momento único. Nos costó mucho venir hasta acá. Ya superó todo”, dice Cristian, uno de los hombres virales, mientras las lágrimas empiezan a invadir sus ojos.
“Cuando vimos la foto y la pude descargar me puse a llorar. Es algo para toda la vida. La verán mis nietos. Lo bueno de apagar el teléfono para disfrutar del partido. Teníamos ganas de tirarnos a la cancha a festejar con Leo. El grito de ese primer gol nos salió desde el alma. Mis hijos lloraban en Buenos Aires”, se emociona también Alejandro con la voz quebrada. Los dos felices y vestidos como si fueran parte de la concentración argentina. Porque ése es el uniforme de casi todos, como andar con la camiseta, por las calles del Mundial.
“¿Qué significa Messi para ustedes?”, es la pregunta que los vuelve a unir, ahora en medio de un banderazo de Argentina en Dallas, en medio del calor y de la pasión desbordante de los hinchas. “Messi es tan grande como Diego. El nos regaló esta postal y me emociona”, repite Cristian. Y Alejandro va por más: “Ahora sería coronar que nos firmen nuestra bandera, que también fue viral. No sé si alguien nos puede dar una mano”. Aunque eso ya sería un salto aún más alto. Hoy caminan felices mientras tienen el mejor fondo de pantalla posible para un futbolero en un Mundial.
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La historia de Fangio como futbolista: cómo nació el apodo “El Chueco” y la pelota que lo ayudó a ser una leyenda del automovilismo

Nació el 24 de junio de 1911 al igual que el escritor Ernesto Sábato, pero mucha gente no sabe que Juan Manuel Fangio escribió sus primeras páginas en el deporte en una cancha de fútbol. El mismo día, pero mucho tiempo después, vinieron al mundo dos cracks como Lionel Messi (1987) y Juan Román Riquelme (1978). Nunca se conocieron, aunque en algún momento El Chueco fue colega de ellos y en medio de la fiebre mundialista es una historia para contar. Hoy se cumplen 115 años de su nacimiento y sus hazañas en el automovilismo lo llevaron a ganar cinco títulos de Fórmula 1. Sin embargo, antes de lucirse arriba de los autos de carrera, fue un destacado futbolista en su querida Balcarce e integrante de la selección local. El haber sido un buen jugador lo ayudó para continuar en el deporte motor y llegar al Turismo Carretera.
Para conocer más sobre esta historia Infobae se contactó con la Liga Balcarceña de Fútbol, que el 1 de junio de 2022 cumplió cien años. El periodista Alberto González, que junto al entonces presidente de la liga, Emiliano López, aportaron datos oficiales de los trece años de Fangio en el fútbol de forma federada. Se trató de una práctica que arrancó desde muy chico jugando con sus amigos en los potreros locales. También, el cuarto hijo de Loreto y Herminia (ambos inmigrantes italianos) empezó a mirar de reojo los talleres de autos y otra llama comenzó a encenderse mientras rodaba la pelota…
Pero antes de acelerar en las rutas y autódromos fue el tiempo del balompié. En junio de 1925 el Club Estudiantil presentó la ficha de varios jugadores para su tercera división, entre los que se encontró Fangio. En 1926 pasó a la tercera de Ferroviarios, la entidad de su barrio, según cuenta el colega de Carburando, Javier Delle Rose, quien vive en Balcarce. El papá de Fangio era peón de albañil y con un crédito compró unos 2.500 metros cuadrados de terreno, sobre la calle 13 entre 6 y 8. Ahí construyó una habitación para vivir con su esposa. Después la amplió a medida que llegaron sus hijos Herminia, José (también jugó al fútbol, en Leandro N. Alem en 1930 y 1931), Celia, Juan Manuel, Rubén Renato y Carmen.

La casa se ubica en la calle 13 número 321 y conserva la fachada original. Hoy a su lado funciona un anexo del Museo Fangio donde se reparan sus autos. Es un lugar histórico que está a metros de la ex estación de tren (ahora hay un destacamento policial) y de ahí el nombre de Ferroviarios, club donde se dio un hecho clave: junto a Fangio ficharon a sus amigos, los hermanos Bernardo y José Duffard. Ellos después también fueron sus socios comerciales y determinantes en sus comienzos en el automovilismo.
En 1927 estuvo inactivo porque guardó reposo por enfermarse de pleuresía. En 1928 (año en el que también practicó por poco tiempo boxeo) pasó a Sportivo Mitre. En 1931 tampoco jugó porque cumplió con el Servicio Militar en el VI Regimiento de Caballería de Campo de Mayo.
Luego volvió a los campos de juego y llegó su momento más exitoso. Fue cuando debutó en primera con 22 años. Jugó en Rivadavia y se consagró campeón en 1935, 1936, 1937 y 1938. No hay números exactos, pero se supo que encabezó la tabla de goleadores del certamen en más de una ocasión. Por eso entre 1934 y 1938 fue titular en la Selección Balcarceña que disputó torneos regionales con combinados de otras ciudades. Balcarce integró su zona con los selectivos de Necochea, Tandil, Mar del Plata y Olavarría (en alguna ocasión). Los ganadores de cada región se clasificaron a nivel provincial y más tarde los mejores se enfrentaron con conjuntos de otras partes del país.

En esos torneos regionales Juan Manuel llamó la atención. En la zona se habló mucho del “insider derecho” de Balcarce. Incluso en 1936 Independiente de Mar del Plata jugó en la Liga Balcarceña y al ver sus condiciones lo habría tentado a irse a La Ciudad Feliz. Pero él se quedó en su tierra. Tampoco se olvidó del club de su barrio y también disputó algunos partidos amistosos para Ferroviarios, cuya cancha estaba a 300 metros de la casa de los Fangio.
El puesto de Fangio era de insider derecho, denominación típica de la época. Se trató de un volante por ese sector. Su pierna más hábil era la derecha, tuvo mucha técnica, era rápido (ya le gustaba la velocidad), difícil de marcar y con bastante llegada al arco contrario. Jugaba con el número ocho. Por su especial manera de correr se ganó el apodo de El Chueco. Si bien las tácticas cambiaron, hoy, tal vez, hubiese sido un buen carrilero o extremo por esa banda.
Por otro lado era muy común por esos años que en las fechas patrias se detuviera el campeonato de su ciudad porque los equipos locales eran invitados por sus pares de la zona a disputar amistosos, o bien los elencos balcarceños fueron anfitriones. Siempre se puso en juego una copa alusiva.

Nacida en 1922 como Asociación Balcarceña de Football, en 1936 pasó a llamarse Liga Balcarceña de Fútbol. Los partidos de su campeonato se realizaron en canchas de La Plaza de las Carretas (actual sede del Club Sportivo Trabajo), de Rivadavia (en el presente es la Plaza Colón) y de Ferroviarios (hoy está allí la Plaza San Martín). Más tarde entre las décadas de los años cuarenta y cincuenta los cinco clubes donde jugó El Chueco dejaron de existir. En tanto que la Selección Balcarceña siguió como equipo de mayores hasta finales de los años ochenta y principios de los noventa. Hoy solo continúa como un combinado sub-15.
Al mismo tiempo que efectuó sus desbordes por la banda derecha, Fangio también se vinculó a los autos desde muy chico y fue su fuente de ingresos, ya que el fútbol siempre fue amateur. Empezó barriendo un taller a los 11 años donde ponía en marcha los motores con la excusa de mover los coches para cumplir con su tarea. A los 13 aprendió a manejar en una concesionaria y a los 16 tuvo su primer vehículo, un Overland cuatro cilindros que se lo compró con sus sueldos. A los 18 debutó en las carreras como acompañante de Manuel Ayerza. Fue con un Chevrolet 1928 en una carrera de Coronel Vidal a General Guido, sobre la actual Autovía 2 “Juan Manuel Fangio”. Fueron segundos.
En 1932 se puso un taller con José Duffard. El 25 de octubre de 1936 arrancó como piloto y como no quiso que se enteraran sus padres usó el seudónimo de “Rivadavia”, el club con el que logró cuatro campeonatos. La carrera no fue oficial y se hizo en la localidad bonaerense de Benito Juárez. Abandonó por fundir una biela del motor del Ford A 1929, cuando era tercero y a dos vueltas del final.

Veinte días antes de esa carrera, el equipo de Rivadavia le ganó la final a Ferroviarios por 2 a 0. A los 12 minutos del match, Fangio hizo el primer gol ante un rechazo del arquero Manuel Escandón. El segundo tanto lo marcó Francisco Cavallotti, que también era amigo suyo y le dio una mano en sus arranques en el automovilismo.
Si bien el fútbol le dio sus primeras alegrías deportivas, con el correr del tiempo El Chueco definió qué quiso para su vida: el automovilismo. Aunque supo que el Talón de Aquiles era el presupuesto para seguir corriendo. Por eso sus colegas futbolistas se unieron para ayudarlo. El 4 de septiembre de 1938, la Liga Balcarceña de Fútbol organizó un partido a beneficio suyo y de Luis Finochietti, para que puedan correr el Gran Premio Argentino de las 14 Provincias. Se disputó un cotejo entre los combinados de Balcarce y Mar del Plata.
En 1939 también hubo otro partido benéfico entre un equipo “A” y otro “B” de la Liga Balcarceña, cuya recaudación se le entregó a la comisión que apoyó a Fangio para correr en el Turismo Carretera. En este caso, era para competir en el Gran Premio Argentino. Los hermanos Duffard y el propio Cavallotti, fueron los organizadores de la movida.

Fangio tuvo condiciones para llegar al TC. Pero sin el dinero necesario era imposible poder competir en la entonces joven categoría, nacida en 1937. Por eso en esa época se organizaron las peñas donde los amigos y vecinos de un piloto de cualquier localidad armaron eventos para recaudar dinero y apoyar a su representante. Esto explica la importancia de los hermanos Duffard y Cavallotti en los inicios del balcarceño como corredor.
A esa altura Fangio colgó los botines y empezó a dedicarse de lleno a los fierros. Su camino en el automovilismo tuvo un franco ascenso y no tardó en brillar. En 1940 y 1941 fue bicampeón de TC. Aunque siguió de cerca al flamante campeonato profesional de fútbol de Primera División y fue un orgulloso hincha de River, equipo que ganó el segundo certamen de ésa era en la temporada de 1932.

Más tarde Fangio fue idolatrado por sus hazañas con los autos de carrera. Su apodo que nació en las canchas de fútbol en Balcarce pasó las fronteras y se hizo conocido en todo el mundo. Por ejemplo, frente al circuito de Nürburgring hay un restaurante llamado El Chueco. En el escenario alemán, ganó tres veces en la F1 y en la última vez plasmó su quinta corona.
El balcarceño es el único que se consagró con cuatro escuderías en la Máxima: Alfa Romeo (1951), Mercedes (1954 y 1955), Ferrari (1956) y Maserati (1957). Ganó 24 Grandes Premios de los 51 que corrió y tiene el mejor promedio de la historia con 47,05 por ciento. El faro de Ayrton Senna y Jackie Stewart. “El padrino de todos los pilotos”, como lo definió Lewis Hamilton. “La diferencia entre Fangio y yo, es que 30 pilotos murieron intentando ser más rápidos que el”, sentenció Michael Schumacher. En honor al natalicio del Chueco, cada 24 de junio se conmemora en Argentina el Día del Piloto.
Juan Manuel Fangio trascendió siendo corredor, pero su paso como futbolista lo marcó para siempre y fue muy importante para poder llegar automovilismo grande. La ayuda de sus amigos en el fútbol fue una asistencia perfecta cuando metió el cambio de frente en su campaña. Y su talento brilló por duplicado ya que en ambos deportes fue un volante rápido, técnico, con dinámica, precisión y muy efectivo.
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