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A 40 años del primer gran gol de Maradona en México 86: empate con Italia y un anticipo de lo que vendría

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Los goles de Argentina-Italia en México 86

Atrás había quedado el debut. A los que algunos le tenían tanto temor. Aunque resulte extraño ahora, existía en una parte del mundo del fútbol argentino la idea que la Selección iba a sufrir en el Mundial de México, incluso para poder sortear la fase inicial. Eran dudas genuinas en el seguidor del día a día, no tan convencido de las ideas de Carlos Bilardo y también se fomentaba un ambiente adverso en las horas previas, desde los medios que estaban en contra del Narigón. La victoria clara sobre Corea del Sur por 3-1 ahuyentó los temores y dejó una buena expectativa para la segunda presentación.

El esperado choque con Italia. Se iba a dar por cuarta Copa del Mundo consecutiva y se alcanzaría el récord cuatro años más tarde, de una confrontación que se dio en cinco ocasiones sucesivas, donde Argentina nunca pudo vencer, con tres empates (1974 – 1986 – 1990, con posterior y festejada victoria por penales) y dos derrotas (1978 – 1982).

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Sorteo de capitanes entre Gaetano Scirea y Diego Maradona

En todas hubo una enorme paridad, pero aquella del 5 de junio de 1986 fue, quizás, la más favorable para nuestro equipo. Se sobrepuso a un comienzo adverso, parándose bien en la cancha, ganando en casi todos los sectores y con merecimientos como para quedarse con los dos puntos, a partir de una sólida tarea defensiva y un Maradona genial, que, en un presagio, iba preparando el terreno para sus grandes obras por venir.

En el reparto de los canales, en esta ocasión le tocó a ATC y al 13. En el primero la dupla fue de Mauro Viale y Oscar Gañete Blasco, que era el segundo relator en Fútbol de Primera, pero aquí tomó el rol de comentarista, que ya lo había asumido en otras ocasiones. Era un periodista de vasta trayectoria que sabía desenvolverse con solidez. Llamaba la atención la ausencia de Enrique Macaya Márquez, quien estaba en México, pero su tarea se enfocaba en el envío de notas para el programa del domingo, pero a la hora de los partidos, trabajaba junto a José María Muñoz en radio Rivadavia.

En Canal 13 se dio una situación muy particular. Sobre el narrador no había dudas, era Carlos Asnaghi, quien venía cumpliendo esa función en la emisora desde hacía varios años. Quien estuvo junto a él fue alguien que en ese momento era un éxito en las mañanas de radio Continental con Primera mano y que ya tenía una breve actuación en el periodismo deportivo en la revista Goles: Rolando Hanglin. Junto a ellos participaban algunos campeones del Mundo de 1978, como Américo Gallego, Leopoldo Luque y Julio Ricardo Villa.

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Partido contra Italia en México '86
Ricardo Giusti anticipa a Giuseppe Bergomi. El mediocampista de Independiente tuvo esa tarde una muy buena actuación

El doctor Bilardo realizó dos cambios con respecto al debut frente a Corea del Sur: Claudio Borghi por Pedro Pasculli y Néstor Clausen, de flojo partido, le dejó su lugar a José Luis Cuciuffo. El ingreso de éste produjo un movimiento táctico, ya que fue el primer encuentro en el Mundial en que actuaron tres zagueros centrales. El Tata Brown se mantuvo como líbero y tanto Cuciuffo como Oscar Ruggeri fueron stoppers sobre los dos delanteros de punta italianos, Galderisi y Altobelli, respectivamente. Aunque por momentos, la última línea se rearmaba con cuatro hombres, actuando el Cabezón en la inhabitual posición de lateral derecho.

Por el otro costado, como había ocurrido casi siempre a lo largo del proceso del Narigón, estaba Oscar Garré, quien tenía la misión de marcar al habilidoso Bruno Conti, una de las figuras italianas en la conquista de cuatro años antes en suelo español. Justamente por ese lado llegó la primera emoción de la tarde, cuando el delantero italiano envió una pelota al área que pegó en forma accidental en la mano de Burruchaga. Era la época donde el reglamento contemplaba la intención o no de querer jugar el balón. Pero el árbitro neerlandés Jan Keizer se anticipó a los tiempos y decidió que era una infracción sancionable con tiro penal. Alessandro Altobelli, con infinita calidad, la colocó a la izquierda de Pumpido que se arrojó al otro lado.

Partido contra Italia en México '86
Jorge Valdano a punto de conectar de cabeza un centro de Oscar Ruggeri. La pelota se fue al lado del poste en la última jugada del primer tiempo

Pese al tempranero golpe en contra, Argentina no retrocedió. Se mantuvo firme en su idea y se volcó al ataque, con un Maradona difícil de detectar para sus rivales, acompañado por un Valdano potente y agresivo y las permanentes subidas por los costados. Las acostumbradas de Garré y las sorprendentes de Ruggeri, desprendido del fondo y apareciendo como un marcador de punta adelantado. El punto más flojo era Claudio Borghi, quien estaba ajeno, distante y completamente absorbido por la marca.

Sobre los 19, un córner pasado de Maradona cayó en los pies de Garré, que sacó un buen cambio de frente hacia la derecha. Diego la bajó con categoría y encaró decidido hacia el área. Pasándola de pie a pie, dejando dos hombres en el camino, luego uno más en forma paralela a la valla, para sacar el zurdazo que fue bloqueado por un defensor cuando llevaba mucho peligro. Era un aviso…

Partido contra Italia en México '86
Una postal del golazo de Diego Maradona

Lentamente la tarde de Puebla se fue pintando de celeste y blanco. Giusti y Batista ganaban todas las divididas en el medio, Burruchaga se hacía el eje de los ataques para buscar a un Maradona que escapaba en forma permanente de la marcación pegajosa, la especialidad de la casa de los italianos, como había sido cuatro años antes, aunque en este caso, no con la violencia de Gentile y sus secuaces, en lo que había sido una cacería contemplada por el árbitro.

A los 34 minutos llegó el merecido empate. Ricardo Giusti recibió de Batista y avanzó superando la media cancha. Levantó la cabeza y ubicó a Valdano, apenas saliendo unos metros del área rival. El hombre del Real Madrid, en una pincelada de calidad, habilitó de primera a Maradona que ya había visto el hueco por la izquierda. La pelota picó una vez y ese instante le bastó a Diego para ganarle en el cierre a Scirea y dibujar una hermosa pirueta en el aire, que ya es poster eterno de Argentina en los Mundiales. Su plasticidad única, tocando apenas el balón, para que este diese un pique en contra de la lógica, y se introdujese mansamente en el arco de Galli.

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Partido contra Italia en México '86
Diego suspendido en el aire ya impactó el balón

En su autobiografía Yo soy el Diego de la gente, el crack recordó la jugada: “A Italia yo le hice aquel gol tan lindo, que está entre los mejores de mi galería. Lo mataron al arquero Galli y nadie se dio cuenta de que yo no le di tiempo, porque salté a encontrarme con la pelota, después del toque de Valdano, que me había caído justo por delante. De cachetada le di de zurda en vez de esperar que cayera, con Scirea, corriéndome de atrás. ¡La crucé al segundo palo antes de que bajara y no fue que Galli estuvo lento! ¡Fui yo el que estuve rápido! Es que estaba muy enchufado: los muchachos tenían en la cabeza, porque Bilardo les machacaba, que me tenían que acompañar. Y yo los ayudaba en eso, porque no me quedaba paradito allá arriba: si tenía que hacer pressing sobre los defensores, no se me caían los anillos”.

El profesor Fernando Signorini, histórico preparador físico de Diego, también aportó su versión sobre aquel gol inolvidable: “Con el paso de los años, Giovanni Galli jugó en el Napoli, donde coincidió con Maradona. Un día le pregunté por ese gol, porque ya le había hecho otro igual, en Firenze, en una doble pared con Bertoni y él se la cambió al segundo palo. Su respuesta fue: ‘Me volvió a hacer lo mismo porque cuando él salta y hace todo el recorrido, yo pienso que va a impactar la pelota con mucha fuerza’. Y ahí está la explicación, acota Signorini: Galli se puso muy rígido para aguantar el pelotazo y cuando el tiro salió tan despacio, quiso descontracturarse, pero no pudo y la vio pasar por al lado”.

En el relato de Carlos Asnaghi por Canal 13 se escucharon las palabras con las que todos los futboleros coincidimos: “Uno a uno y se hizo justicia con una maravillosa definición de Maradona, convirtiendo, tal vez, el mejor que se ha visto en este Mundial”. Lo era hasta allí. Por suerte, vendrían cuatro más, algunos polémicos, otros brillantes y uno inigualable.

Partido contra Italia en México '86
El festejo del gol de Diego con el sector ofensivo de la selección de esa tarde en pleno: Claudio Borghi, Maradona, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga

En la última jugada del primer tiempo pudo llegar el segundo cuando Ruggeri se fue por la derecha, llegó hasta el fondo y sacó un muy buen centro al punto penal. Allí se zambulló Jorge Valdano y sin marca, cabeceó apenas desviado. Argentina merecía la ventaja. En el segundo tiempo, la tendencia se mantuvo. El cuadro de Bilardo apretó más arriba, con una impecable tarea de los dos stoppers, cumpliendo la función de anular a sus hombres asignados, pero manteniendo la determinación para pasar al ataque.

Ricardo Giusti era una máquina de robar pelotas en el medio, por él y por un Batista que parecía cansado conforme pasaban los minutos. Cuando iban 13, fue reemplazado por el Vasco Olarticoechea y se vivió un momento tenso, como lo evocó en diálogo con Infobae: “Después del partido contra Italia discutí con Bilardo porque en el entretiempo me preguntó si estaba bien y le respondí que sí, porque ese partido no era en la altura, pero igual me sacó enseguida y le hice un gesto. A la noche me dijo de tener una reunión, siempre con un testigo, que en ese caso fue nada menos que Diego, los tres solos. Me empezó a decir un montón de cosas y le respondí que le pedía disculpas por el gesto, porque lo ve la gente, pero si lo tengo que insultar de nuevo, lo hago. Diego nos miraba y nos decía a uno y otro: ‘Bueno, listo, dejénse de joder, ya está’. Y la relación siguió bien desde allí. Nos sacaba a mí o al Gringo Giusti, nos hacía quedar sentados en el banco, no nos podíamos ir al vestuario y gritaba fuerte las indicaciones. Lo hacía para que nosotros escucháramos y aprendiéramos, pero eso me lo confesó muchos años después y le dije: ‘Carlos: me lo hubiera comentado antes y nos evitábamos las peleas’ (risas). Fue un adelantado en todos los sentidos”.

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Cuando faltaban 15 minutos para el final, el Narigón mandó a la cancha al Negro Enrique, que estaba haciendo su debut en Copas del Mundo, en lugar de un discontinuo Borghi. El cansancio era patrimonio de los dos, pero Argentina quería más, mientras que Italia se conformaba. Como muestra, quedó la anécdota de cuando Vialli se le acercó a Garré: “Pareggio (empate), Garré, pareggio. Parla con Bilardo”. La respuesta no se hizo esperar: “Que pareggio, nosotros queremos ganar”. No se dio la victoria, pero Argentina quedó primera en la zona y en excelente posición para ganar el grupo, ya que también empataron en un tanto Corea del Sur y Bulgaria.

La selección nacional había cumplido con creces en el choque más exigente del grupo, donde dominó en buena parte del desarrollo. Fue un resultado positivo no solo en el score, sino en algunos detalles que serían muy importantes de allí en adelante: la defensa iba adquiriendo una enorme solidez y tenía el as de espadas en casi todas las manos, con un Maradona en excelente forma física y más genial que nunca.

Próximo episodio: Bulgaria

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Fecha: 10 de junio

Locación: Estadio Olímpico de México DF



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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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North America,Sport,Tennis

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