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CHIMENTOS

Adrián Suar y Carla Peterson vuelven a la comedia después de 15 años: “No vale todo en función de hacer reír”

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La complicidad intacta: Adrián Suar y Carla Peterson regresan juntos al teatro con la comedia Sottovoce, tras 15 años sin compartir escenario (RSFotos)

Si la vida fuera una comedia de enredos, una de las primeras imágenes podría mostrar a una dupla de actores con dos periodistas de espectáculos. “Ah, ¿son dos?, nunca hice algo así”, se asombra Adrián Suar al entrar al escenario del Teatro Nacional y ver a los editores de Teleshow. Ya sentada a su lado está Carla Peterson, su compañera de elenco, quien junto a Lorena Vega y Fernán Mirás el jueves estrenaron Sottovoce, nadie puede guardar un secreto. La sorpresa da paso a las risas, donde más adelante repasarán, entre muchos otros detalles, el avance de la inteligencia artificial en todos los ámbitos. “Si le doy la consigna y le digo: ‘vinieron dos periodistas con dos actores, ¿qué podría pasar? ¿qué punto de giro podría haber si hay un asesinato?’ ¡Y la IA me hace una historia con eso…!”, relata Suar con la permeabilidad y la creatividad que lo caracterizan al interpretar las nuevas tecnologías.

Durante más de media hora, los protagonistas de esta comedia hablarán sobre esta nueva aventura teatral que los encuentra, después de más de una década, juntos otra vez sobre las tablas. También habrá tiempo para los proyectos, para el análisis profundo de la actualidad de las producciones artísticas, de sus vidas y de sus sueños.

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La escenografía, que proyecta un Puerto Madero nocturno y cinematográfico, es la fábrica textil Sottovoce, que da título a la obra y también al argumento. Esos secretos que las familias se empeñan en esconder bajo la alfombra, y que afloran cuando menos se los esperan para desatar una hecatombe en una sola noche. En el caso de ellos, la venta o no de la empresa familiar que desnuda miserias y pone en tela de juicio las convicciones y los afectos.

Entrevista a Adrián Suar y Carla Peterson
Los protagonisas con la escenografía de fondo: asi luce parte de la puesta de Sottovoce (RSFotos)

Suar y Peterson vuelven a trabajar juntos sobre el escenario a 15 años de La guerra de los Roses, y la convocatoria no podría haber sido de otra manera que no sea una comedia. Es un proyecto que Adrián maquinó no bien terminó Felicidades y, acorde a su personalidad inquieta, ya pensaba en el siguiente paso. Enseguida visualizó a Carla como la protagonista. “Quería volver a trabajar con ella”, dice sobre el germen de Sottovoce, que en su rol de productor dibujó con el director Mariano Pensotti.

“La obra es un traje a medida”, agrega el actor para ayudar a comprender la arqueología de una puesta en escena de esta magnitud. “Y si no había Carla no había obra”, sigue mientras ella dibuja una sonrisa.

La obra apela una vez más al humor como antídoto ante los golpes y zancadillas que ofrece la realidad. De la misma manera que lo hacen en la vida real, tan parecida y tan diferente a la del escenario. “Para mí, es una linda vía de escape para estar bien en la vida”, asegura Suar. “Y también encontrarle a los momentos complicados esa cosa que a veces, en el medio de la tragedia, descubrís algo lindo o alegre para no pasarla tan mal, ¿no? Siempre hay algo que te sorprende”, suma Peterson.

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Adrián Suar Carla Peterson Sottovoce
El elenco de Sottovoce incluye a Fernán Mirás y Lorena Vega, sumando experiencia y talento al nuevo proyecto de teatro argentino (Gabriel Machado – Gentileza prensa)

Carla escucha y su recuerdo viaja en el tiempo al momento en que le llegó la propuesta de Adrián. “Estaba en un motorhome haciendo no sé qué serie cuando recibo un llamado.’¿Estás para hacer una obra de teatro para el 2026?´, relata como quien está frente a un ofrecimiento de un futuro lejano. “Si vos actuás, sí, pero falta tanto…”, fue su respuesta en aquel momento, lo más espontánea que pudo. “Como ya había trabajado con él, sabía lo divertido que es y lo bien que la pasé haciendo Los Roses”, evoca. El teatro, y en esto también coinciden, pone a prueba otras vibras actorales para las que el compañero correcto se hace todavía más importante. “Yo necesito por lo menos que haya otra confianza, otra disposición frente al trabajo, porque yo también me lo exijo”, explica.

Sottovoce terminó de cobrar forma con Fernán Mirás quien, con su recorrido de amistad y compañerismo junto a Adrián desde la época de La banda del Golden Rocket en 1991, se sumó a la acotada y exclusiva lista. Finalmente, Lorena Vega, la actriz más buscada del momento a partir de su revelación en Envidiosa, a quien conocían del off y tanto Adrián como Carla querían a su lado. Cuatro nombres convocantes por sí mismos, lo que presenta un desafío extra: “Hay un recorrido ganado, pero ahora arrancamos de cero”, dice Suar, y explica por qué siente cada paso como una validación.

“Tenemos que subir al escenario, la gente paga su entrada con el esfuerzo que genera venir y elegirnos. Por eso para mí la ceremonia del teatro tiene algo de tanto cariño, de tanto amor y de tanta responsabilidad, porque yo quiero que te vayas bien a tu casa, y las reglas para que te vayas bien tienen que ser más o menos acorde a lo que ideológicamente sentimos cada uno, cómo hacemos reír. Porque a veces la manera de hacer reír, en algunos casos, que es válido, no es la que yo comulgo, no vale todo en función de hacer reír. Y para mí es el antiteatro eso. Pero la comedia bien entendida, como nos gusta a los comediantes, es con el texto y hacer reír con lo que pasa en la situación. Y eso es más difícil que el drama. Los que hacen drama van a decir: ‘Callate, enano de mierda’”, afirma Suar entre risas. “Pero lo digo en serio porque es muy difícil hacer reír”, asegura convencido.

Entrevista a Adrián Suar y Carla Peterson
Suar y Peterson reviven en escena la química que mostaron en La guerra de los Roses, su anterior experiencia teatral (RS Fotos)

—Son dos actores que se ve que apelan al humor en su vida cotidiana, por más que no estén catalogados como comediantes. ¿Comparten los mismos códigos del humor?

Peterson:— Sí, compartimos y creemos en el humor del otro. Yo sé que si se me ocurre algo que está bueno, él lo va a agarrar. Si hay algo que no está tan bueno, porque a veces no conviene para el tiempo o el momento, él sabe dónde ponerlo y también cómo decir que no. A veces hay remates que vemos que tienen humor, pero no lo encontramos de una manera y probamos de otra. Confío mucho en el criterio de mis compañeros, y eso te da una tranquilidad de que lo vamos a encontrar, que va a salir, que le vamos a encontrar el tono.

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—Los dos son directores de teatro, ¿les ayuda a mejorar el texto?

Peterson: —Sí, pero ese es un trabajo que hacen todos los actores.

Suar:— A veces la dirección es una mezcla. El director ordena, pero como productor, a veces cuando me toca dirigir, confío mucho en el instrumento. Digo: “Por algo te llamé, ¿qué traés? ¿Qué vas a proponer?”. Confío en el GPS propio que trae el actor para ir para allá, para acá. Eso es lindo también.

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—El teatro se convirtió en un refugio en este momento que no hay ficción en pantalla

Suar: —Y tampoco cine.

—Tampoco. Pero sí hay ficción en las plataformas. ¿Cuál es la diferencia?

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Suar:—Y las plataformas no hacen tanto. Antes hacías ficción y había dos canales que hacían, ponele, dos ficciones cada uno de cada canal, con 250 horas al año. Son 500 horas contra a lo mejor veinte ficciones de treinta minutos. Es decir, entre las dos plataformas hacen diez ficciones de, aproximadamente, ochenta o cien horas al año contra 500 que se hacían antes.

Peterson: —Pero también antes se filmaban tal vez algunas películas que no eran tan grandes. Y ahora cuesta más para alguien que está empezando, para el mundo independiente.

Suar: —Está difícil ahora, pero va a volver a tener una dinámica la tele, a lo mejor con la combinación de la plataforma con canal de aire. Los dos compartimos el costo – un costo más barato-, pero que a la plataforma le sirva para tener algo, porque necesita tener contenido. Todo esto es muy nuevo, la plataforma fuerte lleva como mucho diez años.

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Entrevista a Adrián Suar y Carla Peterson
«Siempre supe que iba a ser Carla», dice Adrián Suar sobre la actriz que imaginó para protagonizar Sottovoce (RSFotos)

—¿Adrián, en la tele te gustaría hacer ficción? ¿Tenés algún proyecto?

Suar: —Sí, estamos hablando para hacer algo en colaboración con una plataforma, ojalá se dé.

—Si la ficción es buena, la gente ve ficción

Suar: —Yo en ese sentido soy más realista. Entiendo la arenga de la ficción, que somos los mejores haciendo ficción… Sí, hay muy buena ficción, buenos actores, pero es muy difícil hacer una buena ficción. De cien, con toda la furia, para mí 20 son buenas y 80 normales. Es difícil hacer una ficción que te atrape, y no solo en Argentina, en el mundo.

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—Y cómo se viven los éxitos en las plataformas? Antes las tiras parecía durar más tiempo, un año mínimo. Hoy es un furor de un par de días.

Peterson: —Con las tiras también pasaba lo mismo. Vos entrabas todos los días en pantalla, pero después nadie se acordaba. Los chicos no saben quién sos. Y de golpe los padres sí, o las abuelas, porque yo ya tengo edad para ser abuela. Ahora con las series también. Las series de plataforma llevan mucho tiempo de producción, mucha anticipación, tienen otro tiempo de edición y salen cuando la plataforma dispone. De golpe, pasaron dos años y vos ya estás en otro proyecto. Y todo ese trabajo la gente lo consume en uno o dos días. Todos esos tiempos cambiaron y de golpe la gente ve los seis capítulos en un segundo, en vez de aguantar a que salga mañana el próximo y después el otro. Entonces también cambió la manera de la gente de esperar.

Suar: —Son explosiones. El Eternauta, veinte días, Envidiosa también veinte días. Explota cuando explota, pero después queda. Vos vas por la calle: “Te vi en El Eternauta”, es conversación. Pero lo que dice Carla es cierto, antes tardabas seis meses en ver una serie, pero también terminaba y andá corriendo a pedir fiado porque ya no te querían más. No se acuerdan. Pero en la vida también es así, con los amores, imaginate en la vida real… Pero lo que queda a través de los años es el recuerdo emocional, de haberte visto en tal o cual novela. Eso es lo bueno que te deja la tele, y nosotros agarramos una buena camada entre los 90 y entre 2010 y 2015.

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Adrián Suar Carla Peterson Sottovoce
Sottovoce utiliza el humor como vía de escape frente a los problemas reales, resaltando la función catártica del teatro (Crédito: Gabriel Machado – Gentileza prensa)

—¿Tenés en cuenta la opinión del público?

Suar:—Me ha pasado de subir a un taxi, a un colectivo y alguien me decía: “Te vi ayer. Flojo el capítulo de ayer, el actor que entró es malo. Ojo que es bueno aquel pibe”. Y ahí decís, tiene una mirada, porque el rango de estrato de la clase media, media-baja sobre todo, tiene un olfato para detectar lo que funciona. Y en un ochenta por ciento acertaban. Había algo del olor, de la intuición, que me decían: “Floja la novela” en el lenguaje que podían, porque no saben de ficción pero sí saben de mirar. Es muy interesante ese fenómeno. Y después están los dramaturgos, los autores, que te explican, te explican…, y alguien, un plomero o un panadero, te decía: “Lo vi, no me atrapó”. Y vos decías: “Tiene razón el hijo de remil puta” (risas).

—Hoy la devolución y la interacción con el público también se da en las redes. ¿Cómo se llevan con eso?

Peterson: —No sé, porque yo estaría retirándome ya de las redes [ríen]. No de la televisión, pero me agota.

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Suar: —Yo no tengo ninguna red social. No lo sé hacer, soy un inútil. El Instagram para laburar, pero me lo manejan.

Peterson: —Claro, para mi trabajo lo uso, pero cada vez menos, porque también me doy cuenta que si lo tengo en la mano puedo estar horas y no quiero perder tiempo en eso. Es una gran herramienta si la sabés usar, que no es mi caso. Y se nota que no sé usarla.

—¿Y con la inteligencia artificial? ¿La ven como una posibilidad para incorporar en el trabajo?

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Suar: —Para mí es un avance tremendo. Para algunas cosas la inteligencia artificial es buena y para otras cuando dice que puede reemplazar te da miedo. ¿Qué va a reemplazar? ¿Cuántas cosas va a reemplazar? Te da miedo. Pero algunas cosas no va a poder reemplazar nunca, y otros trabajo mutarán, como mutaron en 1902.

Los artistas protagonizan SottoVoce en su regreso al teatro luego de 15 años sin actuar juntos
Los artistas protagonizan SottoVoce en su regreso al teatro luego de 15 años sin actuar juntos (RSFotos)

—¿Qué opinión tienen de las ficciones verticales? Casi lo opuesto a lo que hablábamos de aquellas tiras que duraban un año o más…

Suar: —Si para gente es una vía de ingresos económicos y de dar trabajo, no lo veo mal. No sé si lo haría, a lo mejor como servicio de producción. Nosotros lo hacíamos, cuando en los capítulos teníamos un sobrante de escenas lo hemos hecho… En definitiva, son veinte capítulos de un minuto, lo juntás todo y se puede armar una minificción.

—Para cerrar, y volviendo a Sottovoce. ¿Cuánto se parece la familia que integran en la ficción a sus propias historias?

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Suar: —Cada familia es un mundo y hay particularidades en todas, pero acá en la comedia lo que se divide es la locura, la avaricia, la compulsión que uno tiene a raíz de una venta de una empresa familiar, no hecha por nosotros, sino por nuestros padres. Y a ver cómo nos vamos a repartir los porcentajes de la venta.

Peterson:—Y al ser una comedia, la obra también permite un juego de poder decirnos cualquier cosa y seguir adelante, porque es un chiste. Y también como en la familia, con la gente que uno más quiere, se anima a ser un poco más, no sé si es o malo, verdadero, o decir cosas que tal vez con alguien que no conocés tanto no lo harías y acá eso pasa. Son personajes que se exceden por distintas cosas, que también son juegos que nos facilitan para hacerlo más divertido, más extremo, por no decir exagerado, porque el teatro es exagerado. El teatro no es real, es un recorte y nos permite divertirnos mucho.



Adirán Suar,Carla Peterson,Sottovoce,Teatro

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CHIMENTOS

Hace 75 años nacía la televisión argentina y hoy recupera su nombre histórico: Canal 7

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La primera transmisión: Perón y Evita le hablan al pueblo en Plaza de Mayo

¿Televisor? ¿Qué es eso? Hubo un tiempo en que ese aparato era una novedad…

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Muchos años después, tras convertirse en el alimento básico de varias generaciones, un escritor estadounidense reflexionó así:

”Si queremos saber qué es la normalidad americana —es decir, lo que los norteamericanos perciben como normal—, podemos confiar en la television. Porque la razón de ser misma de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y decide cuál es su mejor perfil». (David Foster Wallace, en su ensayo E Unibus pluram, 1993)

Jaime Yankelevich viajó a Estados Unidos a comprar los primeros equipos televisivos, en honor a su hijo Miguel, fallecido anteriormente

Hoy, a medida que la tele pierde audiencia en su lucha con otras pantallas, acá, en Argentina, sopla 75 velitas.

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No casualmentre la señal estatal se prepara para recuperar el nombre de Canal 7. El aniversario remite a una trayectoria que comenzó el 17 de octubre de 1951, atravesó la etapa de Argentina Televisora Color (ATC) y llegó hasta la actual Televisión Pública.

La fecha de nacimiento de la televisión argentina quedó ligada a una transmisión política. Ese día, LR3 Radio Belgrano Televisión llevó a las pantallas el acto por el Día de la Lealtad desde la Plaza de Mayo, con Eva Perón entre las figuras centrales de la jornada. Según registros históricos, en el país había cerca de 2.500 receptores de televisión y buena parte de ellos estaba exhibida en comercios cercanos al edificio del entonces Ministerio de Obras Públicas.

El empresario Jaime Yankelevich, referente de Radio Belgrano, impulsó la instalación de los equipos que hicieron posible la emisión. La antena se ubicó en la terraza del edificio de la avenida 9 de Julio y las cámaras registraron primero la concentración en Plaza de Mayo, antes del discurso de Eva Perón.

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La emisión inaugural fue el punto de partida de una programación regular que comenzó el 4 de noviembre de 1951. La señal transmitía entonces bajo la identificación LR3 Radio Belgrano Televisión y disponía de una grilla todavía limitada por las condiciones técnicas de la época. En sus primeros años, los estudios funcionaron en distintos espacios de la ciudad de Buenos Aires, entre ellos el Teatro Alvear y el Palais de Glace.

Poco después de su lanzamiento, el canal sumó otro hito: el 18 de noviembre de 1951 televisó el partido entre San Lorenzo y River Plate desde el Viejo Gasómetro. Fue la primera transmisión de fútbol por televisión realizada en Argentina, una de las primeras señales de la relación que el medio construiría con los grandes acontecimientos deportivos.

Compilado De Canal 7 Sobre La Noticia Rebelde

Durante la década de 1950, la emisora atravesó modificaciones institucionales y de gestión. Luego del golpe de Estado de 1955, las licencias concedidas durante el gobierno de Juan Domingo Perón fueron anuladas. La aparición de los canales privados 9, 11 y 13, a comienzos de los años sesenta, consolidó a Canal 7 como la pantalla controlada por el Estado nacional.

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Según relató Gustavo Yankelevich, aquel primer viaje de su abuelo y su padre no había comenzado con el pie derecho, pero al final tuvo buenos resultados: “Les dijeron que estaban armando las máquinas, que había que esperar tres o cuatro años porque lo que había ya estaba vendido a Rusia. A mi abuelo no le quedaba mucho tiempo, estaba enfermo. Pero cuando estaba por regresar comenzó la Guerra Fría y esos equipos que iban a ir a Rusia, quedaron disponibles”.

La señal pasó por varias sedes antes de instalarse en el complejo de Figueroa Alcorta 2977, construido originalmente para la cobertura del Mundial de fútbol de 1978. Desde ese edificio, diseñado para la producción televisiva, comenzó una de las transformaciones que definirían la identidad del canal durante las décadas siguientes.

En 1973 había adoptado el nombre Televisión Argentina. Tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, Canal 7 quedó bajo la órbita del Poder Ejecutivo, mientras los otros canales estatizados fueron distribuidos entre las Fuerzas Armadas. La organización del Mundial en 1978 aceleró la construcción de infraestructura para producir y distribuir imágenes en color.

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Pinky presenta la televisión en color en la Argentina el 1ero de mayo de 1980, hace 45 años, en la pantalla de ATC, hoy TV Pública

El 3 de mayo de 1979, la fusión de Canal 7 con Argentina 78 Televisora dio origen a Argentina Televisora Color, conocida por sus siglas, ATC. La señal heredó el moderno complejo audiovisual levantado para el Mundial y quedó asociada a la llegada de la televisión color a los hogares argentinos.

La inauguración de las transmisiones regulares en color se concretó el 1 de mayo de 1980. Durante los primeros años de ATC, la pantalla combinó ciclos de ficción, humor, música, noticieros y espectáculos. Programas como 60 minutos, La noticia rebelde, Caloi en su tinta y ficciones como Andrea Celeste y Los hijos de López integraron distintas etapas de una emisora cuya programación cambió junto con los gobiernos y las autoridades de turno.

Con el regreso democrático de 1983, la señal redefinió parte de su contenido y reforzó los espacios culturales y periodísticos. En 1986, el Plan de Cobertura Nacional incorporó decenas de antenas repetidoras y amplió el alcance de la emisora. La expansión de la red permitió que el canal fortaleciera su presencia fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.

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Durante los años noventa, ATC enfrentó dificultades económicas y una fuerte competencia de las señales privadas y de los canales de noticias. La gestión de Gerardo Sofovich, iniciada en 1991, estuvo marcada por un intento de privatización que no se concretó.

En mayo de 2000, el canal fue relanzado como Canal Siete Argentina. A partir de 2006 empezó a consolidarse el uso de la denominación TV Pública, con una programación centrada en contenidos culturales, educativos, informativos, deportivos y ficciones nacionales. La creación de Radio y Televisión Argentina (RTA), a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2009, reorganizó el sistema de medios públicos nacionales.

En 1987, Susana también pasó por Canal 7 (captura TV)
En 1987, Susana también pasó por Canal 7 (captura TV)

La pantalla también emitió eventos que concentraron grandes audiencias, entre ellos los partidos de Fútbol para Todos entre 2009 y 2017 y los encuentros de la selección argentina en los mundiales. En Qatar 2022, la TV Pública volvió a transmitir de forma abierta todos los partidos del equipo nacional.

La señal estatal acaba de anunciar una programación especial por sus 75 años, además de aprovechar la efeméride para recuperar su denominación original: Canal 7. El cambio incluye una nueva identidad visual y una actualización de la estética de pantalla, según informó la propia emisora.

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El regreso del nombre reúne en una misma marca las distintas etapas de una pantalla que comenzó con tres cámaras y una emisión desde Plaza de Mayo. Setenta y cinco años después, la señal que nació como LR3 Radio Belgrano Televisión vuelve a identificarse con la denominación que durante décadas funcionó como sinónimo de televisión estatal argentina.

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CHIMENTOS

El momento más doloroso en la vida de Mirtha Legrand: la traumática muerte de Danielito, el hijo con el que se reencontraba tras una relación distante y de poca aceptación

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Antes de contar «el momento más duro y doloroso en la vida de Mirtha Legrand» hace falta, de manera ineludible, hacer una aclaración: la historia, traumática, difícil, prácticamente indigerible, sucedió en otra época. En otros tiempos. En un país, en un mundo y sobre todo en una sociedad muy diferentes de la actual, mucho menos comprensiva y mucho menos empática con un montón de cuestiones que la de estos días.

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La figura máxima del ambiente artístico argentino en toda su historia va camino a los 100 años, 27 de los cuales los lleva viviendo con el corazón, el alma y todos los sentidos cruzado por una de esas cicatrices que no cierran nunca. Mirtha desearía borrar del almanaque, de su pasado y de su existencia ese 20 de abril de 1999 en el que vio como su hijo Danielito cerraba sus ojos para siempre poco antes de cumplir los 51 años.

MIRTHA CON DANIELITO CUANDO ERA UN NENE.

Rosa María Juana Martínez, Mirtha Legrand, argentina nacida en Villa Cañás, en el corazón gringo y agrícola de Santa Fe, y Daniel Andrés Manoli Tinayre, francés de Vertheuil, tuvieron dos hijos. Al primero, un varón, lo llamaron igual que al papá: Daniel, Danielito, que nació el 20 de agosto de 1948, dos años después del casamiento de sus padres, unidos en matrimonio el 18 de mayo de 1946 en la iglesia de San Martín de Tours, en el barrio porteño de Palermo Chico.

La familia tipo de la primera mitad del siglo pasado -mamá, papá, dos hijos- se completó el 31 de octubre de 1950 con la llegada de Marcela, luego madre de los superfamosos y también polémicos Nacho y Juanita Viale y del por ahora perfilbajero Rocco Gastaldi. Cuando dio a luz a sus descendientes, Mirtha ya era una actriz de gran predicamento.

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Esa popularidad y ese reconocimiento fueron creciendo con los años y resultaron, probablemente, los primeros obstáculo que encontró Danielito en la relación con la mamá. Mirtha salía cada vez más en las revistas (en aquel momento no había programas de chimentos y casi tampoco de espectáculos, incluso la televisión era una novedad) y él supo desde siempre que no quería ser famoso ni estar expuesto a las lucecitas de colores.

LA DIVA CON SUS DOS HIJOS: DANIELITO DE UN LADO, MARCELA TINAYRE DEL OTRO.
LA DIVA CON SUS DOS HIJOS: DANIELITO DE UN LADO, MARCELA TINAYRE DEL OTRO.
MIRTHA, DANIEL TINAYRE Y DANIELITO.
MIRTHA, DANIEL TINAYRE Y DANIELITO.

LA SILENCIOSA VIDA DE DANIELITO TINAYRE, EL HIJO DE MIRTHA LEGRAND

Danielito evadió los flashes y las notas, lo que aumentó el misterio en torno a su personalidad y a su relación con la gran diva argentina. Lo que se sabe fue aportado por otros, no por él, quien siempre vivió su vida en silencio. Estudió veterinaria, en algún momento de su juventud se fue a vivir a París, no tenía una relación tan fluida ni tan aceitada con Mirtha y, en virtud de esa carencia y de esa necesidad de afecto, construyó un vínculo mucho más cercano y mucho mas compinche con su tía Goldie.

«Fue su confidente», se dijo alguna vez. Para quienes conocieron de cerca ciertas cuestiones relacionadas al clan con más linaje de la farándula Argentina, Goldie fue la primera que conoció los secretos de Danielito, aquellos que Mirtha, tradicionalista, estructurada, conservadora, en su momento no logró entender ni aceptar.

A PESAR DE LAS SONRISAS PARA LAS FOTOS, EL DIALOGO ENTRE DANIELITO Y SU FAMOSA MADRE NUNCA FUE MUY FLUIDO.
A PESAR DE LAS SONRISAS PARA LAS FOTOS, EL DIALOGO ENTRE DANIELITO Y SU FAMOSA MADRE NUNCA FUE MUY FLUIDO.

Se debe repetir, en este punto, que era otro país, otro pensamiento, otra cabeza, otra mente, otra manera de expresarse y otras maneras de vivir y de pensar. No había cancelaciones ni palabras políticamente correctas. Lo que salía «de lo habitual» era «raro», «anormal». En algunos casos hasta se hablaba de enfermedades. No existían «colectivos», «minorías con derechos» ni mucho menos leyes que las representaran o las defendieran.

Algunos gustos, o preferencias, eran poco aceptados. La leyenda cuenta, en ese sentido, que Mirtha Legrand confesó en una oportunidad que nunca pudo hablar con su marido sobre la vida íntima, privada y afectiva de su hijo Danielito. La que lo comprendía, lo cobijaba, lo escuchaba y lo apoyaba, según dicen, siempre fue Goldie.

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DANIELITO TINAYRE, VALIENTE ANTE EL RECHAZO

Por supuesto que Danielito igual hizo su vida. No iba a cambiar lo que sentía por una imposición ajena. Por más que sus padres, con la cabeza formateada en los años 20 o 30 hubieran preferido otra cosa o le dieran la espalda, él no iba a ir en contra de sus deseos. Eso también le quitó abrigo a la relación con Mirtha, que ya era fría.

LA MUERTE DE DANIEL TINAYRE, SE DICE, LOS ACERCO UN POCO.
LA MUERTE DE DANIEL TINAYRE, SE DICE, LOS ACERCO UN POCO.

Danielito y Mirtha empezaron a acercarse tras la muerte de Daniel, el patriarca, ocurrida el 24 de octubre de 1994. La Legrand tenía 67 años y quien era su marido 84. Sí, él le llevaba 17 años. Estuvieron juntos 48, por lo que se desprende que ella era muy joven y él ya un caballero recibido de señor cuando empezaron a transitar el amor que los marcaría para toda la vida.

El dolor los volvió a reunir, y en esas horas de angustia y borrasca madre e hijo repensaron la relación, tras lo que pusieron manos a la obra para relanzarla y reencontrarse. Algunas cosas las pudieron concretar, otras quedaron pendientes. Cinco años más tarde, para el comienzo del otoño de 1999, Danielito cayó enfermo y ya no se recuperaría.

Dos versiones han ganado la escena acerca de la dolencia que transitó el más enigmático de los integrantes de la familia Legrand. Los rumores hablaron de HIV, una enfermedad que hoy se trata pero en ese momento era incurable. Y también estigmatizante. «La peste rosa» le decían por entonces. Por otra parte, la voz oficial habló de un cáncer de páncreas fulminante y letal, y de algunos síntomas tempranos (dolores en la espalda, por ejemplo) que el muchacho dejó pasar sin advertir que eran llamados de atención.

DANIELITO ERA ARTISTA Y VETERINARIO.
DANIELITO ERA ARTISTA Y VETERINARIO.

EL FINAL DE DANIELITO TINAYRE, EL GRAN DOLOR DE MIRTHA LEGRAND

Danielito, pobre, desmejoraba día a día, lo que llevó a Mirtha a tomar una última decisión solidaria y angustiante: armó una suerte de «hospital de campaña» en su propio departamento y se llevó a Danielito a vivir con ella. Además, suspendió todas sus actividades laborales y pasó al lado de él cada minuto de sus últimos dos meses con vida.

Lo acompañaron otros familiares -solo los muy cercanos- una asistente-enfermera-cocinera de nombre Elba y su gran compañero de toda la vida, Roberto Gerosa.

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«A él le encantaba la naturaleza y siempre me pedía ver los árboles, el cielo y el sol. Recuerdo que abrí la ventana porque era lo que él quería, observó, cerró los ojos y ahí comprendí que había muerto. Pero por favor, cambiemos de tema». Han pasado muchos años, casi 30, pero a Mirtha le sigue doliendo como el primer día, esa fecha que quisiera borrar de su almanaque.

LAS SOBRECOGEDORAS TAPAS DE GENTE TRAS LA MUERTE DE DANELITO TINAYRE.
LAS SOBRECOGEDORAS TAPAS DE GENTE TRAS LA MUERTE DE DANELITO TINAYRE.

 

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Mirtha Legrand, Danielito Tinayre

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CHIMENTOS

La vida extraordinaria de Noëlle Balfour: de su relación con Gustavo Cerati al día en que Axl Rose la llamó al escenario

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Guns N’ Roses en el estadio de River en diciembre de 1992. En el escenario, el cantante Axl Rose se dirige al público asistido por la intérprete Noëlle Balfour

Hay historias que permanecen en silencio durante años, como si el tiempo pudiera acomodarlas en algún rincón de la memoria y mantenerlas a salvo de las preguntas ajenas. Historias que transcurren lejos de los escenarios, cuando todavía no existe la dimensión de lo que vendrá después.

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Para Noëlle Balfour, una de esas historias tiene nombre y apellido: Gustavo Cerati. Antes de que el líder de Soda Stereo se convirtiera en una de las figuras fundamentales del rock en español, ella conoció al hombre detrás de las canciones, compartió con él una etapa intensa de su vida y atravesó experiencias que, hasta ahora, había preferido conservar para sí misma.

Su vida también parece escrita con la estructura imprevisible de una novela: una joven que empieza a trabajar frente a las cámaras cuando todavía es adolescente, una historia de amor con uno de los músicos más influyentes de la historia latina, viajes por Europa, una experiencia tan extraordinaria como intimidante junto a Guns N’ Roses y una mudanza a Los Ángeles que terminaría abriendo una nueva etapa profesional.

Durante décadas, muchas de esas vivencias permanecieron en un territorio íntimo, lejos de las entrevistas y de la exposición pública. Hasta que decidió sentarse a escribirlas.

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Zeta Bosio y Gustavo Cerati posan junto a Noelle Balfour y dos amigos en una cocina en Sydenham, Londres, durante su estancia en junio de 1986.

El resultado es Cerati y yo, el libro que reúne recuerdos, episodios personales y situaciones que, según anticipa su autora, pueden resultar tan difíciles como divertidas. Noëlle lo escribió hace cuatro años, pero su publicación llega después de un proceso que, en sus palabras, empezó mucho antes de sentarse frente a una página: comenzó cuando se animó a recuperar experiencias que había mantenido guardadas durante demasiado tiempo.

“Creo que, en primer lugar, yo escribo hace muy poco tiempo. Empecé a escribir durante la pandemia”, contó en diálogo exclusivo con Teleshow. Su primer libro fue Seventeen Days in the Jungle, escrito en inglés, una experiencia que le permitió descubrir que podía contar historias y que había lectores dispuestos a acompañarla. Cuando terminó ese trabajo, sintió la necesidad de volcar en otro texto una parte fundamental de su vida.

“Sentí la necesidad de volcar así como un volcán en erupción, largar todas esas historias, pero sobre todo esta historia que es una parte muy importante de mi vida, sobre una persona que es muy importante para mucha gente y sigue siéndolo”, explicó sobre el impulso que la llevó a escribir acerca de Cerati.

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No fue, sin embargo, una decisión tomada para responder a las preguntas que durante años le hicieron sobre su pasado ni una estrategia pensada desde el comienzo para convertir sus recuerdos en un libro. Noëlle asegura que la escritura nació de una necesidad personal, de una acumulación de episodios que no había terminado de procesar y que, hasta entonces, permanecían en el fondo de su memoria.

Portada de libro con el título Cerati y yo en letras amarillas, el nombre Noëlle Balfour en blanco y el sello Trillas en la parte inferior
La portada del libro Cerati y yo, escrito por Noëlle Balfour y publicado por la editorial Trillas, presenta un fondo abstracto de tonos oscuros y anaranjados.

“Yo escribí el libro principalmente para mí”, remarcó. Y describió el primer momento de la escritura como una descarga: escribió de un tirón, sin detenerse demasiado en las consecuencias de lo que estaba poniendo en palabras, y después comenzó el trabajo más delicado de revisar, ordenar y volver sobre cada escena.

“Nunca hablé de estos temas con la gente y son historias guardadas, o historias que la gente me preguntó y les di poco detalle, no quería sacarlo de adentro mío. Creo que estaba todo empujado al fondo de mi alma”, contó. Para encontrar el tono y la medida de lo que quería narrar, recurrió a una amiga en la Argentina, con quien compartía las páginas que escribía y conversaba sobre ellas. También necesitó ayuda con el idioma: hace más de tres décadas que vive fuera del país y reconoce que el español ya no le resulta tan espontáneo como antes.

La escritura se convirtió así en una forma de volver a un tiempo que había quedado suspendido. Tuvo que revisar una y otra vez sus propios recuerdos, distinguir lo que quería contar de aquello que prefería reservar y encontrar una distancia posible frente a experiencias que todavía conservaban su carga emocional. “Hay partes muy duras, hay partes muy divertidas”, anticipó sobre el libro, que también incluye historias relacionadas con otras personas conocidas y situaciones que, según asegura, pueden sorprender a los lectores.

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Terminarlo tampoco fue sencillo. Para ella, cerrar un libro tiene algo de despedida y, al mismo tiempo, de comienzo. “Yo vivo adentro de mis libros mientras los escribo”, explicó. Por eso, cuando llega el momento de poner el punto final, aparece cierta tristeza por abandonar ese universo y, enseguida, la tarea de volver a leerlo, corregirlo y revivirlo tantas veces como sea necesario. En el caso de Cerati y yo, esa revisión implicó regresar a una historia personal que había mantenido en silencio durante años.

Un hombre con gafas de sol y chaqueta con insignias abraza a una mujer con ropa de mezclilla en una toma de plano medio sobre fondo oscuro
El músico Stuka y la modelo Noelle Balfour posan juntos durante una producción fotográfica para la marca de indumentaria Ona Saez.

Noëlle nació en Nueva York y se crió en Buenos Aires. Desde los 13 años trabajó como modelo y actriz. Su madre, traductora en las Naciones Unidas, había despertado en ella desde muy chica el interés por los idiomas y las culturas.

“Empecé a los trece años. Lo primero que hice fue una publicidad con Luis Puenzo como director”, recordó. Después llegaron más comerciales, el modelaje, la televisión y el cine. Trabajó durante años y tuvo como representante a Ricardo Piñeiro, una de las figuras centrales del mundo de las modelos en Buenos Aires durante aquella época.

Para ella, la actividad nunca fue un pasatiempo. “Nunca jamás pensé que era un hobby”, sostuvo. Aunque admite que las remuneraciones no siempre eran buenas, aquel trabajo le permitía sostenerse y definía su identidad profesional. No era alguien que se acercara a las cámaras para probar suerte durante un rato: trabajaba, tenía agente y construía una carrera.

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No conocía a Soda Stereo ni seguía especialmente las novedades de la música argentina de aquel momento. La primera aproximación fue indirecta: una amiga le habló de una canción de la banda que sonaba en la radio de un taxi. Después la invitó a un concierto, al que Noëlle fue sin saber demasiado quiénes eran los músicos que tenía enfrente.

Tres mujeres con sombreros, camisas y pantalones de mezclilla posan sobre un logotipo de la marca Studio Q
Las modelos Noelle Balfour y Karina Rabolini posan en una campaña publicitaria de la marca de indumentaria Studio Q lanzada en 1985.

“Yo no sabía quiénes eran. Yo no sabía quién era Gustavo Cerati, pero tampoco Soda Stereo. Eran nuevos y, honestamente, yo no escuchaba tanta música argentina en ese momento”, recordó. Aquella primera presentación no fue el comienzo inmediato de una relación. Fue, más bien, una escena que adquirió otro significado con el paso del tiempo.

Poco después, durante el verano, viajó con una amiga a Pinamar. Soda Stereo estaba tocando allí y Noëlle volvió a cruzarse con el grupo, aunque todavía no había ido con la intención de conocer a sus integrantes. En ese contexto, cuando la banda comenzaba a ampliar su público, se produjo el encuentro con Cerati que cambiaría el rumbo de su vida personal.

En 1985, Soda Stereo ya había publicado Nada personal, su segundo álbum, y empezaba a consolidar una presencia cada vez más importante en la escena musical argentina. El crecimiento del grupo avanzaba a la par de una agenda intensa de ensayos, presentaciones y viajes. Noëlle conoció a Gustavo en ese momento de transición: cuando el músico todavía podía moverse entre el trabajo con sus compañeros, los escenarios y una vida privada que empezaba a quedar condicionada por la popularidad.

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La relación sentimental avanzó mientras Soda Stereo crecía. Noëlle acompañó de cerca parte de ese proceso, asistió a ensayos y presentaciones y conoció una dimensión de Cerati que no era necesariamente la que el público veía desde abajo del escenario. Sin embargo, el aumento de la fama también trajo sus propias dificultades. A la intensidad de la vida cotidiana se sumaron las tensiones que generaba la relación y el rechazo que, según el relato biográfico que acompaña la historia, encontró en parte del entorno familiar del músico.

Tres mujeres posan sobre un fondo claro: una de pie con ropa azul y dos sentadas con sudadera y camisa a cuadros
Las modelos Noelle Balfour y Karina Rabolini posan junto a otra joven en una producción de moda de 1985.

En medio de esa dinámica, el desgaste empezó a hacerse sentir. La relación terminó formalmente en 1986, el mismo año en que Soda Stereo grabó Signos, un disco fundamental en la trayectoria de la banda.

Noëlle continuó con su carrera y se trasladó a España. Pero la separación no significó que sus caminos quedaran definitivamente apartados. Durante un viaje a París volvió a encontrarse con los integrantes de Soda Stereo y, más adelante, Cerati la invitó a pasar unos días con ellos en Londres. El vínculo sentimental volvió a aparecer, aunque sin que la pareja retomara formalmente la relación.

Fue entonces cuando se desarrolla uno de los capítulos más delicados de aquella historia, atravesada por decisiones íntimas y circunstancias que dejaron una marca en su vida.

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Tiempo después, Cerati se casaría con la modelo con la que Noëlle compartía departamento en España. Pero la escritora mantiene una posición cuidadosa al hablar de aquel vínculo y de la intimidad del músico. En la entrevista con Teleshow, cuando se le planteó la importancia que había tenido en aquella etapa de la vida de Cerati y el contexto de la grabación de Signos, prefirió no convertir la conversación en una confirmación de interpretaciones ajenas.

Portada de revista con el título Playboy y una mujer de cabello rizado largo, guantes negros y collar de perlas junto a varios titulares
La modelo Noelle Balfour encabeza la portada de la edición argentina de la revista Playboy publicada en abril de 1987.

“Eso son cosas que dice la gente. Yo no”, respondió entre risas. Y enseguida explicó el límite que se impone al reconstruir esos años: “Si Gustavo nunca dijo nada al respecto, yo no estoy acá para decir nada que él no haya dicho”.

Esa aclaración es central para entender el lugar desde el que escribió Cerati y yo. No busca presentarse como la voz definitiva sobre la vida privada de una de las figuras más importantes del rock argentino. Su intención es contar su propia experiencia, reconstruir lo que vivió y dejar constancia de una parte de su historia sin adjudicarle al músico declaraciones que nunca hizo.

De regreso a la Argentina, volvió a acercarse al mundo de la música y comenzó a trabajar como intérprete ocasional para bandas internacionales. Antes de Guns N’ Roses había viajado con grupos como Psychedelic Furs y B-52’s, aunque sus tareas eran muy distintas de las que terminaría enfrentando con Axl Rose. En aquellos casos, las consultas eran básicas: cómo llegar a un lugar, dónde estaba la entrada, dónde comprar cigarrillos o conseguir una Coca-Cola.

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La diferencia entre esas pequeñas traducciones y la situación que la esperaba en el escenario de River Plate fue abismal. Noëlle todavía no dominaba el inglés y, según cuenta, su conocimiento del idioma era muy limitado. Sin embargo, en diciembre de 1992 se encontró en medio de una situación que no había imaginado y que, décadas más tarde, seguiría siendo una de las escenas más recordadas de su trayectoria.

Tres fotografías de una mujer y un hombre posando con ropa casual en un recorte de revista con texto impreso
La modelo Noelle Balfour posa junto a un modelo masculino en una producción gráfica de moda para la marca Wrangler.

La historia ocurrió durante la gira sudamericana de Guns N’ Roses, cuando la banda llegó a la Argentina para presentarse en el estadio de River Plate. En diciembre de 1992, el grupo atravesaba uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera y sus recitales eran acontecimientos multitudinarios. El clima en el estadio se volvió tenso cuando comenzaron a arrojar objetos hacia el escenario y Axl Rose interrumpió el show para reprender a los espectadores.

En ese contexto, Noëlle fue llamada para interpretar sus palabras. La escena quedó registrada en imágenes que volvieron a circular con los años y que permitieron reconstruir el desconcierto de aquella joven que, sin haber sido preparada para una intervención de esa magnitud, terminó frente a miles de personas en una de las noches más intensas de su vida.

Ella ya había viajado con otras bandas, pero nunca le habían pedido algo semejante. “Mi inglés era paupérrimo, nulo. Era ‘yes’, ‘no’, cuatro cosas entendía”, recordó con humor. Hasta entonces, sus tareas consistían en resolver cuestiones prácticas. No tenía experiencia interpretando discursos extensos, y mucho menos traduciendo en tiempo real las palabras de un cantante enfurecido frente a una multitud.

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“En mi vida me esperé que me llamaran al escenario”, contó. La convocatoria de Axl la tomó completamente desprevenida. Mientras intentaba entender por qué la necesitaba, el cantante comenzó a caminar y se alejó de ella, justo cuando más necesitaba escucharlo.

Retrato en blanco y negro de una mujer con el cabello largo y rizado que viste una prenda oscura con escote pronunciado
Noelle Balfour posa para un retrato fotográfico en blanco y negro durante una sesión realizada en 1993.

En ese primer instante, la llamada del cantante fue para explicarle al público que había rumores infundados sobre la actitud de la banda con el país y su entorno.

Noëlle explicó que suele apoyarse en la lectura de los labios para comprender mejor a una persona. Para ella, observar la boca, los labios y los movimientos de la lengua es una manera de completar lo que el oído no alcanza a captar. Pero aquella noche, en medio del ruido del estadio, Axl se fue alejando hasta quedar fuera de su campo visual.

“Yo le miro la boca a la gente para poder escuchar lo que dice y entender. Para mí no es fácil mirar a alguien a los ojos y escuchar. Es mucho más fácil mirarle la boca”, explicó. En River, sin embargo, perdió esa posibilidad: el cantante se alejó, el sonido de la multitud se impuso y ella dejó de entender lo que decía.

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El recuerdo todavía le provoca una mezcla de vergüenza y risa. “No pude verle más la boca, no pude escuchar más absolutamente nada. El horror absoluto, el horror absoluto. Creí que me moría. Quería que se abriera la tierra instantáneamente y que me tragara, porque era imposible sobrevivir eso”, relató.

Fragmento del episodio «The Abstinence», noveno de la octava temporada de «Seinfeld». George Costanza y Elaine Benes sentados en una cafetería mientras revisan documentos y libros. Posteriormente, una camarera interpretada por la actriz argentina Noelle Balfour le sirve café a George mientras este escribe en una libreta.

La situación se repitió cuando Axl volvió a llamarla, pero la comunicación ya no sería en buenos términos. En las dos intervenciones posteriores, según recuerda, el cantante permaneció más cerca de ella y la comunicación resultó menos complicada. Noëlle no sabe si él comprendió por sí mismo el problema que estaba teniendo o si simplemente se quedó en el lugar por otra razón. Lo cierto es que, al poder verlo y captar mejor sus palabras, ella consiguió interpretar con más precisión la esencia de lo que decía.

Axl Rose estaba furioso y descargaba su enojo con insultos. Noëlle, en cambio, tenía instrucciones de no reproducir las malas palabras en sus traducciones. Así, mientras el cantante soltaba una catarata de improperios, ella debía encontrar sobre la marcha una manera de suavizar el mensaje sin dejar de transmitir la tensión del momento.

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“Él no hacía más que putear”, recordó. Y agregó que, detrás del escenario, le habían pedido expresamente que no hiciera lo mismo al traducir. “Tenía que inventar inmediatamente algo pueril, infantil. Algo para menores de dieciocho”.

El contraste era casi absurdo: de un lado, una estrella de rock enfurecida que exigía respuestas a un público que arrojaba objetos; del otro, una intérprete que debía transformar insultos en expresiones mucho más suaves, en medio de un estadio ensordecedor y sin la posibilidad de escuchar todas las palabras. Noëlle tuvo que improvisar y resolver cada momento con los recursos que tenía a mano.

Una mujer de cabello castaño sonríe a la cámara mientras sostiene un perro negro pequeño en una playa de arena
Noelle Balfour sonríe mientras sostiene a un perro pequeño en una playa abierta frente al mar.

“‘You motherfucking piece of…’. Era imposible”, recordó entre risas, al reproducir el tono de las palabras de Axl. La escena, que en aquel momento vivió como una pesadilla, terminó convirtiéndose con los años en una anécdota extraordinaria, tanto por la magnitud del espectáculo como por las condiciones en las que tuvo que desempeñar su trabajo.

La experiencia no se limitó a la Argentina. La gira también la llevó a Chile, donde, según aclaró durante la entrevista, fue donde se registró la cifra de cien mil personas.

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Noëlle también estaba trabajando en una telenovela en aquel momento, Princesa, protagonizada por Maricarmen Regueiro y Gabriel Corrado. La imagen de una joven que transitaba simultáneamente por la televisión y por los escenarios internacionales ayuda a entender por qué describe esa etapa como una sucesión de experiencias intensas, difíciles y, al mismo tiempo, extraordinarias. “Yo no puedo estar más agradecida al universo y a la vida de haber vivido todas esas experiencias, porque me encantaron, a pesar de que eran bravísimas”, afirmó.

La repercusión de la intervención de Noëlle no fue inmediata. Meses después de los recitales, se mudó a Los Ángeles y perdió el contacto cotidiano con lo que sucedía en la Argentina. Todavía no existían las redes sociales como las conocemos hoy y la circulación de imágenes y comentarios tenía otra velocidad. Durante un tiempo, aquella experiencia quedó atrás, como un episodio más de una vida que ya estaba cambiando de rumbo.

Primer plano del rostro de una mujer de cabello oscuro y largo que sonríe
Noelle Balfour mira a la cámara y sonríe durante una toma de primer plano.

Pero, con el paso de los años, comenzó a leer críticas sobre su desempeño. Algunas radios la llamaban para preguntarle por Guns N’ Roses y ella respondía sin imaginar que, en internet, se estaban acumulando comentarios que cuestionaban su capacidad como intérprete.

“Empecé a ver las atrocidades que decía la gente sobre mí y mi interpretación”, recordó. “Y yo me horroricé con todo lo que vi. Eran miles de comentarios que se empezaron a acumular todos en internet”. Las críticas apuntaban a su conocimiento del inglés y a la forma en que había traducido a Axl Rose durante aquellos episodios en River.

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Decidió dejar de leer. No encontraba utilidad en volver una y otra vez sobre las opiniones de quienes juzgaban la escena sin conocer las condiciones en las que se había producido. Su explicación, con la perspectiva que le dieron los años, es directa: no dominaba el inglés, no podía escuchar al cantante cuando se alejaba y, además, tenía prohibido reproducir los insultos que él decía.

“Número uno, yo no sabía inglés. Número dos, no lo escuchaba. Número tres, no podía putear. Muchas cosas juntas”, resumió. Lo que para una parte del público había sido motivo de burla, para ella se convirtió en una historia que podía contar desde otro lugar, sin el peso de la humillación inicial.

Primer plano de una mujer con el cabello largo y ondulado que lleva una flor blanca detrás de la oreja, con ramas de árboles encima
Noelle Balfour posa al aire libre con una flor blanca en el cabello bajo la sombra de unos árboles.

Con el tiempo, incluso encontró una ironía en el modo en que cambió la percepción sobre su intervención. “Primero me humillaron diciéndome que era la peor intérprete del mundo”, contó entre risas. “Y ahora soy la más diplomática del mundo y me adoran”.

Por su parte, la mirada que conserva sobre el músico no está definida por aquel momento de furia. Al contrario, cuando se le preguntó por el trato personal con Axl y con los demás integrantes de Guns N’ Roses, habló de una experiencia que la sorprendió por razones muy distintas.

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“Me pareció un tipo amoroso, generosísimo, generoso con sus fans, cuidadoso”, afirmó. Noëlle tuvo que interpretar también conversaciones con seguidores que se acercaban a hablar con el cantante y pudo observar el comportamiento de la banda fuera del escenario. Su recuerdo es el de un grupo educado, sin las actitudes de divismo que algunos podrían haber esperado de estrellas de semejante magnitud.

“Todos eran bien educados”, insistió. Y evocó una imagen que le quedó grabada: Axl sentado en una habitación, regalando zapatillas a los fans, arrojándolas por una ventana. “Nuevas, impecables, con el logo de Guns N’ Roses”, precisó. Para ella, aquella escena decía más sobre el trato del cantante con sus seguidores que las imágenes de su enojo frente al público.

Noelle Balfour con anteojos de marco negro y abrigo oscuro mira hacia la cámara sentada dentro de un vehículo
Noelle Balfour mira a la cámara desde el interior de un vehículo mientras viste un abrigo oscuro y anteojos de marco negro.

“No, en absoluto”, respondió cuando le preguntaron si había percibido aires de divismo. “Si los tenían o los tuvieron, no fue conmigo. Nunca”.

Después de aquella gira, Noëlle se mudó a Los Ángeles, aproximadamente en febrero o marzo del año siguiente, según su recuerdo. La decisión abrió una etapa completamente distinta. La ciudad que había conocido como destino profesional se convirtió en su lugar de residencia y en el escenario de una transformación personal: allí aprendió inglés por inmersión, siguió trabajando como actriz y modelo, y buscó la manera de sostenerse en una industria tan competitiva como imprevisible.

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Su carrera incluyó una participación en Seinfeld, la famosa serie estadounidense. También actuó en otras producciones y continuó presentándose a audiciones. Uno de sus primeros trabajos en ese período fue en Cosmic Slop, una producción vinculada a los hermanos Hudlin, en la que interpretó a la Virgen María. Para ella fue una oportunidad importante, aunque el recorrido profesional no siempre resultó sencillo.

Los Ángeles, explicó, puede ser un lugar especialmente duro para quienes llegan con la expectativa de triunfar en el cine o la televisión. “Los Ángeles es donde vienen los sueños a morir”, dijo, con una frase que condensa la distancia entre la fantasía de una carrera artística y la realidad de sostenerla todos los días. La competencia era enorme, las oportunidades escasas y, mientras esperaba audiciones, tenía que encontrar trabajos que le permitieran pagar sus gastos.

Noëlle se resistía a abandonar la actuación para dedicarse a otra actividad. Seguía buscando oportunidades en el mundo audiovisual, con agentes y audiciones, aun cuando debía superar una dificultad adicional: todavía no hablaba inglés.

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“Yo aprendí el inglés cuando me mudé a Los Ángeles”, explicó. Su método fue tan sencillo como exigente: escuchar la radio y mirar televisión en ese idioma, hablar con la gente y pedir que le repitieran las frases cuando no entendía. Volvió a recurrir a la observación de los labios, una herramienta que ya utilizaba para comprender mejor a sus interlocutores.

Primer plano de Noelle Balfour sonriendo con cabello largo castaño y abrigo marrón en el interior de un vehículo
Noelle Balfour sonríe a la cámara mientras viste un abrigo de color marrón en el interior de un vehículo.

Con el tiempo, esa experiencia también la llevó a replantearse su vínculo con la actuación. Después de muchos años trabajando frente a las cámaras, comenzó a sentir que necesitaba otro camino. No se trató de una decisión repentina ni de una renuncia motivada por un único episodio. Fue el resultado de una vida profesional que había empezado a los 13 años y que, para entonces, ya le había dado una enorme cantidad de experiencias.

Más adelante se inscribió en un programa de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y se graduó como traductora e intérprete en áreas criminales, civiles, legales y médicas. Sin embargo, tampoco ese recorrido terminó de convencerla. Trabajó durante un tiempo en ese ámbito y luego se acercó a la locución, una actividad que le permitió poner su voz al servicio de publicidades de radio y televisión, películas y videojuegos.

La escritura apareció después de otro viaje transformador, esta vez a la selva peruana. De aquella experiencia extrema nació Seventeen Days in the Jungle, su primer libro terminado y publicado. El resultado le permitió descubrir una faceta que no había explorado de esa manera y que, durante la pandemia, se convertiría en una nueva actividad central.

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Hoy, Noëlle reparte su tiempo entre la escritura, la enseñanza del español y el trabajo como intérprete. Vive en Los Ángeles y organiza sus actividades desde su casa, por teléfono, videollamada o computadora. Trabaja con abogados y médicos, y también enseña español a estudiantes angloparlantes. La dinámica le permite manejar sus horarios y elegir cómo quiere vivir.

“Son todos trabajos que me encanta hacer: escribir, enseñar e interpretar”, contó. “Me divierto y tengo mis propios horarios. Por eso te puedo atender el teléfono a la mitad de la tarde, sin tener ninguna otra presión”. Después de tantos años de actividad frente a las cámaras y de experiencias en escenarios multitudinarios, encontró una rutina más reservada, alejada de la exposición pública.

Afiche de película con el título Luna Caliente e ilustraciones de dos hombres, una mujer cubierta con una sábana y un automóvil accidentado.
El cartel cinematográfico de la película Luna Caliente anuncia un reparto encabezado por Federico Luppi, Humberto Zurita y Olga Zubarry, con Noelle Balfour (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa preferencia por la intimidad también se refleja en su relación con la tecnología. Noëlle admite que es una persona reclusa, que sale poco y que no participa demasiado de la vida pública. Le gusta hablar por teléfono, encontrarse con amigos, compartir una comida o conversar cara a cara. No le entusiasma la idea de que los vínculos dependan exclusivamente de las pantallas.

Mientras tanto, sigue escribiendo. Después de Seventeen Days in the Jungle y Cerati y yo, tiene otros dos libros que esperan encontrar editorial. Su presente profesional está lejos de la modelo adolescente que comenzó con una publicidad o de la intérprete que, sin esperarlo, terminó frente a Axl Rose en un estadio repleto. Pero esas etapas no desaparecieron: forman parte de la misma biografía que ahora se permite revisar y narrar.

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En ese recorrido también hubo un reencuentro con Cerati, años después de que la relación quedara atrás. Tras mucho tiempo sin saber de él, Noëlle recibió un mensaje del músico por Facebook para que fuera a verlo tocar en Los Ángeles. Aquella invitación le permitió volver a encontrarse con alguien que había sido importante en su vida y con quien compartía recuerdos que, durante años, permanecieron sin una conversación pública.

En ese reencuentro pudo preguntarle por algunas alusiones que creía reconocer en sus canciones. Fue uno de los pocos encuentros que tuvo con él antes del accidente cerebrovascular que cambiaría para siempre la vida del músico y conmovería a sus seguidores.

La publicación de Cerati y yo llega, entonces, desde un lugar complejo: el de una mujer que quiere contar su propia historia sin apropiarse de la de otro, que vuelve sobre una relación que formó parte de su juventud y que reconoce la dimensión que Cerati conserva para millones de personas. Su cuidado al hablar de él no implica negar lo vivido, sino establecer un límite entre los recuerdos personales y aquello que solo el propio músico podría haber confirmado.

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Noëlle Balfour no es solamente la mujer que amó a Gustavo Cerati ni la intérprete que quedó asociada para siempre a una escena de Guns N’ Roses. Es también alguien que empezó a trabajar cuando todavía era una adolescente, aprendió a reinventarse cada vez que cambió de país y encontró, muchos años después, una forma distinta de mirar su pasado.



Gustavo Cerati,Zeta Bosio,Noelle Balfour,Londres

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