POLITICA
Advierten que la ley por Malvinas incluye amenazas a la libertad de expresión y riesgos de censura

El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el gobierno de Javier Milei envió al Congreso generó cuestionamientos por las posibles limitaciones a la libertad de expresión y de prensa y los riesgos de censura que podrían derivarse de algunos de sus artículos. La iniciativa incorpora nuevos delitos vinculados con la “desinformación masiva”, la “manipulación de la opinión pública”, la influencia extranjera y las operaciones clandestinas, con penas que parten de cinco años de prisión y, en algunos casos, llegan hasta 20. Constitucionalistas y dirigentes de la oposición consultados por Infobae advirtieron sobre tipos penales abiertos, márgenes de discrecionalidad y un eventual efecto intimidatorio que podría favorecer la autocensura.
“Hay riesgos claros de censura previa a través de lo que se llama el efecto intimidante”, afirmó el constitucionalista Andrés Gil Domínguez, quien cuestionó la combinación entre definiciones que considera indeterminadas y sanciones penales elevadas. “El miedo a un tipo penal de estas características. Vos empezás a cuidar lo que vas a decir”, explicó.
El principal punto de controversia está en el artículo 111 del proyecto, que propone incorporar un nuevo artículo 225 bis al Código Penal. La norma establece entre cinco y doce años de prisión para quien, actuando por cuenta, orden o financiamiento total o parcial de un Estado extranjero, una organización o un agente extranjero, procure alterar procesos electorales o “manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”. La pena aumenta a ocho a quince años cuando la conducta se comete mediante amenazas, sobornos, coerción o utilización de estructuras criminales.
La discusión sobre la libertad de expresión también abarca el artículo 88, que contempla como infracción contra la Seguridad Nacional determinadas conductas vinculadas con un Estado u organización extranjera que interfieran, mediante medios “clandestinos, engañosos o coercitivos”, en el proceso decisorio de las autoridades argentinas. El artículo 90 convierte al Consejo de Seguridad Nacional en autoridad de aplicación de ese régimen y el artículo 97 le permite tomar medidas urgentes frente a una amenaza considerada “grave e inminente”, incluso antes de que se inicie formalmente un procedimiento sancionatorio.
Desde el Gobierno aclararon que la aplicación de esos artículos solo apunta respecto de “quien actúa por cuenta y orden de un Estado u organización extranjera para generar campañas de desinformación masivas en el territorio” y resaltaron que la iniciativa “no tiene nada que ver con perseguir al periodismo”.
“Se deberá demostrar que la campaña fue masiva, y que se actuó por cuenta y orden de un Estado extranjero o con su financiamiento”, destacaron.

Las dudas sobre la definición de desinformación
Más allá de las aclararciones oficiales, el cuestionamiento central apunta a quién determinará qué constituye “desinformación”, cuándo una campaña busca “manipular la opinión pública”, qué convierte un mecanismo de comunicación en “engañoso” y cuáles serán los parámetros para definir una amenaza a la Seguridad Nacional. Esas preguntas adquieren relevancia por la escala de las sanciones: una interpretación sobre esos conceptos puede abrir una investigación por delitos cuyo mínimo es de cinco años de prisión.
La figura del artículo 111 exige expresamente una conexión con el exterior. El imputado debe actuar por cuenta, orden o con financiamiento total o parcial de un Estado, organización o agente extranjero. Ese elemento restringe el universo de conductas alcanzadas. Sin embargo, para los especialistas consultados por Infobae, la norma no define qué condiciones convierten información falsa o controvertida en una “campaña coordinada de desinformación masiva” ni qué elementos permiten demostrar que una persona procuró “manipular la opinión pública”.
Gil Domínguez señaló que esa falta de precisión entra en tensión con uno de los principios centrales del derecho penal.
“Es un tipo penal abierto, indeterminado, que va en contra de lo que es el principio de legalidad penal, que los tipos penales tienen que ser taxativos, cerrados”, sostuvo.
El constitucionalista cuestionó además la relación entre la conducta descripta y la magnitud de la pena prevista.
Penas previstas y efecto intimidatorio
“Esto de manipular la opinión pública a través de desinformación masiva, con un nivel de penas muy elevado, es casi la misma pena que el homicidio”, señaló.
La comparación requiere una precisión. El homicidio simple tiene actualmente una escala de ocho a 25 años de prisión. La figura agravada incluida en el proyecto tendría entre ocho y 15 años. Ambas comparten, por lo tanto, un mínimo de ocho años, aunque sus máximos son diferentes. El Código Penal vigente establece, además, entre cinco y 10 años para la extorsión y entre cinco y 15 para el secuestro extorsivo. Las comparaciones permiten dimensionar las escalas de castigo, aunque se trate de delitos de naturaleza distinta.
Para Gil Domínguez, el problema constitucional excede la proporcionalidad de las penas.
“Me parece que es un tipo penal que desde el punto de vista formal es inconstitucional. Y desde el punto de vista sustancial, afecta a lo que es la libertad de expresión de un sistema democrático”, afirmó a Infobae.
Su principal advertencia está relacionada con el efecto que una norma penal puede producir antes de cualquier condena. “No es porque te está prohibiendo expresarte, sino porque te genera el daño a expresarte. El daño a criticar. El daño a ser opositor”, sostuvo.
El constitucionalista identifica ese fenómeno como un efecto intimidatorio: la posibilidad de enfrentar una investigación o una pena modifica anticipadamente aquello que una persona está dispuesta a decir, investigar o publicar.
De allí surge su referencia directa a la censura previa. “Es censura previa, a través de lo que se llama el efecto intimidante”, insistió.
Para un medio o un periodista, el interrogante tiene una dimensión particular. La actividad periodística supone recibir información de fuentes de distinta procedencia, mantener contactos internacionales, publicar investigaciones que pueden afectar intereses políticos, económicos o diplomáticos y difundir datos cuya veracidad puede ser controvertida por las personas involucradas. La discusión jurídica que abrirá el Congreso será hasta dónde puede llegar una figura penal relacionada con la desinformación sin condicionar esas actividades.
El constitucionalista Félix Lonigro, también consultado por Infobae, planteó una advertencia en la misma dirección. “Es grave porque, leyendo un proyecto de ley que tiene que ver con la defensa de soberanía nacional, uno se encuentra con esta sorpresa que pareciera nada que ver con el tema de la soberanía”, sostuvo.
Lonigro cuestionó la posibilidad de que una autoridad determine qué información desinforma.
“¿Entonces a quién se pretende castigar? A los que de pronto, con algún tipo de información o simplemente el que critica, dando datos que al Gobierno le parece que desinforman”, afirmó. “Por ese motivo te podrías ligar una denuncia penal por incumplimiento de este artículo”, agregó.
Para Lonigro, el problema reside en “una descripción insólita, de una conducta ambigua” que puede otorgar al Gobierno “un instrumento para perseguir, para condicionar la libertad de expresión”.
El constitucionalista relacionó además esa preocupación con la evolución de las garantías de expresión frente al poder político en la Argentina y recordó la eliminación de la figura del desacato. “Eso es un retroceso”, afirmó.
También cuestionó la graduación de las penas: “Que a este proyecto de figura delictiva le pongan una pena de cinco a doce años […] es una cosa inexplicable”.
Durante la conversación con Infobae, Lonigro comparó esa escala con la prevista para la defraudación contra la administración pública. Esa figura establece actualmente una pena de dos a seis años de prisión, mientras que el delito propuesto para las campañas de desinformación tendría un mínimo de cinco. Y recordó que Cristina Kirchner, por en la causa Vialidad, recibió ese máximo.
El capítulo incorpora además otros delitos relacionados con información y operaciones de inteligencia extranjera.
El artículo 109 prevé entre cinco y 15 años para determinadas conductas relacionadas con la transmisión o entrega de secretos a un Estado extranjero, un servicio de inteligencia extranjero o una persona que actúe por cuenta de ellos. La escala se eleva a ocho a 20 años durante un conflicto armado, una agresión extranjera o cuando la conducta se realice en beneficio directo de un Estado enemigo.
El artículo 110 establece entre tres y 10 años de prisión para quien, con conocimiento de su naturaleza y finalidad, proporcione deliberadamente recursos, documentación, identidades, instalaciones, medios técnicos u otro apoyo material relevante a una operación clandestina de inteligencia desarrollada por cuenta de un Estado extranjero.
Esas figuras contienen requisitos específicos que las diferencian del ejercicio periodístico: exigen conocimiento sobre la operación clandestina, colaboración material y vinculación con actividades de inteligencia extranjera. Sin embargo, la inclusión en el mismo capítulo de una figura construida alrededor de la “desinformación” y la “manipulación de la opinión pública” reforzó las advertencias sobre la necesidad de delimitar con precisión cada conducta.
Otro de los constitucionalistas consultados por Infobae, Diego Armesto, se refirió al uso reiterado de la palabra “amenaza” en el proyecto.
“Hay cosas que hacen ruido, porque con la modificación del Código Penal se permite un cierto grado de discrecionalidad al funcionario o al Ejecutivo”, sostuvo. “La amenaza es un concepto muy ambiguo. ¿Qué es amenaza para un funcionario, para un abogado o para un periodista?”, agregó.
Armesto marcó una diferencia con la noción de “agresión”, que considera más concreta y susceptible de comprobación objetiva.
“La agresión es más concreta. Vos la podés comprobar. Acá habla mucho de amenazas”, afirmó a Infobae.
Para el especialista, la cuestión adquiere importancia porque la determinación inicial quedará dentro del Poder Ejecutivo.
“Queda en cabeza del funcionario o el Poder Ejecutivo o del organismo que crean como órgano de aplicación. Entonces eso abre un cierto margen de discrecionalidad que puede afectar otros derechos”, advirtió.

Ese organismo es el Consejo de Seguridad Nacional, que el proyecto convierte en órgano rector del nuevo sistema y cuya presidencia corresponderá al Presidente. La iniciativa le concede facultades para requerir información de organismos públicos y le asigna la aplicación del régimen sancionatorio del Título IV.
Las sanciones administrativas incluyen multas de entre 30.000 y 180.000 UVA, revocación de autorizaciones, permisos, habilitaciones, concesiones o contratos, impedimentos para contratar con el Estado, pérdida de beneficios fiscales e inhabilitación para intervenir en sectores vinculados con la Seguridad Nacional.
Además, ante una amenaza “grave e inminente”, el artículo 97 permite restringir operaciones de cambio, transferencias y pagos, bloquear temporalmente activos, suspender permisos y concesiones y adoptar otras medidas antes de la apertura formal del procedimiento sancionatorio.
El proyecto establece mecanismos de defensa y revisión judicial. El investigado deberá poder conocer los hechos esenciales de la imputación, presentar un descargo, ofrecer pruebas y obtener una resolución fundada. La norma admite restricciones de acceso cuando exista información clasificada o cuando su difusión pueda comprometer la Seguridad Nacional, derechos de terceros o investigaciones en curso.
Las sanciones y medidas urgentes podrán ser recurridas judicialmente. Sin embargo, la interposición de esos recursos no suspenderá automáticamente los efectos del acto impugnado.
Las objeciones también fueron planteadas en el Congreso.
El diputado Nicolás Trotta (Unión por la Patria), vicepresidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, expresó a Infobae su preocupación por el alcance del proyecto y advirtió que la amplitud y falta de precisión del nuevo tipo penal podría transformarlo en “una herramienta de censura y persecución” contra opositores, periodistas y medios de comunicación. Cuestionó además que esas disposiciones hayan sido incorporadas dentro de una iniciativa vinculada con Malvinas y sostuvo que podrían derivar tanto en “censura previa” como en mecanismos posteriores de “persecución e intimidación”.
Trotta anticipó que trabajará para que esos artículos sean rechazados durante el debate parlamentario y adelantó que buscará que la Comisión de Libertad de Expresión analice específicamente el capítulo. Señaló que la comisión, presidida por La Libertad Avanza, sólo realizó este año su reunión constitutiva y que la oposición ya organizó encuentros informales con entidades periodísticas. “Vamos a pedirle primero a la presidencia que convoque” para discutir estas disposiciones y, si eso no ocurre, los diputados opositores impulsarán una nueva reunión por su cuenta, afirmó.
La diputada Mónica Frade, de la Coalición Cívica y que también integrante de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, cuestionó la iniciativa en declaraciones realizadas a Infobae.
“El proyecto encubre intereses que nada tienen que ver con el título del Proyecto, ni la soberanía, ni la defensa de Malvinas. Introduce un nuevo tipo penal, el de la ‘desinformación’, además de resultar un instrumento de control político, profundizará la autocensura en un contexto de ataque sistemático a periodistas y opositores”, afirmó.
Frade vinculó además sus objeciones con el artículo 18 de la Constitución: “Sus tipos penales vagos y abiertos afectan la garantía de defensa. Es un proyecto inconstitucional”.
La palabra utilizada por la diputada, “autocensura”, coincide con una de las consecuencias que los constitucionalistas consultados observan ante la amenaza de sanciones penales elevadas: la decisión de limitar preventivamente una expresión para evitar la posibilidad de ser investigado.
A esas objeciones se sumaron públicamente otros dirigentes opositores. El diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro advirtió que la norma podría convertirse en una herramienta penal de “persecución política” y cuestionó la amplitud del nuevo delito relacionado con la desinformación. El radical Pablo Juliano también expresó reparos sobre la posibilidad de que acusaciones políticas sobre operaciones o intentos de desestabilización puedan transformarse, a partir de una interpretación amplia de la nueva figura, en denuncias penales.

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) planteó una advertencia institucional sobre el artículo. La organización reclamó una delimitación taxativa de expresiones como “manipular la opinión pública” y “desinformación”, y pidió incorporar garantías específicas para proteger opiniones, informaciones y críticas comprendidas dentro de la libertad de expresión.
Frente a esos cuestionamientos, fuentes oficiales explicaron a Infobae que el proyecto fue diseñado dentro del funcionamiento institucional previsto por la Constitución y que las decisiones que adopte el Poder Ejecutivo o el Consejo de Seguridad Nacional estarán sujetas al control judicial. En el Gobierno rechazan que el nuevo organismo pueda actuar como un poder independiente o sin límites y sostienen que las medidas previstas forman parte de un régimen administrativo sancionatorio, con procedimientos, derecho de defensa y posibilidad de revisión ante la Justicia. La posición oficial es que, en última instancia, será el Poder Judicial el que podrá controlar y eventualmente revertir las decisiones que adopte la administración.
Las mismas fuentes señalaron que las facultades incorporadas al proyecto buscan responder a amenazas externas que cambiaron de naturaleza y que ya no se limitan a una agresión militar convencional. Según explicaron, los nuevos riesgos incluyen operaciones clandestinas, acciones de influencia extranjera y otras amenazas denominadas “no cinéticas”, que pueden afectar decisiones estratégicas, procesos institucionales o intereses nacionales sin recurrir a un enfrentamiento armado. Para el Gobierno, ese cambio obliga a actualizar las herramientas legales disponibles y a establecer mecanismos de coordinación entre distintos organismos del Estado.
Desde la Casa Rosada sostienen además que esas atribuciones deben analizarse junto con los controles democráticos e institucionales vigentes. Señalan que las medidas administrativas podrán ser discutidas judicialmente, que el Congreso tendrá la posibilidad de modificar y precisar el proyecto durante su tratamiento y que varias de las herramientas incorporadas tienen antecedentes en legislaciones de otros países, particularmente en materia de seguridad nacional.
El proyecto se encuentra ahora en manos del Congreso, que deberá definir el contenido definitivo de esas figuras. El debate incluirá la precisión con la que quede definido el concepto de desinformación, los requisitos para acreditar una campaña coordinada, la prueba del vínculo con un Estado, organización o agente extranjero, la proporcionalidad de las penas, las facultades del Consejo de Seguridad Nacional y las salvaguardas para evitar afectaciones sobre periodistas, medios, dirigentes y ciudadanos.
POLITICA
La familia de San Pedro que se enfrentó al poder de Camioneros y logró que estén por condenar a dos dirigentes que bloquearon su pyme

La vida de cada integrante de la familia Rey cambió para siempre esa madrugada del viernes 15 de febrero de 2021. Todo cambió para Ricardo Rey, su esposa y sus hijos, Ariel y Gustavo, que trabajaban todos los días en la pyme familiar creada en 1989 en la ciudad bonaerense de San Pedro, cuando unos 15 activistas del Sindicato de Camioneros bloquearon el acceso de la empresa para impedir la entrada y salida de los vehículos.
¿Qué hicieron los Rey para merecer algo semejante? Trabajaban normalmente, pagaban sus impuestos, cumplían con sus 15 empleados e incluso, como otras empresas de la zona, habían aceptado pagar desde 2017 una “contribución” mensual al Sindicato de Camioneros de San Nicolás. “Para trabajar en paz tienen que poner un sueldo por mes”, les advirtió el “recaudador” del gremio. Y lo hicieron, pero no aceptaron encuadrar a su personal, afiliado a Comercio, al Sindicato de Camioneros de la zona, liderado por Maximiliano Cabaleyro. Así se desató la ofensiva que paralizó la pyme familiar durante cinco días y le hizo perder más de 370 millones de pesos.
Podría haber sido una historia más de las tantas que sufren cientos de empresas en la Argentina como consecuencia de protestas sindicales extorsivas, pero en este caso algo fue distinto. Los Rey decidieron hacer una denuncia penal, hubo miembros del Poder Judicial que cumplieron su tarea y todo terminó con dos dirigentes sindicales detenidos desde 2022 y que ahora afrontan un juicio oral y público en San Nicolás por los delitos de extorsión y turbación en concurso con coacción.

Cabaleyro -ex concejal del Frente de Todos- fue a prisión hace cuatro años junto con Fernando Espíndola, el otro representante de Camioneros, luego de que la jueza de Garantías de San Nicolás ordenó la detención de ambos como responsables de los bloqueos del sindicato a Distribuidora Rey para que sus 35 empleados pasaran a estar encuadrados en sus filas y dejaran de estar afiliados en Comercio. Además, la Justicia encontró pruebas de pagos irregulares exigidos por los sindicalistas para dejar sin efecto la protesta.
En la causa judicial pudieron incorporarse videos, grabaciones, declaraciones testimoniales y hasta una caja de cartón con 500.000 pesos y dos cheques que recibieron en mano los dirigentes sindicales para garantizar la “paz social” y que, según la empresa, habrían probado el mecanismo de extorsión.
La semana pasada, los fiscales que llevan adelante la acusación solicitaron que se condene a Cabaleyro a 10 años de prisión efectiva por dos delitos de extorsión y otros dos de turbación en concurso con coacción.

El juicio quedó concentrado en la responsabilidad del jefe de Camioneros de San Nicolás ya que Espíndola no participa porque acordó un procedimiento abreviado a comienzos de septiembre, que derivó en un entendimiento entre el imputado, el fiscal y su defensor que aguarda la homologación de la jueza Elena Baquedano y podría derivar en una pena máxima de 6 años de prisión.
Ricardo Rey, el dueño de la empresa, falleció hace dos años y sus hijos lamentan que no haya podido ver cómo los responsables del bloqueo fueron detenidos, enjuiciados y probablemente sean condenados. Él se hizo conocido fuera de los límites de su ciudad cuando en esos días de hostigamiento sindical se viralizó un video en el que, tras una inspección del Ministerio de Trabajo a su empresa, motorizada por Camioneros, dijo entre lágrimas: “Me vienen a arruinar esos hijos de puta. Qué mierda se creen, no quiero más a esa gente acá”.
Ahora, tras 7 audiencias del juicio oral y público y a la espera del fallo, que se conocerá este miércoles, Ariel Rey afirmó a Infobae: “Es una etapa importante para nosotros y ahora esperemos que la sentencia acompañe lo sucedido. Me quedó la sensación de que en el juicio pudimos dejar asentado todo el trabajo probatorio”.

— ¿Cuál es tu sensación en este momento?
— Es la primera vez que atravesamos este tipo de situaciones. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar. Hay una sensación de alivio porque pudimos sostener con firmeza las pruebas que habíamos incorporado a esta causa. Estamos muy animados por el compromiso del Ministerio Público Fiscal, encabezado por María del Valle Viviani y Verónica Marcantonio, más la firmeza de Florencia Arieto y su equipo de abogadas, donde se vio una experiencia y una manera de trabajar muy distintos al que presentaban la defensa de Cabaleyro y de los trabajadores. Así que estamos muy conformes con la primera etapa y a la espera de la decisión del juez.
— En las audiencias, donde ustedes describieron los aprietes, amenazas y exigencias de dinero de Camioneros, revelaste lo que les decía Espíndola, considerado el recaudador del sindicato: “Hacé como hacen todos tus colegas, que pagan un sueldo por mes. Esto funciona así: este es el kiosquito de Cabaleyro”
— Acá quedó demostrada la verticalidad. Nada se hacía que no supiera o no fuera avalado por Cabaleyro. Y el rol de Espíndola era acercarse a todas las empresas con el fin de “robar” los afiliados de todas las distribuidoras y en la búsqueda también de esa plata que todos teníamos que pagar por mes, con la amenaza concreta del bloqueo: “Para trabajar en paz, tenés que poner un sueldo por mes”. Frente al juez destaqué algo que decía Espíndola en las conversaciones conmigo y con mi hermano: “Ya sabés cómo funciona. Esto es para el quiosquito de Cabaleyro”. Pero Espíndola no podía tomar decisiones por sí solo. Todas las decisiones pasaban por Cabaleyro.
— ¿Cómo comienza el hostigamiento sindical?
— Esto arranca de manera muy brutal en 2011 cuando viene el sindicato de Camioneros a San Pedro y de manera simultánea bloquea 5 o 6 empresas con el fin de “robarse” todos los afiliados. “Todos esos empleados de Comercio son nuestros”, decían. Fue una embestida. En ese momento también conocemos a Cabaleyro porque viene con el Ministerio de Trabajo y entra a mi distribuidora de manera violenta. Les preguntaba a los empleados: “¿Este hijo de puta te tiene en negro?“. Así lo conocimos. Me acuerdo mi mamá estaba con delantal, porque en ese momento ella trabajaba detrás de un mostrador en nuestra distribuidora, y Cabaleyro le dice: ”¿Qué hace, señora, está trabajando en negro?“. Y era la dueña e iba a trabajar todos los días. No encontraron nada irregular, pero mi contador me dijo: ”Para no tener problemas, vamos a pasarle dos o tres empleados a Camioneros». Nosotros teníamos unos 10 diez empleados y estaban todos afiliados a Comercio. Después apareció Fernando Espíndola e insistió: “Tenés que pasar todos tus empleados a Camioneros. Si querés trabajar, tiene que ser así; si no, van a tener problemas”.

— ¿También les pedían plata?
— Exactamente. “Así funciona todo, así lo manejamos con todos tus colegas”, decía Espíndola. En las empresas sabíamos que seas práctica estaban normalizadas. Lo entendimos como una parte del costo. Eso fue a partir de 2017. Después empezaron a presionar cada vez más, hasta tal punto de que quisieron meternos un delegado. Les dijimos que no correspondía, que los empleados estaban bien encuadrados, pero ellos querían tener un delegado: es el sistema que tienen para presionar porque los delegados no trabajan y son absolutamente funcionales a los requerimientos del sindicato.
— ¿Y las presiones se mantuvieron?
— Comenzaron a aparecer de nuevo en 2019, año de elecciones presidenciales. Nos citaron al sindicato y Cabaleyro dijo: “Tengo que juntar un millón de pesos. Fijate cuánto me vas a dar vos. Si no, la vas a tener complicada”. La amenaza siempre era: “¿Querés tener problemas? Te conviene arreglar, no seas boludo, todos arreglan”. Hasta que en 2020, por presión tanto de los sindicatos como de trabajadores que se quieren encuadrar en Camioneros, tuve que pasarles 7 empleados y querían llegar a 10 para poder tener un delegado.
— Igual, la actividad principal de ustedes no tenía que ver con Camioneros sino con Comercio.
— Claro, mi actividad es comercio. Además el convenio de Comercio tiene tipificada la categoría porque dentro de la actividad están los choferes, los maquinistas, los limpiavidrios. Igual, tuve que pasarle 7 empleados, pero después Cabaleyro dijo: “Me tenés que dar 120 lucas (por los aportes sindicales) y te hago precio porque si te tengo que reclamar por todo, por dos años para atrás, me debés 3 millones”. Eso fue en 2020. Es otra de las cosas que pudimos probar y que aportamos a la causa.
— ¿En ese momento paró el hostigamiento?
— No, una vez que pasan los 7 empleados a Camioneros, imponen un delegado. ¿Por qué digo imponen? Porque para tener un delegado tiene que cumplirse determinados requisitos legales y no se cumplían en nuestro caso. Un día vino Edgardo Di Mayo (uno de sus empleados) y me dijo: “Yo soy el delegado”. Ahí empieza a cambiar su actitud. No laburaba, no cumplía con las órdenes. Me dijo abiertamente: “Mirá, esto no es nada personal, pero yo tengo que hacer todo lo que me dice el sindicato. El sindicato está para romper las pelotas”. Cuando lo sanciono por los incumplimientos cotidianos, aparecen las amenazas de Espíndola: “¿Cómo vas a sancionar a un delegado?”. En ese momento decidimos dejar de pagarle al sindicato todos los meses para trabajar en paz. Por eso tuvimos el primer bloqueo, el 15 de enero de 2021.
— ¿Tuvieron alguna advertencia previa?
— El 14 de enero recibimos una amenaza contundente de Espíndola: “Bueno, si no vas a poner, vamos a ver qué dice Cabaleyro”. Todo ese día tuvimos una incertidumbre impresionante, prácticamente no pudimos dormir, y las 4 y media de la mañana veo por las cámaras de seguridad al grupo de unas 15 personas, algunos empleados y otros delegados de Camioneros, ante la empresa. Era un cordón humano para que no pudiéramos sacar los camiones por la única entrada de mi negocio. Ahí mismo decidimos hacer la denuncia penal por el bloqueo y por la extorsión que veníamos sufriendo por parte del sindicato.

— ¿Cómo fue ese momento en que decidieron presentar la denuncia? No era fácil ir contra un sindicato poderoso que siempre tuvo respaldo político.
— Lo habíamos decidido después de la amenaza del día previo al bloqueo en una reunión de familia y con mi primer abogado, Daniel Spiropulos, porque afectaba nuestra dignidad. Tenemos todos los empleados en blanco, pagamos todo como corresponde, no debemos nada, tenemos todo en regla y ¿le tenemos que pagar a estos delincuentes para que nos dejen trabajar? No lo íbamos a poder tolerar mucho tiempo más. La situación tuvo un límite. Cuando pasamos a tener el primer delegado, automáticamente empezó a sabotear el trabajo y se termina formando un ámbito laboral imposible de sostener. Siete empleados que por ser camioneros se burlaban, no acataban las órdenes y complicaban el trabajo de otros 26 empleados que sí trabajaban.
— ¿Cuánto duró ese primer bloqueo?
— Duró un día. Cuando hicimos la denuncia penal, el sindicato realiza un montón de denuncias en el Ministerio de Trabajo sobre supuestos problemas en la empresa, diferencia de horas, cuestiones de seguridad e higiene. Y eso derivó en el segundo bloqueo, que duró 4 días a partir del lunes 22 de febrero. Hubo tensión, amenazas, burlas, acamparon ante la empresa, se instalaron con las reposeras en nuestra vereda y no podíamos trabajar. Incluso plantaron un motorhome en la puerta del negocio impidiendo el acceso. Por eso ampliamos la denuncia penal y el día 25 de febrero hubo reuniones en el Ministerio de Trabajo, a cargo de Sofía Rotundo, en connivencia y alineada con Cabaleyro, mientras tenía bloqueada la empresa. Yo tenía que negociar en el Ministerio de Trabajo con la pistola en la cabeza.
— ¿La denuncia judicial no avanzaba? ¿No hubo intervención del intendente o de la policía?
— Venía prosperando. Pero ahora, a partir de este juicio, me entero de conversaciones telefónicas de Cabaleyro que surgieron como producto de la investigación librada por la fiscal María del Valle Viviani. En aquel momento, aparece en escena el comisario de San Pedro, Juan Ramón Catalano, y primero se reúne con los que me están bloqueando y después conmigo. Me dijo que no podía hacer nada porque porque era una situación tensa por una manifestación. Le contesté que si no podía hacer nada no iba a poder entregar las cajas de comida a las escuelas porque estaba bloqueado el galpón donde las tenía. En esos días estábamos en pandemia y nosotros habíamos ganado una licitación para entregar unas cajas que se llamaban módulos alimenticios. Cuando el comisario toma nota de eso, se reúne con el intendente Cecilio Salazar para tratar de destrabar la situación porque lo complicaba a él. Ahora me enteré por las escuchas que Cabaleyro habló con el intendente y éste le dio órdenes al comisario para que nosotros cediéramos, que no compliquemos más y que pusiera en el acta como que no había conflicto, que no pasaba nada. Es gravísimo.
— ¿Y cómo se levantó el bloqueo?
— El 25 de febrero yo tenía que ir a la audiencia en el Ministerio de Trabajo a las 10 de la mañana, pero a partir de las 6 y pico de la mañana empiezan a llegar entre 10 y 12 camiones de otras empresas a copar toda la cuadra de mi empresa. Bloquearon toda la manzana con camiones para intimidarnos. En ese clima tuve que ir al Ministerio de Trabajo a decirle que sí al sindicato a todo lo que me pidieran. Tuve que ir a negociar con la pistola en la cabeza. Le dimos 50 mil pesos a cada trabajador, dejamos en apercimiento la sanción a Di Mayo, pasamos a Camioneros a 3 empleados más. Tuve que decir a todo que sí porque necesitaba facturar, trabajar, destrabar el tema. Tuve que acceder a todo. A tal punto que cuando se va terminando la reunión, que era por Zoom, ellos querían que quedara asentado que había “paz social” con la empresa y nosotros les dijimos: “¿Qué paz social? Queremos dejar asentado que acá hubo un bloqueo”.

— ¿El sindicato lo aceptó?
— No, no pudimos dejar esa constancia porque Cabaleyro amenazó con levantarse y suspender la reunión. “Entonces seguimos con el paro”. Tuve que aceptar porque tenía mercadería que se vencía, facturas que pagar, asfixia financiera. No tuve ni la libertad de poder dejar asentado lo que pasaba en un acta pública frente a la delegada del Ministerio de Trabajo que tenía constancias claras del bloqueo a la empresa.
— ¿Así pudo levantarse el bloqueo, entonces?
— Se levantó ese día al mediodía. Pero ese mismo día, por casualidad, les cae el oficio judicial a Cabaleyro y a Espíndola con la perimetral como producto de la denuncia penal que habíamos presentado en enero. O sea que, por un lado, yo estaba discutiendo todo lo laboral, donde no me quedaba otra que acceder a lo que pedían, y, por otro lado, la denuncia penal siempre avanzó.
— ¿Ahí terminó todo?
— No, en el mes de abril nos pidieron 500 mil pesos. Mi contador, que fue uno de los testigos, me dijo que lo habían llamado del sindicato para que pagáramos todos los gastos que hubo: “Todo esto no fue gratis. Yo tengo la perimetral, pero el colectivo está”. La amenaza era: o ponés los 500 mil pesos porque yo no puedo ir a la empresa por la perimetral, pero el colectivo está ahí.

— ¿Qué colectivo?
— La motorhome que nos había bloqueado y que era propiedad del sindicato. También decidimos acceder en esto porque las cuestiones penales no van al mismo ritmo que la necesidad de trabajo Y mucho menos que la capacidad de acción que tienen estas mafias. Así que, si bien estábamos muy decididos gracias a la clara visión de la fiscal Viviani, dijimos: “Bueno, pagamos esto y ya está”. Accedimos, pero hicimos un video poniendo esos 393 mil pesos en una caja de Chocolino, que es una marca de chocolatada, más un cheque de 103 mil pesos. Y dijimos: “Este cheque alguien lo va a cobrar”. Queríamos buscar alguna trazabilidad porque ya sabíamos que esa plata era para coima y que íbamos a poder encontrar quién era el que cobraba ese cheque y seguir impulsando una denuncia. A partir de ahí empieza el otro hecho, de extorsión, pero ellos buscan la manera de legalizar ese dinero porque sabían que había una denuncia penal.
— ¿Qué pasó entonces?
— El delegado que nosotros habíamos cuestionado y estos 6 empleados que obedecían a Cabaleyro empiezan constantemente a molestar y a sabotear el trabajo. Hasta tal punto que un día llega una inspección del Ministerio de Trabajo con dos inspectores que vienen acompañados con dos delegados del sindicato. Les preguntamos si los delegados estaban autorizados para estar ahí, pero cuando nos dijeron que no los echamos de la empresa: uno era el que me venía a cobrar la coima con Espíndola y ahora llegaba junto con el Ministerio de Trabajo. Una situación muy indignante. Ese fue el día en que mi papá se puso a llorar, como se puede ver en un video, porque tenia mucha bronca por eso que nos había pasado.

— ¿Todo empeoró desde entonces?
— En ese momento, cuando se arma ese disturbio, el delegado dejó de trabajar, vino hasta mi distribuidora, convocó a los 6 empleados que respondían al sindicato y les ordenó que dejaran de trabajar. Filmé esa situación porque como había una causa penal entendía que necesitaba pruebas y llamé a mi abogado y le dije: “A estos tipos no los quiero más en mi empresa”. Los despedimos a los 6, contratamos empleados nuevos, se encuadraron en el convenio que correspondía y desde entonces hubo libertad plena de trabajo. Hoy, mi empresa ya va renovando dos delegados distintos. Creo en la representación sindical, pero bajo las normas vigentes.
— ¿Cuál fue el costo emocional de este bloqueo, más allá de lo que representó en términos económicos?
— Por cuestiones cardíacas, mi papá tenía un cardiodesfibrilador. Cada seis meses tenía que ir al médico para hacerse un control y así se sabía si dentro de ese periodo había tenido algún acontecimiento, como lo llaman ellos. Uno de los de los períodos en que se accionó el cardiodesfibrilador fue el 15 de enero a media mañana cuando se encontró con el bloqueo. Si no tenía el cardiodesfibrilador, ese día a mi papá le agarraba un paro cardíaco de la indignación que tuvo por ese episodio.
— ¿Cómo reaccionó el resto de la familia?
— Hubo un montón de cuestiones emocionales. Como estábamos en pandemia, mis hijos no iban a la escuela y pasaban por la empresa, disfrutaban de estar con sus abuelos, pero al ver el bloqueo dejaron de ir y no la pisaron nunca más. Sufrimos amenazas, no solamente nosotros sino también proveedores de nuestra empresa. Hay conversaciones de Cavaleyro con proveedores y con un tal Marcelo, que suponemos que es Marcelo Aparicio (el número 3 del sindicato que lidera Hugo Moyano), que en el juicio decidieron desestimar, donde dicen: “¿Cuáles son los proveedores de este hijo de puta? Lo vamos a hacer cagar”. Es decir, amenazaban a mis proveedores para que no me vendieran más. La presión era terrible.

— Me imagino cómo lo habrá pasado tu mamá.
— Mi mamá está muy dolida porque, además de que le falta su compañero, le hubiera gustado que él estuviera viendo esta situación, aunque lo único que le interesaba a mi papá era que el negocio trabajara. Él no tenía ningún revanchismo, solamente quería trabajar, que su negocio funcionara, que le fuera bien y que pudiera crecer. Por eso mi mamá se acuerda que mi papá no podía creer que un grupo de delincuentes le impidiera trabajar. Él tampoco podía creer que hayamos tenido que pagar para poder trabajar. Mi hermano y yo teníamos que pagarle al sindicato sin que mi papá se enterara.
— ¿En toda esta pelea tampoco tuvieron apoyo de empresas del rubro o de las instituciones?
— Nosotros decidimos luchar teniendo el aparato sindical y el aparato del Estado en contra. Nuestros propios colegas nos decían: “Rey, tenés que aflojar, no vas a poder”. El mismo intendente me citó a su despacho para tratar de negociar y me dijo: “Che, son bravos, si ustedes no arreglan, Cabaleyro me corta la recolección de basura”. Le contesté: “Ah, Cabaleyro te está amenazando”, pero le tendría que haber dicho: “Denuncialo”. Ahora me enteré de esa charla con Cabaleyro que demuestra connivencia.
— ¿Cómo se llegó a las detenciones de Cabaleyro y Espíndola?
— Nosotros seguimos trabajando y a partir de ese video que se hizo viral de mi papá llorando contactamos a Florencia Arietto porque no sabíamos si nuestro abogado iba a tener la fortaleza para sostener esta denuncia penal. A partir del asesoramiento de Arietto, la causa penal tomó un impulso distinto, más firme. Y eso trajo un aire muy positivo para la fiscal. La investigación derivó incluso en un allanamiento al sindicato en San Nicolás y otro a la federación nacional (que lidera Moyano). En el medio, en abril del 2022, la la jueza de Garantías María Eugenia Maiztegui solicitó la prisión preventiva y efectiva de Cabaleyro y Espinoza hasta tanto se resuelva el juicio por delitos como coacción, coacción en grado de tentativa, extorsión y turbación de la posesión.

— Este caso te llevó a tratar de ayudar a otras pymes que pasaban por lo mismo y por eso te sumaste al Movimiento Empresarial Anti Bloqueos (MEAB).
— Cuando conocemos a Arietto también llegamos a conocer a otros empresarios como Verónica Razzini, Ignacio Dos Reis y otros con los que nos empezamos reunir para tratar de combatir los bloqueos. Así formamos el MEAB. Trabajamos mucho, elaboramos los protocolos para cada área, cada sindicato y cada situación. Aprendí muchísimo y logramos ayudar a otros empresarios que sufrieron lo mismo. Después llegaron los fallos judiciales y finalmente hoy podemos decir que un bloqueo a una empresa es motivo de despido con causa.
— Más allá de lo que representa para tu familia, ¿qué esperás que pase a partir de este juicio?
— Esta es una causa que visibiliza algo que la sociedad naturalizó: un sistema donde se nutre el caldo de cultivo ideal para la extorsión de la mafia sindical, en connivencia con el Estado, que debería mediar, pero termina siendo una dependencia del sindicato. Me interesa mucho más que esta causa termine con una condena ejemplar porque tenemos que mirar para adelante y tenemos que entender que huelga, derecho laboral, no justifica bloqueo, extorsión o coima. Hay una gran diferencia. Tenemos que tratar de que el trabajador entienda que el sindicato debe ocuparse de lograr las mejores condiciones para él. Tenemos 6 trabajadores que fueron utilizados por estos dirigentes. Les lavaron la cabeza porque los hicieron participar de un delito haciéndoles creer que eran derechos laborales. Por eso esta causa tiene que ser ejemplar. Más que para nosotros, para la Argentina.
POLITICA
En plena puja con los aliados, el Gobierno busca acelerar un acuerdo en el Senado para cambiar la ley de salud mental

Después de dos semanas de viajes y, pese a que habrá otros senadores que sumarán millas dentro de poco, el oficialismo intentará reactivar la agenda y acelera un acuerdo con la oposición dialoguista para modificar ley de salud mental, un tema delicado que genera un constante ida y vuelta entre el Gobierno y las provincias.
Hasta la noche del jueves último, la intención de la bancada de La Libertad Avanza en la Cámara alta, que comanda la porteña Patricia Bullrich (Capital Federal), era realizar una conferencia en los próximos días para anunciar los cambios trabajados en los recientes días con aliados, según confiaron desde diversos bloques a Infobae. El texto final no está cerrado.
Este medio obtuvo, durante el transcurso de la semana, un borrador de dictamen que fue girado a las bancadas. En particular, a los senadores que forman parte de las comisiones que trabajan el tema: Salud; y Legislación General. Ambas son presididas por mileístas: Ivanna Arrascaeta (San Luis) y Nadia Márquez (Neuquén), respectivamente.
Un primer punto a considerar es la dosis de intervención de los psicólogos -necesarios- no sólo durante el proceso de una internación -como contó semanas atrás Infobae-, sino en una casi equiparación con psiquiatras a la hora de tomar la decisión principal en una eventual internación. Desde dos despachos reconocieron, por lo bajo, la llamativa -y fuerte- presión que partió desde ministerios de salud de gran parte del interior del país. Por ahora no lograron quebrar esa barrera y los médicos primarían -con lógica- en ese sentido.

Otro ítem a contemplar es cómo y dónde tendría que interactuar la pata judicial. “No pueden decidir sólo ellos. La idea es no judicializar, pero sí que sean notificados y formen parte del sistema”, expresaron desde un despacho a este medio. También habrá aclaraciones relacionadas con internaciones en contra de la voluntad del paciente.
Sobre esta cuestión, aparece un inciso -el “q”-, que señala que “toda persona con plena capacidad puede consentir o rechazar anticipadamente determinados tratamientos y decisiones relativas a su salud mental, así como designar a una o más personas para que expresen su consentimiento cuando no pueda hacerlo por sí misma”. En tanto, las directivas deberán “ser aceptadas por el equipo interdisciplinario interviniente, salvo aquellas que constituyeran riesgo grave de daño para la vida o la integridad física propia o de terceros”. Además, “la declaración de voluntad puede ser revocada en todo momento”.
Por otra parte, en la propuesta que circula -sobre la cual falta el aval final- se deja claro que “la autoridad de aplicación” impondrá “los lineamientos para que cada jurisdicción defina las características de conformación de sus equipos interdisciplinarios, según la disponibilidad de recursos humanos de cada jurisdicción, pudiendo preverse la intervención del médico psiquiatra mediante teleconsulta sincrónica cuando su presencia física no pueda garantizarse”. Esto ocurre debido a las cifras compartidas entre senadores, que mencionan la presencia de poco menos de 4.000 psiquiatras generales y 454 “infantojuveniles”, versus 100.000 psicólogos matriculados.
Además, los familiares, representantes legales y quienes ejerzan funciones de apoyo de personas con una afección o trastorno de salud mental tendrían derecho a “recibir información y contenidos psicoeducativos sobre la afección, los tratamientos disponibles y su evolución previsible”; “conocer los recursos y dispositivos de la red de salud mental disponibles en su territorio; “acceder a instancias de orientación y apoyo para el autocuidado”; y “ser escuchados en cada etapa significativa del proceso de atención”.
En caso de cerrarse un consenso -no oficial aún-, se convocará al plenario de comisiones para dictaminar. La Libertad Avanza desearía ir al recinto el 22 del corriente mes -el mejor escenario, aunque complejo- o el 29. No obstante, la pre campaña electoral y las rencillas internas en la Cámara alta podrían dilatar, una vez más, el asunto.
POLITICA
La interna del Gobierno amenazó con reactivarse esta semana, pero intentan apaciguarla

La interna del Gobierno se mantiene en tensa calma desde hace casi cinco meses, cuando el “affaire Rufus” llevó las diferencias entre libertarios a su máxima expresión. En los últimos días, sin embargo, reaparecieron roces entre funcionarios y legisladores de Milei de bandos opuestos, que intentaron contener.
Tras aquel fuerte cruce de mayo -el primero donde se atacaron con nombre y apellido por la cuenta anónima @PeriodistaRufus, que Santiago Caputo y el Gordo Dan atribuyeron a Martín Menem—, las Fuerzas del Cielo aceptaron no meterse en los asuntos de “la política” (partidaria, legislativa, etc) que los Menem siempre reclamaron como propios. Los riojanos, a su vez, frenaron la contraofensiva lanzada contra sus “enemigos”. Desde entonces, cada sector consideró conveniente mantenerse en el molde. Pero durante los últimos días se activaron nuevos focos de incendio.
El primero llegó por el resultado en las elecciones en Brasil. Tras el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta contra Lula da Silva, y a la espera del ballotage, la joven militancia libertaria en redes, identificada con Caputo, lamentó que el año pasado no se les haya dado un espacio equivalente a los suyos. Y en el karinismo se sintieron atacados.
Ahí se produjo el cruce entre el legislador bonaerense Agustín Romo -quien planteó primero ese señalamiento- y la diputada nacional por Santa Fe, que responde a Karina Milei, Romina Diez.
Diez le respondió al tuitero, asiduo visitante de las oficinas de Caputo. Y después hizo lo propio con varios tuiteros libertarios de las FFCC que salieron a criticarla con vehemencia. Según afirmaron en ambos campamentos, esas respuestas fueron espontáneas y a título personal. En la Casa Rosada sostuvieron que Romo solo expresó una opinión; del lado de Diez, que ella avanzó porque sintió genuinamente que el planteo era injusto. De ambos lados quisieron apaciguar la discusión, que se descontroló entre inorgánicos en redes.

Un dirigente de la militancia digital insistió a Infobae, después: “Los que pone Romina son todos jóvenes terceras líneas liberales sin serlo. Quisieron copiarnos y no les salió. Los cielistas hicimos un grupo de élite y nos sacaron del medio. Ahora nos quieren copiar, pero son nuestro Temu. No tienen aura”. El joven dirigente de ese mundillo lo dijo convencido y dolido porque LLA “dejó de ser el recambio, para transformarse en un partido tradicional”.
La discusión sobre los jóvenes quedó atada a los lugares en 2027. En el sector de Karina Milei, ante eventuales intenciones de los jóvenes de las Fuerzas del Cielo de competir, anticipan que el año próximo es muy posible que haya incluso menos lugares que en las nóminas de las legislativas del 25. “No tienen en cuenta que el año que viene puede estar todavía más complicado porque van a haber menos espacios. Muchos de los nuestros reeligen, y además están los acuerdos políticos que va a haber que respetar”, aseguran. Mientras tanto, Sebastián Pareja, presidente de LLA en la Provincia, dio impulso a un masivo acto con jóvenes bonaerenses, que concretó ayer, y sus seguidores lanzaron un spot en redes con una actuación de mileístas de veintipocos años que reivindicaban su figura. En Rosario, tambiénayer, Romina Diez encabezó un evento de “Juventud LLA Santa Fe“ que anoche, tarde, resaltó en sus redes.

El otro tema clave fue la posición sobre el Islam, y allí los roles se invirtieron. Así como Romo no le contestó a Diez, los Menem no les respondieron a Daniel Parisini, alias ”el Gordo Dan», cuando los asoció a supuestos aprietes tras la denuncia que le hizo el Centro Islámico para, dijo, cercenar su libertad de expresión. El antecedente es de fines de diciembre, cuando el tuitero cuestionó al Islam y Zulemita Menem le respondió con una carta pública.
Y hay quienes coincidieron en interpretar el plan —aún incierto— del ministro de Justicia karinista, Juan Bautista Mahiques, de demandar a Irán ante la Corte Internacional de Justicia por el atentado a la AMIA como un modo de contar con una medida equivalente a la ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que se le atribuye a Santiago Caputo. Esa ley, enviada al Congreso el 17 de septiembre, va más allá de Malvinas: crea un Consejo de Seguridad Nacional y un registro de personas y entidades vinculadas al terrorismo. O, quizá, fue una manera de congraciarse con Milei, siempre dispuesto a mejorar aún más la relación con Israel.
La discusión de fondo es la que mantienen Javier y Karina Milei. Según cuentan altas fuentes del oficialismo, los hermanos volvieron a tener un encontronazo hace casi tres semanas, cuando Milei dispuso una reestructuración en Olivos que terminó con la salida de Belén Agudiez, subsecretaria de Planificación General y una de las manos derechas de Karina. Desde entonces negaron cualquier diferencia públicamente. Pero quienes los frecuentan admiten que el vínculo estuvo tenso.
En las Fuerzas del Cielo aseguran que los Menem, con el aval de Karina Milei, muchas veces “hace lo contrario de lo que quiere el Presidente”: por ejemplo, acercar posiciones e incluso ayudar a Claudio “Chiqui” Tapia, pese a que Milei pretende avanzar contra la conducción de la AFA. En la oposición están convencidos de que estas supuestas diferencias son parte de un juego de “policía bueno y policía malo” para disimular intenciones que en realidad están consensuadas. Pero en el Gobierno aseguran que son reales (y las lamentan).
La disputa sigue latente, pero ambas tribus buscan bajar el tono. La paz no responde a una sintonía: el único acuerdo vigente es no meterse en terreno ajeno. Hasta ahora lo respetan, aunque los chispazos parecen inevitables
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