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Advierten que la ley por Malvinas incluye amenazas a la libertad de expresión y riesgos de censura

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El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el gobierno de Javier Milei envió al Congreso generó cuestionamientos por las posibles limitaciones a la libertad de expresión y de prensa y los riesgos de censura que podrían derivarse de algunos de sus artículos. La iniciativa incorpora nuevos delitos vinculados con la “desinformación masiva”, la “manipulación de la opinión pública”, la influencia extranjera y las operaciones clandestinas, con penas que parten de cinco años de prisión y, en algunos casos, llegan hasta 20. Constitucionalistas y dirigentes de la oposición consultados por Infobae advirtieron sobre tipos penales abiertos, márgenes de discrecionalidad y un eventual efecto intimidatorio que podría favorecer la autocensura.

“Hay riesgos claros de censura previa a través de lo que se llama el efecto intimidante”, afirmó el constitucionalista Andrés Gil Domínguez, quien cuestionó la combinación entre definiciones que considera indeterminadas y sanciones penales elevadas. “El miedo a un tipo penal de estas características. Vos empezás a cuidar lo que vas a decir”, explicó.

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El principal punto de controversia está en el artículo 111 del proyecto, que propone incorporar un nuevo artículo 225 bis al Código Penal. La norma establece entre cinco y doce años de prisión para quien, actuando por cuenta, orden o financiamiento total o parcial de un Estado extranjero, una organización o un agente extranjero, procure alterar procesos electorales o “manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”. La pena aumenta a ocho a quince años cuando la conducta se comete mediante amenazas, sobornos, coerción o utilización de estructuras criminales.

La discusión sobre la libertad de expresión también abarca el artículo 88, que contempla como infracción contra la Seguridad Nacional determinadas conductas vinculadas con un Estado u organización extranjera que interfieran, mediante medios “clandestinos, engañosos o coercitivos”, en el proceso decisorio de las autoridades argentinas. El artículo 90 convierte al Consejo de Seguridad Nacional en autoridad de aplicación de ese régimen y el artículo 97 le permite tomar medidas urgentes frente a una amenaza considerada “grave e inminente”, incluso antes de que se inicie formalmente un procedimiento sancionatorio.

Desde el Gobierno aclararon que la aplicación de esos artículos solo apunta respecto de “quien actúa por cuenta y orden de un Estado u organización extranjera para generar campañas de desinformación masivas en el territorio” y resaltaron que la iniciativa “no tiene nada que ver con perseguir al periodismo”.

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“Se deberá demostrar que la campaña fue masiva, y que se actuó por cuenta y orden de un Estado extranjero o con su financiamiento”, destacaron.

El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional deberá discutirse en Diputados (RS Fotos)

Las dudas sobre la definición de desinformación

Más allá de las aclararciones oficiales, el cuestionamiento central apunta a quién determinará qué constituye “desinformación”, cuándo una campaña busca “manipular la opinión pública”, qué convierte un mecanismo de comunicación en “engañoso” y cuáles serán los parámetros para definir una amenaza a la Seguridad Nacional. Esas preguntas adquieren relevancia por la escala de las sanciones: una interpretación sobre esos conceptos puede abrir una investigación por delitos cuyo mínimo es de cinco años de prisión.

La figura del artículo 111 exige expresamente una conexión con el exterior. El imputado debe actuar por cuenta, orden o con financiamiento total o parcial de un Estado, organización o agente extranjero. Ese elemento restringe el universo de conductas alcanzadas. Sin embargo, para los especialistas consultados por Infobae, la norma no define qué condiciones convierten información falsa o controvertida en una “campaña coordinada de desinformación masiva” ni qué elementos permiten demostrar que una persona procuró “manipular la opinión pública”.

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Gil Domínguez señaló que esa falta de precisión entra en tensión con uno de los principios centrales del derecho penal.

“Es un tipo penal abierto, indeterminado, que va en contra de lo que es el principio de legalidad penal, que los tipos penales tienen que ser taxativos, cerrados”, sostuvo.

El constitucionalista cuestionó además la relación entre la conducta descripta y la magnitud de la pena prevista.

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Penas previstas y efecto intimidatorio

“Esto de manipular la opinión pública a través de desinformación masiva, con un nivel de penas muy elevado, es casi la misma pena que el homicidio”, señaló.

La comparación requiere una precisión. El homicidio simple tiene actualmente una escala de ocho a 25 años de prisión. La figura agravada incluida en el proyecto tendría entre ocho y 15 años. Ambas comparten, por lo tanto, un mínimo de ocho años, aunque sus máximos son diferentes. El Código Penal vigente establece, además, entre cinco y 10 años para la extorsión y entre cinco y 15 para el secuestro extorsivo. Las comparaciones permiten dimensionar las escalas de castigo, aunque se trate de delitos de naturaleza distinta.

Para Gil Domínguez, el problema constitucional excede la proporcionalidad de las penas.

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“Me parece que es un tipo penal que desde el punto de vista formal es inconstitucional. Y desde el punto de vista sustancial, afecta a lo que es la libertad de expresión de un sistema democrático”, afirmó a Infobae.

Su principal advertencia está relacionada con el efecto que una norma penal puede producir antes de cualquier condena. “No es porque te está prohibiendo expresarte, sino porque te genera el daño a expresarte. El daño a criticar. El daño a ser opositor”, sostuvo.

El constitucionalista identifica ese fenómeno como un efecto intimidatorio: la posibilidad de enfrentar una investigación o una pena modifica anticipadamente aquello que una persona está dispuesta a decir, investigar o publicar.

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De allí surge su referencia directa a la censura previa. “Es censura previa, a través de lo que se llama el efecto intimidante”, insistió.

Para un medio o un periodista, el interrogante tiene una dimensión particular. La actividad periodística supone recibir información de fuentes de distinta procedencia, mantener contactos internacionales, publicar investigaciones que pueden afectar intereses políticos, económicos o diplomáticos y difundir datos cuya veracidad puede ser controvertida por las personas involucradas. La discusión jurídica que abrirá el Congreso será hasta dónde puede llegar una figura penal relacionada con la desinformación sin condicionar esas actividades.

El constitucionalista Félix Lonigro, también consultado por Infobae, planteó una advertencia en la misma dirección. “Es grave porque, leyendo un proyecto de ley que tiene que ver con la defensa de soberanía nacional, uno se encuentra con esta sorpresa que pareciera nada que ver con el tema de la soberanía”, sostuvo.

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Lonigro cuestionó la posibilidad de que una autoridad determine qué información desinforma.

“¿Entonces a quién se pretende castigar? A los que de pronto, con algún tipo de información o simplemente el que critica, dando datos que al Gobierno le parece que desinforman”, afirmó. “Por ese motivo te podrías ligar una denuncia penal por incumplimiento de este artículo”, agregó.

Para Lonigro, el problema reside en “una descripción insólita, de una conducta ambigua” que puede otorgar al Gobierno “un instrumento para perseguir, para condicionar la libertad de expresión”.

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El constitucionalista relacionó además esa preocupación con la evolución de las garantías de expresión frente al poder político en la Argentina y recordó la eliminación de la figura del desacato. “Eso es un retroceso”, afirmó.

También cuestionó la graduación de las penas: “Que a este proyecto de figura delictiva le pongan una pena de cinco a doce años […] es una cosa inexplicable”.

Durante la conversación con Infobae, Lonigro comparó esa escala con la prevista para la defraudación contra la administración pública. Esa figura establece actualmente una pena de dos a seis años de prisión, mientras que el delito propuesto para las campañas de desinformación tendría un mínimo de cinco. Y recordó que Cristina Kirchner, por en la causa Vialidad, recibió ese máximo.

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El capítulo incorpora además otros delitos relacionados con información y operaciones de inteligencia extranjera.

El artículo 109 prevé entre cinco y 15 años para determinadas conductas relacionadas con la transmisión o entrega de secretos a un Estado extranjero, un servicio de inteligencia extranjero o una persona que actúe por cuenta de ellos. La escala se eleva a ocho a 20 años durante un conflicto armado, una agresión extranjera o cuando la conducta se realice en beneficio directo de un Estado enemigo.

El artículo 110 establece entre tres y 10 años de prisión para quien, con conocimiento de su naturaleza y finalidad, proporcione deliberadamente recursos, documentación, identidades, instalaciones, medios técnicos u otro apoyo material relevante a una operación clandestina de inteligencia desarrollada por cuenta de un Estado extranjero.

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Esas figuras contienen requisitos específicos que las diferencian del ejercicio periodístico: exigen conocimiento sobre la operación clandestina, colaboración material y vinculación con actividades de inteligencia extranjera. Sin embargo, la inclusión en el mismo capítulo de una figura construida alrededor de la “desinformación” y la “manipulación de la opinión pública” reforzó las advertencias sobre la necesidad de delimitar con precisión cada conducta.

Otro de los constitucionalistas consultados por Infobae, Diego Armesto, se refirió al uso reiterado de la palabra “amenaza” en el proyecto.

“Hay cosas que hacen ruido, porque con la modificación del Código Penal se permite un cierto grado de discrecionalidad al funcionario o al Ejecutivo”, sostuvo. “La amenaza es un concepto muy ambiguo. ¿Qué es amenaza para un funcionario, para un abogado o para un periodista?”, agregó.

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Armesto marcó una diferencia con la noción de “agresión”, que considera más concreta y susceptible de comprobación objetiva.

“La agresión es más concreta. Vos la podés comprobar. Acá habla mucho de amenazas”, afirmó a Infobae.

Para el especialista, la cuestión adquiere importancia porque la determinación inicial quedará dentro del Poder Ejecutivo.

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“Queda en cabeza del funcionario o el Poder Ejecutivo o del organismo que crean como órgano de aplicación. Entonces eso abre un cierto margen de discrecionalidad que puede afectar otros derechos”, advirtió.

Fotografía de archivo del cartel de bienvenida a las Islas Malvinas en el muelle en Stanley (Islas Malvinas). EFE/Felipe Trueba/Archivo

Ese organismo es el Consejo de Seguridad Nacional, que el proyecto convierte en órgano rector del nuevo sistema y cuya presidencia corresponderá al Presidente. La iniciativa le concede facultades para requerir información de organismos públicos y le asigna la aplicación del régimen sancionatorio del Título IV.

Las sanciones administrativas incluyen multas de entre 30.000 y 180.000 UVA, revocación de autorizaciones, permisos, habilitaciones, concesiones o contratos, impedimentos para contratar con el Estado, pérdida de beneficios fiscales e inhabilitación para intervenir en sectores vinculados con la Seguridad Nacional.

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Además, ante una amenaza “grave e inminente”, el artículo 97 permite restringir operaciones de cambio, transferencias y pagos, bloquear temporalmente activos, suspender permisos y concesiones y adoptar otras medidas antes de la apertura formal del procedimiento sancionatorio.

El proyecto establece mecanismos de defensa y revisión judicial. El investigado deberá poder conocer los hechos esenciales de la imputación, presentar un descargo, ofrecer pruebas y obtener una resolución fundada. La norma admite restricciones de acceso cuando exista información clasificada o cuando su difusión pueda comprometer la Seguridad Nacional, derechos de terceros o investigaciones en curso.

Las sanciones y medidas urgentes podrán ser recurridas judicialmente. Sin embargo, la interposición de esos recursos no suspenderá automáticamente los efectos del acto impugnado.

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Las objeciones también fueron planteadas en el Congreso.

El diputado Nicolás Trotta (Unión por la Patria), vicepresidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, expresó a Infobae su preocupación por el alcance del proyecto y advirtió que la amplitud y falta de precisión del nuevo tipo penal podría transformarlo en “una herramienta de censura y persecución” contra opositores, periodistas y medios de comunicación. Cuestionó además que esas disposiciones hayan sido incorporadas dentro de una iniciativa vinculada con Malvinas y sostuvo que podrían derivar tanto en “censura previa” como en mecanismos posteriores de “persecución e intimidación”.

Trotta anticipó que trabajará para que esos artículos sean rechazados durante el debate parlamentario y adelantó que buscará que la Comisión de Libertad de Expresión analice específicamente el capítulo. Señaló que la comisión, presidida por La Libertad Avanza, sólo realizó este año su reunión constitutiva y que la oposición ya organizó encuentros informales con entidades periodísticas. “Vamos a pedirle primero a la presidencia que convoque” para discutir estas disposiciones y, si eso no ocurre, los diputados opositores impulsarán una nueva reunión por su cuenta, afirmó.

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La diputada Mónica Frade, de la Coalición Cívica y que también integrante de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, cuestionó la iniciativa en declaraciones realizadas a Infobae.

“El proyecto encubre intereses que nada tienen que ver con el título del Proyecto, ni la soberanía, ni la defensa de Malvinas. Introduce un nuevo tipo penal, el de la ‘desinformación’, además de resultar un instrumento de control político, profundizará la autocensura en un contexto de ataque sistemático a periodistas y opositores”, afirmó.

Frade vinculó además sus objeciones con el artículo 18 de la Constitución: “Sus tipos penales vagos y abiertos afectan la garantía de defensa. Es un proyecto inconstitucional”.

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La palabra utilizada por la diputada, “autocensura”, coincide con una de las consecuencias que los constitucionalistas consultados observan ante la amenaza de sanciones penales elevadas: la decisión de limitar preventivamente una expresión para evitar la posibilidad de ser investigado.

A esas objeciones se sumaron públicamente otros dirigentes opositores. El diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro advirtió que la norma podría convertirse en una herramienta penal de “persecución política” y cuestionó la amplitud del nuevo delito relacionado con la desinformación. El radical Pablo Juliano también expresó reparos sobre la posibilidad de que acusaciones políticas sobre operaciones o intentos de desestabilización puedan transformarse, a partir de una interpretación amplia de la nueva figura, en denuncias penales.

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) planteó una advertencia institucional sobre el artículo. La organización reclamó una delimitación taxativa de expresiones como “manipular la opinión pública” y “desinformación”, y pidió incorporar garantías específicas para proteger opiniones, informaciones y críticas comprendidas dentro de la libertad de expresión.

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Frente a esos cuestionamientos, fuentes oficiales explicaron a Infobae que el proyecto fue diseñado dentro del funcionamiento institucional previsto por la Constitución y que las decisiones que adopte el Poder Ejecutivo o el Consejo de Seguridad Nacional estarán sujetas al control judicial. En el Gobierno rechazan que el nuevo organismo pueda actuar como un poder independiente o sin límites y sostienen que las medidas previstas forman parte de un régimen administrativo sancionatorio, con procedimientos, derecho de defensa y posibilidad de revisión ante la Justicia. La posición oficial es que, en última instancia, será el Poder Judicial el que podrá controlar y eventualmente revertir las decisiones que adopte la administración.

Las mismas fuentes señalaron que las facultades incorporadas al proyecto buscan responder a amenazas externas que cambiaron de naturaleza y que ya no se limitan a una agresión militar convencional. Según explicaron, los nuevos riesgos incluyen operaciones clandestinas, acciones de influencia extranjera y otras amenazas denominadas “no cinéticas”, que pueden afectar decisiones estratégicas, procesos institucionales o intereses nacionales sin recurrir a un enfrentamiento armado. Para el Gobierno, ese cambio obliga a actualizar las herramientas legales disponibles y a establecer mecanismos de coordinación entre distintos organismos del Estado.

Desde la Casa Rosada sostienen además que esas atribuciones deben analizarse junto con los controles democráticos e institucionales vigentes. Señalan que las medidas administrativas podrán ser discutidas judicialmente, que el Congreso tendrá la posibilidad de modificar y precisar el proyecto durante su tratamiento y que varias de las herramientas incorporadas tienen antecedentes en legislaciones de otros países, particularmente en materia de seguridad nacional.

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El proyecto se encuentra ahora en manos del Congreso, que deberá definir el contenido definitivo de esas figuras. El debate incluirá la precisión con la que quede definido el concepto de desinformación, los requisitos para acreditar una campaña coordinada, la prueba del vínculo con un Estado, organización o agente extranjero, la proporcionalidad de las penas, las facultades del Consejo de Seguridad Nacional y las salvaguardas para evitar afectaciones sobre periodistas, medios, dirigentes y ciudadanos.

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Presupuesto 2027: los aliados presionan al Gobierno con pedidos que comprometen el déficit cero

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El Gobierno admite que el tratamiento del proyecto de Presupuesto 2027 está demorado a la espera de las definiciones de acuerdos políticos con algunos gobernadores y del visto bueno de bloques cercanos. “La discusión entró a un limbo por la multiplicidad de pedidos de las provincias y espacios aliados”, afirma una fuente importante de una de las patas negociadoras de la Mesa Política.

El proyecto fue presentado en septiembre y desde entonces solo hubo cuatro reuniones, todas informativas y en la Comisión de Presupuesto y Hacienda. El oficialismo esperaba concretar un encuentro el 28 de octubre para firmar el dictamen del proyecto, pero se suspendió por falta de apoyo de los aliados. Los bloques responsables de ese contratiempo fueron el PRO y la UCR, que endurecieron su postura y reclamaron cambios.

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El jefe del bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo, le envió una nota a Martín Menem en la que pidió la reducción del componente vial del impuesto a los combustibles a medida que el Estado deje de mantener rutas nacionales. También reclamó prorrogar los regímenes de promoción automotriz y autopartista, un pedido de Mauricio Macri, y bajar del 21% al 10,5% el IVA de los huevos y sus derivados, una demanda que viene desde Entre Ríos de parte de Rogelio Frigerio. Para la Ciudad, exigió incluir la coparticipación y reconocer una deuda de unos $628.197 millones.

Santilli, Martín y Lule Menem, junto a Christian Ritondo y Fernando de Andreis

Una novedad surgió en las últimas horas: en el bloque amarillo afirman que hay diálogos en el último tiempo con representantes del oficialismo y que se avanzaron con varias de las solicitudes.

La negociación pasó entonces a girar en torno a cómo conformar a los aliados. “Es una sábana corta que no va a contentar a todos. Al menos no si nosotros queremos seguir manteniendo nuestra meta fiscal. Y eso para el Presidente es innegociable”, indica una fuente.

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La Fundación Mediterránea publicó una estimación en base al proyecto presupuestario que proyecta un superávit primario de 1,3% del PIB, pero que “lo apoya en supuestos demasiado optimistas: crecimiento de 4% y suba real de la recaudación de 5,5%”. “Si no se cumplen, el ajuste volverá a caer sobre un gasto con márgenes ya muy estrechos”, afirman.

El ministro de Economía, Luis Caputo, disertó esta mañana en la Conferencia Anual de la Fundación FIEL y volvió a reivindicar la política fiscal como la principal ancla del modelo macroeconómico del Gobierno. “Relegar nuestra ancla principal sería un enorme error, porque nosotros tenemos un pasado que nos condena; por muchos años, sepan que Argentina no va a poder hacer lo que hacen otros países desarrollados, que crecen uno por ciento teniendo cinco puntos del producto de déficit”, explicó.

Esta fue una respuesta implícita a los sectores aliados que le piden al oficialismo que relajen su política de gasto y lo orienten a incrementar las partidas presupuestarias.

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Ronda de Negocios RIGI - Rosario

A los reclamos del PRO y la UCR se les suma el malestar de Provincias Unidas por el reciente aumento de los subsidios al transporte del AMBA, en perjuicio del interior. El miércoles, un grupo de intendentes, entre ellos el cordobés Daniel Passerini, se presentó en la Comisión de Asuntos Municipales para exigir un trato igualitario.

“Entendíamos una política de reducción de los subsidios nacionales en función de la estabilidad macroeconómica como objetivo. Luego, el cambio se ha dado estrictamente para el AMBA y al interior se nos ha puesto un tope en la cobertura de los atributos sociales de la SUBE, que es lo único que cubría Nación. Y, paralelamente, esta semana se ha consagrado una situación en la cual se le aumenta el subsidio a la oferta estrictamente limitado al AMBA. Gran parte de esto está financiado por un impuesto a los combustibles, que pagamos absolutamente todos los ciudadanos”, esgrimió Pablo Javkin, intendente de Rosario.

Los reclamos que fueron llevados también contemplan una revisión del Programa Remediar para poder reformularlo (se bajó de 126 a 6 medicamentos contemplados) en el Presupuesto, aunque no son optimistas de que aquello pueda ser aceptado por el oficialismo. Pero no es la única temática que busca insertarse en la discusión: también se cuelan partidas como las de Discapacidad o Financiamiento Universitario.

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“Si vos hacés la sumatoria de todas las discusiones que se ponen sobre la mesa y cómo te lo usan para condicionar los aliados, la negociación está cada vez más compleja. Hoy en día está bastante trabada a la espera de que se resuelva lo político”, dice un importante senador de La Libertad Avanza. En la conducción del bloque del Senado estarían de acuerdo con esta perspectiva.

Martín Menem publicó una selfie de la mesa política reunida en Casa Rosada

Ante la restricción del Gobierno de no poder relegar más partidas presupuestarias, hay un sector para nada menor de la Mesa Política que no veía con malos ojos que se incrementaran los mecanismos para “hacer crecer la torta” de la recaudación.

Un indicio de esto es lo que sucedió este martes con el proyecto de Mercado de Capitales que envió la Casa Rosada, el cual contenía un artículo que quitaba las exenciones del Impuesto a las Ganancias para los Cedears. Con esa medida, esos instrumentos financieros iban a comenzar a aportar a un tributo coparticipable, es decir, que se redistribuye tanto a la Nación como a las provincias.

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“[Caputo] ya está tratando de agarrar lo que sea. No sabemos hasta dónde tiene margen”, afirma una fuente que trabaja muy cerca de ese esquema.

Allí agregan: “Hay una parte de la Mesa Política que está dispuesta a hacer lo que sea con tal de no hacer acuerdos políticos. Por eso Toto hizo lo de Discapacidad [envió el proyecto eliminando partidas consensuadas por la oposición para tratar de incrementar el superávit fiscal]. Realmente no sabemos qué va a pasar con el Presupuesto, pero en el medio se están cerrando todas las elecciones desdobladas, las PASO se complican y el riesgo país sube. Y encima acaba de pasar lo de Estados Unidos”.

El Ministerio de Economía festejó días atrás que la recaudación tributaria creció apenas 0,8% anual en octubre, pero logró hilar el cuarto mes consecutivo sin caer. “Los recursos tributarios girados a las provincias subieron apenas 0,1% anual real; los de Nación, 1%. No fue un crecimiento generalizado: solo Ganancias, Derechos de Exportación y, en menor medida, Combustibles traccionaron la suba”, estimó la consultora LCG, que proyecta “un crecimiento tibio de la recaudación para los últimos dos meses del año”.

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Malvinas: el Gobierno espera un fallo favorable en el Tribunal del Derecho del Mar y prepara más sanciones contra empresas petroleras

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El Gobierno se muestra optimista respecto a sus posibilidades de conseguir una resolución favorable del Tribunal Internacional del Derecho del Mar en su reclamo contra el Reino Unido por la explotación de petróleo en las Islas Malvinas.

En la Casa Rosada transmiten confianza en los argumentos presentados y aseguran que mantendrán la ofensiva jurídica independientemente del resultado de las audiencias previstas para el 10 y 11 de noviembre en Hamburgo, Alemania. La expectativa es que los jueces se pronuncien durante las semanas posteriores.

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“Vamos por todo. Es histórico y estamos confiados”, expresan desde el Ejecutivo sobre la instancia internacional. En Balcarce 50 consideran que el procedimiento representa una oportunidad para intentar frenar el avance del proyecto hidrocarburífero Sea Lion antes de que comience su etapa de explotación. La evaluación oficial es que el planteo argentino tiene fundamentos suficientes para obtener medidas provisionales, aunque reconocen que la decisión final dependerá de los magistrados.

El optimismo no implica que el Gobierno espere una resolución inmediata después de las exposiciones. En Nación admiten que el Tribunal del Mar suele tomarse varias semanas para dictar sus órdenes y que todavía no existe una fecha precisa para conocer el resultado. Las estimaciones internas ubican esa posibilidad entre dos y cuatro semanas después de las audiencias, por lo que el pronunciamiento podría llegar durante la segunda mitad de noviembre o a comienzos de diciembre.

Los antecedentes que siguen en el Gobierno

El antecedente más relevante es el caso de la Fragata ARA Libertad, retenida en Ghana durante 2012. La Argentina solicitó entonces medidas provisionales el 14 de noviembre, los jueces escucharon a las partes el 29 y 30 de ese mes y ordenaron liberar el buque el 15 de diciembre. La decisión se conoció quince días después de las audiencias, aunque en el Gobierno aclaran que ese precedente no establece un plazo obligatorio para el procedimiento actual.

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En el entorno presidencial también transmiten que la estrategia no terminará si el tribunal rechaza la solicitud. La intención es agotar todas las herramientas jurídicas y diplomáticas disponibles y mantener el reclamo contra las actividades británicas en los espacios marítimos disputados. En el Ejecutivo consideran que cualquier resultado deberá analizarse en función de su alcance concreto, sin dar por concluida la controversia de fondo.

El canciller Pablo Quirno reiteró los reclamos de la Argentina al Reino Unido por las Islas Malvinas (Foto: Cancillería).

La Argentina inició el 28 de septiembre un arbitraje internacional contra el Reino Unido bajo el Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Después, el 13 de octubre, solicitó medidas provisionales ante el tribunal de Hamburgo para evitar que las actividades hidrocarburíferas avanzaran mientras se constituye el órgano arbitral. El pedido busca impedir que se consolide una situación irreversible antes de que exista una decisión sobre la controversia principal.

El planteo se concentra en Sea Lion, un desarrollo impulsado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration en la Cuenca Malvinas Norte. Las empresas proyectan comenzar las perforaciones durante 2027 y alcanzar la producción comercial en 2028. En la Casa Rosada sostienen que la proximidad de esas operaciones justifica una intervención urgente para proteger los derechos que reclama la Argentina sobre los recursos del suelo y subsuelo marítimos.

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José María Poirier: “Un Papa no soluciona los problemas de la sociedad, pero esperemos que la Argentina sepa escucharlo”

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“Nosotros somos un país de sorpresas. Con su estado de ánimo tan sereno y reflexivo, León XIV sabrá leer nuestra realidad. El problema es que la sociedad argentina, especialmente la vida política y económica, sepa escucharlo”. La singular mirada sobre la visita del Papa pertenece a José María Poirier, periodista, director de la revista Criterio y un hombre de la cultura identificado con el pensamiento social cristiano.

En una entrevista con , Poirier asume que el mensaje de León XIV recorrerá los desafíos que plantean la pobreza y la fragmentación, signos de un mapa social que forma parte del paisaje cotidiano en la Argentina. Recuerda que se trata de un Papa que conoce nuestro país y ha estado muchos años en América Latina. “Un hombre que piensa y reflexiona antes de hablar”, define el periodista, formado en Filosofía en la Universidad Lateranense de Roma.

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Poirier sostiene que, como estuvo al frente del organismo que propone y define los nombramientos episcopales, probablemente León XIV conozca a los obispos de todo el mundo mejor que Bergoglio(Fuente: Instagram/@vaticannews.es)

“Robert Prevost conoció los cinco continentes como superior general de la Orden de San Agustín. En el Vaticano, al frente del Dicasterio para los Obispos, trató con todos los episcopados. Probablemente conozca a los obispos de todo el mundo mejor que Bergoglio. La sociedad argentina tendrá que saber escucharlo. Y también la jerarquía eclesiástica, porque un cambio de papado dentro del catolicismo es un hecho importante”, describe el intelectual, de 76 años.

-¿Qué se puede esperar de la visita de León XIV?

-Esperar, siempre se puede esperar todo, pero no es sano. Conviene esperar poco, porque puede aparecer la desilusión. A mí me impresiona la gran capacidad de León XIV para escuchar, reflexionar, pensar y después hablar. Es un hombre muy reflexivo y muy profundo. Tal vez sería legítimo esperar que haga un llamamiento a la paz, a la cordura, a la convivencia, a la pacificación de los ánimos. El Papa apunta mucho a eso. Sus constantes referencias a la vida en comunidad en la Iglesia tienen un fundamento muy sólido. En todo caso, la dificultad es entender qué país recibirá a León XIV.

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-En la propia Iglesia se dijo que el Papa se va a encontrar con una Argentina herida por la pobreza y la fragmentación. ¿Esa visión quedará reflejada en sus mensajes?

-En los mensajes seguramente. Son dos temas claves para el Papa. Ahora, si eso va a tener impacto en la vida real del país, es una incógnita. El llamado de León XIV va a estar dirigido a afrontar el drama de la pobreza, que es tan grave en la Argentina, así como la fragmentación y la división. Después está en nosotros saber responder. A mí me llamó la atención que después de la espectacular visita que hizo a París, Lourdes y Metz, al poco tiempo Francia se volvió a reencontrar con manifestaciones violentas. Un Papa no soluciona los problemas de la sociedad. Es ficticio pensarlo. Tampoco lo solucionó en España. Sí fue muy claro su mensaje en favor del respeto por las instituciones. El concepto institucional de Prevost es muy importante. Eso nos haría mucho bien a los argentinos.

José María Poirier entiende que los problemas de la pobreza y la fragmentación estarán presentes en los mensajes de León XIV durante su visita a la ArgentinaPilar Camacho

-¿Las instituciones en la Argentina atraviesan una etapa de fragilidad?

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-Es una historia antigua, no solo de fragilidad, sino de pendularidad, lo que acrecienta esa condición frágil. El Papa tiene un interés muy particular en volver a Perú, que es su segunda patria. Si uno analiza la política de Perú, con tantos presidentes presos, es desastrosa. Salvo Uruguay, que siempre fue un país moderado, toda América Latina es un poco ambivalente y muestra su fragilidad institucional.

-¿Los sectores políticos de la Argentina van a tratar de apropiarse de su figura y su mensaje?

-Sería muy ingenuo pensar que no lo van a intentar; está dentro del espíritu político tratar de hacerlo. No me parece lo mejor, pero es inevitable. Van a estar preocupados en el Gobierno y en la oposición, porque en los dos casos llamará la atención si tratan de apropiarse de una figura muy clara y decidida en sus gestos y en sus palabras.

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-En la visita a España, León XIV habló en el Parlamento sobre la crispación política y la descalificación permanente. ¿Ese mensaje tuvo un impacto?

-Relativo. Después se profundizó el enfrentamiento entre el presidente Pedro Sánchez y la oposición. Algo similar sucede en Francia, donde está la ultraderecha, con Marine Le Pen, y del otro lado la ultraizquierda. Esto acompaña una derechización de la política internacional general. Hay cambios muy difíciles de prever. No sabemos qué pasará después de las elecciones en los Estados Unidos.

-¿La Iglesia tiene una posición frente a estos escenarios de convulsión?

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-En el mejor de los casos, hay algunas figuras del Episcopado y de la dirigencia católica que son interesantes. A mí siempre me sorprende para bien el arzobispo de Córdoba, el cardenal Ángel Rossi, así como el presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Marcelo Colombo, y el de San Juan, monseñor Jorge Lozano. Otras figuras, ya retiradas, como Jorge Casaretto, siempre han aportado a la unidad dentro de la Iglesia. Hay otros a los que les cuesta estar a la altura de estas circunstancias o hacen una lectura muy parcial. No tenemos la generación aquella que marcaron los obispos Juan José Iriarte, Vicente Zaspe, Jorge Novak, Jaime de Nevares, Justo Laguna. Hoy ellos no están. Hay que aceptar que hoy la dirigencia de la Iglesia argentina ha perdido peso y prestancia.

-¿Eso implica que la Iglesia ha perdido peso e influencia en el terreno político?

-En lo político no creo que tenga mayor peso. En el campo social se nota una presencia mayor.

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José María Poirier, director de la revista CriterioPilar Camacho

-¿Cómo se puede definir la Iglesia argentina que dejó Francisco?

-Quizás nos falta perspectiva, porque la historia es muy larga. Pero creo que ha dejado una sensibilidad social absolutamente distante de lo que fue el Episcopado en la época del enfrentamiento con Chile, en la dictadura militar. La renovación que provocó Bergoglio es muy importante. Al mismo tiempo, Bergoglio, con su desconfianza ante lo intelectual, empobreció el mundo episcopal. Con su personalidad tan peculiar, pretendía que nadie le hiciera sombra.

-¿Con Robert Prevost la Iglesia recupera su presencia en el campo intelectual?

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-Yo creo que sí. Es muy respetuoso del mundo intelectual. Es un hombre de una formación importante, en ciencia, en teología y en derecho. Como apunta mucho a la comunión y a la corresponsabilidad, y tiene una personalidad que ayuda a eso, es capaz de trabajar en equipo. No era una característica de Francisco, que era un líder personalista, muy fuerte, con todo lo positivo que tuvo en sus reformas y toda la contrapartida en las oposiciones dentro de la Curia romana.

-¿El proceso de reformas que había iniciado Francisco en el Vaticano sigue adelante con León XIV?

-Sí, León XIV es un fiel continuador de estos procesos, como en el tema de la sinodalidad, que es el camino hacia una Iglesia más abierta y horizontal. Llama la atención que, al mismo tiempo que tiene esa mesura y capacidad de escuchar y delegar, es muy claro y decidido. Como pasó con algunas medidas que tomó.

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-¿Qué medidas, por ejemplo?

-Con los lefebvristas y con algunas instituciones eclesiásticas en México y Perú, donde aplicó una mano severa. Cuando, después de escuchar y reflexionar, León XIV toma una decisión, esa medida es clara.

-¿Mostró esa misma firmeza en la respuesta a Donald Trump?

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-Sí, lo favoreció el hecho de que él es norteamericano. Puede hablarle a su presidente con claridad y con decisión. Y enfrentar, incluso, los despropósitos de Trump.



Mariano De Vedia,Papa León XIV,Conforme a

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