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CHIMENTOS

Alejandra Perlusky, una vida atravesada por la danza, el teatro y los grandes musicales: “El arte puede salvar el alma”

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La actriz Alejandra Perlusky personifica a Mrs. Wilkinson en una escena de la producción teatral de Billy Elliot.

Hay recuerdos que nunca abandonan a un artista. No importa cuántos escenarios haya recorrido, cuántas ovaciones haya recibido o cuántos personajes haya habitado. Siempre existe una imagen que permanece intacta, inmune al paso del tiempo. En el caso de Alejandra Perlusky, esa postal no tiene marquesinas iluminadas, ni telones de terciopelo, ni aplausos interminables. Está mucho más cerca de una placita de Martínez, donde una nena de apenas cinco años caminaba tomada de la mano de su mamá rumbo a una clase de ballet, sin imaginar que esos pasos diminutos terminarían marcando el camino de toda una vida.

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En momentos en que transita los últimos días de funciones de Billy Elliot -hasta el 9 de agosto en el Teatro Ópera- hoy, cuando mira hacia atrás, entiende que aquello no era un pasatiempo ni una actividad extracurricular. Era una necesidad. Una forma de habitar el mundo.

“Yo me percibía siempre distinta en el colegio y con mis compañeros. Recién ahora pude entenderlo”, cuenta mientras busca las palabras exactas para describir una sensación que la acompañó durante toda la infancia. Habla de una intensidad emocional difícil de explicar. De una energía que necesitaba encontrar un cauce. Y fue precisamente el movimiento el que le permitió ordenar ese universo interior.

Por eso, cuando escucha la célebre frase de Billy Elliot sobre esa “electricidad” que recorre el cuerpo cuando baila, siente que también está hablando de ella. “Sentía una pulsión muy parecida. En la danza encontré la posibilidad de canalizar una emocionalidad muy potente que tenía como niña. Gracias a Dios pude descubrirlo y llevarlo adelante”.

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No es casual que hoy interprete a Mrs. Wilkinson, la profesora que descubre el talento oculto de Billy antes que nadie. Quizá ese personaje la atraviese de una manera tan profunda porque ella misma sabe lo que significa que un adulto vea algo en un chico que todavía ni siquiera entiende quién es.

Retrato de una mujer con cabello largo oscuro y liso, camisa blanca, y aretes dorados, que toca su oreja derecha con la mano. Fondo liso de color beige
La actriz argentina Alejandra Perlusky posa con una camisa blanca lisa frente a un fondo beige.

Las primeras clases llegaron casi naturalmente. El ballet apareció antes que cualquier otra disciplina artística y ocupó durante años el centro de su vida. La disciplina era rigurosa. Había ejercicios, repeticiones, correcciones permanentes y una exigencia que para muchos niños podía resultar agotadora. Para ella, en cambio, era el lugar donde todo cobraba sentido.

Mientras otros chicos soñaban con ser médicos, futbolistas o astronautas, Alejandra ya intuía que su futuro estaba vinculado al escenario: “Nunca pensé la actuación como un hobby. Desde muy chica tuve la convicción de que quería dedicarme a esto. Nunca me imaginé haciendo otra cosa”, recuerda.

Apenas hubo una duda pasajera, casi una travesura del destino. La fascinaban los animales y durante un tiempo creyó que podía estudiar Veterinaria. Pero esa posibilidad desapareció tan rápido como había llegado. “Entendí que para curar a un animal quizás tenía que abrirlo, coserlo, enfrentar situaciones muy difíciles… y ahí se me fueron todas las dudas”, dice entre risas.

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Como ocurre en muchas familias, la elección artística despertó más incertidumbre que entusiasmo. Sus padres conocían perfectamente las dificultades de una profesión atravesada por la inestabilidad, los contratos temporarios y la incertidumbre económica. Querían verla feliz, pero también protegida. “Eran personas de una sensibilidad enorme”, rememoró.

Con el tiempo descubriría que, detrás de esos temores, también se escondía una historia personal.Su padre había sido cantor de tangos durante la juventud. Amaba profundamente el arte, pero nunca se animó a convertirlo en profesión. Eligió Medicina. Años después le confesó algo que Alejandra jamás olvidaría: sentía que, de alguna manera, había traicionado ese sueño artístico que siempre había llevado adentro.

Una mujer con leotardo y falda, brazos levantados con abanicos de plumas blancas, rodeada de bailarinas en tutús rosas y otros disfraces de plumas
La actriz Alejandra Perlusky interpreta a Mrs. Wilkinson durante una escena del musical Billy Elliot acompañada por otras bailarinas en el escenario.

Quizá por eso, al principio, la preocupación era inevitable. No querían verla sufrir. No querían que la pasión terminara convirtiéndose en frustración. Sin embargo, hubo una persona que nunca dejó de empujarla hacia adelante: su mamá.

La mujer que la llevó una y otra vez a aquellas clases de ballet frente a la placita de Martínez. La que, sin saberlo, estaba alimentando una vocación que terminaría definiendo toda una existencia. Hoy, varias décadas después, Alejandra sigue emocionándose cuando habla de ella: “Le agradezco enormemente que me haya llevado tantas veces. Es tan importante el arte… puede hacer tan feliz a una persona. Puede salvar el alma, el corazón y ayudar a atravesar un montón de situaciones”.

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Durante años creyó que ese camino terminaría exclusivamente en la danza. Pero la vida tenía preparada otra sorpresa. Llegó el momento de presentarse a un seminario de técnica de la danza clásica del Colón. Y su madre dijo ‘no’.

Fue entonces que decidió probar suerte como actriz. No buscaba una revolución. Ni siquiera imaginaba que esa decisión modificaría para siempre su destino. Sin embargo, fue durante una audición cuando descubrió una herramienta que desconocía: la voz. No solamente la capacidad de cantar. También la posibilidad de contar historias desde otro lugar.

Después vendrían las clases de canto junto a Marcelo Velasco y Carlos Vittori, maestros fundamentales para construir un instrumento que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una de las marcas distintivas de su carrera. Pero, sobre todo, apareció una certeza.

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Dos personas, una con suéter estampado fucsia y turquesa y otra con camiseta a rayas y pantalones vaqueros, se abrazan en un escenario oscuro
La actriz Alejandra Perlusky, interpretando a Mrs. Wilkinson, abraza al actor que encarna a Billy Elliot durante una escena del musical.

La danza seguía siendo parte de ella. La actuación también. Y la música unía ambos mundos. Sin proponérselo, estaba empezando a recorrer el camino que años más tarde la convertiría en una figura indispensable del teatro musical argentino.

Pasaron los años. Aquella nena que cruzaba una placita de Martínez con un bolso de ballet al hombro terminó convirtiéndose en una artista capaz de emocionar desde los escenarios más importantes del país y del exterior.

Hoy ese escenario es el del musical Billy Elliot. Y mientras el público ocupa lentamente las butacas y el murmullo de la sala reemplaza al silencio de los camarines, Alejandra se prepara para transformarse, una vez más, en Mrs. Wilkinson. La profesora de danza que, en medio de un pueblo atravesado por la dureza, las huelgas mineras y los prejuicios, es la primera persona que se anima a mirar a un chico diferente y decirle, sin rodeos, que su destino puede ser mucho más grande de lo que él mismo imagina.

“Es un rol soñado. Es un personaje súper divertido y muy exigente”, resumió. Pero detrás de esa definición breve hay mucho más. Cada vez que Billy habla de esa “electricidad” que siente cuando baila, Alejandra recuerda inevitablemente a la chica que fue. La niña que tampoco encontraba palabras para explicar por qué necesitaba moverse, cantar o actuar para sentirse completa.

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Pero hay otro elemento que vuelve único este trabajo: los chicos. En la mayoría de los espectáculos, los actores construyen una dinámica que se repite noche tras noche. Las escenas adquieren una mecánica casi automática. Los silencios aparecen siempre en el mismo lugar. Las miradas encuentran exactamente el mismo recorrido.

Nuevo elenco Mamma Mía
Equipo completo de producción para la sesión de fotografías de «Mamma Mía»

“Lo más inolvidable es trabajar con niños, con elencos rotativos que cambian semana a semana. Es simplemente mágico porque cada noche tengo un Billy distinto, una hija distinta y un grupo diferente de alumnitas. Cada uno tiene su propia emocionalidad, una forma muy personal de sentir y de expresar cada escena. Esa rotación hace que nunca aparezca la rutina. Es una experiencia única que posiblemente no olvide nunca”.

Habla de ellos con la ternura de una maestra y la admiración de una colega. Porque, aunque sean niños, arriba del escenario sostienen una responsabilidad enorme. Entiende que cada uno necesita tiempos distintos, estímulos diferentes y una confianza particular para encontrar su mejor versión.

Y esa búsqueda también genera momentos inolvidables. Como aquella noche en la que una falla técnica puso en riesgo una de las escenas más importantes del musical: “En el momento casi me infarto”, cuenta. En una escena clave, Mrs. Wilkinson se dirige hasta los baños del gimnasio para convencer a Billy de continuar estudiando danza en secreto y preparar la audición para la Royal Ballet School. Todo transcurre normalmente, hasta que deja de hacerlo. El mecanismo que debía abrir los paneles del baño se trabó. Del otro lado quedó encerrado Mateo, uno de los chicos que interpretaba a Billy. Durante algunos segundos nadie supo cómo resolver la situación. El tiempo, sobre un escenario, tiene otra velocidad, cada segundo parece eterno.

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“Por suerte Mateo fue muy ágil y encontró una salida alternativa. Lo solucionó enseguida y el público prácticamente no se dio cuenta de nada”. Son esos pequeños accidentes los que terminan construyendo la memoria íntima de una compañía.

Detrás de la perfección que el espectador observa desde la platea existe un universo invisible hecho de nervios, respiraciones compartidas, abrazos antes de levantar el telón y miradas cómplices cuando algo inesperado sucede.

Astor, Piazzolla Eterno Colón
Astor, Piazzolla Eterno, en el Teatro Colón (Crédito: Gentileza de Prensa)

Pero antes de los grandes personajes hay cientos de ensayos en salas diminutas, funciones para pocas personas, audiciones que terminan en silencio y otras tantas en las que alguien pronuncia ese esperado “quedaste”. Alejandra conoce ese recorrido de memoria porque nunca fue una artista fabricada por una moda ni impulsada por la popularidad televisiva. Su carrera se construyó exactamente igual que se construye una obra: escena tras escena.

Después de descubrir que la actuación podía convivir con la danza y el canto, el siguiente paso fue ingresar al Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Paralelamente aparecieron las clases de técnica vocal. El teatro musical exige un nivel de preparación poco frecuente: actuar, cantar y bailar al mismo tiempo, con la misma intensidad durante dos o tres horas.

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Las primeras oportunidades llegaron en el circuito independiente, ese universo donde muchas veces el presupuesto escasea pero la libertad artística sobra. Allí aprendió una lección que jamás olvidaría: el escenario nunca distingue entre una sala para cincuenta espectadores y un teatro para dos mil. La entrega debe ser exactamente la misma.

Fue en ese ámbito donde comenzaron a aparecer trabajos que llamaron la atención de la crítica especializada. Sally, una farsa, Canciones degeneradas, Berlín, hora cero y Plumas y sangre fueron consolidando una intérprete capaz de moverse con la misma naturalidad entre el drama, la comedia y el musical. No tardaron en llegar los reconocimientos. Por Sally, una farsa obtuvo el Premio Hugo como Mejor Actriz, una distinción que confirmaba lo que muchos dentro del ambiente ya sabían: estaba frente a una artista integral, de esas que podían sostener una obra completa desde el escenario.

Pero el verdadero crecimiento no llegó únicamente a través de los premios. Llegó con los personajes. Cada uno la obligó a correrse un poco más de su zona de confort, cada uno le dejó una herramienta distinta.

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Astor, Piazzolla Eterno Colón
Astor, Piazzolla Eterno, en el Teatro Colón (Crédito: Gentileza de Prensa)

Con el tiempo comenzaron a aparecer los grandes títulos del teatro musical argentino. Chicago fue uno de esos desafíos que marcan un antes y un después. Su trabajo le valió una nominación como Mejor Actriz Protagónica en los Premios Hugo. Poco después llegaría Falsettos, completamente diferente, más íntima, más emocional. Otra vez, la crítica destacó su labor y volvió a reconocerla con una nueva nominación a los Hugo.

También hubo lugar para los grandes clásicos familiares: Aladín, Mamma Mia!, Pretty Woman. Producciones enormes, cambios escenográficos permanentes y una maquinaria técnica que convierte cada función en una coreografía perfecta incluso detrás del telón.

En Mamma Mia! interpretó a Tanya, uno de los personajes más queridos del espectáculo. Su desempeño le permitió recibir el premio a Mejor Cantante en los Premios Carlos 2024. Después llegaría Kit De Luca en Pretty Woman, otro personaje completamente distinto, donde volvió a demostrar esa capacidad para cambiar de registro sin perder autenticidad.

Su recorrido también incluyó una de las experiencias más prestigiosas que puede vivir un artista argentino: el Teatro Colón.

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Participar de Astor, Piazzolla eterno significó mucho más que sumar un título al currículum, era llegar al escenario más emblemático del país, el lugar con el que sueñan generaciones enteras de músicos, cantantes y actores. Pero el recuerdo más fuerte de aquella noche no está relacionado con el espectáculo, está en la platea. O, mejor dicho, en el final de la función.

Revive la emoción del aclamado espectáculo ‘Astor Piazzolla Eterno’ en el majestuoso Teatro Colón. Un viaje musical y visual a través de la vida y obra del genio del tango, con una orquesta en vivo, cantantes extraordinarios y bailarines apasionados.

Cuando todo terminó y los aplausos comenzaron a apagarse, su padre apareció con un ramo de flores. La emoción fue inmediata. “Me partí en llanto”, recuerda. No lloraba únicamente por el éxito de la función. Lloraba porque comprendía el significado de ese gesto. Su padre, aquel hombre que alguna vez había sentido miedo por su futuro artístico, estaba allí, orgulloso. El mismo hombre que le había confesado que nunca se había animado a seguir su propia vocación como cantor de tangos. “Uno siempre busca la mirada de aprobación de sus padres”, dice. Y esa noche sintió que finalmente había llegado. “Sé que mi papá está muy orgulloso de mí. Cantar Piazzolla en el Colón fue una emoción única para los dos”.

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Su carrera, sin embargo, nunca se limitó a la Argentina. Todavía muy joven apareció una oportunidad inesperada: España. Junto a Omar Calicchio emprendió una aventura que, vista con perspectiva, parece casi una locura. Viajaron con Vivitos y coleando para participar de un festival en Madrid, en un momento en que la comedia musical apenas comenzaba a abrirse camino en ese país: “Éramos como extraterrestres”, recuerda entre risas.

Mientras los grandes musicales recién empezaban a instalarse con producciones como My Fair Lady, ellos recorrían salas independientes mostrando un lenguaje escénico que todavía resultaba novedoso para buena parte del público español.

Después llegaría otra experiencia completamente distinta. México. Los Cabos. Allí trabajó como cantante en un exclusivo hotel internacional. Las jornadas eran extenuantes. Cuatro sets diarios. Seis días por semana. Horas y horas cantando frente a un público tan exigente como imprevisible. Entre los huéspedes aparecían algunas de las figuras más conocidas del mundo: George Clooney, Cindy Crawford, Luis Miguel. Celebridades acostumbradas a los mejores espectáculos del planeta.

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Sin embargo, lo que más recuerda de aquella etapa no son los nombres. Es la disciplina, la resistencia, el aprendizaje cotidiano: “Me dio un entrenamiento vocal enorme y me enseñó a mantener siempre el mismo nivel, me escucharan o no”.

Un hombre y una mujer se abrazan. El hombre tiene pelo gris y chaqueta verde. La mujer tiene pelo oscuro y labial rojo. Ambos tienen los ojos cerrados
El director teatral Pepe Cibrián y la cantante Alejandra Perlusky se abrazan afectuosamente

Años más tarde también llegaría Nueva York. Integrar el ciclo American Songbook, en el Lincoln Center, significó cumplir uno de esos sueños que parecen reservados para unos pocos. Compartir una tradición teatral que inspiró a generaciones enteras de artistas argentinos.

Paradójicamente, después de todos esos viajes, Alejandra siempre termina regresando al mismo lugar: Buenos Aires. Porque es aquí donde eligió construir su carrera, donde el teatro musical pelea función tras función para seguir creciendo, donde continúa creyendo que cada nuevo personaje representa una oportunidad para volver a empezar.

Porque, para ella, el oficio no consiste en acumular personajes, consiste en seguir encontrando, en cada uno de ellos, una nueva forma de conocerse a sí misma.

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A pesar de haber recorrido algunos de los escenarios más importantes de la Argentina y del exterior, Alejandra nunca perdió la costumbre de observar lo que sucede alrededor. Mientras muchos artistas se concentran exclusivamente en el próximo estreno, ella suele detenerse a pensar en el lugar que ocupa el teatro musical dentro de la cultura argentina y en los desafíos que todavía tiene por delante un género que, aunque creció enormemente en las últimas décadas, continúa peleando por consolidarse como una verdadera industria.

No habla desde la queja, habla desde la experiencia, desde la mirada de alguien que atravesó casi todos los formatos posibles. Por eso, cuando analiza el presente del musical argentino, evita las frases grandilocuentes y prefiere apoyarse en la realidad cotidiana de quienes viven de este oficio: “El gran desafío es desarrollar una industria que pueda sostener al género”, explica.

Dos mujeres de pie abrazándose frente a un cartel con letras blancas que dicen "MAMMA MIA" y flores púrpuras, sobre un fondo azul
Alejandra Perlusky abraza a Flor Peña en tiempos de Mamma Mia

Y enseguida aparece la comparación inevitable con Broadway, ese faro al que cualquier artista de teatro musical mira alguna vez. Allí, recuerda, espectáculos como Chicago, Cats o El Rey León permanecieron durante años en cartel gracias a un circuito turístico y cultural que garantiza una afluencia constante de espectadores de todo el mundo.

Buenos Aires, sostiene, todavía está lejos de ese escenario: “No somos la meca de los musicales. Tenemos un nivel artístico enorme, pero todavía no existe esa industria que hace que la gente viaje específicamente para ver teatro musical. Ojalá podamos convertirnos, al menos, en un polo de atracción para los países vecinos. Siento que, de a poco, eso empieza a suceder”. No es una crítica, es un deseo.

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Porque después de tantos años de profesión sabe que detrás de cada estreno hay cientos de trabajadores que dependen de que una obra funcione. El teatro nunca es el triunfo de una sola persona. Siempre es una construcción colectiva.

Quizás por eso también entiende una de las discusiones más incómodas del ambiente: la presencia cada vez más frecuente de figuras mediáticas encabezando los elencos. Y prefiere analizar el fenómeno con honestidad: “Como buena trabajadora del teatro, lucho permanentemente con las figuras mediáticas. Ellas siempre tienen una ventaja porque los productores necesitan vender entradas. Muchas veces eso nos deja en desventaja a quienes venimos exclusivamente del oficio”.

No hay resentimiento en sus palabras, hay comprensión. Sabe perfectamente cómo funciona la industria. También sabe que el público suele acercarse atraído por un nombre conocido, pero inmediatamente agrega un matiz que considera fundamental.

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Ocho personas sonrientes posan sobre una alfombra roja frente a una pared azul decorada con flores rosas y la inscripción Mamma Mia; un televisor muestra Teatro Coliseo
Un grupo de ocho actores de la obra Mamma Mia posa sonriente sobre una alfombra roja

Cuando un espectáculo tiene un peso propio, cuando la producción ya despierta interés por sí misma, cree que los personajes deberían quedar en manos de quienes cuentan con la preparación necesaria para interpretarlos. Y pone un ejemplo, Osvaldo Laport: “Es un artista completísimo. Canta, actúa, baila, tiene presencia. Siempre hay que nivelar para arriba”.

La frase resume buena parte de su filosofía profesional. Nunca habló de competir con otros artistas. Siempre habló de elevar el nivel. De exigir más. Exactamente igual que Mrs. Wilkinson.

Después de tantos personajes, Alejandra sigue sintiendo los mismos nervios antes de cada estreno. Sigue repasando mentalmente las escenas. Sigue escuchando las indicaciones del director. Sigue buscando pequeños detalles que puedan mejorar una interpretación.

Tal vez esa sea una de las razones por las cuales tantos directores vuelven a convocarla. Nunca deja de trabajar, nunca cree que ya lo sabe todo. Todavía se permite aprender de un compañero, de un director, incluso de un niño.

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Todavía siente esa electricidad de la que habla Billy Elliot. Todavía cree, como creía entonces, que el arte puede salvar el alma, aliviar el corazón y convertirse en un refugio cuando todo lo demás parece tambalear.

Una mujer con vestido largo brillante y micrófono canta en un escenario junto a otros artistas con trajes brillantes
Alejandra Perlusky canta y celebra en el escenario de Mamma Mia rodeada de otros artistas.

Quizás esa sea la verdadera explicación de una carrera construida con paciencia, talento y perseverancia. No hubo fórmulas secretas. No hubo golpes de suerte. Hubo trabajo, disciplina, maestros, padres que primero sintieron miedo y después orgullo, escenarios enormes y salas diminutas, aplausos inolvidables y también noches difíciles.

Y hubo, sobre todo, una certeza que nunca cambió, la misma que acompañaba a aquella niña mientras acomodaba sus zapatillas de ballet antes de entrar a clase. La misma que hoy la acompaña unos segundos antes de que se abra el telón.

Que el escenario no era solamente el lugar donde quería trabajar, era, desde el principio, el lugar donde siempre había pertenecido.

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Ximena Capristo y Eliana Guercio se mataron al aire, se insultaron y causaron un escándalo a los gritos: «Estás loca, sos una psiquiátrica, hacete ver»

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La guerra entre Ximena Capristo y Eliana Guercio volvió a quedar expuesta en televisión y esta vez alcanzó un nivel inesperado. Lo que comenzó con la confirmación de una posible demanda terminó en un furioso cruce al aire, con fuertes acusaciones y una frase fortísima.

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Guercio se comunicó con Sálvese quien pueda después de sus cruces con Laura Ubfal por las acusaciones de gordofobia y, durante la conversación, anunció que iniciaría acciones legales contra dos mujeres. Cuando Yanina Latorre quiso saber quién era la segunda persona involucrada, la esposa de Chiquito Romero confirmó que se trataba de su antigua compañera de elenco.

El motivo, según explicó, estaba relacionado con dichos que Capristo había realizado sobre ella. “Ximena me trató de Tatiana así que recontra cabe”, sostuvo Eliana, antes de profundizar en la acusación que pretende llevar a la Justicia: “Ximena me trató de Tatiana así que recontra cabe, dijo que yo le había robado el novio a una amiga y va a tener que presentar las pruebas. Además dijo otras barbaridades”.

La respuesta de Capristo fue inmediata y no dejó margen para una conversación tranquila. La panelista reaccionó con furia al escuchar las declaraciones de Guercio y apuntó directamente contra su estado mental: “¿Pero vos estás psiquiátrica, flaca? Dijiste que por mi culpa te quisiste tirar de un piso 28. ¿Pero vos estás mal de la cabeza? Loca. ¿Qué decís? ¿Cómo vas a decir esa barbaridad en un medio?”.

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XIMENA CAPRISTO CRUZÓ CON TODO A ELIENA GUERCIO

El origen de esa reacción estuvo en una vieja y gravísima acusación que Capristo negó de manera terminante. “Estás mal de la cabeza, hacete ver. Mandame lo que quieras. Jamás incité a que te suic… Es un delito lo que estás diciendo. No estás bien, hacete ver mejor”, disparó, visiblemente indignada por lo que acababa de escuchar.

La discusión escaló rápidamente y el enfrentamiento terminó atravesando la pantalla. Capristo ya no quiso continuar escuchando a su excompañera y dejó en claro que no estaba dispuesta a mantener ningún tipo de intercambio con ella. “Yanina, me dijo psiquiátrica. No quiero hablar con ella ni la quiero escuchar. Callala”, reclamó durante el tenso momento.

Así, una nueva disputa entre dos figuras que arrastran años de diferencias terminó nuevamente en el centro de la escena. Mientras Guercio confirmó que pretende llevar el conflicto al terreno judicial, Capristo respondió con una furiosa defensa y cuestionó duramente las acusaciones que, según sostuvo, se hicieron en su contra.

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Ximena Capristo, Eliana Guercio

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Murió la actriz, directora y docente Paula Sinay

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Paula Sinay: su muerte fue comunicada este viernes 11 de septiembre (Facebook Paula Sinay)

Paula Rut Sinay, actriz, directora y docente de teatro, falleció y su partida abre un hueco difícil de llenar en la escena artística y académica de Mendoza. Referente de la actividad escénica provincial durante décadas, Sinay construyó una trayectoria que unió la pedagogía, la investigación y la creación escénica con igual rigor y con una convicción que sus estudiantes y colegas recuerdan como contagiosa. Su muerte fue comunicada en el sitio de la Asociación Argentina de Actores y Actrices.

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Sinay cursó sus estudios superiores en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde obtuvo el título de Profesora en Ciencias de la Educación con especialización en Educación Artística. De regreso en Mendoza, su actividad se concentró en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), donde se desempeñó como profesora titular de Técnicas Corporales I y II en la Facultad de Artes y Diseño. Esa posición la convirtió en una figura central de la formación teatral y corporal de varias generaciones de artistas mendocinos, muchos de los cuales reconocen en ella a quien les enseñó a habitar el cuerpo antes de habitar el escenario.

Además de su labor docente, integró un equipo de investigación dentro de la misma casa de estudios. El grupo trabajó en el desarrollo de un entrenamiento progresivo que articulara las técnicas vocales, corporales y de actuación, con el propósito de ofrecer a los estudiantes un abordaje integral de las herramientas escénicas.

En el campo de la creación artística, Sinay dirigió el grupo Lazos Danza-Teatro, fundado en 1999 con la participación de estudiantes del Profesorado de Expresión Corporal Isadora Duncan. La agrupación fue el espacio desde el cual desarrolló sus propuestas escénicas más reconocidas, y también el lugar donde la frontera entre maestra y artista se volvía menos nítida.

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Uno de sus trabajos más destacados fue Líneas en forma, que combinó danza, teatro, música, texto y escenografía en una propuesta de lenguaje híbrido. La obra fue reseñada en 2001 por la revista Picadero, publicación del Instituto Nacional del Teatro (INT), lo que le otorgó proyección nacional dentro del circuito de la escena independiente argentina. También dirigió Lazos… tantos siglos de civilización, y no aprendimos a abrazarnos…, otra producción del grupo que continuó la exploración del cruce entre el movimiento y la palabra.

La Asociación Argentina de Actores y Actrices anunció la muerte de Paula Sinay
La Asociación Argentina de Actores y Actrices anunció la muerte de Paula Sinay

La dimensión pedagógica de su trabajo quedó documentada en el libro colectivo Didáctica del teatro II. Una didáctica del teatro para el nivel polimodal, publicado en 2004. En esa obra, Sinay fue autora del capítulo «El lenguaje corporal como un eje de trabajo posible en el nivel polimodal», dedicado a las relaciones entre cuerpo, movimiento, gestualidad y experiencia artística en la educación secundaria. El texto refleja su convicción de que el teatro en la escuela no es un adorno curricular, sino una forma de conocimiento. Ofrece herramientas concretas para docentes de teatro y expresión corporal que todavía hoy se usan en aulas de toda la provincia.

En los últimos años, Sinay amplió su trabajo hacia el cine. En 2022 integró el elenco de Parque Central, película rodada íntegramente en Mendoza y dirigida por José Kemelmajer, con la codirección de Axel Rezinovsky. Compartió el reparto con Ernesto Suárez, Aníbal Villa, Gustavo Torres y Horacio Ramos, entre otros artistas de la región.

La comunidad artística mendocina, sus colegas de la UNCuyo y sus familiares y amistades la despiden con el dolor de quienes pierden a alguien que enseñó con generosidad y creó con honestidad, durante toda una vida dedicada al teatro. En su cuenta de Instagram, Paula había compartido imágenes junto a Rocco, su perro, en posteos que dejaban ver, fuera del escenario, una calidez cotidiana que quienes la conocieron reconocen como parte de lo mismo: una manera de estar presente en todo lo que hacía.

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Escándalo: los polémicos chats de la separación de La Joaqui y Luck Ra que destaparon un horrible secreto

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Luck Ra y La Joaqui siguen sumando más situaciones a su escandalosa separación. Cuando todo parecía haberse terminado en buenos términos, con el paso de los días comenzaron a surgir fuertes teorías sobre infidelidades, destratos, engaños y más. Cada declaración y episodio que se conoce deja la impresión de una relación llena de aristas negativas. Y ahora aparecieron unos chats muy comprometedores, que sugieren una mentira. ¿Qué pasó en realidad?

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El punto máximo llegó hace casi una semana, cuando Luck Ra se hartó de las indirectas de La Joaqui y decidió exponer la relación que ella habría arrancado con Tiago PZK. La cantante había hablado de las infidelidades que sufrió en su vida, pero el cordobés se dio por aludido y contraatacó fuerte contra su ex. La separación entonces pasó a tener otro color.

Sin embargo, por estas horas todo volvió a cambiar. En Intrusos, Paula Varela decidió poner sobre la mesa una serie de chats que recibió desde el círculo íntimo de Luck Ra. Los mensajes aportan una mirada completamente diferente sobre cuándo terminó realmente la relación y qué habría ocurrido en los meses previos al anuncio público.

“Mira, por lo que me contó Facu (Luck Ra), las cosas no pasaron así como salen en todos lados. Pero como nadie le cree, prefiere no hablar con nadie, al igual que su entorno”, comienza diciendo la fuente contactada por la periodista. Según explicaron, Luck Ra y La Joaqui terminaron mucho antes de que se hiciera pública la noticia. Y acá aparece un abismo que todavía queda descifrar.

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LA EXPLICACIÓN DEL CÍRCULO ÍNTIMO DE LUCK RA SOBRE LA SEPARACIÓN DE LA JOAQUI

En concreto, desde el entorno del músico aseguran que Luck Ra ya llevaba cuatro meses separado y que, por lo tanto, se encontraba soltero cuando viajó al Mundial. Pero eso no sería todo. Los mensajes también hacen referencia a supuestas situaciones de tensión que se habrían producido cuando todavía quedaban asuntos por resolver entre ambos.

“Hubo amenazas por parte de ella… parece que en esa discusión ella le dijo: ‘Vas a ver, te voy a bajar recitales, como está pasando ahora’”, habría sido uno de los ataques de La Joaqui contra Luck Ra. En definitiva, se habla de una supuesta campaña en contra del cordobés, encabezada por la cantante de RKT. ¿Es verdad esto o es un manotazo de ahogado del entorno del músico?

La situación volvió a quedar bajo la lupa a raíz del viaje de Luck Ra a España. Frente a la supuesta infidelidad, negaron que esto sea cierto ya que estaban separados desde hace tiempo. De hecho admiten que él conoció a una joven en un boliche, pero que cuando ella le preguntó por su situación sentimental, un amigo suyo le habría explicado que “ya no estaba en pareja hace tiempo”.

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La otra versión que quedó en discusión tiene que ver con La Joaqui y su viaje a Madrid. En medio de los rumores sobre una supuesta propuesta de matrimonio que habría esperado la cantante, el círculo de Luck Ra sostiene una historia muy diferente. “Ella se enteró de que Facu estaba en Ibiza y cayó ahí al departamento”. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿A qué voz hay que creerle?

 

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