CHIMENTOS
Alejandro Awada comenzó un nuevo desafío teatral: “No fue nada fácil el camino del actor”

Durante más de cuarenta años, Alejandro Awada persiguió un anhelo tan persistente como íntimo: experimentar el gozo pleno de su vocación sobre el escenario. A lo largo de décadas, transitó personajes secundarios y papeles que alimentaron su oficio, pero el deseo de entregarse por completo a un gran protagonista permaneció intacto. Hoy, ese sueño se concreta en la piel de Willy Loman, el emblemático viajante creado por Arthur Miller, en una sala colmada cada fin de semana en el teatro El Tinglado.

Con voz calma y palabras elegidas, Awada confiesa a Teleshow la emoción que le produce interpretar sobre las tablas al personaje escrito por Arthur Miller. “Me llena de orgullo y de satisfacción. Es un personaje de una obra descomunal que tengo la felicidad de interpretar”, expresa, dejando traslucir la gratitud, tras una larga travesía profesional.
Este primer protagónico en La muerte de un viajante no solo significa un logro profesional, sino también un profundo agradecimiento. Awada reconoce en este desafío una conexión inédita con el sentido más hondo de su vocación, como si el tiempo y el recorrido lo hubieran preparado para vivir este momento con una intensidad renovada.
—¿Cuántas veces este personaje pasó por tu vida?
—Lo estudié cuando estudiaba teatro. No a Willy Loman, sino en teatro hacíamos otra escena de la obra. Eso estudiaba. Después, nunca más tuve la maravilla de acercarme a La muerte de un viajante y recién ahora sucedió.
—¿Es tu primera vez interpretando a Willy Loman?
—La primera, hay muchas personas que se sorprenden cuando lo digo.
—¿Y cómo te sentís?
—Orgulloso. Y con mucho agradecimiento. Un personaje de una obra impresionante que tengo la felicidad de interpretar los fines de semana. Insisto, me da mucho orgullo y satisfacción.

—¿Qué te acerca al personaje?
—Su búsqueda, su querer encontrar por lo que tanto luchó. Y le mete para adelante como sea, como pueda. Pasa que tiene, como lo dice uno de sus hijos, sueños equivocados. Y entonces se encuentra con una muralla tremenda.
—¿Los sueños equivocados son esa búsqueda permanente que puede llevar a la frustración?
—Exactamente, sí, por supuesto. La obra, desde mi punto de vista, es una furiosa crítica al sistema capitalista. Y Willy cree en eso, cree en ser un número uno, en lo suyo. Y pelea, pelea, pelea, pero se encuentra en un momento de su vida con que ya no tiene las herramientas necesarias y además su entorno le empieza a jugar en contra.

—¿Le ves un paralelismo a tu vida con la obsesión de Willy?
—En mi vida personal, sobre todo en los comienzos y en los medianos. Una especie de obsesión por salir adelante con mi profesión.
—¿Te costó transitarla?
—Me costó bastante, sí, me costó y no me encontré con una pared. Pude penetrar ese deseo, pude lograrlo, por llamarlo de alguna manera.
—El camino del actor…
—No me resultó para nada fácil ese camino del actor. Fue bravo y sigue siendo muy intenso. Pero jamás quise dejar la profesión.

—¿Sentías frustración por no encontrar ciertos trabajos?
—Quizá en los comienzos, sí, pero una vez siendo profesional, no encontraba la frutillita del postre. Ese trabajo que me llene de entusiasmo y de confianza y agradecimiento. Los últimos años puede ser que me haya pasado eso y fundamentalmente con lo que estoy haciendo ahora con La muerte de un viajante.
—¿Cómo fueron tus primeros años?
—Trabajé mucho, mucho ahí, como diez años, hasta que tuve la chance de empezar en el teatro oficial. Pero cuando empiezo a hacer televisión surge el punto de inflexión y comienzo a ser reconocido y la gente empieza a convocar. A partir de ahí no paré más.
—¿Te llevó mucho tiempo sentirte actor y disfrutar de tu profesión?
—Me llevó bastante tiempo, tal vez demasiado, pero tenía que transitarlo.
—¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué te ayudó?
—Mucha terapia…y me ayudo muchísimo el libro Rayuela de Julio Cortázar.
—¿Por qué no podías disfrutar?
—Cuando era joven o en la mediana edad no estaba en condiciones personales de hacerlo.
—¿A qué lo atribuís?
—Por condicionamientos culturales, personales, sociales, familiares.
—¿Cómo lograste empezar a sentir gozo?
—Sucedió, en primer lugar por mí.
—¿Qué te permitió avanzar?
—Andar, y andar más liviano, mucho más liviano en todo sentido.
—¿Qué hacías antes de dedicarte a la actuación?
—Intenté un tiempo trabajar en la empresa familiar. Me tuvieron paciencia hasta que yo me di cuenta que tenía que ir por otro lado, por otros caminos. Y lo intenté y tiempo después, bastante tiempo después, lo encontré.
—¿Cuáles fueron esas “frutillas del postre”?
—Me fue muy bien con Historia de un clan, con la familia Puccio. Y me fue muy bien con Iosi, el espía arrepentido también. Y además me está yendo muy bien con Willy Loman… hoy estoy muy satisfecho y agradecido.

—¿De quién o quienés necesitas agradecimiento, reconocimiento?
—De mí mismo. Conmigo mismo. La sensación de haber hecho las cosas bien, estar haciendo las cosas bien. Y entonces me agradezco a mí mismo.
—¿Qué te genera el reconocimiento de tus colegas?
—Me doy cuenta que mis colegas me quieren mucho, me quieren y me respetan y eso me genera agradecimiento también.
—El reconocimiento es importante…
—La palabra que dijiste, sí. Sí, es importante para acompañarnos. Tengo colegas con los que nos estamos acompañando y me gusta mucho.
—¿Tenés prejuicio hoy con la televisión?
—Para nada. Estoy triste porque no se hace ficción en la televisión argentina. Me da mucha tristeza un producto tan valioso, tan rico, ¿no? Sabemos hacer ficción y la hacemos muy bien. A eso agregale lo que sucede con el INCAA y prácticamente no se está filmando. Y a eso se suma lo de las plataformas que vienen con cuentagotas. Si echás una mirada, están todos los actores de la tele y el cine haciendo teatro.
—¿Qué te gusta hacer fuera de la actuación?
—Ahora soy más lector. Me está gustando ver las miniseries en las plataformas. Otra cosas que me fascina es el golf. Jugué toda mi vida al golf, pero mucho no lo hago. Voy a volver. Es un deporte que me apasiona.
—¿Qué tiene el golf que tanto te atrae?
—Tenés que estar presente. Liviano. Presente y liviano, las dos cosas. Y es un juego. Entonces, se puede ser muy maravilloso, muy divertido y muy placentero.
—¿Qué más disfrutás de lo cotidiano?
—El cafecito en los bares, y el amor de mi mujer y el amor de mi hija.

—¿Qué podés contar de Andy, tu mujer?
—La amo profundamente. Nos reímos, caminamos, soñamos, nos abrazamos. Pensamos juntos. La encontré.
—¿Cómo y dónde nació esta historia de amor?
—Cuando éramos jóvenes, yo tenía 18 y ella 16, estuvimos de novios. Pasaron cuarenta y cinco años y nos empezamos a escribir. Por Facebook, y WhatsApp, y salimos, y nos enganchamos. Hace un buen tiempo que estamos juntos y disfrutando mucho de nuestra relación.
—¿Por qué se separaron en la juventud?
—Me dejó. Ella dice que no, pero me dejó por otro muchachote. Ella dice que no fue así. Para mí, no. No dan los tiempos, (se ríe).
—¿Cómo fue el reencuentro?
—Yo estaba encantado cuando la volví a ver. Nunca me la saqué del corazón.

—¿Ella también hizo su vida?
—Por supuesto, tiene dos hijas. Y tiene su recontra vida transitada. Nos tocó y nos toca esto, el encontrarnos y el disfrutar de estar juntos.
—¿Cuánto hace que están juntos otra vez?
—Después de no verla desde la adolescencia,hace un año que estamos juntos, disfrutamos mucho de los dos.
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CHIMENTOS
Nora Colosimo opinó sobre la vida amorosa de Wanda Nara y volvió a cuestionar su vínculo con L-Gante: «Me daba miedo»

La vida de Nora Colosimo siempre estuvo cerca de las luces y las cámaras del mundo del espectáculo. Como madre de Wanda y Zaira Nara, acompañó distintos momentos de la vida pública de sus hijas y, con el paso de los años, también se convirtió en una voz consultada sobre sus decisiones personales. Este fin de semana, durante su visita a Secretos Verdaderos (América), Nora habló sobre los vínculos amorosos de Wanda y volvió a referirse a la relación que mantuvo con L-Gante.
La conversación comenzó cuando Luis Ventura le preguntó si alguna vez había tenido una mala convivencia con las parejas que sus hijas habían elegido. “Te soy honesta, siempre quise la felicidad de las nenas. Para mí hoy son nenas, son mis hijas”, respondió Colosimo. “Y una sola pareja no estuve de acuerdo, pero por supuesto nunca se me preguntó, porque imaginate tu hija a la edad que tiene, empoderada y semejante mujer, semejante persona”, explicó
A continuación, la madre de Wanda mencionó el vínculo que mantiene con Claudia Valenzuela, la madre de L-Gante. “Todo el mundo lo sabe, porque tuve en mi streaming a Claudia, que nos llevamos muy bien y también le mando un beso”, señaló. Luego la definió como “un amor de mujer con mucha vida, con mucha historia, como yo” y expresó el cariño y el respeto que siente por ella. “Y yo le dije: ‘no éramos compatibles’. Tu hijo trabaja de noche y se acuesta a la hora que mi hija se tiene que levantar, preparar los desayunos y peinar a las nenas para ir al colegio. Eran dos vidas totalmente distintas”, sostuvo.
“Es el único noviazgo que yo no estuve de acuerdo, pero nunca me opuse”, afirmó. “No me gusta la mentira, porque la mentira hay que tener memoria, que con los años empieza a fallar y tenés que sostenerla”, planteó. “Por más dura que sea la verdad, decila. Decila, porque seguramente va a ser tu verdad y va a estar acompañada de un contexto, va a tener una explicación”, sostuvo. “Yo por eso siempre digo, a mis nietos les enseño, tengo siete nietos y les digo: ‘No mientan’”, aseguró.
La madre de Wanda también remarcó su lugar en la vida de Wanda. “Yo no se los elijo los novios, pero él no era para mi hija. No la formé ni la eduqué para esa vida”, afirmó. Luego se refirió específicamente al ámbito en el que se desarrollaba el trabajo de L-Gante: “Una vida de bailantas nocturnas…”.
Nora explicó que esa rutina le generaba preocupación esa situación. “Me daba miedo. Todo lo que uno escucha que pasa de noche y vos si es tu pareja lo acompañás. Entonces eso no me gustaba”, expresó. De esa manera, volvió a remarcar que su desacuerdo no estaba vinculado con la madre del artista, Claudia, a quien dijo respetar y querer, sino con el estilo de vida que imaginaba para su hija durante aquella relación.

La primera vez que Colosimo había hablado públicamente sobre el tema había sido en LAM (América). En aquella oportunidad, dejó en claro que estaba contenta de que Wanda y L-Gante ya no mantuvieran una relación sentimental. Sus declaraciones habían surgido después de una conversación en un programa de streaming, donde explicó que veía afecto entre ellos, pero también diferencias importantes en sus rutinas.
“A mí me pasaba que cuando los chicos estaban noviando, porque fueron una pareja, fueron novios, yo veía que había mucho amor y todo, pero yo le decía: ‘Wanda, me parece que hay algo que no va… Por el trabajo de L-Gante, la música, él se acuesta tarde y a la hora en que él llega, vos te tenés que levantar’”, había contado. “De hecho, le ha pasado cruzárselo y hacer el desayuno a los chicos. Me parecía que como que eran dos vidas no compatibles”, relató.
Después de esas declaraciones, Nora habló por teléfono con Ángel de Brito y su panel. En esa conversación, profundizó su postura y fue más contundente: “Yo nada lo quería”, aseguró Colosimo. Luego explicó que sentía que había criado a sus hijas para otro tipo de vida. “Me parecía que había criado a mis hijas para una vida diferente. Para una de familia, relajada... La de Wanda fue cero relajada, pero esto era demasiado”, sentenció.
Finalmente, Nora sostuvo que se había sentido como la única persona del entorno que no acompañaba aquella relación. “Su entorno, sus amigos, su padre, su hermana, la apoyaron”, concluyó.
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El llanto de la mamá de Wanda Nara por el problema de salud de su hija y su último deseo: “Quiero irme sabiendo que mi hija está sana”

La salud de Wanda Nara es una preocupación constante para su círculo íntimo, en especial para su mamá, Nora Colosimo. En una nota que dio para Secretos Verdaderos, la mujer habló de sus afectos, de la familia que construyó y del deseo que hoy ocupa un lugar central en su vida. Y su testimonio generó sorpresa absoluta.
Durante la charla que mantuvo con Luis Ventura este sábado por la noche, Nora destacó que se siente agradecida por todo lo que tiene. Sin embargo, detrás de todo eso, reconoció que hay algo que le genera un dolor difícil de llevar: la enfermedad de Wanda, su hija, que recordemos hace años fue diagnosticada con leucemia.
«Tengo una vida hermosa, creo que la vida me dio más de lo que merezco, no me puedo quejar, todo me sobra. O sea, tengo abundancia de amor, abundancia de nietos, tengo pareja, tengo a mi ex, tengo a mis hijas, tengo todo», contó la mamá de Wanda. Más allá del valor que para ella tiene su familia, cuando le preguntaron por aquello que siente que todavía le falta, su respuesta fue tajante.
Nora explicó que su mayor anhelo es poder tener la tranquilidad de saber que su hija está sana. La posibilidad de que Wanda atraviese un problema de salud es algo que, según explicó, le resulta difícil de procesar. «Lo único que a mí me falta es desaparecer de este mundo el día que me toque sabiendo que mi hija está sana; eso me pesa».
Además, Colosimo también reconoció la impotencia que le genera la situación. Incluso, contó que en algunos momentos se pregunta por qué la enfermedad no le tocó a ella en lugar de a Wanda. «A veces me enojo porque ¿por qué no me pasó a mí? Yo me tenía que enfermar. ¿Por qué le tocó a ella? ¿Por qué a ella?», cuestionó, exponiendo el dolor que atraviesa como madre.
En otro momento de la nota, se refirió a sus convicciones espirituales y aclaró que su confianza está puesta en quienes pueden ayudar a Wanda a salir de esto. «¿Cómo voy a creer en él? No, es lo único que yo quisiera y que me falta, el resto lo tengo todo en exceso. Creo en los médicos que están haciendo todo para sanar a los enfermos».
Al final de la charla, la mamá de Wanda le dedicó unas fuertes palabras a sus dos hijas. Y reveló qué les dice en la intimidad. «Se los digo todos los días en privado, que las amo, que son mi orgullo, que son increíbles y que nunca en la vida dejen de hacer lo que las haga feliz por ningún novio o marido», sentenció.
Wanda Nara, Nora Colosimo
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César Troncoso, de El Eternauta a su trabajo con Diego Peretti: “Los actores uruguayos siempre apuntamos a Buenos Aires”

César Troncoso atraviesa semanas de rodajes, estrenos y viajes entre Montevideo y Buenos Aires. Mientras filma la serie Sangre para la productora Preludio —uno de los proyectos anunciados para Netflix—, el actor uruguayo acompañó el lanzamiento de La Casa junto a Diego Peretti y aguarda las definiciones para retomar su personaje en la segunda temporada de El Eternauta. En una charla con Teleshow, repasó un recorrido que comenzó lejos de los sets: estudió medicina, trabajó 25 años en un estudio contable y recién a los 40 filmó su primera película.
Con humor, memoria y una mirada afectuosa sobre la ciudad que lo recibe cada vez con más frecuencia, Troncoso habló de la fantasía que lo acercó a la actuación, de su trabajo junto a Peretti y de la complejidad de una producción como El Eternauta.
—Estás nuevamente en la Argentina. ¿Qué estás haciendo ahora?
—Estoy acá desde hace unas tres o cuatro semanas. El estreno de la película me encontró haciendo una serie con Preludio, que se llama Sangre. Es una de las series anunciadas para Netflix. Trabajan Juan Gil Navarro, Julieta Cardinali y Macarena Achaga. Voy a seguir por acá, en principio, hasta diciembre.
—Y también está la expectativa por la continuidad de El Eternauta. ¿Qué se sabe?
—Se saben algunas cosas… están diciendo que sobre marzo del año próximo comenzaríamos y parece que la fecha es bastante segura. Es una producción muy grande y hay muchos territorios distintos que coordinar: la escritura, los efectos especiales y los presupuestos.
Troncoso planteó que el contexto económico también puede incidir en una serie de esa escala. “Estábamos en 2023 haciendo las cosas con un precio del dólar y después pasó a otro. Debe haber variables de todo tipo y color”, señaló a Teleshow. Mientras espera la confirmación definitiva, bromeó con el destino de su personaje: “Estoy esperando que me digan de una vez por todas ‘vamos’ y salgo a matar bichos”.
—¿Siempre quisiste ser actor?
—De chico, no. Empecé a tomar clases de teatro a los 25 años y la primera película la hice a los 40: El viaje hacia el mar, con Hugo Arana. Antes tuve un primer año de Medicina: aprobé cuatro materias, dos copiando y dos sabiendo. Después decidí salvar vidas y, para hacerlo, decidí retirarme de la profesión.
Luego trabajó durante 25 años en un estudio contable, una actividad que compartió durante mucho tiempo con el teatro y, más adelante, con sus primeros papeles en cine. El cambio definitivo se produjo cerca de 2011, cuando ya participaba en Infancia clandestina y recibió una propuesta desde San Pablo para una película brasileña.
—¿Ese fue el momento en que decidiste dedicarte por completo a actuar?
—Había pedido dos meses de licencia sin goce de sueldo para hacer Infancia clandestina. Para enganchar la otra película tenía que pedir un mes más. Hablé con mi mujer y decidimos que era tiempo de dejar todo lo demás y dedicarme a ser actor. Recién ahí me transformé en un actor de tiempo completo.
—¿Qué imaginabas para tu vida cuando eras chico?
—Leía mucho y dibujaba. Es la otra actividad que hago todo el tiempo y con continuidad. Si hubiera tenido que elegir bien, quizá tendría que haberme metido en arquitectura o en diseño de sonido. La medicina fue un error garrafal.
—¿Cómo fue tu formación como actor?
—Fui a una escuela. Mi viejo tenía un boliche cerca del centro de Montevideo; algunos actores iban a tomar café, ofrecían entradas y un día decidí ir al teatro. También me hice socio de la Cinemateca Uruguaya, que sigue siendo un foco cinematográfico muy potente. Después vi una convocatoria de un grupo teatral para tomar clases y estuve un año. Más tarde entré a una escuela de actuación de tres años.

Allí conoció a Roberto Suárez y comenzó a integrar experiencias teatrales, entre ellas un dúo cómico que presentaban en boliches, espectáculos y teatros de rock. “Sobre los 29 o 30 años ya estaba muy contento con eso. No paré más”, resumió.
—¿Pensabas instalarte o trabajar con frecuencia en Buenos Aires?
—La verdad es que nunca había pensado en viajar a Buenos Aires ni a ningún lado. Para los actores uruguayos es un lugar al que siempre se apunta naturalmente, pero yo estaba con mi trabajo, medio quedado. Con El baño del Papa se me abrió más el mercado brasileño. Me llamaban para hacer latinoamericanos de habla hispana: uruguayos, paraguayos, guatemaltecos, mexicanos, bolivianos. Necesitaban un portugués mal hablado, con acento.
Aunque no hablaba portugués al comienzo, lo incorporó a partir de los rodajes en Brasil. También menciona como un punto relevante su participación en XXY, de Lucía Puenzo, donde compartió un elenco encabezado por Ricardo Darín, Inés Efron y Germán Palacios. Más tarde llegó la convocatoria para El plan divino y se multiplicaron los proyectos en coproducción entre Uruguay y la Argentina.
—¿Qué te gusta de la Argentina?
—A vos te encanta Uruguay porque vivís en Argentina, y a mí me encanta Argentina porque vivo en Uruguay. No te voy a decir que me gusta todo porque sería mentira, pero Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Para donde mires tenés una librería, un boliche o una sala. La gente todavía aprecia los libros en un tiempo en el que estamos como dementes, pasados a este bicho. Es precioso.

—¿Te vendrías a vivir a Buenos Aires?
—Sí, claro. Pero mi mujer trabaja con continuidad en Uruguay y tiene una hija allá. Yo tengo la vida hecha en Montevideo y no me impide trabajar en Argentina. Vengo, trabajo y vuelvo.
El actor advirtió que su condición de visitante, con trabajo asegurado durante algunos meses, no equivale a la experiencia cotidiana de quienes viven en el país. “No tengo que pagar las cuentas como cualquier ciudadano de la ciudad. La percepción que tengo no es la de cualquiera que vive acá, aunque el panorama se ve”, señaló.

—La película que estrenaron parte de una situación inquietante: un hombre recibe una oferta por su casa, pero debe seguir viviendo allí. ¿Te había pasado algo parecido?
—Nunca tuve una casa como esa. Pero, por lo que me dijeron, es una práctica de la vida real: gente que te ofrece comprarte el inmueble a mitad de precio, te deja vivir hasta que fallezcas y después se lo queda para su emprendimiento. Es una premisa interesante y bastante inquietante.
Troncoso explicó que el relato cambia de tono cuando el protagonista, interpretado por Peretti, empieza a preguntarse si corre peligro. “Cuando el personaje pregunta: ‘¿Me van a matar ahora?’, aparece otra dimensión. La primera parte tiene una tensión distinta: la lucha de un tipo que lo tuvo todo, se quedó sin trabajo y debe reconvertirse. Después se complica”, describió. a Teleshow.
—¿Cómo llegó la propuesta para sumarte al elenco?
—Estaba en El Eternauta, sentado en un banquito, y Gustavo Triviño, operador de steadycam del cine argentino de toda la vida, estaba enfrente descansando. Se cruzó y me dijo que quería ofrecerme un trabajo en una película. Ya había hablado con Peretti, que estaba entusiasmado porque había leído el guion. Me pasó el material y también vi Martes a martes, su película anterior. Me pareció muy linda y muy bien hecha. A partir de ahí seguimos hablando.
—¿Era la primera vez que trabajabas con Peretti?
—Sí, y me encantó. Los actores que son más grosos suelen tener claras las condiciones de este trabajo: es colectivo. Como cabeza de elenco, Peretti facilita la tarea de los demás. Yo siempre digo: ¿de verdad querés ser el mejor de un grupo de tarados? Prefiero ayudar al que tengo al lado, porque si él rinde, a mí me mejora. Él trabaja en el mano a mano contigo y tenemos un elenco precioso.

—¿Cómo imaginás los próximos meses?
—Tengo algunos proyectos que dependen de poder marcar fechas. Si viene El Eternauta, hay que evitar que se me superpongan las cosas, porque algo siempre se pierde. Pero El Eternauta seguro. No tiene cómo faltar. Voy a tratar de poder hacer todo.
La Casa, se estrenó en salas argentinas y luego tendrá una presentación en Montevideo, en el marco del Festival de Cine del Mercosur. Troncoso también adelantó que allí se verá La mujer del río, otro de sus trabajos recientes, que tuvo un paso por el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).
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